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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) v.28 n.2 Santiago  2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2008000200007 

REVISTA DE CIENCIA POLÍTICA / VOLUMEN 28 / N° 2 / 2008 / 161 -186

DOSSIER

Evaluando la confianza institucional en Chile. Una mirada desde los resultados LAPOP*

Assessing Institutional Confidence in Chile. A Look from LAPOP's Findings

 

MAURICIO MORALES QUIROGA
Instituto de Ciencias Sociales (ICSO)-Universidad Diego Portales


RESUMEN

A pesar de que Chile ocupa lugares de vanguardia en los índices de democracia de Freedom House y Polity IV, la confianza de los ciudadanos en las distintas instituciones del sistema político, a 18 años de reinaugurada la democracia, deja en entredicho su solidez y consolidación. Esto, sumado a los bajos niveles de participación ciudadana y al preocupante incremento en la tasa de no inscritos en los registros electorales y de los abstencionistas, deja abierta una serie de preguntas en torno a la calidad de la democracia en Chile. Sobre la base de los resultados arrojados por las encuestas LAPOP 2006 y 2008, este artículo explora los niveles y determinantes de diferentes tipos de confianza institucional (definidos empíricamente) hallados en los ciudadanos chilenos. El trabajo concluye que las positivas evaluaciones de los ciudadanos, respecto a los esfuerzos del gobierno para solucionar los principales problemas, están significativamente correlacionadas con el nivel de confianza hacia las instituciones democráticas. También se distinguen diferencias según identificación con coaliciones (Concertación o Alianza), participación electoral y satisfacción con la democracia, además de algunas variables sociodemográficas.

Palabras clave: Chile, confianza, instituciones, gobierno, democracia.


ABSTRACT

Chile is comparatively placed in a very favorable position in terms of its recent experience with democracy, which resumed eighteen-years ago after an unprecedented experience with authoritarianism (Freedom House, Polity IV). However, while not unique to this case, citizen's low levels of confidence in democratic institutions as well as declining electoral participation rates, increasing blank and invalid voting, and youngsters alienation from democratic elections yield significant questions regarding the consolidation of the country's currently democratic political regime. Drawing on the LAPOP 2006 and 2008 surveys, this article explores the levels and determinants of different (empirically defined) types of institutional trust found among the Chilean citizenry. The paper's central finding is that citizen's positive perceptions on the current government's efforts to solve salient problems correlate positively with their levels of trust in democratic institutions. In addition, political identification variables (identifications with the Concertación and the Alianza, reported electoral participation, satisfaction with democracy) and socio-demographic factors also appear to be significantly correlated to levels of institutional trust.

Key words: Chile, trust, institutions, govemment, democracy.


I. PRESENTACIÓN

Luego del restablecimiento de la democracia en Chile en 1990, la pregunta central consistía en cómo consolidar paulatinamente las instituciones democráticas evitando, por cierto, toda regresión autoritaria (Garretón, 1990 y 1999; Huneeus, 1994; Cañas, 1997; Drake y Jaksic, 1999). En este escenario, y a pesar de los esfuerzos del régimen de Pinochet (1973-1990) por sostener los denominados "enclaves autoritarios" (Garretón, 1990), el diseño institucional ha experimentado distintas modificaciones. Desde el paquete de reformas constitucionales de 1989, hasta los últimos cambios sustantivos en el gobierno del Presidente Lagos (2000-2006) expresados en la sujeción definitiva de las Fuerzas Armadas al poder civil, el sistema político chileno ha mutado muy lentamente. El régimen democrático se ha consolidado a pesar de la carencia de una Constitución de consenso. Las elecciones son libres, abiertas, informadas y transparentes, cumpliendo así algunos de los requisitos básicos de la democracia.

Este panorama bien podría describir un país con altos niveles en su calidad de la democracia y con exiguos déficits institucionales. Sin embargo, Chile ya presenta síntomas preocupantes. Por un lado, los altos niveles de no inscripción en los registros electorales y, por otro, la baja confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas en conjunto con una exigua satisfacción con el régimen. Esto, como señalé, a pesar de los auspiciosos indicadores de democracia. Según el Freedom House de 2007, Chile, junto a Uruguay y Costa Rica, son los países que encabezan la nómina en América Latina. Por tanto, y siguiendo a Altman (2006) y al estudio LAPOP (2006), a pesar de las fortalezas del sistema político en Chile, son evidentes algunas debilidades internas asociadas, principalmente, a la participación ciudadana y al accountability.

Pero, ¿dónde podemos encontrar parte del origen de esta contradicción entre resultados generales y actitudes ciudadanas? Las respuestas son múltiples. Desde la esfera institucional el análisis se ha centrado en el impacto del sistema electoral binominal sobre la asistencia a votar, al igual que las restricciones y costos que impone el sistema de inscripción voluntaria y voto obligatorio (Valenzuela, 2004; Navia, 2004; Altman, 2006; Aleuy, 2007). Por otra parte, surgen explicaciones centradas en el malestar ciudadano como expresión de la insatisfacción con los partidos y el gobierno. Esto sería fruto de la tardanza del sistema político chileno para abandonar el estilo consensual de la primera parte de la redemocratización y asumir más plenamente la política de la competencia, diferenciando a los partidos y sus propuestas (Huneeus, 1998).

Este análisis no descarta ninguna de las dos visiones sobre el estudio del caso chileno. De hecho, ambas son perfectamente plausibles tanto si se consideran desde la perspectiva puramente académica como desde la planificación de políticas públicas. Ya tenemos cierta certeza respecto de los vicios del binominal y de las barreras que impone el régimen electoral para la entrada de nuevos votantes. Sin embargo, esta opción, por sí sola, es claramente insuficiente para explicar los problemas de participación que experimenta el país. Por tanto, es necesario acudir a otras fuentes de información. En este caso, se estudia el proceso previo a la desafección propiamente tal, y que se refiere a la crisis de confianza hacia las instituciones y la insatisfacción con la democracia. En tal sentido, lo que se busca es evaluar los niveles de confianza institucional estableciendo, como punto de arranque, la distinción entre instituciones de orden como las Fuerzas Armadas, e instituciones donde se hace más evidente el conflicto, como son los partidos, Congreso y Gobierno. Mediante tal estudio podremos distinguir los tipos de confianza que surgen a partir de las encuestas, cuestión que, probablemente, sea útil para despejar algunas dudas respecto a qué explica los niveles de confianza y en qué medida pueden ir asociados a escasa participación electoral.

De acuerdo a lo anterior, el trabajo se propone un primer objetivo netamente descriptivo, realizando un análisis sobre las principales características de la confianza institucional en Chile. Luego, se avanza en la identificación de tipos de confianza institucional, centrando el análisis en dos dimensiones: la confianza respecto a las Fuerzas Armadas y los Carabineros y la confianza en el resto de las instituciones democráticas. Finalmente, se ofrece una serie de modelos que buscan identificar las variables más cercanamente relacionadas con los niveles de confianza de la población chilena.

II. LA CONFIANZA INSTITUCIONAL Y SUS EFECTOS

La confianza hacia las instituciones puede ser entendida como una forma de apoyo "difuso" al régimen político expresado en actitudes favorables a la democracia, o como un respaldo "específico" según el desempeño y los resultados alcanzados por el gobierno o las autoridades políticas (Easton, 1965 y 1975).1 Así, la confianza impacta de manera significativa sobre los grados de legitimidad y estabilidad de los regímenes democráticos (Ver, Lipset, 1959; Almond y Verba, 1963; Muller á al., 1982; Seligson, 1983; Dalton, 1999; Hagopian, 2005). La confianza, además, también es entendida como un juicio sobre esas instituciones que puede conducir a la acción, por ejemplo, de no participar en ninguna actividad política (Levi y Stoker, 2000; Salazar y Temkin, 2007). De esta forma, la confianza se convierte en un concepto asociado a las expectativas en los resultados evacuados por esas instituciones, y a la capacidad de los ciudadanos para delegar decisiones en esas instituciones sin la necesidad de vigilarlas o controlarlas permanentemente (Hardin, 1999 y 2001; Buendía y Somuano, 2003). De acuerdo a tales antecedentes teóricos, la confianza bien puede entenderse como una variable explicativa de las actitudes hacia la democracia y, posteriormente, de los niveles de participación electoral.

De lo anterior se desprende el estrecho vínculo entre confianza institucional, satisfacción con la democracia y legitimidad del sistema. De este modo, caídas en los niveles de confianza institucional pueden generar decrecimientos en la calidad de la democracia. "La confianza es, entonces, un tipo especial de apoyo, donde los ciudadanos expresan la idea de que las instituciones realizarán las acciones y se obtendrán resultados que se esperan aun en condiciones de bajo nivel de control" (Segovia, 2006:100). A este respecto, es posible identificar al menos dos grandes enfoques en el estudio de la confianza institucional. Por un lado, están quienes defienden tesis de orden culturalista, donde la confianza sería explicada por factores "exógenos" asociados a las normas transferidas hacia los individuos en el proceso de socialización. "Se trata, por tanto, de una extensión de la confianza interpersonal, aprendida tempranamente en la vida, y más tarde proyectada en la confianza en las instituciones" (González, 2006:197). Por otro lado, surgen las teorías institucionalistas que, a grandes rasgos, sugieren que los niveles de confianza en las instituciones van asociados a su desempeño (Levi y Stoker, 2000), es decir, la capacidad de esas instituciones para satisfacer sus demandas. Por ejemplo, en el trabajo de Hiskey y Seligson (2003) se corrobora que, en efecto, los ciudadanos manifiestan mayores grados de confianza en su municipio cuando perciben que éste ha tenido un desempeño acorde a sus expectativas. Así, estas visiones institucionalistas, si bien en una primera etapa no desconocen el efecto de la socialización, privilegian claramente el desempeño institucional como factor explicativo de la confianza. De acuerdo a González (2006:197), siguiendo a (Mishler y Rose, 2001), "si las influencias de la socialización y la evaluación de la actuación de las instituciones entran en conflicto, la más próxima evaluación de la actuación de dicha institución será más importante que la más temprana influencia ejercida por la socialización".

Estos enfoques en el estudio de la confianza, también muestran cierto correlato con el análisis de la legitimidad y satisfacción con la democracia. El trabajo de Sarsfield y Echegaray (2005), por ejemplo, da cuenta de los tres tipos de respaldo hacia el régimen: "preferencia por la democracia", "satisfacción con el régimen" y "percepción de eficacia" (es decir, si la democracia resuelve o no los problemas). De acuerdo a tales clasificaciones, los autores concluyen que, al menos para América Latina, parece primar una "racionalidad utilitaria" más que "axiológica" a la hora de evaluar la democracia. Así, para analizar los niveles de confianza la clasificación, teóricamente, también puede funcionar. Es decir, los ciudadanos confiarán más en aquellas instituciones que sean percibidas como eficaces a la hora de cumplir con sus funciones (Criado y Herreros, 2007). En el caso chileno, además, es posible distinguir entre las instituciones de orden y jerarquizadas como las Fuerzas Armadas y la Iglesia, e instituciones de conflicto como los partidos y Congreso. Las primeras, por cierto, presentan niveles de confianza significativamente más elevados.

La pérdida de confianza en las instituciones se presenta como un claro síntoma del deterioro en la calidad de la democracia, principalmente por su impacto sobre los índices de participación ciudadana e identificación con el régimen (Payne et al., 2003). Siguiendo a Norris (1999), Nye et al. (1997) y Pharr y Putnam (2000), un concepto que definía este tipo de situaciones y que ya había sido acuñado por Di Palma (1969 y 1970), era el de desafección política, que se manifestaba en países de Europa del Sur con altos índices de democracia, pero carentes de ciudadanos participativos e involucrados con las instituciones. Esto se ha replicado en América Latina, siendo Chile un caso ejemplar de aquello. Es decir, países con democracias consolidadas a nivel institucional, pero con escasos apegos actitudinales hacia el sistema político, cuestión reflejada particularmente en los niveles de confianza y grados de satisfacción con la democracia (Dalton, 1999; Pharr y Putnam, 2000; Levi y Stoker, 2000; Lagos, 2003). Si bien una de las posibles consecuencias positivas de este deterioro actitudinal podría verse reflejado en otras formas de participación, el caso de Chile parece alejarse de esta lógica. La baja participación no sólo es política, sino que también comunitaria.

Esta falta de confianza en las instituciones junto a una tenue satisfacción con la democracia, y su efecto sobre la baja asistencia a las urnas, puede ser atribuida a un sinnúmero de factores. Ajuicio de Huneeus (1998), la caída en la participación electoral en las elecciones parlamentarias de 1997 no fue explicada por cuestiones de orden económico, sino que principalmente político. Así, el impacto del extenso régimen autoritario, sumado a una estrategia paulatina de transición a la democracia y un cierto temor hacia la política, hizo que ésta "abdicara" en favor de los técnicos, alejando aún más a la ciudadanía del quehacer político cotidiano. A esto se añadió el culto a los liderazgos más bien locales y un desprecio hacia los partidos como instituciones, aspectos que frecuentemente se ven reforzados por los medios de comunicación (Huneeus, 2000; Paramio, 2002). Esto tiene un efecto muy significativo en términos de confianza institucional. Como ésta no descansa en las autoridades, sino que en las instituciones mismas (Norris, 1999; Dalton, 1999), entonces, cualquier apoyo desmedido a las personalidades dejará en un segundo plano el rol que esas instituciones juegan en el régimen político.

Torcal (2000), por su parte, atribuye la caída en la confianza hacia las instituciones a factores de largo plazo y no a coyunturas políticas o económicas, respaldando en cierta medida los planteamientos de Huneeus (1998). Su argumento se basa en que los países latinoamericanos aún manifiestan ciertos resabios de un pasado inestable con fuertes "referencias negativas". Así, "la desafección en las nuevas democracias produce una ciudadanía menos participativa en todos los ámbitos, reforzando y aumentando la distancia entre representantes y representados" (Torcal, 2000:4). No obstante, los trabajos de Klingemann (1999) y Norris (1999) han sostenido que no existe una tendencia respecto a que la confianza institucional sea mayor en las democracias nuevas. Por tanto, los factores explicativos de esta caída obedecen más a cuestiones de orden interno y no a las experiencias autoritarias. El argumento de Torcal (2000) no choca necesariamente con estas afirmaciones. Su principal aporte consiste en que lo que en mayor medida explica los niveles de confianza institucional es el tiempo que se ha vivido bajo una democracia representativa "que no ha sido dominada por elementos o prácticas que han puesto sistemáticamente en entredicho las instituciones básicas de la representación política y sus fundamentos más básicos del funcionamiento diario" (Torcal, 2000: 20).

Probablemente sean los partidos las instituciones más afectadas por la crisis de confianza (Bartels, 2000; Torcal, 2001). Ajuicio de Nye et al. (1999), las denuncias de corrupción, el impulso de redes clientelísticas y la rigidez de la élite para renovar los cargos directivos, son algunos factores que explican la baja confianza en los partidos. Además, se debe añadir el interés de los medios de comunicación por difundir los actos de corrupción, instancias que sucesivamente van socavando la relación entre los representantes y los representados. A esto se suma la existencia de ciudadanos más educados que ven con mayor nivel de crítica el actuar de los partidos y del gobierno (Listhaug, 1995; Norris, 1999).

Otro punto relevante a la hora de estudiar la confianza en las instituciones y sus implicancias políticas respecto a la desafección ciudadana, corresponde a la legitimidad misma del régimen reflejada en el vínculo entre los representantes y los representados. Difícilmente ciudadanos desafectados en términos políticos o carentes de confianza hacia las instituciones, participarán en las contiendas electorales. Y es más. Este tipo de ciudadano puede quedar expuesto a las políticas clientelares de los partidos, socavando más profusamente la fortaleza de las instituciones, escenario que puede degenerar en una crisis del régimen democrático o, en el mejor de los casos, producir una baja sustantiva en la calidad del régimen (Altman, 2006; Segovia, 2006).

El síntoma más claro de la desafección ciudadana hacia las instituciones políticas es la baja concurrencia a las urnas. Los datos evidencian la caída no sólo en la tasa de inscripción, sino que también en la abstención, que en las últimas elecciones municipales de 2008 sobrepasó el 20%. Esta información, además, refleja de manera clara los problemas que afectan a la calidad de la democracia en Chile (Altman, 2006). Si bien Navia (2004) señala correctamente que el nivel de participación electoral en la nueva democracia es más o menos similar al existente previo a 1973, no deja de ser un factor relevante en términos de contexto para la interpretación de los resultados. Por cierto, este nivel de participación también puede ser explicado, en parte, por el tipo de sistema electoral que se implementa en Chile para las elecciones parlamentarias, toda vez que el grado de competitividad se ve notoriamente reducido (Navia, 2005).

III. ANÁLISIS DE DATOS

En el contexto latinoamericano, si bien Chile posee niveles razonables de confianza hacia las instituciones, tal desempeño está lejos de destacar en términos comparados. Al considerar las medias de las puntuaciones de "1" (nada de confianza) a "7" (mucha confianza), los resultados indican que Chile posee niveles intermedios de confianza hacia las instituciones propiamente políticas, en particular Congreso, Gobierno y los partidos. A nivel regional, sólo destaca significativamente el grado de confianza que recibe la policía (Carabineros). Sistemáticamente, y más allá de los errores y de las estimaciones puntuales, Chile se ubica más abajo que Uruguay y México en lo que ha confianza en las instituciones políticas se refiere y considerando los datos de LAPOP 2008. La Tabla 1 muestra los resultados generales de acuerdo a la media de cada país con respecto a la confianza institucional.

A pesar de la ubicación de Chile en el contexto latinoamericano, los resultados del estudio LAPOP siguen mostrando una evaluación negativa de las instituciones, particularmente del sistema de justicia y de los partidos políticos, que ocupan el último lugar, mientras que en el primero figura Carabineros, seguido muy de cerca por las Fuerzas Armadas. Si se miran con detención, los resultados de la encuesta señalan otro aspecto relevante. La confianza se ve socavada muy significativamente tanto en aquellos actores encargados de velar por la representación ciudadana, como aquellos nominados para hacer cumplir la ley. La Iglesia y los medios de comunicación, en tanto, aparecen con promedios relativamente altos en comparación al total.

La Tabla 2 muestra las medias de confianza según algunas variables sociodemograficas, socioeconómicas y políticas. Respecto al primer grupo, por sexo sólo existen diferencias marginales respecto a la confianza en el Gobierno y en la Iglesia Católica, que es superior en el grupo de las mujeres. Por edad, en tanto, se observa que su incremento va relacionado casi directamente con los niveles de confianza. Así, la distancia entre los jóvenes y los mayores de 56 años es estadísticamente significativa en la evaluación de todas las instituciones, siendo estos últimos los que más confianza muestran particularmente hacia Carabineros, Fuerzas Armadas e Iglesia Católica. En las instituciones propiamente políticas, en tanto, aunque las diferencias se estrechan, éstas siguen siendo significativas. Por habitat, si bien aparentemente las diferencias entre los encuestados de Santiago y de regiones no son relevantes, el test de medias acusa diferencias significativas entre ambos grupos. Las más fuertes corresponden a Fuerzas Armadas, Congreso, Gobierno y Carabineros. En todas ellas, los habitantes de regiones exhiben mayores niveles de confianza institucional.

En cuanto a la clasificación socioeconómica de los encuestados se utiliza el ingreso subjetivo. Así, las diferencias entre los "les alcanza bien, pueden ahorrar" y aquellos que "no les alcanza, tienen grandes dificultades", son significativas al evaluar instituciones como el sistema de justicia, Carabineros y Corte Suprema. Respecto a las instituciones políticas, las evaluaciones de ambos grupos son muy similares.

Las variables políticas son las que mayores cambios marcan a la hora de analizar la confianza institucional. Así, existen diferencias muy acentuadas al considerar la escala política. En la comparación izquierda-derecha, las diferencias más ostensibles se encuentran en las evaluaciones de las Fuerzas Armadas, Carabineros, Iglesia, municipios y Gobierno. En las cuatro primeras, las medias son superiores en la derecha. Situación similar se produce cuando se compara a la izquierda con el centro. Nuevamente, son los encuestados de izquierda los que menos confianza muestran hacia las Fuerzas Armadas, Carabineros, Iglesia y, ahora, los partidos. En este sentido, los votantes de izquierda siguen distanciados de las instituciones armadas y, por tanto, más alejados del promedio total respecto a confianza en las instituciones. En este mismo ámbito, el comportamiento de los "ninguno" tiende a asimilarse al promedio nacional y a los electores de "centro". Salvo en los casos del Congreso y Gobierno, en el resto de las instituciones sus niveles de confianza son similares al resto, incluyendo a los partidos políticos. Acá la explicación radica en que la crítica a los partidos es tan generalizada que no presenta determinantes claros respecto a su rechazo. El Gráfico 2 muestra la distribución por escala ideológica de acuerdo a los niveles de confianza en el Congreso. Se selecciona esta variable debido a que se presenta como la más robusta para distinguir a los "ninguno" del resto de la población. Si bien, y como se señaló, su comportamiento general es similar al resto, la diferencia radica en su evaluación sobre la institución representativa más relevante. Como se observa, el nivel de rechazo, expresado en el valor "1" (nada de confianza) alcanza más del 20% en los "ninguno", llegando sólo a 10% en el resto de las categorías. De igual forma, en los valores "4" en adelante, exceptuando el "5", los "ninguno" están bajo el resto de las categorías.

Otro buen parámetro de comparación de los "ninguno" con el resto corresponde a los niveles de confianza hacia los partidos políticos (Gráfico 3). Si el Congreso es la institución representativa más relevante, los partidos son los canales de representación por excelencia. En caso de que los "ninguno" se presentaran como un grupo aislado y apático respecto a las instituciones políticas, lo esperable sería un rechazo mayor a los partidos. No obstante, su comportamiento está un tanto más apegado al resto de la población en comparación a la evaluación del Congreso. Acá, nuevamente, los "ninguno" prefieren en mayor medida que el resto la opción "1", pero de ahí en adelante, su distribución es parecida a la del resto de las categorías. De hecho, el test de medias no acusa diferencias estadísticamente significativas entre los "ninguno" y el resto de la población.

Otra variable que discrimina de manera clara los niveles de confianza institucional es la aprobación al gobierno. Si bien se atiene al grupo de variables de "corto plazo", su capacidad de pronóstico es altamente robusta. De hecho, un simple test de medias acusa diferencias estadísticamente significativas con p < 0.000 en todas las instituciones a excepción de las Fuerzas Armadas. Así, los encuestados que evalúan "bien" al gobierno presentan niveles de confianza altamente superiores respecto a quienes tienen una evaluación negativa del desempeño gubernamental, lo que apoya los hallazgos de Criado y Herreros (2007). En este caso, los problemas de endogeneidad son más evidentes. No hay certeza respecto a que sea la aprobación al gobierno lo que explique la confianza hacia las instituciones o viceversa.

Esta revisión permite establecer un cierto mapa respecto a los posibles determinantes de la confianza institucional considerando variables sociodemográficas, socioeconómicas y políticas. Lo que resta es conocer el impacto de variables más puntuales sobre los índices de confianza. En este sentido, se ha seleccionado la satisfacción con la democracia, la participación en las últimas elecciones y la simpatía por partidos. Los Gráficos 4, 5 y 6 muestran la comparación de las respectivas categorías para cada una de las variables seleccionadas.2

Las variables que mayormente discriminan entre los niveles de confianza institucional son la satisfacción con la democracia y la participación electoral en los últimos comicios. En todas las instituciones existen diferencias estadísticamente significativas entre quienes se encuentran satisfechos con la democracia y quienes opinan lo contrario. Lo mismo sucede cuando se consulta respecto a si el encuestado votó o no en las últimas elecciones. Esto es lógico si pensamos en que quienes se encuentran descontentos con el régimen expresarán menores señales de confianza a las instituciones sobre las que descansa la democracia, particularmente respecto al Gobierno, Congreso y los partidos. Además, esto es consistente con la decisión de no votar, ya sea por no inscripción en los registros o, simplemente, por decisión de abstención; es decir, no votar estando inscrito en los registros electorales. De este modo, la no participación es la señal más evidente de desarraigo del régimen y, por tanto, de los bajos niveles de confianza institucional.

En el caso de la simpatía por algún partido las diferencias son más estrechas, siendo sólo significativas en las instituciones propiamente políticas; es decir, Congreso, Gobierno y los partidos. Además, en el caso de Carabineros, Fuerzas Armadas e Iglesia Católica, la diferencia entre quienes simpatizan y no simpatizan por partido, no es distinguible de cero. De este modo, y considerando las implicancias políticas de este tipo de variables, son los niveles de satisfacción con la democracia y la participación electoral los que mejor pronostican los grados de confianza institucional. Por tanto, la baja adhesión a partidos no se presenta, por sí misma, como la causante de la baja confianza hacia las instituciones políticas.

En tanto la satisfacción con la democracia y la confianza institucional son fenómenos causalmente muy próximos (i.e. la relación entre ambas podría ser puramente endógena) y poseen, como se ha visto en esta sección, patrones de relación con otras variables que prácticamente son idénticos, en las próximas secciones se trabajará sobre una batería diferente de preguntas, que mide el nivel de satisfacción respecto al esfuerzo que el gobierno hace para solucionar temas que son de alta importancia para el país.

IV. ANÁLISIS MULTIVARIADO

Luego de revisar los principales componentes descriptivos de la encuesta, esta sección se dedica al análisis multivariado, tratando de precisar los determinantes que explican el nivel de confianza en las instituciones. En primer lugar, se realizó un análisis factorial sobre la base de la batería de preguntas sobre confianza en las distintas instituciones consideradas en la encuesta y que se describieron en la sección anterior. Esta técnica permite analizar la dimensionalidad de la matriz de correlaciones generada a partir de dichas variables, construyendo variables latentes que representan los componentes principales con los que es posible representar la estructura de relación entre variables. En función de este análisis se logró recuperar dos variables latentes que representan a las dos principales dimensiones presentes en la matriz de correlaciones y que recuperan aproximadamente un 70% de la varianza original.

La primera de estas variables latentes representa a las instituciones políticas que componen el sistema de gobierno democrático y sus principales soportes institucionales (Gobierno, Parlamento, Poder Judicial, partidos políticos). En tanto, la segunda dimensión, recupera los niveles de confianza respecto a dos instituciones particulares: las Fuerzas Armadas y Carabineros. Por definición, luego de aplicar una rotación varimax, los puntajes factoriales obtenidos para cada caso (la posición de cada uno de los entrevistados respecto a nuestras variables latentes) son ortogonales (i.e. no están correlacionados entre sí).

El Gráfico 7 presenta la distribución de los casos en ambas dimensiones latentes o factores. Si bien se observa una concentración cercana al origen (lo que supone casos que presentan tendencias moderadas en ambas dimensiones de confianza), también se aprecia claramente la presencia de un número significativo de casos en cada uno de los cuadrantes del gráfico. Esto último supone que si bien la mayoría de la población chilena tiende a presentar actitudes moderadas en ambos factores, existen individuos con alta confianza en un tipo de instituciones y baja en otra de las dimensiones, así como también, individuos que poseen altos o bajos niveles de confianza en ambos tipos simultáneamente.

En función de esta distribución y con el objetivo de construir una tipología que recupere las distintas combinaciones posibles de valores en ambos factores, se aplica una estrategia de análisis por conglomerados. Luego de testear distintas configuraciones iniciales y finales de centroide, se decidió conformar cuatro grupos de individuos, los que presentan una configuración particular en términos de sus niveles de confianza en ambas dimensiones y los que intentan aproximar las cuatro combinaciones predominantes visualizadas en el gráfico anterior.

El Gráfico 8 presenta diagramas de caja donde es posible observar los valores promedio que caracterizan a cada grupo en ambas dimensiones. También es posible observar la varianza al interior de cada grupo en cada factor (la técnica aplicada intenta maximizar la varianza entre-grupos y minimizar la varianza intra-grupos, pero esta última puede variar significativamente de un grupo a otro) y se consigna el porcentaje de la muestra que integra cada conglomerado.

Valores más altos en un factor reflejan niveles mayores de confianza. Entonces, en función de la información del gráfico es posible caracterizar al primero de los grupos (el que representa el 14,44%) como el que exhibe los niveles más altos de confianza en las FF.AA. y Carabineros y los más bajos respecto a las instituciones democráticas. El grupo 4, conformado por un 36% de la muestra, representa la configuración contraria, con relativamente altos niveles de confianza en la institucionalidad democrática y bastante desconfianza en las FF.AA. y Carabineros. Mientras tanto, los grupos 2 y 3 presentan puntajes relativamente equivalentes en ambos factores y tienden a ubicarse más hacia el centro de la distribución (i.e. tienen actitudes que son, en promedio, más moderadas). El grupo 2 incluye a un 31,1% de la muestra y presenta niveles de confianza relativamente positivos respecto a ambos factores. El grupo 4, por su parte, está conformado por el 18,5% de los casos y presenta los mayores niveles de desconfianza registrados en ambas dimensiones.

Sobre la base de esta tipología, corresponde ahora identificar qué características tiene cada uno de estos grupos y, de igual forma, estimar un modelo que permita establecer qué causas podrían derivar en niveles mayores o menores de confianza institucional. Luego de haber realizado un doble proceso de selección teórica de variables y de exploración de la base de datos (estimando modelos predictivos CHAID en los que se incorporaron todas las variables independientes teóricamente relevantes, incluyendo aquellas identificadas como significativas en la sección precedente), es posible concluir que los niveles de confianza correlacionan significativamente con la percepción acerca del esfuerzo que realiza el gobierno respecto a la protección de la democracia y los derechos humanos, el combate a la corrupción y la delincuencia, y una mejora del bienestar social (reducción de la pobreza y del desempleo).3

En función de la batería de variables disponibles también se aplicó una técnica de análisis factorial, obteniéndose una solución unidimensional. Es decir, un solo factor fue capaz de recuperar la varianza contenida en la matriz de correlaciones calculada en función de la batería en relación a la percepción sobre el esfuerzo gubernamental. En función de este resultado se denomina a este factor "percepción acerca del compromiso del gobierno respecto a asuntos de alta prioridad".

Según se observa en los dos gráficos que se presentan a continuación, existe una correlación positiva y significativa (0,62**) entre dicha percepción y los niveles de confianza en las instituciones democráticas (Gráfico 9). En otras palabras, quienes más confían en las instituciones democráticas poseen una mejor percepción respecto al esfuerzo que realiza el gobierno para avanzar en esta serie de temas. No obstante, esto no implica necesariamente la presencia de una relación causal, y menos aún, de una relación unidireccional entre ambas actitudes. Luego, en el Gráfico 10, se muestra que la relación entre los niveles de confianza en las Fuerzas Armadas y Carabineros y la percepción respecto al accionar del gobierno es virtualmente nula, lo que se manifiesta en una correlación de -0.01.

 

A pesar de esto último, la percepción sobre el esfuerzo gubernamental resulta el mejor predictor disponible para la tipología, logrando predominar sobre otras variables relacionadas con actitudes políticas, y también sobre aquellas que registran características sociodemograficas. Esto queda de manifiesto en el siguiente esquema de árbol, en el que se presenta la segmentación de la muestra total que se obtiene al construir tramos (cuyos puntos de corte fueron estimados según criterios de eficiencia por un algoritmo de CHAID) del factor de percepción de esfuerzo gubernamental. Esto, no obstante, no invalida el análisis descriptivo previo considerando la confianza desagregada con todas las instituciones.

Como se observa en el árbol, la presencia de individuos con mayores niveles de confianza en las instituciones democráticas (grupos 2 y 4) se aprecia, con mayor frecuencia, junto con la presencia de valores más altos del índice de percepción sobre la acción del gobierno. En el extremo izquierdo del árbol, correspondiente a los valores más bajos de este índice, encontramos por el contrario una sobrerrepresentación relativa de los grupos que poseen menores niveles de confianza en la institucionalidad democrática (3 y 1). Esta segmentación, la que resulta plausible en términos teóricos, parece confirmar la pertinencia de trabajar con cuatro configuraciones de confianza, generadas anteriormente a partir del análisis del diagrama de dispersión mostrado para ambas variables. Es decir, las cuatro configuraciones obtenidas parecen reflejar grupos de ciudadanos con niveles y combinaciones de confianza empírica y teóricamente discernibles.

En el segundo árbol se complementa el ejercicio de segmentación, integrando variables sociodemograficas. Esta vez se trabaja sobre la relación entre confianza en las instituciones democráticas y confianza en las Fuerzas Armadas y Carabineros. En términos de actitudes o comportamientos políticos, la participación electoral en las últimas elecciones presidenciales también constituye un predictor significativo de segundo nivel, por lo que se incluye en el diagrama. En este caso se obtuvieron trece grupos finales, en tanto la segmentación integra un número mayor de variables independientes. Los segmentos tienen las siguientes características:

Así, por ejemplo, un encuestado que clasifica para el segmento 1 tendrá mayor nivel de confianza en las Fuerzas Armadas y Carabineros, y menor confianza en las instituciones democráticas, que es el comportamiento opuesto al encuestado que entra al segmento 4. Mientras tanto, un encuestado del segmento 2 entregará confianza moderada para ambos tipos de instituciones, mientras que otro perteneciente al segmento 3 tenderá a desconfiar de ambos tipos de instituciones.

Los grupos finales con mayor presencia de individuos (cercana a un 50% del segmento) y caracterizados por alta confianza democrática y relativamente baja confianza en las FF.AA. y Carabineros (segmento 4) corresponden, principalmente, a:

1.    Encuestados que residen fuera del Área Metropolitana, que son mayores de 25 años y que poseen 15 o más años de escolaridad (26 casos);

2.    Encuestados con las mismas características del grupo anterior, pero de sexo femenino, con escolaridad de entre 0 y 5 años (32 casos);

3.    Encuestados que residen en el Área Metropolitana, que declaran haber votado en la pasada elección y que poseen 15 o más años de escolaridad (39 casos);

4.    Encuestados que residen fuera del Área Metropolitana, mayores de 25 años, hombres y con escolaridad entre 10 y 12 años (29 casos). Este último es el que menos porcentaje representa de su total (41,43%).

Considerando el mismo segmento 4, se observa que los niveles más bajos de encuestados que corresponderían a tal segmento y que tienen una participación inferior al 25%, presentan las siguientes características:

1.    Encuestados que residen en el Área Metropolitana, que declaran no haber votado en la pasada elección y que son de género masculino (23 casos).

2.    Encuestados que residen fuera del Área Metropolitana, que son mayores de 25 años, que son de género masculino y que poseen entre 0 y 10 años de escolaridad (44 casos).

El segmento 1 (alta confianza en las FF.AA. y Carabineros y baja confianza en la institucionalidad democrática) es especialmente prevalente entre quienes residen en la Zona Metropolitana y declaran no haber votado en la pasada elección presidencial, sumando 39 casos que representan el 19,76% del grupo. Las diferencias por género son muy marginales. También destacan los hombres que habitan en zonas que no corresponden al Área Metropolitana, que tienen 26 años o más y que presentan entre 0 y 10 años de escolaridad, sumando 25 casos que representan el 16,34% del grupo. Más atrás, están las mujeres en igual condición, pero con niveles de escolaridad entre 5 y 12 años, alcanzando 42 casos que representan el 16,09% de su grupo.

En tanto, el grupo que registra mayor presencia relativa de individuos con una configuración de confianza del tipo 2 (segmento que confía moderadamente en ambas instituciones, democráticas y Fuerzas Armadas) corresponde a personas con educación entre 10 y 12 años, mayores de 25 años y residentes fuera del Área Metropolitana que suman 28 casos y que representan el 52,83% de su grupo. En segundo lugar, están aquellos hombres, que habitan fuera del Área Metropolitana, y con una escolaridad de entre 0 y 10 años, totalizando 60 casos que representan el 39,22% de su grupo.

Finalmente, ¿qué características poseen los individuos que presentan una configuración de tipo 3, es decir, aquellos que poseen bajos niveles de confianza en los dos tipos de instituciones analizados? Los siguientes grupos son los que poseen mayor puntaje en este segmento, totalizando 261 casos (18,5%), resultado que se visualiza en la primera partición de la muestra considerando habitantes del Área Metropolitana y regiones:

1.    Encuestados del Área Metropolitana que declaran no haber votado en la pasada elección, independientemente de su sexo (58 casos), pues el número de casos se reparte exactamente igual entre hombres y mujeres (29 cada uno que representan el 29,9% de sus respectivos grupos).

2.    Encuestados que residen fuera del Área Metropolitana, de entre 18 y 25 años de edad. Las diferencias entre hombres y mujeres son más o menos sustantivas, alcanzando los primero 13 casos, que representan el 19,4% de su grupo. En tanto, las mujeres totalizan 20 casos, ocupando el 29,85% de su grupo.

Si bien este ejercicio de segmentación entrega indicios relativamente sistemáticos acerca de los grupos que poseen perfiles diferenciados de confianza, la técnica utilizada es meramente descriptiva y no permite introducir comparaciones controladas en términos multivariados. Por tanto, y con el objetivo de confirmar los indicios aquí presentados, se discuten a continuación los resultados obtenidos al intentar predecir los niveles de confianza a partir de modelos de regresión lineal.

Para cada tipo de confianza se presentan al menos dos modelos, ya que la presencia de valores perdidos (especialmente en la variable que mide identificación con coaliciones políticas) produce una reducción drástica en el número de casos. Por tanto, se especifica un modelo conteniendo dicha variable y otro equivalente, excepto por la ausencia de la variable de identificación con una coalición. En términos generales y en tanto se especifican para un número mayor de observaciones, los segundos son más robustos que los primeros.

La Tabla 4 presenta los resultados obtenidos a partir del modelo predictivo de los niveles de confianza en las FF.AA. y Carabineros. Como se puede observar, sólo dos variables independientes resultaron significativas. En este sentido, la ubicación del individuo en la escala liberal-conservador (en cuestiones valóricas) y su identificación con una de las dos coaliciones políticas mayoritarias son los únicos factores (ambos de corte político) que poseen valor predictivo, siendo quienes se identifican con la Alianza por Chile y quienes se autoidentifican como más conservadores en cuestiones valóricas, quienes poseen mayores niveles de confianza en estas instituciones.

En términos globales, el nivel de ajuste del modelo es bajo, lo que indica que, en general, las variables introducidas en el modelo (tanto sociodemográficas como actitudinales) poseen poca capacidad de predecir (menos de un 10% de la varianza) los niveles de confianza hacia las FF.AA. y Carabineros. En la misma tabla, presentamos un segundo modelo que excluye a la identificación con una de las dos coaliciones como variable independiente. En este modelo, el número de casos es mucho mayor. La única variable que resulta significativa es el posicionamiento en la escala izquierda-derecha (significativamente correlacionada con la ahora excluida identificación con las dos coaliciones mayoritarias).

En función de estos resultados podríamos concluir que los niveles de confianza en las FF.AA. y Carabineros se relacionan con el posicionamiento ideológico-político de los entrevistados, siendo aquellos ubicados más hacia la izquierda y quienes se identifican con la Concertación, los que presentan menores niveles de confianza en dichas instituciones. No parece existir, por otra parte, una relación entre dichos niveles de confianza y variables de tipo social.

La Tabla 5, en tanto, presenta los resultados de tres modelos comparables, aunque utilizados en este caso para predecir los niveles de confianza en el resto de las instituciones democráticas. En la primera especificación, el ajuste del modelo es muy superior, logrando una explicación del 45% de este tipo de confianza. No obstante, sólo una variable es significativa a un nivel de confianza de 95%: la percepción acerca de la gestión que el gobierno realiza para enfrentar temas de importancia para la ciudadanía, lo que ya se contrastó en el ejercicio previo tanto mediante el diagrama de correlación como en el análisis factorial.

Nuevamente es apropiado señalar que es posible que la relación entre nuestra variable dependiente y esta variable independiente podría ser simétrica, con efectos causales corriendo en ambas direcciones (i.e. la satisfacción con lo que el gobierno hace podría generar más confianza en las instituciones democráticas y/o aquellos individuos con mayores niveles de confianza tienden a percibir más positivamente la acción del gobierno).

En la misma tabla presentamos un segundo modelo, cuyo nivel de bondad es sensiblemente inferior, en tanto sólo se logra explicar cerca de un 6% de la varianza del índice de confianza. No obstante interesa mostrar que de hecho, quienes se identifican con la Concertación, quienes declaran haber votado en la última elección, y quienes poseen más edad, son aquellos que tienden a presentar mayores niveles de confianza en la institucionalidad democrática. Nuevamente, si bien la causalidad puede ser reversible, existe una relación sistemática entre este juego de variables.

Finalmente, se presenta un tercer modelo que excluye a la identificación con coaliciones, con el único objetivo de contar con un número de casos más satisfactorio, aunque obtiene un nivel de predicción aún menor (4% de la varianza). Las mismas variables sociodemograficas que obtenían significancia en el segundo modelo lo hacen en esta especificación, siendo el tamaño del lugar de residencia la única variable adicional que logra significancia en el modelo. Así, quienes residen fuera de la RM y especialmente en centros poblados de tamaño pequeño, son quienes presentan mayores niveles de confianza en las instituciones democráticas.

En síntesis, los niveles de confianza en la institucionalidad democrática parecen estar relacionados con un juego más amplio y múltiple de variables. Por un lado, quienes perciben que el gobierno realiza un esfuerzo por solucionar los temas más importantes para el país, quienes se identifican con la Concertación, y quienes declaran haber votado en la última elección presidencial poseen niveles de confianza en las instituciones democráticas mayores a los de sus conciudadanos. Por otro lado, los entrevistados más educados, los de mayor edad, y aquellos que viven en lugares pequeños, también tienden a confiar más que sus pares en la institucionalidad democrática.

V. OBSERVACIONES FINALES

Chile presenta, en el contexto regional, niveles razonables de confianza institucional. No obstante, dada la baja media regional, y los bajos puntajes que obtienen en Chile algunas instituciones particulares (especialmente aquellas responsables de la representación política y del sistema judicial), la situación nacional resulta menos alentadora.

De acuerdo a los resultados obtenidos, existen dos dimensiones de confianza claramente distinguibles en términos empíricos y cuyas implicancias respecto a la calidad democrática son teóricamente discernibles. En primer lugar, la confianza en las Fuerzas Armadas y los Carabineros se relaciona con alineamientos políticos de larga duración, los que podrían ser vistos como reflejos "del pasado" político del país. En la actualidad dichos alineamientos cristalizan en la autoubicación ideológica de los individuos y en su identificación con la Concertación o la Alianza.

En segundo lugar, la confianza en las instituciones democráticas y representativas constituye la otra dimensión relevante. Al parecer, es ésta la dimensión más robusta para analizar fenómenos relativos a la calidad democrática en el Chile contemporáneo. Esta dimensión se relaciona de forma significativa con dos variables políticas que representan la satisfacción con la performance gubernamental y la participación electoral. Así, quienes perciben un mayor esfuerzo por parte del gobierno en solucionar temas de relevancia, tienden a poseer niveles de confianza institucional más altos. En este sentido, es posible argumentar que la performance gubernamental actual podría impactar en los niveles de confianza futuros.

A partir de estas conclusiones, es posible hipotetizar respecto a que los niveles de confianza, para este caso, se incrementan cuando los ciudadanos evalúan instituciones más ordenadas y jerarquizadas, como ocurre con las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica, por ejemplo. En tanto, las instituciones donde se percibe mayor conflicto, destacando los partidos y el Congreso, reciben menor respaldo ciudadano. Ahora, esta hipótesis falla al considerar otras instituciones ordenadas y jerarquizadas como el Poder Judicial, que ocupa los últimos lugares en el ranking de confianza. Por tanto, si bien existen argumentos a favor de tal hipótesis, también es posible encontrar casos que no se atienen a ella.

Los hallazgos de este trabajo concluyen que no resulta adecuado pensar a la confianza como un rasgo cultural inmutable de la sociedad chilena, sino más bien como una reacción relativamente contingente que se relaciona con la percepción acerca de la capacidad del gobierno de sintonizar con las demandas ciudadanas, realizando esfuerzos -en términos de política pública- para gestionar soluciones a dicha demanda. Esto, indudablemente, apoya el enfoque más institucionalista de la confianza. Desde una perspectiva menos optimista, podría pensarse que si el gobierno no es percibido como un representante relativamente eficiente de la ciudadanía, los niveles de confianza en la institucionalidad democrática del país seguirán cayendo.

La segunda variable de corte político que se encuentra relacionada con la confianza en la institucionalidad democrática es la participación electoral declarada. Si bien es posible que el hecho de votar pueda traducirse en una percepción de "eficacia política" que termine traduciéndose en un mayor nivel de confianza en las instituciones, es más razonable argumentar que la baja confianza en el sistema termina redundando en bajos niveles de participación electoral. En este sentido, si la desconfianza avanza, también es dable esperar que se reduzca aún más la participación electoral.

En cuanto a los determinantes sociodemográficos de los niveles de confianza institucional (edad, educación y lugar de residencia), el primero en particular parece especialmente preocupante. Si los datos que aquí se presentan tienen validez intertemporal (es decir, si las tendencias transversales descritas se mantienen a lo largo del tiempo) y si la percepción acerca del esfuerzo del gobierno no aumentara de forma significativa para compensar dicha tendencia demográfica, es dable esperar un aumento progresivo de los niveles de desconfianza institucional en Chile, en tanto los ciudadanos que tienden a confiar más en las instituciones se convertirán progresivamente en un segmento naturalmente minoritario de la ciudadanía, al tiempo que ciudadanos jóvenes, probablemente desconfiados, ganarán mayor peso relativo. Nuevamente, si tal como ya se argumentó, la confianza tiene un impacto en la participación electoral, es razonable esperar un declive aún mayor de la participación electoral en el futuro.

NOTAS

* Este trabajo es parte de una investigación más amplia desarrollada con Juan Pablo Luna durante 2007. De ahí que gran parte del análisis esté basado en los datos del LAPOP 2006, aunque algunas tablas descriptivas fueron actualizadas. Agradezco los comentarios de los arbitros anónimos de la revista. Por cierto, todos los errores y omisiones son de mi exclusiva responsabilidad.

1 El trabajo de Canache (2002) complementa el modelo de Easton, señalando que ambas dimensiones (difusa y concreta) funcionan de mejor forma en democracias consolidadas. En estos casos sí sería posible advertir ciertas reservas de "actitud" favorable frente al régimen más allá de las evaluaciones ciudadanas respecto al desempeño del gobierno. Es decir, pueden existir ciudadanos críticos en relación al accionar del gobierno, pero que siguen respaldando la democracia (Norris, 1999). En democracias frágiles, en tanto, el asunto no es tan sencillo, toda vez que este tipo de países está permanentemente enfrentando cambios, y, posiblemente, caídas en los índices de satisfacción impliquen decrecimientos en los apoyos a la democracia. A pesar de esto, los tempranos trabajos de Easton permitieron distinguir los apoyos hacia las autoridades, el régimen y la comunidad política, estableciendo dimensiones útiles para el análisis político.

2 La pregunta sobre satisfacción es la siguiente: "En general, ¿usted diría que está muy satisfecho, satisfecho, insatisfecho o muy insatisfecho con la forma en que la democracia funciona en el país? En el caso de la satisfacción con la democracia se sumaron las opciones "muy satisfecho" y "satisfecho", e "insatisfecho" y "muy insatisfecho". La pregunta sobre participación electoral es: ¿Votó usted en las últimas elecciones presidenciales?", mientras que la referida a simpatía por partido es del siguiente tenor: "En este momento, ¿simpatiza con algún partido político?

3 El CHAID (Chi-Square-Automatic-Interaction-Detector) constituye un algoritmo basado en test de Chi Cuadrado, que permite identificar los mejores predictores (aquellos que generan una segmentación más eficiente de la variable dependiente) de un fenómeno determinado.

4 Mientras mayor es este índice, menor será el tamaño del lugar de residencia.

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Mauricio Morales Quiroga es investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales (ICSO-UDP). Es Magíster en Ciencias Sociales por la FLACSO-México, Cientista Político por la Pontificia Universidad Católica y actualmente cursa el Phd en Ciencia Política en la misma casa de estudios. (E-mail: mauricio.morales@udp.cl)