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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  n.27 Osorno dic. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012008000200016 

 

ALPHA Nº 27/Diciembre 2008

 

RESEÑAS

 

Angélica, GORODISCHER. A la tarde, cuando llueve. Buenos Aires: Emecé, 2007, 225 pp.

Marcelo Bianchi Bustos
Universidad Argentina John F. Kennedy,
Provincia de Buenos Aires (Argentina)

Dirección para Correspondencia



A la tarde, cuando llueve –además de una frase que cualquiera de nosotros podemos decir o escuchar y que nos puede llevar a pensar en qué haríamos en una tarde así gris y fría, en qué pensaría mientras caen las gotas de lluvia y, por esas cosas del tiempo, es la tarde en la tarde cuando me encuentro frente a la computadora en el interior de mi casa mientras escribo esta recomendación de un libro–– es el nombre de este libro de ensayos de Angélica Gorodischer, ganadora de premios internacionales como el Premio Konex de Platino, Emecé, Esteban Echeverría y Dignidad, otorgado por Asamblea Permanentede los Derechos Humanos por sus trabajos en pro de los derechos de la mujer. En A la tarde, cuando llueve, la escritora argentina ––a quien he descubierto tarde y no en su calidad de narradora sino como disertante en el Congreso de Lenguarealizado en Argentina–– reflexiona con humor, y con toda la lucidez a la que nos tiene acostumbrados, sobre distintos temas en los que se puede ver su perspectiva personal. No es aquí la ficción lo que está presente sino los pensamientos vivos, las palabras y las emociones de alguien que piensa y siente la cultura, es decir, que se anima escribir sobre la vida toda. Y para hacerlo, Angélica Gorodischer toma un estilo crítico, con humor, por momentos intimistas y, además, como buena escritora hace de cada uno de sus ensayos un terreno literario en el que el lector puede no sólo ver a la autora y su esquema de pensamiento sino, también, a sus propios pensamientos.

De esa forma, aparecen en el libro distintos temas que le interesan: los libros que la maravillaron y conmovieron a lo largo de su vida, la lectura, el origen del lenguaje y de la escritura, el compromiso (el suyo y el de los otros) con la palabra, la novela como un especio privilegiado de la imaginación, entre otros.

A la tarde, cuando llueve se suma a otras obras de Angélica Gorodischer como Jugo de mango (1988), La noche del inocente (1996), Cómo triunfar en la vida (1998), Menta (2000), Kalpa imperial (2001), Historia de mi madre (2004) y Tumba de jaguares (2005). En particular, A la tarde, cuando llueve permite que cada uno de nosotros, los lectores, ingresemos a los pensamientos y las ideas de Gorodischer entre las que se encuentran, por ejemplo, estas ideas sobre lo que significa el libro y la operación maravillosa de leer: “En un momento de tedio, en un día de desdicha, ¿Qué hacemos sino refugiarnos en un libro? “No conozco”, decía el señor de Montaigne, “ninguna desventura que no desaparezca cuando se tiene entre las manos, frente a los ojos, un buen libro” (201).

Cuando estamos así, acompañados por un buen libro, nos parece que el tiempo no existe, que esa actividad –sentarse a leer– nos viene desde siempre. Nos parece que es tan familiar y conocida como si hubiera nacido con el mundo o con el big-bang.

En cierto modo es verdad. El libro es inmortal. Cierto que a veces lo han llevado a la hoguera pero jamás nadie olvidará cuáles fueron los sacrificados, por qué y a causa de qué y de quiénes. A nosotras también nos llevaron a la hoguera allá hace cinco o seis siglos, pero Juana de Arco aparte, ¿Quién se acuerda de los nombres de las que se asaron en la plaza pública? “El libro es inmortal”.

Angélica Gorodischer comienza a trazar un recorrido por el libro que la lleva al mundo de la lectura, tan vapuleada en estos tiempos y a la que no muchos acceden, sobre la que afirma: “Leer, esa aventura, nos va cambiando, nos va formando, nos va dando alas y entendimiento, nos hace mejores, nos enseña a pensar y a sentir; nos hace capaces de ponernos en el lugar del otro, de comprenderlo y acompañarlo en sus sueños y en sus desvelos.

Quien no lee permanece incompleto, ignorante de su verdadera esencia, de sus posibilidades y de los caminos abiertos que podría recorrer no sólo entre las páginas de un libro sino, también, después de haber cerrado sus tapas. Quien no lee es presa fácil de la ignorancia y del prejuicio, esos dos enemigos que crecen en el terreno fértil de la incultura.

Leer enseña a pensar. Leer, internarse en el reino de la palabra escrita, nos facilita la vida, nos ayuda a conocernos y nos abre las puertas de lo que seremos algún día. Sabremos, gracias al libro, ese inmortal, que el futuro no ha de ser mezquino y oscuro, sino brillante, rico y fecundo. Que podremos elegir. Y no es poca cosa” (210).

Los fragmentos citados son un ejemplo de lo que el lector puede encontrar en A la tarde, cuando llueve. Sin lugar a dudas, este libro es un territorio de la palabra que nos invita a pensar, a sentir.


Correspondencia a:
Residencia: Maza entre Koch y Boero, 1669 Del Viso
Provincia de Buenos Aires
(Argentina)
marcelobb@telviso.com.ar