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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) v.30 n.2 Santiago  2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2010000200010 

REVISTA DE CIENCIA POLÍTICA / VOLUMEN 30 / N° 2 / 2010 / 361 - 378

ARTÍCULOS

 

HAITÍ CRISIS SIN FIN

Haiti Crisis Without End

 

ROODY RESERVE*

Universidad Centroamericana, El Salvador


RESUMEN

2009 ha sido un año globalmente positivo para la economía, la sociedad y la política haitiana. La mayoría de los indicadores tuvieron un buen comportamiento. El presente artículo hace un análisis somero de la coyuntura vivida en 2009. La conclusión a la que llega es que dentro del contexto del marasmo económico y político que caracterizó el período evaluado, aun así, se han observado algunos avances y consolidación institucional del juego político en esta nación caribeña. Dos hechos señeros ilustran esta tendencia: la destitución de la Primera Ministra Michele Pierre-Louis y el nombramiento de su reemplazo, el actual Primer Ministro Jean Max Bellerive. Se sostiene que la rapidez con que se efectuó este reemplazo muestra una tendencia distinta e importante de dar seguimiento en la evolución de la política en Haití. El segundo hecho político a destacar es la aprobación de las reformas a la Constitución de 1987, votada en el Parlamento en septiembre de 2009. Este acontecimiento es significativo tanto por el hecho mismo de su aprobación como por los contenidos de la reforma.

Palabras clave: Haití, democracia, crisis, Constitución, Parlamento.


ABSTRACT

2009 has been in general terms a positive year for the economy, the society and the Haitian polity. Most of the indicators have been good. This article assesses briefly the conjuncture throughout 2009. It reaches the conclusion that, despite the critical economic and political context that characterizes this period, some advances can be observed in terms of a consolidation in the political field in this Caribbean Nation. Two facts may well illustrate this view: first, the destitution of the Prime Minister Michele Viene Louis, and her quick substitution by a new Prime Minister, Jean Max Bellerive. I argue that the promptness with which the authorities acted marks a new reality worth to be analyzed in the Haitian context. The second fact that retains our attention is the new constitutional reforms approved by the parliament, in September 2009. This event is highly significant, because of both the decision by itself, and because of the contents of the new text.

Key words: Haiti, democracy, crisis, Constitution, Parliament.


I.       INTRODUCCIÓN

El presente artículo hace un análisis general de la coyuntura política de Haití en 2009. La conclusión a la que se llega es que dentro del contexto del marasmo económico y político que caracterizó el período evaluado, aun así, se han observado algunos avances y consolidación institucional del juego político en esta nación caribeña. Dos hechos señeros ilustran esta tendencia: la destitución de la Primera Ministra Michéle Pierre-Louis y el nombramiento de su reemplazo, el actual Primer Ministro Jean Max Bellerive. Se sostiene que la rapidez con que se efectuó este reemplazo muestra una tendencia distinta e importante de dar seguimiento en la evolución de la política en Haití. El segundo hecho político a destacar es la aprobación de las reformas a la Constitución de 1987 votada en el parlamento en septiembre de 2009. Este acontecimiento es significativo tanto por el hecho mismo de su aprobación como por los contenidos de la reforma.

Aparte de las variables políticas, este texto presenta una breve reseña del comportamiento de la economía haitiana. En general, en comparación con otros años, se observa que también la economía ha tenido un desempeño positivo. Los principales indicadores macroeconómicos se comportaron bien y, guardando todas las proporciones, el promedio de crecimiento observado estuvo por encima del de la región latinoamericana, víctima en su mayoría de la crisis económica internacional. Por otro lado, se pasa revista a la Misión de las Naciones Unidas para Haití y su desempeño a lo largo de 2009. Puede decirse que ha aportado mucho en la consolidación de algunas instituciones y, sobre todo, su apoyo a la Policía Nacional Haitiana (PNH) ha contribuido a consolidar el clima de disminución de la violencia que se venía verificando desde 2008.

Aun cuando este trabajo está especialmente interesado en una evaluación del funcionamiento de las instituciones haitianas en el 2009, en la conclusión hace una breve referencia al terremoto que golpeara el país el pasado 12 de enero. Lo que se destaca es la magnitud del desastre y lo que representa en términos de peligro para lo poco que se había consolidado en el año anterior. Sin embargo, se argumenta que representa una oportunidad formidable para ciertos actores políticos, especialmente el grupo a cuya cabeza está el Presidente Rene Preval, que mostró en 2009 indicios de consolidación en el poder. En este sentido, si bien en pocos segundos se perdieron todos los avances logrados en el año anterior, también puede plantearse que algunas decisiones de la clase política en los primeros días demuestran un control de la situación más allá de lo que podría sospecharse en un primer momento.

Este análisis se hace siempre en perspectiva comparada. Trata de mirar el desempeño de 2009 a la luz de lo que se ha hecho en 2008 y, cuando el autor lo juzga necesario, presenta datos sobre años anteriores para mejor situar la observación de avance que muestra la vida política a lo largo del año analizado.

II.       LA ECONOMÍA EN EL 2009

En el renglón de la marcha de la economía, Haití ha tenido un desempeño sumamente positivo en 2009. Según datos publicados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2009), la economía se comportó mejor durante este año, comparado con el anterior. El Producto Interno Bruto (PIB) tuvo una variación positiva, no obstante las turbulencias de la crisis económica mundial. Asimismo, datos del Instituto Haitiano de Estadística (IHS) indican que se pasó de un crecimiento de 0,8% en 2008 a uno de 2,9% en 2009. Puesto en perspectiva comparada con América Latina, Haití salió bien librada de la crisis internacional. Según la CEPAL (2009) la región experimentó una variación negativa en el PIB de alrededor de 1,8% y el PIB per cápíta se redujo en 2,9 puntos porcentuales. Por otro lado, mientras se observó una caída de cerca de 37% de la inversión extranjera en los países latinoamericanos, Haití, en cambio, tuvo un aumento de 24% en inversión extranjera directa.

Aumentó en un 25% la producción agrícola de Haití en el 2009. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), durante este año disminuyó la cantidad de personas en situación de inseguridad alimentaria. Pasó de 2,4 millones en abril de 2008 a 1,9 millones en junio de 2009. Esta reducción se habría logrado gracias al esfuerzo concertado del gobierno de Haití y de los organismos internacionales, como la FAO y otros, presentes en Haití (Diario Digital RD, 2009).1


Como factor importante para el comportamiento positivo de la economía debe citarse, entre otros temas, la iniciativa de alivio de la deuda haitiana, el crecimiento de las exportaciones del sector de las maquilas y las remesas que envían los haitianos residentes en el exterior a sus parientes en el país. La iniciativa de condonación de la deuda haitiana alcanzó los 511 millones de dólares en 2009 (BID, 2009). Las remesas llegaron a más de 1.281 millones de dólares (CEPAL, 2009), lo que representa más del 50% del presupuesto nacional para el mismo año (Le Nouvelliste, 2009). También se observó un crecimiento de las exportaciones, al mismo tiempo que se verificó una disminución de las importaciones, lo cual según la CEPAL redundó en una mejora del déficit de la balanza comercial.

El tratamiento al comportamiento de la economía ofrecido en las líneas anteriores no quiere sugerir que Haití se encuentra en una situación envidiable, en que ha desaparecido la pobreza, desempleo y precariedad económica. Al contrario, como siguen revelando los datos sobre este tema, el país caribeño sigue siendo considerado como uno de los más pobres del mundo. No obstante ello, se ha observado que las principales variables económicas tuvieron un comportamiento positivo en 2009. Esto de por sí es un logro importante en Haití. La última década se había caracterizado por una crisis económica constante que impedía cualquier sostenimiento en el tiempo de cualquier iniciativa gubernamental o privada de reducción de la pobreza. Por otro lado, como una muestra de la envergadura de la tarea que tienen pendientes las autoridades haitianas es que la economía creció mucho menos de lo que lo fue la tasa de natalidad que fue de 29,1 (índex Mundi, 2009). Así, más allá de los problemas de distribución de la riqueza, que siguen siendo realmente espeluznantes en el caso que nos ocupa, falta mucho que hacer para que el Estado haitiano pueda ofrecer una vida decente a sus ciudadanos. Aun así, sostenemos, tomando en cuenta los antecedentes de crisis recurrente, que se puede valorar en tono positivo lo que se observó en 2009. Los desafíos siguen siendo enormes, pero se espera que con comportamientos como los observados en materia económica en el 2009 se revierta la tendencia al crecimiento negativo de años anteriores.

III.      LA MINUSTAH EN EL 2009

No hay unanimidad en Haití respecto de las bondades de la presencia de la MINUSTAH. De hecho, se organizan manifestaciones esporádicas para denunciar la presencia de las tropas de las Naciones Unidas en el país. Para ciertos sectores, en primer lugar, su llegada obedeció a una estrategia de agresión organizada por Estados Unidos y Francia, camuflada de intervención humanitaria y de posterior apoyo Sur-Sur (Chalmers, 2007). Según los que sostienen esta tesis, quienes blandieron el argumento humanitario para justificar su desembarco en Haití en realidad crearon las condiciones de vacío de poder para justificar su presencia, como una forma de humillación al pueblo haitiano, en el año del bicentenario de su independencia. Además, para Chalmers, las fuerzas internacionales no han cumplido su mandato, entre otros, de proteger los derechos humanos. Al contrario, se alojan en edificios públicos, universidades, privando de la oportunidad de instruirse a los jóvenes haitianos.

No es el propósito de este texto hacer una revisión del origen de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH) y de las condiciones que propiciaron el desembarco de los soldados, en su mayoría latinoamericanos en suelos haitianos. El hecho es que la sensación general es que en 2009 se redujo significativamente la violencia en Haití, gracias al apoyo de la MINUSTAH. Si bien se siguieron experimentando casos de secuestros, comparado con años anteriores se redujeron a su mínima expresión. Así, en la última evaluación disponible (abril 2009) que hizo la misión sobre la situación de la seguridad en el país reporta en tono positivo sus logros. En combinación con la Policía Nacional Haitiana cuyos efectivos habrían sido multiplicados por tres (de 3.000 que eran en 2004, al inicio de la misión de las Naciones Unidas) y un esfuerzo creciente de profesionalización de sus miembros,2 se habría llegado a estos resultados (ONU, 2009). Sin embargo, las mismas fuerzas de seguridad de las Naciones Unidas han sugerido que Haití necesita una fuerza policial de entre 18 mil y 22 mil miembros para poder asegurar con una mínima solvencia la seguridad de la población (US Department of State, 2009).

A juzgar por el número de policías disponibles en 2009 se está aún muy lejos de llegar a la situación óptima de proveer seguridad a los haitianos. Aun así, sin embargo, Haití no es el país más violento de la región latinoamericana. Según todos los cálculos de tasas de homicidios en la región en 2009, Haití viene muy lejos de El Salvador, Honduras, Venezuela o Brasil, por citar tan solo los casos más extremos, considerados como los países con los números de asesinatos más altos de la región. Es importante recalcar este tema, porque se suele equiparar la pobreza abyecta en la que vive buena parte de los ciudadanos haitianos, con lo que se tiende a caracterizar como una disposición congénita a la violencia. En este sentido el trabajo de la MINUSTAH como apoyo a la PNH ha sido de mucha importancia. Está dirigido principalmente al equipamiento y entrenamiento de sus efectivos. En este sentido está colaborando en la profesionalización y mejora de capacidad de respuesta del cuerpo policial.

El tema de la seguridad en Haití, en determinada cuenta, refleja la debilidad estructural del Estado. A diferencia quizás de lo que ocurre en otros casos en la región latinoamericana, en Haití el descabezamiento y pérdida de legitimidad de los actores estatales en los últimos años ha coincidido con el aumento de las tasas de homicidio y de victimización. Por ejemplo, aun con todos los problemas de pobreza, en 2002, antes de los acontecimientos que llevaron al golpe de Estado en contra de Aristide, el informe anual del PNUD estimaba una tasa de homicidios de 4,5 (PNUD 2002). La falta de legitimidad de las autoridades que relevaron del poder a Aristide y la ausencia del Estado que se verificó en este periodo, estaría a la base del aumento de las exacciones de los particulares en contra de los sectores más indefensos de la población. Esta situación se observa particularmente en las altas tasas de violencia sexual en contra de las mujeres y de los niños registrados en Haití. Si bien no hay cifras definitivas sobre el tema, todas las organizaciones que trabajan sobre el terreno documentan hechos graves de violencia sexual y de victimizacion de mujeres y niños especialmente altas en comparación con el resto de la población (CIDH, 2009). En este sentido, es importante que la MINUSTAH siga avanzando en el componente de fortalecimiento de la capacidad institucional del Estado haitiano para que éste pueda responder con más eficacia ante los problemas que aquejan a la población.

IV.      LA POLÍTICA EN EL 2009

Como se apuntaba en el apartado anterior, otro elemento crucial para la estabilidad y mejora de Haití está en la consolidación institucional del Estado y la legitimidad democrática de las autoridades. En este renglón los desafíos son importantes y difícilmente se pueden solucionar en un año. Juan Esteban Montes, Andreas Feldman y Sandra Piracés, en su evaluación de la situación haitiana en 2008, alertaban sobre la debilidad del Estado. Sostenían en su conclusión del análisis de este periodo que "Haití continúa siendo una democracia extremadamente frágil en un Estado con permanente riesgo de desintegración o —al menos— con capacidades muy precarias de ejercer funciones estables básicas como el control de sus fronteras, la administración de justicia, las funciones de la policía, la selección coordinada de autoridades o la asistencia humanitaria básica" (Montes et al, 2009, p. 467).

Una mirada rápida de lo acontecido en 2009 indica que el Estado haitiano no ha avanzado mucho en los rubros señalados por nuestros autores. Como hemos señalado anteriormente la presencia y el apoyo de la MINUSTAH ha sido un factor determinante en las mejoras que se han verificado en el apartado de la seguridad. No obstante, como tendremos ocasión de demostrar más adelante, se han dado pasos positivos en la dirección de una cierta consolidación del poder político de Preval. A raíz de los resultados de las elecciones senatoriales de abril y junio de 20093 su partido se hizo con el control de la Cámara alta, consolidando la mayoría con que ya contaba en la Cámara baja. Esto ha redundado en una mayor cohesión gubernamental y mayor capacidad de decisión del gobierno.

4.1.      Interpelación y censura de Michele Pierre-Louis

El 28 de octubre de 2009 en una acción sorpresiva para muchos, siete, entre ellos cinco miembros del partido del gobierno (Espoir), mayoritario en el Parlamento, decidieron pedir la interpelación de la Primera Ministra Michele Duvivier Pierre Louis.4 Estos senadores dieron como motivo su insatisfacción con la acción del gobierno frente a la pobreza, desempleo y la incoherencia de la acción del gobierno (LeMatin, 2009). La sorpresa vino del hecho, por un lado, que se consideraba a la Primera Ministra como una amiga personal del presidente (Kiskeya, 2009). Dado que las últimas elecciones senatoriales habían significado el control del partido oficial de las dos Cámaras, nadie preveía un desenlace como el ocurrido en octubre de 2009. Por otro lado, también se consideraba que la Primera Ministra contaba con el apoyo de los principales embajadores y miembros de la comunidad internacional desplegados en Haití.5 Dada la capacidad de injerencia que tienen estos actores en la política haitiana, sorprendió también la acción de los senadores del partido oficial. Además, muchos actores manifestaban su temor a que el episodio de censura de la Primera Ministra condujera a una crisis de gobierno como la ocurrida en 2008, cuando los parlamentarios destituyeron al Primer Ministro Jacques Edouard Alexis, a raíz de manifestaciones generalizadas en todo el país en protesta por la carestía de la vida (Montes et al., 2009). En ese entonces, el país vivió más de cinco largos meses sin un primer ministro hasta que finalmente se ratificara la designación de Michele Pierre Louis como primera ministra.



Sin embargo, para quienes siguen de cerca la realidad política haitiana, no causaba extrañeza la interpelación y destitución de Michéle Pierre Louis como primera ministra. De hecho, la vida efímera de los primeros ministros —algunos dirían incluso de los presidentes—es una constante de la vida política desde 1991 en que se empezó a implementar la Constitución de 1987. Desde esta fecha a la actualidad, como se puede apreciar en el cuadro anterior, 14 primeros ministros se han sucedido en la sede de la Primature (el nombre de la residencia del primer ministro en Haití). Es decir, un promedio de 16,28 meses de vida de los primeros ministros, sin contar los cerca de 24 meses que gobernó Rene Preval como presidente sin primer ministro entre el 21 de octubre 1997 y el 26 de marzo de 1999, durante su primer gobierno.

4.1.1.      La ratificación de Jean Max Bellerive como muestra de mayor gobernabilidad

Al contrario de los peores temores manifestados por propios y extraños, la destitución de Michele Duvivier Pierre Louis no condujo a una crisis de gobierno ni mucho menos una crisis política en 2009. El 30 de octubre, un día después de la censura del gobierno de Pierre-Louis, el Presidente Preval designó a Jean Max Bellerive como primer ministro. El viernes 6 de noviembre, siete días después de su nominación, el antiguo ministro de planificación del gobierno destituido presentó su política general y los miembros de su gabinente ante el Parlamento y fue ratificado en el mismo acto.

La celeridad con que se organizó el traspaso de responsabilidades sorprendió a propios y extraños. Los títulos de ciertos medios de comunicación del día siguiente destacaban, con el calificativo "sin sorpresa", la pronta decisión del Parlamento, resaltando el hecho de que el partido oficial contaba con mayoría en las dos Cámaras y que la prontitud de la decisión demostraba la connivencia del presidente con la decisión (Kiskeya, 2009). Más allá de las razones que evocaron los legisladores para censurar el gobierno de Pierre-Louis o la traición o no del presidente a su amiga, sí que es totalmente inaudita la rapidez con que se reemplazó a la primera ministra. Hay que recordar los episodios que sucedieron a la destitución de Jacques Edouard Alexis y las peripecias del sistema político hasta la ratificación de Pierre-Louis —el presidente designó dos primeros ministros, Ericq Pierre y Robert Manuel que fueron rechazados por el Parlamento— para entender la diferencia política respecto de 2008. Si se considera la capacidad de tomar decisiones y ejecutarlas como una característica de la gobernabilidad política, entonces puede concluirse que se mejoró la capacidad de gobernabilidad en Haití en 2009. Además, los hechos transcurrieron con total normalidad democrática con plena autonomía de los actores políticos, lo cual permite hablar no sólo de gobernabilidad tout court, sino también de gobernabilidad democrática (Artiga, 2007).

Entonces, la gran diferencia entre 2009 con 2008 es que ahora Preval ha constituido una plataforma política que le asegura un control efectivo sobre las dos Cámaras del Parlamento haitiano. Además, por el momento ha logrado asegurar la disciplina de los legisladores de su partido. Tal es el caso que formó una nueva coalición denominada UNITE en la que se han incorporado legisladores tránsfugos de otros partidos para concurrir en las elecciones legislativas y presidencial de 2010.

El nuevo primer ministro de Preval, Jean Max Bellerive, nacido en 1958 en Puerto Príncipe, es considerado como un tecnócrata sin militancia partidaria. Su biografía presentada en el sitio web de la Embajada de Haití en Washington parece querer subrayar este aspecto de su desempeño en la vida política haitiana. Se destaca que luego de sus estudios primarios, secundarios y universitarios en Suiza, Francia y Bélgica, volvió a Haití en 1986, poco antes de la caída de Jean Claude Duvalier. Inició sus andaduras en la administración pública luego de una breve experiencia en el sector de las cooperativas, en el Ministerio del Interior y de las Colectividades Territoriales. Luego de sucesivas colaboraciones con distintos gobiernos, incluso con algunos gobiernos de facto surgidos con los golpes de Estado de las décadas de los 90, entró en el gobierno de Jean Marie Cherestal como jefe de gabinete. Desde allí ha ocupado sucesivos puestos de importancia en la administración pública, hasta su ascenso en 2006 como ministro de Planificación y de la Cooperación Externa en el gobierno de Jacques Edouard Alexis, puesto que conservará hasta hoy día, incluso siendo primer ministro (Embassy of Haiti in Washington, 2009).

Es interesante destacar el aspecto de continuidad y estabilidad de Jean Max Bellerive en la administración pública haitiana. En realidad, es uno de los pocos casos de tecnócratas, conocidos y respetados por su sólida formación profesional que se han quedado en el país y que han prestado sus servicios al Estado sin inmiscuirse muy a fondo en políticas partidarias. Alguien podría estar tentado a asociar este rasgo de la historia personal de Jean Max Bellerive con la estabilidad que ha marcado su gabinete respecto del anterior. De hecho —como se observa en el cuadro que sigue— mantuvo a 11 ministros de los 19 que componen el gabinete, sin tomar en cuenta a los secretarios de Estado, es decir, constituyó un gabinete de continuidad con el gobierno anterior, que se observa en la reconducción del 58 por ciento de los ministros de esa administración. Aunque solamente el 42% repitió en el mismo cargo, ello no desdice de la tendencia a la continuidad del gabinete de Bellerive.

Por el contrario, Michele Pierre-Louis recondujo el 33% de los ministros del gobierno que reemplazó. Puede argüirse que sin duda la situación política era diferente. Además, dada la fragmentación de la oposición en el Parlamento se tuvo que incorporar a muchos más actores en el gabinete, etc. Comoquiera que sea, es un dato interesante que hay que incorporar en el análisis político de 2009 el hecho de que el gobierno de Bellerive haya mantenido tantos ministros del gabinete anterior. Sólo el futuro dirá si se trata de un gobierno más cohesionado, con mayor estabilidad del primer ministro y de los ministros, dada la coincidencia entre mayoría parlamentaria del partido del presidente en las dos Cámaras.

4.2.      El Consejo Electoral Provisorio como señal de estancamiento de la política en Haití

Una de las principales características de la política en Haití es el bajo nivel de legitimidad que tiene frente a los ciudadanos (LAPOP, 2008). Se encuentra entre los países de la región en que el apoyo al sistema político y a la democracia registra los niveles más bajos. Una de las razones que explica esta realidad tiene que ver sin duda con el Consejo Electoral Provisorio (CEP). En la última medición de la LAPOP de la cultura de la democracia en las Américas, esta institución recibió un 34,8% de apoyo de los haitianos.

Una rápida mirada a la historia de esta institución puede dar una idea de la razón de su mala evaluación por los ciudadanos. Desde su formación el CEP ha generado controversias. Considerado como provisional en las disposiciones transitorias de la Constitución de 1987, ha mantenido tal característica desde entonces. Ello se debe no sólo al complicado mecanismo de designación del Consejo Electoral Permanente establecido en la Constitución, sino a que los actores políticos siempre han visto en el control de este organismo el mecanismo perfecto para mantener el control sobre los resultados de las elecciones. De hecho, desde las primeras elecciones que organizó el primer Consejo Electoral Provisorio, en 1987, que terminó en una masacre perpetrada por los militares, no ha habido elecciones no contestadas en Haití. Y la culpa la ha tenido casi siempre el desempeño del CEP de turno, cuya imparcialidad los actores han terminado poniendo en tela de juicio.

En esta tónica, el CEP -que organizó las elecciones de 2009- no ha sido una excepción. En primer lugar, usando subterfugios legales sacó de la contienda a los candidatos del principal partido político haitiano, La Famille Lávalas, el partido de Aristide, cuya ascendencia sobre la política haitiana muchos consideran aún de mucha importancia. El motivo que los responsables del CEP enarbolaron para justificar su decisión es que los dirigentes del partido no pudieron producir un documento válido acerca de quién era el representante legal del partido. Al presentar éstos una carta de Aristide autorizando a la dirigencia del partido a designar los candidatos para la elección, los responsables del CEP igual decidieron prohibirles tomar parte en el proceso electoral. De esta manera algunos consideran que, a base de maniobras ilegales, se ha logrado forjar la mayoría actual del partido del presidente Rene Preval en las dos Cámaras del Parlamento haitiano. Como puede verse en el cuadro que sigue, de los 11 senadores electos 63% por ciento pertenece al partido del presidente. Como antes veíamos ello significó el control del presidente en ambas cámaras. Sin poner en duda que quizás de todos modos el partido Espoir habría ganado las elecciones, el hecho de que los opositores más importantes no hayan podido competir en las justas electorales no contribuye a generar legitimidad al sistema político.


Además, debido al carácter provisorio sempiterno del CEP y la inestabilidad de sus miembros, casi siempre nuevos para cada periodo electoral, es necesaria una nueva negociación entre los distintos actores políticos para la designación de los miembros de este organismo. Ello, entre otras razones, como el hecho de que siempre las elecciones son organizadas por novatos en la materia, explica que éstas nunca se organizan a tiempo y que se presenta un cúmulo de anomalías que contribuye a que los candidatos vencidos rara vez terminan aceptando su derrota.

Además ello hace que la violencia sea un factor considerable en las elecciones que se organizan en Haití. En este sentido 2009 no ha sido una excepción. Se tuvieron que anular las elecciones en el Departamento del Plateau Central, por los hechos de violencia acaecidos el día de los comicios. Esta es la tónica, como decíamos, desde 1987, entre otras cosas por la incompetencia y la percepción de parcialidad de los distintos organismos electorales por parte de los actores políticos. Este hecho, además del ritmo elevado de elecciones cada dos años para elegir una tercera parte del Senado, previsto en la Constitución de 1987, casi nunca se ha respetado el principio de predictibilidad de las fechas de las elecciones, como barómetro de consolidación de la democracia (Dahl, 1972). Esta es una tónica que ha venido repitiéndose desde 1990, fecha en que se celebraron las primeras elecciones libres en Haití. El hecho es que si la predictibilidad en la fecha de celebración de elecciones es una medida de desempeño institucional democrático, Haití aún no ha alcanzado tal estadio. Además, se han tenido que postergar las elecciones para renovar el Conjunto de la Cámara de Diputados y más de la mitad del Senado cuyos miembros deberían tomar posesión de su cargo al principio de este año. Ello ha producido que en febrero 2010, al completarse el mandato de los diputados, no se habían organizado las elecciones para designar la legislatura 49.

En este sentido, en 2009, el mecanismo básico de la democracia, la organización periódica de elecciones para elegir a los representantes políticos no se ha podido realizar. En este tema, tanto la misión de las Naciones Unidas para la estabilización de Haití y los consejeros de la OEA presentes en el terreno como las autoridades haitianas tienen su responsabilidad. Los primeros por no haber presionado lo suficiente7 el tema del desempeño de una institución básica para considerarse consolidada la democracia. Por otro lado, tampoco estaban interesadas las actuales autoridades haitianas en evitar el vacío de poder en el Parlamento. Puede ser que hayan querido que coincidieran las elecciones legislativas con las presidenciales para garantizar un mayor apoyo de los legisladores del partido oficial, o simplemente se trata de una maniobra para poner en sintonía las elecciones a todos los niveles, tal como está previsto en la reforma a la Constitución aprobada el año pasado.

Así, no es extraño que la percepción del nivel de democracia en Haití sea uno de los más bajos en la región y que los propios actores políticos desconfíen del sistema. El sistema no genera apoyo ni entre los propios políticos ni entre los ciudadanos. De modo que es fácil apelar a la violencia o a la permanente movilización en las calles, en algunos casos incluso a la lucha armada, para lograr cambios políticos en el país, como se ha ido verificando a lo largo de estas dos décadas de perpetua transición en Haití.

V.       CAMBIOS CONSTITUCIONALES

Otro elemento digno de mencionar en la coyuntura política de 2009 ha sido la reforma a la Constitución adoptada por las dos Cámaras el pasado 4 de septiembre. La Constitución de 1987 exige un procedimiento complicado para su reforma. Este proceso es regulado por el título decimotercero, con ochos artículos consagrados exclusivamente al mismo.8 El celo que tuvieron los constituyentes para evitar el abuso del poder por parte de los presidentes fuertes ha contribuido al marasmo político que ha vivido el país en los últimos decenios. Como no ha habido estabilidad política tampoco ha sido posible emprender reformas por los dos procesos y la alta mayoría (2/3) en cada ocasión que exige la Constitución.

Sin embargo, a principio de 2009 —aprovechando la coyuntura de relativa estabilidad política por la presencia de las fuerzas armadas multinacionales— el Presidente Rene Preval nombró una comisión de notables para reflexionar sobre una propuesta de reformas a la Constitución (LeMatin, 2009). Esta comisión, compuesta de personalidades importantes de la vida política e intelectual haitiana, entregó sus recomendaciones al Presidente de la República y al Parlamento el 10 de julio. Inmediatamente se pasó a su discusión, modificación y aprobación por el Parlamento, como decíamos, el 4 de septiembre. El proyecto de reforma contempla temas importantes que se han ido debatiendo en los últimos años. A continuación presentamos un enunciado de los temas centrales que se reformaron, cuya aprobación definitiva tiene que realizar la próxima legislatura.

1) Se modificó el preámbulo de la Constitución para añadir la igualdad de género.
2) Se aceptó el principio de la doble nacionalidad.
3) Se modificó la duración de los mandatos de los legisladores. Los diputados pasan de 4 a 5 años, y el Senado, cuya tercera parte se renovaba cada dos años, pasa a tener un mandato de 5 años.
4) Se adoptó el principio de elecciones concurrentes, para consejos comunales, diputados, senadores y presidente.
5) Se adoptó una mayoría run-off con umbral. Cuando es mayor o igual al 25% la diferencia en los votos válidos entre los candidatos, no se celebra la segunda vuelta electoral. En otras palabras, si bien se ha mantenido el principio de mayoría absoluta se ha introducido un umbral que favorece al candidato más votado, en los casos de mucha dispersión del voto.
6) También se exige que el primer ministro provenga del partido que detente la mayoría absoluta en el Parlamento en las dos Cámaras. Y esta mayoría se verifica en base a los resultados electorales, por lo que impide coaliciones postelectorales entre los partidos para tener derecho a elegir al primer ministro.
7) Sube el umbral para la interpelación del primer ministro. Ahora se establece que sea un cuarto de los miembros de la Cámara que interpela. En el caso del Senado pasa de 5 a 8, sobre treinta miembros. Y en el caso de los diputados de 5 a 25 sobre 99 miembros.
8) Se aprobó el principio de una cuota de 30% de presencia de las mujeres en los partidos y en sus funcionarios públicos.
9) Se hace del primer ministro el sucesor del presidente en caso de ausencia temporal o permanente del presidente.
10) Se prevé cambiar el modo de elección del CEP, cuyos miembros serían escogidos exclusivamente por el Parlamento, el Ejecutivo y el Poder Judicial.
11) También se crea un Consejo Constitucional, que sería la instancia más alta en materias de controversias constitucionales.

En este momento es imposible saber qué pasará con estas reformas, según los artículos 283 y 284 de la actual Constitución, las 2/3 partes de la Asamblea Nacional (los diputados y senadores reunidos como un solo cuerpo), en la primera sesión de la próxima legislatura tienen que aprobar las reformas y en los mismos términos votados en la legislatura anterior. Como hemos visto, en el momento de su aprobación el partido L'Espoir del actual presidente contaba con la mayoría en el Parlamento. Habrá que esperar los resultados de las próximas elecciones para ver si cuenta con la mayoría suficiente para aprobar las reformas. En todo caso, es importante hacer notar que éstas no hacen unanimidad en la sociedad haitiana. Algunos han llegado incluso a equipararlas a la reforma que llevó a Frangois Duvalier a declararse presidente vitalicio en 1964 (Michel, 2009).

Sin entrar en la caricatura de la posición anterior, la reforma aborda algunos temas cruciales para la vida política haitiana y que han venido discutiéndose en los últimos años. Es el caso de la prohibición de la doble nacionalidad que excluye a la diáspora de cualquier participación en la vida política nacional. Esta prohibición es claramente anticuada e injusta, por tanto que excluye al sector económico más importante del país, cuyo apoyo económico a la sociedad haitiana representa más de la mitad del presupuesto general de la nación en el 2009, tal como veíamos.

Sin embargo, al mismo tiempo puede observarse que las reformas mantienen y refuerzan ciertas contradicciones que han afectado la relación entre el presidente y el Parlamento en los últimos años. Sigue manteniendo a un presidente débil, sin posibilidad de disolución del Parlamento cuando hay mayorías hostiles en las Cámaras. Aunque por la concurrencia de las elecciones presidenciales y legislativas puede suponerse que pretende reforzar la posición del presidente, asegurar una mayoría legislativa a su partido, debido al efecto de arrastre que la literatura reconoce que se produce en estas circunstancias (Maiwaring y Scully, 1995; Shugart y Carey, 1992; Maiwaring y Shugart, 1997; Maiwaring, 1993). Además, exige que el partido de cuya fila provenga el primer ministro tenga mayoría absoluta en las dos Cámaras. En caso contrario, el presidente escoge el primer ministro en consultación con los presidentes de las dos Cámaras. Además impide coaliciones postelectorales entre los partidos para generar una mayoría absoluta. Esta es una receta para el bloqueo porque no ofrece caminos para resolver los problemas de conflicto entre el presidente y las mayorías distintas en el Parlamento. Conociendo la historia de poca institucionalización, muy poca coherencia, el multipartidismo extremo y extrema fluidez del sistema de partidos haitiano es claramente una receta para no avanzar.

VI.      CONCLUSIONES

En este trabajo hemos presentado una lectura —en buena parte optimista— de la coyuntura económica, social y política haitiana a lo largo del año que recién acaba de finalizar. No obstante los importantes desafíos sociales, medioambientales, económicos y políticos que enfrenta esta sociedad, hemos podido encontrar algunos avances, gracias al apoyo de la comunidad internacional y del esfuerzo de los propios haitianos que han mantenido con tesón su lucha para lograr su subsistencia y la de su familia.

Hemos visto también problemas de legitimidad política; la exclusión de ciertos actores del juego político sigue siendo una práctica común y que impide cualquier consolidación de la democracia. En este sentido el establecimiento de un CEP con legitimidad y credibilidad para organizar elecciones limpias, honestas y transparentes sigue siendo una asignatura pendiente del sistema. Por otro lado, no obstante las denuncias de algunos sectores que ven en las fuerzas internacionales un atentado contra la soberanía haitiana, no cabe duda que la presencia de la MINUSTAH sigue siendo una necesidad por el apoyo que brinda a las instituciones haitianas en su proceso de consolidación y también porque básicamente facilita la convivencia entre los haitianos, ayudando a mantener cierto orden en la sociedad.

Sin embargo, en el momento en que estábamos terminando este artículo ha sobrevenido el terremoto del 12 de enero. Se sabe que tal vez más de 300.000 haitianos han perdido su vida, la economía se ha destruido en un 150 por ciento según algunos cálculos. La infraestructura de base se ha derrumbado. Ni siquiera se han podido mantener en pie los principales edificios públicos. En otras palabras, no sólo el movimiento telúrico ha dado al traste con cualquier mejora que hayamos podido observar en la economía y en el nivel de vida de los haitianos el año pasado, sino que también quizá lo ha retrasado por más de 200 años.

Tal vez lo único positivo en este contexto ha sido el torrente de solidaridad que se ha despertado en el mundo para con el pueblo haitiano. El hecho de que la comunidad internacional ya estaba presente en Haití, asegura tal vez que sea menos difícil abandonar al país a su suerte en esta circunstancia. Por otro lado, el compromiso que se ha adoptado de ayudar a construir el país para que no se repita una situación como la vivida a raíz del terremoto ofrece alguna esperanza de que en algún momento se podrá mejorar la situación económica y material de los haitianos. Pero, ¿qué aportes pueden hacer y qué se espera de los políticos haitianos?

En este contexto, lo ideal sería esperar una mínima capacidad de abnegación y concertación para terminar con el ciclo de violencia y extremismo que ha caracterizado la vida política en los últimos decenios. Sin embargo, sería una ingenuidad pensar que los políticos de cualquier parte del mundo sacrificarían sus ansias de poder en nombre de principio alguno. Quizá el único punto positivo que se ha despuntado hasta este momento es que se ha mantenido la capacidad de toma de decisión del actual partido oficialista. El hecho de que el presidente Rene Preval haya presionado y logrado que buena parte de la ayuda internacional se canalice a través de las instituciones del Estado, el hecho de que, no obstante las presiones de la oposición, haya logrado mantener la cohesión de los miembros de su mayoría presidencial para aprobar la ley de emergencia9 son puntos importantes. Parece ser un punto positivo porque en otras ocasiones la aprobación de una ley con estas características y en las vísperas de unas elecciones habría sido quizás una misión imposible conformar una mayoría legislativa para ello. En este sentido, las señales positivas que apuntábamos anteriormente en torno a la gobernabilidad, capacidad de toma de decisión del sistema, logrado en 2009, se han mantenido intactas.

 

NOTAS

*       Agradezco el apoyo financiero del Proyecto Chile-Haití del International Development Research Center (IDRC-CRDI).

1       Aquí no entramos en el debate acerca de la calidad de lo que se está haciendo. Pero hay que subrayar que no todo el mundo está de acuerdo con estos datos. Para el observatorio PMA (LDC Watch), por ejemplo, es cuestionable la manera como la FAO define la seguridad alimentaria. La visión de la FAO estaría más en sintonía con una visión mercantilista de las producciones agrícolas, haciendo posible la destrucción de las agriculturas nacionales. Ver: L'observatoire PMA défend la souverainneté alimentaire (PAPDA, 2009). Además, para hacerse una idea de la importancia de este tema, pueden citarse las declaraciones de Bill Clinton, el ex presidente de los Estados Unidos, ahora enviado especial del secretario general de las Naciones Unidas para Haití, el 10 de marzo del presente año en su comparecencia ante la comisión de asuntos exteriores del Senado de los Estados Unidos, reconoció la responsabilidad de su gobierno en el desmantelamiento de la industria de producción de arroz en Haití, debido a las presiones ejercidas desde el Fondo Monetario Internacional para bajar los aranceles de importación de Haití, situación que aprovecharon los agricultores subvencionados de los Estados Unidos para vender a precios más baratos en el mercado haitiano y mandar a la ruina a los productores de arroz locales (Metropole Haití, 2010).

2       Ello no obsta para advertir que se han reportado muchos casos de abuso de autoridad, asesinatos selectivos, detención ilegal, etc., de parte de oficiales de la PNH. En este sentido la protección efectiva de los derechos de los ciudadanos sigue siendo una asignatura pendiente de la PNH y en la que la MINUSTAH debe ofrecer más apoyo en el futuro.

3       En Haití tanto las elecciones legislativas como presidencial se desarrollan según el principio de majority-runoff. Es decir, si en la primera vuelta los candidatos no alcanzan la mayoría absoluta de los votos válidamente emitidos se organiza una segunda vuelta para decidir los ganadores (Artículos 90.1, 94.1,134).

4       La Constitución de 1987 establece como requisito la firma de cinco senadores para la interpelación de un primer ministro. Las interpelaciones, a diferencia de las convocatorias, dan lugar a un voto de confianza del gobierno. En el caso de que la mayoría decide un voto de no confianza al gobierno, el primer ministro es destituido y el proceso de su reemplazo es iniciado automáticamente por el presidente. (Art. 129.3).

5       Miembros de la comunidad internacional manifestaron claramente su rechazo a la interpelación de Michele Duvivier Pierre-Louis. Algunas horas antes de la interpelación el secretario adjunto de la OEA manifestó su preocupación en términos de la necesidad de garantizar la estabilidad política de Haití (Haití en Marche, 2009).

6       Esta información no toma en cuenta que algunos de estos primeros ministros sirvieron bajo gobiernos de facto, luego de sendos golpes de Estado ejecutados por los militares.

7       No se trata de traspasar la responsabilidad de los haitianos a la comunidad internacional. Los representantes de estos organismos, de hecho presionan a los haitianos cuando lo juzgan conveniente. Además, como veíamos en el caso del proceso de interpelación y posterior censura de Michele Duvivier Pierre-Louis, los diplomáticos no se contuvieron en manifestar públicamente su oposición a una decisión supuestamente soberana de los parlamentarios haitianos.

8       Ver artículos 282, 282.1, 283, 284, 284.1, 284.2, 284.3, 284.4 de la Constitución.

9       Aquí no pretendo entrar en el debate sobre la constitucionalidad y bondad o injerencia o no que supone la aprobación de dicha ley. Tan solo me importa destacar el carácter positivo que tiene para la gobernabilidad en tanto capacidad de tomar decisión de los actores políticos y ponerlas en práctica. Así definida tampoco me interesa si esta gobernabilidad es democrática o no.

 

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Roody Reserve es catedrático e investigador del Departamento de Sociología y Ciencia Política de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas de El Salvador. Actualmente es estudiante del programa de doctorado en Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile. (E-mail: rreserve@uc.cl).