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Estudios atacameños

versão On-line ISSN 0718-1043

Estud. atacam.  no.53 San Pedro de Atacama  2016  Epub 14-Dez-2016

 

 

TOCONAO ORIENTE: REFERENTE EN LA PERIODIFICACIÓN AGROALFARERA DE SAN PEDRO DE ATACAMA

 

Agustín Llagostera1

1 Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad de Antofagasta. Av. Angamos 601, Antofagasta, CHILE. Email: allagostera@vtr.net


Resumen

El cementerio arqueológico de Toconao Oriente fue utilizado por Tarrago (1968 y 1989) como prototipo para definir la fase temprana del Período Agroalfarero de San Pedro de Atacama; sin embargo, hasta el momento solo se han realizado análisis parciales y no se ha hecho una revisión detallada y completa del mencionado sitio. Por este motivo, hemos considerado importante llevar a cabo un análisis integral y una evaluación de sus contextos, con el fin de aportar mayor información para el conocimiento más documentado de un yacimiento considerado un referente fundamental en la estructura de la secuencia cronológica del Período Agroalfarero de San Pedro de Atacama. El entrecruzamiento de la información de los contextos funerarios facilitó la segregación de asociaciones de acuerdo a las coincidencias y divergencias tipológicas, logrando definir cuatro agrupaciones contextuales, las que a su vez se contrastaron con las fases definidas para la periodificación de San Pedro de Atacama. Esto ha permitido determinar que Toconao Oriente es un sitio que presenta varias fases, incluyendo las Fases Toconao, Séquitor, Quitor y Coyo. Asimismo, fue posible definir y caracterizar con mayor detalle y certeza la Fase Toconao.

Palabras claves: Arqueología de San Pedro de Atacama - periodificación - alfarería - contextos funerarios.


Abstract

Toconao Oriente is an archaeological cemetery located in the modern town of Toconao, on the edge of the Salar de Atacama (Antofagasta Region), approximately 40 km from San Pedro de Atacama. Tarragó (1968,1989) employed this cemetery as a type site in defining the early Agro-ceramic period of San Pedro de Atacama; however, to date only partial analyses have been conducted and there is no detailed and comprehensive review of the site. Consequently, we have considered it important to conduct a comprehensive analysis and evaluation of the mortuary contexts in order to provide more information concerning a site that is considered to be a fundamental reference in our understanding of Agro-ceramic period San Pedro Atacama. Correlating and linking information from the funerary contexts has facilitated the creation of four groups according to typological synchrony and divergence, which in turn are compared to the phases defined in the San Pedro de Atacama periodization. This has established that Toconao Oriente is a site representing several periods including the Toconao, Séquitor, Quitor, and Coyo phases. Moreover, it was possible to use these data to define and characterize the Toconao phase with more detail and certainty.

Keywords: Archaeology of San Pedro de Atacama - periodic sequence - pottery - funereal context.


 

Introducción

El sitio Toconao Oriente es un cementerio que se ubicaba en la localidad de Toconao, al borde del Salar de Atacama, región de Antofagasta, Chile, a 40 km de San Pedro de Atacama (Figura 1). Fue excavado por Le Paige, registrando 561 individuos sepultados en 368 tumbas. El sacerdote señala que la composición del terreno destruyó todos los tejidos y casi todos los objetos de madera, persistiendo casi exclusivamente la alfarería (Le Paige 1973). Indica, además, que en este sitio le fue posible encontrar y estudiar toda una zona de evolución de la cerámica en este cementerio, pasando desde la Roja Pulida globular hasta la Negra Pulida clásica (Le Paige 1973).

 

Figura 1. Mapa con ubicación de las localidades de San Pedro de Atacama
y Toconao.

 

Para este sitio, siempre con base en la alfarería, el investigador identifica los períodos I, II y III de su secuencia cronológica, con sus correspondientes tramos de transición. Enfatiza especialmente el tema de las transiciones al decir que una primera corresponde al paso del Rojo Pulido al Negro Pulido; en la segunda y la tercera se observa el paso de la Negra Pulida a la negra "casi" pulida. Destaca, como hecho importante, la superposición de tumbas; entre éstas, la tumba 4646 que tiene dos capas: la capa superior contiene solamente alfarería Negra Pulida clásica y la inferior Roja Pulida, testimoniando la transición del Rojo al Negro Pulido clásico. Basado en lo expuesto, efectúa segregación de tumbas de acuerdo a la manera en que los tipos cerámicos se presentan en la secuencia evolutiva: tres tumbas solo con Rojo Pulido, ocho con rojo y tipo transición, 17 con Rojo y Negro Pulido (sin tipo transición), 13 con tipo transición y Negro Pulido, 159 solo con Negro Pulido, dos con alfarería Negra Pulida y negra "casi" pulida y 19 solo con negra "casi" pulida. Lamentablemente, aparte de este alcance no se detiene a profundizar más detalles en su análisis. En todo caso, con esto queda claro que el sitio se presenta como un yacimiento que se desarrolló a través de varias fases en la secuencia temporal.

Tarragó (1989), quien en su trabajo de tesis doctoral desarrolla un amplio análisis contextual de varios sitios de San Pedro de Atacama, toma Toconao Oriente como prototipo para definir la segunda de las ocho fases de la secuencia por ella estructurada para el Período Agroalfarero de San Pedro de Atacama. Sin embargo, no profundiza sobre este cementerio ya que este sitio fue trabajado por Le Paige con posterioridad a la permanencia de ella en la localidad; es así que su referencia a los contextos no se basa en análisis directo del material del sitio, sino en inferencias desde otros cementerios.

Orellana (1991) se ocupó de los contextos culturales tempranos de Toconao Oriente, para lo cual seleccionó tumbas específicas en las que se hacen presentes artefactos considerados como tempranos (urnas modeladas, pipas, tabletas y tembetás); describe los contextos asociados a esas tumbas y los contrasta con las tumbas fechadas por Berenguer y colaboradores (1986). Además, compara Toconao con sitios de la localidad vecina de San Pedro de Atacama, llegando a decir que entre este sitio y aquéllos "hay muchas relaciones culturales, lo que nos hace pensar que ellos forman parte de un desarrollo cultural unitario". Considerando lo expuesto, Orellana propone "un nuevo intento de periodificación" para lo que él llama "área de la cultura San Pedro de Atacama"; periodificación que estaría conformada por siete fases, dentro de las cuales el período Temprano estaría representado por las Fases I y II, y se iniciaría por lo menos tres siglos antes de la era cristiana y terminaría hacia el 300 DC.

En consecuencia, dado que hasta el momento solo se han realizado análisis parciales y no se ha hecho una revisión detallada y completa del sitio, hemos considerado importante llevar a cabo una evaluación de sus contextos y así aportar información más detallada de un yacimiento considerado un referente fundamental para la estructura de la secuencia del Período Agroalfarero de San Pedro de Atacama.

Contextos alfareros

Tal como Le Paige ha señalado, en este sitio se ha conservado prácticamente solo la alfarería, lo cual, aun lamentando la pérdida de otros componentes de los contextos funerarios, no deja de ser alentador, ya que -como Tarragó lo expresa-, la cerámica "actúa como un indicador de cambio cultural de gran sensibilidad tanto en el eje vertical cronológico como en la diferenciación espacial" (Tarragó 1989: 35).

Dado que Le Paige marcó cada pieza cerámica con el número que correspondía a la tumba en que fue encontrada, y basándonos en sus apuntes de terreno, fue posible recomponer los contextos alfareros de las unidades funerarias. Realizado este proceso de contraste entre apuntes y colección, se seleccionó aquellas tumbas que daban la mayor confiabilidad en su composición, desechándose las que a nuestro juicio presentaban ciertas dudas en sus contextos. De esta manera, de un total, de las 368 tumbas registradas por Le Paige para Toconao Oriente, se ha contabilizado 231 tumbas con alfarería. De éstas, después del proceso señalado, se logró seleccionar 135 tumbas para someterlas a un análisis comparativo entre sus contextos. A su vez, esto significó disponer de 827 piezas cerámicas para analizar. A través de este procedimiento se obtuvo un material depurado con el fin de validar la muestra disponible para el objetivo propuesto.

De acuerdo a los atributos morfológicos de las piezas alfareras fue posible diferenciar 24 tipos (Figuras 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9). Ha sido condición primordial que cada tipo cuente con más de un ejemplar con similares atributos para ser considerado como tal; en los casos en que aparece solo un ejemplar, éste ha sido considerado como atípico.

 

Figura 2. Alfarería representativa de la Fase Toconao: (a y b)
Tipo 9, (c y d) Tipo 17, (e) Tipo 2, (f) Tipo 12, (g y h) Tipo 8.

 

Figura 3. Alfarería representativa de la Fase Toconao:
(a, b y c) Tipo 24, (d y e) Tipo 22, (f) Tipo 11, (g) Tipo 20,
(h e i) Tipo 4, (j) Tipo 5.

 

Figura 4. Alfarería representativa de la Fase Séquitor:
(a, b y c) Tipo 13, (d) Tipo 1, (e y f) Tipo 7, (h) Tipo 24,
(i) Tipo 20.

 

Figura 5. Alfarería representativa de la Fase Séquitor:
botellones antropomorfos (Tipo 21), destacando la variedad
de cuerpos, cuellos y de representaciones faciales.

 

Figura 6. Alfarería representativa de la Fase Séquitor:
botellones antropomorfos (Tipo 21), destacando la variedad
de cuerpos, cuellos y de representaciones faciales.

 

Figura 7. Alfarería representativa de la Fase Quitor: (a, b y c)
Tipo 3, (d) Tipo 16, (e) Tipo 12, (f, g) Tipo 18, (h, i, j) Tipo 19.

 

Figura 8. Alfarería representativa de la Fase Quitor: botellones
antropomorfos (Tipo 23).

 

Figura 9. Alfarería representativa de la Fase Coyo: (a) Tipo 15,
(b) Tipo 14, (c y d) Tipo 6, (e y f) Tipo 10.

 

Para la descripción de los tipos nos ajustamos lo mejor posible a la nomenclatura y formatos elaborados por Tarragó (1989) para, de esta manera, evitar crear mayor complejidad en la taxonomía2. En los casos pertinentes se señalan las correspondencias o similitudes e, incluso, se indican las figuras que en el texto de la autora ilustran las formas referidas.

Formatos simples

Cilíndricos

Tipo 1 (Figura 4d). Vasos cilíndricos altos, de base plana y con dos pequeñas asas amamelonadas horizontales o verticales (Tarragó: NPIpAH, figs. 11.1 y 11.2). Fechas: 230 DC (Berenguer et al. 1986, fig. 10)

Tipo 2 (Figura 2e). Vasos cilíndricos altos, de base plana, con un asa cintiforme vertical. (Tarragó: NPIpaV, fig. 8.1). Fechas: 90 DC (Berenguer et al. 1986, fig. 5).

Tipo 3 (Figuras 7a-c). Vasos subcilíndricos altos, de paredes convergentes hacia la boca, base plana, con pequeñas asas horizontales o verticales. (Tarragó: NPIIpAH, figs. 11.6, 11.7, 11.10). En el caso de las asas verticales, éstas pueden representar esquemáticamente la figura de un animal. Fechas: 720 DC (Berenguer et al. 1986, fig. 19).

Troncocónicos

Tipo 4 (Figuras 3h-i). Vasos bajos, abiertos, troncocónicos invertidos con ancho mayor que alto, base plana o levemente convexa, dos asas horizontales cintiformes ubicadas en la parte media de la pieza (Tarragó: NPIIIpAH, fig. 12.1). Se distingue una variedad sin asas. Fechas: 170 AC y 90 DC (Berenguer et al. 1986, figs. 2 y 5).

Tipo 5 (Figura 3j). Vasos abiertos, en forma de cono invertido, de altura igual o levemente menor que el ancho, dos pequeñas asas horizontales amamelonadas ubicadas en la proximidad del borde. Fechas: 140 DC (Berenguer et al. 1986, fig. 7).

Tipo 6 (Figuras 9c-d). Vasos abiertos, tronco cónicos invertidos con el tercio superior levemente evertido, base convexa, sin asas o con dos insinuaciones en el labio.

Tipo 7 (Figuras 4e-f). Vasos altos, abiertos, tronco cónicos invertidos, base plana o levemente convexa, dos asitas horizontales o verticales; estas últimas pueden tener un formato zoomorfo. (Tarragó: NPIIIcAH, fig. 8.6). Fechas: 560 DC (Berenguer et al. 1986, fig. 15).

Esferoidales

Tipo 8 (Figuras 2g-h y 4g). Escudillas abiertas, sección hemiesférica, base levemente convexa o plana, dos asitas verticales u horizontales en el borde, las que pueden estar perforadas o no.

Tipo 9 (Figuras 2a-b). Escudillas abiertas de sección hemiesférica con variación en su profundidad, base levemente convexa o plana, sin asas.

Tipo 10 (Figuras 9e-f). Escudillas hemiesféricas o hemielípticas expandidas, base convexa con mayor o menor pronunciamiento (Tarragó: GPGIVc, fig. 19.3).

Tipo 11 (Figura 3f). Vasijas cerradas, esferoidales, de base plana, pudiendo ésta ser pronunciada a través de una leve inflexión, bordes con leve inflexión o sin ella, dos asas labio adheridas verticales y perforadas que sobresalen del reborde (Semejantes Tarragó: NPVIIcALV, fig. 8.12).

Tipo 12 (Figura 2f y 7e). Escudillas abiertas o levemente cerradas, simples, sección hemiesférica, base convexa, dos asitas horizontales que se proyectan desde el labio, las que pueden presentar incisiones circulares o alargadas en número de uno o más.

Tipo 13 (Figuras 4a-c). Vasijas levemente cerradas de cuerpo hemiesférico, base convexa o semi plana, borde diferenciado o no, asas amamelonadas horizontales o verticales preferentemente de inserción en el tercio superior del cuerpo (Tarragó: NPXcMH, fig. 12.10).

Ovoidales

Tipo 14 (Figura 9b). Vasijas cerradas, ovoides, base convexa sin diferenciación del cuerpo, borde levemente diferenciado. Variante A: con dos mamelones verticales de inserción baja a modo de asas (Tarragó: VIIcMV, figs. 13.2 y 13.3). Variante B: sin mamelones (Tarragó: NPVIIc. figs. 13.1 y 13.4).

Tipo 15 (Figura 9a). Vasijas cerradas, ovoides, base convexa sin diferenciación del cuerpo, con cuello cilíndrico de menor o mayor proyección y sin asas (Tarragó: NPVIc, figs. 8.5 y 14.6).

Elipsoidales

Tipo 16 (Figura 7d). Escudillas abiertas, simples, sección elipsoidal expandida, labio evertido, base convexa, dos asitas horizontales en la porción mesial.

Tipo 17 (Figuras 2c-d). Vasijas levemente cerradas, sección subelipsoidal, base convexa, cierto pronunciamiento en la curvatura entre la base y el cuerpo, dos asitas horizontales a mitad del cuerpo o en la proximidad del borde.

Tipo 18 (Figuras 7f-g). Vasijas cerradas, simples, sección elipsoide, base convexa, labio evertido, dos asas amamelonadas en la parte mesial del cuerpo, las que pueden ser horizontales o verticales (Tarragó: NPXIIcZV, fig. 12.8). Fechas: 620 DC (Berenguer et al. 1986, fig. 17).

Tipo 19 (Figuras 7h-j). Vasijas cerradas, base levemente cóncava pero bastante bien diferenciada por acentuada inflexión, borde marcadamente evertido, asas verticales amamelonadas ubicadas en la parte media o baja del cuerpo. Algunos ejemplares tienen representaciones de rostros que remedan aquellos del Tipo 23 (Tarragó: NPXiiicZV, fig. 8.8). Fechas: 510 DC y 620 DC (Berenguer et al. 1986, figs. 14 y 17)

Formatos compuestos3

Ovoidales

Tipo 20 (Figuras 3g y 4i). Vasijas cerradas de cuerpo en forma de ovoides, cuello de paredes rectas o cóncavas, fondo cónico aunque algunas derivan a base convexa, dos asas verticales con un extremo labio adheridas. Algunas de tamaño grande (80 y 50 cm), otras más pequeñas (35 y 25 cm) (Tarragó: IoLV, figs. 10.1, 10.2). Fechas: 350 AC, 120 DC y 325 DC (Berenguer et al. 1986, figs. 1, 6 y 12).

Tipo 21 (Figuras 5 y 6). Botellones de cuerpo ovoide, cuello de paredes cóncavas o levemente convexas, base convexa. Dos rostros antropomorfos estilizados ubicados en posiciones opuestas sobre el cuello, diseñados sobre un medallón al pastillaje, en una diversidad de formatos. En el contorno superior del medallón un reborde protuberante representa las cejas y la nariz; los ojos normalmente son protúberos circulares u ovalados, con las pupilas indicadas por medio de una incisión. La boca (o los dientes) está representada por incisiones que pueden ser circulares o alargadas verticalmente, en número de una o más, siendo tres la cantidad más recurrente; otras en forma de estrías parecen representar la barba. Dos protúberos verticales, ubicados en el cuello, en posiciones laterales a los rostros, cumplen la representación de orejas. Fechas: 310 DC (Berenguer et al. 1986, fig. 11).

Se puede diferenciar tres variantes en este tipo: a) cuello de tendencia troncocónica invertida y tanto los protúberos oculares como su excisión central son alargados horizontalmente; b) cuello de tendencia cilíndrica levemente abultado asociado con ojos preferentemente circulares; c) cuello de tendencia troncocónica normal marcadamente abultado, algunos ejemplares con el borde labial levemente evertido, orejas más amplias y la base del cuerpo es menos convexa que en las variantes anteriores.

Tipo 22 (Figuras 3d-e). Vasijas cerradas de cuerpo moderadamente ovoidal, cuello de paredes rectas o cóncavas, borde acentuadamente evertido, base plana (algunas veces claramente diferenciada por proyección); algunos ejemplares presentan en el cuello dos asitas perforadas o sin perforar (Tarragó: RPpA, fig. 9.4). Fechas: 170 AC, 90 DC y 150 DC (Berenguer et al. 1986, figs. 2, 5 y 8).

Tipo 23 (Figura 8). Botellas de cuerpo ovoide, base convexa, cuello subcilíndrico normalmente abultado, labio evertido. La representación del rostro ha perdido el medallón que se observaba en el Tipo 21, resta solo un moderado levantamiento horizontal en el lugar de las cejas (en algunos caso no existe). Los ojos han perdido los protúberos y tanto éstos como la boca están representados por incisiones circulares, dos para los ojos y dos o tres para la boca; dos amplios protúberos verticales situados lateralmente en el gollete asumen el rol de las orejas (Tarragó: NPDXIIc, fig. 8.19).

Globulares

Tipo 24 (Figuras 3a-b). Cántaros con cuerpo de variado formato (elipsoidal, ovoidal o esferoidal), cuellos cilíndricos de paredes cóncavas y labio evertido, base plana o convexa, dos gruesas asas horizontales en la parte media-superior del cuerpo. Un subtipo se caracteriza por presentar cuello troncocónico invertido sin diferenciación del labio y base cónica (figs. 3c y 4h). (Semejante en Tarragó: NPVIIIpAH, figs. 8.16, 8.14, 14.10 y 14.11). Fechas: 90 DC (Berenguer et al. 1986, fig. 5).

Atípicas

Tipo 0. En los casos en que aparece solo un ejemplar, éste ha sido considerado como atípico, no dando base para estructurar un tipo. Para considerarlos grupalmente se les ha asignado como Tipo 0.

Asociaciones tipológicas

Aplicando la tipología precedente se procedió a reconstruir las correspondientes asociaciones funerarias para cada una de las tumbas que portan alfarería en sus contextos. Solo fueron consideradas aquellas tumbas cuyos contextos dan seguridad en la identificación de sus componentes alfareros, desechándose las tumbas múltiples, las que podrían estar contaminadas por mezcla de fases. Esto permitió disponer de una matriz de análisis comparativo aplicado al conjunto de tumbas, donde para cada unidad funeraria se desplegó su contexto alfarero, representando los tiestos por sus correspondientes tipos. Una vez que cada tumba tuvo definido su contexto tipológico se procedió a separarlas de acuerdo a sus divergencias tipológicas y, al mismo tiempo, conformar grupos según sus coincidencias de tipos. El entrecruzamiento de la información facilitó la conformación de asociaciones tipológicas, logrando definir cuatro conjuntos mayores, según la presencia y persistencia de determinados tipos. Es así que se segregaron cuatro agrupaciones contextuales (clusters) en las que cada una de ellas se manifestó por la alta frecuencia de determinados tipos y la ausencia o muy baja presencia de otros.

De acuerdo a la metodología señalada, se obtuvieron las siguientes agrupaciones: Cluster A: conformado preferentemente por los tipos 2, 4, 20, 22 y 24 y en menor proporción los tipos 5, 8, 9, 11 y 17 (Tabla 1); Cluster B: conformado preferentemente por los tipos 1, 7, 20 y 21 y en menor proporción los tipos 3, 8, 12, 13, 16, 18 y 24 (Tabla 2); Cluster C: conformado preferentemente por los tipos 3, 16, 18 y 23 y en menor proporción los tipos 1, 7, 12, 19, 20 y 24 (Tabla 3); Cluster D: conformado preferentemente por los tipos 10 y 14 y en menor proporción 6 y 15 (Tabla 4). La composición comparativa de clusters se sintetiza en la Tabla 5.

 

Tabla 1. Asociaciones contextuales por tipos alfareros en tumbas de la Fase Toconao.

 

Tabla 2. Asociaciones contextuales por tipos alfareros en tumbas de la Fase Séquitor.

 

Tabla 3. Asociaciones contextuales por tipos alfareros en tumbas de la Fase Quitor.

 

Tabla 4. Asociaciones contextuales por tipos
alfareros en tumbas
de la Fase Coyo.

 

Tabla 5. Representatividad de tipos en los clusters por orden de predominancia.

 

Contextos asociados

Pipas

En Toconao Oriente se encuentran pipas en las siguientes tumbas: 4203-05-05bis, 4263, 4317, 4372, 4380-81, 4383bis, 4393-94, 4635, 4646-48, 4665-69 y 4708-09. Estas pipas son de cerámica y se clasifican de acuerdo a Boman (1932) como "pipas con hornillo vertical". Gili (2014) efectuó una detallada descripción de las pipas de San Pedro de Atacama y, posteriormente, Llagostera (2015) analizó estos artefactos en relación a la emergencia del psicotropismo en dicha localidad.

Algunas de las tumbas portadoras de pipas destacan por lo relevante de sus contextos. Entre ellas la 4317, con nueve tiestos cerámicos, un mazo de cobre y una gran pluma del mismo metal; la 4380-81 con una gran urna antropomorfa atípica; la 4383 con artefactos de cobre (una placa, pendientes en forma de "campanitas" y un tubo) y una tableta para alucinógenos; la 4635, cuyo hornillo está decorado con un rostro zoomorfo y posee un mazo de piedra; la 4646-48 con numerosa alfarería, un adorno de cobre, un mazo de piedra y una concha de caracol Strophocheilus; la 4665-69 registra 10 vasijas, una tableta para alucinógenos, placas de malaquita y turquesa y una concha de Strophocheilus.

La presencia de las pipas en los clusters es la siguiente: cluster A: 4372, 4380-81, 4393-94, 4635, 4646-48, 470809; cluster B: 4263 y 4317; cluster C: 4665-69; para el cluster D no se registra ninguna pipa.

De estos registros de pipas se tiene fechas por termo-luminiscencia para dos tumbas: 4646-48 = 120 DC. y 4263 = 230 DC (Berenguer et al 1986). La primera hace parte del cluster A y la segunda del cluster B.

Tabletas para alucinógenos

Para Toconao Oriente, los apuntes de Le Paige registran 14 tabletas en las siguientes tumbas: 4229-30, 4383bis, 4491, 4495-98, 4503-05, 4526, 4534, 4551, 4552, 4563, 4589, 4665-69, 4687-88, 4722. Por el deplorable estado de conservación del material orgánico en el sitio solo cuatro de ellas fueron recuperadas de terreno. Tres son de madera (4229-30, 4383bis y 4665-69) y una de hueso (4526). De todas ellas, los ejemplares factibles de ser asignados a determinados clusters son los siguientes: 4229-30 al cluster A; 4491 al cluster B; 4665-69 y 4687-88 al cluster C; 4387-88, 4534 y 4551 al cluster D.

En el ejemplar 4229-30 aparece representado un personaje antropomorfo de perfil, genuflexo, orientado hacia el lado derecho, portando un cetro, el que termina en su extremo inferior con una cabeza trofeo; el elemento decorativo que más se reitera son líneas en zigzag con triángulos alternadamente contrapuestos. Este personaje ha sido diseñado en el panel de la tableta combinando técnicas de calado y grabado. Debido al deterioro de la parte superior del panel no es posible conocer los detalles de su cabeza (Figura 10a). Los ejemplares 4665-69 y 4383bis, aun siendo ambos volumétricos, son muy diferentes entre sí: el ejemplar 4665-69 presenta cuatro figuras antropomorfas naturalistas, las que se yerguen sobre el borde superior de la tableta con sus manos de tres dedos apoyadas sobre el vientre y piernas semiflexionadas, también con tres dedos en cada pie (Figura 10b); en tanto, la tableta 4383bis representa un felino moteado posado sobre lo que sería el panel del artefacto (Figura 10c).

 

Figura 10. Tabletas para alucinógenos: (a) 4229-30,
(b) 4665-69, (c) 4383bis.

 

Para tabletas de Toconao Oriente tenemos fechas TL de 190 DC (4229-30) y de 310 DC (4383ns) (Berenguer et al. 1986). La tumba de la primera corresponde al cluster A (4229-30); en cambio, la de la segunda no ha sido posible adscribirla a ninguno de los clusters.

Alfarerías atípicas

Asociado a los clusters se registran 39 alfarerías atípicas, destacando entre ellas las que Le Paige define como los grandes ceramios antropomorfos de Larrache y de Séquitor Alambrado, las que, aunque presentan ciertas características generales difieren entre sí en sus detalles. Estas vasijas han sido calificadas como "urnas" de formas sub-cilíndricas o globulares, con aplicaciones de rodetes con secuencia de círculos excisos contorneando el borde o representando rostros humanos en la parte media de la pieza; presentan, además, un pequeño recipiente adherido al fondo interior del cántaro. Sus superficies son pulidas y de color rojizo. Se asume que estas vasijas derivan de una tradición cerámica proveniente de las selvas occidentales (NO argentino y S-SE boliviano) (Thomas et al. 1984; Orellana 19919; Tarragó 1989). Esta alfarería atípica se presenta asociada a tumbas correspondientes al cluster A (4380-81, 4448-49, 4635, 4646-48 y 4731-32).

Otras alfarerías presentan diversidad de formas, así como decoraciones y otros atributos que las hacen únicas y atípicas.

La presencia de alfarerías atípicas al interior de cada uno de los clusters, es la siguiente: cluster A: 7.2%, cluster B: 6.6%, cluster C: 8.3%, cluster D: 25.1%

Metales

En el cementerio de Toconao Oriente se registran 10 tumbas con objetos metálicos, ocho de las cuales fue posible asignar a clusters, según la siguiente distribución: cluster A: 4646-48 con un adorno de cobre; cluster B: 4391 con dos tupus y un mazo, 4417 con tres topos; cluster C: 4576 con un hacha, 4585 con un alfiler; cluster D: 4551 con un pectoral.

Mazos y hachas

Cuatro tumbas en total contienen mazos (tres de piedra, una de metal); 10 tumbas en total con hachas (siete de piedra, dos de metal en una misma tumba colectiva y dos mangos de hachas). Los artefactos factibles de ser asignados con seguridad a determinados clusters se detallan en la Tabla 6.

 

Tabla 6. Presencia de mazos y hachas asociados a cada uno de los clusters.

 

Tembetás

Se ha registrado presencia de adornos labiales en las tumbas 4280-81, 4309, 4351, 4685, 4710, 4731-(32), 4736-42. De éstos, solamente tres han sido posibles de asimilar a los clusters: cluster A tumba 4731-(32); cluster B tumba 4280-81; y cluster C tumba 4736-42. Llama la atención lo poco relevante de los contextos asociados con los individuos portadores de tembetás, excepto el de la tumba 4646-48 cuyo contexto comprende 21 tiestos de variada tipología, además de una pipa, un mazo y una concha de Strophocheilus; y el de la tumba 4731-(32) contiene 13 tiestos alfareros, incluyendo una de las grandes urnas antropomorfas atípicas.

Conchas de Strophocheilus

Esta especie de caracol transandino se hace presente en 37 tumbas de Toconao Oriente, pudiéndose asignar 20 a los clusters, según la siguiente distribución porcentual: cluster A: 9%, cluster B: 0%, cluster C: 21% y cluster D: 24%.

Discusión

En total, de las 368 tumbas registradas por Le Paige para Toconao Oriente se han contabilizado 231 tumbas con alfarería. De éstas, después del proceso de metodología analítica señalado supra, se logró seleccionar 148 tumbas para someterlas a un análisis comparativo entre sus contextos, logrando segregar cuatro clusters, los que, para poder asimilarlos a la secuencia de San Pedro de Atacama, fueron contrastados con la secuencia de Tarragó (Tarragó 1989).

Esta autora define la Fase Toconao por la presencia de "cántaros antropomorfos" negros o rojizos del tipo Larrache-Toconao, los que se combinan con vasijas rojizas de las clases de asociación N° 1 (Rojo Pulido), N° 2 (Rojo Pulido y vasijas ordinarias grandes) y N° 3 (Rojo Pulido y Rojo Bruñido). Hay formas de cerámica negra consideradas como excepcionales por su baja representación (botellas biesferoidales, ollas ovoidales y ollas con cuatro asas); además, considera que las vasijas ovoides de base cónica o convexa serían comunes. En la segunda mitad, se articula la clase 4 (Rojo Pulido y Negro Pulido Temprano). Berenguer y colaboradores (1986) dan fechas para esta fase entre 300 AC. y 100 DC.

En términos generales, el conjunto que hemos segregado y nominado como cluster A se ajustaría a la definición con que Tarragó caracterizó a la Fase Toconao; fase que, en función del análisis que hemos efectuado del sitio tipo -Toconao Oriente—, nos ha permitido complementar con una caracterización más detallada, considerando que la autora construyó prácticamente esta fase apoyándose en otros sitios y no precisamente en el homónimo.

De acuerdo a las inferencias que hace desde diferentes sitios de San Pedro de Atacama, Tarragó considera dos partes para la Fase Toconao. Para sustentar la "primera parte", la que estaría definida por la presencia de las asociaciones 1, 2 y 3, se basa en un caso de asociación 1 en Quitor 8; para la asociación 2, cinco casos entre Quitor 5 y Quitor 8 y para la asociación 3, tres casos entre Quitor 5 y Séquitor Acequia (Tarragó 1989). En 27 tumbas analizadas por nosotros, donde se hace presente la alfarería Roja Pulida resulta que este tipo (Asociación 1) no se hace presente en ningún caso; Rojo Pulido y vasijas ordinarias grandes (Asociación 2), solo se da en dos casos; en tanto, Rojo Pulido y Rojo Bruñido (Asociación 3), tampoco se hacen presente. En consecuencia, nos parece que las evidencias no son suficientes para sustentar una parcelación como la propuesta para la Fase Toconao.

En tanto, para la asociación 4 (Rojo y Negro pulido), considerada como la "segunda mitad" de la Fase Toconao, la cantidad es más significativa. En la proyección de esta clase hacia los cementerios de Atacama, Tarragó consigna 54 casos distribuidos entre los sitios Séquitor Acequia y parte Oriental de Séquitor, Solor 3 (Túmulo Norte y parte Oriental), Quitor 5, 7 y 8. En el sitio Toconao Oriente, identificamos 23 casos asimilables a la asociación 4 de Tarragó, los que hacen parte del cluster A. Sin embargo, tenemos otros 21 casos en los que se incorporan los mismos tipos alfareros definitorios del cluster A, pero en los cuales está ausente el Rojo Pulido. En consecuencia, la presencia o ausencia de alfarería Rojo Pulida en la Fase Toconao es una cuestión aleatoria.

En definitiva, desde el punto de vista de la composición alfarera, podemos decir que la Fase Toconao, para el sitio homónimo, está definida prioritariamente por los tipos 4 (19.8%), 20 (17.2%), 22 (14.5%), 24 (11.9%) y 2 (11.2%) y, con menor representatividad, los tipos 8 (5.2%), 9 (4.6%), 11 (2.6%), 17 (2.6%) y 5 (2.6%). La Fase Séquitor, según Tarragó (1989), se caracteriza por la presencia de las siguientes asociaciones alfareras: Rojo Pulido y Negro Pulido (clase 4) y Negro Pulido Temprano, Alisado y Negro Pulido Decorado A (clase 5) predominando esta última. En relación a la clase 5, las asociaciones más frecuentes son: las variantes del Negro Pulido N° 5.1 (Negra Pulida sola, de las cuatro primeras formas consideradas en la clase 4), 5.4 (se trata del mismo tipo de asociación que en la clase 4 pero con ausencia del Rojo Pulido: Negro Pulido, vasijas ordinarias grandes y Gris Alisado) y 5.7 (Negro Pulido y Negro Pulido decorado de estilo A (naturalista) son las más populares. Las variantes N° 5.3 y 5.8 representan el tránsito a la clase 6, de la siguiente fase. Berenguer y colaboradores (1986) dan fechas para esta fase entre 100 DC. y 400 DC.

Nuestro cluster B presenta coherencia con la descripción de Tarragó, aunque con algunas discordancias. En primer lugar, en este cluster no hemos registrado presencia de Rojo Pulido y, en cuanto al Negro Pulido, aunque algunos ejemplares se hacen presentes, habría un notorio recambio en la tipología de las cerámicas negras. Es así que la presencia de las clases 4 y 5.4, referida por la autora, podría considerarse como casos transicionales entre las Fases Toconao y Séquitor. La clase 5.7 es mayormente coincidente con el cluster B y, en consecuencia, consideramos que con mayor exactitud sería definitoria en cuanto a la caracterización de la Fase Séquitor.

De acuerdo al análisis de la composición alfarera, podemos decir que para Toconao Oriente, la Fase Séquitor está definida prioritariamente por los tipos 7 (24.4%), 20 (17.7%), 21 (15.5%) y 1 (11.1%); y, con menor representatividad, los tipos 8 (7.7%), 13 (5.5%), 24 (5.5%), 18 (2.2%), 3 (1.1%), 12 (1.1%) y 16 (1.1%). Para la Fase Quitor, Tarragó considera como característica la presencia de la clase 6 del Negro Pulido clásico, en todas sus variaciones y, en un grado mucho menor, se combinan cuencos Negro y Rojo Grabado (clases 7 y 8). Contrastando esta caracterización con el cluster C, tomando en cuenta las numerosas variaciones que la autora considera para la clase 6, encontramos coincidencia con las variaciones 6.1 (tipos 3, 16 y 19), 6.2 (tipo 18) y 6.3 (tipo 23), no así con 6.4, 6.5 y 6.6; inconsistencia que indudablemente tiene relación con las particularidades de cada sitio. Berenguer y colaboradores (1986) dan fechas para esta fase entre 400 DC. y 700 DC.

Según lo que nos muestra el análisis de los contextos alfareros de Toconao Oriente, la composición alfarera para la Fase Quitor de este sitio está definida prioritariamente por los tipos 18 (29.0%), 23 (16.7%), 3 (14.5%) y 16 (9.9%) y con menor representatividad, los tipos 19 (8.3%), 12 (4.5%), 24 (3.8%), 20 (2.3%), 1 (1.5%) y 7 (0.7%).

Tarragó señala que la Fase Coyo estaría caracterizada por la presencia de la agrupación 11 (Gris Pulido Grueso), en combinaciones con Negro o Rojo Grabado (clase 9 y 10). La autora especifica que la cerámica Gris Pulida Gruesa, por el espesor de las paredes, el antiplástico grande y denso y las superficies con un menor brillo, se diferencian netamente del complejo cerámico San Pedro Negro Pulido que sería característico de la Fase Quitor. Por estos mismos atributos Le Paige denominó esta cerámica como "casi pulida". En Toconao Oriente solo se encuentra un caso de alfarería Gris Pulida Gruesa grabada (4524), el resto carece de este tipo de decoración.

La composición alfarera inferida desde el cluster D para la Fase Coyo del sitio homónimo está definida prioritariamente por los tipos 10 (29.5%) y 14 (27.2%), y, con menor representatividad, los tipos 6 (13.6%) y 15 (4.5%).

La fase siguiente —Fase Yaye—, según Tarragó (1989), se caracteriza porque la cantidad y la calidad de los ajuares fúnebres muestran una perceptible disminución y los recipientes cerámicos se limitan a escudillas o son reemplazados por calabazas. Berenguer y colaboradores (1986) dan fechas para esta fase entre 700 DC y 1000 DC.

En Toconao Oriente se registran 91 tumbas carentes de alfarería o con contextos ausentes o poco significativos, las que podrían corresponder a esta fase. Le Paige (1972-73) señala que el cementerio, desde la cumbre del terreno, bajando hacia el poniente y el norte, presenta muy claramente su expansión en esa dirección, no tan solo en el espacio sino también en una secuencia cronológica. De sus apuntes, hemos logrado inferir que las tumbas de las fases más tempranas se ubican en la parte sur (cumbre del terreno), avanzando progresivamente, las más tardías, hacia el norte (parte baja). Sin embargo, hemos visto que las tumbas carentes de contextos se hacen presentes en todos los sectores y no solo en la parte baja donde, hipotéticamente, debería encontrarse la Fase Yaye. En consecuencia, no todas las tumbas de contextos disminuidos o ausentes pueden ser asignadas a la Fase Yaye, aunque hipotéticamente podría corresponder a las del sector bajo (norte), ya que aquí hay tumbas (4216, 4320, 4331, 4680) portadoras de solo un plato como ajuar funerario y situado por encima del difunto, usanza de ubicación del ajuar que coincide con el sector norte del cementerio de Quitor 6, de data tardía (Costa 1988).

Algunos de los tipos alfareros son exclusivos de determinadas fases pero otros se hacen presentes en más de una de ellas, manifestando cierta transversalidad pero también modulaciones, de tal manera que muestran un mayor predominio en alguna fase. Esto permite apreciar la génesis y la evolución de los tipos desde el momento de su emergencia hasta su posicionamiento y luego declinación, reflejando situaciones de cambio (Tabla 1). Es así que los tipos 20 y 24 se proyectan a través de las Fases Toconao, Séquitor y Quitor, con el siguiente comportamiento: el tipo 20 está fuertemente representado en las Fases Toconao y Séquitor bajando notoriamente en Quitor; el tipo 24 manifiesta una fuerte presencia en la Fase Toconao para disminuir progresivamente en Séquitor y Quitor. El tipo 8 solo se relaciona con las Fases Toconao y Séquitor, aumentando su presencia de la primera a la segunda. Por su parte, los tipos 1 y 7 manifiestan fuerte presencia en la Fase Séquitor para caer notoriamente en Quitor; en cambio, los tipos 3 y 18 muestran un comportamiento inverso.

Por su baja representación, las formas excepcionales o atípicas pueden ser consideradas intrusivas; es decir, que no corresponden al bagaje alfarero habitual de la fase correspondiente, sino que han sido importadas desde otros lugares, por lo que pueden ser consideradas como indicadores de vinculaciones foráneas. Por sus formas, diseños o determinadas características, algunas de ellas pueden ser relacionadas con similares del noroeste argentino o de otros lugares, en tanto que para otras no resulta fácil establecer su filiación por falta de referentes. Sin embargo, en conjunto y utilizando su presencia porcentual, estas piezas atípicas nos permiten inferir el nivel de interacción de cada fase con otras comunidades; es así que para la Fase Toconao tenemos un 7.2% de presencia de alfarería atípica, para la Fase Séquitor un 6.6%, para la Fase Quitor un 8.3% y para la Fase Coyo un 25.1%. Esta información nos revela que en las tres primeras fases la interacción exógena fue moderada; en cambio, en la Fase Coyo la interacción se intensifica de manera notoria, indudablemente como consecuencia de la dinámica que se estaba viviendo en los Andes Centro Sur en relación con Tiwanaku.

También las pipas estarían señalando un componente de interacción alóctona, al parecer con el noroeste argentino. Del análisis morfológico de estos artefactos resulta evidente que aquellas con hornillo son las predominantes en San Pedro de Atacama (Gili 2014); en este grupo prácticamente no es posible desarrollar una tipología ya que cada una difiere de las otras en algún atributo, ya sea en la proporción y en el ángulo entre tubo y hornillo, la forma del hornillo, la forma del codo, el tamaño y la dirección de los podos, el tipo de decoración (cuando la tienen) y el color. Esta heterogeneidad parece ser la tónica imperante desde cualquier ángulo del que se pretenda enfocar el análisis, situación que podría estar reflejando una diversidad de procedencias.

Tarragó (1989) señala que las pipas acodadas con patitas y boquilla de San Pedro de Atacama son similares a las de Campo Colorado (Salta), y que su baja ocurrencia y sus atributos de pasta y morfología indican que son foráneas y se relacionan con el noroeste argentino (NOA). Disentimos de Tarragó cuando postula que todas las pipas proceden de la zona de La Poma, específicamente de Campo Colorado, ya que la morfología de las pipas de San Pedro de Atacama plantea la posibilidad de otras procedencias, sin excluir Campo Colorado como una de ellas. La pipa 4635, de rostros zoomorfos en el frontis del hornillo, tiene cierto parecido con las que han sido descritas para Tolombón y Seclanta, en Salta (Boman 1932, figs. 25 y 26), en tanto la 4317, por su color anaranjado y sus inclusiones blancas, podría provenir de la zona de Yavi-Chicha.

La presencia de las pipas en Toconao Oriente va disminuyendo de la Fase Toconao hacia la Fase Quitor, desapareciendo en la Fase Coyo, situación que, en este caso, más que indicar una disminución de la interacción está reflejando la transición de la tradición de fumitorios en pipas hacia la de inhalación de alucinógenos pulverizados utilizando tabletas y tubos (Llagostera 2015).

Al igual que con las pipas, la diversidad de formatos y técnicas de las tabletas tempranas da soporte para interpretarlas como elementos foráneos. Lamentablemente, la carencia de referentes andinos para estos artefactos no permite inferir procedencias más allá de asumirlas como elementos exógenos. Solo la tableta 4229-30 permite un atisbo de especulación dado que recuerda los personajes genuflexos de Tiwanaku, pero carece de los atributos secundarios como las cabecitas de felino, falcónidas y peces, así como del pedestal, que proliferan en la ornamentación de las tabletas del período clásico de la entidad altiplánica (Llagostera 2006). La presencia de este ejemplar en contexto de la Fase Toconao, la retrotrae en varios siglos en relación al auge de Tiwanaku, situación que la haría coherente en cronología e iconografía con las representaciones que se pueden apreciar en el dintel de calle Linares de La Paz, el que se asume como de las más tempranas representaciones Tiwanaku (Torres y Conklin 1995: 99). En consecuencia, esta tableta se postularía hipotéticamente como procedente de algún centro altiplánico donde dicha iconografía estaba en vigencia con anterioridad a las expresiones clásicas de Tiwanaku.

De las 44 tumbas de Toconao Oriente que hasta ahora hemos logrado identificar como pertenecientes a la Fase Toconao, es significativo que dos de ellas (4635 y 4646-48) tengan un mazo en su ajuar funerario. Es importante hacer notar que en el total de 370 tumbas de este sitio solo se registran cinco mazos, lo que denota la exclusividad de este artefacto, distinguiéndolo como un emblema de estatus. Al mismo tiempo se da el hecho que de seis pipas asociadas a esta fase, dos pertenecen a estas tumbas y que ambas tienen, además, tres de los cuatro grandes ceramios cilíndricos con facciones humanas en pastillaje. A esto se suma que, dentro de una media de una a cinco piezas cerámicas por tumba para el grupo, una de las mencionadas tumbas con mazo tiene 14 piezas y la otra 19. Estos contextos excepcionales reflejan evidentemente una manifestación de jerarquía indicando que, a comienzos de nuestra era ya se han definido jefaturas que usufructuaban de elementos de estatus (pipas) y de símbolos de mando (mazos) y que, por la difusión de objetos foráneos, estos personajes podrían estar manejando las interrelaciones con otras comunidades.

En las 29 tumbas asignables a la Fase Séquitor encontramos otros dos mazos (4317 y 4391), a los que se suma la incorporación del metal como un nuevo elemento que acentúa el estatus jerárquico, ya que estos dos mazos no son de piedra como en la fase anterior, sino de cobre, y que en sus contextos también se encuentran asociados diversos objetos confeccionados con dicho metal. Ambos portadores de mazos registran en sus ajuares funerarios grandes plumas de dicho metal; en un caso, la asociación se da también con pipa. Dado el alto concepto de prestigio que denota el cobre, y la escasa representación en la ergología del cementerio, debemos asumir que su manufactura, al menos en estos primeros momentos, fue exógena y solo podían acceder a los objetos metálicos las jefaturas de los nodos complementarios (Llagostera 1996).

En la Fase Séquitor, junto con los mazos, se hace presente el hacha como un nuevo elemento que, al igual que aquéllos, representa un símbolo de mando pero probablemente bajo otro concepto. Para esta fase se registran dos tumbas que portan hachas: 4491 y 4748. En el primer caso aparece acompañada por una tableta para alucinógeno, artefactos éstos que, a su vez, son indicadores de prestigio.

En la Fase Quitor, los mazos fueron desplazados por las hachas, registrándose tres ejemplares de piedra (uno en la tumba 4594-96 y dos en la tumba 4736-42) y uno de metal (4576). Llama la atención que los contextos de estas tumbas no son tan relevantes como en las fases anteriores, más bien se equiparan con el resto de los contextos de dicha fase; al mismo tiempo que la presencia de metales disminuye.

Para la Fase Coyo no se registran mazos ni hachas y tampoco metales, situación que, proyectándola a la secuencia de los indicadores de mando en el proceso evolutivo de Toconao Oriente, nos devela un paulatino descenso de la ostentación jerárquica de las jefaturas a través de las diferentes fases. En la Fase Toconao los indicadores de esta manifestación fueron bastante explícitos a través de los relevantes contextos funerarios que acompañaban a los personajes que habrían ejercido la jefatura; sin embargo, lo explícito del estatus ha ido decreciendo hacia las Fases Séquitor y Quitor para perderse totalmente en la Fase Coyo. A nivel especulativo, esto podría interpretarse como que las vecinas comunidades de los oasis de San Pedro de Atacama, frente al fuerte desarrollo que en su conjunto fueron experimentando (Llagostera y Costa 1999), concentraron mayor poder en desmedro de Toconao, localidad que habría pasado a constituirse en un establecimiento satélite de aquel conglomerado sociopolítico mucho mayor. Siendo así que a los tiempos del Período Medio, en los oasis de San Pedro, nos encontramos con centros altamente jerárquicos, incluso con manifestaciones tiwanaku, como Larrache, Coyo y Solcor. Esta situación, sin duda, es consecuencia de los cambios que están experimentando las comunidades centro-sur andinas, derivados de la reestructuración sociopolítica inducida por Tiwanaku, dentro de la cual, no solo se produjeron reorientaciones en relación a las vinculaciones transandinas sino también en la consideración de las jerarquías de mando al interior de los conglomerados sociopolíticos.

En cuanto a las implicancias regionales, ha sido señalado que la Fase Toconao estaría presente en sitios como Larrache, Séquitor, Quitor, Tchecar y Tulor (Berenguer et al. 1986; Llagostera y Costa 1999; Uribe 2002). Por su parte, Agüero y Uribe (2011), quienes excavaron sitios habitacionales, en sus excavaciones de Tchaputchayna identifican cerámica Los Morros y Loa Café Alisado del Formativo Temprano, que junto al tipo San Pedro Rojo Pulido o Toconao, se vinculan al Formativo Medio (350 AC — 100 DC), mientras que la presencia de vasos Séquitor y cerámica Candelaria del noroeste argentino aluden al Formativo Tardío (100 DC — 500 DC). Por su parte, Orellana (1991) acota que con la Fase Toconao va desapareciendo un conjunto de características culturales y de influencias extranjeras, para surgir una nueva fase (Fase III, equivalente a la Fase Quitor), con elementos más típicos de la región. Al llegar a la Fase Coyo, en Toconao Oriente, llama la atención que a pesar del bajo perfil de la jerarquía de mando se observa un notorio incremento de elementos foráneos, los que se asume llegaban a la localidad gracias a la gestión de los curacas. Puede ser que Toconao, en esos tiempos, como siempre lo hizo, continúa su interacción especialmente con el NOA, pero jerárquicamente estaba sujeto al conglomerado sanpedrino, convirtiéndose en una comunidad satélite de aquél. En esos momentos el polo de mayor actividad se concentraba en SPA, localidad que, por los beneficios que se lograban a través de la red de interacción asociada con Tiwanaku, estaba más orientada al altiplano que al NOA.

Consideraciones finales

Toconao Oriente ha sido tomado como referente de la fase más temprana del Período Agroalfarero de San Pedro de Atacama; sin embargo, nunca fue analizado en forma integral. Le Paige (1973) hace una descripción muy somera de él y Orellana (1991) analiza 26 contextos, ordenándolos de acuerdo a las fechas obtenidas por Berenguer et al. (1986), distribuyéndolas en siete fases que él define como "un nuevo intento de periodificación", pero que no contrasta con la secuencia de Tarragó (1989). Esto nos ha llevado a tomar este sitio con el objetivo de obtener una mayor información sobre él y conocerlo más detalladamente.

Para nuestro análisis hemos comenzado por considerar todo el bagaje artefactual disponible del sitio, con especial referencia a la alfarería por ser ésta la única materialidad que da garantía de presencia segura en los contextos funerarios, a diferencia de otros artefactos que presentan sesgos por pérdidas debido a las condiciones destructivas del terreno. El trabajo con el acervo alfarero nos permitió definir 24 tipos de formas cerámicas, los que fueron desplegados y seriados en la reconstrucción de los contextos funerarios. Con posterioridad a esta reconstrucción de contextos, y con el fin de segregarlos y agruparlos por fases, se desecharon las tumbas múltiples las que podrían estar contaminadas por reutilización de las fosas en diferentes momentos. Fue así que de las 368 tumbas que registra Le Paige, nosotros seleccionamos 135 con sus respectivos contextos, los que, a su vez, fue posible adscribir a las fases propuestas por Tarragó (1989). Esto, a su vez, nos permitió llevar a cabo una evaluación cuantitativa de los componentes tipológicos en cada una de estas fases, cosa que no se había realizado en ningún otro sitio.

La tipología desarrollada por nosotros ha dejado en evidencia que existe una diversidad de formas que comparten colores; en consecuencia, cuando en literatura se habla en forma generalizada de colores Rojo o Negro de la cerámica, al no referirse a formas específicas se cae en una generalización que puede producir confusión. Le Paige, a la cerámica negra de Séquitor la consideraba como Negra Pulida, sin embargo, Berenguer y colaboradores (1986) hacen notar que ésta carece del bruñido clásico y la definen como "Gris Fina Pulida"; algo similar sucede con la de la Fase Toconao. Stovel (2013), analizando fechas obtenidas por Hubbe y Torres-Rouff (2011), señala que "las formas Roja y Negra son generalmente secuenciales en el tiempo pero los contextos que previamente fueron ubicados en la Fase Toconao por la presencia del Rojo Pulido, igualmente pueden ser fechados en las Fases Séquitor y Quitor" (Stovel 2013: 379). El seguimiento de los tipos alfareros que nosotros hicimos por fases nos permitió constatar que algunos tipos son exclusivos de determinadas fases, pero otros se hacen presentes en más de una de ellas, manifestando cierta transversalidad pero también modulaciones, de tal manera que algunos muestran un mayor predominio en una de las fases, pero también están presentes en otras fases con variación de su frecuencia; en consecuencia, cuando hablamos de Roja y/o Negra no basta el dato neto, sino que es necesario especificar la forma y ojalá también la frecuencia para precisar fechas y contextos.

A través del comportamiento de diversos artefactos en cada una de las fases definidas por los clusters fue posible inferir situaciones sociales, especialmente sociopolíticas, para Toconao Oriente, como el descenso del perfil jerárquico de las jefaturas a través de las diferentes fases, hasta perderse totalmente en la Fase Coyo. Proceso éste que se relacionaría con el fuerte desarrollo que fueron experimentando las comunidades de los oasis de San Pedro de Atacama, concentrando mayor poder en desmedro de Toconao.

Aunque nuestra investigación confirma y detalla la secuencia de fases en Toconao Oriente, reconocemos que lo cronológico todavía es un aspecto no concluido. Las fechas limítrofes entre fases pueden ser confusas, además de que deben ocurrir traslapes; indudablemente, en un año no termina una fase y comienza otra. Es un tema que hay que trabajarlo más; sin embargo, se producen concentraciones de fechas que hacen plausible una correlación secuencial de fases, aunque lógicamente en los momentos de transición se encuentran entremezclados elementos de unas y otras.

Agradecimientos

Por 40 años formé parte del cuerpo académico de la Universidad Católica del Norte; buena parte de ellos en el Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo "R.P. Gustavo Le Paige s.j.", en San Pedro de Atacama. Durante ese tiempo tuve la oportunidad -por la cual me siento agradecido- de estudiar las colecciones del museo. El presente trabajo es un resultado más de esa dedicación.

Notas

2 Tarragó (1989), para confeccionar sus claves tipológicas consideró los grupos tradicionales: Negro Pulido (NP), Rojo Pulido (RP), Negro y Rojo Grabados (NGR/RGR), Gris Pulido Grueso (GPG) y Gris Alisado (G.ALIS), luego agregó la forma representada con números romanos y a continuación otros atributos más específicos con letras mayúsculas o minúsculas según sea el caso (para mayor detalle consultar Tarragó 1976).

3 Vasijas de contorno inflexionado con clara diferenciación entre cuerpo y cuello. En relación a la descripción general del formato, se ha privilegiado la forma del cuerpo.

 

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Recibido: agosto 2015. Aceptado: mayo 2016.

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