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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  n.23 Osorno dic. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012006000200012 

 

ALPHA Nº 23 Diciembre 2006 (201-213)

ARTICULO

LA SOCIOLOGÍA INTERPRETATIVA DE ALFRED SCHÜTZ. REFLEXIONES ENTORNO A UN PLANTEAMIENTO EPISTEMOLÓGICO CUALITATIVO1

Alfred Schütz´s Interpretative Sociology. Thoughts about an Epistemological Qualitative Idea

Rubén Leal Riquelme*
Universidad de La Frontera*, Departamento de Ciencias Sociales, Temuco, Chile.

Dirección para correspondencia


RESUMEN

La “vida cotidiana” es el ámbito donde viven los actores, donde formulan los proyectos de acción, y donde Schütz aplica la Teoría de la acción. Sus investigaciones abordan las relaciones intersubjetivas que establecen los actores sociales. El observador-científico, por su parte, estudia la “vida cotidiana” y, al hacerlo, interpreta la conciencia del actor que vive en ese mundo. Schütz, utilizando la fenomenología como método-teoría, trasciende interpretaciones inmanentistas de la conciencia para postular una epistemología social.

Palabras clave: teoría de la acción, Albert Schütz, fenomenología.


ABSTRACT

Every day life is a realm where actor live, where they express their action projects, where Schutz applies his action theory. His researches deal with inter subjective relations among social actors. The scientific observer, on his own, also studies every day life, but upon doing it he makes an interpretation of the conscience of the actor living in that realm. This author, using phenomenology as method-therory transcedens inmanent interpretations about conscience to propose instead a social epistemology.

Key words: action teory, Albert Schütz, phenomenology.


I. PRESENTACIÓN

Hoy existe consenso respecto del carácter interpretativo y comprensivo que tiene la propuesta sociológica formulada por Alfred Schütz. Sus principales investigaciones giran en torno al actor social, al ámbito en el cual éste se relaciona con otros actores y a las características que tienen los “proyectos de acción” que ellos formulan. Los actores sociales desarrollan sus vidas en el “mundo cotidiano”, afirma este autor.

Schütz aborda el estudio del actor desde una perspectiva fenomenológica, por lo cual se acepta que sus trabajos adoptan un carácter claramente subjetivo. En rigor, se debe decir que estudia el problema de las relaciones intersubjetivas que establecen los actores en la “vida cotidiana” y, a través de ellas, incursiona en temas que trascienden una concepción inmanentista del Sujeto. En el presente trabajo, nos proponemos reflexionar sobre el sentido y los alcances que tienen algunas nociones establecidas por este autor y que nos parecen relevantes en el proceso de construcción de una epistemología cualitativa. Así, deseamos indicar que los estudios que realizaremos en esta oportunidad serán acotados en las ideas de “mundo de la vida” o “vida cotidiana” y en el rol del observador-científico en el contexto fenomenológico y, a su vez, tendremos en consideración el sentido que adopta la “Teoría de la acción” en el pensamiento schutzeano.

II. El “MUNDO DE LA VIDA” LAS RELACIONES INTERSUBJETIVAS Y EL ROL DEL OBSERVADOR

Para Schütz, el “mundo cotidiano” es el ámbito donde aplica la teoría de la acción, es decir, sus investigaciones nos hablan de las relaciones intersubjetivas que realizan los actores sociales. El observador-científico se preocupa de la “vida cotidiana” y, al hacerlo, procede a investigar sociológicamente la conciencia del actor que vive en ese mundo. El “mundo cotidiano”, dice Schütz, (…) “nos es común a todos y, en él, cada uno vive y actúa como un hombre entre sus semejantes, un mundo que se concibe como el campo de acción y orientaciones posibles, organizado alrededor de su persona según el esquema específico de sus planes y las significatividades que derivan de ellos (…) Este mundo siempre me está dado desde el comienzo como un mundo organizado” (1974:22).

A partir de esta cita podemos inferir que el actor y el observador desarrollan su vida en el mismo ámbito (“vida cotidiana”), es decir, el observador también es un actor. Sin embargo, cuando el actor desempeña el rol de observador, en ese momento también deja de ser actor, ya que en el primer caso su rol le exige funciones diferentes, donde las exigencias gnoseológicas vienen a distinguir el nuevo sentido y el carácter que adoptan las nuevas funciones que desempeña el actor.

No obstante, debemos reconocer que un actor también puede conocer a otro actor en la “vida cotidiana”, es decir, ambos –actor y observador-científico– pueden conocer a un actor, pero se debe precisar que ambos no conocen del mismo modo. El actor procede a describir aquello que percibe y el observador, por su parte, además de describir lo observado, procede a interpretar el contenido de su observación. Pero hay más, este último cumple un rol adicional, en el sentido que a su esfuerzo cognoscitivo debe agregar el propósito de colocar en suspenso o entre paréntesis sus categorías culturales, de las cuales es heredero. De modo tal que, cuando el observador procede a conocer al Otro, por una parte, interpreta el “Yo de la conciencia del Otro” y, también, tiene que proceder a aplicar la epogé,2 como expresaría el propio Alfred Schütz.

En síntesis, se puede decir que el actor, cuando desempeña la función de observador-científico, recurre a su conciencia de un modo intencional, con el propósito de seleccionar aquello que desea conocer y ese objeto de estudio es distante y distinto de la propia conciencia del observador. En buenas cuentas, al científico se le plantea una serie de exigencias metodológicas, que no se le presentan cuando cumple el rol de actor.

La tarea del observador –léase investigador social– compromete, decíamos, una tarea descriptiva, comprensiva e interpretativa del significado subjetivo de la acción del actor, es decir, en este sentido podemos hablar de una especie de paso o salto cualitativo que realiza el observador y que, al mismo tiempo, tiende a superar, o al menos a distanciarse, del modo como se abordan los estudios tradicionales sobre este tema. La tradición epistemológica de carácter puramente objetivista concibe la conciencia del actor desde una perspectiva topográfica, tanto en el rol de actor como en la función de observador.

Este nuevo enfoque, al que hacemos referencia, asume la conciencia como una capacidad mediante la cual es posible conocer la conciencia del Otro; ello, en un doble sentido: en primer lugar, como una conciencia que puede conocer a la conciencia de un congénere y, en segundo término, como una conciencia a la cual le es posible conocerse a sí misma. En este aspecto, es necesario reconocer que nos encontramos en un punto esencial donde Schütz y Weber, por ejemplo, tienen planteamientos coincidentes: ambos conciben la idea de acción social con un carácter relacional –es decir, entre dos actores– y donde la intención de ambas conciencias adoptan un carácter claramente subjetivo.3

Lo afirmado precedentemente no pretende desconocer que el actor no pueda tener una visión interpretativa de las acciones propias o de las acciones de otro actor. Por el contrario, el actor puede –y de hecho– realiza este ejercicio cognoscitivo; sin embargo, el carácter y el modo que tienen las interpretaciones que él realiza son distintas en el carácter y en el modo como interpretan (cognoscitivamente) los observadores-científicos.

Por otra parte, cuando hablamos de la acción nos referimos al ejercicio que realiza la conciencia de un actor que tiene el propósito de establecer un proyecto que orientará sus actos. Sin embargo, es menester subrayar que en ella encontramos significaciones diferentes; el actor asume los significados de la acción con una visión exclusivamente vivencial y el observador, en cambio, procede a imprimirle significados que, sin duda, exigen un “escrutinio sistematizador” (Schütz 1993:39).

La distinción a la cual hacemos referencia muestra una especie de red de significatividades que presenta la acción (que formula un actor). Claro –y, aquí, debemos destacar– siempre y cuando esa red se encuentre vinculada con una exigencia interpretativa que, a su vez, compromete la inteligibilidad y la trascendencia de las propias interpretaciones que realiza el observador-científico. Este problema, al menos en una primera aproximación, lleva a pensar en interpretaciones de tipo significativo vinculadas con el comportamiento cotidiano de un actor y, en otro sentido, observamos el surgimiento de un fenómeno que muestra el modo cómo el actor se refiere a las posibles interpretaciones de ese comportamiento. En buenas cuentas, el actor se comporta y sus actos tienen significados que es necesario interpretar y, tal como habíamos insinuado anteriormente, las interpretaciones pueden ser realizadas tanto por el actor como por el propio observador social.

Pero volvamos al fenómeno de la vida o “mundo cotidiano” entendido como ámbito de acción social. Para Schütz, el “mundo de la vida” tiene su propia existencia, su propia lógica y su propia organización, es decir, el “mundo de la vida” es independiente del actor. Sin embargo, reconocemos que este puede ser conocido por el actor y ese conocimiento puede ser compartido con otros quienes, a su vez, también pueden interpretar y reinterpretar ese mundo. Los actores comparten sus interpretaciones y cuando realizan ese ejercicio comparten sus experiencias, comparten sus vivencias y construyen la vida de manera coparticipativa. Los actores sociales construyen y comparten objetos de todo tipo, sean materiales, sean inmateriales. Ellos comparten y proyectan sus propias vidas, ya sea de un modo personal o compartiendo sus proyectos de vida.

(...) “Este mundo siempre me está dado (…) Nací, por así decirlo, en este mundo social organizado, y crecí en él. Mediante el aprendizaje y la educación, mediante experiencias y experimentos de todo tipo, adquiero cierto conocimiento mal definido de este mundo y sus instituciones. Los objetos de ese mundo me interesan, sobre todo, en la medida en que determinan mi propia orientación, en que promueven o traban la realización de mis propios planes, en que constituyen un elemento de mi situación que debo aceptar o modificar, en la medida en que son la fuente de mi felicidad o intranquilidad (1974:22).

 

 




Este sentido que ellos tienen para mí implica que no me basta simplemente conocer la existencia de tales objetos; debo comprenderlos, lo cual indica que debo poder interpretarlos como posibles elementos significativos respecto de actos o reacciones posibles que pueda efectuar dentro del ámbito de mis planes vitales. Pero este orientarse mediante la comprensión tiene lugar, desde el comienzo, en cooperación con otros seres humanos:

(…) Mi experiencia del mundo se justifica y corrige mediante la experiencia de los otros; esos otros con quienes me interrelacionan conocimientos comunes, tareas comunes y sufrimientos comunes. El mundo es interpretado como el posible campo de acción de todos nosotros: este es el primero y más primitivo principio de organización del conocimiento del mundo exterior, en general. Con posterioridad, discrimino entre cosas naturales (…) y, por otra parte, cosas sociales, comprensibles únicamente como productos de la actividad humana, mi propia actividad o la de otros” (1974:22).

 

 




El mundo de la “vida cotidiana”, decíamos, es el ámbito donde los actores sociales realizan sus diversas interrelaciones, es decir, este mundo tiene un carácter social en virtud de lo cual en él encontramos significados y símbolos que el observador conoce y, si fuere menester, tendría que detectar el sentido que tienen las diversas interrelaciones que establecen los actores. De manera que el observador, necesariamente, deberá proceder a interpretar y a reconstruir el sentido y los significados de ese mundo y de las propias interrelaciones entre los actores. Este mundo social, en el pensamiento de Schütz constituye la realidad o, al menos, conforma un aspecto esencial de ella. En esta dirección, podemos hablar de un fenómeno que, quizás, constituye uno de los problemas clásicos de la epistemología: nos referimos a la noción de realidad que, como sabemos, puede ser interpretada de diversas formas, dependiendo del criterio, del paradigma o de la perspectiva epistemológica que decidamos asumir.

Así, podemos afirmar que la realidad social puede ser intervenida cognoscitivamente y esa construcción, humana por cierto, de modo importante afectará a los proyectos de acción, a los actos y a las propias acciones que formulan los actores. A nuestro parecer, las interpretaciones permiten acceder cognoscitivamente a los demás y a nosotros mismos.

En el mundo social nos va nuestra libertad y compromete el ejercicio de ella mediante las relaciones que establecemos con los Otros. El mundo de la “vida cotidiana” es, por consiguiente, la realidad fundamental y eminente del hombre. “Por mundo de la vida cotidiana debe entenderse el ámbito de la realidad que el adulto alerta y normal, simplemente, presupone en la actitud de sentido común”4.

En el mundo social, básicamente, podemos apreciar dos aspectos diferentes y, a la vez, complementarios necesarios de destacar: por una parte, un aspecto de tipo natural y, por otra, una característica de orden social. El carácter natural de este mundo significa que su existencia y ordenamiento no dependen del actor, más aún, es independiente de él y éste supone y acepta los objetos corpóreos que lo conforman, es decir, el actor no entra en conflicto con este mundo de la naturaleza. Según Schütz, éste tiene un significado que es común para mis semejantes y para mí (…) “ya que fue experimentado, dominado y nombrado por nuestros predecesores” (1973:25). En este sentido, se puede sostener que el mundo natural pasa a adoptar un carácter social, ya que es compartido, interpretado y vivenciado de modo similar por todos mis semejantes (presentes y predecesores). Por otra parte, y tal como lo hemos asumido, el mundo de la “vida cotidiana” también es social, a propósito que es compartido con mis semejantes en diversas situaciones y en distintas circunstancias, ya sea porque actué sobre ellos o debido a que ellos actúan sobre mí. Aquí debemos señalar que surgen –al menos– dos tipos de supuestos: uno, referido al supuesto vivencial de mis semejantes, donde ellos incluyen mi existencia, y dos, que supone la posibilidad de conocerlos del mismo modo como ellos pueden conocerme.

En la obra de Schütz se pueden detectar ocho supuestos naturales que se encuentran relacionados con la “vida cotidiana” y todos ellos sirven de referencia para realizar relaciones cognoscitivas, especialmente, si se trata de conocer las relaciones de conocimiento que establecen los actores. Esos supuestos son:

1.Existen hombres con su propia corporeidad (Otros).
2.Los hombres tienen conciencia que es similar la mía.
3.Los objetos que constituyen el mundo natural es distinto de la conciencia.
4.El significado de los objetos es similar para todos (para los Otros y para mí).
5.Es posible que yo establezca relaciones y acciones con mis semejantes.
6.Es posible de establecer relaciones comunicativas con mis semejantes.
7.Existe un mundo social y cultural, independiente de mí, que ha sido construido por mis semejantes (predecesores y actuales).
8.Sólo, en parte, mis circunstancias son el resultado de una construcción personal.

Cuando Schütz se refiere –directa o indirectamente– al conocimiento del hombre debemos tener presente que lo hace de un modo acotado, en el sentido que presupone su existencia y, al mismo, tiempo lo entiende de un modo dialéctico. Es decir, no tematiza en torno al origen o a la naturaleza del hombre; más bien, él parte del supuesto de su existencia. Cuando nace el observador –y el actor– el hombre ya estaba allí, sea personificado en mi abuelo, en mi padre o, simplemente, personificado en el abuelo o en el padre de Otros. De manera que, tácitamente, se acepta el principio de que el hombre-actor que puedo conocer es similar a mí, es decir, con el Otro compartimos características somáticas y, al mismo tiempo –y, por otra parte– él y yo estamos dotados de conciencia. La conciencia del Otro –decíamos– es similar a la conciencia que yo poseo. La “vida cotidiana” o mundo social son compartidos y nunca constituye un mundo particular o privado. No lo es para el Otro y no lo es para mí; más bien el mundo cotidiano es compartido. El mundo social es intersubjetivo sostiene Schütz. El dato esencial de este mundo intersubjetivo lo encontramos, precisamente, en su realidad; vale decir, no sólo en la posibilidad, sino, también, en las acciones y en los actos que observamos en las diversas interrelaciones que ocurren y que se establecen cuando ese mundo es compartido.

Desde otro punto de vista, si el actor social desempeña el rol de observador-científico tendrá que examinar el modo cómo se encuentra constituida esta especie de comunidad en el “mundo de la vida”. Es decir, el cientista social tendrá que dedicarse a interpretar, por ejemplo, las organizaciones y las estructuras que han ido construyendo sus predecesores, con el propósito de facilitar los diversos procesos mediante los cuales él y los Otros establecen las relaciones intersubjetivas. De manea que el observador-científico podrá dedicarse a comprender y a interpretar el sentido que tienen esas relaciones en la acción social. En este contexto, parece necesario indicar que la “vida cotidiana” corresponde al modo como, habitualmente, el actor desarrolla sus actos y al modo cómo establece las relaciones con el o con los Otros. En cambio, en el “mundo de la vida” él y los actores, en sus interrelaciones, han construido la cultura que tiene su expresión, por ejemplo, en las diversas instituciones que, en lo esencial, regulan esas diversas relaciones (léase intersubjetivas). En este último mundo es donde el observador-científico desarrolla su tarea interpretativa.

III. EL "MUNDO DE LA VIDA" Y EL SURGIMIENTO DEL "ACERVO DE CONOCIMIENTO"

El “mundo de la vida” incluye un mundo natural y un mundo social, decíamos. Además, ese ámbito constituye una especie de escenario donde acontecen las acciones y los actos sociales y, en esa misma dirección, Schütz viene a contextualizar (demarcar) las acciones y los propios actos de mis semejantes y, por lo tanto, los actos míos. Este contexto, también, permite y/o coarta los diversos tipos de relaciones intersubjetivas que ocurren entre ellos, conmigo mismo y con todos. Su idea es que de alguna manera actuamos en y sobre esa realidad natural, en el sentido de que el “mundo de la vida” es, permanentemente, modificado por nosotros y nosotros, también, somos modificados por ese mundo. Desde otro punto de vista, este mundo natural –y social– puede ser conocido e interpretado por todos (actores y observadores) para lo cual necesariamente debemos dirigir nuestra conciencia y pensar acerca de él. En los procesos de interpretación participa la conciencia intencional y se activa el propio pensamiento, es decir, cuando procedemos a conocer ese mundo nuestra conciencia se dirige a él y construye una representación del mundo, para lo cual es indispensable la intervención de nuestro pensamiento y la recurrencia a nuestro “acervo de conocimiento”5. Por su parte, las interpretaciones y el propio conocimiento del mundo natural vienen a comprometer un cúmulo de conocimientos, de experiencias y de vivencias que históricamente han vivido los actores que hoy ya no están con nosotros. Todas esas experiencias han sido comunicadas por nuestros antepasados. Cada transmisión del conocimiento es portadora de procesos que integran situaciones que, a su vez, también han sido integradas por Otros. Nosotros mismos realizamos, permanentemente, integraciones de vivencias ocurridas en situaciones y en momentos diferentes. Sin embargo, estas vivencias, por independientemente que hayan ocurrido las unas de las otras en la “vida cotidiana”, todas han sido integradas y articuladas; o sea, a las vivencias les hemos dado una coherencia y una unidad que comprometen la participación de nuestro pensamiento. Las vivencias pueden ser transmitidas a nuestros semejantes actuales y, también, a quienes conformarán las generaciones venideras.

Esta unidad presente de diversas vivencias es lo que Schütz denomina “acervo de conocimiento” y corresponde a una especie de recursos que sirve de insumo para las interpretaciones y para las explicaciones que cada actor realiza acerca del mundo:

(…) “es ‘evidente’ para mí, en la actitud natural, que esos árboles ‘realmente’ son árboles para usted y para mí, así como esos ‘pájaros’ realmente, etc. Toda explicitación, dentro del mundo de la vida, procede dentro del medio constituido por los asuntos que ya han sido explicitados, dentro de una realidad que es fundamental y típicamente familiar. Confío en que el mundo, tal como ha sido conocido por mí hasta ahora, persistirá, y que, por consiguiente, el acervo de conocimiento obtenido de mis semejantes y formado mediante mis propias experiencias seguirá conservando su validez fundamental. Llamaremos a esto (de acuerdo con Husserl) la idealización del ‘y así sucesivamente’. De este supuesto, deriva otro fundamental: que puedo repetir mis actos exitosos previos. En tanto la estructura del mundo pueda ser considerada constante, en tanto mi experiencia anterior sea válida, queda en principio preservada mi capacidad de operar sobre el mundo de esta y aquella manera” (1993:28-29).

 

 

 

 

 

Lo expresado por Schütz es lo permite afirmar que el “mundo de la vida” es un ámbito contextual, que sirve para que el actor se oriente en él, en el sentido que en ese mundo realiza y realizamos nuestros proyectos (de vida), nos relacionamos con Otros, recibimos sus influencias y, a la vez, procedemos a influir en ellos, es decir, no es posible abstraernos o ignorar la existencia de aquello que nos impone la naturaleza y la sociedad. En definitiva, el “mundo de la vida” es donde concretamos nuestras acciones, de manera que los fenómenos que surgen de nuestras relaciones con ese mundo (incluyendo las relaciones con los otros) constituyen problemas de preocupación fundamentales, si nuestro propósito es analizar, conocer e interpretarlo.

Por su parte, las orientaciones que obtenemos de las interpretaciones que realizamos del “mundo de la vida” se pueden vincular con los proyectos de acción, de manera que existe una especie de funcionalidad del “mundo de la vida” con las acciones futuras que cada actor y nosotros mismos podemos ejecutar. Basta con expresar que las acciones que han sido ejecutadas forman parte del “acervo de conocimiento” (sólo pueden ser interpretadas y reinterpretadas) para aceptar que las mismas acciones tienen un carácter prospectivo. Con ello, queremos decir que los actos pasados o que ya han sido ejecutados no se pueden modificar y el actor sólo tendrá la posibilidad de intervenir en los proyectos de acción (futuro). A estos actos ejecutados, Schütz los denomina sucesos acaecidos y comparte la idea que ante ellos sólo podemos cumplir el rol de espectadores. Sin embargo, que seamos espectadores de los actos no significa que nuestra conciencia se paralice; por el contrario, no existe impedimento para que el actor tenga una activa participación en la formulación de proyectos de acción, ya que los mismos actos o sucesos activan y motivan nuestros proyectos y nuestras acciones futuras.

En relación a los sucesos o actos futuros –susceptibles de modificar mediante nuestras acciones– debemos indicar, en primer lugar, que nos plantean una especie de exigencia, en el sentido que nos impelen a optar por realizar (o no) una acción determinada y, en segundo término, colocan al actor ante la disyuntiva de decidir acerca del modo cómo procederá a realizarla. Independientemente de estas exigencias, se debe tener en consideración que algunos elementos que forman parte del “mundo de la vida”, entre los cuales se encuentra nuestro “acervo de conocimiento”, pueden ser modificados a través de nuestras acciones; además, también se debe tener presente que algunos de esos componentes son inmodificables. Por su parte, los actos que son ejecutados en la “vida cotidiana” forman parte de un sistema de planes que conforman el proyecto de vida del actor. Así, cada actor establece, más o menos, un proyecto de acción para cada momento de su vida, especialmente, en aquello que dice relación con los diferentes roles que él desempeña en ella. Por ejemplo, tengo proyectos para mi vida profesional, en relación a mi familia; tengo un proyecto en conjunto con mis compañeros de trabajo, con la institución social a la cual pertenezco, etc. Sin embargo, cada proyecto en particular, decíamos, es susceptible de ser modificado, como es el caso cuando me propongo visitar a un pariente que reside en una ciudad distante; organizo el viaje, pero antes de llegar a su domicilio, decido acompañar a mi padre que se encuentra enfermo y, al momento de iniciar mi viaje, me conmuevo y decido acompañarlo al médico, cambiando así el proyecto de visita que originalmente había formulado.

Desde otro punto de vista, debemos decir que tanto el proyecto de acción como la modificación que de él he realizado, de alguna manera, forman parte de mi “acervo de conocimiento”, de tal modo que ambos –proyecto y modificación– tienen consecuencias típicas, en el sentido de que los componentes del proyecto de viaje (varios de ellos) presentan algún nivel de similitud con las vivencias tenidas anteriormente; pero, además, el planteamiento del proyecto, su ejecución y la modificación que realizo de él, tienen como resultado situaciones típicas acaecidas en un lugar y en un momento determinado. Este resultado, a nuestro parecer, constituye un factor producido por las vivencias personales que he tenido o, simplemente, por las vivencias que ha tenido otro actor, pero que, a propósito de las relaciones que establecemos, en algún instante podemos compartir y relacionar sus vivencias con aquellas que yo he tenido. En este punto, podemos hablar de relaciones sociales directas o indirectas que, en el contexto schützeano, operan intersubjetivamente en nuestra vida diaria.

No obstante lo expresado, el mundo de la “vida cotidiana” también tenemos que asumirlo como un contexto más amplio que aquel que vivimos diariamente, puesto que en él tenemos la posibilidad de imaginar, de fantasear y de construir concepciones artificiosas para explicar el propio mundo, como es el caso de las construcciones o explicaciones científicas. En buenas cuentas, podemos decir que el actor, mediante su conciencia, puede trascender la cotidianeidad gracias a una creación simbólica y, por lo tanto, proceder a modificar su propia actitud natural. Siguiendo a Schütz, podemos decir que:

(…) “el mundo de la vida presenta los tipos primordiales de nuestra experiencia de realidad. En el transcurso de la vida cotidiana, somos mantenidos continuamente dentro del mundo de la vida y podemos, con cierta restricción, concebir los otros ámbitos de sentido como modificaciones de aquella. No se puede olvidar, por cierto, que el acento de la realidad puede ser otorgado a cada ámbito de sentido, de modo que desde la perspectiva del mundo de la vida cotidiana, en verdad, los otros ámbitos de sentido pueden aparecer sólo como cuasirealidades, pero al mismo tiempo, desde la actitud científica o desde la experiencia religiosa, el mundo de la vida cotidiana puede ser visto como una cuasi-realidad” (1974:44).

 

 

 




IV. CONCLUSIONES

El notable aporte que realiza Alfred Schütz en el estudio de la conciencia, en el contexto de la “vida cotidiana”, tiene su primera etapa cuando incursiona en el estudio del “Yo de la conciencia” del actor para, posteriormente, investigar acerca de las relaciones intersubjetivas que ellos ejecutan en el “mundo de la vida”. En este sentido, utilizando la fenomenología como método-teoría, Schütz procede a trascender interpretaciones inmanentistas de la conciencia para construir una epistemología de carácter sociológica. A nuestro parecer, el carácter sociológico e interpretativo de su propuesta epistemológica adquiere una mayor relevancia cuando procede a establecer la “Teoría de los motivos”, especialmente, en el proceso en el cual se refiere a los “motivos para”.

Si bien Schütz se ocupa acerca del origen de las razones que motivan a una acción y a un acto, lo que parece relevante son los procesos interpretativos que él inicia; especialmente, las interpretaciones de los actos que aún no han sido ejecutados por un actor, es decir, las interpretaciones de las acciones o de los proyectos de actos que en el futuro realizará un actor. Sin embargo, se debe precisar que Schütz acepta la posibilidad de contemplar el futuro cuando sostiene que (…) “sólo en términos de proposiciones Sí… entonces…”6, es decir, Schütz concibe que el conocimiento de la conciencia de un actor es privado y sólo él mismo podrá tener acceso a su “acervo de conocimiento”. De otro modo, un actor no tiene acceso al conocimiento de un semejante; sin embargo, al mismo tiempo, Schütz postula que las relaciones en la “vida cotidiana” tienen una connotación intersubjetiva de manera que las experiencias que el actor tiene cotidianamente pueden ser conocidas por un observador-científico. En este mismo proceso, Schütz acepta la posibilidad de acceder al conocimiento de las experiencias pasadas que tiene el actor.

Desde nuestro punto de vista, nos parece que las nociones aquí reseñadas (actor, “mundo de la vida”, rol del observador-científico) motivan a pensar que es posible investigar y acceder al proyecto de acción del Otro; es decir, parece posible encontrar en la obra de Schütz un camino que ayude a estudiar la posibilidad y los modos de conocer los proyectos de acción del Otro por parte del observador-científico. Un estudio de este carácter, si bien puede ser realizado por un actor y por un observador, en ambas situaciones es diferente: el actor deja de serlo al momento que inicia un trabajo que lleva a interpretar el modo como el Otro ha desarrollado sus actos en la “vida cotidiana”, y al científico le es indispensable cumplir con las exigencias que plantea la fenomenología de aplicar la epogé.

NOTAS

1 Trabajo presentado en el “II Coloquio Internacional sobre Saberes y Prácticas: Difusión del conocimiento científico y tecnológico en la Sociedad del Aprendizaje”, realizado en la Universidad Federal de Bahía (Brasil) en el mes de octubre de 2005. Constituye una continuación de la Ponencia presentada en el I Coloquio organizado por esa misma Universidad en el mes de diciembre de 2002 y publicada por la Revista Alpha Nº 19 (2003).

2 Desarrollamos esta idea en la Ponencia que presentamos en el Primer Coloquio ya aludido (2002). Cfr. Rubén Leal. Análisis del desarrollo social intersubjetivo desde las nociones de “Mundo de la vida y ‘Mundo de la ciencia’ propuestos por Albert Schütz” en ALPHA Nº 19. 2003. 263-275.

3 M. Weber, M. Economía y sociedad. 6 y ss. 1996.

4 T. Luckmann y A. Schütz. Las estructuras del mundo de la vida". 1973.25.

5 El pensamiento de Schütz corresponde a una especie de almacenamiento de vivencias, previas a la acción presente. Estas vivencias incluyen las experiencias directas que ha tenido el actor y aquellas que le han sido transmitidas por el Otro, sea en forma oral o escrita. El conocimiento que constituye este “acervo” proviene de las experiencias que ha tenido el Sujeto y de los conocimientos que hereda socialmente. Las vivencias ayudan al actor a un desempeño más adecuado en la “vida cotidiana” y le permiten asumir, describir y resolver las nuevas situaciones que debe experimentar en el “mundo de la vida”. En el caso del observador-científico, el “acervo de conocimiento” también cumple una función de insumo; sin embargo, los recursos a los cuales recurre le son útiles en los procesos de interpretación.

6 A. Schütz, A. “Tiresias, o nuestro conocimiento de sucesos futuros”, en Estudios sobre teoría social. 1974. 256.

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Correspondencia:

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Temuco, Chile.
rleal@ufro.cl