SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número27“AMADA EN EL AMADO TRANSFORMADA”: UNIÓN DE LOS AMADOS EN POESÍA DE SAN JUAN DE CRUZ Y SU PRESENCIA EN VENUS EN EL PUDRIDERO DE EDUARDO ANGUITAEL DISEÑO GRÁFICO EN LA ARGENTINA índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  n.27 Osorno dic. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012008000200014 

 

ALPHA N° 27 Diciembre 2008 (209-216)

NOTA

SEMIOLOGÍA Y HERMENÉUTICA: ANOTACIONES PARA PENSAR EL SENTIDO DESDE LA LITERATURA POLICIAL Y EL PSICOANÁLISIS

Facundo Gustavo Boccardi*
Universidad Nacional de Córdoba*, Facultad de Filosofía y Humanidades, Escuela de Letras, Córdoba, Argentina.

Dirección para correspondencia

El decir sólo deja desperdicios y, de él, sólo eso puede recogerse.
Jacques Lacan (1996)


INTRODUCCIÓN

El presente trabajo toma como punto de partida los planteos de Giorgio Agamben referentes a la noción de significación. En Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental (2001), Agamben sostiene que las corrientes dominantes del pensamiento occidental se dedicaron a pensar la significación atendiendo a aquello que conecta los dos elementos que la constituyen y dejando de lado aquello que los diferencia. Esta tradición dominante ––dice Agamben–– se puede rastrear desde Sócrates, quien inaugura la sustancialización de la esencia en la metafísica, hasta la semiología moderna. En la concepción metafísica de la significación queda velada la fractura original que separa al significante del significado (o en lenguaje metafísico: la fractura entre el ente y el ser) en que el primer término tiene sentido en tanto que es la cara sensible que está ocultando o encubriendo lo no sensible.

El objetivo de Agamben es denunciar el olvido en el que esta tradición de pensamiento mantiene a la separación original entre el ente y el ser, y cartografiar las diferentes búsquedas de un modo de significar más auténtico que dé cuenta de esa separación originaria. Para ello, Agamben traza un límite entre dos tradiciones: la tradición propia (la de Edipo que resuelve el enigma) y la tradición impropia (la de Esfingeque lo formula). Continuando con el proyecto de Agamben, leeremos la literatura policial (el género policial) y el psicoanálisis desde las dos tradiciones. Bajo el signo de Edipo recorreremos el género policial y las conocidas relaciones que se hicieron con el Freud “de lo propio” que describe Agamben. Bajo el signo de Esfingeseguiremos algunas elucubraciones de Lacan (o el Freud “de lo impropio” de Agamben). Nuestro objetivo será seguir con Freud al detective que sutura la fractura originaria y encuentra al asesino y con Lacan al que pone en evidencia esa fractura y que concluye su investigación.

Este recorrido que va desde Freud hasta Lacan a través de las posibilidades de un género literario no será otra cosa sino el relevo de las “teorías de la significación” que se presentan en cada uno de estos puntos.

EL POLICIAL Y EL ENIGMA

El género policial se ha presentado desde sus comienzos como un género que desborda los límites de la literatura y desencadena reflexiones y problemas teóricos que exceden el campo de la crítica literaria: “El policial surgió como una forma de literatura tan excéntrica que fue mirado como un género que se apartaba, simplemente, de la literatura” (Pastormerlo, 1997:36). De este modo, el atributo de no-literario que recibió este género en sus orígenes puede ser leído como la marca diacrítica que lo coloca en un más allá de la literatura. Uno de los excesos del género se relaciona con el problema de la verdad y es, en este punto, donde el psicoanálisis ––desde Freud hasta Lacan–– ofrece diversas maneras de formular el problema y produce, en consecuencia, distintos efectos de lectura.

En un primer momento, nos dedicaremos, con Freud, Edipo y los detectives, a buscar la verdad oculta bajo los misteriosos enigmas. La investigación, aquí, intentará develar el crimen y poner en términos claros aquello que aparecía como una amenaza a nuestro conocimiento. En un segundo momento, veremos ––con Lacan–– cómo las investigaciones policiales se diversifican y no logran atrapar el sentido que oculta el enigma. En estos discursos, tan bobas como el significante, serán las investigaciones policiales que nunca lograrán apresar al significado.

El lugar común desde donde parten todos los productos de la literatura policial es la ruptura del orden existente ocasionado por la irrupción del crimen en una escena social. La presencia de este hecho plantea por sí misma un enigma a develar: la autoría del crimen. Así, el origen de la narración policial se funda en la búsqueda del autor del crimen o, lo que es lo mismo, en la búsqueda de la respuesta a un enigma.

En este punto, el policial repite un tópico de la tradición occidental: el enigma como un desafío mortal a la razón humana. Un ejemplo de ello es el testimonio de la tradición griega que sostiene que Homero muere debido a la imposibilidad que lo invade a la hora de develar el enigma que lo sorprende en la respuesta de unos pescadores que pasan a su lado (Colli, 1978:127). El otro es el conocido éxito de Edipo en el develamiento del enigma de Esfinge y la consecuente liberación de Tebas.

Cabe aclarar que el Edipo que aquí gobierna la tradición del develamiento no es el protagonista de la historia freudiana del incesto, sino el héroe que libera a la razón de los monstruos que la atormentan. El género policial sigue los pasos de Edipo y constituye al detective como el héroe de la modernidad, nacido con la específica misión de develar enigmas y restaurar la tranquilidad del conocimiento. Para restituir el orden, el detective lleva a cabo una investigación que culminará desentrañando el misterio y formulando claramente aquel nombre que permanecía oculto bajo los indicios dejados en la escena del crimen.

Para que esto sea posible, el enigma no puede ser pensado como “un conectar cosas imposibles” ––tal como lo define Aristóteles en su Poética (1992:58a)–– sino que aparecerá sometido a los designios de la tradición interpretativa que se ha dedicado a hacer posible dicha conexión. En esta tradición, inscribiremos a aquellos detectives que ––bajo la bandera de Edipo–– se dedicaron a poner en claro aquellos misterios que aparecían oscuramente cifrados en la presencia de los síntomas. Posteriormente, retomaremos la imposible conexión mencionada por Aristóteles para pensar el enigma policial en la propuesta lacaniana sometido a la eterna fuga del sentido.

EL DETECTIVE BUSCA LA VERDAD

Se puede relacionar la búsqueda de la verdad del crimen con la búsqueda del sentido oculto y reprimido del síntoma. En este punto, Freud ––frente al síntoma–– es el detective frente a la escena del crimen o, como venimos diciendo, Edipo frente al enigma de Esfinge. Freud intentará descifrar el síntoma ––solucionar el enigma–– a través de los indicios que en él se manifiestan y que reconducen a su sentido inconsciente.

En su “Fragmento de análisis de un caso de histeria”, Freud llega a comparar el trabajo analítico con “aquellos exploradores que, tras largas excavaciones, tienen la dicha de sacar a luz los inapreciables aunque mutilados restos de la antigüedad” (1978:7). Tal como lo haría un arqueólogo, Freud plantea que el analista completa lo incompleto señalando dónde su construcción se yuxtapone a lo auténtico. Por esta razón, si la verdad, lo “auténtico”, se oculta en la oscuridad, entonces ésta debe ser develada para encontrar el sentido reprimido e inconsciente del síntoma y con él, la cura. Esto significa, en otras palabras, que si el síntoma tiene un sentido reprimido, la dirección de la cura consiste en hacer consciente lo inconsciente: el “saber no sabido del neurótico”.

Por esta vía, hacer consciente lo inconsciente implicaría recuperar para la conciencia aquellos “contenidos” no sabidos pero que determinan la etiología del síntoma neurótico. En Freud, entonces, hay una verdad que, si bien es individual, está oculta y es preciso develar. Esto aparece explícitamente formulado en la lectura del proyecto freudiano que realiza Giorgio Agamben, quien lee en “el” Freud que analizamos “la escisión del discurso en una palabra oscura y por términos impropios, que es la del inconsciente fundada en la supresión, y una palabra clara y por términos propios, que es la de la conciencia. El paso (“la traducción”) de un discurso al otro constituye propiamente el análisis” (2000:244).

Desde un punto de vista estructural, lo anterior se vincula con lo que Todorov postula acerca de que el género policial supone una narración que contiene dos historias: la del crimen y la de su investigación (1992). La historia del crimen no puede ser dicha de un modo directo. Es la historia de una ausencia y sólo la podemos conocer mediante la historia de la investigación. De este modo, el género policial enuncia el problema del acceso a la verdad como el problema de la adecuación entre las dos historias (1992:55-65). En los textos fundacionales del género, y en muchos otros, el detective logra religar las dos historias restaurando el orden de un enigma develado.

Podemos comparar el trabajo de develamiento de la verdad oculta del síntoma en el trabajo analítico freudiano, tal como lo hacen numerosos autores, con el detective clásico del género policial que busca, analiza y asocia los indicios y detalles para descubrir la solución de un caso, es decir, para develar la identidad del culpable del crimen. Tanto en Freud como en los detectives clásicos, los detalles encerrarían la clave para acceder a una “realidad más profunda” que resulta inabordable por otros métodos. Así, en Freud, la verdad del síntoma se dirá y hablará a través de y en las formaciones del inconsciente: síntoma, sueño, acto fallido, chiste. Ahora bien, en la puesta en relación de los indicios, en la reconstrucción de la “escena” del crimen o de la “otra escena freudiana” hay, además, construcción y reconstrucción de los hechos. De este modo, se puede plantear una analogía posible entre la figura de Freud y la del detective: si para aquél hay algo que debe ser construido en el análisis mismo, para éste la propia verdad podrá ser pensada más como una producción que como un descubrimiento. Tanto en el trabajo del detective como el trabajo analítico freudiano aparece la habilidad interpretativa como modo de develamiento del caso particular: el sin-sentido irrumpe y es preciso “hallar su sentido”.

Para pasar de los indicios y hechos supuestamente insignificantes y sin sentido al develamiento de la verdad no observable es necesario, entonces, la construcción de una narración. Es decir, la construcción de hipótesis- ficciones-versiones que den un sentido a aquello que aparece como incognocido. No nos detendremos aquí en el método sino en lo que este apunta: el develamiento de una verdad, la insistencia del sentido oculto.

LA DECEPCIÓN DEL DETECTIVE

Como ya dijimos, el género policial se caracteriza en su estructura por la existencia de dos historias: la de la investigación y la del crimen. El objetivo de los relatos sería desarrollar la historia de la investigación hasta colmar el vacío de la historia del crimen. Así, si la historia del crimen es la historia de una ausencia, la historia de la investigación será la historia de la búsqueda del sentido que suture esa ausencia.

Pero, el género policial no se agota en la reproducción de esta fórmula que devela triunfalmente el enigma del crimen. Contemporáneamente, el género da cuenta de obras que explotan sus reglas y extienden sus posibilidades. En muchos de estos casos el héroe descifrador es derrotado por Esfinge y la historia de la investigación se disuelve en diferentes versiones. De esta manera, sucedería con estas producciones del género lo que Barthes considera como esencial para la literatura, esto es, la exposición y decepción del sentido (2003:362-365).

El género policial con la riqueza de sus excesos adquiere el estatuto de “una ficción que, parecería, desnuda el carácter ficcional de la verdad” (Link, 1992:5). Con esto queremos decir que este género formula el problema de la significación poniendo de relieve la ambigüedad de lo inteligible y lo insondable a partir del juego de los signos y sus significados (1992:5).

El detective se decepciona; las distintas versiones de la verdad dan cuenta de su estructura como ficción. En este punto, el psicoanálisis también se decepciona y decepciona. Como plantea Badiou (2004), la verdad para Lacan será en principio el hecho de una separación, de una pérdida, de un vacío. La verdad se separa del saber en tanto es la manera en que el Otro funda un vacío, un agujero, en el saber. La verdad se constituye, entonces, como separación y no como adecuación. Lo real para Lacan será irreductible, no simbolizable, y el vacío será localizado en el aparecer-desaparecer del sujeto entre dos significantes. Lo que hace escandaloso al psicoanálisis ––afirma Badiou–– sería justamente el descubrimiento y afirmación de que la verdad no tiene ningún sentido y que, en general, es insensata.

El sentido, entonces, decepciona. El sentido es un objeto perdido. Acerca del sentido del sentido ––plantea Lacan (1996:12)–– éste se capta por el hecho de que se fuga. Y es por el hecho de que tenga fugas que un discurso toma su sentido: esto es, por el hecho de que sus efectos sean imposibles de calcular. El colmo del sentido es, entonces, el enigma; y llevar a su término el sentido no le impide hacer agujeros: un mensaje descifrado, puede seguir siendo un enigma. La marca misma del sentido, el ser del sentido, será escapar, huir, fugarse. Al igual que el nombre que devela el enigma del crimen, el sentido no se deja atrapar.

De esta manera, la apuesta de Lacan consiste en plantear que la huida del sentido, su escapismo, es un “real”. Podemos tocarlo, pero no logramos parar su huida. Hay “real” cuando hay resistencia, algo imposible de cambiar. Es la huida la que no cambia. La idea de Lacan es pensar lo real a partir de esta huida. La huida es lo real del sentido: es la manera como experimentamos en el lenguaje lo imposible de la relación con el sentido (Miller, 1995).

Abandonando el “binarismo saussuriano”, Lacan se desplazará desde la pareja significante-significado, que trata de dar cuenta de la significación, a la de signo-sentido con la que intenta dar cuenta de otra cosa: de la producción de goce. Cada vez que hay sentido, hay goce. El lenguaje –dice Lacan– permite el cifraje y el inconsciente es ese cifraje y su operación, por consiguiente, no es otra cosa sino producir mensajes cifrados. Pero es en su “no desciframiento” que la satisfacción se produce: “El inconsciente habla en una chicane infinita, nos despierta, nos encanta su mensaje cifrado. Es por eso que queremos más” (Miller, 1995:28).

La palabra cifra, por un lado, es el número dentro del signo en tanto real en el lenguaje; el signo sin sentido ––el sentido puede darse pero de manera suplementaria–– y por otro lado es, al contrario, ese significante enigmático que llama el sentido, que está a la espera del sentido (Miller, 1995:32). El signo no tiene alcance sino porque debe ser descifrado. No hace falta que un mensaje sea un mensaje codificado para que deba ser descifrado. La función de la cifra es fundamental. Es lo que designa al signo como signo. Es preciso que ocurra un desciframiento a través de una sucesión de los signos, para que aquello ––de lo cual que al comienzo no se comprendía nada– adquiera un sentido. Pero, por descifrarse no necesariamente deja de ser un enigma (Lacan, 1996:15).

Un psicoanálisis, plantea Miller, es una invitación a hablar y no a decir la verdad. De lo que se trataría es narrar una vida para hacer de ella una epopeya; narrar no es otra cosa más que un esfuerzo por dar un sentido; sentido que siempre se escapa ya que hablar confronta al sujeto con la relación significante-significado, con el querer decir, y el no lograr decir lo que se quería decir. Sentido que debe desarticularse, pero que en su búsqueda –a partir del lenguaje– lo que se deduce es que el hablante-ser goza del significante, precisamente, a través de esto que se escapa, que no se deja atrapar; lo que no cesa de no escribirse.

Si no se puede captar el sentido del sentido, su fuga demuestra la función del “no-todo” en el lenguaje. Ante esto, la investigación del detective debe continuar ad infinitum. La investigación nunca se termina y la obra nunca alcanza su completud, en la última página simplemente se abandona. Mientras haya crimen, vacío, ausencia habrá investigación; habrá lenguaje como “aparato de goce” (Lacan, 2002a:69). Habrá esa otra satisfacción, la que “se satisface a nivel del inconsciente, y en tanto ahí algo se dice y no se dice, si es verdad que está estructurado como un lenguaje” (Lacan, 2002a:65).

Tanto la investigación del detective como la epopeya que el analizante construye develan que la búsqueda del sentido es infinita. Como afirma Saer, “el resultado es siempre incierto y, a menudo, inexistente. A veces, la construcción entera debe ser demolida y vuelta a erigir; a veces, sólo una parte de su construcción; sugiriendo, modificando, avanzando y retroce-diendo, la narración y el diálogo analítico elaboran ––con procedimientos similares–– una estructura frágil de verosimilitud relativa, de validez temporaria, en el fondo de la cual corre, como si fuera el de la sangre, el río de la memoria” (1997:163).

Se puede considerar, entonces, a la literatura como un sistema de significación deceptivo. Esto “quiere decir que el escritor se dedica a multiplicar las significaciones sin llenarlas ni cerrarlas, y que se sirve del lenguaje para constituir un mundo enfáticamente significante, pero finalmente nunca significado” (Barthes, 2003:362-363). Si bien, como dice Lacan, todos los discursos “fugan”, también hay discursos que buscan suturar el vacío: Edipo y el detective formulan la respuesta al enigma tapando el vacío y escondiendo la hiancia que separa al significante del significado. Esto demuestra la actitud científica de Edipo y del detective en tanto “la ciencia no progresa si no es por vía de colmar y tapar los agujeros”; lo que el discurso analítico hace surgir, en cambio, “es que el sentido no es más que semblante” (Lacan, 2002b:96).

En suma, la relación entre el psicoanálisis y la literatura policial ha tomado como punto de partida las conocidas identificaciones que han sido realizadas por la crítica literaria y la semiótica (Eco y Sebeok serían, aquí, los más famosos) entre Freud y Sherlock Holmes. Esta analogía se inscribe e inscribe al psicoanálisis en lo que Agamben llama “la tradición de Edipo”. Por esta razón, nuestro objetivo ha sido retornar desde el policial mismo al psicoanálisis de Esfinge(el Freud de VerleugnungAcá aparece Lacan (que es Freud, o retorna a Freud) e, indudablemente, tiene que aparecer otro policial (que no hemos nombrado pero que nos ha sido sugerido por Pesquisade Juan José Saer o por Los detectives salvajes de Roberto Bolaño). En ambos, en este policial otro que retorna para transgredir al género policial y en la mentira de Lacan que dice que es Freud, hemos visto que se agitaba la bandera de Esfinge.

BIBLIOGRAFÍA

AGAMBEN, G. Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental. Valencia: Pre-textos, 2001.

ARISTÓTELES. Aristotelis ars poetica. Poética de Aristóteles. Madrid: Gredos, 1992.

BADIOU, A. “Lacan y yo”, en Debates contemporáneos. Psicoanálisis y filosofía. Buenos Aires: EOL, 2004.

BARTHES, R. “Literatura y significación”, en Barthes, R. Ensayos críticos. Buenos Aires: Seix Barral, 2003.

COLLI, G. Después de Nietzsche. Anagrama: Barcelona, 1978.

ECO, U. y SEBEOK, T. (Compiladores). El signo de los tres. Dupin, Holmes y Peirce. Barcelona: Lumen, 1999.

FREUD, S. “Fragmento de análisis de un caso de histeria”, en Obras completas, Volumen VII. Buenos Aires: Amorrortu, 1978.

LACAN, J. “Aristóteles y Freud: La otra satisfacción”, en El seminario. Libro XX: Aún. Buenos Aires: Paidós, 2002a.

------- “Una carta de amor”, en El seminario. Libro XX: Aún. Buenos Aires: Paidós, 2002b.

-------“Autocomentario”, en Uno por uno. Nº 43. Revista mundial de psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós-Edición Latinoamericana, 1996.

LINK, D. (Compilador). El juego de los cautos. La literatura policial: de Poe al caso Giubileo. Buenos Aires: La Marca, 1992.

MILLER, J. A. “Sobre la fuga del sentido”, en Uno por uno. Nº 42. Revista mundial de psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós-Edición Latinoamericana, 1996.

PASTORMERLO, S. “Dos concepciones del género policial”, en AA.VV. Literatura policial en Argentina.LaPlata: Universidad Nacional de a Plata, 1997.

SAER, J. “Freud o la glorificación del poeta”, en El concepto de ficción. Buenos Aires: Ariel, 1997.

TODOROV, T. “Tipología de la novela policial”, en Link, D. (Compilador) El juego de los cautos. La literatura policial: de Poe al caso Giubileo. Buenos Aires: La Marca, 1992.

Correspondencia a:

Formosa 40, Villa Carlos Paz, C.P 5152, Córdoba, (Argentina)
usuariosdelserra@yahoo.com.ar