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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.33 Osorno dic. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012011000200020 

ALPHA Nº 33 Diciembre 2011 (273-274)

RESEÑA

Pedro LASTRA. Diálogos del porvenir. Santiago: Pfeiffer Editorial, Colección 33. 6. 2010:88 pp.


En esta nueva entrega del poeta y crítico chileno Pedro Lastra (Quillota, 1932) pueden advertirse las notas distintivas de su poesía: préstamos literarios o intertextualidad permanente; el problema del tiempo tematizado en la escritura (proyectivo, del tipo del pasado hablaremos en el futuro); la memoria puesta en función de una sensibilidad que privilegia las formas breves, en especial las conjeturas, las historias mínimas y los enigmas; escritura epigramática y función pragmática del silencio y la página en blanco; voluntad de expresión del universo personal mediante señales que indican los procesos de su constitución; desborde de la fantasía y devenires animales; presencia del amor como materia vívida y lenguaje; por último, poesía situada (Lihn) o escritura de acuerdo a las circunstancias vividas.

Treinta y tres poemas ––publicados desde 1959 en distintos sellos editoriales de Santiago, Lima, Sevilla, Medellín, Quito, Puebla–– dan cuerpo a los Diálogos del porvenir recurriendo a las zonas de significación y motivos tan caros al poeta. En ellas, no sólo se revela como escritor, sino que, más bien, como lector de su propia vida y de obras clásicas y contemporáneas. Aquí aparece la figura del poeta como crítico. Este problema tan bien definido en escritores chilenos como Nicanor Parra, Enrique Lihn o Gonzalo Rojas (fundamentado en modo definitorio en Steiner, por ejemplo) hace visible la consideración modélica que Lastra hace de ellos, en su ejercicio poético y en su formación literaria.

Es de este modo que los poemas de Lastra conjuran temas que serán trabajados con mayor pericia para ser transformados en nuevos modelos. Consecuentemente, el lector podrá apreciar la capacidad que tiene Lastra para crear tonos originales, basados en la reconstrucción de la memoria y en la sutileza de la imagen. Cultura y vida son notas distintivas de su poesía, exteriorizadas en recuerdos de personas queridas, viejos amigos, amores entrañables y homenajes a escritores y artistas de épocas variadas como Miguel de Cervantes, Constantino Kavafis, Gerard de Nerval, Javier Lentini, Magritte, Cayo Plinio, Guido Cavalcanti, César Vallejo, Robert Desnos, Oscar Hahn, Víctor Jara, Homero o Nicanor Parra. Sustentamos que ésta es una poesía en esencia sugerida que arranca de los cauces de una subjetividad manejada líricamente a la perfección.

El tratamiento del tiempo es uno de los mejores logros a los que nos tiene acostumbrados la poesía de Lastra. Más todavía, si el poema envuelve con sabia red las reminiscencias de amores idos y recuperados en la escritura. Nos referimos a textos como “Viola d´amore” (dedicado a Irene Mardones Campos), “Presencia del amor” y “Mano tendida”. En la palabra de Lastra, el amor juvenil permanece como extensión del deseo. Sin embargo, como toda sustancia, el recuerdo se deshace en el tiempo, manteniendo sólo episodios vitales. Es la idea del tiempo relativo llevada a la poesía: “el destello de una mirada / atraviesa el paisaje / esta mirada viene de muy lejos / oscila / entre tu tiempo y el mío” (“Disolución de la memoria”). Esta disolución no implica la desintegración de la memoria, muy por el contrario, ésta sólo pierde su espesor, pues está constantemente difuminándose y extendiéndose a la vida toda. El fenómeno de oscilación consiste en la aparición y desaparición de objetos y personas que yacen en el pensamiento. El fenómeno se activa con lecturas y relecturas no sólo de los libros, sino que, también, de la historia del mundo y de la historia personal. Es la poesía de acuerdo a las circunstancias, o marcos de referencia autorial.

Es posible pensar la poesía de Pedro Lastra como un continuo resituamiento en tiempos y espacios difusos. En efecto, el poema “Recuerdos del mal pasado” (inédito hasta ahora; cuenta con versión manuscrita digitalizada en el mismo libro) es un regreso. Podría señalarse al respecto que existe un juego implícito con la poesía del griego Constantino Kavafis (“Ítaca”), en la prospección del regreso y la modalidad didáctico-épica de un sujeto que se interroga al desdoblarse, enfrentándose con la única posibilidad que tiene el hombre de comprender que el derecho a la vida se gana cumpliendo el rito de recordar a los muertos que padecieron injusticia. El recuerdo “es el pan de los muertos”, aquello que les permite alimentarse y permanecer con este único sustento. Aquí el ritornello se concluye limpiamente y se cierra el poemario como un anillo.

Juan Gabriel Araya Grandón

Universidad del Bío-Bío, Facultad de Educación y Humanidades, Departamento de Artes y Letras, Avda. Andrés Bello s/n. Chillán (Chile)
jaraya@ubiobio.cl / juanarayag@terra.com