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Alpha (Osorno)

versão On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.43 Osorno dez. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012016000200017 

ESTUDIOS CERVANTINOS

AUTORIDAD(ES) Y PODER(ES) EN MONSEÑOR QUIJOTE DEGRAHAM GREENE

Authority and Power in Monsignor Quixote by Graham Greene

 

J. Enrique Duarte*

GRISO-Universidad de Navarra*, Campus Universitario, España.

Dirección para correspondencia


Resumen

En este artículo se analiza una recreación quijotesca en la novela de Graham Greene Monseñor Quijote. Para ello se utilizan dos términos procedentes del Derecho romano: los conceptos de autoridad y poder. En esta obra de Greene, la autoridad surge de los libros o de autores de libros, cuya lectura permite que la vida siga teniendo sentido. En Greene encontramos la estrategia de lectura conocida como las sortes virgilianae que permite a los personajes orientarse en las dificultades diarias. Sin embargo, el poder está caracterizado por su condición iletrada, la ausencia de libros y su ignorancia.

Palabras clave: Graham Greene. Monseñor Quijote. Autoridad. Poder. Lectura.


Abstract

In this article a novel by Graham Greene entitled Monsignor Quixote is analysed, a book that involves a recreation of the novel by Cervantes. The author of this article employs two concepts from Roman law: authority and power in his analysis. In this work by Greene, authority arises from the books or the book writers, whose reading allows life to keep making sense. In Greene, a strategy of reading known as the sortes virgilianae is found and this allows the characters to get their bearings in the daily difficulties. However, power is described as illiterate, the absence of books and ignorance.

Key words: Graham Greene. Monsignor Quixote. Authority. Power. Reading.


INTRODUCCIÓN

En las memorias que escribe el padre Leopoldo Durán tratando su relación con el escritor inglés tituladas Graham Greene: hermano y amigo, detalla con cierta precisión el proceso de escritura de Monsignor Quixote, publicada en 1982, llegando a hacer el autor un pronóstico acerca de la vida de la novela poco antes de su publicación:

Me voy a Antibes. Llegan allí las pruebas con las correcciones sobre los “mejicanos”. En la primera cena saco a colación Monseñor Quijote. Graham comenta: “Bien, hablarán de esta obra unos veinte años, y luego la olvidarán”.
No convine con él (Durán, Graham Greene, 263).

 

 

El pronóstico de Greene ha resultado fallido, ya que la novela ha generado interés, tanto por la crítica española como por la crítica inglesa y todavía seguimos hablando de ella más de treinta años después de su publicación. Esta reescritura del libro de Cervantes ha provocado críticas exacerbadas (como las realizadas por la profesora Castells Molina), estudios respecto de la realidad española reflejada en la novela (como el trabajo de Cano Echeverría), la relación con la novela cervantina (como los artículos de los profesores Canavaggio, Estébanez, Henríquez Jiménez, Marín Ruiz), la importancia que tiene la figura y el pensamiento de don Miguel de Unamuno (por ejemplo el trabajo clarificador de Patrick Henry), el análisis del problema, en el fondo tan unamuniano y tan greeneano, de la fe (López Cigureda; Holderness; Rami; Sedlak), la función de la Guardia Civil en la novela (con el artículo de Ruiz Mas) y todo ello complementado con los libros y artículos de Leopoldo Durán, amigo íntimo del escritor, que le acompañó en sus viajes, y que nos ayuda con su testimonio a clarificar muchas de las dudas que nos provoca la lectura de la obra, ya que los críticos sospechamos que gran parte del desarrollo y la existencia de ella se debe a su personalidad.

Un breve resumen del argumento podría ser el siguiente. El padre Quijote, descendiente del personaje cervantino, es natural de El Toboso donde vive como cura de pueblo, sin acostumbrarse del todo a los nuevos aires de renovación que el Concilio Vaticano II trae a la Iglesia. La llegada accidental del obispo de Motopo, de viaje diplomático por España, y la hospitalidad del padre Quijote hacen que sea promovido a monseñor. Las relaciones tensas que el padre Quijote mantiene con su obispo y la pérdida de las elecciones por parte del alcalde comunista del pueblo, Enrique Zancas, hace que estos dos personajes, un nuevo Quijote sacerdote y un Sancho comunista, abandonen el Toboso, a lomos de un destartalado Rocinante, un Seat 600 propiedad del sacerdote, camino a Madrid, Salamanca, Valladolid y León donde los personajes experimentan curiosas aventuras. El viaje se acaba cuando el padre Herrera, sustituto del sacerdote en el Toboso y mano derecha del obispo, y que en la novela cervantina correspondería al cura del pueblo quijotesco, lo encuentra y lo devuelve a su pueblo natal gracias a los medicamentos sedantes y a la ayuda del doctor Galván, contrafigura del barbero cervantino. En la segunda salida, suspendido a divinis, el padre Quijote escapa de las garras de sus carceleros (el padre Herrera y el propio obispo), para iniciar con Sancho un nuevo viaje que le lleva a Galicia y al monasterio trapense de Osera donde, tras estrellarse en los muros del convento con Rocinante, el Seat 600, morirá después de realizar una misa en estado semiinconsciente. Sancho, transformado por la experiencia vivida, marcha a Portugal donde tiene amigos en el partido comunista que le ayudarán en un nuevo futuro1.

A pesar de todos los trabajos que ha realizado la crítica, hay un aspecto que no ha sido destacado y que deseo analizar ahora. Se trata, a mi modo de ver, de dos ejes que vertebran la novela en torno a los términos de autoridad y poder, que creo que resultan de particular importancia en el desarrollo de la obra. Aunque todos tenemos ya idea de lo que significa cada término, me gustaría empezar desbrozando qué entendemos por autoridad y qué entendemos por poder.

ACLARACIÓN DE LOS CONCEPTOS DE AUTORIDAD Y PODER

Ya en el 2009, el profesor Zafra, en un artículo en relación con la literatura emblemática dedicado a Alciato, señalaba la “rentabilidad”2 que podían tener asedios en los que se tuviese en cuenta estos dos términos procedentes del Derecho romano. Más tarde, han venido todos los trabajos realizados por el Grupo de Investigación del Siglo de Oro, con otras instituciones, realizando diferentes congresos y publicando libros que tienen en cuenta este binomio3. El problema con el que nos encontramos es la amplitud del campo semántico del término latino auctoritas, como expresa Clemente Fernández, del que yo escojo aquellos sentidos que me convienen.

Parto de la distinción que establece Álvaro d’Ors (Clemente, 73-74) entre auctoritas y potestas, definiendo la primera como “el saber públicamente reconocido”, mientras que la segunda, la potestas, se puede definir como “el poder socialmente reconocido”. El punto de unión es el reconocimiento social, pero mientras la potestad es la expresión de la voluntad, la autoridad es la expresión del entendimiento (Clemente, 83-86). El reconocimiento social es diferente en los dos conceptos, ya que mientras la autoridad es respetada, el poder simplemente es obedecido:

el respeto engloba la idea de veneración, lo que quiere decir que a una persona se la venera o se la respeta por su santidad, su dignidad, sus grandes virtudes o, incluso, por lo que recuerda o representa. Sin embargo, cuando se obedece, se cumple con la voluntad de quien manda, sin más, aún pudiendo estar este desprovisto de cualidades, dignidades y virtudes; el poder no se sustenta tanto en estos aspectos como en la fuerza, ya que el poder implica dominio, imperio o facultad, bien para mandar, bien para ejecutar alguna cosa (Clemente, 85).

 

 

Pero, además, encuentro otras ideas interesantes que conlleva el término de auctoritas y que otros críticos han comentado. La autoridad tiene relación con el autor, la cualidad de autor o la capacidad de serlo. Este autor está capacitado por el respeto que se siente hacia él para influir en la voluntad de otra persona que no puede sustraerse a esta influencia. Incluso, en el mundo romano esta posición preeminente del autor viene derivada de los dioses, ya que ellos eran los verdaderos causantes de la auctoritas, proveyendo del conocimiento y la comprensión de las cuestiones divinas (Clemente, 49-53).

AUTORIDAD EN MONSEÑOR QUIJOTE

La autoridad en Monsignor Quixote de Graham Greene se manifiesta especialmente en los libros y la importancia que tienen a lo largo de la novela. La crítica ha realizado análisis en los que estudia los elementos de la novela cervantina que aparecen en la obra de Greene: la manera de titular cada capítulo, las dos salidas de la aldea del protagonista, el nombre de los personajes, las semejanzas entre Rocinante y el automóvil del padre Quijote (los dos comparten la degradación, la lealtad y son instrumentos de libertad) (Canavaggio, 3-5; Cano, 299; Estébanez, 303-306; Henríquez Jiménez, Paralelismos; Marín Ruiz, 347). Pero quizás falta analizar con un poco más de detalle la relación de los dos protagonistas con los libros, sus autores y la autoridad con los que son admirados4. El padre Quijote lo expresa con claridad cuando explica su relación con los libros en los momentos más importantes de su vida, aquellos en los que duda de su fe:

When I am alone I read –I hide myself in my books. In them I can find the faith of better men than myself, and when I find that my belief is growing weak with age like my body, then I tell myself that I must be wrong. My faith tells me I must be wrong– or is it only the faith of those better men? Is it my own faith that speaks to me or the faith of St Francis de Sales? And does it so much matter anyway? (Greene, 204).

 

 

Los viejos libros del padre Quijote son los manuales de Teología moral del padre Heribert Jone, los evangelios, Las confesiones de san Agustín, Las cartas espirituales del jesuita Jean Pierre Caussade, El tratado del amor de Dios de san Francisco de Sales o las cartas de Teresa de Liseaux, Marie-Françoise Thérèse Martin, la señorita Martin que queda identificada como la nueva Dulcinea de este sacerdote católico. Estos autores poseen autoridad, son respetados, iluminan la vida del viejo sacerdote y su autoridad procede del mismo tema que tratan: Dios.

Se establece entonces una comparación directa entre los viejos libros de caballerías del hidalgo manchego y la biblioteca del sacerdote del Toboso. Son libros teológicos anticuados como los libros del hidalgo manchego, que muestran un sacerdote que no es capaz de adaptarse a los nuevos tiempos y continúa terminando la misa con la lectura del comienzo del Evangelio de san Juan, como lo hacían los sacerdotes tridentinos5.

Más tarde, en esta comparación, aparece una duda importante, porque urge saber si el hidalgo manchego creía en los protagonistas de sus libros o simplemente admiraba sus virtudes, como don Quijote.

Did the Don really believe in Amadis of Gaul, Roland and all his heroes –or was it only that he believed in the virtues they stood for? (Greene, 204).

 

 

En otro pasaje, el sacerdote explica que el alcalde, Sancho, se puede burlar de sus libros, pero en ellos se encuentra la fe, ya que el mundo está hambriento de esperanza y son esos libros, especialmente los evangelios, los que dan cuenta del hecho histórico que fundamenta la vida del creyente:

“I know that there are absurdities in some of my books as there were in the books of chivalry my ancestor collected. That didn’t mean that all chivalry was absurd. Whatever absurdities you can dig out of my books I still have faith…” “In what?’ ‘In a historic fact. That Christ died on the Cross and rose again” (85).

 

 

Es la historia, la certeza de la resurrección como hecho histórico, la que da autoridad y sentido a todos los viejos libros del padre Quijote. Son los que le animan a seguir viviendo en ese mundo lleno de desprecios. Don Quijote acaba muriendo cuando renuncia definitivamente a sus libros, causantes de la locura (Quijote, segunda parte LXXIIII, 1220), de la misma manera que el greeneano padre Quijote morirá sin los suyos:

He desperately wanted comfort and so he turned to what Sancho had called his books of chivalry, but he couldn’t help remembering that Don Quixote at the last had renounced them on his deathbed. Perhaps he too when the end arrived (140).

 

 

Además de Cervantes, aparecen otros autores que muestran especial autoridad. El más importante de todos quizás sea Unamuno, autor con el que Greene ha sido comparado en numerosas ocasiones (Castells; Durán, Acompañando; Estébanez; Henry; López Cigureda). El padre Leopoldo Durán considera que el nacimiento de la novela se produjo en un viaje que realizó con el novelista a Salamanca donde visitaron la tumba de Unamuno:

La idea quedaría imborrable en su memoria. Hablamos de ella con frecuencia. Al final de nuestro viaje, Greene me pidió que le tradujese al inglés el epitafio completo, por escrito. Él escribiría para mí unas líneas soberanas, comparando las tumbas del Valle de los Caídos y el lugar donde Unamuno descansa. Su mente ya no podría vivir en paz, hasta terminar de escribir la novela Monseñor Quijote (Durán, Graham Greene, 159).

 

 

Unamuno ha sido profesor en Salamanca del alcalde Sancho y este personaje describe su amor por Cervantes, su muerte y su importancia, tanta que es capaz de hacer temblar al mismo Franco:

You know how he loved your ancestor and studied his life. If he had lived in those days perhaps he would have followed the Don on the mule called Dapple instead of Sancho. Many priests gave a sigh of relief when they heard of his death. Perhaps even the Pope in Rome felt easier without him. And Franco too, of course, if he was intelligent enough to recognize the strength of his enemy (111).

 

 

Más tarde, Sancho describe a su compañero sacerdote un sueño obsesivo, repetitivo en el que el profesor Unamuno se le aparece leyendo uno de sus libros, precisamente Del sentimiento trágico de la vida:

Sometimes I wonder. The ghost of my professor haunts me. I dream I am sitting in his lecture room and he is reading to us from one of his own books. I hear him saying, «There is a muffled voice, a voice of uncertainty which whispers in the ears of the believer. Who knows? Without this uncertainty how could we live? (112).

 

 

Otra de las autoridades es Marx mediante el Manifiesto comunista que el padre Quijote lee durante la noche en su estancia en Salamanca. No es raro que en Greene aparezca junto con el catolicismo el comunismo (Durán, Acompañando, 269; Estébanez, 303; Holderness, 265; López Cigureda, 332). Como explica Holderness, al Partido Comunista perteneció cuatro semanas; a la Iglesia católica sesenta años (269). Pero la autoridad de Marx no se debe simplemente a su doctrina, sino a su semejanza al pensamiento de Cervantes. En Valladolid, mientras están comiendo, el padre Quijote comenta entusiasmado pasajes de Marx que se parecen tremendamente a lo escrito por Cervantes:

‘Listen to this, Sancho’, and Father Quixote took The Communist Manifesto out of his pocket. ‘The bourgeoisie has put an end to all feudal, patriarchal, idyllic relations… It has drowned the most heavenly ecstasies of religious fervour, of chivalrous enthusiasm, in the icy water of egotistical calculation’. Can’t you hear the very voice of my ancestor mourning for lost days? I learnt his words by heart when I was a boy and I remember them, though a bit roughly, still. “Now idleness triumphs over labour, vice over virtue, presumption over valour, and theory over the practice of arms, which only lived and flourished in the golden age of knights errant. Amadis of Gaul, Palmerin of England, Roland…’ And listen to The Communist Manifesto again –you can’t deny that this man Marx was a true follower of my ancestor (122-123).

 

 

Por tanto, estos libros serán la guía del padre Quijote. Pero hay que atender también a la forma en la que son leídos. En dos ocasiones, el padre Quijote utiliza sus libros como guía espiritual, abriéndolos al azar para ver si encuentra un pasaje que se acomode al sufrimiento de su espíritu, buscando la correspondencia del texto con la experiencia vivida. Este tipo de lectura no es extraña en las obras de Greene y aparece en novelas como Los comediantes, Viajes con mi tía, El factor humano, El doctor Fischer de Ginebra. Es una lectura muy semejante a la bibliomancia o a lo que los antiguos llamaban sortes virgilianae, consistente en una forma de adivinación en los que el consejo o la predicción se buscan interpretando pasajes de las obras del poeta Virgilio encontrados al azar. Jackson recoge numerosos ejemplos a lo largo de la historia en los que se han utilizado este tipo de lectura, desde la Antigüedad (Sócrates, Bruto, Adriano) hasta la época moderna, analizando este tipo de lectura en ciertos pasajes de Pantagruel de Rabelais (143-152)6.

El padre Quijote recurre dos veces a esta forma de lectura, buscando en sus libros la guía y el consuelo que necesita. La primera vez después de asistir a una película erótica de la que no comprende nada y viéndose absolutamente desconectado de la realidad del amor humano, busca hasta en tres ocasiones en el libro de san Francisco de Sales, Tratado del amor de Dios:

He opened The Love of God at random, but the sortes Virgilianae gave him no comfort. He tried three times and then he struck a passage which did seem relevant to what be had seen in the cinema. Not that it made him happier, for it made him think that perhaps he had even less capacity to love than a piece of iron (140).

 

 

El segundo pasaje sucede cuando se encuentra en el Toboso después de la primera salida encerrado en la casa parroquial al cuidado del padre Herrera bajo las órdenes del obispo. De nuevo, el padre Quijote busca la lectura de Las cartas espirituales del jesuita Jean Pierre Caussade, donde el primer pasaje no tiene importancia y es en el segundo el que le muestra la orientación espiritual que necesita:

He opened Father Caussade’s Spiritual Letters at random. The first passage he read had no relevance at all as far as he could understand it […] Without much hope he opened the book a second time, but this time he was rewarded, although the paragraph he had fixed on began discouragingly. ‘Have I ever in my life made a good confession? Has God pardoned me? Am I in a good or a bad state?’. He was tempted to close the book but he read on. ‘I at once reply: God wishes to conceal all that from me, so that I may blindly abandon myself to His mercies. I do not wish to know what He does not wish to show me and I wish to proceed in the midst of whatever darkness He may plunge me into. It is His business to know the state of my progress, mine to occupy myself with Him alone. He will take care of all the rest; I leave it to Him’ (182).

 

 

PODER EN MONSEÑOR QUIJOTE

Para comenzar el análisis del poder, es importante distinguirlo de la autoridad, por lo que la siguiente cita de García-Pelayo me parece interesante:

el poder determina la conducta de los demás y la auctoritas, por el contrario, la condiciona, ofreciendo la posibilidad de no seguirla; la auctoritas conlleva la libertad de elección, estando esta ausente en la idea de poder; el poder somete y la auctoritas provoca adhesiones y ha de ser reconocida; el poder supone medios de coacción, en tanto que la auctoritas posee unas cualidades axiológicas (espirituales, intelectuales, morales) que provocan el seguimiento como un deber; la auctoritas se basa en el crédito de una persona o institución, rigiendo el principio de confianza, frente a la desconfianza, la fiscalización y el control que se derivan del poder; al portador de la auctoritas se le reconoce la posesión de una cualidad estimable y, sin embargo, el poder puede caer en manos de cualquiera. Así, tenemos, del lado del poder, una relación de mando y obediencia y, del lado de la auctoritas, una relación de dirección y seguimiento (Clemente, 72).

 

 

El poder al que se enfrenta el padre Quijote es el del Obispo de su diócesis, caracterizado por una incomprensión visceral hacia el sacerdote. Se trata en este caso de la encarnación de la desconfianza, de la fiscalización y el control de los actos del sacerdote quijotesco7. Para empezar, a diferencia de Unamuno o de Marx, desprecia profundamente la obra de Cervantes y al padre Quijote:

‘A character in a novel by an overrated writer called Cervantes –a novel moreover with many disgusting passages which in the days of the Generalissimo would not even have passed the censor’.
‘But, Your Excellency, you can see the house of Dulcinea in El Toboso. There it is marked on a plaque; the house of Dulcinea’.
‘A trap for tourists. Why’, the bishop went on with asperity, ‘Quixote is not even a Spanish patronymic. Cervantes himself says the surname was probably Quixada or Quesada or even Quexana, and on his deathbed Quixote calls himself Quixano’.
‘I can see that you have read the book then, Your Excellency’.
‘I have never got beyond the first chapter. Although of course I have glanced at the last. My usual habit with novels’.
‘Perhaps some ancestor of the father was called Quixada or Quexana’.
‘Men of that class have no ancestors’ (12-13).

 

 

La utilización de las autoridades aparece más adelante, en el combate dialéctico que contienen el cura y el obispo. Tras el primer viaje, el obispo le echa en cara la vida disoluta y escandalosa que el padre Quijote ha llevado en compañía del exalcalde comunista. Para corregirlo, se utiliza la autoridad de san Pablo, Epístola a Tito, 1, 10:

‘There are many rebellious spirits abroad, who talk of their own fantasies and lead men’s minds astray: they must be silenced (185)

 

 

El padre Quijote contesta con otra cita de san Pablo (1 Timoteo, 5, 23), cuando es acusado de haber estado bebiendo vino con Sancho:

Of course I agree with you that St Paul is a reliable guide and you will certainly remember that he also wrote to Titus —no, I am wrong, it was to Timothy:
“Do not confine thyself to water any longer: take a little wine to relieve thy stomach”.
A period of silence descended on the bedroom. Father Quixote thought that perhaps the bishop was seeking another quotation from St Paul, but he was wrong (186).

 

 

El obispo no puede aportar ninguna otra autoridad, lo que supone una primera derrota en este combate dialéctico. La segunda derrota sucede cuando el padre Quijote utiliza los criterios de la teología moral de Heribert Jone, para justificar la protección dada al atracador frente a la Guardia Civil en su primer viaje. El argumento de autoridad del sacerdote es claro: nadie puede declararse culpable hasta que un tribunal no demuestre su culpabilidad:

Father Heribert Jone points out that an accused criminal […] may plead “not guilty” which is only a conventional way of saying, “I am not guilty before law until I am proved guilty”. He even allows the criminal to say that the accusation is a calumny and to offer proofs for his pretended innocence  –but there I think Father Heribert Jone goes a little too far”
‘Who on earth is Father Heribert Jone?’
‘A distinguished German moral theologian’.
‘I thank God that he’s not a Spaniard’ (189).

 

 

Por tanto, el obispo desconoce los autores que maneja el padre Quijote. El poder del obispo denuncia al sacerdote a la Guardia Civil bajo la acusación de locura. Si el poder establecido considera que el sacerdote está loco, entonces lo consecuente será actuar como se procedió con la locura de don Quijote, como explica Sancho, encontrando aquí otro paralelismo con la obra cervantina:

‘Well, there’s no harm in that. They thought your ancestor was mad too. Perhaps Father Herrera will behave like the Canon and start burning your books’ (156).

 

 

El padre Quijote duda; no cree que el obispo ordene la destrucción de su biblioteca8. Sin embargo, Teresa, el ama de llaves, le advierte que le han ordenado que la Biblioteca esté cerrada y que mantenga al sacerdote alejado de sus libros:

‘Not burn them perhaps, but Father Herrera told me how I was to keep your study locked. He said he didn’t want you tiring your head with books. Anyway, not till after the bishop had been’ (180-181).

 

 

El brazo ejecutor del poder del obispo es la Guardia civil, cuyo papel represor en la novela ya ha sido analizado por otros críticos (Ruiz Mas). Los Guardias son comparados con los molinos de viento y van arrinconando poco a poco a los viajeros, hasta que, debido a sus disparos, se estrellan contra el muro del monasterio trapense de Osera. Pero antes, en el primer encuentro con la Guardia civil, sucede un episodio lleno de humor que tiene que ver con los libros. Al ser detenidos y registrados, confundidos con terroristas vascos que acaban de asesinar a un general, el padre Quijote entrega por equivocación un libro de Lenin que pertenece a Sancho en lugar de su Manual de teología moral. Al empezar a leer el Guardia civil un pasaje subrayado, la cita no puede ser más desastrosa:

Armed struggle pursues two different aims: in the first place the struggle aims at assassinating individuals, chiefs and subordinates in the army and police (97-98).

 

 

CONCLUSIONES

Creo que estos dos conceptos (autoridad y poder) permiten explicar una oposición muy clara que se produce en esta reescritura de la novela cervantina que es Monseñor Quijote de Graham Greene: una autoridad libresca, procedente de autores religiosos, que permiten fortalecer, animar y sustentar la fe del padre Quijote en los momentos de duda y opuesto a esta, un poder iletrado, no leído, que ejerce un control asfixiante sobre la aventura de los protagonistas.

Los paralelismos con la figura cervantina son continuos, pero sobre todo, se producen también al final. No solo los dos protagonistas mueren sin sus libros (unos quemados y otros encerrados en la biblioteca de la casa parroquial de El Toboso), sino que los dos se acercan definitivamente a su propia esencia. Don Quijote de la Mancha vuelve a su identidad inicial: Alonso Quijano, el bueno. El padre Quijote vuelve a su esencia, la de un sacerdocio que puede cumplir a pesar de la suspensión a divinis, en una misa tridentina que comienza con el Introibo ad altare Dei Recuérdese las palabras de Greene, en la entrevista publicada por Cambio 16, Caballero: “No me gusta la nueva liturgia. Me parece que le han suprimido a la liturgia algunas de las mejores partes. Y el abandono del latín es una lástima, porque era un símbolo de universalidad, de esa universalidad que estamos perdiendo” (148). Ver también Holderness: “it is hardly an instance of strict Tridentine conservatism, since it is not the whole text of the Mass he remembers, but a truncated, highly personalised version consisting of those words and liturgical actions most valued and cherished across a lifetime of celebration” (263)., para morir al pie del altar, de donde nunca quiso y le obligaron a salir.

NOTAS

1 López Cigureda (337) habla de una quijotización de Sancho.

2 Zafra: “Esta intuición que aquí he intentado presentar puede mostrar la validez de poner en contacto los mundos de la Literatura y el Derecho como se pretende hacer en este volumen y al mismo tiempo la rentabilidad –al menos en mi caso– de este tipo de estudios” (291-292).

3 Ver la página www.unav.edu/evento/autoridad-poder/publicaciones donde se recogen las publicaciones de este proyecto.

4 Ver Holderness: “The most idiosyncratic feature of Monsignor Quixote is its sustained intertextual relationship with Cervantes’ Don Quixote: but the pages of Greene’s novel are full of other kinds of literature, scriptural, theological, devotional, ethical –St Augustine, St John of the Cross, St Teresa, St Francis de Sales, Father Caussade, Father Heribert Jone– a Catholic literature which is continually thrown into dialectical relationship with the classics of Marxist philosophy, especially The Communist Manifesto” (262). Señalado también por Marín Ruiz (346, nota 32). Ver también Rami: “Es interesante darse cuenta de que tanto su fe como su esperanza se originan en los libros que leen. Sancho lee a Marx y Lenin y Monseñor lee la Biblia, libros de teología moral, y libros de San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila y San Francisco de Sales, entre otros” (en línea).

5 Ver la introducción y notas de Duarte en el auto sacramental de Calderón, Los misterios de la misa, para entender las partes de una misa tridentina. Holderness analiza la relación de Greene con el Concilio Vaticano II y señala que el padre Herrera defendía la liturgia reformada (273-274).

6 Ver, por ejemplo, el caso de san Agustín: “De repente oigo una voz como de niño o niña –no lo sé de cierto– que venía de la casa vecina. Una y otra vez cantaba y repetía: ‘Toma y lee, toma y lee’ […]. Reprimí mis lágrimas y me levanté, interpretando esto como un mandato divino de que abriese el libro (de la Escritura) y leyera el primer capítulo que encontrase” (223).

7 Ver Sedlak: “the unnamed diocesan Bishop of La Mancha  is a proud and spiteful man who regards the priest ‘as little better than a peasant’ or too ignorant to be a priest in his diocese. […] But more important are his meanness of spirit and verbal abuse, which parallel his narrow, negatively oriented doctrinal sense” (588-589).

8 Ver Greene, Monsignor Quixote: “‘My ancestor’, Father Quixote said, ‘was at least spared the bishop when the priest brought him home. And I prefer our Galván to that stupid barber who told my ancestor all those tales about madmen. How could such stories of madmen have cured him if he had been really mad, which I don’t for a moment believe. Oh well, we must look on the bright side, Teresa. I don’t think they will try to burn my books” (180).

OBRAS CITADAS

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