Services on Demand
article
Indicators
Cited by SciELO
Related links
Similars in SciELO
Bookmark
Alpha (Osorno)
version ISSN 0718-2201
Alpha no.26 Osorno July 2008
doi: 10.4067/S0718-22012008000100017
| ALPHA Nº 26 Julio 2008 (253-258) NOTA
MUJER SOBRE MUJER. EL HIMEN COMO EXCUSA EN LOS RELATOS SEXUALES DE UNA FILÓSOFA
Raiza Andrade* Dirección para correspondencia 1.- Identidades eróticas. La lectura de El himen como obstáculo epistemológico. Relatos sexuales de una filósofa (2005) de Esther Díaz (2005) es buena excusa para pasearnos por la cartografía deseante de una filósofa reconocida como una gran señora de la escritura erótica actual, que no vacila en declarar.
Hay libros que uno desearía haber escrito porque traducen en palabras algunas de ellas metafóricas sentimientos, visiones y obsesiones que resultan familiares y se sienten tan propios que uno imagina cómo pudieron salir de una pluma, una boca, un pensamiento diferente. Hay libros que cuentan tus historias de amor, libros entrelazados a nuestro ser más íntimo, libros que son como resonancias de una misma. Con Esther Díaz pasa algo así. Ella es una reconocida filósofa argentina, peluquera de origen hasta que le permitieron estudiar Filosofía (Friera, 2006). Doctora, foucaultiana, deleuziana, epistemóloga, profesora titular de la Universidad de Buenos Aires, transdisciplinaria, nietszcheana y posmoderna. Esther Díaz es vida y conocimiento, arte y ciencia; desanda sus pasos desde la pedagogía hasta la brujería, del caos a la complejidad, de la política al lenguaje. Esta mujer, cuya pulsión vital pendula entre el deseo y la razón, con El Himen como obstáculo epistemológico irrumpe contra los tatuajes de las moralinas de su ciudad, su país y su época. En estos treinta y siete relatos se muestra al desnudo, apasionada, delirante, y encuentra en el estallido social bonaerense del 19 y 20 de diciembre de 2001, una excusa perfecta para enredarse en sus espasmos orgásmicos. En aquella revuelta social, la filósofa se miró como si se encontrara frente a un espejo, porque esa manifestación de rebeldía reflejaba las pulsiones de un deseo colectivo. Así responde a la periodista Magdalena Rodríguez cuando le pregunta
Recordando sus lecturas juveniles del Marqués de Sade y decidida a calentar a medio mundo, esa mujer de más de sesenta años, esa sexagenaria profesora de la Universidad de Buenos Aires, decide hablar desde su caverna iniciática y prendida de su himen al que presume colectivo y escribe inspirada en Deleuze, porque según ella
Y desde esa lengua que se hace objeto deseante y verbo, nos sumergimos en las aguas profundas de un placer que es deseo del deseo, pide más y como la buena literatura, no se (nos) En los territorios donde fluyen los deseos de Esther Díaz se muestran, como al descuido, tanto el panorama social de su país como historias que rozan lo filosófico, lo parental, lo poético. Esther fornica descaradamente con la cultura de una época. Transdisciplina el deseo. Pero el deseo es, también, ocultamiento; es trasgresor, alcanza a ser, a veces, terriblemente escandaloso. Es tímido y también directo. Se configura como un deseo que se hace uno con el lector. La filósofa copula a través de su verbo con ese otro que se acerca anónimo a bucear entre las palabras dichas y las sugeridas, como en Mater Immaculata.
Eros emerge como emoción secreta, escondido en el placer orgásmico de una madre que amamanta a su bebé y cuando así lo siente el lector, se desterritorializa, se trasmuta en un orgasmo colectivo, que es un contagio de palabras que envuelven tatuajes y memorias que creíamos perdidas para siempre y contagiados de deseos sentimos ese penetrar del signo literario que no conoce fronteras.
Alexina Herculine Barbin foucaultiana que disfrutaba de un único sexo donde cabían todas las emociones sin preocuparse por su identidad, que fuera obligada cartesianamente a definirse sólo por uno hasta su muerte, a desechar su androginia como si fuera culpa, está presente en los relatos sexuales de la filósofa y en ella, o desde ella, el placer se manifiesta en voyeurismo, en la participación en contactos lésbicos, breves e intensos (como debe ser) y en la anécdota erótica como penelogía, es decir, contada desde el punto de vista del macho. Lo sacro es otra cosa. Sacrilegio, a veces, mero recuento histórico, otras. Atrevido siempre: Jesús es hijo de Dios solamente. María es algo así como un vientre alquilado, se enfatiza en La eternidad quizás (153). En La maldición de Adán y refiriéndose a la impotencia masculina dice: Acá lo místico se sumerge en un insondable silencio corporal (142,143). Reflexionando sobre el himen en el relato desflorador que da su nombre al libro, afirma que Aristóteles considera, por ejemplo, que las estrías que decoran las cáscaras de la sandía cumplen la función de que el fruto sea cortado en gajos para que los humanos los consuman. Pero esa imprecisa membrana de las féminas ¿qué función cumplía?. En Apenas una ráfaga, también hay referencias a San Agustín, quien no sentía culpa por haber abandonado a su mujer en la mitad de la vida, cambiándola por varones con los que convivió hasta el final (55) y a Antonio, el Eremita, perdido en el desierto en la búsqueda de su purificación, intentando vencer las tentaciones de seducciones que se filtraban entre los remolinos de arena ofreciéndole espejismos de coitos aberrantes, vaginas vomitando lagartos, anos atravesados por renacuajos, senos brotando lentamente de cuerpos aduraznados, muslos dorados, guiños de lentejuelas entre los que el santo varón besaba vaporosas bocas como quien saborea cerezas maduras (55,56). Así, como referencia a las deliciosas y desdentadas mucosas de las lactantes que embriagaban de placer al romano Tiberio (56); las pasiones de Edipo por su madre o las bíblicas hijas de Lot, quienes emborracharon a su cándido padre y lo manosearon, refregaron y chuparon hasta provocarle dos erecciones sucesivas, mediante las cuales lograron sendas fecundaciones incestuosas. De más está decir que el papá no se dio cuenta de nada (56), toda esta tradición forma parte de los fantasmas del deseo de Esther Díaz. Eros y Tánatos siempre de la mano. La angustia, la escritura, la lectura; la ciencia, el arte o la filosofía, la política, la calle o la academia. El deseo siempre anda suelto y en cualquier confín del mundo nos topamos con él y estalla en nuestras vísceras y, entonces, cualquier excusa es válida para las imaginaciones deseantes. En otra entrevista periodística (Friera, en línea, 2006, s/p) Esther Díaz responde
Mujer sobre Mujer que no es lo mismo ni parodia de la famosa canción lésbica de Mecano Mujer contra Mujer no es más que un homenaje, a través del himen de Esther Díaz, a las mujeres que se atreven a decir en voz alta lo que se calla y son capaces de desnudar sus obsesiones, de mostrar y mostrarse en el deseo que las lleva de la mano. Pasar una y otra vez de pacatas a putas como dijera un amigo, refiriéndose a mi ciudad de Mérida en Venezuela y, en el caso de la filósofa, para ser reconocida como una gran señora de la escritura erótica actual. NOTAS 1 Esther Díaz. El Himen como obstáculo epistemológico. Relatos Sexuales de una Filósofa. Buenos Aires: Biblos, 2005, 11-12. Citaremos por esta edición. BIBLIOGRAFÍA DELEUZE, Gilles y Guattari, Félix El antiedipo: capitalismo y esquizofrenia. Buenos Aires: Paidós, 1985. DÍAZ, Esther. El Himen como obstáculo epistemológico. Relatos Sexuales de una Filósofa. Buenos Aires: Biblos, 2005. FRIERA, Silvina. En los momentos de angustia el sexo reafirma la vida. Entrevista a Esther Díaz sobre su libro El Himen como obstáculo epistemológico. Relatos Sexuales de una Filósofa. (2006). Disponible en http://www.lafulana.org.ar/a/13-entrev/13-01.htm. Consultado el 5 marzo de 2007. RODRÍGUEZ, Magdalena. Esther Díaz: el camino de la filosofía al erotismo explícito. (2005) Disponible:
|











