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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.33 Osorno dic. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012011000200022 

ALPHA Nº 33 Diciembre 2011 (276-279)

RESEÑA

José Leandro URBINA. Camilo Henríquez. El sueño ilustrado. Santiago de Chile: Editorial Universidad de Santiago de Chile, 2011, 70 pp.


Este libro forma parte de una interesante Colección, Grandes de Chile, creada por Editorial USACH con el propósito de difundir la vida y obra de hombres y mujeres que se han destacado en diferentes ámbitos del quehacer nacional, muchos de los cuales han sido abordados escasamente por la historiografía tradicional. Para ello se encargó a especialistas de distintas disciplinas la elaboración de breves estudios crítico-biográficos de figuras como Diego Portales (Gabriel Salazar), Julieta Kirkwood (Raquel Olea), Clotario Blest (Maximiliano Salinas), Magno Espinoza (Sergio Grez Toso), Elías Laferte (Hernán Venegas), entre otros. En general, los libros de esta colección buscan rescatar y reinterpretar a estos personajes históricos, tanto para el lector no especialista como para el académico, aunque no desde la perspectiva positivista-panegírica ocupada en proporcionarnos datos aparentemente neutrales, sino que son análisis críticos que nos introducen en los claroscuros de sus trayectorias vitales.

En este marco, el escritor chileno y especialista en literatura latinoamericana colonial José Leandro Urbina realiza una biografía crítica e intelectual de Fray Camilo Henríquez (1769-1825), personaje profusamente citado por los historiadores chilenos, gracias a su innegable protagonismo en el debate político-cultural de las primeras décadas del siglo XIX. Sin embargo, su pensamiento ha sido escasamente investigado y analizado en forma monográfica. Rescatado en la primera mitad del siglo XX por Raúl Silva Castro ––quien se ocupó de escribir su biografía y antologar su obra–– fue prácticamente olvidado por los estudiosos, hasta hoy. En este escenario, Urbina se aboca a entregarnos un conciso panorama contextual y biográfico de Camilo Henríquez, para posteriormente centrarse en el análisis de su pensamiento político, que es la preocupación principal del texto; pensamiento que ha carecido de un examen más minucioso por parte de los especialistas dedicados a la historia de las ideas en Chile.

Urbina nos informa que la formación intelectual del fraile chileno se desarrolló a partir de su ingreso a Ordende Buena Muerteen Lima (1787), cuyo colegio era considerado uno de los centros educacionales más importantes del Virreinato peruano en el siglo XVIII. Durante esos años, Camilo Henríquez adquiere conocimientos generales sobre teología, medicina, historia y ciencias naturales. Pero también leyó, de forma autodidacta, algunos libros excomulgados de Voltaire, Rousseau y Montesquieu, pensadores ilustrados que fueron ––según Urbina–– los que moldearon el pensamiento político del joven fraile, lo que le causó más de algún problema con Inquisiciónlimeña.

A partir de estos antecedentes, Urbina plantea que estas experiencias (estudios, lecturas, circunstancias personales) quizá ayudaron a producir la aversión a la tiranía política y al oscurantismo en el que vivía la sociedad colonial hispanoamericana, que después se reflejará con vehemencia en sus escritos y en su accionar político durante el proceso independentista.

Posteriormente, Urbina se centra en el análisis de la participación política e ideológica que tuvo Fray Camilo en Chile tras su regreso desde Lima en 1811. Para Urbina, como para la mayoría de los investigadores, el fraile fue un intelectual comprometido con la causa independentista, siendo uno de sus principales aportes ideológicos su Proclama de Quirino Lemáchez, donde expone las ideas independentistas que buscaban transformar el sistema de gobierno monárquico-autoritario en uno democrático-representativo, acorde con las ideas republicanas ilustradas provenientes de Francia. No obstante, Urbina considera que el ideario político ilustrado difundido por Camilo Henríquez estaba alejado del contexto sociocultural del resto de Chile, que vivía bajo un mediocre sistema educacional y un casi inexistente grupo intelectual. Para Urbina, esta situación trae un complejo problema debido a que se produce un desajuste entre la teoría y la práctica. Pero, más allá de esto, Urbina indica que Camilo Henríquez no se proponía hacer teoría política, “sus saberes se dirigen hacia un objetivo que es el enseñar y discutir una serie de planteamientos que le permitirán unir fuerzas para llevar adelante la causa de la independencia; él es un propagandista de la emancipación” (18).

Urbina examina Proclamacomo un documento que manifiesta, de forma tangible, la voluntad pedagógica de fray Camilo, en tanto fue escrito para incentivar a sus conciudadanos a conformar un Congreso nacional autónomo. De acuerdo a Urbina, en dicho texto se observan una serie de tópicos anclados en Revoluciónfrancesa y en la independencia de Estados Unidos, los cuales son apropiados por el fraile, con un discurso radical en aquel periodo, para organizar políticamente la incipiente nación.

En la perspectiva de Urbina, el principal obstáculo con que se encontró el fraile para llevar a cabo las ideas propuestas en su Proclama, es la postración intelectual de Chile, tanto de su clase dirigente como de su clase popular. Lo anterior se grafica, según Urbina, en el Ensayo acerca de las causas de los sucesos desastrosos de Chile, en el que Camilo Henríquez ––desterrado en Buenos Aires tras el desastre de Rancagua–– expone críticamente el panorama intelectual desmedrado del Chile de comienzos del siglo XIX y que, según el fraile, fue una de las causas subyacentes de la derrota de los patriotas.

En este punto, Urbina nos advierte que el Chile en el que surge la figura del fraile está escindido por dos tipos de élites que representan dos posturas ideológicas en pugna. Por un lado, existía una élite que se identificaba como legataria “de la ideología colonial terrateniente” (29), y por otro, una élite que estaba articulada en torno a la ideología liberal ilustrada, que buscaba la modernización del país y “la construcción de una República que se oriente hacia el libre comercio y las actividades propias de las sociedades capitalistas” (29).

Dentro de esta última élite, según Urbina, se encontraba inserto fray Camilo quien, a través de la actividad intelectual y, sobre todo, en su labor periodística, se proponía educar a sus compatriotas en los ideales republicanos y revolucionarios. En este sentido, José Miguel Carrera en 1811 ––quien en ese momento encabezaba Junta–– trajo la primera imprenta a Chile y la puso bajo la dirección de Camilo Henríquez. En 1812, el fraile publicó el primer periódico del país: Aurora de Chile. Este medio fue, según Urbina, una herramienta política fundamental para el fraile, permitiéndole enunciar un conjunto de nociones ilustradas como lo eran “la educación, la política, los derechos, la justicia y la libertad” (44).

Urbina considera que estas nociones configuraron “teóricamente el camino que conduce a Independencia, la autonomía y finalmente a la realización de la comunidad y el individuo” (44).
Urbina también examina, brevemente, la producción literaria de Camilo Henríquez, como una literatura política criolla sin mucha resonancia desde el punto de vista literario, pero que tuvo la capacidad de vehiculizar sus ideas políticas republicanas uniendo de “mejor manera lo político y lo estético” (53). Algunas obras representativas de esa literatura politizada son La procesión de los lesos (1813), una letrilla satírica donde ataca “a los timoratos, a los pasivos que no se responsabilizaban de la defensa de la patria” (53). Y, en las obras dramáticas, Camila o la patriota de Sud América (1817) y La inocencia de las virtudes (inédita) que nunca fueron representadas. Pero, para Urbina, esto no complicaba al fraile, en tanto para él la actividad teatral solamente “proporcionaba un espacio que daba una continuación a la actividad de instrucción política, de otra manera aquella se convertía en una recreación fútil” (53-54).

La tesis central que se desprende de los planteamientos de Urbina, es que Camilo Henríquez fue incapaz de evaluar adecuadamente el contexto político-cultural del Chile de su época. Así, sus sueños de libertad y solidaridad nacional se encontraban con un escenario desfavorable, que conservaba todavía muchos rasgos de la mentalidad colonial, donde el abuso de poder, las injusticias sociales y el servilismo frente a la autoridad impidieron que el sueño ilustrado de Fray Camilo se concretase. Esto nos recuerda que, como alguna vez lo señaló Leopoldo Zea, en Hispanoamérica la emancipación política no necesariamente fue una emancipación mental.

En definitiva, este estudio monográfico de José Leandro Urbina, aunque es un breve trabajo sobre la vida y el pensamiento político de Camilo Henríquez, no por ello es menos significativo, en tanto realiza un aporte al debate de la historia de las ideas y de la crítica literaria nacional. Urbina propone también, una lectura crítica de una serie de textos de Fray Camilo que introdujeron un léxico novedoso y que, en su momento, proporcionaron los cimientos teórico-políticos de la nación. Textos que no han sido estudiados ni revisados con la atención debida y que, sin duda, merecen ser abordados con enfoques metodológicos más contemporáneos como, por ejemplo, las herramientas proporcionadas por las teorías de análisis del discurso, la teoría crítica latinoamericana o desde una perspectiva historiográfica revisionista.

Marcelo Sanhueza

Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Humanidades, Departamento de Literatura, Avda. Cap. Ignacio Carrera Pinto N° 1025, Ñuñoa, Santiago (Chile)
marceloivansanhueza@gmail.com