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Estudios atacameños

versión On-line ISSN 0718-1043

Estud. atacam.  no.41 San Pedro de Atacama  2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-10432011000100001 

REVISTA ESTUDIOS ATACAMEÑOS ARQUEOLOGÍA Y ANTROPOLOGÍA SURANDINAS Nº41, 2011

Editorial


El volumen 41 de Estudios Atacameños, Arqueología y Antropología Surandinas, correspondiente al primer semestre de 2011, contiene siete artículos muy variados. En el primero de ellos, Carlos Aschero, Salomón Hocsman y Norma Ratto analizan las puntas de proyectil del sitio Inca Cueva 7 (Puna de Jujuy, Argentina), datado ca. 4000 años AP, y que por su forma denominan en "mandorla" y las comparan con otras procedentes del sitio Camarones 14, de la costa del norte de Chile. Realizando diversos análisis estadísticos, concluyen que la gran recurrencia de estas piezas en las localidades de Inca Cueva/El Aguilar, Coranzulí y Susques, y su ausencia en la Puna catamarqueña, sugiere que este diseño puede ser considerado un tipo diacrítico en las interacciones sociales que ocurren en la Puna argentina, como también en el Salar de Atacama. A continuación, Mark Hubbe, Macarena Oviedo y Christina Torres-Rouff estudian la colección osteológica obtenida por el padre Gustavo Le Paige en la región atacameña, y actualmente depositada en el Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo de la Universidad Católica del Norte, en San Pedro de Atacama. Los autores documentan su estado actual de conservación y ofrecen 50 nuevos fechados absolutos que sugieren que los cementerios de donde se obtuvo esta colección tuvieron una larga ocupación. En este volumen también hemos incluido el aporte de Laura Laurencich-Minelli, quien presenta parte de una colección arqueológica procedente de San Pedro de Atacama (Chile), la cual desconocíamos hasta este momento, aun cuando fue recientemente publicada íntegramente en Italia. Esta colección fue obtenida por monseñor Campagner, quien fue un colaborador cercano del padre Gustavo Le Paige. Dicha colección se encuentra depositada en Treviso, Italia, y creímos oportuno darla a conocer en nuestra revista. Luego de este trabajo, Simón Urbina, Leonor Adán, Cora Moragas, Sebastián Olmos y Rolando Ajata estudian los patrones de asentamiento y la arquitectura doméstica en la costa de Tarapacá (norte de Chile) entre los años 900 AC y 900 DC) documentando transformaciones importantes en la estructura de las unidades domésticas, y que denominan "primera época" y "segunda época". En esta última, considerando la distribución y la variabilidad de los tipos de asentamiento se desarrollaría la Tradición Arquitectónica Costera, mientras que en una "tercera época" ocurriría la transformación de la vivienda, señalando la existencia de una sociedad costera dispersa en múltiples agrupaciones familiares, de distinto tamaño y con una amplitud territorial significativa, que durante el período Formativo desarrolla una especialización económica y laboral. Luego, Magdalena García y Marcela Sepúlveda nos ofrecen los resultados de un estudio arqueobotánico desarrollado en tres aleros con pinturas rupestres en la precordillera de Arica (Chile), concluyendo que la mayor utilización de ellos ocurrió durante el Arcaico Tardío con ocupaciones discretas e intermitentes. Sin embargo, las autoras no niegan la posibilidad de que los aleros hayan sido ocupados en etapas posteriores, relacionadas con actividades de caravaneo o pastoreo. En el siguiente artículo, Rodolfo Cerrón-Palomino discute los nombres "Capac" y "Yupanqui", los que tradicionalmente han sido de origen quechua, pero a través del riguroso análisis lingüístico que el autor realiza, llega a la conclusión de que los incas, luego de ser puquina-hablantes originarios, se habrían aimarizado cuando se establecieron en el Cusco, para finalmente, volverse quechua-hablantes. Con ello, comprueba que esta última lengua llevaría en sí misma el legado tanto aymara como puquina. Debemos señalar que en el artículo de Cerrón-Palomino, hemos conservado los términos tal como los escribe el autor, y no como generalmente los escribimos en esta revista, con el fín de mantener la consecuencia del trabajo del profesor Cerrón-Palomino. Por último, Antonia Benavente, continuando sus estudios sobre la muerte, memoria e identidad, se centra en "las animitas", concluyendo que aquellos son conceptos íntimamente unidos que funcionan como vínculos que conservan la tradición histórica de la sociedad y que este tipo de obras son un vehículo para que esto suceda, pues son permanentes en la medida que recuerdan a los difuntos, son transitorias tal como cualquier ritual, y olvidadas cuando se marginan de la vida; pero que, con todo, son parte de la identidad y de la memoria histórica.


Carolina Agüero
Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo
Universidad Católica del Norte