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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  n.20 Osorno dic. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012004000200025 

ALPHA Nº 20 - 2004 (306-307) Diciembre 2004

RESEÑAS

 

Mario Vargas Llosa. 2003.
El Paraíso en la otra esquina. Lima: Alfaguara. 485 pp.


¿Una sorpresa formal la última novela del autor de "La conversación en la catedral" o de "La casa verde"? Seguramente que no. El principio del siglo XXI por cierto no es un tiempo de experiencias formales como lo eran los años 60 del siglo pasado. Hoy obviamente se escriben novelas de buena lectura, como la presente obra del maestro peruano. Por cierto, la estructura del libro tiene sus aspectos interesantes: dos historias que se cuentan en una misma novela, la de Flora Tristán en los capítulos impares y la de Paul Gauguin, el nieto de Flora Tristán en los pares, se constata un frecuente cambio de las perspectivas narrativas, la de la tercera persona y la de la segunda (a menudo el narrador habla con sus protagonistas), se observan muchos cambios en el tiempo narrado, que, en el caso de Flora Tristán parte siempre de los aconticimientos durante su último viaje propagandístico en favor del movimiento revolucionario "La Unión Obrera" a través del sur de Francia en el año 1844 y en el caso de Paul Gauguin de sus últimos años en la Polinesia desde 1892 hasta su muerte en 1903. Son las retrospectivas en los capítulos correspondientes que hacen surgir delante del lector dos personajes extraordinarios, que Vargas Llosa obviamente admira mucho: Flora Tristán, aquella mujer atrevida, que luchó por los derechos de las mujeres en un tiempo, en que nadie pensó en los movimientos feministas de nuestros días y contra la explotación de los obreros antes de las actividades revolucionarios de Carlos Marx y de los otros fundadores del comunismo universal, que se opuso a la influencia poderosa de la iglesia en la vida social pidiendo por ejemplo comunidades libres entre hombres y mujeres en vez del matrimonio institucional (que para ella era la base de la esclavitud de la mujer) y Paul Gauguin, que se liberó de la vida burguesa, que había llevado durante mucho tiempo como empleado en la Bolsa de Paris, casado con una mujer protestante de Copenhague y padre de varios hijos, que se hizo pintor de un día al otro dejando a su familia y buscando la verdad artística en las culturas primitivas y salvajes, primero en la Bretaña francesa (Pont Aven) y luego en las islas de la Polinesia (Papeete, Las islas Marquesas), quien se entusiasmó por el amor libre de los indígenas e incluso por sus prácticas de canibalismo. Dos personajes en búsqueda del Paraíso terrestre. Sin embargo, como en el juego de niños, que da el título a la novela, y en el que un niño con los ojos vendados busca el Paraíso sin encontrarlo, porque cada compañero de juego le dice que está en la otra esquina, los dos protagonistas terminan mal, mueren miserablemente sin haber encontrado sus paraísos.
Una novela que hace reflexionar y fascina por su mensaje.

Ewald Weitzdörfer
Fachhochschule Kempten, Immenstädter Str. 69, 87435
Kempten, Alemania, Weitzd@web.de