SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número34La novela luminosaGraciliano Afonso: La conformación de un canon índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
Home Pagelista alfabética de periódicos  

Serviços Personalizados

Artigo

Indicadores

  • Não possue artigos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • Não possue artigos similaresSimilares em SciELO

Alpha (Osorno)

versão On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.34 Osorno jul. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012012000100016 

ALPHA Nº 34 - Julio 2012 (228-232)

RESEÑA

Valeria DE LOS RÍOS. Espectros de luz. Tecnologías visuales en la literatura latinoamericana. Santiago: Editorial Cuarto propio, octubre 2011, 326 pp.


Las relaciones entre tecnologías y arte ––y particularmente entre tecnologías visuales y lenguajes estéticos–– parecen estar entrelazadas desde que la imaginación técnico-científica y sus experimentos ha intervenido y transformado hábitos y percepciones ––hasta entonces legitimados–– para crear nuevas realidades. Los artistas escritores, unos en sus obras plásticas, los otros en sus ficciones literarias, desde siempre han sido activos entusiastas en hacerse cargo de aquello que anticipa futuro, baste recordar la frase de Marinetti afirmando que “un automóvil rugiente que parece correr sobre la ráfaga es más bello que la Victoria de Samotracia”.

Curiosidad estética, anticipo textual, interrogantes al porvenir, proposiciones y fantasías sobre sus efectos parecen ser parte de la productividad del arte.

Interrogar la técnica, dejarse sorprender por ella, también demonizarla, situarla, pensarla y pensar sus sentidos en las formas de vida contemporánea, es decir darle su lugar en la cotidianidad ha sido parte de las múltiples operaciones con que han trabajado y trabajan los escritores en los distintos géneros literarios y registros de escritura. Sin embargo el campo de los estudios literarios en Latinoamericana no se ha ocupado paralelamente de producir la significación de esas operaciones y relaciones en la lectura de los textos que si se hicieron cargo de la emergencia de las tecnologías en la literatura. Ese trabajo hasta ahora pendiente lo realiza Valeria de Los Ríos en el libro, Espectros de luz. Según la autora los cuentos de Horacio Quiroga, por ejemplo, deberían su particular carácter espectral al interés y connotación que la tecnología adquiere en sus cuentos. Lectura que hasta hoy no había sido elaborada con esa productividad.

Sabemos que los avances tecnológicos vieron la luz en las metrópolis europeas y llegaron a Latinoamérica por vías y en tiempos diversos a sus inicios; algunos vinieron como simples mercancías para la producción de la entretención y el espectáculo callejero, otros en virtud del interés científico, o a partir de los usos múltiples que dichos inventos pudieron haber tenido en la vida privada o pública.

Desde sus comienzos las tecnologías visuales también alertaron a la literatura y a las artes tradicionales sobre sus particulares modos de representar y simbolizar la realidad, reduciendo el protagonismo de la palabra por si sola. Es la percepción de una transformación en la producción literaria por efecto de la tecnología de la visualidad lo que abre la curiosidad, intelectual de la autora para interrogar y ampliar las relaciones entre las imágenes visuales y la escritura.

En un recorrido que va desde la llegada de las primeras máquinas proyectoras de imágenes fantasmáticas en el siglo XIX, como la linterna mágica, hasta las más modernas tecnologías de la información y las comunicaciones digitales, en la actualidad, Valeria de los Ríos analiza su presencia en textos literarios de la modernidad y posmodernidad latinoamericana.

Estos aspectos se juegan en las relaciones entre el mostrar propio de la fotografía y el nombrar propio de la escritura. No hay en el trabajo de Valeria una voluntad de jerarquizar o reducir cada uno de estos lenguajes a una relación de influencia o forma de subordinación de uno a otro; no, por el contrario la autora elabora con una intuición intelectual que da cuenta de su sensibilidad para ver y leer la trama de contigüidades y flujos de sentido que hay entre uno y otro. Valeria de los Ríos se interesa en producir la colaboración de lenguajes en la representación de realidad, en la construcción de identidad, en la producción de problemas como la violencia, la memoria, la globalización y en los diversos modos de constituir sujetos y relaciones culturales.

Así, retratar, documentar, capturar, reproducir, certificar, significantes particulares de la técnica fotográfica vienen a ser pertinentes tanto al campo de la producción de imágenes como al de los discursos literarios, los que de distinta manera, pero en concurrencia significan la época los espacios, sus tiempos, sus proyecciones.

Espectros de Luz clasifica y distingue finamente las diversas modalidades de presencia de las tecnologías visuales en los textos literarios: historiza, cartografía, establece vías de comunicación, vinculaciones, cruces, flujos y mutuas intervenciones; uno de los resultados del libro es proveer al lector interesado un catálogo crítico de obras y autores.

La perspectiva central del trabajo de Espectros de Luz lo sitúa, por cierto, en el campo literario, desde ahí produce las significaciones culturales para lo latinoamericano, porque si como ella señala”. “Su presencia a nivel temático y retórico en la literatura de la región da cuenta del deseo y de la ansiedad que estos dispositivos provocan”, ese deseo y ansiedad que es fundamentalmente la ansiedad de ser modernos de los escritores, instala también una voluntad de conocer, interrogar y enriquecer con ello sus mundos narrativos. En esa tarea modernizadora, la literatura ha cumplido, casi siempre, antes que otros lenguajes la importante función imaginaria de acoger lo nuevo en los contextos sociales, ampliando con ello la subjetividad y los imaginarios sociales.

Dos grandes áreas de las tecnologías visuales, la fotografía y el cine, organizan tanto el libro como la selección de lo autores y textos en los que de los Ríos analiza las relaciones en que los lenguajes visuales comparecen en la escritura: procedimientos, temáticas y formas aparecen analizados con lucidez innovadora en los textos seleccionados. La lectura de las imágenes visuales y textuales en sus contigüidades le permite a la autora establecer sus preguntas e hipótesis, sus interrogantes a los puntos de convergencia y convivencia, sus conjunciones. ¿Qué son las imágenes, porque están ahí, que nos dicen, cuales y como son sus procedimientos, en que lugares más allá de lo narrable nos sitúan y conectan con lo dicho y lo no dicho se pregunta la autora. El libro no pretende cerrarse sobre un corpus único, sino que más bien entrega elementos para continuar un trabajo que aún tiene mucho que rendir en los campos de la visualidad y la escritura.

Me interesó particularmente leer en este texto el signo de lo espectral en torno al que el texto desarrolla y amplifica interesantes conexiones. Ciertas apariciones extrañas suceden en la literatura de manera similar a lo que sucede en cierto cine de atracción, dice la autora, es decir lo espectral aparecería de manera similar en ambos lenguajes. De ese modo siendo lo espectral, la fantasmagoría, vistos como una propiedad de la constitución de la imagen fotográfica, también en sus comienzos estuvo asociado al cine.

Valeria de Los Ríos asocia esta particularidad de las tecnologías visuales con la literatura a través del interés por lo desconocido, lo mágico, lo que comparece inesperadamente, es decir lo que produce asombro ––eso que se ha perdido–– y que compromete la credibilidad de quienes ven, y que ha sido propio de algunos escritores latinoamericanos, entre ellos Vicente Huidobro que según señala el texto referido a este autor habría sido un fascinado por los trucos cinematográficos para producir efectos de magia, realizados por cierto por el poeta-mago, figura tan cara a la imaginación de este autor: la sustitución, el doble, el desdoblamiento son figuraciones cinematográficas con las que Huidobro se pone a la altura de la tecnología en su escritura, Huidobro, en Cagliostro, texto que Valeria llama novela-film, “construye su mago-protagonista, como un experto en trucos cinematográficos que causa admiración en sus ficticios espectadores. Mediante este recurso Huidobro pone la tecnología al servicio de la magia, diluyendo la supuesta oposición entre ambos dominios. Alejado de la crítica apocalíptica a los medios masivos, para Huidobro el influjo cinematográfico no produce la muerte de la escritura, sino que por el contrario su renovación y la posibilidad de acceder a un público más numeroso. El lector se convierte en un espectador y la literatura es un espectáculo capaz de asombrar mediante técnicas tomadas del cine como la narración del pasado en tiempo presente, el close-up, la sobreimpresión y el montaje”.

La espectralidad, la fantasmagoría es elaborada como una dimensión común a las narrativas cinematográficas, pero que está presente en más de un autor, como el ya citado H. Quiroga con lo que la autora se hace cargo y nos hace ver que ambos lenguajes estéticos, el de la fotografía y el cine, tanto como el literario operan en las fronteras tenues donde se confunde la ilusión y la realidad, la presencia y la ausencia, la luz y la sombra; lo que comparece y lo que se desvanece; si en lo visual lo espectral y la relación con la muerte ––como han señalado entre otros Sontag, Barthes–– tiene una concreción mayor y más explicita en la fotografía por ser una lenguaje hecho de luz que fija en el tiempo lo que ha dejado de ser, la literatura también oscila permanentemente entre hacer visible lo invisible, entre mostrar y ocultar con lenguajes que van desde el anticipo y la epifanía hasta la comparecencia de lo velado y lo hiperreal. La fantasmagoría del cine, dice Valeria surge de la capacidad de crear lo deseado, lo imposible, lo maravilloso, palabras en las que también habla lo literario.

Frente a la pregunta que Huidobro adelanta si el libro no desaparecerá con el protagonismo del cine en la vida moderna, es preciso decir que esta interrogante se rearticula con cada nuevo avance tecnológico, referido a nuevas prácticas del mostrar y el ver, del escribir y el leer; quizás reste decir que estamos siempre frente a vaticinios incumplidos, pero también que el miedo a la muerte no abandona a lo humano a pesar de todas las promesas de las tecnologías del cuerpo y de la mente.

Sabemos que los avances tecnológicos siempre han puesto en crisis lo que les precede, pero también produce las formas de coexistencias y distinciones de unos y otros. Parece que entre las tecnologías visuales y la literatura mas que pensar en destrucciones, formas de colonización o subordinaciones se han producido interesantes cruces lingüísticos y trasposiciones que apuntan mas a las nuevas formas de construir narraciones y reflexión; también en ese registro Espectros de luz construye lúcidas perspectivas críticas. Particularmente lúcidos son los análisis de las relaciones entre fotografía y escritura, entre cine y escritura en los textos sobre Juan Luis Martínez y Roberto Bolaño, en ambos se trabaja de manera específica la relación de los lenguajes con el tiempo, con el territorio y su cartografía; con la producción de sujeto.

Si lo fantasmagórico puede nombrar en la actividad fotográfica todo el proceso de un lenguaje que produce su sentido en el recorrido que va de la sombra a la luz, en el proceso de emergencia de la imagen en el papel, si los juegos entre lo positivo y lo negativo hacen emerger derechos y reveses de las cosas, la ambivalencia de lo fantasmagórico es enriquecida en el trabajo de Espectros de Luz con el pensamiento crítico político que le dio W. Benjamín en su carácter de fetiche, como significante que en un mismo movimiento muestra lo que oculta, refiriéndolo al fenómeno propio del capitalismo, es decir la explotación y la plusvalía del capital, pero situándola en la diferencia latinoamericana, “A diferencia de lo que sucedía en Europa o Estados Unidos América Latina no era un lugar de producción de tecnologías como el cine o la fotografía sino que un mero espacio de exhibición y distribución. De esa forma el fetichismo de la mercancía es doble: no solo porque se desconoce el trabajo que la creó sino porque además viene de la Metrópoli”.

Las tecnologías visuales, señala el texto como espacios de producción simbólica no solo han significado nuevas forma de imaginarizar el mundo sino que también han tenido efectos políticos para las construcciones de las naciones latinoamericanas y ha sido por su parte la crónica, que como genero escritural de consignación de la actualidad, ha sabido dar cuenta de estas significaciones, como señala el primer capitulo de la segunda parte.

El cine, por su parte, llegará a ser un instrumento más para elaborar la historia, la memoria y los proyectos de nación, tramando sus específicas formas de narrar a otras narrativas, en su amplificación de sentidos.

Por todo lo dicho en esta ocasión, que es ocasión de celebrar y que por cierto es solo parcial y fragmentario Espectros de Luz se transforma en un texto fundamental para leer y comprender los problemas de la modernidad latinoamericana y de las relaciones entre literatura técnica y política.

La inteligencia crítica con que Valeria de Los Ríos ha trabajado este libro hace que su interés y atractivo trascienda el campo de los estudios visuales y literarios, y alcance a todos quienes se interesen por las relaciones de las palabras y las imágenes.

Raquel Olea

Hernando de Aguirre 2190-B Santiago (Chile)
raquelolea@vtr.net