| | ALPHA Nº 25 Diciembre 2007 RESEÑA Ricardo Piglia. La invasión. Barcelona: Anagrama, 2006, 194 pp. La invasión es la reedición de un libro publicado ya en 1967 con la incorporación de dos textos inéditos pero, también, escritos en tiempos lejanos, en 1969 y 1970. ¿Por qué este libro con textos ya publicados, como es el caso de Las actas del juicio y Mata-Hari 55 ya editados dos veces, pues, se volvieron a publicar con muy ligeras alteraciones en 2002 en el volumen de cuentos con el título Nombre falso? Es de sospechar que la fuente inspiradora del autor ya no brota como antes y que es verdad lo que dice el mismo Piglia en su prólogo sobre los escritores: No me parece que un autor escriba mejor a medida que avanza o que mejore con los años (a menudo es más bien al revés) (11). Ante una situación, así, uno se acuerda de las hazañas del pasado, perdidas casi en el olvido, y las saca a la superficie como en el caso presente. Todos los cuentos, como es lógico, representan el estilo de los años 60, con influencia obvia del entonces muy admirado Ernest Hemingway, quien había dado un nuevo impulso a la literatura de la posguerra con su estilo sobrio, paratáctico, con sus repeticiones e incoherencia como elementos de estilo. Los cuentos ya reeditados Mata-Hari 55 y Las actas del juicio tienen un fondo histórico (Cfr. mi reseña en Hispanorama No. 98: 136 ss). Los otros, con una excepción, ocurren en un ambiente rural o urbano argentino contemporáneo. La honda y En el terraplén son historias entre niños en un pueblo perdido de la pampa argentina. En noviembre también es un cuento con un niño de protagonista, pero localizado en la costa; trata de una aventura en mar con un barco hundido delante de la playa. Las relaciones humanas son el tema de los relatos El joyero (un padre, que vive separado de su mujer y de su hija, busca a su hija y la rapta en la noche mientras la madre de la niña y su amante duermen) y Mi amigo (un texto irónico sobre la amistad porque el llamado amigo recurre a todo para hacer socialmente inaceptable a su amigo durante una comida en casa de los padres de la novia del primero). Cuentos de poesía sutil y con un tema común (la penetración de un foráneo en un ambiente íntimo) son La invasión, donde el protagonista entra en la celda de dos homosexuales, y Una luz que se iba. En este texto un pibe boxeador ocupa el segundo puesto en una habitación doble de una pensión porteña, donde el narrador estaba muy contento por permanecer allí sin otro pensionista. Un cuento policíaco, muy interesante en cuanto a la forma, es El pianista que se desarrolla delante de un fondo de selva en la provincia de Misiones. Los dos mejores cuentos para mí son Desagravio, un texto complejo con dos conflictos paralelos, uno político y otro individual, con un desenlace dramático, y Un pez en el hielo, el único de los textos sin ambiente argentino. La acción bastante intrincada se desarrolla en Italia y es un juego literario en torno al diario y al suicidio del escritor italiano Cesare Pavese. Este cuento se parece un poco a Nombre falso, para mí, cuento más logrado de Piglia. ¿Es justificada la reedición de estos cuentos? Con la excepción de Mata-Hari 55 y Las actas del juicio, por lo dicho arriba me parece que sí. Es como ver una película de los años 60, dejarse tocar por una vida distinta y lejana, que los más jóvenes ven con interés y curiosidad y los mayores, como Piglia y el autor de la reseña, con nostalgia. Ewald Weitzdörfer Zwanzigerstr. 34, 87435 Kempten, Alemania, weitzd@web.de | |