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Alpha (Osorno)

versão On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.43 Osorno dez. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012016000200026 

RESEÑA

Felipe MONTIEL VERA. Chiloé. Historias de viajeros. Castro: Municipalidad de Castro, 2010, 580 pp.


El libro de Felipe Montiel es un destacado aporte en los estudios acerca de la migración patagónica debido a la concentración de información en narrativas que discuten varios fenómenos translocales. La preocupación es fijada no solo en Chiloé como punto de partida, sino de otros espacios de conexión migrante como son precisamente territorios limítrofes de Argentina. Esta curiosidad parece devenir de la historia, seguramente por su formación académica como profesor de historia y geografía, pero también es resultado del interés mostrado en las últimas décadas por otros investigadores desde esta perspectiva científica. Alude a un cúmulo de experiencias interceptadas en el tiempo por medio del relato oral como estrategia metodológica. En este sentido, habría que reconocer este libro como una plataforma amplia de información para investigaciones futuras, haciendo referencia a la posición que ocupa la historia en los estudios de la cultura.

El contenido destaca cinco partes, la primera corresponde al prólogo escrito por María Ximena Urbina, prominente historiadora que fungió como telonera de la obra. La segunda parte es la introducción, en la que Felipe Montiel sumerge al lector entre los siglos XIX-XX, tiempos que considera pertinentes para descifrar el grueso de la migración chilota en diferentes lugares. La tercera parte muestra sesenta relatos orales provocados entre el entrevistador (Felipe Montiel) y entrevistados, varones, adultos mayores de cincuenta y cinco y noventa y cinco años, residentes de Chiloé, quienes en su experiencia migratoria oscilaban entre dieciséis y cuarenta años. La cuarta parte corresponde a la revisión de cinco archivos periodísticos que datan de la gobernación de Chiloé y Magallanes, relevantes como datos periféricos que recubren y precisan las fuentes orales. El último apartado es la reflexión final seguido de un glosario de chilenismo y la bibliografía1.

El autor sugiere dedicar atención en las últimas décadas del siglo XIX y primera mitad del XX (1850-1950), temporalidades en las que sucedieron movilidades “golondrina” hacia diversos territorios del país, “laborando como carrilanos […] en las oficinas salitreras del norte, en los puertos de Antofagasta, Talcahuano y Valparaíso” (Montiel, 15). Así también en lugares de Magallanes, Aysén, Santa Cruz y Tierra del Fuego, siendo el chilote “viajero obligado (convirtiéndose) en peón de estancia, minero, esquilador, buscador de oro, ballenero, cipresero en las Guaitecas, constructor de faros en los archipiélagos australes, lobero y marino”. Estas migraciones patagónicas se desarrollaron en diferentes etapas, por los desplazamientos en comparsas que navegaban aguas del golfo de Corcovado y de Penas con destino a Magallanes, cruzando espacios fronterizos hinterland que llevaron a estas comunidades a la Argentina.

Los medios de transporte fueron buques cargueros como el Calbuco, Navarino, Osorno, Quellón, Santa Elena, Tenglo, Trinidad, Viña del Mar, entre otros. Algunos sucesos ocurridos dentro de un contexto bélico fueron descritos en cabalidad narrativa por los entrevistados, estos aluden al grueso de fallecidos en Isla de los Muertos y la Huelga del 21, situaciones que no frenaron los desplazamientos hacia diferentes localidades en Patagonia. El autor provoca la narrativa en los entrevistados acerca de la participación de la mujer en la vida patagónica, aquella que sin emigrar, contribuyó en actividades correspondientes al cuidado de los hijos, crianza de ganado y faenas en los campos agrícolas. La diáspora chilota como “foco de migraciones” (siguiendo a Rodolfo Urbina), participó y modificó “culturalmente el vasto ámbito patagónico”, siendo el chilote un emigrante permanente o temporal” (Urbina, 2010:11 Op.Cit) que habitó en diferentes territorios circunvecinos.

Estas narrativas muestran escenarios referentes a la vida patagónica de los emigrados en territorios chilenos y argentinos, así como también en sus lugares de origen. Destacan trayectorias entre viajeros del interior quienes se desplazaban en búsqueda de trabajos en diferentes oficios. Fueron diversas etapas migratorias sucedidas históricamente en el archipiélago, sobre todo aquellos que siguieron la tradición familiar de emigrar a otra parte. En este sentido, fue la Patagonia argentina el lugar de concentración migrante, situados en diferentes lugares por medio del seguimiento de oficios laborales como la esquila en Río Gallegos, estancias en Santa Cruz, minería en Río Turbio, construcción en Ushuaia, frigoríficos en Punta Arenas y Natales, entre otros. Es importante destacar que la esquila2 fue el oficio desarrollado por la mayoría de migrantes, iniciados a temprana edad como guateros3, velloneros4, playeros5 o puesteros en estancias6, realizando faenas en distintas temporadas de circulación laboral.7

Las temporadas durante el año oscilaban entre noviembre-febrero (esquila), marzo-mayo (frigorífico) y año completo en el caso de la estancia, la minería y la construcción. Esto provocó varias conexiones culturales entre lugares de residencia y origen de los emigrados, manifestadas en expresiones lingüísticas, vestimenta y actitudes “gauchas”, como la “pava”, uso de pantalón bombacho, pañuelo y boina, consumir “chuleta” en el desayuno, tocar acordeón y jugar truco. Es en este contexto que los retornados hacían vida en sus lugares de origen alrededor del fogón, recordando experiencias, anécdotas y nostalgias sucedidas durante sus travesías, preservando tradiciones migratorias como parte de la memoria colectiva chilota.

Es la tradición oral representada en un cúmulo de experiencias y saberes en la vida social de Chiloé y Patagonia, asimetrías que articulan escenarios e imaginarios históricos de trascendencia transnacional. Esto conlleva pensar en la migración no solo como desplazamiento que posibilita el cruce de fronteras territoriales en diferentes sentidos geográficos, sino también en el ensamblaje y reproducción de tradiciones culturales translocales. Lo que hace de la cultura una extensa amalgama de significados que perduran en el tiempo como esferas de cotidianidad simbólica. Este ensamblaje transnacional provocado por la migración es revestido por fenómenos más amplios como extensión de mercados, circulación de mercancías y formación de comunidades que posibilitaron conexiones crecientes a larga distancia entre personas, lugares y países.

Finalmente, la posición metodológica que muestra el autor se inscribe en perspectivas históricas con base en hallazgos etnográficos de categorías múltiples. Haciendo referencia a la etnografía histórica como aporte de la nueva historiografía que permite considerar el pasado en el presente, una manera de situar espacialidades, temporalidades y sujetos históricos. Habría que destacar la importancia de la historia en otras áreas científicas como sociología, antropología, literatura, relevantes en la reflexión, interpretación y descripción de comunidades culturales articuladas a un cuerpo de conocimiento que precisa ser revestido. Esto permite la discusión respecto de metodologías en movimiento que logren conexiones entre personas y lugares, escenarios y paisajes, conflictos y tramas. De manera que la etnografía multisituada y otras estrategias metodológicas, podrían ser incorporadas en futuros estudios sobre migración transnacional.

NOTAS

1 Es posible destacar que además de la relevancia oral, concentra poderosas imágenes acerca de la vida patagónica de los emigrados chilotas, lo que permite una discusión más amplia en términos de etnografía visual.

2 Encargados de esquilar.

3 Recogedores de lana.

4 Manipuladores del vellón de lana.

5 Limpiadores de espacios.

6 Cuidadores de ovejas.

7 Trabajadores que se desenvolvían en diversos oficios alternando temporadas.

8 Proyecto Fondecyt N. 3160798: Etnografías en movimiento: imaginarios culturales y trayectorias migratorias de comunidades transnacionales chilotas entre Ushuaia, Argentina y Punta Arenas, Chile 1950-2015.

 

Juan M. Saldívar

Universidad de Los Lagos
Programa ATLAS
Angulo 241, Osorno (Chile)
juan.saldivar@ulagos.cl

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