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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) v.24 n.1 Santiago  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2004000100015 

 

REVISTA DE CIENCIA POLÍTICA / VOLUMEN XXIV / N°1 / 2004 / 240 - 242

RECENSIONES

 

Taylor, Charles. 2004. Modern Social Imaginaries1. Durham And London: Duke University Press, 215 pp.

 

La intención por comprender nuestra sociedad abre paso a un sinnúmero de realidades e idealizaciones que intentan organizar o extralimitar nuestra visión del mundo. Podemos sumergirnos hacia lo más profundo o navegar en la superficialidad de lo asumido. A partir de este punto, estimamos en mayor o menor medida el recurso inagotable de lo imaginario. Nos asomamos a nuestra existencia a partir de tiempos inmemoriales que tratan de explicarlo todo, como reconstituyendo nuestro camino a casa, nuestra ruta a ciertas seguridades. En este ejercicio de sondear lo imaginario, a menudo descubrimos la ficción, lo inalcanzable que reposa en un pasado originario o en un futuro perfecto. Ahora bien, este transitar no está exento de asimetrías insalvables, de limitaciones que socavan la viabilidad de algunos proyectos. Sobre la base de esta situación se explican las condiciones de posibilidad que afectan la construcción de una realidad deseada. Esta realidad requiere de la imaginación como fuente de mutación, de cambio; una imaginación que puede basarse en una ficción irrealizable o que puede ser la comprensión de la realidad a partir de nuevas formas de existencia social. Esa intervención imaginativa es la que permite superar el misterio. En este trabajo Charles Taylor pretende desenredar el tejido de este nuevo orden social y moral de la modernidad, que emerge desde alguna parte y que configura una serie de prácticas sociales en consonancia con este mismo orden. Taylor se aboca, entonces, a la tarea de reconstituir el imaginario social moderno.

Para derrotar el misterio, la modernidad penetró y transformó el imaginario social que la precedía. Un imaginario hasta ese punto que se comprendía bajo la desigual relación existente entre la sabiduría divina y la sabiduría del hombre. La comprensión del mundo pasaba por un espacio-tiempo sagrado que, gracias a la eternidad, lograba zanjar las insuficiencias de lo terrenal, todo hallaba respuesta en un acto de Fe que asumía la locura de la predicación y la sobreabundancia de la gracia. En medio de este escenario, según Taylor, aparece la tradición resultante de la confluencia del pensamiento de Locke y Grocio. Cristianismo racionalizado donde el mundo se presenta de manera dinámica y el hombre en su expresión co-creadora modifica su entorno, no para contradecir los designios de Dios, sino para complementar la admirable creación. Cada cual reconoce su lugar en el mundo2.

La afirmación de la vida corriente, del quehacer del hombre, es una toma de conciencia del mundo, una apropiación de la historia y sus consecuencias en un nuevo tiempo, tiempo de recíproca observación, pero con una valorización de la autonomía humana que actúa en mutuo beneficio en la medida que lo que favorece al hombre favorece a Dios. El hombre, entonces, a partir del siglo XVII empieza a gozar una nueva libertad sobre la base de la no-interferencia, de la no-intervención paternalista. No hay espacio para un dios o un rey que pretenda la sumisión anuladora de la existencia humana.

El espacio común en un tiempo sagrado es superado por un espacio común en tiempo profano. De la mano de este hecho, Taylor desarrolla su particular concepción de lo secular, la que permite sostener un hilo conductor para comprender la visión del mundo en los términos de la modernidad. Tal como lo aclara Taylor, el proceso de secularización no concluye en la ausencia de la religión; esta tradicional y errada concepción no permite ver las condiciones y consecuencias reales de dicho proceso. La secularización da comienzo a una nueva manera en que la sociedad humana habita el tiempo3. El hombre ha abandonado la referencia a tiempos superiores y con ello ha debilitado los referentes comunes que daban sentido a la acción y al objetivo más allá de la contingencia. Ha pasado este hombre del mito a la realidad.

Las formas de existencia del imaginario social moderno, como señala Taylor, se sostienen en tres componentes: la economía de mercado, la esfera pública y la soberanía popular. Taylor agrega, además, el orden normativo que permite estructurar el reconocimiento de la tradición grociana-lockeana.

Es a partir de esta reconstitución de los engranajes del imaginario social moderno que podemos comprender las dos dimensiones del análisis tayloriano. Por un lado, como ya se ha indicado, existe una re-conceptualización del tiempo y esto se traduce en un nuevo habitat de Dios y el hombre, y, por otro lado, a partir del siglo XVII con el surgimiento de la democracia protectora lockeana se comienza a acentuar el distanciamiento entre la sociedad civil y el Estado. Más claramente, se da un empobrecimiento del lazo democrático en función de un debilitamiento de la dimensión pública de la sociedad civil. El componente de sociedad humana prevalece sobre la sociedad política en este nuevo concepto de sociedad civil.

Hoy en día, siguiendo a Tenzer, sociedad civil "es un término algo pomposo con el que se designa una suma incoherente y anárquica de intereses que los antiguos hubiesen calificado de domésticos y que en realidad son modos de fuga al exterior de la sociedad común"4. Esta fuga que acusa una gran limitación, se debe al carácter extra político y secular de los tres componentes centrales de nuestra identidad moderna. La economía de mercado, la esfera pública y la soberanía popular han "infiltrado" las prácticas sociales y con ello han penetrado en el imaginario social que, finalmente, se reduce a un "repertorio de acciones" que cobran sentido en la realidad esquematizada que emerge del trasfondo. Resulta interesante el doble rostro de la modernidad, que tal como indica Taylor, nos muestra un imaginario social tanto activo como contemplativo, activo en cuanto "expande el repertorio de acción colectiva" y contemplativo en cuanto también "expande el repertorio de análisis objetivo".

El imaginario social que nos presenta Charles Taylor, caracterizado por lo que la gente imagina en términos no teoréticos, compartido por un amplio número de personas (no privativo de una elite) y visto como comprensión común, que posibilita prácticas comunes, con un sentido de legitimidad ampliamente compartido, nos lleva a pensar en las posibilidades de intervenir nuestra realidad, de sopesar nuestras pequeñas utopías ampliando horizontes más allá de un liberalismo procedimental o más allá de lo occidental. En fin, una serie de caminos se abren paso a la luz de este imaginario que necesita ser escrutado para ser descubierto, es un trasfondo que da cabida a actos de habla diversos, prácticas sociales diferentes, múltiples modernidades.

1 Living in a Secular Age es el nombre del trabajo central, en preparación, del filósofo canadiense Charles Taylor. En este sentido Modern Social Imaginaries es una profundización de este libro que se enmarca dentro de una extensa investigación acerca de la construcción de la identidad moderna. Del mismo modo este texto continúa la temática planteada en anteriores obras. Al respecto podemos mencionar la idea de la afirmación de la vida corriente esbozada en la obra Fuentes del Yo (Barcelona: Paidós 1996) y del mismo modo este trabajo profundiza sobre la base de lo planteado en los artículos "Invocar la sociedad civil" y "La política liberal y la esfera pública", publicados en la obra Argumentos Filosóficos (Barcelona: Paidós, 1997). De hecho el capítulo nueve de Modern Social Imaginaries es la trascripción parcial del artículo "La política liberal y la esfera pública".

2 Véase especialmente el capítulo 14 de la obra Fuentes del yo, donde el autor aborda el tema del cristianismo racionalizado.

3 Taylor extrae esta idea del trabajo Imagined Communities de Benedict Anderson, quien a su vez recoge este término de Walter Benjamin. Según Anderson, este tiempo profano es vacío y homogéneo. Taylor señala al respecto que "todos los acontecimientos desembocan en el mismo tipo de tiempo". La vaciedad del tiempo resultante es coherente con una noción de espacio-tiempo como contenedores que cosas y eventos llenan de manera contingente.

4 Tenzer, Nicolás. 1991. La Sociedad Despolitizada: Ensayo sobre los Fundamentos de la Política. Buenos Aires: Paidós, p. 82.

Juan Enrique Morales

Instituto de Ciencia Política
Universidad Católica de Chile