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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.33 Osorno dic. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012011000200021 

ALPHA Nº 33 Diciembre 2011 (274-275)

RESEÑA

Liliana PUALUÁN. Viajes al entremundo. Santiago de Chile: Cadaqués, 2010, 235 pp.


“Los sobrevivientes de los avatares relatados que permanecieron en Pueblo, hombres, mujeres y niños, dieron origen a las primeras familias, de las cuales descendemos” (231). Con estas palabras del “Epílogo”, Liliana Pualuán ––originaria de Puerto Aysén–– sugiere una interpretación concreta y geográficamente bien definida de su obra. Las fotos con motivos del Sur de Chile en blanco y negro, todas sacadas en las primeras décadas del siglo XX, que acompañan el texto como un telón de fondo sin relación obvia con lo narrado, parecen subrayar esta lectura propuesta por la autora. Pero, para mí, Viajes al entremundo es mucho más, pues permite varias otras lecturas.

Por cierto el paisaje omnipresente, que se concretiza en los toponimos insignificantes como “Pueblo” y “Comarca”, sugiere el entorno de XI Región de Chile con sus bosques interminables, sus ríos caudalosos, sus regiones costeras y sus lluvias y nevadas prolongadas. Sin embargo, no parece imaginable una zona de la tierra donde nunca sale el sol, como es el caso en la presente novela. Con este fenómeno en vista el lector tiene que despedirse de una lectura realista y abrirse a un mundo mágico, mítico, el “entremundo” de la autora.

La historia empieza con la llegada de un grupo de mujeres con nombres absolutamente no-corrientes como Evernia Prunasti, Zea Mays, Inala, Belónica, Alquimila, etc., a Comarca. Lleganen el barco del capitán Beleño, cuyo exclusivo oficio parece ser conducir este tipo de transporte. A lo largo de la novela se concreta, cada vez más, la sospecha de que Beleño es un personaje como Caronte en la mitología griega, o sea, uno que lleva a los muertos al otro mundo. En Comarca las mujeres encuentran a un grupo de hombres, igualmente con nombres exóticos, como por ejemplo, Licopodio, Equiseto, Solidago, Tusilago, Phypollis, etc., que trabajan la tierra para poder vivir allí. Después de pasar por el “Olvido” las mujeres piensan en el propósito de su presencia en Comarca. Zea Mays lo resume en estas palabras: “Para revivir... a los hombres, llegamos las mujeres” (50). La descripción de este “revivir”, es uno de los aspectos más logrados de la novela, ya que nos hace pensar en los ambientes de los textos de D.H. Lawrence. Al igual que Lady Chatterley, las mujeres se abandonan a una sensualidad natural, a su instinto de hacerse madres fuera de las normas de las sociedades establecidas. Es un mundo que hace también pensar en la experiencia “hippie” de los años 60 del siglo pasado. En estas descripciones, el lector notará pronto que el orden lógico del tiempo está descarrillándose, porque no se respetan los nueve meses de un embarazo, ni el tiempo natural para el desarrollo de un niño. Son tres los niños que nacen en Comarcay, también, tienen nombres bastante raros: Nepomuceno Segundo, Casuarina y Silene Alba. En sus bautismos ofician un cura católico y un rabino el uno al lado del otro, lo que parece también muy curioso. Elementos de Bibliacomo los pastores en el nacimiento de Jesús o el arca de Noé, en la que los protagonistas sobreviven en una lluvia diluvial existen al lado de creencias míticas y reflexiones filosóficas acerca de la vida y de la muerte. Estas reflexiones quedan en el nivel de la pregunta planteada sin tratar de proponer una respuesta o una solución. No hay solución. Dafna y Alquimila lo dicen: “Los misterios nos acosan... No sabemos nada”. (198). En esta incertidumbre y en las cada vez nuevas preguntas que se formulan, se basa el encanto de la lectura de esta obra sobre la vida y la muerte.

Un libro muy recomendable para lectores que se interesan por el Sur de Chile y en sus mitos, así como por las eternas preguntas existenciales. Se debe estar preparado para un viaje al “entremundo” de la sureña Liliana Pualuán.

Ewald Weitzdörfer

Zwanzigerstr. 34, 87435 Kempten (Alemania)
weitzd@web.de