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Alpha (Osorno)

versão On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.32 Osorno jul. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012011000100021 

ALPHA Nº 32 Julio 2011 (265-269)

RESEÑA

Vania BARRAZA. (In) Subordinadas. Raza, clase y filiación en la narrativa de mujeres latinoamericanas. Santiago de Chile: RIL, 2010, 227 pp.


(In) subordinadas, ofrece la oportunidad de explorar la prosa de mujeres escritoras, de leer las claves de su condición de subalternidad y subordinación que caracteriza la cultura femenina, y analizar las particularidades de la cultura latinoamericana desde la mirada de las mujeres, de sus luchas y de sus contradicciones.

Vania Barraza ha seleccionado un corpus de escritoras que le permite recorrer la estética literaria femenina y la historia del pensamiento feminista de los siglos XIX y XX a través de los mecanismos de agresión, de violencia o de subalternidad entre las propias mujeres, un tema poco explorado en la crítica literaria feminista. El análisis de la narrativa de Rosario Castellanos, Rosario Ferré, Lucía Guerra, Eduarda Mansilla y Andrea Maturana, desmenuzan los mecanismos de la violencia entre mujeres, de las traiciones, de la resemantización de la maternidad, y los códigos de la subordinación a la ideología patriarcal, tanto en su dimensión interétnica como en lo sociocultural. Esta violencia explícita, y otras tantas de naturaleza simbólica, se encuentra inmersa en los relatos de Castellanos y Ferré, en la novela histórica de Guerra y de Mansilla, y en el análisis del ejercicio de la maternidad, su simbolización y configuración occidental y contemporánea en Andrea Maturana. Todo ello no hace más que dejar al descubierto una supraviolencia, como ha sido el histórico y cómplice silencio de las estructuras patriarcales en las que se ha organizado la humanidad. Poner en labios, voz y cuerpo de mujer la violencia verbal, simbólica y hasta física, nos lleva a buscar significados alternativos a lo que las escritoras han expresado en el discurso de ficción de su obra literaria. Tales significados emergerían como una suerte de rebelión encubierta en su propia experiencia.

En cuanto a su estructura, el texto está dividido en cuatro capítulos, que recorren igual número de momentos en las relaciones sociales, culturales, simbólicas e históricas entre mujeres. Se parte por el estudio de la ironía como forma de violencia femenina y continúa con la exploración de la rivalidad entre mujeres fuera del orden patriarcal. En un tercer momento, Vania Barraza explora la mirada femenina del encuentro o desencuentro entre españolas e indígenas, y concluye con una revisión de la maternidad y los conflictos filiales, todo ello, sobre la base de la estética literaria y teniendo como hilo conductor los ejes de análisis y constantes teóricas de la crítica literaria feminista.

El primer capítulo está dedicado a Rosario Castellanos, la escritora chiapaneca que se envuelve en el color y el olor de la selva del sureste mexicano, en ese columpio geográfico donde se gestó el movimiento zapatista, en el Estado mexicano más rico y más pobre del país, en los límites geográfico-políticos donde más poetas por metro cuadrado existen. Rosario Castellanos es más conocida por su obra lírica que por su narrativa. Sin embargo, es en ésta última donde Vania Barraza se detiene a explorar los signos de Ciudad Real, una obra en que la autora reflexiona no sólo sobre la condición femenina desde mecanismos alternativos de agresividad entre mujeres, sino en el propio juego de las subalternidades y cómo a través de esta destreza de género se plantearían algunas críticas a las políticas de desarrollo de la cultura indígena en esa región del país, pero sobre todo, a la interacción entre mujeres indígenas y las formas de explotación mutuas.

En la segunda parte, este estudio nos lleva a Puerto Rico, hacia los cuentos de Papeles de Pandora, de Rosario Ferré. Aquí la subalternidad está subsumida en las acciones simbólicas de las mujeres protagonistas de “La muñeca menor”, “Cuando las mujeres quieren a los hombres” y “El collar de camándulas”, donde las prácticas tradicionales femeninas se transforman en herramientas mortales. La preparación de los alimentos, la coquetería, la costura, son mecanismos de venganza y de muerte, justamente aquellas prácticas que denotan la femineidad en la sociedad conservadora.

En el tercer capítulo de (In) Subordinadas, Vania Barraza entra de lleno al análisis de la novela histórica y de las mujeres (las españolas y las indígenas) en el relato de la conquista, indagando en autoras en cuyas obras se da voz a las voces silenciadas en las crónicas y en los relatos de la conquista y de la propia nueva novela histórica. En esta cruzada la autora selecciona Lucía, relato de Eduarda Mansilla y “De brujas y de mártires”, un cuento de Lucía Guerra-Cunningham procedente de Frutos extraños.

Respecto de Lucía, Vania Barraza la rubrica como uno de los primeros antecedentes literarios de carácter fundacional, escrito por una narradora latinoamericana que describe la experiencia de una española en el Nuevo Mundo. En tanto que en “De brujas y de mártires”, observa que se “…adopta la estética del nuevo relato histórico según una perspectiva de género que permite explorar tensiones discursivas y la re-presentación de la subalternidad femenina en el contexto de las relaciones interculturales entre mujeres”, (.) en una suerte de dinámica paralela al mestizaje biológico/cultural, y que es la relación que establecieron las españolas con sus congéneres indígenas en el proceso de colonización.

Nuevamente el hilo conductor de los relatos ha sido la violencia relacional entre mujeres, pero, desde mi propia lectura —junto a una contraposición entre géneros— podría presentar, también, un guiño al ecofeminismo, esto es, a la violencia territorial, ambiental, representada en el maltrato y agravio de la mujer como metáfora del territorio virgen, lo inexplorado de la “madre tierra”, la vejación de la nueva tierra, de los territorios conquistados, la opresión y la explotación sistemática de la cultura y de los recursos naturales. Se representa la imagen de la indígena (la nativa metaforizada) con los territorios vírgenes violados, mancillados y abusados por las culturas occidentales. En esta violencia relacional, el relato de Lucía Guerra-Cunningham agrega otro ingrediente de fuerte arraigo en la sociedad colonial: la brujería como mecanismo de ejecución de un poder indirecto, a través del cual la protagonista española ejerce una venganza, utilizando un ancestral procedimiento de acción que encubre su condición marginal y afianza una visión dual del mundo.

La magia y la brujería constituyen un eje seleccionado por la autora para analizar la violencia relacional, tanto en el texto de Lucía Guerra, como en los relatos de Rosario Ferré, donde también están presentes, las fuerzas sobrenaturales mediante las cuales las protagonistas cobran venganza y dejan fluir todo el rencor hacia sus pares. El espíritu de sororidad, o la solidaridad de género, quedó para otra historia.

La cuarta y última parte del texto es, definitivamente, el capítulo más personal de la autora. En él hace una exhaustiva revisión de la maternidad latinoamericana, explorando las contradicciones presentes en la construcción sociocultural y simbólica de la tradición mariana y en la reproducción del modelo patriarcal que enfrenta a hijas y madres. Aquí se analizan de forma exhaustiva las figuras simbólicas de la maternidad en la mitología griega y la cultura occidental, con particular énfasis en la figura femenina a través de la tradición cristiana y prehispánica de la Virgen-Madre y las tensiones que subyacen en esta relación filial.

La construcción dialéctica. Las diversas expresiones de poder, desigualdad y de agresividad femeninas que recoge (In) subordinadas. Raza, clase y filiación en la narrativa de mujeres latinoamericanas, se construyen desde la dualidad que, en algún sentido, caracteriza a la naturaleza femenina. Desde el propio título “(in) subordinadas”, la autora deja en evidencia una contradicción conceptual: el término “insubordinada” significa rebelde, sublevada, que se opone a lo establecido; “subordinada” denota lo contrario, como aquélla que sigue los preceptos señalados, alguien dependiente. Al reunir gráficamente las dos palabras, hacemos coincidir dos contextos en que se desenvuelve la mujer; por una parte, una persona que depende de otra, del sistema establecido, del sistema patriarcal, pero, también, alguien que se revela ante esta autoridad, ante esta tradición. Desde el propio título la autora denota las oscilaciones, la dualidad, contraposiciones o contradicciones de la cultura femenina como se exponen a lo largo de la obra.

Esta cultura de doble codificación sería una de las características de la escritura femenina, contexto donde (In) Subordinadas, se presenta como una apuesta para releer la narrativa de escritoras latinoamericanas y, así, “decodificar el modo en que diversos personajes femeninos actúan dentro de un sistema hegemónico de violencia, como proceder que se configura en base a una doble articulación” (18).

Otro de los conceptos duales, y en contraposición, que se recoge en el título de este estudio es la (re) producción, mientras que la palabra sin separaciones conduce a la duplicación de una conducta o estructura, en este caso, el patriarcado. La producción denota una independencia y autonomía para reconstruir una nueva realidad, para gestar un contexto sociocultural nuevo y, en definitiva, la emancipación y libertad de pensamiento y acción.

Vania Barraza propone que uno de los modos de “in-subordinación”es la ironía. Este mecanismo de expresión comunicativa del lenguaje apela a los destinatarios a través de la paradoja. Nuevamente una doble codificación. Se expresa algo para decir otra cosa o, específicamente, lo contrario de lo que se dice. La ironía es, en realidad, “un espacio de fuga, de indeterminación para discutir el contrasentido, la antítesis, una irresolución” (…). Vania Barraza se centra una vez más en ese pensamiento pendular, encubierto de la naturaleza femenina. Lo que se dice no es lo que se quiere decir, es otra cosa. En este caso, la ironía es un mecanismo de expresión encubierto y una de las armas más potentes de las mujeres contra otras mujeres.

En el análisis de los relatos de Rosario Ferré, Vania Barraza recurre nuevamente a los conceptos duales: esta vez es la (des) unión que provoca el amor en dos mujeres que, al mismo tiempo, parecieran ser una sola, desdoblada en personalidades distintas, que disputan su propia existencia a través de los mecanismos simbólicos de provocación y que definen las diferencias de clase entre ellas. Pero no sólo desde el plano del análisis se recurre a estos conceptos duales. La misma obra literaria de Andrea Maturana elige este desplazamiento de ida y vuelta en el título de uno de sus relatos: “(Des) Encuentros (Des) Esperados”. Aquí, Maturana no sólo juega con los prefijos, sino que le otorga a su trabajo una doble codificación de entrada para abordar las relaciones madres-hijas y los tabúes que prevalecen en la sexualidad, la omnipotencia de la madre, la ausencia paterna y el control simbólico ejercido por la madre, quien actúa como “transmisora y (re) productora de las tradiciones culturales impuestas por el sistema hegemónico” (179).

Vania Barraza advierte que en los relatos de Lucía Guerra-Cunningham y de Eduarda Mansilla hay un desplazamiento de esta trilogía conceptual. Aquí ya no hay un juego de grafemas, sino una fusión de procesos y de conceptos, como el de historia, conquista y silencios, como reza el título del tercer capítulo. Aquí los desplazamientos y oscilaciones evidencian las contraposiciones de raza entre mujeres, entre españolas e indígenas, entre la civilización y la barbarie, evidenciando la segunda con las prácticas tradicionales signadas como de brujería por la civilización occidental. Los relatos de Guerra-Cunningham ilustran conflictos de poder y de desigualdad entre mujeres, advirtiendo sobre la subordinación que experimentan, por igual, tanto las españolas como las indígenas, y cuestionando la sumisión al orden patriarcal que sufren ambas culturas, pero cuya subalternidad, se reproduce sin problemas bajo los códigos de la dominación patriarcal.

En síntesis, (In) Subordinadas. Raza, clase y filiación en la narrativa de mujeres latinoamericanas de Vania Barraza es, sin duda, un estudio de gran calidad, rigurosidad académica y originalidad, que explora un aspecto poco estudiado en los estudios de género y el feminismo, como son los mecanismos de violencia usados por las mujeres contra sus congéneres. La autora analiza estas prácticas simbólicas desde la obra de escritoras latinoamericanas, como una manera de extraer y de comprender las prácticas sociales y culturales, los silencios, las ausencias y las estructuras de actuación de la sociedad contemporánea. Esta investigación desmitifica la figura de la mujer como sujeto pulcro, sumiso, explotado, abnegado, como la eterna víctima, la marginada, la violentada, para reconstruir una faceta más humana del género femenino; como una persona que tiene iniciativa, que construye y reconstruye a su propia voluntad, aún cuando ello signifique la reproducción de la subalternidad y, con ello, de las desigualdades de la tradición patriarcal. Si bien este trabajo se centra en los mecanismos en que las mujeres ejercen violencia contra su propio género, este postulado —más que soterrar las aspiraciones del feminismo tradicional— viene a descubrirnos una faceta del actuar femenino, muchas veces diluido y ocultado que, en definitiva, nos permite reconstruir nuestros órdenes simbólicos para valorar la cultura femenina en toda su dimensión.

Diana Kiss de Alejandro

Universidad de Los Lagos*, Departamento de Humanidades y Arte, Avda. Alcalde Fuchslocher 1305, Casilla 933, Osorno (Chile).
dkiss@ulagos.cl