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Estudios atacameños

versión On-line ISSN 0718-1043

Estud. atacam.  n.24 San Pedro de Atacama  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-10432002002400001 

  Editorial

Los trabajos publicados en este número de Estudios Atacameños corresponden a una selección de seis ponencias presentadas a la "IV Mesa Redonda de La Cultura de La Aguada y su Dispersión", la que tuvo lugar en San Pedro de Atacama, patrocinada por el Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo, de la Universidad Católica del Norte. Los organizadores y gestores de dicha reunión fueron los arqueólogos Agustín Llagostera y María Antonietta Costa, académicos de nuestra universidad.

La Cultura de la Aguada se asimila al Período Medio de una gran parte del Noroeste Argentino y se le adscribe cronológicamente entre 500 y 1000 DC; sus evidencias se extienden desde el sur de la Provincia de Salta hasta el norte de San Juan, lo que involucra una variedad de ambientes y, en consecuencia, también una diversidad de manifestaciones territoriales. Tuvo su génesis sobre poblaciones precedentes como Condorhuasi-Alamito y Ciénaga y logró una integración regional de gran envergadura y complejidad. La sociedad estaba organizada en señoríos incipientes, con una economía de subsistencia basada en la agricultura (especialmente de maíz) y la crianza de camélidos. Destacan sus manufacturas de un alto desarrollo tecnológico e iconográfico, como se observa en la alfarería y en la metalurgia última, que incluía la elaboración del bronce (v.gr. placas de extrema sofisticación). Las manifestaciones cúlticas tuvieron gran relevancia en la consolidación ideológica de la integración regional y se expresaban en construcciones ceremoniales como Choya y La Rinconada; las ceremonias incorporaban el uso de alucinógenos y la cosmovisión contemplaba entidades como el felino y el sacrificador. Disponían de populosos lugares residenciales, bien estructurados, y algunos fortificados, complementados con una importante infraestructura agraria. La integración regional implicó la puesta en práctica de una estructura sociopolítica jerarquizada con líderes diferenciados. Las relaciones intergrupos estuvieron articuladas por el manejo de amplias redes de intercambio de bienes utilitarios, suntuarios y de prestigio. Estas poderosas redes llegaron a traspasar las fronteras, tal como queda en evidencia a través de los objetos de filiación Aguada encontrados en tumbas de San Pedro de Atacama.

A través de la selección de los trabajos que se presenta es posible percibir la vigente dinámica e interés en las investigaciones sobre el tema Aguada, la existencia de una permanente actualización en la discusión; una constante generación de nuevos aportes y datos, tanto a nivel de sitios como de áreas y de interrelaciones entre ellas; una reevaluación de antiguos materiales y cronologías; novedosos aportes metodológicos y teóricos; y, en general, un incansable desvelo por rellenar vacíos en el espacio y en el tiempo de la Cultura de La Aguada.

Víctor Núñez Regueiro y Marta Tartusi en esta oportunidad, aparte de revisar los antecedentes de Aguada, se refieren a la génesis de esta cultura y al proceso de integración regional. Sostienen que durante el Formativo, Condorhuasi-Alamito, con aportes de Ciénaga, sentaron en Campo del Pucará las bases para el surgimiento de Aguada en el valle de Ambato. En ese momento se habría entretejido redes de interacción entre distintas comunidades del Noroeste Argentino, que generaron una integración regional con características particulares. Este proceso tuvo como elemento aglutinante manifestaciones de carácter simbólico; la necesidad de consolidar la complejización social emergente acentuó la centralización del poder, reforzando los aspectos rituales y la parafernalia que los complementa.

Además, aportan nuevos elementos de juicio para sustentar la hipótesis que ellos plantearon en 1990: la integración de dos sistemas económicos y culturales, uno de origen andino-altiplánico, basado en la domesticación de camélidos y el cultivo de la papa; otro de remoto origen en las tierras bajas y el piedemonte oriental, basado en la agricultura del maíz. Aguada representa la síntesis, la integración de esos dos sistemas.

Señalan que lo más importante de enfatizar es que Aguada no marca un cambio brusco a nivel de la organización social del espacio cubierto por su presencia. Durante el Formativo, primero en Tafí, y casi contemporáneamente en Campo del Pucará, se fueron consolidando las redes de relaciones sociales intra e interétnicas de distintas poblaciones. Tafí constituyó un polo de desarrollo y Condorhuasi-Alamito otro, cada uno con un área geográfica de influencia definida, conformando sendas esferas de interacción separadas por una frontera sociocultural. La trama estructurada con centro en Campo del Pucará fue la base de la integración regional que se desarrolló y consolidó en Aguada.

Luis R. González aporta nuevos datos sobre la metalurgia de La Aguada a través del análisis de las famosas placas de metal, las que figuran entre los ítemes más característicos de la cultura material de esta entidad. Se conocen poco más de 30 ejemplares, los cuales se encuentran dispersos en colecciones de América y Europa y muy pocos de ellos han sido sometidos a análisis. González entrega los resultados del estudio sobre tres de estas placas, refiriéndose a la composición de las piezas y métodos de manufactura y proponiendo hipótesis sobre la trayectoria de la tecnología metalúrgica en el marco de las condiciones sociales, políticas e ideológicas dominantes. Acota que no es casual que, bajo las condiciones sociohistóricas que impulsaron el proceso cultural que conocemos como Aguada, se establecieran las bases del patrón tecnológico que caracterizaría la trayectoria de la metalurgia en los siglos posteriores. Concluye diciendo que la complejidad del proceso productivo deja en evidencia que habrían sido los artesanos de Aguada los que iniciaron esa especial modalidad tecnológica y que las placas habrían sido elaboradas en la región por artesanos especializados. Todo señala que se tenía un acabado conocimiento de la geología regional y una formación minera que permitía seleccionar las menas adecuadas a los fines propuestos.


Bárbara Balesta y Nora Zagorodny analizan los frisos antropomorfos presentes en vasijas funerarias del cementerio de La Aguada Orilla Norte (Catamarca), de la Colección Muñiz Barreto depositada en el Museo de La Plata. Asimismo, realizan un estudio contextual de las tumbas en que se hallaron dichas vasijas. Como resultado del análisis proponen un ajuste de la clasificación vigente de los personajes antropomorfos. A partir del cruce de las observaciones con información aportada por trabajos de otros autores, postulan que en las vasijas con frisos antropomorfos se estaría mostrando representaciones de personajes que reflejan: secuencia y/o movimiento, roles específicos, prácticas shamánicas, estados alterados de conciencia y hasta individuos pertenecientes a diferentes etnias. Observan, además, que el Valle de Hualfín parecería ser algo diferente al de Ambato, en cuanto a los diseños. El estudio reseñado intenta constituir un aporte para la identificación de distintas modalidades de representación para las figuras humanas en la entidad sociocultural Aguada que, si bien registra un grado de uniformidad que permite reconocerla como tal, también parece adquirir característica regionales.

Norma Ratto, Martín Orgaz, Guillermo De La Fuente y Rita Plá dan a conocer nuevas evidencias de cerámica recuperadas en pisos de 4000 m.snm de la Puna Meridional catamarqueña (Chaschuil), las que se adscriben a los períodos Temprano y Medio. Determinadas áreas de la Puna Meridional catamarqueña, próximas al actual límite internacional entre Chile y Argentina, no contaban con información referida a la ocupación de esos espacios por parte de sociedades agroalfareras formativas de los Períodos Temprano y Medio. Tanto los tiestos como los depósitos de materias primas cerámicas, más lo aportado por los análisis tecnológicos y estilísticos, conforman el soporte para la discusión de las relaciones regionales entre los pisos puneños de Chaschuil con los del valle mesotermal del Bolsón de Fiambalá en Abaucán (1500 m.snm).

Concluyen señalando el uso de los mismos espacios del valle y de la puna en distintos momentos de la historia regional. De esta manera, la región de Chaschuil se presenta como un corredor de circulación de energía, bienes e información desde tiempos de las sociedades agroalfareras hasta los momentos de ocupación incaica, constituyéndose en una de las múltiples vías o rutas de circulación que integraron los territorios del este con el oeste, de uno y otro lado de la cordillera andina, articulando así con el valle de Copiapó y relacionándose con los complejos Molle y Animas.

Marta Baldini, Jorge Carbonari, Gervasio Cieza, María E. De Feo, María F. Del Castillo, Aníbal Figini, Alberto Rex González, Roberto Huarte y José Togo enfocan su trabajo en el análisis de la cronología en el sitio Choya 68, el que se ubica en el Departamento de Capayán. Se trata de un sitio ceremonial, de estructura monticular de forma troncocónica. En la excavación se recuperó predominantemente material cerámico tipo Aguada Portezuelo, siendo la primera vez que se obtiene esta alfarería en excavaciones sistemáticas y asociada a estructuras ceremoniales. Se dan a conocer y discuten, exhaustivamente, las diferencias de fechaciones de tres laboratorios radiocarbónicos, concluyendo que la variable más importante en las diferencias es la heterogeneidad cronológica de las muestras de carbón. Este estudio fue importante para clarificar la presencia de la alfarería Aguada Portezuelo en este sector del valle y, por otra parte, determinar su ubicación temporal en la secuencia cultural del Noroeste Argentino.

Finalmente, Gambier hace la presentación del sitio Las Quinas como un nuevo sitio de la Cultura de La Aguada en San Juan. Dado que se trata de un protegido alero, fue posible rescatar materiales excelentemente preservados, permitiendo conocer con mayor detalle la etapa de influencia de la Cultura de La Aguada en los valles preandinos de Iglesia y Calingasta, en cuanto a tipo de instalación, cultígenos, elementos de recolección, cerámica y textilería; además, se obtuvo una fecha radiocarbónica con edad calibrada entre 665 a 885 DC. El hallazgo de abundantes carozos similares a los de mistol (Zizyphus mistol) abre una nueva posibilidad de considerar el traslado de elementos alimenticios y/u otros desde zonas que se consideran centrales en el desarrollo de Aguada, como es la región con flora chaqueña.

Al publicar en Estudios Atacameños trabajos de un tema tan emblemático como lo es Aguada, entidad que en su momento fomentó las relaciones entre este y el otro lado de la cordillera, queremos rendir un homenaje a esa gente que hacía del maciso andino no una barrera, sino una vía de comunicación. Que las páginas de nuestra revista sirvan como un medio para transitar por los caminos académicos transcordilleranos, transportando el conocimiento, la discusión y la reflexión científica, a uno y otro lado de las actuales fronteras territoriales, y que fomente, con su ejemplo, la tan ansiada integración cultural.



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