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Estudios atacameños

versión On-line ISSN 0718-1043

Estud. atacam.  n.24 San Pedro de Atacama  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-10432002002400002 

 

Estudios Atacameños N° 24, pp. 9-19 (2002)


Aguada y el proceso de integración regional

Víctor A. Núñez Regueiro1 y Marta R. A Tartusi1

1 Instituto Interdisciplinario de Estudios Andinos (INTERDEA, UNT) ­ CONICET. A. Sabin 2697 (4107) Yerba Buena, Tucumán, Argentina. Email: nureg@arnet.com.ar.



RESUMEN

Nuestra propuesta sostiene que durante el Formativo, Condorhuasi-Alamito, con aportes de Ciénaga, sentaron en Campo del Pucará las bases para el surgimiento de Aguada en el valle de Ambato. En este momento, se habrían entretejido redes de interacción entre distintas comunidades del Noroeste Argentino, que generaron una integración regional con características particulares. Este proceso tuvo como elementos aglutinantes manifestaciones de carácter simbólico, frecuentemente representadas en la iconografía. La necesidad de consolidación de la complejización social emergente, acentuó la centralización de poder, reforzando los aspectos rituales y la parafernalia que los complementa.

Palabras claves: integración regional ­ proceso histórico ­ Aguada.


ABSTRACT

This work proposes that Condorhuasi-Alamito, with contributions from Ciénaga, in Campo del Pucará, set the basis for the birth of Aguada in Ambato valley during the Formative Period. Interaction networks were interwoven between various communities in the Argentine Northwest at that time, generating forms of regional integration with specific characteristics. Symbolic manifestations that are frequently represented in the iconography appear to have been agglutinant elements of this process. The need to consolidate emerging social complexities accentuated the centralization of power, reinforcing ritual aspects and their accompanying paraphernalia.

Keywords: Regional integration ­ historical process ­ Aguada.


Introducción

Desde que fue definida como tal por A. R. González (1955 y 1964), "Aguada" ha sido estudiada bajo distintas categorías: como una "cultura", como una "entidad sociocultural", y como la manifestación de un fenómeno de "integración regional" que se manifestó a nivel de superestructura.

Debido a que cada sitio estudiado ofrece particularidades únicas que lo diferencian de otros sitios, hay quienes ponen énfasis en las características diferenciales y desprecian, o soslayan, la existencia de rasgos compartidos. En forma concomitante con esta actitud, ha surgido la tendencia a tratar de no emplear el término "cultura", eludiéndolo de distintas maneras hasta donde sea posible y, cuando ya no lo es, recurriendo en su reemplazo al uso del concepto de "estilo", o sustituyendo el de "cultura" por "entidad sociocultural" (para referirse a Aguada) (p.e. en Arqueología de Ambato 1991) o por términos de carácter ambiguo como "grupos sociales" (para referirse a Condorhuasi), "sociedades aldeanas" (para referirse a Alamito), "grupos aldeanos" (para referirse a San Francisco) o "comunidades aldeanas" (para referirse a Saujil), como utiliza Albeck (2000: 204-209).

En relación a ese pulcro deslumbramiento por lo particular, conviene recordar algunas palabras de Bunge:

"El científico se ocupa del hecho singular en la medida en que éste es miembro de una clase (...) no es que la ciencia ignore la cosa individual o el hecho irrepetible; lo que ignora es el hecho aislado (...) La generalidad del lenguaje de la ciencia no tiene, sin embargo, el propósito de alejar a la ciencia de la realidad concreta: por el contrario, la generalización es el único medio que se conoce para adentrarse en lo concreto,2 para apresar la esencia de las cosas (...) . Con esto, el científico evita en cierta medida las confusiones y los engaños provocados por el flujo deslumbrador de los fenómenos" (Bunge 1981: 27-28).

Veinticinco años atrás, uno de nosotros señaló la importancia de tomar como "unidades de análisis" a lo que denominó "entidades socioculturales", como son cada uno de los sitios Condorhuasi-Alamito de Campo del Pucará (Figura 1) y de utilizar el término "cultura" para hacer referencia al conjunto de "entidades socioculturales" que, más allá de sus particularidades, poseen características comunes (Núñez Regueiro 1975: 171); no se propuso reemplazar al término "cultura", sino modificar la perspectiva metodológica utilizada en la construcción del concepto subyacente, que hasta ese entonces se hacía tratando de integrar "contextos culturales". Lamentablemente, la propuesta metodológica no fue la que se tuvo en cuenta, sino el término "entidad sociocultural" que, como hemos referido más arriba, pasó a ser utilizado en algunos trabajos en reemplazo del término "cultura"; ni el concepto, ni sus consecuencias metodológicas fueron cambiados sustancialmente, tal vez por haber sido escrito en español y no en inglés.


Figura 1. Ubicación de las zonas arqueológicas del Noroeste Argentino referidas en el texto.


El término "cultura"3 es utilizado para nominar al concepto "cultura", que es un concepto instrumental, tradicionalmente utilizado, como dijo Gordon Childe, para hacer referencia a


"conjuntos recurrentes de tipos o grupos de tipos encontrados reiteradamente en asociación (...) pero sólo cuando los conjuntos ilustran más de un aspecto del comportamiento humano" (Childe 1958: 38).

Es un concepto instrumental como tantos otros: estilo, tipo, unidad doméstica, microrregión o funebria. Como cualquier herramienta, hay que saber utilizarla, y no dejarla de lado por no entender como se emplea; si no sabemos utilizar las herramientas conceptuales que tenemos, nos puede suceder como con las boleadoras: podemos terminar enredándonos nuestras propias piernas; y no vamos a resolver el problema tratando de inventar herramientas mejores, si somos nosotros los que fallamos.

Sobre la base de lo expuesto, nosotros seguiremos utilizando el término "cultura" para referirnos a Aguada, conceptualizándola como tal sobre la base de la iconografía de los distintos estilos cerámicos, del arte rupestre y de los artefactos de metal y de hueso; y en la esfera de lo ritual, expresada a través de esa iconografía, de sacrificios, uso de alucinógenos y bienes suntuarios y de prestigio, y de construcciones ceremoniales; y tratando de comprender las razones de las variaciones regionales y temporales que presenta.

Hace 10 años dijimos que no debíamos considerar a Aguada como:

"una cultura que se implanta sobre un área extensa, sino la manifestación de una integración regional resultante de la interacción de culturas de Formativo Inferior [Temprano] de distinto origen, que alcanza a tener un denominador común a nivel de superestructura. Por eso, "en cada región las manifestaciones concretas van a ser diferentes, según los antecedentes históricos y culturales de cada región, y de la misma forma, a nivel de organización social, pueden alcanzar distintos grados de desarrollo, según las regiones" (Núñez Regueiro y Tartusi 1990: 153).4

Las variaciones que se observan dentro de Aguada ya fueron planteadas por González (1977, 1982, 1998),5 son debidas a las diferencias que ofrece esa cultura de acuerdo a las zonas donde se encuentran los sitios y que, en parte, son causadas por los factores históricos y culturales preexistentes.

Actualmente, seguimos considerando que Aguada no es una cultura que se implanta violentamente haciendo desaparecer catastróficamente a las poblaciones existentes; sino la:

"(...) manifestación de una integración regional realizada sobre bases culturales, económicas e ideológicas, de sociedades no igualitarias, organizadas a nivel de señoríos, (...) [que] no constituye un salto cualitativamente significativo dentro de la historia prehispánica del N.O.A. Tiene sus raíces en ese desarrollo histórico de complejidad creciente que se dio durante el Formativo, durante el cual comienzan a perfilarse nuevos Modos de vida que van superando en magnitud social a las de las simples aldeas igualitarias" (Tartusi y Núñez Regueiro 1993).


Integración regional
6

Estamos de acuerdo con González (1998) en que no es conveniente usar el término "integración regional" que veníamos utilizando en trabajos anteriores para caracterizar a un período en el N.O.A. debido a su limitada utilidad, ya que sólo es aplicable al espacio ocupado por Aguada; por esta razón emplearemos indistintamente el término "Período Medio", siguiendo la terminología originalmente utilizada en inglés para el N.O.A. por Bennett y colaboradores (1948) y, en español, por González (1955); o el de "Formativo Superior", sugerido por Núñez Regueiro (1975).

No obstante la limitación que el concepto de "Integración Regional" tiene a nivel de periodización, consideramos que es importante analizar el "proceso de integración regional" que tuvo lugar en el territorio por donde se distribuye Aguada, y analizar las causas que lo produjeron. Además, este fenómeno de integración regional no es exclusivo de Aguada ni del Noroeste Argentino, sino que, con distintas características, se ha dado en varias oportunidades en distintos lugares y momentos de la historia andina prehispánica, desde Chavín hasta los incas.7

Integración regional es el entramado de relaciones sociales que involucra a un conjunto de poblaciones asentadas en zonas ecológicamente diferenciadas. Este entramado se construye histórica y socialmente cuando se comparten los códigos del mundo simbólico, estableciendo áreas de coincidencia y complementación que pueden ser desarrolladas sin transgredir las líneas de la identidad regional.

Para nuestro análisis utilizamos el concepto de región expresado por Santillán de Andrés:

"una región geográfica comprende un espacio organizado, que se expresa menos por sus límites que por la vida de relaciones que en ella se cumple, noción consustancial de la geografía" (1973: 173).

Además, compartimos con dicha autora la idea que:

"En el NOROESTE, como en otras regiones del actual territorio argentino, el crecimiento y desarrollo del espacio organizado ha partido de POLOS, es decir, que ambos son consecuencia de fenómenos de polarización y por lo tanto se trata de una región polarizada o región 'nodal' como la llamarían los norteamericanos" (Santillán de Andrés 1973: 13).

Dentro de la trama de relaciones sociales que caracteriza a una región, el sistema de organización se estructura en forma concomitante con la aparición de centros de poder que administran el manejo de la información o conocimiento y la circulación de bienes suntuarios y utilitarios. Desde el momento en que surgen las sociedades formativas se van estableciendo distintos tipos de relaciones entre ellas. Algunas se constituyen en centros de mayor importancia o influencia, tejiéndose una trama de vinculaciones de los centros más jerarquizados entre sí, de los centros con su área de influencia y las cotidianas entre los centros de menor categoría, en el ordenamiento general (Núñez Regueiro y Tartusi 1997 Ms).

Se trata de una nueva forma de estructurar el espacio regional, promovida por pautas geopolíticas diferentes (Figura 2). Las modificaciones espaciales cambiaban al mismo tiempo las relaciones internas del área; antiguos centros perdieron su influencia y áreas semiperiféricas se convirtieron en hegemónicas. Partiendo de una estructura no estatal que se debilita a medida que se van dando nuevas alianzas entre poblaciones de la región, se pasa a la constitución de una nueva instancia de dominación.

Figura 2. Esquema de relaciones entre nodos.

Según el análisis propuesto, pensamos que el surgimiento, desde comienzos del Formativo, de cen

tros de poder político y religioso que actuaron como "polos de desarrollo"; su declinación, al tiempo del surgimiento de otros que se constituyeron en nuevos centros de poder y los diferentes sistemas de asociación que se establecieron internamente y entre ellos, puede ser utilizado como modelo de interpretación para la arqueología americana, desde América del Norte hasta América del Sur.

Es probable que el valle de Ambato, especialmente la zona localizada entre Rinconada e Iglesia de los Indios (Pérez Gollán y Heredia 1990), constitúyese el polo de desarrollo fundamental para la integración de las poblaciones asentadas en el espacio construido y constructor de comportamiento propio de Aguada (Kusch y Gordillo 1997: 89). Aguada se extiende por una vasta zona del territorio argentino, abarcando diferentes ambientes existentes en los valles intermontanos, llegando a manifestar su presencia en zonas del borde de la puna y de las selvas tropicales.

Sin embargo, sería absurdo suponer que en los asentamientos de toda esa amplia región, además de los rasgos comunes, no existiesen marcadas diferencias que perturban a los que se encuentran renuentes a emplear el concepto de "cultura", debido a las características propias de la historia local, y las necesidades de adaptación a medioambientes diferentes. La cultura de una sociedad (simple o compleja, pequeña o grande) no se impone por decreto, se estructura dialécticamente sobre la base de su historia, de las características estructurales preexistentes, de la red de relaciones sociales operantes y de las relaciones que se entablan con el medio.

Detrás de esa variación que registramos a lo largo de la geografía cubierta por Aguada, entrevemos la historia de las poblaciones anteriores, especialmente Ciénaga y Condorhuasi. Por esta razón, para entender a Aguada, se hace necesario retroceder para analizar lo que aconteció en el Período Temprano.

Las bases para el surgimiento de Aguada

En otra ocasión habíamos expresado que Aguada constituía

"la integración de dos sistemas económicos y culturales, uno de origen andino-altiplánico, basado en la domesticación de camélidos y el cultivo de la papa; otro de remoto origen en las tierras bajas y el piedemonte oriental, basado en la agricultura del maíz (...). Aguada representa la síntesis, la integración de esos dos sistemas (...)"(Núñez Regueiro y Tartusi 1990: 151).8

Después de diez años, seguimos pensando lo mismo; de igual forma, continuamos considerando que Condorhuasi-Alamito, con los aportes de Ciénaga, conformaron lo que conocemos como Aguada, sólo que ahora disponemos de más elementos de juicio para sustentar esa hipótesis.

Los elementos que manejábamos en el trabajo de 1990, para mostrar la importancia de Condorhuasi-Alamito como antecedente de Aguada, sintéticamente eran los siguientes:

- técnica arquitectónica (paredes de tapia con columnas de piedra),

- metalurgia,

- estilo cerámico Alumbrera tricolor (correspondiente a Ambato tricolor),

- representación frecuente del felino,

- importancia del ceremonialismo (plataformas),

- sacrificios humanos.

Después de la serie de trabajos de campo realizados en los sitios Condorhuasi-Alamito de Campo del Pucará, entre 1992 y 1999,9 hay sólidos elementos de contrastación de la hipótesis que formulamos sobre el origen de Aguada, que a nuestro juicio contribuyen a confirmarla.

El análisis del conjunto de datos obtenidos en estos sitios muestra que el papel del "sacrificador" y de los rasgos que se le asocian, así como las representaciones felínicas que encontramos claramente representadas durante el Período Medio en la iconografía Aguada, y que han sido claramente expuestas por González en diversos trabajos (González 1964 y siguientes), tienen antecedentes directos en Condorhuasi-Alamito.

En los sitios de Campo del Pucará se han hallado, en superficie, tallas cefalomorfas, en proximidades de las plataformas (Figura 3); suponíamos que debían haber estado empotradas en paredes de las plataformas (Núñez Regueiro 1998: 209). Recientemente hemos podido encontrar una cabeza de piedra en posición original, en uno de los muros que circundan al patio central de un sitio, cerca de la plataforma sur.

Figura 3. Cabezas de piedra Condorhuasi-Alamito.

Pensábamos que estas cabezas eran la representación de "cabezas trofeo", o "cabezas cercenadas", como prefiere llamarlas De La Vera Cruz Chávez:

"Una de las prácticas rituales más sorprendentes en los Andes ha sido la decapitación de cuerpos humanos para preservar en condiciones especiales la cabeza, como parte del culto al 'Dios Degollador'. Esta costumbre fue interpretada como una tradición guerrera y punitiva de preparar, conservar y poseer, lo que muchos arqueólogos llamaron 'cabezas trofeo'. Sin embargo, las recientes investigaciones demuestran que estas prácticas corresponden a rituales especiales, no precisamente vinculados con la guerra; sino, más bien, con ofrendas importantes, en las que el objeto ritual principal lo constituían los restos humanos tratados muy especialmente para su preservación" (1999: 37).


La asociación de estas cabezas con sacrificios y cabezas cercenadas se hizo evidente en el recinto A o "taller" (sensu Núñez Regueiro 1998), donde, entre otros artefactos asociados, se encontró un recipiente con decoración negra pintada sobre fondo crema, de cabezas triangulares con los pelos parados (Figura 4), de cuerpo globular, cuello recto y labio evertido, con asas acintadas horizontales y un aerófono hecho con una tibia humana; los motivos decorativos de la vasija podrían representar cabezas cercenadas, tal vez sostenidas por la cabellera;10 la identificación de la materia prima en la que estaba construido el aerófono apunta también a la existencia de sacrificios.

Figura 4. Representación de cabezas cercenadas sobre una vasija negra sobre crema.

En los primeros trabajos que realizamos en Campo del Pucará se halló, en uno de los sitios, una delgada hacha de cobre, de 2 mm de espesor y filo convexo con un diámetro de 65 mm (Núñez Regueiro 1998: 170), que podría haber sido utilizada para sacrificios; la existencia de sacrificios humanos ya estaba evidenciada a través de otros hallazgos realizados especialmente en proximidades a las plataformas, y en un montículo mayor ("basural").

En el mismo sitio donde se encontró el taller referido, en proximidades del muro que rodea al patio central cerca de la plataforma sur, se hallaron cinco cráneos, constituyendo un conjunto (Figura 5); de uno de ellos se conserva, además, el maxilar inferior. Los cinco cráneos estaban sobre el piso, perfectamente conservados, y dispuestos de tal manera (cuatro sirviendo de base al quinto), que no se puede explicar que esa disposición se hubiese conservado, a no ser que estuviesen guardados en alguna cesta o dentro de un recipiente de madera. Tres de los cinco cráneos son femeninos y en dos de ellos se observa con claridad que la causa de la muerte fue una herida recta de unos dos milímetros de ancho y algunos centímetros de largo, causada por un golpe; en los dos cráneos masculinos no se observan huellas de traumatismos que pudieran haberles causado la muerte. De acuerdo con los cortes observados en el hueso, no queda duda que el instrumento utilizado en los dos cráneos femeninos debió haber sido un hacha de cobre, semejante a la descrita anteriormente.

Figura 5. Cráneos cercenados; y un maxilar inferior perteneciente a uno de ellos.

El conjunto de evidencias recogidas señala con claridad la existencia del "sacrificador" y de las "cabezas cercenadas" en los sitios de Alamito.


La importancia ritual del felino, claramente expresada en la escultura lítica (recipientes, menhir, entre otros), en los vasos zoomorfos o zooantropomorfos modelados y en diseños de vasijas; la existencia de plataformas, y de una serie de elementos asociados, constituyeron la base que estructuró la conformación de Aguada. La existencia de personas especializadas en el culto se expresa en los talleres metalúrgicos, en la elaboración de artefactos de piedra tallada, incluyendo los "suplicantes" y en el taller al que hicimos referencia donde, además de la vasija con cabezas cercenadas pintadas y el aerófono de hueso humano, se encontraron: una pipa de tipo "incensario"; placas de esquisto micáceo con mica adherida que funcionaban como espejos; una piedra aovada; un tortero rectangular de hueso; una mano prismática de cuarzo blanco;11 un recipiente de piedra con dos caras humanas talladas en sus extremos; un mortero de piedra; una fuente de piedra tallada, con restos de polvo de algún mineral rojo (¿ocre?).


No son sólo rasgos aislados los que deben tomarse en cuenta, sino la estructura general en la cual estos rasgos se integran. Desde este punto de vista, al analizar globalmente a Condorhuasi-Alamito resaltan con fuerza las vinculaciones directas que tiene con Aguada. Sin embargo, Condorhuasi-Alamito fue la base pero no el único componente.

Ya desde los primeros trabajos sobre Campo del Pucará (González y Núñez Regueiro 1960) se registró la presencia de cerámica Ciénaga; esto dio lugar a distintas interpretaciones que han sido sintetizadas por Tartusi y Núñez Regueiro (1993: 10-11). A través de análisis de seriación fueron observados cambios significativos a nivel de la cerámica, lo que llevó a que se dividiese la secuencia local en dos fases: la primera con predominio de cerámica Condorhuasi y, la segunda, con predominio de Ciénaga. El análisis de los restos óseos manifiesta también modificaciones a nivel biológico de las poblaciones involucradas:

"Estos cambios evidentemente han sido acompañados por cambios en las características físicas de sus autores, que considerando el corto período de tiempo transcurrido y la magnitud de los mismos, no puede ser atribuido ni a adaptaciones locales ni a acumulación de mutaciones. Sólo queda explicarlos por medio de dos factores cuya influencia es opuesta: deriva génica y flujo génico.

En el primer caso, es posible que, dado lo reducido de la dimensión poblacional, haya tenido alguna influencia, pero no puede ser considerado el principal factor de cambio ya que esperaríamos bajo su influencia mayor homogeneidad que la observada. Queda entonces considerar que movimientos de poblaciones con características genéticas diferentes fueron la principal causa de los cambios observados que permiten separar los individuos de acuerdo a Fase, y asimismo, agrupar en categoría independiente los cráneos trofeo como provenientes de otra población" (Acreche 2001).

Sobre la base de todos los datos reunidos podemos pensar que la presencia e incremento de la cerámica Ciénaga se debió a dos factores:

a) los sitios Condorhuasi-Alamito estuvieron habitados por personas encargadas de la administración del intercambio y relaciones sociales de gran parte del Noroeste Argentino, constituyéndose en centros de poder desde casi comienzos de nuestra era, cuyos efectos se dejaron sentir tanto en otras comunidades Condorhuasi como en comunidades de otras culturas del N.O.A., especialmente Ciénaga, que se fueron sumando al culto;

b) este proceso estuvo reforzado por la incorporación de mujeres Ciénaga a la población local.

Estos cambios que se registran entre las fases I y II de Condorhuasi-Alamito no son los únicos. Ya habíamos señalado (a través del trabajo de seriación cuantitativa quedó claro), que había variaciones cerámicas entre ambas fases. Entre estos cambios, se halla la sustitución paulatina de las vasijas Condorhuasi Polícromo por las grandes Alumbrera Tricolor (Figura 6). El cambio a nivel de forma y tamaño de la cerámica, que no afecta los atributos simbólicos básicos utilizados, tanto a nivel de motivos (felínicos y antropomorfos) como de los colores (negro bordeado de blanco sobre fondo rojo), es indicador de algo más. Los vasos Condorhuasi deben haber sido utilizados para beber alguna bebida alcohólica durante las ceremonias; deben haber funcionado como vasos libatorios; su reemplazo por las grandes vasijas Alumbrera Tricolor, usadas para contener líquidos similares, pero en mayores cantidades, podrían estar indicando un aumento del consumo de dicha bebida, y por ende, una mayor masificación de ese aspecto del ritual.

Analizando en detalle la vasija Alumbrera Tricolor (Figura 6), se observa que en la parte posterior (nuca del rostro antropomorfo representado en el cuello) posee una figura geométrica pintada de blanco con un borde negro, rellena de círculos negros; la figura puede ser descompuesta en cuatro pares de dos escalones simétricos, reflejados horizontalmente; se une al dibujo de las fauces dibujadas en negro; la figura geométrica, junto con las fauces, juega el papel del cuerpo de un ser con cabezas en ambos extremos del cuerpo, conceptualmente semejante al representado en la parte inferior de la túnica Aguada hallada en San Pedro de Atacama (Llagostera 1995), pero cuyas cabezas, en este caso, están representadas por las fauces y por los ojos, que son a su vez los pómulos del rostro humano, con un claro contenido de anatropismo. Estos felinos, formando parte del rostro, preceden a motivos como los que hallamos en la pieza de estilo Ambato Tricolor ilustrada por González (1998, fig. 158).

Figura 6. Vasija Alumbrera Tricolor.

 

La nariz, que debe haber sido del tipo "nariz de gancho", se ubicaría en la unión de las dos fauces de los rostros felínicos, como formando parte de ambos; esto es un antecedente claro del "gancho" nasal que se observa en representaciones del felino tanto en la iconografía cerámica como en hachas de bronce (p.e., Mayer 1986: 351-355, lám. 19). El rostro antropomorfo representado en el cuello representa un muerto (ojos cerrados, lengua prominente).

En otra de las vasijas Alumbrera Tricolor recuperadas en los sitios de Alamito, ilustrada en Núñez Regueiro (1998: figs. 137-138), en la parte correspondiente al cuello se han representado dos felinos pintados de negro, con borde blanco y con círculos blancos representando las manchas. Las colas del felino son los antecedentes de los "bigotes" que presenta la vasija Ambato Tricolor ilustrada por Lorandi (1969), y otras de distintos tipos Aguada, como la Ambato Negro Grabado ilustrada por González (1998: fig. 152).

Toda esta iconografía que registramos en el estilo Alumbrera Tricolor de Campo del Pucará y que precede a lo que conocemos como Aguada de Ambato, conlleva una compleja simbología que después vamos a ver expresada en esa cultura.


Los sitios Condorhuasi-Alamito de Campo del Pucará prepararon el escenario para el surgimiento de Aguada en el valle de Ambato y fueron los antecedentes directos de ésta. Creemos que su aparente desaparición, hacia el 500 DC, no se debe a que fueron eliminados por Aguada (no se han registrado evidencias arqueológicas en este sentido), sino que se transformaron en ésta, con el aporte de Ciénaga.


Las causas del abandono de Campo del Pucará no resultan claras. Hay factores que pueden ser tomados en cuenta para formular algunas hipótesis.

a) Los estudios sedimentológicos parecieran estar marcando un evento húmedo hacia la época de abandono de Campo del Pucará.

b) La economía agrícola de Condorhuasi-Alamito debió incluir como componente importante a la papa (Núñez Regueiro y Tartusi 1990: 150).

c) Resulta indudable que Aguada incorporó variedades de maíz (Zea mays oryzaea, Z.m. amylea sacharata, Z.m. amylacea) (González 1998: 71) que no se conocían en Campo del Pucará, donde hasta ahora únicamente se ha registrado Zea mays minima [microsperma] (Nurit Oliszewski, com. pers.).

Es posible que un cambio significativo en las condiciones climáticas haya incidido para estimular el predominio del maíz sobre la papa y para la mudanza de escenario geográfico. Estos cambios deben haber repercutido hondamente en la estructura social. Es posible que la necesidad de consolidación de la complejización social emergente haya acentuado la centralización de poder, reforzando los aspectos rituales y la parafernalia que acompaña los sacrificios (Tartusi y Núñez Regueiro 2001).

Lo que es importante enfatizar es que Aguada no marca un cambio brusco a nivel de la organización social del espacio cubierto por su presencia. Durante el Formativo, primero en Tafí, y casi contemporáneamente en Campo del Pucará, se fueron consolidando las redes de relaciones sociales intra e interétnicas de distintas poblaciones. Tafí constituyó un polo de desarrollo y Condorhuasi-Alamito otro, cada uno con un área geográfica de influencia definida, conformando sendas esferas de interacción separadas por una frontera sociocultural. La trama estructurada con centro en Campo del Pucará fue la base de la integración regional que se desarrolló y consolidó en Aguada.

En otras zonas de la geografía abarcada por Aguada, ésta se manifiesta en forma diferente, de acuerdo con la particular historia cultural de cada una. Esto debe ser analizado en profundidad para entender mejor el proceso general que estamos tratando. Con esta finalidad, conjuntamente con Martha Ortiz Malmierca y colaboradores, hemos comenzado a desarrollar un proyecto de trabajo en la provincia de La Rioja, para poder comparar el desarrollo que se dio en esta región durante el Formativo Inferior y el Medio, con el que se registra entre Campo del Pucará y Ambato.


Notas

2 El subrayado es nuestro.

3 Hacemos referencia al concepto de "cultura" utilizado en arqueología.

4 En negrita en el original.

5 En el primero de los trabajos mencionados la divide en tres sectores, Oriental, Occidental y Septentrional; en el segundo, en tres culturas, Rinconada, Aguada "sensu stricto" y Schaqui, que se corresponderían con los sectores antes mencionados; y en el último, en cinco estilos, Aguada negro grabado, Ambato tricolor, Hualfín gris grabado, Hualfín polícromo y Portezuelo, y considera que estuvo integrada por diferentes señoríos incipientes, independientes entre sí.

6 En Núñez Regueiro y Tartusi (1988 Ms) se señaló este carácter de "integración regional" que caracteriza a Aguada; posteriormente, en una misma publicación, Núñez Regueiro y Tartusi (1990: 151-2) y Pérez Gollán y Heredia (1990: 173), continuaron utilizando ese concepto; el término de "integración regional" fue comenzado a utilizar para identificar a un "período", en Pérez Gollán (1992) y en Tartusi y Núñez Regueiro (1993).

7 En nuestros días, en relación al Noroeste, esta integración se manifiesta en el ámbito del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), integrado a los territorios de los actuales países de Brasil, Uruguay y Paraguay, y de Chile como país asociado.

8 En negrita en el original.

9 Los investigaciones realizadas en sitios de Campo del Pucará hasta 1990 han sido detalladamente descritas y analizadas en Núñez Regueiro 1998, razón por la cual consideramos innecesario extendernos sobre las mismas.

10 La serie de cabezas superiores, más pequeñas, está compuesta por rostros alternados que difieren por tener la boca representada por una línea negra, que puede indicar la separación de los labios de una boca cerrada, y un rectángulo vacío, que tal vez sea indicación de la lengua saliente; en la serie inferior, de cabezas más grandes, también alternan dos tipos de rostros: con los ojos abiertos, y con los ojos cerrados. Es probable que ambas series representen la dualidad vida-muerte.

11 En un recinto del sitio Palo Blanco, que posiblemente constituya parte integrante del de La Rinconada, se halló una mano de cuarzo sumamente parecida (Laguens 2000 Ms); hay muchos otros elementos hallados aquí que refuerzan la vinculación entre los sitios tardíos de Alamito con los inicios de Aguada en Ambato.

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Recibido: abril 2002. Manuscrito revisado aceptado: septiembre 2003.