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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.33 n.47 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342000000100018 

Revista Signos 2000, 33(47), 190-191

RESEÑAS

Varios: El Quijote entre todos (Aache Ediciones, Guadalajara/ Toledo 1999, I Tomo: 340 páginas; II Tomo 458 páginas).


Eduardo Godoy Gallardo



Isabel Fernández Morales, directora de la Casa de la Torre, en El Toboso, tuvo, y realizó, la interesante idea de construir un Quijote entre todos, lo que finalmente se concretó en los dos volúmenes que hoy comentamos, con un total de ochocientos noventa y ocho páginas. El proyecto tuvo su origen en las propias palabras de Cervantes que, en el Prólogo de 1605, por medio de la opinión del amigo que lo visitara en la ocasión, manifestó su aspiración que su novela fuera leída por todos, ya que "...leyéndola el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deja de alabarla". Palabras cervantinas que se verían reflejadas en la realidad al sostener Sansón Carrasco que: "...es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y finalmente, es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes, que apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen "Allí va Rocinante" (Segunda Parte, cap. III). El mismo don Quijote habla sobre el éxito de su historia al decirle al Caballero del Verde Gabán que "Treinta mil volúmenes se han ingreso de mi historia, y lleva camino de imprimirse treinta mil veces de millones, si el cielo no lo remedia" (Segunda Parte, capítulo XVI).

Según se estableció, cada capítulo debía ser comentado e ilustrado por un ensayista y artista individual. El primer tomo, el correspondiente a 1605, lo fue por ensayista e ilustradores de la propia tierra del héroe, la Mancha y sus vecinos administrativos, como lo son Guadalajara y Cuenca; en el segundo, el de 1615, participaron intelectuales de toda España. Prologado por José Bono, Presidene de Castilla ­ La Mancha, en la construcción, reconstrucción o acercamientos participaron ciento veinte y seis ensayistas e igual número de ilustradores que reflejaron situaciones quijoteseas acorde con la temática de cada capítulo.

La intención de quien elaboró el proyecto fue mostrar la vigencia del texto cervantino, por un lado, y, por otro, probar que una obra como el Quijote pueda, realmente, ser entendida y comprendida por lectores de todo tipo.

La primera dificultad que presenta la exposición y estudio de un texto en estas condiciones radica en la gran cantidad de participantes, pues es imposible lograr una coherencia absoluta. Ello es notorio por la distinta forma de acercamiento que se tiene frente al texto cervantino, según se desprende de su lectura. Algunos ensayistas se refieren estrictamente al capítulo que les fue asignados; otros hacen referencias a sucesos anteriores o posteriores, o se relatan impresiones y experiencias personales, alejados del texto primitivo.

Esta es la gran desventaja del texto que comentamos, pero, por otro lado, está en consonancia con los propósitos del proyecto: mostrar cómo puede ser leído el Quijote, tanto por un lector especializado como por uno aficionado. Lo mismo es extensivo a los ilustradores.

Lo dicho no va en desmedro de quienes realizan los comentarios a cada capítulo, porque todas son personas destacadas en el mundo intelectual. Conviven, en este Quijote entre todos, personas de distintas especialidades: novelistas y poetas, profesores de distintos niveles, académicos, filólogos, lexicógrafos, sociólogos, abogados, periodistas, políticos, industriales, comerciantes, alcaldes, guionistas cinematográficos, médicos, economistas, cronistas. Igual información ­en cuanto a su calidad- merecen los ilustradores.

Algunos nombres que sobresalen entre los participantes (me refiero sólo a los ensayistas, no a los ilustradores): Alberto Blecua (filólogo y escritor, profesor de la Universidad de Barcelona), José María Casasayas (filólogo, cervantista, autor de ensayos sobre el Quijote), Manuel Criado de Val (cervantista, lingüista, académico), Alfonso López Navia (cervantista, autor de ensayos y un libro importante: La ficción autorial en el Quijote y en sus continuaciones e imitaciones, 1996), Antonio del Rey (profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, autor de ensayos cervantistas), Lorenzo Díaz Sánchez (cervantista, autor de La cocina del Quijote), Luis González del Valle (profesor en la Universidad de Boulder, Colorado, autor de artículos sobre temas cervantistas)... y otros. Todos los ensayos que he enumerado ­entre varios otros- destacan y responden a los antecedentes académicos de sus autores.

Sin embargo, hay otros ensayos de diversa índole que son de interés para quien haya ingresado en el mundo quijotesco. Así, por ejemplo, el comentario del periodista y escritor Joaquín Muñoz Coronel en torno al capítulo XIII de la Segunda Parte que aprovecha lo sucedido ahí para darnos una lección sobre los vinos manchegos, o el escrito por el historiador Alonso de Torrelavega que, comentando el capítulo IX de la Primera Parte, elucubra en torno a la posible identidad de Cide Hamete Benengeli.

Puede también mencionarse algunos curiosos ensayos de invención pura como la carta enviada por Aldonza Lorenzo o Dulcinea del Toboso a don Quijote que expone el periodista Rafael Sancho de San Román al enfrentar el capítulo XXV de la Primera Parte; o una revisión contraria como la expuesta por el médico Juan Antonio Versada que comenta el capítulo XXXIX de la Primera Parte tomando como parámetro el problema realidad y ficción.

Varios otros ensayos, entre los ciento veintiséis que contienen los dos tomos que comentamos, dan margen para enfrentar distintas situaciones, pero creo que los enumerados pueden dar una imagen, más o menos acertada, de lo que es El Quijote, entre todos.

En suma, se trata de un libro curioso que muestra una disparidad abrumadora de lecturas. En el fondo, responde a los intereses de cada uno de los lectores. Se puede discrepar tanto de la manera de organizar el texto como de la forma de enfrentar la temática respectiva de algunos ensayistas, si aplicamos un método riguroso, pero creo que debe ser apreciado y juzgado desde la perspectiva que se tuvo presente en el origen y realización del proyecto.

Creo que Isabel Fernández Morales y todos los que contribuyen a que se hiciera realidad, han visto cumplido su objetivo, a la vez que se han certificado la validez de las opiniones cervantinas citadas al comienzo de estas líneas.