Serviços Personalizados
artigo
Indicadores
Links relacionados
Bookmark
Estudios atacameños
versão On-line ISSN 0718-1043
Estud. atacam. n.22 San Pedro de Atacama 2002
doi: 10.4067/S0718-10432002002200002
| Estudios Atacameños N° 22, pp.7-31 (2002) Sobre alfarería, cementerios, fases y procesos durante la prehistoria tardía del desierto de Atacama (800-1600 DC)1
Mauricio Uribe R.2 2 Departamento de Antropología, Universidad de Chile. Ignacio Carrera Pinto 1045, Ñuñoa, Santiago. Email: mur@uchile.cl Resumen En este artículo se somete a revisión la problemática cultural y temporal de la prehistoria tardía del desierto de Atacama de acuerdo a un estudio sistemático y comparativo de la alfarería funeraria de las dos cuencas, San Pedro y el Loa, que componen este territorio de la vertiente occidental circumpuneña de los Andes Centro-Sur. En particular, a partir de una evaluación tipológica y cronológica de los sitios-tipo y secuencia maestra de San Pedro-fases Yaye, Solor y Catarpe-, y su consiguiente confrontación con la cerámica funeraria e información de sitios habitacionales del Loa, ofrecemos un marco temporal de cinco momentos ubicados entre fines del Período Medio y comienzos del Período Colonial, durante los cuales se habría configurado la cultura atacameña que conocieron incas y españoles.
Palabras claves: Atacama - cerámica - Período Intermedio Tardío y Tardío.
Abstract This paper undergoes a revision of the cultural and temporal problematics of the Atacama Desert's late prehistory, according to a systematic and comparative study of mortuary pottery from San Pedro and Loa river basins, both located in the Circumpunean western slope of South Central Andes. Particularly, a typological and chronological evaluation of the type-sites and the ceramic master secuence of San Pedro _Phases Yaye, Solor and Catarpe_, are correlated with Loa river's funerary ceramic and settlement sites' information. Finally, a temporal framework of five moments, from Late Middle to Early Hispanic Colonial Periods, is proposed. During that time, the Atacama Culture/s was/were shaped, and its result met by Incas and Spaniards.
Key words: Atacama - pottery - Late Intermediate Period - Late Period.
Debido a que la cerámica fue uno de los objetos privilegiados al construir las ofrendas funerarias de los cementerios de San Pedro de Atacama (Figura 1), distintos investigadores la consideraron como un indicador clave a partir del cual reconstruir la secuencia histórica-cultural de este oasis en el desierto (Le Paige 1963; Núñez 1965; Orellana 1963 y 1964). Una línea similar fue seguida por Tarragó (1976 y 1989) al considerar la alfarería como un material sensible a los cambios culturales, efectuando una clasificación cerámica y una seriación de las tumbas y sus ajuares, para reformular y caracterizar más detalladamente la cronología y periodificación del Salar; aunque esta vez no sólo en base a la alfarería, sino también en relación al resto del contexto mortuorio.
De este modo, planteó ocho fases de desarrollo, de las cuales en este trabajo interesan aquellas correspondientes a los Períodos Intermedio Tardío y Tardío. La primera es la Fase Yaye (950-1200 DC), caracterizada por ser una etapa de transición desde finales del Período Medio en la que culminaron las relaciones con el altiplano circumlacustre y Tiwanaku. En estos momentos, los contextos funerarios incluirían ofrendas de platos o "pucos" Dupont, a veces reemplazadas por calabazas. La Fase Solor (1200-1470 DC) correspondería a momentos de consolidación de los desarrollos locales, en cuyos contextos funerarios abundaría la alfarería Concho de Vino o Roja Violácea, así como la realización de entierros en urnas Solcor-Solor, además de encontrarse como ofrenda vasijas del tipo Tilcara-Yavi, Yura-Huruquilla y Hedionda, delatando las nuevas relaciones extrarregionales. Finalmente, en la Fase Catarpe (1470-1535 DC) se integran los aportes incaicos hasta la llegada de los españoles, destacando la presencia de cerámica bien diagnóstica en la que se combinan rasgos aribaloides y cántaros Inca Provincial, junto a Inca-Paya, Yavi Policromo y Concho de Vino. Posteriores investigaciones continuaron aplicando dicha tipología y su método de análisis no sólo en otros sitios habitacionales de la cuenca del río Loa (p.e., Alto Loa, Caspana, Lasana, entre otros), sino también a sitios funerarios de los cursos superior y bajo de la hoya (p.e., Caspana y Quillagua), determinándose en la mayoría de los casos una ocupación temprana y débil asimilada a las fases Yaye y Turi 1, y otra tardía más intensa equivalente a una combinación de las fases Solor y Turi 2 (Ayala 1995; Ayala y Uribe 1995 y 1996; Adán y Uribe 1995; Berenguer 1994; Uribe 1994 y 1996).
En los cementerios de Quillagua, en el Loa Inferior, esta situación adquirió matices distintivos, ya que tanto la alfarería como la textilería también permitieron definir un primer momento asignable a Yaye-Turi 1 (900-1100 DC), representado por la asociación de tejidos de estilo San Pedro y cerámica Dupont. Una segunda etapa, luego, estaría vinculada a Solor (1100-1300 DC), durante la cual se habría depositado gran diversidad de vasijas, entre las que destacan aquellas Rojo Violáceas y Turi Rojo Burdo o urnas Solcor-Solor, en coexistencia con ejemplares de Tarapacá (tipos Pica-Charcollo y Pica-Chiza), además de textiles igualmente tarapaqueños (Agüero 1998; Agüero et al. 1997 y 1999). Finalmente, se percibe un tercer momento en parte cercano a la fase Turi 2 del pucara homónimo, y por otra parte, a Catarpe en San Pedro (1390-1450 DC), en el que se observa un predominio total de cerámica regional, del Desierto o "atacameña", en conjunto con alfarería altiplánica de Lípez, del Noroeste Argentino y, por último, incaica. Este cúmulo de investigaciones permitió postular que, durante el Período Intermedio Tardío, se utilizó una misma industria alfarera desde la cuenca del Loa hasta el Salar de Atacama, por cuanto se aprecia gran homogeneidad en las características de esta clase de materiales. Esta homogeneidad también parece desarrollarse en la textilería, por lo que se plantea que este espacio fue un territorio culturalmente compartido, retomando la idea de una unidad cultural de Atacama, sin perjuicio de evidentes particularidades regionales y locales, relativas, por ejemplo, al tipo de vínculos establecidos con sus zonas de frontera (Agüero et al. 1997 y 1999; Agüero 2000; Ayala 2000; Uribe y Adán 1995).
Dentro de este marco, el actual trabajo pretende retomar todo lo anterior y revisar las fases vigentes para entender la prehistoria tardía de Atacama -fases Yaye, Solor y Catarpe (Berenguer et al. 1986; Tarragó 1989)-, a la luz de estos nuevos datos para San Pedro, y al progreso en la arqueología de la cuenca del Loa, producido gracias a investigaciones en sitios habitacionales y funerarios, que han combinado el estudio de diversas materialidades. No obstante, en nuestro caso nos centramos en la alfarería, por haber sido usada como el principal referente de la secuencia y guía del proceso inferido; intentando salvar problemas de muestra y tipología, ya que la colección de los momentos que nos interesan en San Pedro son bastante más reducidas que las de períodos anteriores, debido a énfasis diferenciales de la investigación misma. Por otro lado, no existen mayores estudios que comparen el material funerario con el habitacional o doméstico en el Salar (Serracino 1974); así también faltan análisis más específicos como los funcionales que permitan establecer el comportamiento de la cerámica en los diversos contextos registrados (cotidiano, funerario, etc.), entre varios otros problemas más específicos, como los cronológicos.
De este modo, realizamos un análisis comparativo de las colecciones cerámicas funerarias posibles de acceder para ambas cuencas, del Salar de Atacama y el río Loa, usando criterios análogos de clasificación y parámetros interpretativos que integran a toda la región. De hecho, comenzamos por una revisión del material mortuorio de San Pedro, puesto que el conocimiento de la alfarería tardía de Atacama se ha centrado en los estudios del Loa, evidenciándose un gran desequilibrio en su tratamiento; pero contradictoriamente, manteniendo como referente interpretativo la secuencia del Salar, a pesar de la ausencia de estudios específicos sobre su desarrollo alfarero. Así, intentamos contribuir con un acercamiento de primera mano a los materiales que ayude a comprender mejor y de manera más íntegra la historia de las poblaciones de Atacama a la llegada de los españoles, considerando que quienes se enterraron con una determinada vasija establecieron un vínculo cultural y territorial con esa materialidad. Cerámica y sitios funerarios de los Períodos Intermedio Tardío y Tardío de San Pedro de Atacama
La muestra de cerámica funeraria del Salar de Atacama está compuesta por 133 piezas (completas, incompletas y/o fragmentarias), provenientes de los sitios Catarpe (Catarpe s/n° y Catarpe-2), Hostería de San Pedro, Solor (Solor s/n°, Solor-3 y Solor-4), y Yaye (Yaye s/n°, Yaye-1 y Yaye-3), todos ellos ubicados en los actuales ayllus homónimos de San Pedro; incluyendo el sitio Hostería que se emplazaría en el ayllu de Condeduque.
De acuerdo a lo anterior, cabe destacar la ausencia de piezas provenientes de otros sectores del Salar, particularmente del centro-este y sureste, correspondiente a las localidades quebradeñas de Zapar, Toconao, Soncor, Camar, Socaire, Talabre y Peine. En consecuencia, contamos con una muestra restringida y acotada al sector norte de la cuenca, específicamente al conjunto de ayllus que componen el actual San Pedro. Esta distorsión es aún mayor, debido a que el sector intermedio de quebradas que separa esta cuenca con la del río Loa tampoco se halla representada, y donde se encuentran las comunidades de Machuca, San Juan de Peñalire y Río Grande por el occidente, y Guatin por el este.
En cualquier caso, con esta muestra se pudo identificar con seguridad la presencia de 21 tipos cerámicos (Tabla 1), todos ellos conocidos y definidos para la región de estudio (Sinclaire et al. 1998; Tarragó 1976; Uribe 1997 y 1999b; Varela 1992; Varela et al. 1991). Estos corresponden en primer lugar, a las escudillas cafés, negras y rojas AIQ, DUP y TRP; los cuencos y cántaros rojos y/o revestidos TRA, SRV y TRR; los cántaros especiales para líquidos o tinajas TRB, también conocidas como urnas Solcor-Solor; y las ollas TGA, tanto grandes con protúberos como las pequeñas con asa labio-adherida. Estos tipos, a los cuales se podrían agregar incluso ocasionales figurillas zoomorfas revestidas rojas (tipo MOD), representan la industria cerámica más característica del desierto de Atacama durante el Período Intermedio Tardío y la mayoría prolongaría su producción hasta la llegada del Inca a la zona (Uribe 1996).
De este modo, es posible decir que se trata de la alfarería local por excelencia, no obstante, en la muestra también se identificó cerámica negra pulida del Período Medio propia de la región, correspondiente a las escudillas y cuencos que recientemente hemos definido como NP en sus variantes 2 y 4 (Uribe 2002 Ms).3 Los que también serían de producción local, caracterizando especialmente la segunda etapa de dicho período conocida como Fase Coyo (Berenguer y Dauelsberg 1989; Berenguer et al. 1986; Tarragó 1989). A lo anterior se agrega la presencia de la misma cerámica negra pulida, pero incisa, que denominamos NPI (en su variante 2)4, la cual indiscutiblemente da cuenta de la existencia de manifestaciones previas al Intermedio Tardío en la colección.
Fuera de esta producción local aparecen expresiones foráneas que igualmente abarcan desde el Intermedio Tardío hasta la llegada de los incas. Se trata de alfarería del Altiplano Meridional de Bolivia y de la vertiente oriental circumpuneña, correspondiente a los tipos Yura-Uruquilla (YUR-URU) de la región de Potosí, Hedionda (HED) de Lípez y Yavi-Chicha (YAV-CHC) de la frontera argentino-boliviana como propiamente del Noroeste Argentino. Por su parte, además existirían versiones Yavi (YAV) vinculadas a la alfarería incaica conocida como Casa Morada Policroma e inclusive La Paya de los valles Calchaquíes o Subárea Valliserrana (Tarragó 1984 y 1989). Esta última cerámica permite establecer vínculos con el Período Tardío, en particular con la producción inca-local, lo cual también se aprecia a través de los tipos que denominamos TRN, LCE, LCP e INK. En su mayoría se distingue una producción local, aunque especialmente de tierras altas, dirigida a la manufactura de tiestos con morfología incaica, como jarros, escudillas, aríbalos e incluso ollas de pie o pedestal, en los que se aprecia un constante aumento de pastas abundantes en mica (Uribe 1999b; Uribe y Carrasco 1999). De hecho, esta cerámica tendría continuidad hasta la conquista hispana de la región, situación que identificamos a través del tipo TCA, apreciándose la conformación de la tradición alfarera etnográfica a partir de éste, y concentrada, como ya mencionábamos, en las tierras altas de ambas cuencas (Varela 1992), combinando finalmente elementos indígenas y europeos.
Sin duda, todo lo anterior corresponde a una percepción elaborada a partir de los estudios realizados, en general, fuera del Salar de Atacama, cuyo énfasis ha sido cualitativo y luego cuantitativo, al mismo tiempo que referido a una asignación cronológica más bien relativa que absoluta, basada en pocos fechados directos por termoluminiscencia (Berenguer et al. 1986). Con todo, los orígenes espaciales y culturales de esta alfarería parecieran estar bastante claros, aunque es sumamente necesaria la evaluación al interior del Salar mismo, así como la recopilación de la información sobre fechados absolutos, a lo que nos abocamos a continuación. De hecho, el gran parecido tecnológico y estilístico de cada una de las variedades tipológicas locales definidas en su mayoría para el Loa y también identificadas en San Pedro, hace pensar en la existencia de centros de producción al interior de toda la región, tal como ha sido supuesto por la misma investigación (p.e., Pollard 1970). De igual modo, la información etnográfica pareciera confirmar hasta hoy dicha posibilidad, por ejemplo, en Toconce y Río Grande en las tierras altas del Loa y de San Pedro de Atacama, respectivamente (Varela 1992). Sobre cantidades y porcentajes
La ordenación cuantitativa de la colección de San Pedro ofrece los siguientes resultados y sugerencias en términos interpretativos (Tabla 2).
La muestra se divide en un 67.3% de piezas provenientes de Solor, constituyéndose en la mayor cantidad de material registrado, mientras que tan sólo el 15.8% y 14.9% proviene de Hostería y Catarpe, respectivamente. En tanto la muestra de Yaye a la que se pudo acceder, representa únicamente el 2%. En consecuencia, Solor se encuentra sobrerrepresentado (al contrario de Yaye), frente a Catarpe y Hostería que mantienen proporciones menores, pero bastante equivalentes entre ellos. Más aún, esta muestra es menor al total original, dado que consideramos sólo los ejemplares clasificados como seguros, y dejamos fuera los dudosos, lo que hace descender la muestra en 32 ejemplares. De acuerdo a esta lógica, tomando la totalidad de la colección se observa que ninguno de los tipos cerámicos por sí solos es absolutamente predominante, pues ninguno alcanza un porcentaje sobresaliente, por lo que no existe un estilo tan homogéneo que rija la producción de alfarería funeraria. Al contrario, pareciera predominar una diversidad, relacionada con la forma y funcionalidad de las vasijas como veremos más adelante.5 En consecuencia, no existiría una cerámica negra pulida tan estandarizada como la del Período Medio, indicando un cambio radical en la industria alfarera de la región durante los períodos tardíos.
Por otra parte, se une a lo anterior la presencia de ollas grandes y pequeñas con un 9.9% (TGA), completando los tiestos que simbólicamente representan lo doméstico. Del mismo modo, la aparición de los cuencos y cántaros rojos revestidos, pulidos, con labios engrosados, cuello abultado y/o doble cuerpo que designamos como propiamente SRV, completan el registro de estas formas, sumando con el TRR el 29.7%, y manteniendo el predominio de las vasijas restringidas junto con las escudillas (gracias al 7.9% de SRV). Lo que, incluso, puede elevarse aún más si se considera el 2% de cántaros TRB, pero que por su directa relación con el almacenamiento de líquidos los dejamos aparte de aquellos. Algo semejante ocurriría con el tipo TRA que en este contexto aparecería directamente relacionado con miniaturas de cuencos, cántaros y jarros alisados, pero en bajísimo porcentaje, quedando en una categoría separada. En este sentido, no se puede olvidar que todas estas vasijas restringidas también aparecen y fueron usadas en sus tamaños grandes como repositorios funerarios o urnas, y como ofrendas en cuanto miniaturas, distinguiéndose un 4% de vasijas exclusivamente al servicio de la actividad funeraria. Algunas consideraciones cronológicas
Ahora bien, si consideramos la variable cronológica, los fechados absolutos indican que el tipo DUP comenzaría su aparición más segura cerca del 800 DC, mostrando una presencia más continua entre el 1000 y 1200 DC, empezando a diluirse hacia el 1300 DC (Tabla 3). Por su parte, el AIQ mostraría un comportamiento semejante pero con una clara concentración de fechas hacia el 1300 DC y cierta permanencia durante el 1400 DC. Al contrario, el TRP que continúa durante todo el 1400 DC, habiendo iniciado sus fechas desde el 1300 DC en adelante.
Con relación al tipo TRR, y las formas restringidas en general, las primeras fechas datan del 900 DC, pero se concentran durante el 1400 DC, manteniéndose hasta el 1500 DC. Opuesto a lo anterior el SRV aparece exclusivamente entre el 900 al 1200 DC. Las ollas se datan desde esta última fecha hasta el 1500 DC (incluso cerca del 1600 DC), pero se distingue que los ejemplares con asa labio-adherida se concentran hacia el 1400 DC, mientras las con protúberos lo hacen entre el 1200 y 1300 DC (Uribe 1997). Una parte del tipo TRA parece ubicarse en el 1300 DC, en tanto otra parece propia del 1400 DC, pero en este caso no se han podido establecer variedades temporales al respecto como en las ollas. Algo muy semejante ocurre con el tipo TRB, existiendo fechas muy tempranas alrededor del 900 DC y otras más tardías entre el 1400 al 1500 DC; pero en este caso la diferencia radica en que las fechas tempranas, al contrario de las tardías, invariablemente se asocian a urnas.
En definitiva, lo más diagnóstico es que los tipos DUP y SRV aparecerían entre el 800 y 900 DC, y tendrían su apogeo hasta el 1300 DC. En este proceso, los tipos AIQ y TRR también aparecerían en fechas similares, pero serían populares desde el 1300 hasta el 1400 DC, adquiriendo importancia con ellos los tipos TGA, TRA y TRB. En dicho momento, además, pareciera que las escudillas TRP toman protagonismo, aunque considerando la poca cantidad de estos especímenes _al menos los fechados_, las escudillas de cerámica parecieran reducir su producción hacia el 1400 DC. En conclusión, el carácter funcional de la cerámica se mantendría durante todo el Período Intermedio Tardío, pero variaría en la frecuencia de tipos de escudillas y vasijas restringidas rojas, siempre acompañadas por ollas y tinajas _las que irían en aumento_, sobre todo en la medida que las escudillas cambian a rojas y disminuyen los tipos AIQ y DUP. Por lo mismo, se podría separar un momento de predominio de la asociación cerámica DUP-SRV que se confirmaría como temprano, seguida por un momento donde dominan AIQ y TRR, a su vez separado por otro donde destaca el TRP con las vasijas restringidas TRA y TRB, mientras que disminuye la presencia AIQ y claramente baja el DUP.
Tomando en cuenta este marco cronológico, nos referiremos a los casos foráneos del período como a aquellos claramente relacionados con el Inca (Grafico 1). El tipo HED aparece sólo con el 1% dentro de la muestra total, al igual que la cerámica YUR-URU; sugiriendo que la presencia altiplánica no supera el 2% (Uribe 1996). No obstante, a ello se agrega alfarería YAV-CHC que aparece con un 3%, sumando la cerámica foránea preincaica un total del 5%, involucrando un importante nexo con la vertiente oriental andina y el Altiplano Meridional. No se cuenta con fechas para YUR-URU ni YAV-CHC, pero las dataciones de HED hacen aparecer esta alfarería desde el 900, en el 1000 y 1300 DC por un lado, y a comienzos del 1400 DC por otro. Sin duda, destacan las dataciones entre el 900 y el 1000 DC. Su aparición temprana es en Toconce, mientras que hacia el 1300 DC aparece en Turi y Quillagua, infiriéndose en estas fechas un importante desplazamiento de la cerámica altiplánica hacia los cursos más bajos del Loa, justo cuando comenzaría a predominar la asociación AIQ-TRR. Lo anterior sugiere, por lo tanto, un mayor vínculo con el Altiplano Meridional previo al 1400 DC, pero cuya dispersión desde las cabeceras del Loa no sería anterior al 1300 DC. En cualquier caso, la magnitud de esta presencia no opaca a la industria local, eso es claro, pero pareciera estar participando del cambio estilístico al interior de la tradición alfarera de Atacama, mostrando la cuenca de Loa un fuerte vínculo con el altiplano de Lípez (Nielsen 2002; Nielsen et al. 2000). De hecho, hay cerámica AIQ y TRP con decoración de estilo altiplánico (Uribe 1996).
Por su parte, la cerámica de carácter incaico refiere a los tipos locales o al menos de tierras altas, INK y LCE, cada uno de los cuales aparece con un 5.9%; le sigue el LCP con un 4% y el TRN con un 3%, sumando dicho componente un total del 12.9%, lo que significa una representación mayor a la altiplánica y bastante cercana a algunos de los tipos predominantes del Intermedio Tardío, aunque sin opacarlos. En este contexto, destacan jarros y aríbalos (TRN e INK), así como escudillas de aspecto altiplánico pero asociadas al Inca (LCP), de los cuales todavía existen pocos fechados. A ello habría que incluir la cerámica YAV de características incaicas o de La Paya. Considerando, principalmente, sus asociaciones, los fechados más seguros indican que esta presencia se daría dentro del 1400 DC como ocurre con el tipo LCP, pero tendría su apogeo durante el 1500 DC de acuerdo a las fechas de INK y YAV, aparte de existir fechas que adelantan la llegada del Inca a momentos más tempranos (p.e., sería el caso del tipo TRN, si es que no se trata de un problema de clasificación).
Finalmente, la cerámica "pasta con mica" sin atributos incaicos y llamada TCA se sitúa coherentemente y en su mayor parte dentro del 1600 DC, aun cuando creemos que aparece antes con los tipos inca-locales LCE y LCP. En consecuencia, la llegada del Inca se encuentra asociada al cambio dentro de la industria local relacionado con el incremento de escudillas rojas, decaimiento de la producción de AIQ, clara desaparición del DUP y SRV, y el surgimiento de toda una industria local de pastas con mica asociadas al Tawantinsuyo, y tal vez circunscrita a las tierras altas, probablemente a la par de un cambio de conexiones desde el Altiplano Meridional hacia el Noroeste Argentino, cuya alfarería se convierte en su principal manifestación.
Ahora bien, cabe destacar que fechados de los tipos AIQ, TGA, TRA, TRB, TRP, TPA, TCA, HED, YAV e INK no cuentan con contrapartes en el Salar de Atacama, por lo cual la interpretación después del apogeo DUP-SRV se distorsiona. Pues, toma como referente único al Loa, en consecuencia, no sabemos si esta situación es equivalente para ambas cuencas. Por lo tanto, esta evaluación debe ser tomada con precaución al momento de examinar la presencia cerámica y sus asociaciones contextuales en el Salar con el marco cronológico aquí reseñado. Con todo, se distinguen dos situaciones, una temprana representada por el Salar y otra más tardía y propia del Loa, a través de la cual se introduce lo altiplánico primero y luego lo inca, dentro de un cuadro donde la cerámica Roja Violácea no caracteriza de ningún modo todo el período (Bittman et al. 1978; Orellana 1964; Tarragó 1989). A lo largo de él, por el contrario, se desenvuelve una variedad de estilos donde las escudillas y los cántaros rojos van de la mano de acuerdo a una versión temprana y otra tardía, siendo lo altiplánico lo que marcaría la diferencia entre ambas expresiones inmediatamente antes del Inca.
La cerámica de los cementerios del Salar de Atacama
En Solor se distingue la cerámica de todo el período (Tabla 2), comenzando por notorias manifestaciones de la Fase Coyo del Período Medio, delatando una importante continuidad cultural, al menos alfarera, a través de la presencia de los tipos NP2, NP4 y NPI2. Luego destacan los tipos DUP y SRV como parte de lo que consideramos los inicios del Intermedio Tardío, seguidos por los tipos AIQ y TRR indicando una prolongación de su ocupación en el tiempo hasta momentos inmediatamente preincaicos; como lo sugiere la presencia del tipo TRP y también los tipos TRA, TRB y TGA.
Pero, además, se nota cierta recurrencia de cerámicas foráneas propias del período, provenientes del Altiplano Meridional y frontera argentino-boliviana como YAV-CHC, HED y YUR-URU, que probablemente están ingresando hacia el segundo momento del Intermedio Tardío, el cual hemos ubicado hacia el 1300 DC.
Posteriormente, una leve presencia incaica se observa a través de la cerámica local TRN e INK, a las que se suma la alfarería foránea YAV incanizada, apareciendo, por último, las manifestaciones propiamente indígenas coloniales a través del tipo TCA.
Por su parte, en Yaye sólo se identificó cerámica SRV y TRR, sugiriendo un momento más bien temprano de ocupación del cementerio, al mismo tiempo que terminal para su época, ya que no habría evidencias altiplánicas del Intermedio Tardío y menos aún incaicas. Sin embargo, la muestra es demasiado escasa para que estas apreciaciones sean absolutas, aunque los diarios de campo de Le Paige apoyan nuestras afirmaciones al mencionar la existencia de platos (posiblemente DUP y AIQ), además de la cerámica revestida roja, dentro de la cual destaca la "concho de vino" o violácea. Ahora, lo distintivo de este sitio es que no se registran evidencias de alfarería del Período Medio.
Catarpe, en cambio, presenta los mismos tipos cerámicos, pero se une con claridad el AIQ, sugiriendo un momento más clásico de ocupación del cementerio, aunque también uno terminal de los inicios del Intermedio Tardío y otro con presencia incaica, leve como en Solor, debido a la aparición de los tipos INK y TRN. En definitiva, este sitio sería bastante semejante a Solor en cuanto a su desarrollo alfarero local, pero como en Yaye está ausente el nexo con el Período Medio, la cerámica foránea no es tan llamativa y no tendría una continuidad etnográfica como la apreciada en aquél. No obstante, revisando la información de Le Paige y aquella sistematizada por Tarragó (1989), observamos que, si bien es correcta nuestra apreciación sobre la existencia de un momento temprano y otro clásico en Catarpe como localidad, se distinguen diferencias entre los sitios específicos que la componen.
En Catarpe-1 de Le Paige, la situación es prácticamente idéntica a la vista en Solor, debido a la aparición de materiales tempranos (DUP-SRV) y clásicos del Intermedio Tardío local (AIQ-TRR), junto a una notoria presencia altiplánica y circumpuneña oriental preinca (HED y YAV-CHC), y al fortalecimiento del componente incaico (INK, TRN, TPA y YAV). Por otro lado, Catarpe-2 permite distinguir los dos mismos primeros momentos, incluso con la presencia de tinajas-urnas que confirman la ocupación temprana (posible TRB), así como la continuidad desde el Período Medio por la aparición, aunque mínima, de cerámica negra pulida. No obstante, aquí no se aprecia la alfarería altiplánica, pero se mantiene la incaica. Finalmente, Catarpe-5 se restringe al momento temprano y a la transición desde el Período Medio, ya que junto a escudillas y cerámica Roja Violácea es clara la presencia de negra pulida, se registran urnas, no están las evidencias altiplánicas y tampoco las del Inca (según los diarios de campo de Le Paige).8
En definitiva, Catarpe sería idéntico a Solor en términos del proceso de ocupación inferido a partir de su alfarería, quedando claro que aquí la actividad se concentró a lo largo del tiempo en un solo lugar, correspondiente en este caso a Catarpe-1. Lo anterior, incluso, podría ser una práctica propia de las poblaciones del período, ya que en el caso anterior la mayor parte de la muestra proviene de Solor-4 9, sugiriendo la existencia de cementerios diferenciales por micro-cuenca y núcleos poblacionales, destacando para esta época uno en el río San Pedro como Catarpe-1, y otro en el delta del río Vilama correspondiente a Solor-4. En ambos casos, además, cerca o incluidos algunos de los muertos en sus respectivos asentamientos habitacionales (Adán 2002 Ms; Montt 2002 Ms).
De este modo, podríamos pensar que situaciones como la de Yaye son un relicto de las antiguas prácticas funerarias y de ocupación del espacio, derivadas del período anterior pero en una época nueva (Costa y Llagostera 1994). Al contrario, Solor y Catarpe, ambos vinculados a los finales del Período Medio _y casi sin duda mostrando continuidad cultural y poblacional_, pero alejados de los núcleos de aquella época que se concentraban en torno al actual San Pedro de Atacama, exhibirían una manera paralela de enterrarse y, con ello, demostrarían su pertenencia a la nueva época. Sobre este momento se impondría el Inca, pero tanto integrándose como aislándose del resto, tal cual se evidencia en Hostería o más sutilmente en otros sitios del Loa Superior (Ayala et al. 1999).
Cerámica y cementerios de la cuenca del río Loa
La muestra de cerámica funeraria del río Loa registrada por nosotros está compuesta por 209 piezas, provenientes de las localidades de Caspana, Lasana, Chiu-Chiu, Calama, Chacance y Caleta Huelén o Puerto Loa en su desembocadura (Tabla 4). Todas ellas se encuentran en ancestrales territorios indígenas, aunque las únicas ocupadas hasta la actualidad por éstos son los pueblos del curso superior y sus afluentes, ya que desde Calama hacia la desembocadura la población indígena prácticamente fue desplazada y/o exterminada en su totalidad.
En cualquier caso, y a diferencia del Salar de Atacama, se encuentra representada toda la hoya en términos de cerámica, salvo por la falta de muestras provenientes de los sectores más altos, como Toconce. Al mismo tiempo, existen graves problemas muestrales originados por las condiciones de bodegaje, conservación y acceso a las colecciones recuperadas en muchos de los cementerios del Loa. Así, las muestras de Lasana y Calama se encuentran subrepresentadas como veremos más adelante.10
Se pudo identificar con seguridad la presencia de 25 tipos cerámicos, todos ellos conocidos y definidos para la región de estudio, incluso con más propiedad que en el Salar y en un número mayor (lo cual también puede estar vinculado con la magnitud de la cuenca). Estos corresponden a los tipos AIQ, DUP, SRV, TGA, TRA, TRP y TRR, además de figurillas, pertenecientes todos a la industria y tradición alfarera más característica del Intermedio Tardío de Atacama. A éstos se agregan los tipos incaicos, en su mayoría de manufactura local como INK, LCE, LCP, TPA y TRN, así como los especímenes incaicos YAV del Noroeste Argentino. También foráneos serían los tipos altiplánicos HED, YUR-URU y otros más indeterminados, desapareciendo muchas evidencias YAV-CHC, aunque sabemos que existen en las colecciones que nos falta por estudiar. Asimismo, aparecen ejemplares negros pulidos del Período Medio de San Pedro, pero claramente en proporción y variedad bastante menores como se verá luego.
En definitiva, se distingue una situación casi equivalente a la del Salar. Sin embargo, una diferencia radical se encuentra representada porque aquí aparecen ejemplares de alfarería de Valles Occidentales de Arica y Tarapacá. Al respecto, destaca la alfarería policroma del valle de Azapa, correspondiente a la cerámica característica del Intermedio Tardío de Arica y conocida como San Miguel (SM); representada acá por sus variedades SMB2 (Figura 5c), SMB4 y SMB5 que se desarrollan principalmente entre el 1100 y 1350 DC (Espoueys et al. 1995b; Uribe 1995, 1998 y 1999a). Tales expresiones definen una de las fases más importantes del Intermedio Tardío del extremo norte, correspondiente a la Fase San Miguel o Arica I (Bird 1943; Dauelsberg 1959 y 1972), intentando dar cuenta de la consolidación de las poblaciones locales del valle de Azapa o Cultura Arica en su propio espacio, frente a otras identidades culturales previas y contemporáneas, como Cabuza, Maytas y Tiwanaku (Espoueys et al. 1995a; Muñoz 1986). Por otra parte, a este repertorio cerámico se agregan ejemplares no decorados (NO DEC), también asociados a la Cultura Arica, pero que comienzan en estos momentos a popularizarse en los sectores propiamente costeros de tales valles, para más tarde, en la Fase Gentilar o Arica II, volverse predominantes junto con la alfarería Pocoma-Gentilar (Espoueys et al. 1995a; Uribe 1998 y 1999a). Con todo, la ausencia prácticamente total de esta última, obliga a ubicar cronológicamente a los ejemplares reconocidos en el Loa no más allá del rango 1100-1350 DC. Por otro lado, la cerámica de Tarapacá sería característica de los desarrollos de los oasis de la Pampa del Tamarugal y costa desértica arreica, asignados al Complejo Cultural Pica-Tarapacá. Con ello, nos referimos a los tipos Pica-Charcollo y Pica-Chiza (PCH y PCZ) (Figuras 5a y 5b) que se desarrollarían entre fines del Período Medio e inicios del Intermedio Tardío, tomándose como fecha promedio alrededor del 1000 DC (Ayala y Uribe 1996; Espoueys 1993; Núñez 1976).
En conclusión, a través de la alfarería en el Loa se observa una interacción con otras poblaciones, que aquí es aún más evidente, puesto que no sólo es con el altiplano y la vertiente occidental circumpuneña como en San Pedro de Atacama, sino también con los valles ariqueños y tarapaqueños, los cuales parecieran estar vinculándose a través de la costa y Pampa del Tamarugal.
Sobre cantidades y porcentajes
El ordenamiento cuantitativo de la colección del Loa (Tabla 4), ofrece los siguientes resultados. La muestra se divide en un 62.7% de piezas provenientes de Caleta Huelén, constituyéndose en la mayor cantidad de material registrado, mientras que el 19.2% pertenece a Caspana; en tanto, el 7.3% y 6.8% corresponde a Chiu-Chiu y Chacance, pudiéndose acceder sólo al 2.3% y 1.7% de tiestos procedentes de Lasana y Calama. Con todo, está claro que Caleta Huelén se encuentra sobrerrepresentado en relación al resto de los sitios. Aparte de esto, la muestra total tiende a disminuir cuando consideramos únicamente los ejemplares clasificados como seguros y dejamos fuera los dudosos, haciendo descender la colección en 37 ejemplares. En este sentido, las vasijas descartadas del análisis son equivalentes a la proporción no considerada en el caso del Salar.
De acuerdo a lo anterior, ninguna de las cerámicas es absolutamente predominante, ya que ninguna obtiene un porcentaje sobresaliente, por lo que aquí tampoco existe un estilo homogéneo que rija la producción o circulación cerámica a lo largo de la cuenca. Al contrario, de la misma manera que en el Salar, pareciera predominar la diversidad relacionada con la forma y la funcionalidad, pero donde esta vez sería relevante el origen cultural, junto con la ubicación temporal del material. De este modo, la colección se puede dividir en los componentes Loa-San Pedro, Valles Occidentales o Arica y Tarapacá, aparte del Altiplánico y/o Circumpuneño Oriental e Inca. Todo lo anterior, por otra parte, da cuenta de un panorama mucho más multicultural que el de San Pedro, carácter tradicionalmente reconocido para el Loa (Agüero et al. 1997 y 1999; Aldunate y Castro 1981; Cervellino y Téllez 1980; Núñez 1971).
Cuantitativamente, no obstante, el componente Loa-San Pedro es preponderante al constituirse en la cerámica más característica del Intermedio Tardío con el 62.6%. Por su lado, el componente Arica del mismo período obtiene un considerable 11.3%, en tanto el de Tarapacá alcanza el 9%, mientras que el Inca es el más popular de este segundo grupo con un 12% muy parecido al obtenido en el Salar. Pero, de éste sólo un 1.7% tendría un origen foráneo, ya que la mayoría provendría de las tierras altas de Atacama, confirmando también el predominio del componente Loa-San Pedro durante el Período Tardío. Por otra parte, se separa un componente temprano con cerámica formativa y/o del Período Medio del Salar que demuestra vínculos con Tarapacá y San Pedro, respectivamente, aunque constituyendo sólo el 1.2%. Esto, sin embargo, sería mucho menor a la presencia que los materiales previos al Intermedio Tardío alcanzan en los oasis. Finalmente, el componente Altiplánico supera a este último con un 3.9%, pero también adquiriendo una representación menor a la que tiene en San Pedro, al mismo tiempo que restringida al Altiplano Meridional, debido a que los exponentes del Noroeste Argentino en esta muestra sólo se integran con el Inca, como veremos más adelante.
De este modo, centrándonos en el componente Loa-San Pedro propio del desarrollo regional tardío (Gráfico 2), aparecen las ollas TGA, especialmente aquellas con asa labio-adherida, como las más populares en conjunto con las escudillas AIQ, cada una con el 15.8%, seguidas luego muy de cerca por el tipo DUP con el 14.7%. En suma, las vasijas restringidas comprenden una importante proporción de la colección, pero son totalmente superadas por las piezas no-restringidas, que juntas constituyen el 30.5%. Sin embargo, aunque en porcentajes menores (casi dos tercios de los anteriores), también se encuentran los tipos restringidos TRA con el 6.8%, más abajo los revestidos rojo TRR y SRV con un 2.8% y 2.3%, respectivamente, además de las escudillas rojas TRP con el 3.4%. Por consiguiente, los platos tienen un 33.9% de presencia, convirtiéndose en los especímenes más importantes, y las ollas mantienen su 15.8%, apareciendo después los cántaros, cuencos y jarros (varios miniaturas) con un 11.9% de representatividad, de los cuales los revestidos rojos son menos de la mitad, es decir, el 5.1%. Por otro lado, prácticamente no se registraron los cántaros TRB.
Entonces, se observa que a diferencia del Salar, donde las cerámicas TRR y AIQ son las más populares durante el Intermedio Tardío, en el Loa el primero de los tipos es reemplazado por el TGA; distinguiéndose a la par un notable cambio funcional _aunque simbólico_, relacionado con un desplazamiento del almacenamiento por la preparación de alimentos, frente a una significativa representación del consumo y/o servicio de los mismos en ambas cuencas. Lo anterior nos sugiere que quizás la conservación no es tan necesaria en el Loa _al menos simbólicamente_, a diferencia del Salar, como si en la cuenca loína se viviera una época de ostentación y derroche alimentario manifiesto de manera metafórica en sus contextos funerarios. Al contrario, en San Pedro pareciera ser más prioritario usar la cerámica para guardar y precaver, más que para consumir, delatando una percepción más crítica sobre sus alimentos. De hecho, esto es aún más sugerente si se considera la gran ausencia en el Loa de cántaros especiales para líquidos o tinajas TRB, como si aquí hubiera alimentos y líquidos para cocinar y servirse que no es tan necesario guardarlos, al menos en cerámica, y cuidarlos tanto como a los muertos del Salar.
Cementerios, territorios y fechas
En particular, se observa que en Caleta Huelén se distingue la máxima diversidad cerámica, especialmente en términos de pertenencia cultural (Tabla 4). En cualquier caso, aquí destacan los tipos Loa-San Pedro correspondientes a TGA, AIQ y DUP, seguidos por TRA, TRP y TRR. Consecuentemente, con el marco cronológico definido para San Pedro, la principal ocupación atacameña de la desembocadura del Loa parece suceder más bien dentro de un segundo momento del Intermedio Tardío, posterior al 1300 DC, consolidándose su presencia de aquí en adelante hasta el Inca. Paralelamente, aparecen los tipos Arica, NO DEC, SMB2, SMB5 y SMB4, que al contrario de lo anterior, representarían un momento más temprano de ocupación del cementerio (Caleta Huelén-12), por parte de población de Valles Occidentales o dentro de una fuerte interacción Atacama-Arica. Lo mismo ocurriría con Tarapacá, cuyos tipos PCH y PCZ confirman la existencia de este momento temprano en un marco multicultural e incluso multiétnico. Lo mismo, incluso, podría ser aplicado a la presencia altiplánica a través de la cerámica YUR-URU y altiplánica genérica _posiblemente HED11_, sugiriendo que en dicha época no existió una entidad predominante en forma absoluta. Con todo, es probable que la supuesta población atacameña que se enterró en la desembocadura del Loa se consolide después del 1300 DC, como lo sugiere la continuidad y abundancia de su materialidad, a la par de una tendencia a la disolución de la presencia cerámica de Arica y Tarapacá en la zona, situación que contactaría con el Inca después del 1400 DC.
En el lado opuesto del Loa, en cambio, se aprecia que en Caspana la cerámica Loa-San Pedro es totalmente dominante en la práctica, sobre todo en su expresión más clásica, manifiesta por los tipos AIQ-TRR, a lo que podemos agregar un cierto carácter particular por el énfasis que tendrían aquí las ollas TGA. En cualquier caso, es posible establecer una ocupación temprana del Cementerio de los Abuelos, donde se concentraría la actividad funeraria, asociado a la aparición de los tipos SRV y DUP.12 Lo mismo podríamos decir de la presencia altiplánica y del Noroeste Argentino, configurándose así el momento temprano atacameño, al mismo tiempo que el transicional vinculado a la presencia altiplánica, sucedido por el momento clásico que se topa con el Inca. Al respecto, aquí dicha alfarería es del todo relevante, disputando el predominio con la cerámicalocal a través de la presencia de los tipos LCP, LCE, TRN, INK y TPA, casi todos de manufactura local y donde se nota el cambio de las pastas tradicionales por aquellas con mica, características de las tierras altas de toda la región (Uribe 1999b; Varela 1992). A ellos, confirmando esta situación, se une la cerámica YAV que, volviendo a la desembocadura, no se registró en Caleta Huelén.
En conclusión, en Caspana estarían representados los momentos más clásicos de los períodos en cuestión, equivalentes a los del Salar, incluso con relación al Inca, puesto que la cerámica del sitio Hostería de San Pedro es idéntica a la que aparece en Caspana. Consecuentemente, la ocupación atacameña más temprana aparece muy leve frente a las posteriores, por lo que la consolidación de Atacama en las tierras altas pudo suceder hacia el 1300 DC, quizás asociado, motivado e incluso presionado por la presencia altiplánica adyacente en Toconce (Castro et al. 1979 y 1984), pero en especial por la atracción que pudo ejercer el potencial de recursos agrícolas y ganaderos de esta zona, y que son intensamente explotados en estos momentos (Adán y Uribe 1995).
Por su parte, en Chiu-Chiu se observa lo contrario. Es decir, el predominio de los tipos DUP-SRV, aunque junto a TRA y AIQ, indican una clara ocupación en momentos tempranos del período por parte de poblaciones atacameñas que se entierran en su principal cementerio, casi sin dejar evidencias posteriores. Esto no extraña si se considera que aquí incluso se ha hallado alfarería Tiwanaku, como en el Salar (Ryden 1944). Asimismo, destaca en la muestra estudiada la cerámica HED, confirmando una clara presencia o fuerte conexión con el Altiplano Meridional como con el curso superior del Loa, lo cual puede vincularse con un desplazamiento o crecimiento de dicha situación hacia el 1300 DC. Probablemente, asociado a lo anterior, el tipo DUP que fue el único identificado para Lasana apoya o enfatiza una época atacameña temprana en el Loa Medio, vinculándose con el altiplano a fines de ese momento a través de Chiu-Chiu. De hecho, aquí llega a ser clara una interacción de poblaciones más que el desplazamiento de las mismas, puesto que la abundancia de artefactos para el caravaneo es elocuente de acuerdo a la colección conservada en el Museo Arqueológico San Miguel de Azapa.
De este modo, Chacance al igual que Chiu-Chiu presenta los tipos DUP y SRV, además de AIQ y TGA en su versión con protúberos, todo lo cual configura una manifestación de ocupación temprana del Intermedio Tardío, que, por otra parte, se hace evidente a través de la presencia del tipo PCH de Tarapacá. Por lo mismo, también se consolida en tales momentos la presencia tarapaqueña en el Loa Medio, pero paralelo al predominio atacameño. Esto último se refiere a que aquí aún no predomina el material de Tarapacá, ni opaca la presencia de Atacama como sí pareciera suceder en la costa. En este sentido, las expresiones tarapaqueñas y de Arica son temporalmente equivalentes a la cuña de elementos altiplánicos que aparecen en la mitad superior del Loa y del Salar también, después de lo cual se consolidaría y expandería la alfarería más clásica de las poblaciones atacameñas del desarrollo regional, aunque transformando la representación estilística y cuantitativa de la cerámica, dentro de lo cual se distingue la génesis de un carácter más particular de los habitantes loínos. De hecho, porque éstos se vinculan no sólo con el altiplano y la vertiente oriental, sino además con las gentes de Valles Occidentales, la Pampa del Tamarugal y la costa.
En cualquier caso, existe una continuidad en la ocupación de este espacio por parte de la población de Atacama desde los inicios del período en cuestión, e incluso de antes, como lo delata la presencia de alfarería negra pulida NP3 en Chacance, sugiriendo que estos territorios eran conocidos por los grupos humanos vinculados a los desarrollos del Salar y San Pedro durante el Período Medio. Asimismo, se habrían instalado luego en el Loa Medio (Calama, Chiu-Chiu y Lasana), como obviamente también en su curso superior (Caspana) y bajo (Quillagua). No obstante, pronto se observa la fuerte conexión con el altiplano hacia el Loa Superior, y con Tarapacá y Arica en su curso medio, bajo y desembocadura, como si todo este espacio se convirtiera en una frontera en la cual se debate el predominio, control e identidad atacameña. Esto no es de extrañar, si consideramos que el Loa es el único corredor que posibilita la circulación a larga distancia por ambas vertientes de los Andes dentro del gran desierto enmarcado entre la quebrada de Tiliviche y el río Salado (Copiapó).
Pero, reiteramos, la única que demuestra una clara continuidad posterior a todo lo anterior, es la alfarería atacameña que a través de los tipos TGA, AIQ, TRA y TRR constituye la cerámica más clásica y distintiva de la ocupación del Loa, dando cuenta de una verdadera consolidación que después pareciera ser reforzada por el Inca, sobre todo en las tierras altas (p.e., Caspana). De hecho, no hay mayores evidencias incaicas que las locales, siguiendo en las quebradas la producción cerámica inca de pastas con mica, también vinculada a la presencia de alfarería YAV, por lo cual pareciera que las poblaciones de las tierras altas fueron las encargadas de la inserción al Tawantinsuyo. Todo ello puede, por otro lado, relacionarse a la alta producción excedentaria de la formación económico-social lograda en este espacio (Adán y Uribe 1995 y 1999).
Tiempo y procesos en Atacama, una propuesta desde la alfarería
Ahora bien, considerando la variable cronológica de la cerámica, se puede apreciar que el momento temprano representado por la presencia y asociación de los tipos DUP-SRV no tiene la misma expresión en el Loa que en el Salar, pues es evidente que la alfarería Roja Violácea es aún menor que en San Pedro de Atacama. Y, prácticamente, lo mismo se puede aplicar al momento supuestamente más tardío vinculado a la asociación AIQ-TRR, por lo cual, a pesar de compartir una misma tradición alfarera, no hay una equivalencia total entre las cuencas y la secuencia relativa que se ha establecido para San Pedro. Sin duda, esto puede relacionarse con las particularidades locales anunciadas para el Loa y que profundizamos luego, vinculadas con una mayor diversidad cultural existente en esta cuenca.
En cualquier caso, suponemos una ocupación tardía de estos territorios desde mediados del 800 hasta el 1300 DC, correspondiente a un momento temprano asociado a DUP. Luego, una época más tardía cubriría hasta el 1400 DC, indicada por la importante presencia del AIQ que traspasaría hasta el 1500 DC como parte del Período Tardío, de acuerdo a la alta representación de TGA. En definitiva, la principal ocupación se desarrollaría y extendería como predominante por la cuenca del Loa entre el 1300 hasta el 1500 DC, tal cual lo confirma también una constante presencia del tipo TRA. Así, desde el 1300 DC las poblaciones del Loa, vinculadas al Salar, estarían repartidas o al menos circulando por toda la cuenca (pues aquí se entierran sus habitantes), demostrando un significativo control sobre ella. Ello habría sido apoyado y enfatizado por el Inca, asociado a la calidad productiva más exitosa en cuanto alimentos y líquidos que tendría el Loa frente a San Pedro. Por lo mismo, no deja de destacar la posibilidad de un considerable aumento y desplazamiento poblacional interno por esta región, el que ya se ha previsto desde sus localidades particulares como Caspana y Quillagua (Adán y Uribe 1995; Agüero et al. 1997 y 1999). Todo lo anterior, como vemos, es bastante coherente con la presencia del resto de los componentes cerámicos identificados en el Loa. De esta manera, la presencia de Arica y Tarapacá en la desembocadura indica una notoria vinculación de la cuenca con los territorios de origen de dicha alfarería, bastante claro entre el 1100 y 1350 DC (Espoueys et al. 1995b). Asimismo, se aprecia un desplazamiento o esfera de interacción con el altiplano concentrada hacia el 1300 DC. Vale decir, el momento temprano difusamente percibido en el Loa, podría deberse a una situación donde el espacio se halla compartido o, por lo menos, existe una gran circulación o contactos entre poblaciones diferentes y distantes (Núñez y Dillehay 1995 [1978]). En este sentido, el predominio dentro del Loa siempre habría pertenecido a poblaciones de Atacama, aunque no desconectado del Altiplano Meridional, Tarapacá y/o los Valles Occidentales en su curso superior, la pampa y la costa respectivamente, definiendo una zona de borde o frontera (Agüero et al. 1997 y 1999). Como bien se puede concluir, toda la cuenca constituye esta frontera para sus habitantes originales, lo cual no permite establecer un proceso ni identidad (material) exactos al del Salar, específicamente San Pedro, siendo en momentos más tardíos cuando se produce una equivalencia y fortalecimiento de Atacama en el Loa. Esto porque quizás genera recursos que ahora se hacen necesarios y obligan a apropiarse de ellos, impidiendo o negociando el acceso a estas tierras por parte de otras poblaciones y entidades culturales. En definitiva, el Loa deja de ser un territorio tan "libre" y cosmopolita, volviéndose claramente "atacameño", aunque obligando a una transformación de su propia identidad. Sin duda, esto es una confirmación a una situación ya anunciada desde el Loa Inferior (Agüero et al. 1997 y 1999).
De este modo, las asociaciones DUP-SRV y AIQ-TRR no sólo aparecen intermediadas por las cerámicas HED y YUR-URU, sino además por SMB y NO DEC, PCH y CHZ durante el 1300 DC, y después por el Inca. Lo anterior significa y manifiesta una época temprana de asentamiento de población atacameña en el Loa durante el Intermedio Tardío en la medida que San Pedro se desliga del Período Medio, como ocurre en Solor y Catarpe (previo a las conocidas fases tempranas de Yaye, Turi y Quillagua); inmediatamente seguida por otro momento de intensa interacción cultural _con seguridad también económica y social_, y fortalecimiento en el río Loa (durante las fases clásicas de Solor, Catarpe, Turi, Caspana y Quillagua); para continuar con un claro desplazamiento y consolidación de Atacama (durante la ocupación de Chiu-Chiu, Chacance, Quillagua y Caleta Huelén), alcanzando su clímax con el Inca (siendo claro en las fases tardías de Caspana y en San Pedro), lográndose una gran amalgama con el Tawantinsuyo durante el 1500 DC en las tierras altas.
Entonces, la consolidación atacameña puede estar no sólo vinculada a una reacción frente a su propia situación interna de supuesta "pobreza" al finalizar el Período Medio (sensu Costa 1988; Le Paige 1964; Tarragó 1989), sino también por el desplazamiento de las poblaciones del resto de los territorios involucrados, sin necesidad de violencia (Nielsen 2002). Porque, complementariamente, tendría relación con la necesidad de controlar estas tierras e introducir a dichas entidades dentro de un sistema simbiótico o de intercambio centro-sur andino usando el potencial productivo y excedentario del Loa, aumentando el conocimiento e intervención tecnológica de sus quebradas _incluidas las del Salar_, dentro de una situación ambiental y económica que aparece bastante más deprimida en San Pedro de Atacama. Casi sin duda, como tradicionalmente se ha afirmado, esto tendría su explicación en la pérdida del vínculo de San Pedro con Tiwanaku e, hipotéticamente a su vez, con crisis ambientales (Nielsen 2001 y 2002; Schiappacasse et al. 1989).
Completando este panorama, el componente Inca tiene un comportamiento tipológico y cronológico casi idéntico al del Salar, por lo cual la expansión del imperio seguiría vinculada con las poblaciones de Atacama, al mismo tiempo que en conexión con el Noroeste Argentino. Por ello creemos que esta presencia estaría concentrada en o controlada desde las tierras altas de la región del Loa, como de San Pedro o la puna argentina, tal como lo evidencia el asentamiento del Tawantinsuyo en estas zonas, fusionándose con el sistema propio de los desarrollos regionales hacia el 1450 y después del 1500 DC (Albeck 2001; Nielsen 2001; Uribe y Adán 2000 Ms; Uribe et al. 2002 Ms). De hecho, en la práctica no existen mayores expresiones incaicas de los Valles Occidentales ni se conocen evidencias tarapaqueñas durante esta época.
Por otro lado, se observa una gran ausencia de cerámica etnográfica TCA, lo cual puede relacionarse con una grave pérdida de población indígena durante el contacto con los hispanos hacia mediados de 1500 y 1600 DC, al menos desde la desembocadura del Loa hasta Calama, aunque también puede ser posible por una circunscripción de éstos al Loa Superior y quebradas del Salar. En cualquier caso, esto último pareciera ocurrir de todas maneras, pues es allí donde sigue produciéndose alfarería, pero también donde las prácticas funerarias cambiaron, dejándose de incluir progresivamente las vasijas en las tumbas debido a la profunda intervención llevada a cabo en el ámbito de las creencias por los europeos (Castro 1997).
De este modo, creemos aportar desde la cerámica un cuadro histórico-cultural, cualitativa, cuantitativa y cronológicamente mucho más fino e integral, con el cual sumergirse más adelante en la búsqueda de las explicaciones de los procesos que dieron origen a la Atacama que conocieron los españoles, constituida por ambas cuencas y la que no puede ser entendida como el simple resultadode un "empobrecimiento cultural" o como un "collage" de historias paralelas. Concretando nuestro aporte, proponemos p reliminarmente cinco momentos que dieron origen a esta entidad cultural al mismo tiempo única y diversa, que sintetizamos en el siguiente esquema de periodificación:
Agradecimientos Es muy importante reconocer que este trabajo se inspira en la participación que tuvo la colega Patricia Ayala en el proyecto FONDECYT 1000148, a quien agradecemos por ello y lamentamos que no continuara formando parte del equipo que desarrolla esta investigación, después de varios años de experiencias conjuntas. Por otro lado, es imperioso recordar el aporte del IIAM de San Pedro de Atacama en cuanto al apoyo brindado al proyecto en toda su ejecución, permitiendo el acceso a las colecciones aquí analizadas como a la documentación que posee respecto a las mismas. Lo anterior se hace extensivo al Museo Arqueológico San Miguel de Azapa de Arica, el Museo Regional de Iquique, el Museo Municipal de María Elena, el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad de Antofagasta y la Corporación Cultural Parque El Loa de la Municipalidad de Calama, por permitirnos acceder a sus propias colecciones. Finalmente, quisiera agradecer por toda la ayuda concreta y apoyo que dieron a este trabajo los siguientes colegas y amigos: Leonor Adán, Carolina Agüero, Carlos Carrasco, Bárbara Cases, Claudio Castellón, Lorena Sanhueza y Lautaro Núñez.
NOTAS: 1 Resultado Proyecto FONDECYT 1000148: "Historia cultural y materialidad de los períodos Intermedio Tardío y Tardío de San Pedro de Atacama y su relación con la cuenca del río Loa". 3 Equivalentes a los tipos NPIV (escudillas) y NPXIII-NPVI (cuencos) de Tarragó (1989), y NB9 y NB7-NCP1, respectivamente, de Thomas y colaboradores (1984). 4 NGRIII o RGRIII de Tarragó (1989), y RG3 y/o NG2 de Thomas y colaboradores (1984). 5 Es muy probable que esto se deba a los criterios clasificatorios de carácter más bien politéticos que se han utilizado, y que no sólo se centran en las características de superficie, como ocurre en relación con la alfarería negra pulida previa al Intermedio Tardío. 6 Muchas veces los datos no se encuentran explícitos en las publicaciones señaladas, razón por la cual acudimos directamente a los autores mencionados para obtener la información específica. 7 Esta información fue reunida y sistematizada por Lorena Sanhueza para el Proyecto FONDECYT 1000148. 8 Accesibles en la Biblioteca del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo R. P. Gustavo Le Paige s. j., de la Universidad Católica del Norte en San Pedro de Atacama. 9 De las 92 piezas provenientes de Solor, sólo siete pertenecen a Solor-3 y otras siete no tienen registro de procedencia, mientras que el resto pertenece a Solor-4. 10 Cabe mencionar que aún quedan por revisar aquellas colecciones que se hallan en el Museo de Historia Natural de Santiago, especialmente las relacionadas con Toconce y Calama, así como terminar de agregar las de Caspana y Quillagua, lo cual permitirá reducir esta distorsión. 11 En este caso, por el momento, sólo se identificaron ejemplares dudosos.12 En esta muestra no es clara la presencia DUP, sin embargo, es evidente en otras colecciones revisadas por nosotros (Uribe 1997). REFERENCIAS CITADAS[ Links ]
1996. Arqueología de lo cotidiano. Sobre diversidad funcional y uso del espacio en el Pukara de Turi. Memoria para optar al Título de Arqueóloga, Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile, Santiago. [ Links ]
1999. Aquellos antiguos edificios. Acercamiento arqueológico a la arquitectura prehispánica tardía de Caspana. Estudios Atacameños 18: 13-33. [ Links ]
2002 Ms. Arquitectura de los períodos tardíos de San Pedro de Atacama. Informe Proyecto FONDECYT 1000148, Santiago. [ Links ]
Adan, L. y M. Uribe, 1995. Cambios en el uso del espacio en los períodos agroalfareros: Un ejemplo en ecozona de quebradas altas, la localidad de Caspana. En Actas del II Congreso Chileno de Antropología, pp. 541-555, Santiago. [ Links ]
1999. El Inka en la localidad de Caspana: Un acercamiento al pensamiento político andino (río Loa, norte de Chile). Tawantinsuyu 6 (en prensa). [ Links ]
Agüero, C., 1998. Estilos textiles de Atacama y Tarapacá y su presencia en Quillagua durante el Período Intermedio Tardío. Boletín del Comité Nacional de Conservación Textil 3: 103-128. [ Links ]
2000. Fragmentos para armar un territorio. La textilería en Atacama durante los períodos Intermedio Tardío y Tardío. Estudios Atacameños 20: 7-28. [ Links ]
Agüero, C., M. Uribe, P. Ayala y B. Cases, 1997. Variabilidad textil durante el Período Intermedio Tardío en el valle de Quillagua: Una aproximación a la etnicidad. Estudios Atacameños 14: 263-290. [ Links ]
1999. Una aproximación arqueológica a la etnicidad, y el rol de los textiles en la construcción de la identidad cultural en los cementerios de Quillagua (Norte de Chile). Gaceta Arqueológica Andina 25: 167-197. [ Links ]
Albeck, M. E., 2001, La puna argentina en los períodos Medio y Tardío. En Historia Argentina Prehispánica, E. Berberián y A. Nielsen (Eds.), Tomo I, pp. 347-388. Editorial Brujas, Córdoba. [ Links ]
Aldunate, C., 1991. Arqueología del Pukara de Turi. Boletín del Museo Regional de la Araucanía 4, T II: 61-78. [ Links ]
Aldunate, C. y V. Castro, 1981. Las chullpas de Toconce y su relación con el poblamiento altiplánico en el Loa Superior. Ediciones Kultrún, Santiago. [ Links ]
Aldunate, C., J. Berenguer, V. Castro, L. Cornejo, J. L. MartInez y C. Sinclaire, 1986. Cronología y asentamiento en la región del Loa Superior. Dirección de Investigación y Bibliotecas de la Universidad de Chile, Santiago. [ Links ]Ayala, P., 2000. Reevaluación de las tradiciones culturales del Período Intermedio Tardío en el Loa Superior: Caspana. Memoria para optar al Título de Arqueóloga, Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile, Santiago. [ Links ]
Ayala, P. y M. Uribe, 1995. Pukara de Lasana: Revalidación de un sitio "olvidado" a partir de un análisis cerámico de superficie. Hombre y Desierto 9, T II: 135-145. [ Links ]
1996. Caracterización de dos tipos cerámicos ya definidos: Charcollo y Chiza modelado. Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología 22: 24-27. [ Links ]
Ayala, P., O. Reyes y M. Uribe, 1999. El cementerio de los Abuelos de Caspana: El espacio mortuorio local durante el dominio del Tawatinsuyu. Estudios Atacameños 18: 35-54. [ Links ]
Berenguer, J., 1994. Impacto del caravaneo prehispánico tardío en Santa Bárbara, Alto Loa. Hombre y Desierto, Anexo 2, T II: 6-44. [ Links ]
Berenguer, J. y P. Dauelsberg, 1989. El norte grande en la órbita de Tiwanaku. En Culturas de Chile. Prehistoria, J. Hidalgo, V. Schiappacasse, H. Niemeyer, C. Aldunate e I. Solimano (Eds.), pp. 129-180. Editorial Andrés Bello, Santiago. [ Links ]
Berenguer, J., A. Deza, A. RomAn y A. Llagostera, 1986. La secuencia de Myriam Tarragó para San Pedro de Atacama: Un test por termoluminiscencia. Revista Chilena de Antropología 5: 17-54. [ Links ]
Bird, J., 1943. Excavations in northern Chile. Anthropological Papers of the American Museum of Natural History XXXVIII, Part IV: 179-316. [ Links ]
Bittman, B., G. Le Paige y L. NUñez, 1978. Cultura Atacameña. División de Cultura, Ministerio de Educación, Santiago. [ Links ]
Castro, V., 1997. Huacca Muchay. Evangelización y religión andina en Charcas, Atacama la Baja. Tesis de Magíster en Etnohistoria, Departamento de Historia, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, Santiago. [ Links ]
Castro, V., J. Berenguer y C. Aldunate, 1979. Antecedentes de una interacción altiplano-área atacameña durante el Período Tardío: Toconce. En Actas del VII Congreso de Arqueología Chilena, Vol. II, pp. 477-498. Editorial Kultrún, Santiago. [ Links ]
Castro, V., C. Aldunate y J. Berenguer, 1984. Orígenes altiplánicos de la Fase Toconce. Estudios Atacameños 7: 209-235. [ Links ]
Castro, V., F. Maldonado y M. VAsquez, 1991. Arquitectura del Pukara de Turi. Boletín del Museo Regional de la Araucanía 4, T II: 79-106. [ Links ] Cervellino, M. y F. TEllez, 1980. Emergencia y desarrollo de una aldea prehispánica de Quillagua-Antofagasta. Contribución Arqueológica 1. [ Links ]
Cornejo, L., 1999. Los incas y la construcción del espacio en Turi. Estudios Atacameños 18: 165-176. [ Links ]
Costa, M. A., 1988. Reconstitución física y cultural de la población tardía del cementerio Quitor-6 (San Pedro de Atacama). Estudios Atacameños 9: 99-126. [ Links ]
Costa, M. A. y A. Llagostera, 1994. Coyo-3: Momentos finales del Período Medio en San Pedro de Atacama. Estudios Atacameños 11: 73-107. [ Links ]
Dauelsberg, P., 1959. Cerámica del valle de Azapa. Boletín del Museo Regional de Arica 3 (Reedición Boletines del 1 al 7, Universidad de Tarapacá, Arica, 1995): 47-52. [ Links ]
1972. La cerámica de Arica y su situación cronológica. Chungara 1: 15-25. [ Links ]
ESPOUEYS, O., 1993. Recopilación de fechados absolutos relativos al Agroalfarero del valle de Azapa (II Parte). Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología 17: 33-40. [ Links ]
Espoueys, O., V. Schiappacasse, J. Berenguer y M. Uribe, 1995a. En torno al surgimiento de la cultura Arica. Hombre y Desierto 9, T I: 171-184. [ Links ]
Espoueys, O., M. Uribe, A. RomAn y A. Deza, 1995b. Fechados por termoluminiscencia para cerámica de estilo Tiwanaku de Arica. Hombre y Desierto 9, T II: 31-65. [ Links ]
Le Paige, G., 1963. Continuidad y discontinuidad de la cultura atacameña. Anales de la Universidad del Norte 2: 7-25. [ Links ]
1964. El precerámico en la cordillera atacameña y los cementerios del Período Agroalfarero en San Pedro de Atacama. Anales de la Universidad del Norte 3: 49-93. [ Links ]
Montt, I., 2002 Ms. Funebria de los períodos tardíos en el desierto de Atacama. Una evaluación de la unidad cultural atacameña desde la instalación mortuoria. Informe Proyecto FONDECYT 1000148, Santiago. [ Links ]
Muñoz, I., 1986. La cultura Arica: Un intento de visualización de relaciones de complementariedad económico social. Diálogo Andino 6: 30-47. [ Links ]
Nielsen, A., 2001. Evolución social en Humahuaca (AD 700-1536). En Historia Argentina Prehispánica, E. Berberián y A. Nielsen (Eds.), Tomo I, pp. 171-265. Editorial Brujas, Córdoba. [ Links ]
2002. Asentamientos, conflicto y cambio social en el altiplano de Lípez (Potosí). Revista Española de Antropología Americana 32: 179-205. [ Links ]
Nielsen, A., M. Vasquez, J. Avalos y C. AngioraMa, 2000. Prospecciones arqueológicas en la Reserva "Eduardo Avaroa" (Sud Lípez, Depto. Potosí, Bolivia). Textos Antropológicos 11: 89-131. [ Links ] NUñez, L., 1965. Desarrollo cultural prehispánico en el norte de Chile. Estudios Arqueológicos 1: 37-115. [ Links ]
1971. Secuencia y cambio en los asentamientos humanos de la desembocadura del río Loa en el norte de Chile. Boletín de la Universidad de Chile 112: 3-25. [ Links ]
1976. Registro regional de fechas radiocarbónicas del norte de Chile. Estudios Atacameños 4: 74-123. [ Links ]
NUñez, L. y T. Dillehay, 1995 [1978]. Movilidad giratoria, armonía social y desarrollo en los Andes Meridionales. Patrones de tráfico e interacción económica. Universidad Católica del Norte, Antofagasta. [ Links ]
Orellana, M., 1963. La Cultura de San Pedro. Arqueología Chilena 3: 3-43. [ Links ]
1964. Acerca de la cronología del Complejo Cultural de San Pedro de Atacama. Antropología 2: 96-104. [ Links ]
Pollard, G., 1970. The cultural ecology of ceramic stage settlement in the Atacama Desert. Ph.D. Dissertation, Columbia University, Columbia. [ Links ]
RydEn, S., 1944. Contribution to the archaeology of the río Loa Region. Elanders Boktryckeri Aktiebolag, Göteborg. [ Links ]
Schiappacasse, V., V. Castro y H. Niemeyer, 1989. Los desarrollos regionales en el Norte Grande. En Culturas de Chile. Prehistoria, J. Hidalgo, V. Schiappacasse, H. Niemeyer, C. Aldunate e I. Solimano (Eds.), pp. 181-226. Editorial Andrés Bello, Santiago. [ Links ]
Serracino, G., 1974. La cerámica de Guatin. Estudios Atacameños 2: 11-36. [ Links ]
Sinclaire, C., 2001 Ms. Prehistoria del Período Formativo en la cuenca alta del río Salado (Región del Loa Superior): Un estado de la cuestión. Informe Proyecto FONDECYT 1980200, Santiago. [ Links ]
Sinclaire, C., M. Uribe, P. Ayala y J. GonzAlez, 1998. La alfarería del Período Formativo en la región del Loa Superior: Sistematización y tipología. Contribución Arqueológica 5, T II: 285-314. [ Links ]
Thomas, C., C. Massone y M. A. Benavente, 1984. Sistematización de la alfarería del área de San Pedro de Atacama. Revista Chilena de Antropología 4: 49-119. [ Links ]
Tarragó, M., 1976. Alfarería típica de San Pedro de Atacama. Estudios Atacameños 4: 37-73. [ Links ]
1984. La historia de los pueblos circumpuneños en relación con el altiplano y los Andes meridionales. Estudios Atacameños 7: 116-132. [ Links ]
1989. Contribución al conocimiento arqueológico de las poblaciones de los oasis de San Pedro de Atacama en relación con los otros pueblos puneños, en especial al sector septentrional del valle Calchaquí. Tesis de Doctor en Historia, Especialidad Arqueología, Universidad Nacional de Rosario, Rosario. [ Links ] [ Links ]
1995. Cerámicas arqueológicas de Arica: I etapa de una reevaluación tipológica (Períodos Medio y comienzos del Intermedio Tardío). Hombre y Desierto 9, T II: 81-96. [ Links ]
1996. Religión y poder en los Andes del Loa: Una reflexión desde la alfarería (Período Intermedio Tardío). Memoria para optar al Título de Arqueólogo, Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile, Santiago. [ Links ]
1997. La alfarería de Caspana y su relación con la prehistoria tardía de la Subárea Circumpuneña. Estudios Atacameños 14: 243-262. [ Links ]
1998. Cerámicas arqueológicas de Arica: II etapa de una reevaluación tipológica (Períodos Intermedio Tardío y Tardío). Contribución Arqueológica 5, T II: 13-44. [ Links ]
1999a. La cerámica de Arica 40 años después de Dauelsberg. Chungara 31 (2): 189-228. [ Links ]
1999b. La alfarería inca de Caspana. Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología 27: 11-19. [ Links ]
2002 Ms. La cerámica de Solcor-3 (Slc-3): Análisis tipológico y contextual de la alfarería de San Pedro de Atacama (ca. 100-950 DC). Informe Proyecto FONDECYT 1010735, Santiago. [ Links ]
Uribe, M. y L. Adán, 1995. Tiempo y espacio en Atacama: La mirada desde Caspana. Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología 21: 35-37. [ Links ]2000 Ms. Acerca del dominio Inka, sin miedo, sin vergüenza. Ponencia presentada en el XV Congreso Nacional de Arqueología Chilena, Arica. [ Links ]
Uribe, M. y C. Carrasco, 1999. Tiestos y piedras talladas de Caspana: La producción alfarera y lítica en el Período Intermedio Tardío del Loa Superior. Estudios Atacameños 18: 55-71. [ Links ]
Uribe, M., L. Adan y C. agüero, 2002 Ms. El dominio del Inka, identidad local y complejidad social en las tierras altas del desierto de Atacama, Norte Grande de Chile (1450-1541 DC). Ponencia presentada en el IV Simposio Internacional de Arqueología PUCP, Lima. [ Links ]
Uribe, M., V. Manríquez y L. Adán, 1998. El poder del Inka en Chile: Aproximaciones a partir de la arqueología de Caspana (río Loa Desierto de Atacama). En Actas del III Congreso Chileno de Antropología, T II: 706-722, Santiago. [ Links ]
Varela, V., 1992. De Toconce pueblo de alfareros a Turi pueblo de gentiles. Un estudio de etnoarqueología. Memoria para optar al Título de Arqueóloga, Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile, Santiago. [ Links ]
Varela, V., M. Uribe y L. AdAn, 1991. La cerámica arqueológica del sitio Pukara de Turi: 02-Tu-002. Boletín del Museo Regional de la Araucanía 4, T II: 107-121. [ Links ]
Vasquez, M., 1995. Análisis de materiales líticos en el Pukara de Turi: Inferencias funcionales y conductuales. Hombre y Desierto 9, Tomo II: 113-124. [ Links ] |
























