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Alpha (Osorno)

versão On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.32 Osorno jul. 2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012011000100018 

ALPHA Nº 32 Julio 2011 (255-257)

RESEÑA

Carlos ITURRA. La paranoia de Dios. Santiago de Chile: Catalonia, 2010, 232 pp.


Ni microcuentos ni macrocuentos son los relatos de la nueva entrega de narraciones breves de este autor chileno. Son, por, lo general, cuentos de mediana extensión, de una o dos páginas, salvo algunas excepciones de tres o cuatro páginas. Un ejemplo de este tipo de relatos lo encontramos en la obra del autor norteamericano Ernest Hemingway. Como un mosaico, estos ochenta y cuatro cuentos de Iturra crean una imagen de la vida de hoy, sobre todo, de la vida de Chile. Tan variados como la vida son los temas de los diversos relatos. El título del libro, que también es el de uno de los cuentos, sugiere la presencia del tema religioso. Y, en efecto, trece de los textos giran en torno a lo religioso, filosófico o esotérico, o sea, la existencia del hombre, “la condition humaine”. En textos como el número 2 (la numeración es mía; en el libro y en el índice al final los textos vienen sin numerar), que trata de la fe ante las pruebas de la vida; el número 5, cuya temática es la censura religiosa; el 36, que confronta a Jesús con los dignatarios de la iglesia católica de hoy; o el 69, que nos presenta a una abuela que se olvida de sus obligaciones humanas en su anhelo de hacerse monja de clausura, se nota el ya conocido anticlericalismo de Iturra; en el 19, que tiene como tema la reencarnación de la madre fallecida del narrador en un hurón; o el 59, donde una enfermedad mortal —que padece toda una familia— podría haberse contagiado por una mirada, revelan una inspiración esotérica. En el mismo ambiente se mueven Gutiérrez y la anciana del texto número 55, víctimas ambos de “los designios del diablo” (153). El diablo también es protagonista en el texto 23, sobre una historia faustiana, en la que viene a buscar a un doctor agnóstico, sin éxito, porque el sabio al fin se arrepiente. Este último texto se puede incluir con reservas en el grupo del tema religioso; es más bien un juego literario sobre un tema de la literatura universal. El tema religioso en relación con lo fantástico, lo vemos en el texto 35, donde un viaje en bus se transforma en un viaje al paraíso, a la felicidad eterna. Fantástico también es el fondo del cuento número 51, en el que dos amigos se pierden en una ciudad que se hace cada vez más irreal. Una imagen, quizá, de la desolación e incertidumbre de la vida sin perspectivas metafísicas. En el entierro referido en el texto número 80, por lo menos, se afirma la idea del amor como “la mejor parte” (220) de la vida. Como en la concepción cristiana en que Dios es amor, este cuento es religioso sin querer serlo. Éste, también, es el caso del cuento número 83, que da título el libro. Este texto va dirigido a un doctor y contiene la descripción de un alma enferma (la del paciente) que quiere liberarse de Dios y no puede. La paranoia del narrador viene de un dilema puesto que, por un lado, el enfermo no cree en Dios; pero, por el otro, se siente perseguido a toda hora por ese Dios no-existente. Con los argumentos bien conocidos, y muchas veces repetidos, el paciente rechaza la posibilidad de la existencia de Dios. Pero, al hacerlo se pone enfermo.

Estos cuentos de Iturra abren perspectivas muy interesantes sobre la sociedad de hoy, sobre esta sociedad transformada por los filósofos ateos desde el famoso “Dios está muerto” de Nietzsche, pasando por el existencialismo ateo del siglo XX hasta llegar a la llamada sociedad pos-religiosa de estos días.

Las religiones, como sabemos todos, están íntimamente vinculadas con el fenómeno de la muerte. Quieren dar respuesta a preguntas como ¿Qué viene después de la muerte? ¿Qué sentido tiene? De los 84 cuentos del presente libro, cinco tienen a la muerte como tema: en forma de preocupación permanente y enfermiza del cincuentón Marcelo Rubio en el texto número 20; en la sublimación por la poesía en el caso de una niña y una anciana, las dos mortalmente enfermas, en el relato número 38; en la del suicidio (malogrado) de dos amantes que quieren evitar la senectud. La muerte de un relojero, que desespera y muere cuando “un ser de otro mundo” irrumpe en su vida y pone todos los relojes en una hora diferente, tiene que ver con lo esotérico o con lo fantástico y la muerte en el texto 60, lo que por fin, será superado por la filosofía al contemplar los alegres monumentos funerarios de los etruscos: la muerte como perfección de la vida.

Entre los otros temas abordados en este libro (la actualidad política, la técnica y la ciencia en la vida moderna, la homosexualidad y las lesbianas, los problemas sociales, el paisaje chileno y la vida de todos los días en Chile, los valores o vicios, como por ejemplo, la gratitud o la enemistad, la ciencia ficción o lo fantástico y fabuloso, lo gracioso, etc.) me parecen de particular interés los textos sobre el tema artístico y literario y los estudios de caracteres. Es el caso del texto número 77 en que un nuevo-rico y un pintor bohemio tratan de definir lo que es arte bueno, y arte malo, en los textos 52 y 56, se analizan las relaciones entre el artista y su crítico y las vinculaciones entre el pintor y el público contemporáneo y el de la posterioridad. La recepción del arte por un público no es solamente importante para los pintores sino, también, para los escritores que no pueden existir sin sus lectores. De esta relación tratan los cuentos números 68, 72, 22 y el 26, que particularmente trata de la problemática de los premios literarios. Los 3 restantes cuentos de tema literario se ocupan del proceso creativo y de la poetología del cuento. Parece normal que un cuentista se ocupe de la esencia de sus productos. Al igual de Julio Ramón Ribeyro en su “decálogo para un cuento”, Carlos Iturra nos ofrece algunas ideas suyas sobre lo que es un cuento en el texto 66 “Carta a un joven indeciso” (184ss.). Aquí, insiste en tres puntos importantes: 1o: “cuento es todo lo que discurra dentro de las dimensiones de una idea” (185), 2 o : “el autor no cree nada de lo que dice en el cuento” (Ibid), 3o: el cuento “pese a ser fruto de la imaginación, mentira reversible, falsedad auténtica, lleva en (sí) chispas de lo cierto...Y eso es un signo del cuento verdadero: que se siente en él algo que no es cuento” (185ss.).

Cómo nacen estos productos de la imaginación del escritor, Iturra nos lo demuestra en los textos 16 y 21. En el primero vemos al autor delante de la pantalla en blanco de su ordenador luchando con les affres du style (Flaubert) y, en el segundo, el cuentista Roberto está confrontado con la materia viva y su transformación en un cuento.

Cuatro textos pueden interpretarse como estudios de caracteres al estilo de Teofrasto o de La Bruyère: son los textos 14, 58, 79 y 81. En el 14, que trata sobre el retrato de Enrique Mora, se estudia un carácter petulante que está transformado por el éxito. Después de la mutación es un “tipo agradable”, que “supo transformar la petulancia en algo así como un aire aristocrático amable” (49). El texto 58 nos presenta a un niño de trece años que cuenta la muerte de su tío y el robo de la plata del difunto con las facetas de la culpabilidad relativa del adolescente. El estado de ánimo de un hombre frente a una muerte precoz es la base del estudio sicológico del texto número 79 y la enemistad irremediable de dos amigos que nunca más se reconciliarán después de haberse disputado, es análisis que se narra en el cuento número 81.

Para realizar sus narraciones breves, Iturra tiene a su disposición todos los medios literarios de un maestro en el apogeo de su arte. Juega con las diversas perspectivas narrativas, extiende o contrae el tiempo vivido en el tiempo narrado según sus intenciones artísticas, se sirve hábilmente de la parodia o de la anécdota como medio de expresión. Tres medios estilísticos me parecen particularmente bien manejados: el arte de lo no-dicho, que vemos por ejemplo en los cuentos 50 y 57; el del final abierto, que se usa en el texto 51 y, sobre todo, el arte de empezar un cuento, el arte de la primera frase que con un mínimo de palabras confiere un máximo de significado. Termino mis comentarios con dos ejemplos geniales de principios de cuentos: el del cuento 78 que dice “La juventud es ajena al fracaso: es puro éxito en potencia” (213), o el más conciso del libro, que ilustra el cuento 52 que consiste en sólo cinco palabras “Invierno, lluvia, noche, quinto piso” (147). Otra vez, Carlos Iturra ha comprobado que es uno de los maestros más destacados del cuento en la literatura chilena de hoy.


Ewald Weitzdörfer

Zwanzigerstr. 34, 87435 Kempten, Alemania.
weitzd@web.de