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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  n.20 Osorno dic. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012004000200014 

ALPHA Nº 20 - 2004 (213-224) Diciembre 2004

ARTICULO

 

ACOPLAMIENTO E HIBRIDACION EN EL CLIMA CULTURAL DE POSMODERNIDAD


Coupling and Hybridization in the Cultural Setting of Post-modernity

 

Pablo Martínez Fernández

Concepción, Chile

Dirección para Correspondencia:


RESUMEN:

El siguiente texto habla de la posibilidad de múltiples afinidades en lo real-existente. Para ello es que se presenta una perspectiva socio-analítica del acoplamiento y la hibridación, lo que permite visualizar con mayor claridad la forma en que se produce dicha afinidad por el flujo semiótico-material contemporáneo. Se plantea que el acoplamiento y la hibridación son dos manifestaciones posibles de lo posmoderno, en la medida que dan cuenta de un clima cultural específico que afecta a lo social-contemporáneo. Para revisar una instalación socio-cultural se expondrá el ejemplo del “pololeo” como una posible manifestación del acoplamiento que se produce en los lenguajes que hablan del modo de vida de las sociedades contemporáneas. A partir del acoplamiento se llegará a la hibridización como la condición social de las sociedades que se constituyen en los movimientos de estructuración y desestructuración en un capitalismo cuya dinámica opera de manera global y fluida.


Palabras claves:
acoplamiento, hibridación, afinidad, posmodernidad.


ABSTRACT:

This paper discusses the possibility of multiple affinities related to the real-existing. A social analysis on coupling and hybridization is set forth. This allows to clearly see how this affinity is achieved through contemporary semiotic material. It is stated that coupling and hybridization are two possible manifestations out of post-modernism. To review this socio-cultural setting, an instance of pololeo will be presented as a feasible manifestation about coupling that is found in a discourse related to contemporary society. From coupling, hybridization comes up as a social conditioning, which is made up by structure and de-structure movements within capitalism, which dynamics operates in a functional and global fashion.

Key words: coupling, hybridization, affinity, post-modernity.


El concepto de acoplamiento –estructural– se puede encontrar, sobre todo, en los postulados que acerca de los seres vivos realizan Maturana y Varela1. Lo hacen para referirse a los sistemas autopoiéticos cuando definen a éstos como sistemas que se auto-organizan a partir de su distinción con respecto a un entorno, situación que los hace mantener su organización interna a partir de un proceso constante de acoplamiento estructural a él. Dichos acoplamientos se constituyen en un sinnúmero de posibilidades de enlaces entre lo real-existente –en sus distintas manifestaciones– entre sí, sólo hace falta la compatibilidad necesaria entre sus componentes para que ello ocurra. Por ello, todo lo real deviene acoplado en un sinnúmero de enlaces y conexiones posibles debido a la afinidad que se produce en el contacto entre dos entes cualesquiera. Cuando un acoplamiento no se produce significa que no existe compatibilidad o afinidad, de ahí que no todos los acoplamientos sean posibles; por así decirlo, cada ente particular no es compatible con cualquier otro ente particular, entre ellos debe haber una afinidad y/o compatibilidad, que no es, por cierto, ontológica. Ahora, en lo que se refiere a los seres vivos, como sistemas autopoiéticos, el acoplamiento estructural es lo que permite tanto la propia organización de dicho sistema, como la relación de lo autopoiético con el entorno; si el ser autopoiético existe es debido a que su estructura interna es, también, un conjunto de acoplamientos estructurales, los cuales se despliegan desde las estructuras intracelulares al conjunto del sistema autopoiético y viceversa. De la misma manera, dicho sistema, en sí mismo acoplado, establece otro conjunto de acoplamientos con el entorno, proceso por el cual se produce tanto un aumento como una reducción de la complejidad, en la relación que entre el sistema y el entorno se establece.

Si en la constitución del ser vivo, y más en general, en lo vivo, es posible el acoplamiento, es debido a que existe evidentemente “algo” que acoplar. Siendo la materia y la energía la base componente de lo real-existente es posible postular que los seres vivos están condicionados en su existencia a las propias limitaciones de lo real, en cuanto a materia y energía se refiere. O sea, como lo real-existente tiende a lo entrópico, al desorden, es necesario gastar u ocupar un conjunto de la energía circulante para mantener un equilibrio dinámico en lo real y, con ello, lograr que no devenga el caos, con lo cual dicho equilibrio dinámico se despliega en un devenir fluido pero a la vez armónico. La percepción de lo estático en lo real-existente se logra, como “simulacro”, con la seguridad que proporcionan, sobre todo, los objetos. Para realizar dicho proceso los sistemas autopoiéticos deben aumentar la complejidad para la mantención de su organización, sobre todo en lo que se refiere a su propia capacidad autopoiética. Son, a partir de esto, complejos procesos físicos, químicos y biológicos los que permiten la posibilidad de equilibrio en la auto-organización de los seres vivos. En los individuos se agrega, además, la posibilidad del lenguaje y la capacidad socio-analítica que de él se despliega, como un elemento más a considerar en la complejización de la relación con el entorno2; al mismo tiempo, en la afinidad que los sistemas autopoiéticos establecen con lo “externo”, se tiende a la reducción de la complejidad en dicha relación. Sabido es que lo que en definitiva se reconoce como lo real-existente es la posibilidad reducida de percepción que cada ser vivo posee, en la medida que sus sistemas de reconocimiento y registro –los sentidos– son capaces de percibir sólo una parte de dicha realidad. De ahí que existe lo que podemos llamar una reducción de la complejidad en la relación que se establece entre los seres vivos y el entorno, lo cual evidentemente es válido para los individuos en su constitución básica como ser vivo autopoiético. Es la propia mantención del equilibrio dinámico de los sistemas autopoiéticos, con su pérdida de energía, lo que termina por producir el desgaste inevitable de éste, con ello se despliega la interrupción definitiva de su funcionamiento autopoiético, lo cual lleva a que el ser vivo muera. Sabemos que dicha muerte tiene que ver más con el ser y no tanto con el devenir. Uñas y cabellos seguirán creciendo mientras una micro-fauna da cuenta de el cuerpo de dicho ser autopoiético. Materia y energía en constante circulación, de múltiples formas y en diversas manifestaciones.

Un sistema autopoiético es en definitiva, para Maturana y Varela, el resultado de la operación de distinción entre sistema y entorno, a partir de la cual el sistema es capaz de mantenerse mediante una serie consecutiva de acoplamientos –estructurales– con dicho entorno. El sistema se mantiene mientras tenga éxito en mantener su organización interna a través de la evolución del acoplamiento al entorno, a pesar o en virtud de sus cambios estructurales. Todo acoplamiento exitoso, por así decirlo, es el que permite mantener la autopoiésis funcionando, con lo cual se mantienen la organización estructural y funcional de los seres vivos.

Pero ocurre una paradoja en este evento, en la medida que el entorno –el sistema–, para Maturana y Varela, no es accesible ni directa ni indirectamente al individuo, el cual no tiene manera de saber cómo es realmente el mundo o la realidad externa –es decir, el entorno– que además funciona como un sistema. Esta situación constituye, para los autores, una de las más interesantes paradojas del conocimiento. El conocimiento es necesario e imprescindible para el sistema y, sobre todo, para los sistemas que operan en el lenguaje, porque su reproducción como sistema autopoiético depende de su continuo y permanentemente exitoso acoplamiento a su entorno. La paradoja consiste, entonces, en cómo poder hablar de algo de lo cual no se sabe prácticamente nada y lo que se sabe es sólo la apariencia de lo que en realidad es el sistema en su devenir en sí. Por ello, los autores postulan que el conocimiento verdadero es imposible. Las operaciones llevadas a cabo por el sistema como reacción a lo que percibe como estímulo de su entorno, depende de su organización interna y no de las características de dicho entorno. El sistema es ciego a su entorno, aunque debe acoplarse continuamente a él para seguir existiendo. El hecho que siga evolucionando es evidencia de que su relación es exitosa, es decir que conoce su entorno en la medida que realiza distinciones con él, a pesar de que, por así decirlo, no conoce lo que conoce. Se desprende de lo anterior, entonces, que la verdad no es ni puede ser la realidad del mundo revelada como representación. Tampoco se trata de la adecuación del pensamiento, o de la teoría, a la realidad, si por realidad se entiende el mundo exterior al individuo. Y tampoco se trata de una adecuación o acoplamiento particularmente exitoso a su entorno ya que, para Maturana y Varela, no hay acoplamientos más exitosos que otros, en la medida que existe como sistema está acoplado –como dirían los propios autores–, en la evolución no hay sobrevivencia del más apto, sino simplemente del apto. La posibilidad que resta es sólo el plantear que el conocimiento y, más en general, el saber, es la posibilidad del conocer como si lo real-existente fuera de una manera determinada, con lo cual el conjunto de supuestos articuladores del saber que encuentran su base en certidumbres y fundamentos estables se muestra como insuficiente para dar cuenta, sobre todo, de la realidad fluida de lo social-contemporáneo. Ahora, si dicho acoplamiento está en la base de la mantención de los sistemas autopiéticos y en la relación que éstos establecen con el entorno, es pensable entonces que en la constitución de los individuos como seres vivos que se realizan en el lenguaje, se pueda encontrar también la posibilidad de despliegue de particulares y diversas posibilidades de acoplamientos.

Se postula a partir de lo anterior que el acoplamiento se puede encontrar también en un conjunto de manifestaciones socio-culturales. Es éste acoplamiento lo que permite la actual manifestación y despliegue de la hibridación3 en el actual clima cultural de posmodernidad. Pero este acoplamiento tiene, a lo menos, una afinidad y una diferencia con postulada por Maturana y Varela. La afinidad básica está dada en que ambos acoplamientos se producen por enlaces que no están determinados, en las distintas manifestaciones de lo real-existente, por fundamentos ontológicos. La diferencia es que, para Maturana y Varela, el ser vivo autopoiético, que se constituye de estos acoplamientos, es ciego al entorno, al sistema. En los acoplamientos que se consideran posmodernos esto no es así pues la distinción que Maturana y Varela proponen opera siempre sobre una totalidad incognoscible, con lo cual el individuo seguiría estando limitado a un pensamiento puramente constructivista-representacional, debido a que la posibilidad de acceso al sistema no existiría. Pero la realidad del individuo no es solamente una totalidad sistémica de la cual produce distinciones como observador, ni tiene una pre-determinación que lo condicione de manera puramente alienada. Por otra parte, la distinción –que Luhmann trae a las ciencias sociales– va a producir una escisión entre el individuo y el sistema. Dicho supuesto considera que lo real-existente puede escindirse en dos partes, lo ideal-categorial, que para ellos es el lenguaje, con una específica función de coordinación, y lo material-vivencial, el ser vivo autopoiético ciego ante el sistema-entorno. Con ello se vuelve a señalar distinciones metafísico-binarias con respecto a lo real-existente, en la medida que el lenguaje operaría de una forma paradójica al constituir el conocimiento, el que es un conocimiento que conoce pero que no sabe en sí lo que conoce, si esto es así, el conocimiento sería una especie de representación de una pura percepción neuro-sináptica frente a un sistema siempre desconocido y en permanente flujo sistémico, completamente ajeno al individuo, salvo en la forma de distinción. Quizás por ello, para Luhmann, el sistema sea tan determinante en lo social-contemporáneo. La diferencia en cambio, se ubica siempre dentro del lenguaje, que aunque acoplado con un sinnúmero de otras máquinas que constituyen el ser autopoiético siempre opera desplazado y no produce disyunciones taxativas sino, más bien, envolturas con respecto a lo real-existente. El acoplamiento posmoderno entonces no es una función que el “ser autopoiético” realiza al producir “distinciones” con el entorno, sino que, más bien, es una operación de acoplamiento y diferencia que se establece en el código lingüístico, la cual permite que se constituya lo híbrido como una manifestación de lo diverso desde un punto de vista socio-cultural.

Precisemos esto con un ejemplo. En Chile, es el pueblo mapuche el grupo cultural local mayoritario entre los considerados pueblos “autóctonos” del país, aunque la composición socio-cultural de todo el territorio nacional actual corresponde también al aporte de un sinnúmero de otras culturas locales pre-hispánicas asentadas en dicho espacio territorial. El encuentro de todas ellas con occidente se produjo, aproximadamente, desde 1524 en adelante. Occidente, en parte, se “acopló”, o sea, produjo agrupaciones por reconocimiento y afinidades con múltiples posibilidades socio-culturales existentes en los grupos locales, constituyendo lo que luego llegó a concebirse, en ese espacio, como “lo chileno”, pero que en términos más plurales podemos enunciar como lo “híbrido” en la constitución de los diversos países que constituyen América latina4.

Dicho acoplamiento tiene diversas manifestaciones socio-analíticas, pero son precisamente las menos evidentes, las que viven como una “huella” de dicho acoplamiento, las que dan cuenta de él. Es en el lenguaje que se ha “naturalizado” e “invisibilizado”, por lo sistemático y común de su uso, el lugar donde podemos encontrar sus evidencias más interesantes. En Chile existe el término de “pololeo” para referirse a la relación sentimental que une a dos individuos, la cual se ubica, para situarla de alguna manera, entre la relación ocasional, la cual no implica ningún compromiso más que la relación en sí misma, hasta el “noviazgo”, en el cual los individuos se comprometen en matrimonio. Lo importante que se destaca en este caso específico, es que el pololeo funciona como una categoría extendida que se despliega como un particular tipo de relación social-sentimental en Chile. Esto permite que dicha práctica circule por la “sociedad” chilena como una diferencia con el resto de otros países de habla castellana, que no tiene el mismo término para designar un tipo de vínculo similar, se dé éste o no. La práctica del pololeo consiste básicamente en el establecimiento de una relación de pareja que aunque no es “ocasional”, tampoco se considera de tanta importancia como el “estar de novios”.

Pololeo tiene su raíz etimológica en pululeo. Dicho término es parte del lenguaje oral que hablaban –y hablan– las comunidades mapuches al momento de la llegada del “hombre occidental” a sus territorios, dicho lenguaje denominado mapudungún5, no poseía una escritura del tipo gramatológico6, era oral, sin embargo, fue capaz de acoplarse a otros códigos, tanto lingüísticos como sociales, para perdurar como una huella y como una categoría que se asocia a una práctica sentimental específica de los chilenos en el ámbito socio-cultural. Se produce, de esta manera, el acoplamiento de un código fonético que se obtiene básicamente del lenguaje oral del pueblo mapuche con el gramatológico castellano; con ello logra, dicho elemento del código fonético, circular por un nuevo código. Luego, entonces, se castellaniza y logra desplegarse como “pololeo”, término que permite designar una categoría acoplada a un tipo de relación social específica que, en la sociedad chilena, es masiva y habitual sobre todo entre adolescentes y jóvenes. De ahí que el encuentro de occidente con los pueblos que encontraron a su paso produjo movimientos múltiples, lo más evidente es mostrar la “hegemonía” lograda por Europa en todos esos pueblos, como también las resistencias y sincretismos logrados en el encuentro de las diversas culturas locales con él. Es lo que generalmente se ha llamado el “mestizaje cultural” de lo latinoamericano. La hibridación que promueve este tipo de acoplamiento es algo distinto pues se despliega en lo menos evidente, en lo “naturalizado”, en lo “invisivilizado”, en la “huella”, que se constituye en una práctica social particular. Es precisamente la capacidad de acoplamiento de lo real-existente lo que ha permitido que pululeo pueda perdurar. Pululeo en mapudungún significa el lugar de los secretos, designaba en esa cultura local la unión de un hombre con una mujer, los cuales al hacer esto pasaban a formar un cúpol7. En Chile, el pololeo es, sin duda, el lugar de los secretos para todos aquéllos que lo practican. Con ello el pueblo mapuche no sólo vive entre los chilenos de manera evidente en sus comunidades o “integrado” a lo chileno, sino que también habita en la huella constituyente de los relatos y las prácticas sentimentales de dicho país. El acoplamiento producido entre dos espacios culturales diversos constituye la hibridez, la cual se ha desplegado hasta lo social-contemporáneo. El pololeo habita el lugar de los secretos, es una “prueba” de la hibridación de lo cultural y del acoplamiento de los relatos constituyentes de lo social provenientes de espacios socio-culturales diversos.

Lo real-existente deviene acoplado, esto se ve en la multiplicidad de “enlaces” que se dan en la estructura atómica y microatómica constituyente de la materia, o en el código genético de los sistemas autopoiéticos. La posibilidad de “reconocimiento” entre dos entes se produce porque entre ellos es posible el acoplamiento. Pensemos en un virus que se acopla al organismo humano, el reconocimiento se produce en la medida que el código genético de dicho virus se acopla al código humano, desencadenando un conjunto de efectos en la organización del individuo, el virus, de alguna manera, pasa a formar parte de la autopoiésis humana, independientemente de que esto afecte su estado de equilibrio dinámico al punto de poder producir la muerte del individuo que es “infectado”. En lo social y lo cultura, siendo partes de lo real-existente ocurre algo similar, en cuanto a la diversidad de acoplamientos posibles del “código”, éste aunque múltiple tiene una limitación que está dada por la afinidad de los enlaces, a todo nivel. Dicho acoplamiento produce una hibridización de las culturas, no la negación de una de ellas por la otra pues el acoplamiento se da siempre en la posibilidad de la compatibilidad y la afinidad del código, sin importar necesariamente las consecuencias posteriores. El código genético es compatible, se encuentre en virus o humanos; el lenguaje de las diversas comunidades socio-culturales, al mostrar sus acoplamientos, muestra lo mismo.

El acoplamiento posmoderno es una operación socio-cultural que funciona por reconocimiento de múltiples códigos –múltiples lenguajes– que se enlazan y producen la hibridación por afinidad socio-cultural. Pero en la fluidez de lo posmoderno, con el aumento de la velocidad de circulación de los diversos lenguajes en el mundo global de la tercera fase de expansión del capitalismo, se puede apreciar que la hibridez despliega de modo más evidente constituyendo una de las características posibles del actual clima cultural de la posmodernidad.

La hibridez representa un movimiento nómada de problemáticas culturales con respecto al otro y a la otredad, es un movimiento recodificador e innovador entre dos componentes socio-culturales que se encuentran y se acoplan separándose de las prácticas anteriores por la recombinación fluida del código. Lo híbrido como característica socio-analítica de lo social-contemporáneo se constituye, sobre todo, a partir del despliegue “(…) de fuerzas centrípetas y centrífugas resultantes de la catastrófica acción de la modernización económica y tecnológica sin que ésta llegue a ser apocalíptica”8, en la medida que el capitalismo multinacional se constituye en hegemónico a nivel planetario aumenta la posibilidad de los encuentros de diversos espacios socio-culturales entre sí, con lo cual la hibridación, como operación social, se vuelve, a su vez, recurrente. La hibridación y lo híbrido, al ser conceptos que se han recepcionado de la biología provocan cierto resquemor, de ahí que algunos prefieran seguir hablando de “(…) sincretismo en cuestiones religiosas, de mestizaje en historia y antropología, de fusión en música” (García c. 1990: III). Pero la evidencia del acoplamiento y de lo posmoderno da la posibilidad de desplegar nuevas posibilidades socio-analíticas, con lo cual se designa como hibridación a todos los procesos socio-culturales en los que estructuras o prácticas discretas, que existían en forma separada, se acoplan y se combinan para desplegar nuevas operaciones socio-culturales, teniendo siempre presente que si existen operaciones llamadas discretas éstas fueron, a su vez, el resultado de acoplamientos anteriores que produjeron hibridaciones circunscritas a culturas locales, por lo cual no pueden ser consideradas fuentes “puras”. De esta manera la pretensión de un origen es puesto en duda de la misma manera que el simulacro9 de lo social-contemporáneo pone en duda la representación de lo real en base a un original, el que eventualmente nunca ha existido. Lo socio-cultural deviene acoplado, con ello la posibilidad de la diferencia, de lo híbrido, como posibilidad de desplegar un particular lenguaje sobre lo que en sí se acopla, se constituye en enlaces de afinidad y compatibilidad del código lingüístico. Con ello se elude lo original de un lenguaje que pueda o pretenda establecerse como “modelo” para los restantes, como una especie de base estable y genuina de lo socio-cultural.

El énfasis en la hibridación no sólo clausura la pretensión de establecer identidades “puras” o “auténticas”, sean éstas hegemónicas o no, además pone en evidencia el riesgo de delimitar identidades locales autocontenidas o que intenten afirmarse como radicalmente opuestas a la sociedad nacional o la globalización. Cuando se define, señala García Canclini, “(…) una identidad mediante un proceso de abstracción de rasgos (lengua, tradiciones, conductas estereotipadas) a menudo se tiende a desprender esas prácticas de la historia de mezclas en que se formaron (…)” (1990:VI). Como consecuencia, se absolutiza un modo de extender la identidad y se rechazan maneras plurales de hablar la lengua, hacer música, interpretar las tradiciones o habitar lo social-contemporáneo. Si esto fuera así se acabaría, en suma, obturando la posibilidad de modificar la cultura, la política y el saber, estableciendo, con ello, una permanente falta de capacidades socio-analíticas desde donde comprender y actuar sobre los constituyentes del actual despliegue del capitalismo, como de su particular clima cultural. Ya no basta, enuncia nuevamente García Canclini “(…) con decir que no hay identidades caracterizadas por esencias autocontenidas y ahistóricas, ni entenderlas como las maneras en que las comunidades se imaginan y construyen relatos sobre su origen y desarrollo” (1990:VII). En un mundo tan fluidamente interconectado, las sedimentaciones identitarias organizadas en conjuntos históricos más o menos estables (etnias, naciones, clases) se reestructuran en medio de grupos interétnicos, transclasistas y transnacionales, con lo cual los acoplamientos se vuelven cada vez más relevantes para eludir las categorías auto-centradas de la modernidad, tales como la identidad o el sujeto. Los conceptos de acoplamiento y la hibridación aparecen más dúctiles para nombrar no sólo las combinaciones de elementos étnicos o religiosos, o inclusive biológicos, sino también la de productos de tecnologías avanzadas y procesos sociales posmodernos, como la producción de conocimiento, los cuales se despliegan también desde la afinidad, por acoplamiento e hibridación.

Lo atractivo de tratar del acoplamiento y la hibridación como un concepto afín al mestizaje, sincretismo, fusión y los otros vocablos empleados para designar mezclas particulares, tiene que ver con la posibilidad que éste se despliega como una posible lectura socio-analítica de lo social-contemporáneo. Tal vez la cuestión decisiva que el acoplamiento y la hibridación permiten en relación a los otros conceptos que designan la “mezcla” de lo social-contemporáneo, no es convenir cual de esos conceptos abarca más y es más fecundo, sino como seguir construyendo principios teóricos y procedimientos metodológicos que ayuden a volver al mundo de la fluidez social más traducible, comprensible y convivible en medio de sus diferencias. De esta manera se pueden reconstruir mapas socio-analíticos y socio-cognitivos que permitan una lectura en lo social-contemporáneo desde el acoplamiento y la hibridación en sus componentes societales y existenciales. El actual despliegue del capitalismo multinacional implica movimientos de estructuración y desestructuración de las sociedades pensadas anteriormente desde lo nacional y lo estatal, con ello la hibridación permite no sólo la homogenización de ciertos componentes y funciones sociales sino también la permanente y posible resignificación de lo que se acopla e hibridiza. Si existe algo como una “cultura global” es tan sólo para designar un particular clima cultural que deviene hegemónico, pero dicho clima cultural no es, ni mucho menos, una determinante unívoca e inmodificable de habitar lo social-contemporáneo, sino más bien un collage con posibles afinidades desplegado desde el acoplamiento y la hibridación. En este contexto, hay que considerar tanto las hegemonías culturales, como también las especificidades de cada acoplamiento en su producción de afinidades múltiples en lo híbrido, lo cual no consiste en proponer totalidades, sino en destacar la contingencia de toda producción semiótica-material.

Esto implica un ejercicio de desnaturalización, en tanto que las categorías socio-analíticas no surgen de hecho, ni de la naturaleza de las cosas, sino de las luchas semiótico-materiales concretas, con lo cual el despliegue del acoplamiento y la hibridación, en lo que de condicionamiento y determinación socio-cultural poseen, no es un movimiento determinista sino, por el contrario, es una “política de desnaturalización” de lo social-contemporáneo. Se trata precisamente de complejizar lo dado como evidente, sea éste el capitalismo multinacional o una específica forma de concebir el saber. El acoplamiento y la hibridación, en lugar de considerar una diferencia como pura alteridad radical que se enfrenta a una identidad desde una postura dialéctica, se propone una que se deslice produciendo afinidades por acoplamiento dentro de otras diferencias.

El acoplamiento permite que se conjuguen, por afinidad, heterogeneidades diversas donde lo híbrido no es un dato suplementario, sino la posibilidad de desterrar las maneras binarias de pensar la diferencia, en la medida que ésta no se piensa sólo como límite o separación entre dos entes o configuraciones socio-culturales específicas, sino como un entre, es decir como una especie de bisagra que fluye entre las fronteras produciendo afinidades por acoplamiento. El entre es el nuevo territorio producido por el acoplamiento y el despliegue de la hibridación y busca conjurar las propuesta de la identidad como unidad. Se busca eludir la posibilidad de constituir cualquier tipo de identidades esencializadas y naturalizadas, y producir afinidades por acoplamiento, móviles, pluritonales, desplegadas desde la posibilidad del cambio permanentemente, en la medida que la fluidez de lo social-contemporáneo promueve la movilidad de lo socio-cultural al establecer como su territorio todo el entramado semiótico-material de lo real-existente. En el actual clima cultural de posmodernidad el acoplamiento y la hibridación pueden constituir posibilidades socio-analíticas de registro de lo fluido y lo móvil, el pululeo es un relato de ello.

 

NOTAS

1Cfr. Maturana H.; Varela F. 1994. El árbol del conocimiento. Santiago de Chile: Universitaria.

2Cuando se usa el término ‘entorno’ lo hacemos sólo para diferenciar lo que se ubica fuera de la barrera semi-permeable que delimitan a los seres vivos en su relación con el medio en donde desenvuelven su existencia.

3En biología, hibridación designa a aquel proceso de cruce de dos especies diferentes pero compatibles genéticamente, con lo cual generan descendencia.

4Evidentemente dicho encuentro produjo un sinnúmero de situaciones de negación y exterminio de culturas locales, todo lo cual está muy documentado en diversas investigaciones socio-históricas.

5El término significa ‘el habla de la tierra’ (mapu: "tierra"; dùngun: "hablar")

6Actualmente dicha lengua posee una escritura de este tipo, la cual se despliega, sobre todo, de la ‘castellanización’ de su fonética.

7Cúpol significa "familia" en lengua mapuche.

8García Clanclini, N. 1990. Culturas híbridas. México: Grijalbo. 46.

9Cfr. Baudrillard, J. 2002. Cultura y simulacro. Barcelona: Kairós.

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Correspondencia a:
Angol 22,
astrolabio26@hotmail.com