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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  n.20 Osorno dic. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012004000200021 

 

ALPHA Nº20 - 2004 (296-298) Diciembre 2004

RESEÑAS

 

Patricio MANNS. 2004.
Cantología. Santiago de Chile: Catalonia.


Las canciones de Patricio Manns le han deparado desde hace décadas una fama tan justa como extendida. Pocos habrán dejado de oírlas en Chile y en el extranjero y, quienes las han oído y vivido, seguirán recordándolas. No es necesario ninguna encuesta para comprobarlo cualquier referencia al tema de la canción en Chile atrae de inmediato su nombre y los títulos de algunas de sus más exitosas composiciones. Es algo semejante a lo que ocurre con Violeta Parra, ambos figuras eminentes de una modalidad creadora que ha dejado huellas profundas en la memoria colectiva.
En el caso de Patricio Manns, son muchas las razones que explicarían esa pervivencia, pero es casi seguro que su público destacaría en primer término el aprecio por sus consumados dones de compositor y de cantante. En el ámbito hispanoamericano se habla de cantautores y en esa línea se ha situado este aspecto de su variado e incesante quehacer. También se le reconoce con plenitud su talento de narrador y de ensayista, pero no siempre como se debiera su condición de poeta. Yo creo, sin embargo, que esa condición suya es la otra base fundamental de la trascendencia de su obra.
Diccionarios de literatura y antologías poéticas no suelen registrar su nombre o incluir textos suyos en ese orden. Después de una detenida y fervorosa lectura de sus poemas, me parece necesario averiguar la causa de estas omisiones.
El distinguido estudioso inglés Robert Pring-Mill prologó, en 1995, el extenso poema épico-lírico publicado por Patricio Manns con el título de Memorial de Bonampak (1995. Santiago de Chile: Cuarto Propio). En un párrafo muy pertinente de ese prólogo –de consulta indispensable para acercarse al Manns, poeta– dice Pring-Mill: “Cualquiera que haya escuchado las grandes canciones de Patricio atentamente no podrá dudar de su calidad de poeta: sus letras de canción son las más poéticas de toda la Nueva Canción Chilena, y están entre las mejores de todo el continente en dicho género”. En una nota al calce, Pring- Mill agrega que, a menudo, los críticos literarios no lo entienden así, y estima esa desatención como “un serio error”.
Pienso que el acierto de Pring-Mill se debe al hecho de que su mejor lectura de las piezas poético-musicales de Patricio Manns, tan difundidas desde los años sesenta, ocurre en un espacio no contaminado por los prejuicios críticos que hacen inmodificable la consideración del canon que – establecido en un momento del proceso literario– se supone fijado de una vez para siempre, ignorándose las muchas veces en que la historia y los lectores han corregido esas pretensiones. Las “grandes canciones” a las cuales alude Pring-Mill han estado ahí desde hace muchos años, pero sus seguidores más devotos eran quienes las oían, con frecuencia distanciados o ajenos a la meditada recepción que permite la letra impresa. Omisión culpable de la crítica, es cierto, pero es preciso reconocer que en esta intelección sesgada de una obra poética tan valiosa y provocativa le cabe también alguna responsabilidad al propio autor, quien sólo ahoracon el título de ha decidido reunir –al modo de variaciones sobre sus temas– con el título de Cantología los poemas, musicalizados o no, que empezó a escribir hacia 1956, aunque en este volumen no se incluye el Memorial de Bonampak. Cantología es, en sí mismo, un todo unitario e independiente que ilustra una distinta exploración de asuntos y de formas expresivas, abierto a intertextualidades histórico-culturales asumidas y procesadas en el póemario con notable eficacia.
Contrariando, felizmente, la costumbre –más o menos general– de disponer en orden cronológico la suma poética que da cuenta de una vida consagrada a la creación artística, Patricio Manns ha optado ahora por la recurrencia, no poco original, al orden alfabético de los títulos, anotando al final de cada texto el año de su escritura. El lector advertirá pronto que semejante despliegue textual no es nada caprichoso: subyace en él la idea y la convicción de un trabajo entendido como el todo que constituye la voz poética: un diálogo de textos que se enriquece y profundiza en la vecindad y el contrapunto, como lo sugieren las variaciones, término que –en efecto– es una de las palabras claves para tratar productivamente con esta poesía. En la felicidad de esa práctica reside una de sus mayores virtudes que es, al mismo tiempo, una lección de exigencia para escritores desaprensivos.
Los asuntos de que habla esta poesía son muy variados y tocan desde los muchos conflictos personales, en que hay una vivencia de lo erótico, a los grandes dramas colectivos. Pero, de manera central, sobresalen los que distingue Pring-Mill en el prólogo al Memorial…, a menudo puntualizados también en las conversaciones del autor con Osvaldo Rodríguez Musso y con Juan Armando Epple: la vocación por lo chileno e hispanoamericano, la búsqueda de la justicia social, la lucha por la sobrevivencia, la identificación con la vida de los otros, la denuncia de los desastres provocados por la injusticia y por ese desorden mayor que fue la dictadura chilena, con la consiguiente irrupción de la barbarie. La mención de dos poemas extraordinarios bastará aquí para ilustrar ese vasto registro: "En Lota la noche es brava", de 1965, y “Muerte y resurrección de Víctor Jara”, de 1973. La lectura del primero suscita de inmediato una relación iluminadora con uno de los libros fundacionales de la tradición literaria nacional: los cuentos de Sub-terra: cuadros mineros, publicados por Baldomero Lillo en 1904; el segundo –que conjuga la dimensión trágica con la denuncia– habrá de inscribirse en la reducida serie de las elegías memorables de nuestra poesía.
La facultad constructiva que se manifiesta de manera tan saliente en los textos poéticos de Patricio Manns, sean o no sean letras para canciones, es una de las singularidades de su escritura que más llamará la atención de sus nuevos lectores.
Su repertorio de formas estróficas y métricas es de una amplitud considerable y su concreción poética es siempre afortunada: esa conciencia de los valores legados por la poesía tradicional –en sus vertientes populares y cultas– es hoy, más que nunca, una importante lección de rigor, algo sin duda implícito en aquella incisiva nota de Borges en la que observa que “la literatura actual se complace en las facilidades del caos y de la azarosa improvisación". La poesía de Patricio Manns ilustra, desde sus comienzos, la otra dirección. El admirable dominio que el poeta tiene de esas formas eslo que permite al compositor –que hay en él– alterarlas, recombinarlas o romperlas cada vez que el ritmo musical sobre el cual trabaje en un determinado momento se lo exige o se lo impone.
La poesía de Patricio Manns ha esperado mucho tiempo para ir al encuentro con su público, pero aquí está por fin, y yo tengo el privilegio de invitar a los lectores a compartir la viva y enriquecedora experiencia de su compañía.




Pedro Lastra Pedro Lastra
Universidad de Nueva York, Stony Brook, pedrolastra@webtv.net