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Estudios atacameños

versión On-line ISSN 0718-1043

Estud. atacam.  n.26 San Pedro de Atacama  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-10432003002600002 

 

Estudios Atacameños N° 26, pp. 7-11 (2003)

In Memoriam Sandra Sánchez (1964 - 2003)

 

En memoria de Sandra Sánchez

Una de las características de las amistades que se producen en el mundo de la investigación es que se conocen primero los trabajos y luego las personas. Los congresos sirven para identificar a los colegas e iniciar un proceso de conocimiento que a veces fructifica en una amistad. Murra una vez me decía que en el mundo de la etnohistoria y de la antropología resultaba fácil hacer amigos, pues las personas que llegan a estas áreas tienen una sensibilidad especial y, por tanto, comparten una serie de valores que facilitan la comunicación, de modo que generalmente se puede confiar en ellas. Fue el caso con Sandra, a quien conocí en el Coloquio "Cinco siglos después: La integración surandina" que organizaron la Universidad Católica del Norte y el Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas (Cusco), en San Pedro de Atacama el año 1993. En un ambiente de amigos y colegas pudimos compartir análisis y perspectivas comunes y, además, conversar de la vida de cada cual. Sandra me impresionó por su sinceridad y por el compromiso con su trabajo de investigación, por su generosidad al compartir la información de archivos y pistas de investigación, por sus recuerdos de Jujuy y porque muchas de sus amistades eran también personas que yo apreciaba y quería.

Desde entonces la comunicación y la amistad confluyeron de modo natural. Ella investigaba con frecuencia en el Archivo Nacional y luego a fines de los '90 ingresó al Programa de Magíster en Historia con mención en Etnohistoria en la Universidad de Chile, donde, por estas circunstancias, fui su profesor. Nuestros seminarios, donde participaban varios excelentes estudiantes, fueron bastante informales en el trato pero rigurosos en el trabajo historiográfico. Sandra fue siempre alumna de nota siete o máxima. Ella aportaba mucho a ellos, tanto con referencias documentales como con libros y artículos de su excelente biblioteca personal, así como con agudas opiniones críticas e ideas originales. En realidad era un lujo contar con una profesional de la historia antropológica como estudiante.

Su aporte mayor fue su Tesis de Magíster donde demostró que, contrariamente a todo lo que ha sostenido la historiografía hasta ahora, la Rebelión de Tupac Amaru no llegó hasta el Noroeste Argentino. Por el contrario, su análisis comparativo con la situación andina central indica que en el NOA había varias situaciones culturales y sociales diferentes, donde en un caso los sectores dirigentes aprovecharon el rumor de la revuelta andina para extender sus propiedades ajustando cuentas con sectores indígenas que limitaban su desarrollo. Esta tesis debiera ser publicada. Sandra se encontraba en la tarea de publicar algunos de sus capítulos más significativos.

El año 2002 coincidimos en Buenos Aires con ocasión de un ciclo de conferencias sobre rebeliones andinas organizado por el Museo Etnográfico de Buenos Aires. En las horas libres, Sandra nos sirvió de guía a Luis Millones y a mí para conocer su querido Buenos Aires. Allí conversamos mucho y me contó de su muy buena relación con su esposo Giovanni, del cariño y el amor que los unía. Sandra, generalmente reservada en cuestiones de su familia, creo que quiso manifestarme su confianza y afecto, y en cierta manera dejar un mensaje para Giovanni que siento el deber de transmitir.

Sandra organizaba con Viviana Manríquez, otra gran amiga, un simposio en el 51º Congreso Internacional de Americanistas cuando recibió la invitación para viajar a un safari a Sudáfrica donde la esperaba su querida amiga y compañera de estudios en el Magíster, Nicole Dunaway. Pasó a despedirse a la Universidad de Chile con esa alegría y transparencia que la acompañaban. Ese es el recuerdo que mantengo, el de una mujer joven llena de ideas y de proyectos y con mucha fuerza vital. Dejó una obra intelectual significativa y un círculo de parientes y amigos que la vamos a recordar siempre con cariño y admiración.

Jorge Hidalgo L.

Homenaje a Sandra Patricia Sánchez


Conocí a Sandra una soleada mañana de 1986 en la residencia que la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires posee en el cerro del Pucará de Tilcara, provincia de Jujuy. Venía acompañada de Gabriela Sica, infatigable compañera de trabajo y amiga. Era una vivaz joven de 22 años.

El Dr. Guillermo Madrazo las estaba iniciando en la investigación histórica a partir del registro y el análisis de documentos de los Archivos de la provincia de Jujuy. Este estudio formaba parte de un proyecto integral de Arqueología e Historia que, con financiamiento del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), dirigía este investigador, y en el cual yo tenía a cargo el área de arqueología. Ellas viajaban frecuentemente desde Jujuy para consultar los avances de su trabajo con el Dr. Madrazo, y también para reuniones de equipo que organizábamos en las instalaciones del Instituto Interdisciplinario de Tilcara. Conservo muy nítidamente la imagen de Sandra en esas reuniones, su profundo interés por todos los temas y su empeño por cumplir los objetivos de su trabajo.

Esta relación profesional continuó y se fue profundizando con la puesta en práctica de las tareas requeridas por los nuevos subsidios obtenidos de CONICET, entre 1988 y 1990. Bajo el título "Demografía, cultura y sociedad indígena en los Andes Jujeños: Etapa Agroalfarera y Contacto Hispano Indígena Inicial" seguimos indagando los temas históricos y arqueológicos en un rico intercambio interdisciplinario. Fueron los años fundacionales en la formación profesional de Sandra debido a su residencia en San Salvador de Jujuy y al trabajo cotidiano y constante en los archivos, en particular en el Archivo de Tribunales, donde encontró y transcribió valiosa información inédita sobre las poblaciones indígenas, entre el siglo XVI y comienzos del XIX.

Las Jornadas de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy iniciadas en 1988 me permitieron ir conociendo el perfil que estaba gestando como investigadora apasionada de la Historia, en particular a partir de las Segundas Jornadas, en octubre de 1990, en las cuales presentó en colaboración con Gabriela Sica el novedoso trabajo sobre un jefe étnico de Humahuaca: "Testimonio de una sociedad en transición: El testamento de un curaca".

A comienzos de 1991 se inició una nueva etapa en nuestra relación desde el momento en que me solicitó que la dirigiera en la Carrera de Apoyo a la Investigación de CONICET donde se desempeñaba con las funciones de Técnica Asociada. Se trasladó a Buenos Aires y allí nuestro contacto laboral fue diario. Recuerdo de esa época cómo trabajaba con la bibliografía de las bibliotecas del Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti y del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Leía durante horas y fichaba textos y documentos.


Tuve luego el gusto y el honor de dirigirla en la realización de su Tesis de Licenciatura de la Carrera de Historia de la Universidad Nacional de Jujuy, que bajo el título: "Fragmentos de un tiempo largo. Tilcara entre fines del siglo XVI y principios del XIX" defendió el 5 de septiembre de 1996 mereciendo la máxima calificación y comentarios muy elogiosos del jurado.

En 1993 fue ascendida a Técnica Principal. En 1999, a Profesional Adjunta en reconocimiento a su título profesional. Desde ese momento nuestra relación fue continua y crecientemente fecunda. En esa época comenzó a participar en los trabajos de campo y laboratorio que, bajo mi dirección, se realizaban en el Museo Etnográfico. La paulatina introducción en el campo de la arqueología se fue profundizando y su participación en los viajes al valle de Santa María, provincia de Catamarca, tomando a su cargo los aspectos logístico-administrativos de las campañas de campo, constituyó un apoyo fundamental para el equipo de investigación. Durante sus estadías cultivó amistades demostrando una profunda preocupación por las condiciones de vida de familias vallistas que conocíamos y a las que ayudaba de varias formas. Por otro lado, disfrutaba a plenitud de los paisajes de las montañas andinas, tal vez en consonancia con el recuerdo recóndito de su lugar de origen en la puna de Jujuy.

Este proceso alcanzó su culminación en los últimos tres años de su intervención profesional, entre los años 2000 y 2002. Atesoro muy bellos recuerdos personales de la última campaña que compartimos en Catamarca.

Otro momento memorable fue su intervención en la coordinación del Taller Binacional que, con el apoyo de las Fundaciones Antorchas de Argentina y Andes de Chile, se llevó a cabo en reuniones sucesivas efectuadas en el Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo de la Universidad Católica del Norte, en San Pedro de Atacama, y en el Museo Etnográfico de Buenos Aires. Además de su participación, se ocupó de la difícil tarea de la desgrabación de las cintas que registraron nuestras discusiones. La publicación de las Actas del Taller en Estudios Atacameños 14 se debió en parte a esta colaboración. Además compartimos momentos de camaradería inolvidables en la semana de la fiesta de Santa Rosa, en agosto de 1996, en San Pedro de Atacama.


Entre las características que poseía como investigadora se destacan, desde mi punto de vista, su gran interés por los temas abordados, su capacidad para plantear problemas de investigación novedosos y el método de indagación que ponía en juego con estrictez. Poseía, además, una profunda curiosidad por conocer y comprender los trabajos arqueológicos. Creo que veía como nadie entre los colegas de Historia que conozco que la integración de los datos de dos fuentes metodológicamente diferenciadas, como son los documentos escritos y los restos arqueológicos, pasaba por conocer desde adentro ambos caminos. Para ello se convirtió en una lectora crítica de las publicaciones en ambos campos. El estado de la cuestión en quebrada de Humahuaca y puna jujeña era perfectamente conocido por Sandra y siempre con el interés de seguir mejorando la comprensión de los procesos del pasado prehispánico y de la Colonia temprana.

Esto se puede apreciar en su valiosa tesis de licenciatura como en diversas publicaciones, entre ellas, "Algunas reflexiones sobre los Tilcara", "La frontera oriental de Humahuaca y sus relaciones con el Chaco: 1595-1650", "Entre la quebrada y los valles: Intercambio y producción. Siglos XVI y XVII", "Entre águilas y halcones. Relaciones y representaciones del poder en los Andes centro-sur", aportes todos al período de los siglos XVI y XVII en las tierras altas jujeñas y regiones limítrofes del Chaco.

A los 39 años había alcanzado una madurez y una plenitud intelectual que se manifestaba en los proyectos que tenía en marcha tanto para su tesis de doctorado como para la parte etnohistórica de nuestro proyecto de investigación en Yocavil, formulando hipótesis provocativas acerca de las poblaciones indígenas de los valles y de la puna. En este último sentido, me corresponde señalar el interesante trabajo que estaba iniciando con las fuentes de los valles calchaquíes, en particular, con la trascripción completa de los Archivos Parroquiales de Santa María de fines del siglo XVIII que realizó en los tiempos libres que le dejaban las tareas de apoyo a los trabajos de campo en arqueología.

A nivel personal, retomo las palabras de otra amiga, Isabel Iriarte, que expresó de la siguiente manera su relación: "Sandra eligió quererme" "y a partir de esto, era una gloria encontrarme con ella, siempre cariñosa, interesada por los problemas humanos que aquejaban a cada uno, su risa franca y su alegría". A mí me ocurrió lo mismo y la amistad que se gestó entre nosotras, más allá de los vínculos profesionales, fue muy profunda.


Se encontraba en el mejor momento de creatividad desde que la conocí. Su partida es para mí muy dolorosa y sentida porque se ha ido una gran investigadora y una amiga entrañable. Mi estímulo a seguir es tratar de propiciar que los caminos por ella trazados sean retomados por otros jóvenes que puedan proseguir con la indagación de problemas sustantivos sobre los procesos ocurridos en el mundo indígena y criollo del norte argentino.

Myriam Noemí Tarragó

Palabras para Sandra Sánchez


El año 2002, cuando se inició la organización del 51º Congreso Internacional de Americanistas, conversamos largamente con Sandra acerca de la posibilidad de realizar un simposio sobre los usos de la memoria de las poblaciones indígenas de América, e iniciamos este camino que hoy confluye en este lugar, donde estamos reunidos para rendirle a nuestra amiga y colega un homenaje, un reconocimiento y actualizar su memoria a través del recuerdo.

Con Sandra nos conocimos por primera vez el año 1992 en un taller o algún seminario sobre el Area Andina, y desde ese momento se inició este camino de amistad, de compartir una búsqueda de la historia de aquellas poblaciones indígenas olvidadas y marginadas por la historia oficial.

Cuando se vino a vivir a Chile nos acompañamos en nuestras investigaciones y en nuestras tesis realizando trabajos a veces en conjunto, y a veces de manera paralela, que fueron confluyendo en el inicio de una fructífera reflexión común sobre Purmamarca, los promaucaes y Atacama. Compartíamos la adicción por los documentos y también la locura de vivir con un pie en el siglo XVI y el otro en el presente.


Compartimos largas conversaciones sobre la vida, fuimos parte de la misma generación que conoció de violencias, de exilios, de silencios y también de camaradería, de generosidad en la vida y en el trabajo.

A través de estas palabras quiero también transmitir a Giovanni y a su familia el cariño de quienes hoy no pudieron estar, especialmente de Carole Sinclaire y de Tristan Platt.


Quiero agradecer de manera muy especial a Hugo Moraga y a Gastón Carreño quienes prepararon con cariño y dedicación el video. Quiero agradecer de manera muy especial a Hugo Moraga y a Gastón Carreño quienes prepararon con cariño y dedicación el video.
Sandra fue y es una amiga entrañable y a través de este homenaje quiero expresar mi admiración por su calidad y calidez infinita, agradecerle su amistad y solo decirle que siempre estará en mí.

Viviana Manríquez S