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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  n.27 Osorno dic. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012008000200018 

 

ALPHA N° 27 Diciembre 2008 (234-236)

RESEÑA

Maribel LACAVE. Los canarios del lago Budi. Las Palmas de Gran Canaria: Ediciones Idea. 2006.


Cabe primero señalar que Los canarios del lago Budi no es, a pesar de su título y de la personalidad de su autora, una obra de ficción sino un estudio histórico. Maribel Lacave, nacida en las islas Canarias, radicada en las islas de Chiloé y conocida como poetisa y cuentista, ofrece a través de este texto el resultado de varios años de investigaciones y de búsqueda sobre la migración canaria hacia Chile a principios del siglo XX.
Se trata de un tema original, aunque existen trabajos de M. Hernández González, J. Hernández García, J. F. Martín Ruiz y J. Pérez Vidal sobre la migración canaria hacia el continente americano. Pero no existían, según nuestro conocimiento, textos específicos sobre su migración hacia Chile. De hecho, los territorios con llegada importante de emigrantes canarios son, en este continente, Cuba y Venezuela, referentes que constituyen, entonces, el grueso de la producción bibliográfica sobre el tema. Además, aquella produc-ción tiene su origen en las Canarias o en España y pertenece a historiadores oriundos de estas tierras. El texto de Maribel Lacave, a pesar de su propio origen, ha sido elaborado en Chile, con fuentes chilenas y, además, la autora puede ser considerada como chilena, o por lo menos chilenizada, después de más de diez años de radicación en el país. Su apoyo en trabajos de historia-dores reconocidos de Universidadde Frontera –como en particular, Jaime Flores Chávez– demuestra esta voluntad de acercamiento.
Queremos poner énfasis en dos ideas fuertes que aparecen como las principales conclusiones de la obra: el engaño que ha constituido la acción de colonización de territorios indígenas, no obligatoriamente por parte del Estado, sino en el caso presente de las empresas encargadas por contrato de tal acción. Luego, el establecimiento de relaciones originales entre colonos y pueblos mapuches de la región, por vivir los dos grupos situaciones compara-bles.
El tema del engaño no es novedad para los estudiosos de la inmigración hacia Chile. Lo conocieron los primeros alemanes quienes, a pesar de las promesas de tierras y de espacios disponibles para ellos en el sur de Chile, tuvieron que pasar algunos meses en condiciones más que precarias en las barracas de madera del fuerte de Corral en Valdivia. No existían las mínimas disposiciones para acogerlos. Similar engaño, lo conocieron, también, varios grupos de suizos, belgas, franceses e italianos (en particular los de Capitán Pastene, en la región de la Araucanía). Evidentemente, este tema pasó a segundo plano, pues, la historiografía tradicional prefirió insistir en el gran desarrollo que significó, en particular para la Regiónde los Lagos, la llegada de colonos alemanes, dejando así en el olvido las dificultades de tal empresa.
No dejan de ser interesantes, a la luz del debate público e internacional sobre el rol del Estado frente a las empresas privadas (el origen de la “crisis” financiera en los Estados Unidos está atribuida por muchos a la falta de presencia y control del Estado sobre dichas operaciones), los antecedentes presentados por Maribel Lacave: la ausencia (coyuntural o deliberada) del Estado provocó la ruina de las esperanzas de los colonos y el enriquecimiento de los dueños de tal empresa; algo parecido a lo ocurrido durante estas últimas semanas.
Que los colonos hayan establecido relaciones con los indígenas, no cabe duda, pues, estos últimos eran los casi exclusivos habitantes de aquellas zonas antes de su llegada. Lo interesante es que, en este caso, dichas relaciones fueron de colaboración y de resistencia frente al doble atropello sufrido: para los colonos, el engaño ya descrito; para los indígenas, el despojo de sus tierras, recordando que los colonos debían recibir –por contrato– el doble de hectáreas que las atribuidas a los indígenas, aunque ellos eran los antiguos poseedores de la totalidad de la superficie. Esta doble situación provocó el acercamiento entre los dos grupos, y no el enfrentamiento como en otras zonas, y generó una doble oposición frente al rol de Empresa Colonizadoradel Budi. Los colonos por intermedio de la prensa y de recursos judiciales trataron de modificar las condiciones; los mapuches hicieron lo suyo a nivel judicial, pero todo fue en vano, porque será la Empresa la que, al final, se quedará en 1912 con la casi totalidad del territorio determinado para recibirlos, creándose así uno de los mayores latifundios de la región, del cual la familia Alessandri se hará de ellos poco después. Esta situación no se ha modificado hasta el día de hoy a pesar de las diferentes reformas agrarias y de las movilizaciones indígenas, siendo la última de ellas la ocupación del Municipio de Puerto Saavedra, en 2003.
Queda claro, a través de lo presentado por Maribel Lacave, que el engaño fue más bien un proyecto deliberadamente organizado por los dueños de la empresa colonizadora, en particular por Eleuterio Domínguez, su representante, con el beneplácito no solamente del Estado, que nunca hará nada a favor de los colonos (menos de los indígenas, siendo su propósito original su despojo sistemático) pero, también, del Parlamento que determinó finalmente la entrega del territorio a la empresa “por haber dado cumpli-miento a las obligaciones estipuladas en el contrato”, lo que –a raíz de lo ocurrido– nos acerca al surrealismo total, a la mentira organizada o a la ceguera absoluta.
No se trata, entonces, a través de la presente investigación, de un trabajo que aborde un tema nuevo y que se llegue a conclusiones descono-cidas. Su gran valor reside, primero en la minuciosa explicación del procedimiento; luego, en la presentación documentada de los antecedentes y, finalmente, en la visualización de destinos humanos extremadamente perturbados. Por estas tres razones, el texto renueva el género de la historia de las migraciones y permite, lejos de las generalizaciones sino a partir del caso específico de los colonos canarios del lago Budi, demostrar la realidad que, probablemente, conocieron la gran mayoría de los colonos europeos que llegaron a Chile durante el siglo XIX y el despojo sistemático que sufrieron los mapuches de sus tierras.

Patrick Puigmal

Universidad de Los Lagos, Programa de Estudios y Documentación en Ciencias Humanas, Departamento de Ciencias Sociales, Casilla 933, Osorno (Chile).
p_puigmal@hotmail.cl