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Estudios atacameños

versión On-line ISSN 0718-1043

Estud. atacam.  n.37 San Pedro de Atacama  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-10432009000100009 

REVISTA ESTUDIOS ATACAMEÑOS ARQUEOLOGÍA Y ANTROPOLOGÍA SURANDINAS Nº37, pp. 139 - 155, 2009

 

Trabajo, producción y cerámica. Sociología de la alfarería Paracas: Ocucaje y Tajo (Costa Sur de Perú)

 

Pedro V. Castro-Martínez1, J. Carlos De La Torre2, Trinidad Escoriza-Mateu3, M. Concepción Godoy4, Bárbara Lapi5, Israel Navarro6, y J. César Zavala7

1   Departamento de Prehistoria, Universidad Autónoma de Barcelona. Bellaterra 08193, ESPAÑA. Email: pedro.castro@uab.cat

2   Departamento de Prehistoria, Universidad Autónoma de Barcelona. Bellaterra 08193, ESPAÑA. Email: juancarlos.delatorre@uab.cat

3   Departamento de Historia, Universidad de Almería. Edificio C, Carretera Sacramento s/n°, Cañada San Urbano, 04120, Almería, ESPAÑA. Email: tescoriz@ual.es

4   Universidad de Zurich, Departamento de Prehistoria. Rotbuchstrasse 47, 8600, Duebendorf, SUIZA. Email: mcga@rocketmail.com

5   Departamento de Prehistoria, Universidad Autónoma de Barcelona. Bellaterra 08193, ESPAÑA. Email: blabala7@yahoo.es

6   Departamento de Prehistoria, Universidad Autónoma de Barcelona. Bellaterra 08193, ESPAÑA. Email: israquito03@hotmail.com

7   Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Jr. Carlos de la Condamine 372-374, Urb. San José. Bellavista, Callao 2, Callao, PERU. Email: jzavala__arql@yahoo.com


Resumen

Las secuencias cronológicas basadas en las seriaciones de la "cerámica Paracas" fueron revisadas, haciendo evidentes las paradojas, contradicciones e incoherencias de las cronologías relativas elaboradas desde axiomas histérico-culturales. Evaluamos las evidencias a partir de dataciones C14 independientes. Finalmente, se discuten las claves para una sociología de la alfarería de los estilos de Ocucaje y Tajo, en el marco del Proyecto La Puntilla (Nasca, lea).

Palabras claves: arqueología social - Paracas - Nasca -alfarería - producción.


Abstract

Independent C14 dating was contrasted to chronological sequences based on "Paracas Pottery" series, evidencing the paradoxes, contradictions and incoherence in the relative chronologies derived from historico-cultural axioms. The conclusion addresses key aspects for a sociology of Ocucaje and Tajo ceramics, in the framework of the La Puntilla Project (Nasca, lea). Key words: social archaeology - Paracas - Nasca -pottery-production.

Recibido: marzo 2007. Aceptado: enero 2008.

Introducción: La construcción de la "Cultura Paracas"

Desde el valle de Chincha, a 200 km al sur de Lima, comprendiendo los principales valles de Pisco, ka, Palpa, Ingenio, Nasca, así como la bahía de Independencia y península de Paracas, hasta llegar a los valles de Acarí y Yauca (departamento de Arequipa) se conforma el territorio peruano denominado "Costa Sur". Este está formado poruña serie de cuencas con sus respectivos afluentes cuyos ríos nacen en la cordillera andina y discurren estacionalmente hacia el litoral, creando en su cauce ambientes naturales propicios para vivir (Figura 1). Fue la búsqueda del origen de unos tejidos bordados que comenzaron a aparecer en colecciones privadas de Lima y Europa, lo que llevó al médico peruano Julio C.Tello a interesarse por dichos territorios. Así localizó el área arqueológica de Cerro Colorado, también conocida como Warikayán, en la península de Paracas. Las excavaciones realizadas permitieron ubicar en Paracas un conjunto de hallazgos que serviría de punto de partida para la construcción de una entidad arqueológica: la "Cultura Paracas", la cual pasaría a formar parte de la secuencia histórico-cultural de esta parte de los Andes Centrales.

 

Figura 1. Mapa de la Costa Sur de Perú.

Las primeras excavaciones fueron realizadas por Tello entre 1925 y 1928 (Tello 1928, 1959; Tello y Mejía Xesspe 1979). La información obtenida permitiría posteriormente configurar los rasgos e inferir una serie de cuestiones sobre la "Cultura Paracas" (Massey 1990: 231). La mayor parte de las evidencias procedían de las sepulturas localizadas por Tello en Cerro Colorado, donde se ubicaba una serie de terrazas con cámaras funerarias. Las diferencias en la manufactura de los ajuares funerarios, el modelo arquitectónico de las tumbas y la presencia de deformaciones craneanas, llevaron a Tello a organizar el registro en dos "componentes culturales" distintos, a los que denominó Cavernas y Necrópolis.

En el caso Paracas-Cavernas, se definían tumbas colectivas de hombres, mujeres y niños/as; estos últimos los únicos enfardados (Cook 1999). Se trataba de cámaras funerarias semisubterráneas en forma de botella acompañadas de numerosas ofrendas. El ajuar funerario incluía recipientes cerámicos, calabazas pirograbadas, ornamentos de oro y de conchas de moluscos, cestos de junco, coladores, tabletas de tiza y alimentos. Algunas sepulturas individuales contemporáneas tenían ajuares con gran cantidad de cerámicas con acabados incisos y decorados con pigmentos policromos aplicados después de la cocción, lo que se definiría más adelante como una característica de la tecnología alfarera de la "Cultura Paracas" (Menzel et al. 1964). Tello, además, fue uno de los primeros investigadores que observó una correspondencia de similitudes iconográficas entre este estilo "primitivo" (Cavernas) de la Costa Sur y el estilo Chavín, de la sierra norte de Perú (Kroeber 1944, 1953; Tello 1959; Rowe 1967; Roe 1974).

Según Tello (1959), los individuos de Paracas-Cavernas presentaban una deformación craneana llamada "cuneiforme" que resultaba de la presión de tablas de madera atadas a la frente y hacia la parte posterior del individuo durante su infancia. También se pudo estimar que cerca del 40% de los cráneos presentaba trepanación, un tratamiento por medio del cual, tras una lesión o trauma craneal, se cortaba un fragmento del cráneo con el uso de cuchillos de obsidiana y otros útiles. Este tratamiento habría tenido considerable éxito, a juzgar por los signos de regeneración del hueso que mostraban muchos cráneos (Tello 1929:144).

Las excavaciones realizadas entre los años 1927 y 1928 en un área de compartimentos subterráneos en la zona norte del Cerro Colorado documentaron la existencia de una gran tumba colectiva con 429 fardos o momias envueltas, conocida como la Necrópolis de Paracas (Massey 1990: 231). Un cierto grupo de fardos presentaba una disposición del individuo más elaborada que el resto, empleando en su preparación una serie de suntuosos mantos. En un solo fardo llegaron a aparecer más de 100 mantos finamente bordados. Asociados a esos individuos aparecían también abanicos de plumas, mazas con cabeza de piedra y tocados de pieles de animales. La colocación de los fardos dentro de los recintos, seguía un patrón simétrico, con los bultos más pequeños encima de los mayores. Este orden indica que la Necrópolis constituyó un enterramiento colectivo de carácter secundario, planteándose su relación directa con un grupo dirigente regional (Massey 1990; Paul 1991; Lumbreras 1999).

Tello señaló igualmente que en Paracas-Necrópolis existían individuos con deformación craneana distinta a la de Paracas-Cavernas, la denominada "cabeza larga", aunque se utilizara la misma técnica de tabletas atadas al cráneo en edad infantil. Así, mientras para algunos investigadores las "cabezas largas" se han asociado a grupos de élite (Weiss 1961), para otros no es más que una práctica común de los grupos prehispánicos de la región (Cook 1999). Se puede destacar que en ningún caso se señaló la existencia en la Necrópolis de trepanaciones craneanas. En cuanto al repertorio cerámico, presentaba formas de calabazas monocromas y paredes muy delgadas.

Tello planteó que en Paracas se daba una continuidad cronocultural entre los conjuntos de Cavernas y de Necrópolis, y propuso una secuencia de fases dentro de la "Cultura Paracas". Sin embargo, posteriores trabajos reorganizaron las cronotipologías y cuestionaron la "unidad cultural" propuesta por Tello para la Costa Sur. Para ello, la investigación, como ocurre habitualmente con las sistematizaciones histórico-culturales, se ha centrado casi de manera exclusiva en determinados grupos de productos, elevándolos a la categoría de "fósiles-directores". Sin duda, el principal protagonismo se le ha otorgado a la cerámica (Rowe 1958; Menzel et al. 1964; Wallace 1962,1986; Peters 1987-88,1991; Massey 1990,1991, Silverman 1991,1994,1996; García y Pinilla 1995; DeLeonardis 1997; Isla et al. 2003, entre otros) y a los textiles (King 1965; Dwyer 1971,1979; Cordy-Collins 1976; Paul 1990,1991; Wallace 1991, entre otros), mientras que, por ejemplo, la arquitectura apenas ha atraído el interés de las investigaciones (Massey 1990,1991; Engel 1991; Silverman 1991, 1994, 1996; Canziani 1992; Cook 1999, entre otros).

Secuencias, seriaciones y fases de la "Cerámica Paracas"

Las producciones alfareras identificadas como "Cerámica Paracas" han sido y son el referente en la construcción de la periodización y de las secuencias cronológicas de los Andes Centrales. El discurso arqueológico esgrimido, caracterizado por un fuerte componente histórico-cultural, mantiene su apoyo en cronotipologías cerámicas y seriaciones estilísticas a la hora de establecer fases en la dinámica histórica de las sociedades prehispánicas.

De este modo, la ordenación de Tello de los "componentes culturales" de Cavernas y de Necrópolis, en clave de fases, ha sido el punto de partida para esas cronotipologías en la Costa Sur. De hecho, aunque siempre se han apuntado algunos rasgos tecnomor-fológicos, ha sido fundamentalmente la iconografía la que ha definido los grupos alfareros. Tello asoció a Paracas-Cavernas las decoraciones incisas geométricas y zoomorfas estilizadas (felino y aves) e incisas-policromas, incisiones que delimitan zonas pintadas postcocción y de decoración negativa (improntas de cocción trabajadas). Este tipo de decoraciones aparecerían sobre tazas, cuencos, platos y botellas escultóricas. Para Necrópolis, la vajilla fina presentaría decoración incisa y pintura monocroma (color crema), con formas de cuencos de paredes bajas y botellas escultóricas fitomorfas (cucurbitáceas). Tello llegó a reconocer un estilo anterior a la "Cerámica Cavernas", al que denominó "Chavín-Paracas" por el paralelismo iconográfico con el estilo "Chavín" de la sierra norte. Se trataría sobre todo de cuencos de pastas grises con diseños incisos de círculos concéntricos (Mejía Xesspe 1976:41, Fig. 7).

Los trabajos de Max Uhle, el primer investigador que introduce métodos estratigráficos en las excavaciones y uno de los primeros en realizar investigaciones en la Costa Sur de Perú (Uhle 1970 [1910]), permiten hablar de nuevos aportes. Sobre la base de ciertas estratigrafías elaboró una periodización basada en lo que llamó "horizontes cronológicos". Así, definió una etapa de "Culturas Protoides" anteriores a la que denominó "Cultura Tiahuanaco". Una de ellas, que situó en la Costa Sur, era la "Cultura Proto-Nasca".

Una nueva etapa de las sistematizaciones cronotipológicas se inició con la presencia en Perú de investigadores estadounidenses. Esta etapa supondría la consolidación de los presupuestos histórico-culturales, siempre asentados en la búsqueda de unas sedaciones cerámicas fiables para asignar cronologías relativas a las "culturas" andinas.

La terminología de Uhle fue reproducida por Strong (1957), aunque denominó "Cultura Nasca" al "Proto-Nasca" de Uhle. Así,grosso modo, la sucesión cronológica "Cultura Paracas"-"Cultura Nasca" quedaba establecida como eje vertebrador de las periodizaciones en la Costa Sur. Strong publicó las excavaciones de la Universidad de Columbia en 1952-53. A partir de los registros en el sitio monumental de Cahuachi (provincia de Nasca), elaboró una secuencia estilística de la cerámica, apoyada en estratigrafías, que ofrecía una primera fase denominada Paracas Tardío (Late Paracas), asociada al estilo Cavernas de Tello, con cerámica incisa de engobe rojo (Cahuachi Slipped red) (Strong 1957). También introduce un estilo intermedio previo a la "Cultura Nasca", al que denomina Proto-Nasca, asociado a la alfarería reducida (negra) con decoración bruñida (Cahuachi Black incised) y a vasijas con decoración de pintura crema (Cahuachi White-slipped Necropolis). Esas "cerámicas Proto-Nasca" tendrían su correlato con la fase Necrópolis de Tello (1959). En consecuencia, la sucesión Cavernas-Necrópolis, se equipararía a la sucesión Paracas Tardío-Proto-Nasca en Cahuachi (Tabla 1).

Por su parte, Engel (1957) desarrolló durante una década sus trabajos en el litoral peruano, centrándose principalmente en el estudio de asentamientos (García y Pinilla 1995: 45). Sus planteamientos reformulan entidades culturales, puesto que pasó a hablar de una "Cultura Paracas I" (Cavernas), con cerámica decorada bajo parámetros "Chavín", con una iconografía estilizada de incisiones zoomorfas, principalmente de felinos. La "Cultura Paracas II", la asoció a asentamientos con un desarrollo de la artesanía textil, y con cerámica del estilo de las tumbas de la Necrópolis de Tello (Engel 1991).

En cuanto a Rowe (1962), propuso una secuencia para toda el área andina, a base de horizontes y períodos. Se basa en tres etapas de "unificación cultural" representadas por los horizontes Chavín, Tiahuanaco/ Huari e Inca, con etapas intermedias de "regionalismo cultural". El "Horizonte Temprano" se desarrollaría entre 900-100 AC y el "período Intermedio Temprano", entre 200 AC y 600 DC. Esas etapas se apoyaron, respectivamente, en las seriaciones estilísticas de la "Cerámica Paracas" y de la "Cerámica Nasca", elaboradas por Dawson.

Dawson y Menzel seriaron las cerámicas de la Costa Sur de acuerdo a la ordenación estilística y a diversos puntos de apoyo en sus trabajos de campo en Ocucaje y Tajahuana en el valle de Ica y en Cerrillos en el valle de Pisco, así como en algunos contextos con dataciones radiocarbónicas. Así, elaboraron la que pasaría a ser la "secuencia maestra" de Ica (Menzel et al. 1964). Siguiendo el método de sedación, la secuencia maestra asumía los rasgos diagnósticos de la cerámica de la región de ka como pauta para establecer una secuencia referencial para clasificar el material del área andina. De esta forma, establecieron 10 fases estilísticas (Ocucaje 1-10), equiparables a la fase Cavernas de Tello y ubicadas en el Horizonte Temprano. Por su parte, la fase Necrópolis se identificaba como la primera (Nasca 1) de las nueve fases Nasca, dentro del Intermedio Temprano. Denominarían tradición Topará a la cerámica de un estilo específico de su fase Ocucaje 10.

Con la secuencia maestra de Ica en las manos, la arqueología de la Costa Sur consensuó los fósiles- directores de las fases de Ocucaje como indicadores de la "Cultura Paracas". Sin embargo, la investigación se encaminó hacia la "identificación de materiales" y a "contrastar estratigráficamente la secuencia maestra", priorizando así al objeto y no al sujeto productor de la alfarería. Entre los ajustes que se introdujeron se abandonaron por falta de evidencias claras las fases Ocucaje 1-2, asumiéndose que la "Cultura Paracas" se iniciaba con Ocucaje 3, bajo la influencia estilística de Chavín, relegándose también las fases Ocucaje 4-5 por las mismas razones (Massey 1991; Silverman 1991,1994; García y Pinilla 1995; DeLeonardis 1997; Cook 1999; Velarde 1999). Las fases estilísticas de la "cerámica Paracas" se fueron ajustando de acuerdo a las diversas áreas geográficas de la Costa Sur. Desde finales de los años 80, estas fases han incorporado las dataciones radiocarbónicas para mayor precisión cronológica (DeLeonardis 1991; Paul 1991).

 

A grandes rasgos, las fases que se siguen asumiendo como referencia cronotipológica en los valles de la Costa Sur, mantienen el esquema de la secuencia maestra (Figura 2). Así, Ocucaje 3, se asocia a vasijas de paredes gruesas, de pasta gris y superficies pulidas, con cuencos de bordes rectos con bisel y con decoraciones incisas cortantes exteriores de círculos concéntricos o motivos romboidales similar a diseños iconográficos "chavinoides" (Wallace 1962,1986; Menzel et al. 1964). Ocucaje 4-5, difícilmente reconocido, se relaciona con cuencos y platos de pasta oxidada, con decoraciones incisas de círculos enlazados y anillos de círculos con punto en el centro cerca del borde, líneas entrecruzadas en el fondo e incisiones en '8' en el exterior de cuencos altos o tazones de pasta marrón claro. También aparecen ollas de cuello corto y sin cuello, de pastas oxidadas con incisiones lineales en "v" en la parte superior del cuerpo (Menzel et al. 1964; Isla et al. 2003). Ocucaje 6-7 bien como fases diferentes (isla et al. 2003) o como una sola etapa (DeLeonardis 1997), se asocia a cuencos de pasta oxidada (rojo violáceo a marrón) con incisiones internas de círculos enlazados y círculos con punto al centro en incisiones lineales en el fondo, con engobe rojo tenue en la parte superior interna y cubriendo las paredes externas de las vasijas. Igualmente se asocian diseños incisos zoomorfos estilizados y geométricos con pintura postcocción. En las vasijas cerradas se tipifican ollas con pasta marrón y con incisiones lineales en la parte superior, agregándose los punteados (Menzel et al. 1964; DeLeonardis 1997; Isla et al. 2003).

Figura 2. Cronotipología de recipientes abiertos con decoraciones de tipo Paracas-Ocucaje, según la estratigrafía de la Unidad i de Jauranga (Palpa). Basado en Isla y colaboradores (2003).

 

Ocucaje 8 es la fase más representativa de la secuencia, ya que posee una mayor distribución geográfica que las anteriores, alcanzando la cuenca del río Nasca. Se caracteriza por cuencos con engobe rojo más acentuado que en fases previas, tanto en las paredes internas como externas, y con incisiones de anillos de círculos con punto al centro, círculos concéntricos enlazados cerca del borde con líneas incisas en el fondo de la vasija. Estas se tornan más elaboradas y se les acuña el nombre de "rayaderas" (Wallace 1986; Silverman 1991; Isla et al. 2003; De La Torre y Van Gijseghem 2005). También continúan los cuencos y botellas con incisiones de figuras zoomorfas estilizadas (ave y felino) y diseños geométricos con pintura postcocción. En este sentido, algunos investigadores creen que esta continuidad corresponde a arcaísmos que arrastra la iconografía "Paracas-Ocucaje" (Massey 1990, 1991; Silverman 1991,1994; Isla et al. 2003). En asociación a las vasijas abiertas de estilo Ocucaje 8 se señala mayor presencia de vasijas cerradas, ollas y cántaros en pasta marrón con decoración incisa en la parte superior del cuerpo, sobre todo líneas en "v" delimitando zonas punteadas, entre otros (Figura 3). Estas últimas vasijas, encontradas en mayor proporción en yacimientos más al sur (cuenca de Río Grande), han llevado a plantear a Silverman (1994) su correspondencia con una producción alfarera local de esta zona, a la que ha denominado estilo Tajo, por el yacimiento epónimo del valle de Ingenio, cerca de Nasca.

Figura 3. Fragmentos de ollas y tinajas con asas decoradas en estilo Tajo.

 

Ocucaje 9 muestra cierta continuidad en cuencos incisos con engobe rojo, pero también aparecen cuencos altos en pasta marrón y superficies pulidas. La decoración incisa se hace más profusa en la pared externa, predominando los diseños de motivos lineales y escalonados, así como motivos zoomorfos naturalizados (felinos). Hay vasijas con decoración negativa y de patrón bruñido, y continúan las ollas con decoración incisa en pasta marrón. En Ocucaje 10 la decoración incisa es más elaborada y se naturalizan las figuras zoomorfas incisas y pintadas, predominando las decoraciones negativas en cuencos. Aparecen cuencos con decoración excisa o a presión en la pared interna, cocidas a fuego controlado que permite obtener superficies negras interiores y claras-oxidadas exteriores. Los cuencos son de mayor tamaño, con paredes bajas y ángulo de inflexión hacia la base. A las botellas y cántaros se suma una serie de formas escultóricas, predominando las de cucurbitáceas. Finalmente, en Nasca 1 aumentan los cuencos de paredes bajas, diámetros grandes y bases cónicas, así como las decoraciones en negativo. También aparecen decoraciones con engobe color crema y rojo "chorreado", siendo frecuentes las botellas escultóricas fitomorfas (cucurbitáceas), típicas de la fase Paracas-Necrópolis de Tello. Dada la recurrente coexistencia de estilos de las fases Ocucaje 10 y Nasca 1, ambos se han considerado pertenecientes a una sola fase (Orefici 1996; Cook 1999).

Schreiber (1998) ha propuesto una fasificación basada en la secuencia maestra y aplicada a la cerámica de superficie procedente de sus prospecciones en el valle de Nasca, utilizando como referentes los yacimientos de La Puntilla y Montana. De esta manera, asoció el período Puntilla a la fase Ocucaje 8 y el período Montana a cerámica de las fases Ocucaje 10-Nasca 1. Sin embargo, las excavaciones de 2001 en La Puntilla han sido utilizadas por Van Gijseghem (2004) para señalar la coexistencia de cerámicas asignadas a los dos periodos de Schreiber, Ocucaje 8 (período Puntilla) y una tradición alfarera Nasca (período Montana), que ha explicado por la convivencia de grupos "étnicos", uno local (Montana) y uno foráneo de "emigrantes Paracas".

Asociaciones y contradicciones

El esquema cronotipológico de las cerámicas y de las fases de Ocucaje se muestra, como estamos viendo, con la lógica de una racionalidad inequívoca, habitual en las construcciones histórico-culturales. Sin embargo, existe una serie de contradicciones y de problemas derivados de la expresión material concreta de las producciones alfareras. Estas contradicciones, paradojas no resueltas por carencias empíricas o por deficiencias en los planteamientos metodológicos de la investigación, abren campos de incertidumbre que requieren de una evaluación detallada y de una formulación teórico-metodológica. Solo de esta forma se podrá avanzar en el examen de las condiciones de la fabricación, circulación yuso de los productos alfareros en la Costa Sur durante el milenio anterior al cambio de era.

Las secuencias construidas en los diferentes valles de la Costa Sur han señalado una mayor presencia de estilos cerámicos de las fases más tardías (Ocucaje 8-10 y Nasca 1). Por el contrario, las cerámicas de estilos de las fases iniciales de la secuencia, sobre todo Ocucaje 3, aparecen circunscritas en su mayoría a la península de Paracas y a la bahía de Independencia (Karwa) (Tello 1959; Tello y Mejía Xesspe 1979; García y Pinilla 1995) y en sus cercanías, como el valle de Pisco (Cerrillos) (Wallace 1962). Esta situación supone una primera realidad a evaluar. Los estilos asociados a las fases de Ocucaje podrían ofrecer áreas de circulación diferenciadas y depender, probablemente, de lugares de fabricación concretos y con cambios en la diacronía que abarca toda la secuencia.

Las dataciones radiocarbónicas provenientes de Cerrillos y del yacimiento 14-VI-16 de Paracas-Cavernas I (Paul 1991:12-13) relacionados con estas fases tempranas se enmarcarían entre 460-375 cal. AC. Sin embargo, las primeras evaluaciones de las fechas absolutas asociadas a estilos cerámicos de fases más tardías concluyen que hay un solapamiento con las fechas de las fases tempranas en un intervalo de 460-225 cal. AC (Paul 1991:12-13). Estas apreciaciones abren una segunda línea de investigación que exige de una evaluación ajustada de la evidencia, que afecta directamente a los fundamentos arqueológicos y cronométricos de la secuencia estilística de la cerámica y a la utilización de las dataciones radiométricas y su calibración.

Para explicar por qué los estilos tardíos de la secuencia de Ocucaje presentan un área de distribución geográfica más amplia que en los primeros estilos alfareros, se ha planteado que las poblaciones "nucleares" localizadas en la península de Paracas y Pisco se expandieron hacia el sur (Browne y Baraybar 1988; Paul 1991; Silverman 1991,1994; Cook 1999). Es decir, nos encontramos ante explicaciones difusionistas-migracionistas. Esta es una tercera cuestión que se abre a la investigación, dado que el axioma que entrevé un movimiento poblacional en una red de circulación de productos alfareros o en la reproducción de modelos de referencia, no es un principio universal, sino un presupuesto histórico-cultural frecuentemente usado para dar cuenta de "cambios culturales". Otras explicaciones deberán ser valoradas.

Por otra parte, debemos recordar la definición del estilo de cerámica Tajo (Silverman 1994), considerado como una producción local del extremo sur del área de la "Cultura Paracas". Este es un estilo cerámico bien documentado en asentamientos de las fases tardías, pero mal conocido para las fases tempranas debido el escaso registro de esos momentos en la región meridional (área de Nasca). Se trataría de vasijas cerradas, destinadas al procesado y al almacenamiento de alimentos, o a otros usos, que ya en las seriaciones antiguas aparecían como una tradición continuada a lo largo de toda la secuencia de fases Ocucaje. Por esa razón, una parte de la bibliografía ha contemplado estas producciones como parte de los estilos propios de la "cerámica Paracas" en sus distintas fases. Con ello, nos enfrentamos a los criterios de demarcación estilística y de caracterización de los conjuntos cerámicos: ¿se establecen tipologías unitarias para englobar en una misma entidad "cultural" la totalidad de la producción alfarera? o, por el contrario, ¿buscamos acotar de manera concreta las tradiciones tecnomorfométricas asociadas a recipientes cerámicos con funciones específicas?

Una cuestión más afecta a las fases tardías Ocucaje 9-10-Nasca 1. Ya hemos indicado que existen argumentos que subrayan su coexistencia en el tiempo, es decir, la coexistencia de diversos grupos estilísticos y tradiciones alfareras en una misma fase (Orefici 1996; Cook 1999; Van Gijseghem 2004). En clave histórico-cultural se entiende la coexistencia de tradiciones alfareras en términos de grupos poblacionales portadores de la tradición estilística, de forma que la presencia conjunta sería explicable por la convivencia de diferentes grupos étnicos. El marco cronológico en que se sitúan estos estilos es, globalmente, la fase Paracas-Necrópolis. Así, de acuerdo a las dataciones disponibles nos situaríamos entre 200 cal. AC y 300 cal. DC (Paul 1991: 14-15). Con estas cronologías, evidentemente, el solapamiento temporal involucra directamente al desarrollo de las diversas fases estilísticas de las "cerámicas Nasca", al menos en sus fases Nasca 2-3. Por lo tanto, estamos ante un horizonte temporal donde no sólo coexistirían estilos cerámicos diversos y heterogéneos, sino que además esos estilos han sido presentados como "rasgos" de una "Cultura Paracas" (Ocucaje 9-10) y de una "Cultura Nasca" (Nasca 1-3). La yuxtaposición de culturas o la convivencia étnica parecen ser la salida más fácil. No obstante, este tipo de situaciones debe aclararse a la luz de otros planteamientos más realistas y abordar el estudio de los modelos de referencia alfareros en clave sociológica.

El Proyecto La Puntilla: Hacia una sociología histórica de la producción alfarera

Nuestro equipo de investigación está llevando a cabo un proyecto arqueológico en la Costa Sur, encaminado a conocer cómo eran las comunidades del primer milenio antes de nuestra era. Estamos trabajando en el área arqueológica de La Puntilla, en la cuenca del río Nasca (provincia de Nasca, departamento de Ica). Las excavaciones arqueológicas en extensión, iniciadas el año 2005 en los yacimientos La Puntilla 1 y El Trigal, están encaminadas a documentar los espacios sociales de las comunidades locales y, por lo tanto, a registrar las áreas de actividad detectadas en conjuntos arqueológicos de génesis social (Castro-Martínez et al. 1999).

No pretendemos, por tanto, una mera constatación de secuencias cronoculturales a través de la elaboración de sedaciones de fósiles-directores, ni una aproximación a las singularidades y excepcionalidades de valor estético o artístico. Nuestros objetivos se enmarcan en formulaciones de una arqueología social centrada en el conocimiento de las prácticas sociales (Castro-Martínez et al. 1996b, 2002) y de la producción material de la vida social (Castro-Martínez et al. 1998, 2002; Castro-Martínez y Escoriza-Mateu 2005) que permitió la reproducción de las condiciones de existencia de las comunidades de la Costa Sur a lo largo del primer milenio antes de nuestra era.

En consecuencia, nuestros objetivos referentes a las cerámicas forman parte de las líneas de investigación que guían nuestro trabajo, desde las que podremos formular las cuestiones que hemos señalado, e imple-mentar las metodologías instrumentales que permitan dar un significado social a la producción de cerámicas, que implique tanto los procesos de trabajo alfarero como la circulación de materiales y productos, su uso en lugares sociales concretos, su disponibilidad por los distintos colectivos sociales y sexuales de las comunidades y, finalmente, su papel en la política y la ideología.

En estos momentos apenas hemos comenzado a obtener los registros empíricos y a ordenar las evidencias, de manera que aquí únicamente plantearemos aquellas cuestiones abiertas que iremos profundizando en el curso del desarrollo de nuestra investigación.

Los horizontes de sincronía y las estilísticas

Para avanzar en el conocimiento de las situaciones históricas en el pasado es imprescindible desprenderse de los constructos de la tradición histórico-cultural que conllevan las periodizaciones asentadas en la ordenación cronotipológica de objetos, que, en este caso, son mayoritariamente productos cerámicos. La tautología de otorgar un tiempo relativo a un tipo de objeto, en clave de "director fósil", para luego acudir a su reconocimiento para otorgar cronologías, es un proceder heredado de la geología y de la presunción de una sucesión de "culturas" con una lista cerrada de rasgos definitorios. Cada tipo se adscribe a una entidad "cultural" o a una "fase", y se le otorga una esencialidad temporal. Con ello, el punto de partida es la búsqueda de incompatibilidades (temporales o "culturales") para afinar la naturaleza esencial de los "directores fósiles". Este es un problema muy debatido en arqueología, pero que sigue representando una práctica extendida y, en el ámbito de la Costa Sur, casi exclusiva.

Por lo tanto, nuestro método de aproximación a la temporalidad de los productos cerámicos (en este caso) propugna un punto de partida diferente, independiente y asentado en una contextualización arqueológica en áreas de actividad, no en estratos o niveles que no tienen por qué representar sucesiones temporales en espacios sociales estructurados y, por supuesto, en un anclaje basado en cronometrías fisicoquímicas, primordialmente en las dataciones radiocarbónicas calibradas dendrocronológicamente (Castro-Martínez y Mico 1995; Castro-Martínez et al. 1996a). El fin es establecer horizontes temporales que delimiten situaciones sociales específicas, para abordar las relaciones político-económicas (a nivel sincrónico) y para detectar las transformaciones sociales a lo largo del tiempo (a nivel diacrónico). Es en esos horizontes de sincronía donde podremos ubicar los productos alfareros fabricados y/o utilizados, sean cuales sean las tradiciones estilísticas, los modelos de referencia o las tendencias de fabricación a las que respondan. Luego podremos buscar una explicación económica o político-ideológica enmarcada en la vida social de las comunidades que los fabricaron y/o utilizaron.

No podemos utilizar aún, en la evaluación cronométrica de las evidencias, ninguna datación procedente de los contextos documentados en nuestras excavaciones, ya que las muestras están procesándose en estos momentos, pero disponemos de series de fechas suficientes para poder abordar la cuestión cronométrica de manera preliminar. Para ello, disponemos de la base de datos elaborada por la Universidad de Varsovia (Ziolkowski et al. 1994) y de publicaciones que han incorporado dataciones realizadas en los últimos años (Górsdorf y Reindel 2002; Van Gijseghen 2004).

Con estas evidencias podemos establecer una ubicación inicial de los horizontes de sincronías en la Costa Sur en el primer milenio antes de nuestra era. Los criterios de contextualización arqueológica, descarte de dataciones con problemas intrínsecos y calibración dendrocronológica, ya han sido expuestos (Castro-Martínez y Mico 1995; Castro-Martínez et al. 1996b, 2003; Figura 4).8 Así, ofrecemos una primera hipótesis sobre los horizontes de sincronía que afectan a las regiones con "cerámicas Paracas":

1) 900-700 cal. AC. Un primer horizonte temporal se ubica en torno a 850-750 cal. AC, si atendemos a las fechas obtenidas en los yacimientos 14A-VI-40 de Puerto Nuevo (NZ-877) y 14A-VI-90 de Disco Verde (NZ-685), en la península de Paracas. Una datación de Cerrillos (GX-1345) también se situaría en ese marco, vinculándose a cerámica del estilo Ocucaje 3. Este primer horizonte, muy mal conocido en las regiones meridionales, supondría la aparición de los primeros estilos alfareros de la serie Ocucaje, pero apenas podemos precisar su área de distribución y las funciones de los recipientes.

2)   700-400 cal. AC. Esta etapa no cuenta con ninguna datación en las series radiométricas disponibles. Dadas las secuencias estratigráficas conocidas, parecería lógico ubicar en este intervalo las producciones alfareras de la serie intermedia de Ocucaje 4-7, pero la heterogeneidad regional y la posible presencia de producciones Tajo previas a la utilización de recipientes de vajilla Ocucaje aún están por aclarar. Esperamos que los registros de los yacimientos correspondientes a estos momentos que considera nuestra investigación permitan profundizar en la sociología de la alfarería de esta etapa.

3)   400-100 cal. AC. En Cabezas Largas de Paracas una datación (NZ-968) aparentemente asociable a la ocupación adscrita a Cavernas II, corresponde a una calibración de 300-250 cal. AC. En el yacimiento 14A-VI-96 de Paracas, una datación también de la fase Cavernas II (NZ-1087) se sitúa en el mismo intervalo temporal. El yacimiento de Cerrillos cuenta con dos dataciones para el intervalo 250-150 cal. AC (P-517, P-518) que, en este caso, se vincula a la fase Cavernas I. Podemos esperar que esta etapa corresponda en las regiones meridionales del valle de Nasca a la presencia de modelos de referencia de tipos Ocucaje 8, que representarían el momento de máxima expansión de ese estilo cerámico. Su convergencia con las vasijas Tajo ofrecería una base sólida para un análisis detallado de las tendencias de fabricación y pautas de uso de las distintas tradiciones tecnomorfométricas y funcionales de las cerámica en las comunidades locales.

4) 100 cal.AC-300cal.DC. Esta etapa es la que cuenta, por ahora, con un mayor número de dataciones de referencia, aunque la heterogeneidad de estilos cerámicos que hacen su aparición sugiere que deberemos precisar con mayor detalle las dinámicas diacrónicas de emergencia y circulación de los modelos de referencia de los productos alfareros. Durante estos cuatro siglos se confirma la coexistencia en el valle de Nasca de una serie de estilos cerámicos diversos, incluyendo las variantes Ocucaje 9-10, Nasca 1 y Nasca 2-3.

 

Figura 4. Estructura percentílica de las series radiométricas de los yacimientos de la Costa Sur.

Las primeras excavaciones en La Puntilla 1 en Nasca permitieron obtener dos dataciones (AA-5 8743, AA-5 8745; Van Gijseghen 2004) que situarían la coexistencia de estilos Ocucaje 10 y Nasca 1 alrededor del 40 cal. DC. En cuanto a las dataciones en las áreas ubicadas más al norte, para la serie de dataciones de la Necrópolis de Paracas únicamente resultan operativas tres dataciones (L-115, L-311, Tx-2448); en el yacimiento PV62-37 de Ocucaje II, con cerámicas adscritas al estilo Ocucaje 9, dos dataciones (L-335C, L-335CI) se ubican entre 100-250 cal. DC y, por último, otras dos dataciones del yacimiento PV62-38 de Ocucaje-Pena (UCLA-970, UCLA-971), adscritas a los estilos Ocucaje 10-Nasca 1 corresponden a fechas sorprendentemente tardías de 300-500 cal. DC. Por lo tanto, las cerámicas de estos estilos se encuentran desde la península de Paracas al valle de Nasca en un intervalo de 50 cal. AC-350 cal. DC, sin que podamos descartar perduraciones hasta cerca de 500 cal. DC.

Sin embargo, al menos durante el intervalo de 100-350 cal. DC también aparece cerámica de los estilos tempranos de la serie de Nasca. Así, el yacimiento monumental de Cahuachi en Nasca ha proporcionado una extensa serie de dataciones que se vinculan, de manera global, a Nasca Temprano. De esta serie, resulta operativo un total de 27 dataciones (Ziolkowski et al. 1994) que ofrecen una cronología calibrada de 100 cal. AC-700 cal. DC, aunque el grueso de las fechas se ubica en un intervalo ajustado entre 100-350 cal. DC. Por su parte, una serie de seis dataciones de Los Molinos, en Palpa, se vinculan a la fase cerámica Nasca3 (Bln-5236, Bln-5239, Erl-3092, Erl-3093, Erl-3084, Erl-3095), con una temporalidad entre 50-300 cal. DC, a pesar de que una de ellas (Bln-5239) llega hasta 500 cal. DC. En el norte, en Cabezas Largas de Paracas, probablemente relacionada a cerámicas de estilo Nasca 2-3, existe una fecha (I-957, NZ-1127-1) de 25-430 cal. DC.

Para estas etapas, podemos concluir preliminarmente, que las cerámicas de estilo Nasca se detectan de manera destacable en los centros políticos de la cuenca del río Grande, con arquitectura monumental y sepulturas de élite (Cahuachi, Los Molinos), mientras que los centros político-ideológicos del norte (Necrópolis de Paracas) ofrecen una pervivencia de la tradición estilística tardía de la serie Ocucaje, con los estilos Ocucaje 9-10, que podrían perdurar hasta fechas incluso posteriores a 300 cal. DC. Con ello, podríamos hipotetizar una configuración política polarizada en la Costa Sur, pero faltaría explicar la circulación de los productos alfareros de ambas esferas políticas, su articulación con otras producciones (cerámicas de cocina y almacenaje) o los mecanismos de acceso ala vajilla fina. Sobre todo, en la medida en que las élites emergentes de estos momentos parecen gestionar redes de circulación de cerámicas decoradas ligadas a los mecanismos de dominio y dependencia de las comunidades sometidas.

Procesos de trabajo y tecnologías alfareras

Es preciso abordar las condiciones técnicas de la producción alfarera para una correcta comprensión de su significado social. Para ello, es necesario profundizar en los procesos de trabajo involucrados desde la obtención de la materia prima hasta el mantenimiento de los productos, aspectos que apenas han sido considerados en las aproximaciones histórico-culturales encaminadas a elaborar cronotipologías. Sin embargo, en los últimos años se han empezado a desarrollar investigaciones que han implementado metodologías instrumentales encaminadas al conocimiento técnico de la alfarería. Así, se han analizado mediante activación de neutrones las cerámicas policromas de estilos Nasca del yacimiento de Marcaya, en Nasca, determinándose que se trata de productos alóctonos, y subrayándose la ausencia de evidencias de trabajo alfarero en el poblado (Vaughn y Neff 2000; Vaughn y Linares 2004).

También Wetter (2005) ha realizado análisis de alfarería del sondeo estratigráfico TP5 de Jauranga (Palpa), llegando a determinar la existencia de tres grupos tecnológicos en la "cerámica Paracas". Las conclusiones de Wetter, enmarcadas en objetivos sustancialmente histórico-culturales, se remiten a la cronología relativa de la vajilla fina basada en cambios en la cocción (reductora a oxidante), elaboración de engobes y en la composición mineralógica, además de las técnicas decorativas (secuencia Grupo 3-Grupo 1), así como a la coexistencia durante toda la secuencia con una tradición técnica más homogénea de vasijas "toscas" (Grupo 2). Estas últimas, identificadas con el estilo Tajo, se las engloba en la producción alfarera local de Jauranga, como parte de las cerámicas de la "Cultura Paracas". La inexistencia de elementos diferenciables en la composición mineralógica de todos los grupos, así como el hecho de que cerámicas y adobes empleados en la construcción presenten una composición indi-ferenciada, lleva a Wetter a defender una producción local para todos los grupos alfareros.

Estos estudios, como en otros ámbitos, han priorizado cuestiones de procedencia-circulación de los productos, a la vez que la caracterización de los "rasgos" técnicos para completar la definición cronotipológica. Con ello, se hace necesario mantener como prioritarias una serie de preguntas en las investigaciones sobre las tecnologías alfareras:

1) Es preciso definir mediante criterios rigurosos los productos (por su uso) y las tendencias de producción (por su fabricación).

2)   Una vez definidos los horizontes de sincronía sobre apoyos cronométricos independientes, se deben establecer los tiempos sociales del trabajo alfarero en cada tendencia de producción, es decir, ubicar las fechas y la duración de cada tecnología implementada en la fabricación cerámica.

3)   Nuevamente sobre la base de los horizontes de sincronía acotados, establecer los tiempos sociales de uso de productos alfareros en las prácticas económicas (uso como herramientas en procesos de trabajo o en el mantenimiento de otros productos, por ejemplo, para almacenamiento) y político-ideológicas (uso de los recipientes como objetos finales para el consumo, la realización de prácticas ceremoniales o la amortización). Es decir, establecer cuándo, cómo y en qué situación económico-política se socializan los productos alfareros.

En cuanto a los procesos de fabricación, se deben considerar diversos vectores. Las tendencias de producción deben ser identificadas sobre bases empíricas consistentes, contando con las taxonomías tecnomor-fométricas tanto como con las analíticas petrográficas y fisicoquímicas. Con ello, podremos señalar los factores relevantes para identificar los productos por su valor de uso (potencial), pero también podremos determinar los atributos secundarios de las variantes de producción (no determinantes para el modelo de producto y su valor de uso). Así, será posible determinar las convergencias entre atributos tecnomorfométricos en análisis multivariantes para definir las tendencias de producción reales. Finalmente, podremos discriminarlas normas de producción materializadas en los productos con valor de uso específico y resultantes de tendencias de producción de determinados grupos de trabajo alfareros.

Las redes de circulación de productos cerámicos

La cuestión de la movilización de productos cerámicos, aunque haya sido en clave de difusión cultural, ha tenido siempre un gran protagonismo en los estudios arqueológicos, y la "cerámicas Paracas" ha sido objeto de diversas interpretaciones en cuanto a la distribución espacio-temporal de sus distintos estilos. Sin embargo, también en este aspecto es imprescindible formular con claridad las preguntas, antes de embarcarnos en programas analíticos. Para ello, es necesario establecer algunos criterios imprescindibles:

1)   La circulación de productos (distribución) es una constante en todo proceso de trabajo. Ningún producto tiene valor de uso en su lugar de fabricación, siendo necesaria su movilización para que el uso social le dé sentido. Por ello, se debe explicar socialmente la circulación.

2)   La distribución de productos puede tener explicaciones sociales diversas, y debemos buscar apoyos empíricos antes de promover explicaciones simples, del tipo "portadores de cerámica" de los discursos difusionistas. Pueden existir distintos circuitos yuxtapuestos que afecten a grupos de productos distintos. Desde el circuito doméstico al intracomunitario, en una comunidad pueden coexistir varias políticas de fabricación, distribución y uso de las cerámicas. A nivel extracomunitario, el intercambio comercial puede ser una forma, pero los regalos políticos, ofrendas religiosas, obligaciones inmersas en políticas de parentesco o apropiaciones en forma de botín o tributo son mecanismos de circulación a considerar. Por supuesto, las explicaciones funcionales, del uso de cerámicas como envases para transportar otros productos no deben ser descartadas.

3) La reproducción de modelos de referencia de productos, que conlleva la reiteración de un determinado tipo o la emergencia de un estilo (no formalizado), no siempre tiene la misma explicación. Es posible apuntar la distribución de productos (movimiento de objetos fabricados), la movilidad de especialistas para realizar trabajos alfareros (desplazamiento de alfareros), la migración de sujetos sociales con conocimiento alfarero por razones de políticas de parentesco, como la exogamia, la transferencia de conocimientos técnicos entre grupos de trabajo alfareros o la existencia de normas impuestas por instituciones políticas coercitivas o resultantes de acuerdos.

En definitiva, a la hora de dar cuenta de las distribuciones de taxones cerámicos debemos tener presentes los territorios, como espacios económico-políticos, y las redes que los implican mediante las prácticas de los sujetos sociales,

Por una parte, hay que localizar los territorios del trabajo alfarero, es decir, dónde se ubican los procesos de trabajo sometidos a normas y modelos de productos específicos, con valores de uso concretos. Por tanto, deberán valorarse las redes de la actividad (trabajo en sí), tanto como las redes de distribución de la materia prima (arcilla, desgrasantes), de los saberes técnicos (sobre procedimientos y medios de trabajo) y las redes de socialización (aprendizaje y experiencia).

Por otra parte, hay que localizar los territorios de uso de los productos, es decir, los lugares sociales donde acontecen actividades y prácticas normativas donde las cerámicas están en uso social. Es fundamental distinguir los usos de cerámicas como medios de trabajo para la transformación material de otros objetos, de los usos de cerámicas como medios de consumo individualizado o como objetos singulares en prácticas político-ideológicas. Todo ello nos conducirá a una realidad de territorios sociales yuxtapuestos, es decir, difícilmente no nos encontraremos con diversos modelos de productos y con diversas tendencias de producción coexistiendo en el tiempo y en el espacio.

Bajo esta perspectiva explicaremos las evidencias confirmadas en la "cerámica Paracas": irregularidad de la distribución geográfica de los distintos estilos de la tradición Ocucaje dependientes, seguramente, de redes de circulación diversas, si es que no dispersas; tradiciones tecnológicas y funcionales disociadas entre las vasijas de procesado-almacenamiento y la vajilla fina (Tajo vs. Ocucaje); territorios no coincidentes de presencia sincrónica de modelos de referencia diferenciados (p.e., Ocucaje 10-Nasca i-Nasca 2/3); gestión política sincrónica de distintos objetos cerámicos de carácter singularyuso político-ideológico ("cerámica Paracas" vs. "cerámica Nasca").

Agradecimientos El Proyecto La Puntilla (Nasca, ka, Perú) cuenta con el soporte de la Dirección General de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura de España, dentro del programa de Proyectos Arqueológicos en el Exterior 2005-2006, y de la Generalitat de Catalunya, dentro del programa de Proyectos EXCAVA (ref. 2006EXCAVA-00020),yhasido aprobado por el Instituto Nacional de Cultura del Perú, para las campañas de 2005 y 2006.

NOTAS

8 Usamos como intervalo de las cronometrías calibradas dendrocronológicamente el correspondiente a la máxima probabilidad, dentro de los límites de 1 sigma, de acuerdo con los resultados ofrecidos por la aplicación Calib 5.0.1 de la Universidad de Washington. El valor central de ese intervalo de máxima probabilidad es utilizado para la expresión gráfica en el Box Plot (Figura 4). No se han considerado viables dataciones con fechas convencionales cuya desviación-tipo supera ±150 años, o bien, es desconocida en la bibliografía.

 

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