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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.42 Osorno jul. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012016000100016 

NOTA

MÁS ALLÁ DEL ESPACIO: HENRI LEFEBVRE Y LAS GEOGRAFÍAS INVISIBLES

Beyond Space: Henri Lefebvre and invisible geographies

 

Enrique Aliste*

Universidad de Chile*, Santiago, Chile.

Dirección para correspondencia


Así como no podemos de modo alguno pensar en objetos
espaciales fuera del espacio, en objetos temporales fuera
del tiempo, tampoco podemos pensar ningún objeto
fuera de la posibilidad de su ligazón con los otros
(L. Wittgenstein)

 

INTRODUCCIÓN

Sin duda que La producción del espacio, De lo rural a lo urbano, La vida cotidiana en el mundo moderno, El derecho a la ciudad o La revolución urbana, por señalar algunos de sus principales trabajos, han representado un aporte fundamental a la conformación de un pensamiento espacial que ha sido indispensable para pensar la geografía de finales del siglo XX.

Pero más allá de estos aportes clásicos, que son de gran relevancia para los estudios urbanos y territoriales, hay una dimensión del pensamiento de Lefebvre un poco menos explorada en la geografía, y se refiere a su trabajo en el ámbito de las representaciones. En su libro La presencia y la ausencia, Lefebvre desarrolla una reflexión a modo de diálogo que comienza con una provocadora carta a Octavio Paz y un maravilloso y profundo poema que merece ser explorado: L’attente (La espera).

En la presente comunicación se espera poder entregar una breve reflexión en torno a la construcción de significado y al pensamiento de Lefebvre en otro espacio que también lo habita: el de las representaciones y el deseo de búsqueda más allá de lo sabido.

UN POEMA, UNA CARTA, UN DESEO, UNA REFLEXIÓN

L’attente es un poema que Lefebvre escribe en 1972 en Machu Pichu, donde profundiza en una sensación y en una dimensión que hemos explorado, menos en Henri Lefebvre. El poema se incluye, al igual que una maravillosa carta a Octavio Paz, en su libro La presencia y la ausencia, editado en 1980 por Éditions Caterman en París, y que es publicado en castellano por el Fondo de Cultura Económica en 1983. Toca, como no le conocíamos, las reflexiones en donde el espacio pareciera tomar otra forma y explora, a partir de sensaciones y deseos, la cuestión de las representaciones:

tantas veces me vine a sentar
en un lugar común a la memoria y el sueño (Lefebvre, La presencia, 16).

 

¿Qué se nos quiere decir con estos versos? El filósofo está en Machu Pichu y escribe las líneas que conforman el poema La espera. Pareciera que en este trabajo hay una sensibilidad algo diferente. Amor, belleza, imagen, espera… palabras menos frecuentes –probablemente– en sus índices onomásticos o analíticos habituales, pero que aquí se dejan ver de manera transparente. El filósofo ya está jubilado cuando decide publicar este libro. No así el poema, que lo escribe en 1972 en plena vigencia de su actividad productiva y docente en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París (Arquitectura). Un año después decide jubilarse y dedicarse solo a la investigación, dictar conferencias y viajar. En uno de esos viajes, que comienza en Oaxaca, le escribe a Octavio Paz.

La carta, dice su introducción, la sigue en el avión cruzando el Atlántico, y una vez concluida, no la envía, pero la publica. Sus divagaciones en una conversación imaginaria torna hacia el tema de una historia pendiente: la historia general de las relaciones entre el cuerpo y el alma, la vida y la muerte, el sexo y el rostro. Acababa de leer Conjunciones y disyunciones del destacado escritor mexicano. Señala que él agregaría una historia o una fenomenología, en el sentido hegeliano, del cuerpo y del amor, y así sucesivamente… de este modo, irrumpe su mención al estudio de las representaciones.

¿Por qué las representaciones? Eco de la presencia perdida heideggeriana. Una etapa o un momento del conocimiento hegeliano. Las representaciones vendrán a jugar un rol en el modo de concebir nuestra relación con el espacio.

Hay una inquietud fascinante en la reflexión de Lefebvre: algo hay allí donde no entendemos muy bien cómo ni dónde, se gestan ideas que podemos entenderlas desde la relación entre presencia y ausencia. Algo parece existir que requiere ante todo una necesidad, un grito, un espacio: aquello que contiene la trascendencia necesita de clamores previos. Dichos clamores, ¿en qué misteriosa relación son capaces de construirlos?

Hay inspiraciones que nacen en un punto tal vez desconocido, pero que agita las aguas de aquella memoria que se encuentra, tarde o temprano, con aquel “nosotros” cargado de algo a lo que llamamos espacio. El espacio, como bien sabemos, no solo ha venido a contenernos. También y ante todo, ha llegado a preguntarnos sobre nosotros mismos. ¿Quién y cómo responde a dicha pregunta?

Las diversas semánticas que transitan por el concepto representación vienen por lo mismo a complicar el derrotero de su reflexión. Prefiere en cambio hablar, por lo mismo, de la obra. La obra esclarece las representaciones porque las atraviesa.

SOBRE LA NATURALEZA: PRIMERA Y SEGUNDA NATURALEZA EN LAS REPRESENTACIONES

Lefebvre aborda aquí un tema que hoy adquiere relevancia, desde mi punto de vista. Se trata de los conceptos de primera y segunda naturaleza ¿De qué manera estos conceptos colaboran con los conflictos, hoy latentes, ligados a los temas territoriales y ambientales? Esta pregunta requiere una discusión y reflexión que sea capaz de sobreponernos a una batería de conceptos más bien estáticos. Y por el contrario, nos invita a transitar por las desconocidas tierras de las mutaciones espaciales y, por consiguiente, a la noción de dinámica territorial. Y en ello, bien sabemos, Lefebvre es enfático y aquí insiste en ello.

Es curioso que estos antiguos conceptos estén tan sumergidos en el baúl de las ideas que se guardan para que, de tiempo en tiempo, alguien las desempolve y las traiga a la discusión. Glacken, Arnold o Naredo nos ofrecen una oportunidad para ello, entre otros por cierto. Pero mucho antes, Diderot entregó una noción y discusión en torno a la idea de naturaleza. Sin la idea de totalidad, ya no hay filosofía nos dice Diderot (23). Levinas, en su momento y tiempo, señala algo similar. Eso sí, lo hace desde otro punto de vista: las cosas, “solo están desnudas, metafóricamente, cuando están sin adornos: las paredes desnudas, los paisajes desnudos” (Levinas, 97). ¿Qué nos intenta transmitir Levinas en su particular y bello estilo? ¿Existe esta posibilidad de la desnudez metafórica cuando queremos aludir a la naturaleza? Probablemente allí la reflexión lefebvriana nos ayuda: distinguir entre primera y segunda naturaleza y con ello el papel de la acción poiética nos transporta a una posibilidad de comprensión reflexiva.

¿Por qué y desde dónde estos conceptos logran resituarse en la discusión contemporánea? A mi entender adquiere fuerza en el contexto de las nuevas (si se pueden llamar nuevas) ideas sobre la protección, conservación y restauración de la naturaleza, o el medio natural. ¿A qué naturaleza nos referimos en el seno de esta discusión? Me temo que no lo tenemos muy claro.

Sin embargo y en otro momento, Foucault da una señal complementaria:

el querer-saber no nos acerca a la verdad universal; no da al hombre un exacto y sereno dominio de la naturaleza; al contrario no cesa de multiplicar los riesgos; en todas partes hace crecer los peligros; abate las protecciones ilusorias; deshace la unidad del sujeto; libera en él todo lo que se empela en disociarlo y destruirlo. El saber, en lugar de separarse poco a poco de sus raíces empíricas, o de las primeras necesidades que le han hecho nacer, para devenir una pura especulación únicamente sometida a las exigencias de la razón, en lugar de estar ligado en su desarrollo a la constitución y a la afirmación de un sujeto libre implica un empeño cada vez más grande (Foucault, 71).

 

Lefebvre nos llevó a las nociones de presencia y ausencia tal vez como una señal, gesto o guiño para seguir un camino comprensivo. Y respecto de temas tan relevantes como los que hoy nos preocupan en el plano de lo que, tal vez poco afortunadamente, hemos llamado los problemas concretos o prácticos, como los relativos a las decisiones acerca del uso y gestión del territorio y del medio ambiente, lanza una refrescante provocación:

hay un regreso de la naturaleza como nostalgia, fantasma, o sea presencia ilusoria: a) En la literatura, en las películas y en las representaciones puestas en escena por el hábil empleo de las técnicas más sofisticadas (Disneylandia!). Las representaciones pululan a través de la segunda naturaleza. Se realizan y se totalizan con facilidad; b) En el turismo y la ecología que se pelean duramente en el mismo terreno, el de la naturaleza y del valor de uso identificados; el turismo la transforma deliberadamente en valor de cambio, la ecología se esfuerza por alcanzar la autenticidad; c) En las llamadas oficiales al respeto de la naturaleza, llamadas bastante tardías y que contrastan con la destrucción no menos oficial de lo que queda de paisajes, de lugares no explorados…; d) En el desconocimiento de la segunda naturaleza, que nace sobre las ruinas de la primera naturaleza (lo urbano, el arte, la arquitectura, las redes múltiples, etc.) (Lefebvre, La presencia, 297).

 

Fascinante reflexión, no menos cargada de nuevos elementos para una discusión hoy. Toca conceptos claramente polémicos o provocadores en el contexto en que están dichos. ¿Qué querrá decir Lefebvre con aquello de “esfuerzo por alcanzar la autenticidad” en alusión a la ecología? ¿Hay allí una idea decimonónica de verdad natural? ¿Cómo leer en Lefebvre la noción de autenticidad? Creo que este es tema para la elaboración de una profunda investigación filosófica.

LAS REPRESENTACIONES EN LA GEOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA: ¿PENSAR MÁS ALLÁ DEL HACER?

Lefebvre comienza su detallado análisis al concepto de las representaciones con una máxima lapidaria:

Del examen de los textos resulta que Marx y los marxistas confundieron a menudo ideología y representación (Lefebvre, La presencia, 18).

 

¿Con qué objeto hará este reparo en el inicio de su ensayo? En este sentido Lindón entrega una pista al tratar el tema de la cotidianidad. Los símbolos, señala, forman agrupaciones o constelaciones, aunque (Lefebvre) no acepta hablar de sistemas simbólicos, ya que reserva este concepto para las representaciones formalizadas y verbalizadas. Cada conjunto de símbolos va unido a una temática (Lindón, 43).

El filósofo emprende su camino por medio de diversos enfoques, pero ya llegando al final de su reflexión, entrega la siguiente señal:

¿Qué es lo representable? Para la reflexión y el saber analítico, sería lo reducible. Pero nada se deja agotar por reducción, por más que se trate de atacarlo y de destruirlo. Siempre queda alguna residual. Para la acción poiética, ese residual es lo más valioso. La representación no detiene el análisis infinito, como tampoco el concepto. La obra la contiene sin querer detenerla. Las representaciones elaboradas y simplificadas en sistema y en ideología totalizantes conservan el poder fascinante de los simbolismos y al mismo tiempo se sitúan en el plano de la abstracción y del concepto.

De hecho, este libro tiene un fin y uno solo: dar cuenta del poder de las representaciones, que permite utilizarlas y manipular a la gente (las “masas” mismas) en nombre de sus motivaciones e inhibiciones (Lefebvre, La presencia, 300-301).

 

¿Qué hubiera dicho Lefebvre sobre las redes sociales, los SIG, los blogs o bien el uso de smartphones, tablets o similares? Obviamente nunca lo sabremos, pero tenemos la maravillosa oportunidad y recurso conceptual de la especulación. Pero una especulación que no parte de la nada sino que encuentra su punto de partida en la discusión acerca de las representaciones.

El modo de existencia de las representaciones se concibe tomando en cuenta las condiciones de existencia de tal o cual grupo, pueblo o clase, lo señala el propio Lefebvre. Las representaciones amplifican, desplazan, trasponen ciertas realidades. Nacen como símbolos en lo imaginario y se fortalecen volviéndose corrientes, casi instituidas.

¿Son o pueden ser manifestaciones del poder? Sin duda. ¿Tenemos conciencia de aquello? También, indudablemente. ¿De qué manera nos hacemos cargo de aquello? No lo sé. Lefebvre reconoció la fascinación por la poesía y su capacidad de superar el logos europeo. De allí su profunda admiración por ella. Por eso le escribe a Octavio Paz:

He trabajado con los conceptos, trabajo que desdramatiza las historias y que sin embargo muestra los dramas. ¿Los conceptos? Los encuentro en sus obras: la alienación, lo cotidiano, la diferencia, la ciudad y lo urbano, el espacio social. Hoy en día, prosigo investigaciones ya largas acerca del Estado, y también acerca de las representaciones vinculadas por una relación aún mal descubierta a las ideologías, pero sobre todo a la presencia y a la ausencia, esas potencias sin poder que revela la poesía (Lefebvre, La presencia, 9).

 

UNA DEUDA CON LEFEBVRE DESDE LA GEOGRAFÍA: MIRARSE EN EL ESPACIO

De manera ineludible, el gran agradecimiento de la geografía con Lefebvre es su resignificación y cambio de acepción en la noción de espacio tal como lo hace en su análisis del tránsito desde lo rural a lo urbano (Lefebvre, Du rural) o bien en la producción del espacio (Lefebvre, La production). El tránsito de las concepciones estáticas a aquellas de carácter dinámico es un paso que, aunque poco trabajado aún, es uno de sus aportes indispensables. Lo es también en el plano de las discusiones contemporáneas sobre nuevos sujetos que han renovado las miradas sobre el pensamiento marxista y su pertinencia en temas como la ecología política, por ejemplo.

Pero hay otra de gran relevancia y menos bullada, más sensible y menos frecuente: ¿cómo cala esta reflexión, esta sensibilidad, esta manera de aproximarse a una estética del espacio que permite comprender una idea articulada entre finitud e infinitud, entre presencia y ausencia, entre nociones de la naturaleza que transitan senderos diferentes y necesariamente relevantes en su dualidad? Hoy podemos aproximarnos a fenómenos que se trabajan en la geografía, atreviéndonos a romper con ciertos moldes preestablecidos, sea por su impronta clásica desde lo tradicionalmente apegado a la idea de ciencia normal (en el sentido kuhniano), como también a aquellas que provienen de tradiciones teórico especulativas que repiten irreflexivamente ciertos discursos que adhieren a matrices ideológicas.

Pareciera que Lefebvre abre con este trabajo una puerta algo diferente: invita a atreverse, a querer romper estructuras, sin importar cuales estas sean (Martínez). Da a entender que se puede ir a la aventura de las ideas, levantando el ancla de ciertos conceptos que nos mantienen algo rígidos, o bien, con cierta falta de libertad para navegar sin miedo por las infinitas aguas del conocimiento que existe en la dimensión espacial.

Tal vez algo aún pendiente en nuestro abordaje disciplinar en geografía es trabajar la estética del pensamiento europeo y su logos en relación con la poiética del pensamiento latinoamericano.

Romper estas ataduras puede permitirnos ver allí donde no alcanzamos por ausencia de luz, ya que en el fondo nos transmite el más importante de todos los mensajes: allí donde hay voluntad, hay siempre iluminación.

Que este lugar miente como todos los lugares del mundo
Que jamás el recuerdo se alía con el sueño (Lefebvre, La presencia, 17).

OBRAS CITADAS

Arnold, David. La naturaleza como problema histórico. El medio, la cultura y la expansión de Europa, México DF: Fondo de Cultura Económica, 2000.         [ Links ]

Diderot, Denis. Sobre la interpretación de la naturaleza, Barcelona: Anthropos, 1992.         [ Links ]

Foucault, Michel. Nietzsche, la genealogía, la historia, Valencia: Pre-Textos, 2000.         [ Links ]

Glacken, Clarence. Huellas en la playa de Rodas. Naturaleza y cultura en el pensamiento occidental desde la Antigüedad hasta finales del Siglo XVIII, Barcelona: Ediciones del Serbal, 1996.         [ Links ]

Lefebvre, Henri. Du rural à l’urbain, París: Anthropos-Económica, 2001.         [ Links ]

-------- La production de l’espace, París: Anthropos-Económica, 2000.         [ Links ]

-------- La presencia y la ausencia. Contribución a la teoría de las representaciones, México DF: Fondo de Cultura Económica, 1983.         [ Links ]

Levinas, Emmanuel. Totalidad e infinito, Salamanca: Ediciones Sígueme, 1977.         [ Links ]

Lindón, Alicia. “Las huellas de Lefebvre sobre la vida cotidiana”. Revista Veredas 8 (2004): 39-60.         [ Links ]

Martínez, Emilio. Breve biografía y bibliografía de Henri Lefebvre. Revista Urban, 2 (2011), 7-13.         [ Links ]

Naredo, José Manuel. Raíces económicas del deterioro ecológico y social, México: Siglo XXI Editores, 2006        [ Links ]

 

Correspondencia a:

Avda. Portugal 84, Santiago (Chile)
ealiste@uchilefau.cl

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