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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  n.23 Osorno dic. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012006000200021 

 

ALPHA Nº 23 Diciembre 2006 (309-310)

RESEÑA

Eduardo LABARCA. 2004. Cadáver tuerto. Santiago de Chile: Catalonia. 343 pp.


Una novela política de un escritor chileno para los chilenos; el ajuste de cuentas de un chileno exiliado con el régimen de Pinochet, pero también algo de literatura… de poesía… de cosas, que también un crítico no-chileno puede apreciar. Todo eso es para mí la última novela de Labarca.

Bajo un camuflaje fácil de detectar se narran las experiencias del protagonista Lautaro o Eleuterio, respectivamente, primero en “Acullá”, “una ciudad entre oriental y occidental” (16) –que podría ser Viena, la ciudad donde vive Labarca desde hace mucho tiempo–; luego, en “Allá antes”, que puede interpretarse como Chile en el tiempo de la presidencia de Allende, del golpe y de la represión de la dictadura; en “Allá después” que es, otra vez, “el país que se cae del mapa” (16) o sea la patria chilena durante el tiempo de la captura de Pinochet en Gran Bretaña o en varios aspectos de “Acá”(arriba, adentro, abajo, al fondo), que podría interpretarse como Gran Bretaña, pero posiblemente también como otros lugares del hemisferio norte (¿EE.UU. con las torres?). En cuanto a los personajes de la novela, algunos parecen fáciles de reconocer como el “Señor General en Jefe“, al que se alude, también, como “(Ex)Tirano“ o, incluso, “Fivroket”, “Nuestro Presidente” o el “Comandante Superestrella de la Isla ombligo del trópico”. Otros como “el Pope”, “el Topo” o “la Topo”, “el Fata” –y, muchos más– son difíciles de reconocer para un no-chileno como el autor de la reseña. En la historia narrada destacan las escenas de tortura de la “Visión quinta: Allá antes”, escenas repugnantes, que ya tienen su tradición en la literatura hispanoamericana; pensemos, solamente, en la novela Abaddón el exterminador de Ernesto Sabato, o en la novela más reciente La Fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa. Estas escenas son una expresión literaria de la memoria colectiva, que tantas veces sirve de argumento en la literatura contemporánea de países que tuvieron sangrientos conflictos internos en los últimos años como Chile o España. Si estos libros de memoria colectiva servirán para crear un futuro mejor o para abrir de nuevo trincheras casi cerradas por el tiempo y, por eso, para provocar nuevos conflictos, el futuro lo dirá.

Lo que distingue esta novela de muchas otras es el aspecto formal. En cada página encontramos una nueva sorpresa estilística: cambios de perspectiva narrativa, a veces, incluso en una misma frase, alternaciones en el tiempo narrado con retrospectivas más o menos largas. El mejor ejemplo es la “Visión quinta”, de casi cien páginas, en la que Lautraro revive las experiencias atroces de la tortura, mientras se encuentra en el baño en “Acá adentro”. En este contexto quiero destacar el manejo excelente del tiempo narrado, que parece detenerse casi completamente en el capítulo 10 de “Acá adentro”, o sea inmediatamente antes de que Lautraro se hunda en sus recuerdos. A veces, el texto se aproxima a la poesía, por ejemplo, en pasajes del segundo y cuarto capítulo de la “Visión tercera” que hacen pensar en los “poèmes conversation” de los Calligrammes de Apollinaire: leemos una serie de frases sin obvia relación lógica entre sí, como se las puede oír si mucha gente habla a la vez, por ejemplo, en un tren del metro. Hay pequeños textos como entradas en un diario, cartas, escenas de teatro y muchas cosas más. Las escenas del Teleteatro Fivrokret –donde se representa la vuelta del Ex Tirano al País– me parecen más bien largas y, por eso, un poco pesadas; también, a veces, un poco melodramáticas, por ejemplo, la escena en la que el Ex Tirano del Teleteatro pide perdón (337).

Sin pretender a la universalidad, la novela me parece un libro importante para Chile en estos días y la obra de un gran artista de la palabra.

Ewald Weitzdörfer

FH Kempten, Bahnhofstr. 61, 87435 Kempten, Alemania, weitzd@web.de