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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) v.24 n.1 Santiago  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2004000100006 

  Revista de Ciencia Política/Volumen XXIV/N°1/2004/128-168
ARTÍCULOS

Ideología y competencia partidaria en dos post-transiciones: Chile y Uruguay en perspectiva comparada
 
 

Manuel Alcántara Sáez1, Juan Pablo Luna2

1Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill
2Universidad de Salamanca, España


Resumen

Este trabajo constituye un primer intento por comparar los perfiles ideológicos de los partidos políticos chilenos y uruguayos, con el objetivo de describir los patrones de competencia partidaria que caracterizan a cada sistema. Aplicando un análisis factorial sobre las respuestas de los legisladores de ambos países construimos aquí tres ejes ideológicos comunes: autoritarismo-democracia, Estado-mercado, religioso/conservador-secular/liberal, en los que cada partido es luego posicionado. Mediante el análisis de desvíos estándar también se estimará el grado de coherencia interna en el posicionamiento ideológico de cada partido. Aunque la evidencia sugiere que ambos sistemas se encuentran ideológicamente bien estructurados -al menos a nivel de elites parlamentarias-, también resulta claro que la importancia de cada eje ideológico y los propios patrones de competencia partidaria, varían en ambos sistemas de forma consistente con sus trayectorias de larga duración y con legados transicionales.

Abstract

This paper presents a first attempt to compare the ideological profiles of Chilean and Uruguayan parties in order to describe the patterns of party-competition that characterize both systems. Drawing on survey responses offered by legislators and on the basis of a factor analysis strategy we construct three cross-national ideological axes: authoritarian-democratic, state-market, religious/conservative-secular/liberal, on which each party is then positioned. Through the analysis of standard deviations we also seek to measure the internal coherence of parties. Although we find that both party systems are ideologically well structured -at least at the elite level-, we also find that the salience of each axis and the patterns of partisan competition vary significantly across systems in a way that is predictable through a path-dependent analysis of their long-term characteristics and transitional legacies.

PALABRAS CLAVE · Estructuración Ideológica · Competencia Partidaria · Coherencia Partidaria · Clivajes · Análisis Factorial


Introducción

Este trabajo de carácter primordialmente empírico, representa un primer intento de identificación de los clivajes o dimensiones competitivas que estructuran los sistemas partidarios de Chile y Uruguay (a nivel de elites políticas), en base a la información proveniente de las primeras dos olas del Proyecto de Elites Políticas Latinoamericanas (PELA) a cargo del Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal (Universidad de Salamanca). Complementariamente, se analizará también el nivel de coherencia interna de los distintos partidos en cada una de las dimensiones competitivas obtenidas y se identificarán bloques partidarios crosnacionales con sustratos ideológicos comunes.

Por varias razones, la comparación entre Chile y Uruguay resulta relevante y constituye un punto de partida conveniente para análisis subsecuentes. Estos países poseen y combinan configuraciones históricas de largo plazo que les otorgan potencial heurístico para identificar los principales desafíos que enfrentan otros sistemas partidarios de la región. La siguiente sección elabora algunas hipótesis preliminares acerca de dichas configuraciones de largo plazo y sus posibles implicancias para la estructuración de la competencia partidista.

En términos de diseño, nuestro enfoque es particularmente novedoso en tanto ubica a los partidos relevantes de ambos países en ejes ideológicos comunes, sin establecer a priori distinciones nacionales. Este tratamiento resulta especialmente útil al momento de establecer comparaciones entre los partidos y entre ambos sistemas partidarios, en base a parámetros comunes. Por tanto, posee un carácter complementario respecto a los análisis realizados sobre la base de la misma información, pero tomando en cuenta a cada uno de los casos en forma individual (Rosas, 2001; Alcántara, 2003a y 2004; Luna y Zechmeister, forthcoming). A su vez, el diseño permitirá identificar eventualmente la presencia de bloques partidarios transnacionales con perfiles ideológicos comunes. Tal como lo han demostrado los análisis del caso europeo (véase por ejemplo Marks y Hooghe 2001), la presencia y operación de dichos bloques partidarios resulta clave al momento de analizar la política internacional y especialmente los procesos de integración regional.

Finalmente, en términos metodológicos el trabajo se estructura en torno a una serie de análisis factoriales (uno para cada ola de medición), realizados a partir de un procedimiento de componentes principales, extrayendo factores con eigenvalues mayores a uno, a los que se les aplicó una técnica de rotación varimax1. En este sentido, replicamos aquí enfoques metodológicos clásicos en el estudio de estas problemáticas (véase por ejemplo, Kistchelt, 1996 y Kitschelt et. al., 1999). Complementariamente, se recurre a un análisis de correlación simple para evaluar la vinculación existente entre cada dimensión competitiva identificada y la auto-identificación ideológica de las elites. A su vez, se acude al análisis de medias, desvíos estándar y ANOVA (aplicando procedimientos de comparación post-hoc según el coeficiente de Scheffé), para explorar los niveles de consistencia interna y al momento de identificar bloques partidarios con perfiles ideológicos comunes. Los factores extraídos sobre los que se estructura nuestro análisis representan tres dimensiones de la eventual competencia partidaria: el modelo de desarrollo (Estado vs. mercado), el régimen político (autoritarismo vs. democracia) y cuestiones morales y religiosas (secularismo vs. conservadurismo religioso).

La próxima sección discute las características principales de los casos y plantea una serie de hipótesis preliminares acerca de la configuración ideológica que se espera encontrar empíricamente. Luego se presentan las principales características metodológicas de nuestra exploración. Por su parte, la cuarta y quinta sección discuten los resultados obtenidos para cada una de las dos primeras olas del PELA. Finalmente, presentamos una conclusión tentativa.

Los Casos y los Patrones de Competencia Esperados

En esta sección se discuten las configuraciones de largo plazo y las trayectorias recientes de ambos casos y de sus sistemas de partidos, con el objetivo de justificar su selección e identificar patrones convergentes y divergentes capaces de sustanciar nuestras hipótesis acerca de las pautas de competencia partidaria vigentes en cada sistema. La Tabla 1 enumera una serie de factores políticos, sociales y económicos que consideramos relevantes en este sentido. Por cuestiones de espacio, la discusión que aquí ofrecemos es, necesariamente, esquemática y privilegia aquellas variables que consideramos clave para justificar la selección de ambos casos y con el objetivo de establecer expectativas respecto a las características de ambos sistemas partidistas en el período post-transicional.

TABLA 1: Caracterización de los casos de estudio según estructuras de larga duración y trayectorias recientes 

Variable Chile Uruguay

Trayectoria política 

Duración de la democracia, ponderada según restricciones en las dimensiones de inclusión y conflicto (1945-1998)10 27.25 44.0
Tipo de incorporación social y modelo de welfare durante el período sustitutivo11 Universalismo estratificado Universalismo estratificado
Liberal  Ajuste corporativo de tipo europeo continenta
Rutas desarrollistas recientes12
Fortaleza histórica del sector sindical13 Alta  Media

Secuencia histórica de incorporación de las clases subordinadas según Collier y Collier (1991). Continúa en las próximas cuatro filas14
Oligarquía muy fuerte (hasta 1920)  Oligarquía más débil, dispersa en ambos partidos tradicionales. Tradición de pactos y alianzas inter-partidarias, lo que provee la base para el bloqueo de la movilización estimulada por la competencia de partidos (hasta 1903). 
Incorporación  Vía estatal: despolitización y control, beneficios paternalistas, represión de la izquierda (1920-1931) Vía partidos: movilización electoral por parte de partidos tradicionales clientelistas solo movilización electoral, importantes concesiones al sector obrero, tolerancia de la izquierda (1930-1945)
Etapa post-incorporación  Populismo abortado, quiebre en el proyecto de crear un centro policlasista, la clase obrera afiliada a partidos de oposición radicales y/o crecientemente radicalizados (1945-1960)  Refuerzo del bipartidismo tradicional, a partir de su amplia base de apoyo electoral, los sindicatos comienzan progresivamente a afiliarse con partidos de izquierda (1945-1960) 
Sistema pluripartidista polarizado polarización política e inmovilismo decisional, el gobierno se mueve hacia la izquierda (1946-1964). Estabilidad electoral con creciente conflicto social, pactos entre partidos tradicionales y crecimiento de la izquierda en arenas sindical y electoral 
Características del sistema de partidos en la etapa pre-dictatorial. Sistema de tercios que compiten en clave ideológica y en función de la articulación de redes de patronaje (centro-periferia) alternan en el control del Estado. Peso significativo del "centro" político como árbitro del sistema. Creciente nivel de polarización ideológica. La izquierda accede al gobierno por vía electoral y sin contar con mayoría parlamentaria, se propone una "transición democrática hacia el socialismo".15 Los partidos tradicionales cooperan en el gobierno y comparten el acceso a recursos estatales para satisfacer sus clientelas, en el marco de crecientes restricciones fiscales y un pronunciado estancamiento económico. Sistema bipartidista tradicional, con alta fraccionalización interna y creciente polarización política (creciente peso de insurgencia de izquierda y vuelco hacia la derecha de la fracción gobernante del Partido Colorado). Progresiva articulación de frentes conformados por los partidos de izquierda, los que derivan en la creación del Frente Amplio en 1971.16
Desenlace en los sesenta y setenta  Amplia coalición golpista, intervención militar, régimen burocrático-autoritario (1973-1989)  Golpe militar e instalación de un régimen burocrático-autoritario (1973-1984) "comisarial", con débiles bases de apoyo social. 
Modo transicional17 Pactada, FFAA "exitosas", enclaves autoritarios institucionalizados constitucionalmente.  Pactada, FFAA no "exitosas", restricciones limitadas a la primera elección. 

Nivel de Institucionalización + incorporación del sistema de partidos actual18
Alto (11.5) Alto (11.5)
Volatilidad electoral promedio (1980-1998)19 Intermedio-Bajo (15.3) Bajo (12.2) 
Sistema Electoral Mayoritario desproporcional (binominal), introduce fuertes incentivos para la creación de pactos electorales y tiende a generar empates entre pactos a nivel distrital.20 Fuertes incentivos para la centralización partidaria, aunque potencialmente desincentivados mediante altos niveles de descentralización y tamaño relativamente pequeño de las circunscripciones electorales. Representación proporcional + Ley de Lemas. Sistema que resulta funcional a la consolidación de "cooperativas electorales", induciendo una alta fraccionalización interna y reduciendo los niveles internos de estructuración partidaria.21 Circunscripciones grandes en Montevideo y Canelones y con M=2 o 3 en el resto de los 19 departamentos del país. 
Nivel de estructuración en el continuo izquierda-derecha, independientemente de su contenido sustantivo (1998)22 Alta
3.86
Intermedia 
2.64 
Fortaleza relativa de partidos de izquierda, en base a su representación parlamentaria23 Media
(PPD, PS)
Alta
(Frente Amplio) 
Número efectivo de partidos (1998)24 5.11 3.33 
Fortaleza relativa del sector sindical (hacia fines de los noventa)25 Intermedia
12.7% (1997)
Intermedia
12% (1994)
Índice de concentración sindical26 Media Alta 
Niveles de liberalización económica (1985-1995) y esfuerzo de liberalización en el período 1985-1995 (diferencia existente entre los niveles anteriores)27 .671 (1985)
.843 (1995)
.172 (diferencia)
.815 (1985)
.891 (1995)
.076 (diferencia)
Presencia de planes ortodoxos y crisis hiperinflacionaria28 No No
Agente que implementa procesos de reforma económica y características principales de la reforma.29 FFAA ("exitosa")
­ Privatización
­ Sistema privado de pensiones y salud
­ Apertura comercial
­ Desregulación laboral
­ Fuerte descentralización
­ Concesión de obra a privados
FFAA ("fallida")
­ Apertura comercial
­ Desregulación laboral
Gobiernos blancos y colorados introducen reformas adicionales, aunque pautadas por una lógica de "amortiguación" dada la presencia de una fuerte oposición de izquierda y la presencia de instrumentos institucionales que favorecen el bloqueo (plebiscitos)
Gobierno de la Concertación introduce correctivos (gasto social y control de capitales) y prosigue con la agenda reformista (ej. desregulación laboral, apertura e integración a bloques regionales) 
­ Ausencia de privatización de empresas estratégicas
­ Sistema mixto de pensiones
­ Políticas sociales concentradas en administración estatal central, aunque con creciente participación del tercer sector y los ámbitos municipales.
­ Concesión de obra pública
Combinación inconsistente de políticas durante los noventa, sostenida mediante un tipo de cambio sobre-valuado, lo que desencadena una profunda recesión a partir de 1998 la que culmina con la crisis financiera de 2002.30
Agente principal que se opone a la reforma31 Partido Comunista (sin representación parlamentaria) y sectores más ortodoxos del Partido Socialista.  Frente Amplio (y coalición entre central sindical, empleados estatales y beneficiarios del sistema de pensiones), articulados en torno a mecanismos vinculantes de democracia directa. 
Déficit principal de la democracia post-transicional  Enclaves autoritarios (sistema binominal, senadores vitalicios no electos, subordinación de los "proyectos" a los "pactos", autonomía militar, etc.), creciente nivel de apatía. 32 Empate y bloqueo decisional. Desencanto, aunque canalizado en forma intra-sistémica mediante el crecimiento de la izquierda.33
Virtud principal de la democracia post-transicional Moderación, estabilidad y gobernabilidad.34 Capacidad de inclusión-amortiguación eventual consolidación de patrones ideológicos más consistentes mediante el agotamiento de las bases tradicionales de sustento clientelar y la formación de familias ideológicas en la post-transición.35

Algunas características socio-económicas y del proceso reciente de reforma 

Porcentaje de la población ocupada no agrícola en el sector público e industrias manufactureras (diferencia entre 1990 y 1999)36 Sector público 7.2 % (+.2%)
Industria 18.6% (-11.9%)
Sector público 17.1% (-3%)
Industria 16% (-7.1%)
PBI per cápita 199937 8370  8280 
Cambio en el PBI per cápita (1990-1998)38 +5.7%  +3%
Salario real en 1997 (1980=base 100)39 102.3 40.8
Incremento del desempleo en el período 1991-2000 (1991=base 100)40 114.6% 150.6% 
Porcentaje de hogares urbanos pobres (1990, 1999)41 33.3%
16.2% 
11.8%
5.6% 
Desigualdad de ingresos (cociente entre el ingreso medio per cápita de los hogares del 10% más alto de la distribución y el ingreso medio per cápita en los hogares del 40% más bajo de la distribución de ingresos, 1990, 1999).42 18.2%
18.7%
9.4%
8.8%
Índice de desempleo abierto (1998) según número de años de instrucción (1990=base 100)43 0-9 años: 128%
10-12 años: 110%
13 y + años: 112%
0-9 años: 134%
10-12 años: 118%
13 y + años: 115%
Niveles absolutos de desempleo
Promedio 1990=8.7%
Promedio 1998=10.1% 
Niveles absolutos de desempleo
Promedio 1990=7.2%
Promedio 1998=8.3% 
Índice de desprotección social. Construido a partir del porcentaje de asalariados sin protección social en 1998, sobre el total de asalariados por ciudad (Santiago y Montevideo), según número de años de instrucción (1990=base 100)44 0-9 años: 145%
10-12 años: 121%
13 y + años: 142%
0-9 años: 110%
10-12 años: 107%
13 y + años: 88% 
Niveles absolutos de trabajadores sin protección social
Promedio 1990=11.8%
Promedio 1998=15.8%
Niveles absolutos de trabajadores sin protección social
Promedio 1990=51.5%
Promedio 1998=54.1%

Fuente: Tomado de Luna (2003) y construido en base a múltiples fuentes.

Dada la centralidad que los partidos políticos poseen en este proyecto y el mayor nivel de estructuración ideológica que tiende a caracterizar a sistemas más institucionalizados es preciso comenzar nuestra exploración, analizando casos en los cuales el sistema de partidos se encuentre relativamente institucionalizado. No obstante, resulta oportuno consignar que la institucionalización partidista es una condición necesaria, pero insuficiente para la estructuración ideológica. De acuerdo a las estimaciones de Mainwaring y Scully (1995) y su actualización reciente por parte de Payne et al. (2003), los sistemas partidarios de Uruguay y Chile satisfacen dicha precondición. A su vez, según estimaciones recientes, ambos países poseen los niveles más altos de estructuración ideológica relativa (tanto en términos simbólicos como sustantivos) en América Latina (Luna y Zechmeister, forthcoming).

En segundo lugar, ambos países comparten situaciones geopolíticas similares y varias características estructurales que resultan comparables. A modo de ejemplo, se trata de países latinoamericanos con niveles de ingreso per cápita, alfabetización, expectativa de vida al nacer, urbanización y educación relativamente altos. Además, son sociedades que históricamente conocieron niveles de integración social y política significativas, aunque con diferencias importantes en términos del grado y los canales de integración.

Como consecuencia de esto último, los procesos actuales de fragmentación y segmentación social causados por la desestructuración de la matriz estado-céntrica (Garretón et al., 2003) actúan en Chile y Uruguay, sobre sociedades que conocieron grados relativamente altos de integración en el pasado. Como O´Donnell (1973) ha argumentado en su clásico análisis acerca del advenimiento en el Cono Sur, los procesos de exclusión que afectan a sectores previamente integrados suponen altos niveles de tensión anómica y potencial polarización política. Aun en caso de no existir tal polarización en la actualidad, es preciso explicar cuáles son los mecanismos que impiden u obstaculizan la expresión política de las nuevas tensiones generadas por el proceso de transformación social y cuáles las consecuencias de los eventuales déficit de representación de ciertos intereses sociales.

En síntesis, aunque ambos sistemas de partidos se encuentran institucionalizados, enfrentan el desafío de competir en un escenario complejo, en el que la política ha tendido a "des-centrarse" y perder sentido progresivamente (Lechner, 1998). Por esto mismo y en tanto satisfacen la precondición básica de alta institucionalización en una región en la cual los sistemas de partidos se han vuelto cada vez más volátiles e inestables (véase Roberts y Wibbels, 1999 y Coppedge, 1999), ambos casos constituyen un escenario ideal para analizar la capacidad de los sistemas partidistas de la región para adaptarse al nuevo escenario y eventualmente competir en clave ideológica.

En tercer lugar, ambos países y sistemas de partidos sufrieron una disrupción importante a partir de 1973 y hasta mediados y fines de la década de 1980, mediante la implantación de regímenes burocrático-autoritarios.

En cuarto lugar, Uruguay y Chile ocupan hoy en día los dos primeros lugares en los distintos índices establecidos de desarrollo democrático en América Latina (véase Alcántara, 2003b y Polilat.com, 2003).

No obstante estas similitudes, y como consecuencia de la interacción entre los distintos legados de la transición y algunas características propias de la experiencia democrática previa de cada país, los regímenes actuales presentan divergencias importantes. Por esto mismo, la interacción entre estos procesos y las características políticas de los regímenes institucionalizados en la post-transición es compleja y su análisis requiere la asunción de una perspectiva comparada, capaz de incorporar dichas interacciones desde una lógica de larga duración.

En términos sumamente esquemáticos, es necesario puntualizar aquí algunas áreas de divergencia que a nuestro juicio poseen implicaciones significativas respecto a los patrones de competencia partidista.

En primer lugar, los sistemas de partidos que precedieron a los regímenes autoritarios poseen características diferentes. Chile contaba con un sistema pluripartidista e ideológicamente polarizado, similar al tipo de sistema de partidos "completo" característico de Europa occidental, en el que sectores conservadores, de centro y de izquierda poseían canales de representación institucionalizados (véase por ejemplo: Gil, 1966; Scully, 1992; Valenzuela, 1995; Picazo, 2001; Ruiz Rodríguez, 2003). Dicho sistema de partidos se articulaba en torno a tres tercios de la sociedad y poseía grados significativos de encapsulamiento organizacional de las bases, combinando grados relativamente altos de estructuración ideológica con la articulación de redes de mediación clientelar y de patronaje que posibilitaban altos grados de centralización partidaria. A pesar que trabajos recientes cuestionan la validez de alguna de estas imputaciones (Montes et al., 2000; Angell, 2003), resulta claro que en perspectiva comparada y en términos relativos el sistema de partidos chileno se caracterizaba por niveles altos de estructuración ideológica y de articulación y movilización de clivajes sociales. En este marco, los tres sectores ideológicos se alternaron en el poder a lo largo de las cuatro décadas comprendidas entre 1932 y 1973, alcanzando incluso el poder la izquierda marxista chilena por vía electoral en 1970 y se dispuso a procesar una transición democrática hacia el socialismo, atentando de forma significativa contra los intereses de las clases altas y medias y dando lugar, por tanto, a la consolidación de una amplia coalición golpista contra el gobierno de la Unidad Popular.

Uruguay, en cambio, contaba con un sistema bipartidista y altamente fraccionado, conformado por dos partidos tradicionales policlasistas (catch-all) que reclutaban su electorado a partir de bases clientelares. Estos partidos poseían bajos niveles de centralización y una larga tradición de competencia y cooperación, mediante la cual compartían el acceso a bienes estatales, los que luego distribuían entre sus bases electorales (Panizza, 1990; Rama, 1987, Aguiar, 1984; Caetano, Pérez y Rilla, 1988). A partir de la década de 1960 y en el marco de la profundización del estancamiento económico, ambos partidos tradicionales comenzaron a ser desafiados por diversos frentes de izquierda que, finalmente, lograron una institucionalización permanente (y un nivel mucho mayor de potencia electoral) a partir de la creación del Frente Amplio en 1971, partido que obtuvo un 18% de las adhesiones electorales en las elecciones de ese año. No obstante, ambos partidos tradicionales lograron mantener en conjunto un porcentaje superior al 80% de los votos, tal como había sido la norma desde la institucionalización electoral de la democracia uruguaya a principios de siglo. La propia cerrazón del sistema de partidos uruguayo alentó el surgimiento de movimientos de izquierda insurgentes a mediados de la década de 1960 y en el marco del estancamiento productivo del país a partir del agotamiento del modelo sustitutivo, contribuyendo a polarizar ideológicamente al sistema y generando, a partir del bloqueo decisional ambientado por el propio fraccionamiento del sistema y los altos grados de polarización, una reacción autoritaria que culminó en el golpe de Estado de 1973. Sin embargo, y a diferencia del caso chileno, la coalición golpista poseía en Uruguay bases mucho menores de apoyo y legitimidad a nivel de la sociedad.

En segundo lugar y consistentemente con el punto anterior, los regímenes burocrático-autoritarios implantados en ambos países poseen, más allá de sus convergencias "formales" y específicamente en términos de represión política, importantes divergencias en otras dimensiones claves. En palabras muy sucintas, mientras que usualmente el régimen del Gral. Pinochet en Chile es caracterizado como un proceso de "refundación nacional" con fuertes implicaciones para la matriz política, económica y social del país, donde además la figura del propio Pinochet se yergue por encima de otras circunstancias (Huneeus, 2001; Drake y Jaksic, 1999; y Valdés, 1995), el régimen implantado por las FFAA uruguayas ha sido caracterizado como un "paréntesis autoritario" tras el cual se han retomado las características tradicionales de la matriz socio-política tradicional (González, 1991). Esta divergencia puede ser explicada a partir de la percepción de riesgo experimentada por las elites y algunos sectores sociales chilenos durante el gobierno de la Unidad Popular, lo que otorgó a Pinochet mayores bases de apoyo, legitimidad y autonomía. A su vez, estas características posibilitaron y fueron retroalimentadas, mediante un "exitoso" proceso de crecimiento económico sustentado en las reformas de mercado impulsadas a mediados de la década de 1980. Uruguay, si bien procesa algunas reformas estructurales particularmente en términos de liberalización comercial y financiera, sale del régimen autoritario con una estructura estatal y del sistema de políticas sociales similar (aunque empobrecida) a la del período previo (Castiglioni, forthcoming).

En tercer lugar, nuevamente de acuerdo con una lógica path-dependent que determina el grado de influencia de los bandos democrático y autoritario y a pesar de ser ambas "transiciones pactadas" (Linz y Stepan, 1996), los patrones transicionales hacia gobiernos democráticos poseen grados significativos de divergencia en ambos países. Mientras que en el caso uruguayo la nueva democracia vuelve a ser regida por la Constitución de 1966 y las restricciones impuestas por las fuerzas armadas son más limitadas y quedan restringidas a la elección de 1985 (básicamente a partir de proscripciones de candidatos en los partidos Blanco y Frente Amplio), en el caso chileno se diseña una nueva Constitución, que introduce múltiples "enclaves autoritarios" al tiempo que modifica radicalmente las instituciones electorales con el objetivo de desmantelar los "vicios" del sistema de partidos anterior e introduciendo garantías institucionales que protegen al nuevo modelo económico (véase Garretón, 1988; Siavelis, 1999 y 2000; Huneuus, 1998; Moulian, 1997; Navia, 2003). A su vez, mientras que el gobierno autoritario uruguayo deja el poder en una posición débil y sin contar con bases significativas de legitimidad, el Gral. Pinochet y su régimen poseen altos grados significativos de apoyo y legitimidad, representados en el nuevo régimen democrático por los partidos integrantes de la Alianza Por Chile, que al menos en un primer momento, actúan como sus personeros.

Finalmente, las trayectorias seguidas por ambas democracias post-transicionales presentan también importantes diferencias, que son determinantes respecto a los patrones de competencia partidista que esperamos hallar en nuestra exploración empírica.

En el caso chileno, el crecimiento económico otorga legitimidad (al menos hasta 1998) al nuevo modelo económico, consolidando un fatalismo pro-mercado. Por esto mismo, parecerían acotarse los márgenes de competencia en torno al modelo de desarrollo. En este contexto, el centro y la izquierda renovada, representados en la Concertación, parecen limitarse a proponer (e implementar desde el gobierno) mejoras marginales e incrementales en el modelo, específicamente a partir de la implementación de políticas sociales focalizadas. Mientras la reducción de la pobreza en más de un cincuenta por ciento en el período post-transicional constituye un éxito de los gobiernos concertacionistas, el mantenimiento y la consolidación de la distribución marcadamente regresiva del ingreso, a raíz de las reformas introducidas por el régimen de Pinochet, representan las limitaciones que la centro-izquierda enfrenta en el nuevo régimen democrático al momento de movilizar y representar ciertos intereses en torno al clivaje socioeconómico. Dadas estas restricciones y la propia renovación de la izquierda chilena (véase por ejemplo Roberts, 1992; Siavelis, 1999), el clivaje de clase alrededor del cual se estructuraba el sistema de partidos en el período previo a 1973 es progresivamente reemplazado por un clivaje "cultural", articulado desde arriba y que enfrenta a "autoritarios vs. demócratas" (Mainwaring y Torcal, 2003) o a "pinochetistas vs. anti-pinochetistas" (Ortega, 2003). A su vez, la creciente apatía generada por las restricciones introducidas mediante la operación de los "enclaves autoritarios" y el propio proceso de globalización (véase por ejemplo Huneus, 1998; y Riquelme Segovia, 1999), el creciente descentramiento de la política (Lechner, 1998) y el desencanto respecto a los gobiernos de la Concertación (y respecto a partidos que progresivamente se estructuran a partir de liderazgos personales de corte elitista aunque muchas veces operando en ámbitos locales a nivel de distritos y comunas), generan un proceso de dealignment de las bases populares de la izquierda chilena, tornándolas disponibles para la cooptación clientelar (Luna, 2004). Junto con cuestiones de táctica electoral (San Francisco, 2003; Barozet, 2003; Luna, 2004), dicha transformación de las bases de competencia partidaria contribuiría a explicar por qué mientras la centro-izquierda gobierna, los sectores populares chilenos se han volcado progresivamente hacia la derecha (específicamente hacia la UDI), contribuyendo también a "borrar" el clivaje de clase preexistente.

En función de esta configuración es posible extraer algunas implicancias al momento de explicitar expectativas acerca de los patrones de competencia partidista. En términos de movilización de clivajes, es esperable una preeminencia del clivaje autoritario-democrático sobre el conflicto acerca del modelo de desarrollo. Mientras tanto, el clivaje secular/religioso, tradicional en el sistema de partidos chileno, parecería mantener la vigencia que poseía en el período anterior y, por tanto, debería ser posible identificarlo como dimensión competitiva (Ruiz Rodríguez, 2003). A su vez, a partir de la creciente "personalización" y "municipalización" de la política chilena (Rehren, 1999; Luna, 2004) y del consiguiente desdibujamiento de los perfiles ideológicos de los partidos como herramienta de competencia (la UDI es probablemente una excepción parcial respecto a esta pauta general, véase por ejemplo Joignant y Navia, 2003), es esperable encontrar mayores niveles de varianza interna en los partidos chilenos y menores niveles de varianza entre partidos respecto a predisposiciones ideológicas. Obviamente esto último afecta más a los electorados que a las elites partidistas, quienes poseen mayores niveles de sofisticación y adoctrinamiento político, por lo que es posible que nuestra investigación no arroje resultados consistentes con esta última premisa.

Por su parte, la trayectoria uruguaya se encuentra pautada por un proceso sostenido de estancamiento económico (con un ínterin de crecimiento moderado entre 1994 y 1998), el mantenimiento de patrones de distribución del ingreso relativamente equitativos y una reducción porcentual de la pobreza hacia fines de la década de 1990, similar a la chilena aunque partiendo desde magnitudes absolutas muy inferiores. En términos del modelo de desarrollo, la reinaugurada democracia uruguaya heredó un aparato estatal sobredimensionado y crecientemente sometido a presiones fiscales en virtud del nuevo contexto internacional, junto con un relativamente generoso welfare state, cuyos beneficiarios poseen importantes recursos institucionales y simbólicos para defender sus prerrogativas (véase Filgueira y Papadópulus, 1996; Lanzaro, 2000; Moreira, 2000). Estas características estructurales, en el marco de un creciente descontento social respecto a los gobiernos de Colorados y Blancos, cuyos intentos de reforma institucional han sido consistentemente bloqueados a partir de la estructuración de una coalición de veto conformada por los empleados públicos, los beneficiarios del sistema de previsión social, los sindicatos y la izquierda (Filgueira y Papadópulus, 1996), pautean significativamente la lógica de competencia partidista. En dicho contexto, el FA ha actuado eficientemente como catalizador y articulador de una "coalición de veto" que ha operado bloqueando y amortiguando dichos intentos de reforma, asumiendo en dicho proceso la defensa de la matriz "batllista" contra los embates de reforma "neoliberal" emprendidos por Blancos y Colorados. Tanto en círculos académicos como políticos, los últimos años han atestiguado álgidos debates acerca de la existencia de dos familias ideológicas, una conformada por los partidos tradicionales ­ Partido Colorado (PC) y Partido Nacional (PN) ­ y otra por los partidos de izquierda ­ Frente Amplio (FA) y Nuevo Espacio (NE) ­ (Lanzaro, 2000; Moreira, 2000; Altman, 2001; Martínez Barahona, 2001; Luna, 2004a). Mientras la familia tradicional se encontraría consolidada en torno a las coaliciones de gobierno conformadas por Blancos y Colorados durante los dos últimos períodos de gobierno, la familia de izquierda estaría motivada por la oposición a las políticas impulsadas por los partidos tradicionales. Algunos autores han especulado acerca de los efectos que el surgimiento de las familias ideológicas tendrían para la consolidación de un comportamiento electoral clasista (Moreira, 2000) en Uruguay, el que sustituiría progresivamente a patrones de comportamiento electoral menos consistentes en términos ideológicos. En este sentido, el crecimiento electoral de la izquierda y la emergencia de un sistema de competencia centrada en el modelo económico, parecerían haber catalizado un proceso de oposición y competencia ideológica entre ambos bloques partidarios, eventualmente sustituyendo lógicas de competencia no ideológicas (asociadas generalmente a la estrategia electoral de los partidos tradicionales), articuladas en torno a partidos "catch-all" que se vinculaban a su electorado mediante relaciones de corte predominantemente particularista (Panizza, 1991). Dicho argumento supone una lógica similar a la hipótesis de re-alineamiento partidario en torno al batllismo planteada por Lanzaro en múltiples trabajos (2000, en prensa). Según esta hipótesis, los partidos uruguayos se realinearían en la post-transición, asumiendo el FA la defensa de la matriz batllista tradicional. Mientras tanto, los partidos políticos tradicionales, quienes han alternado (y cooperado) en el gobierno, se realinearían en torno a posturas reformistas.

En síntesis, tanto la hipótesis del "re-alineamiento" como la del "incremento del voto clasista" suponen la consolidación en Uruguay de un polo reformista (de derecha) alineado con los postulados del Consenso de Washington y contrapuesto respecto a un polo alternativo, al que podríamos etiquetar como conservador (de izquierda), dado que busca preservar los elementos básicos de la matriz socioeconómica batllista representados, al menos en términos normativos, por una predilección por la equidad y la intervención de-comodificadora del Estado, sobre la competencia de mercado. Sin embargo, la alta adhesión de la ciudadanía uruguaya a la matriz batllista y estado-céntrica (Luna, 2003) y la consecuente debilidad del electorado alineado con posiciones económicas liberales y mercado-céntricas, condicionan y limitan la consolidación del polo reformista. En
otras palabras, y ya a nivel de estrategias electorales, parece claro que aquellos líderes que impulsan dichas reformas son consecuentemente castigados en términos electorales y enfrentan por tanto, fuertes incentivos para evitarlas o diferirlas siempre que ello sea posible.

Por tanto, el supuesto proceso de polarización entre dos familias ideológicas compitiendo electoralmente sobre la base del modelo de desarrollo, encuentra una fuerte limitación. De todos modos, una versión atenuada de dicho proceso de polarización y competencia podría operar también por defecto, mediante la capitalización por parte de la familia ideológica de izquierda del descontento social, vinculando la crítica situación del país con los intentos reformistas del gobierno. Finalmente, otro conjunto de autores identifica un marcado proceso de moderación ideológica en el FA, el que podría contraponerse, al menos con fines analíticos, a la hipótesis anterior que supone la consolidación de dos bloques ideológicos claramente definidos (Gallardo, 1995; Mieres, 1994; Lanzaro, 2000 y en prensa). Según esta hipótesis, el FA crece al moderar su ideología, corriéndose hacia el centro del espectro ideológico y ofreciendo alternativas y corrientes moderadas. En este último caso, el FA se convierte, al influjo de la competencia electoral en el marco de las reglas de juego establecidas, en un nuevo partido "catch-all". Si bien esta conversión es funcional respecto a la competencia con los partidos tradicionales y permite al FA reclutar adhesiones en sectores sociales diversos, también supone el riesgo de desdibujarlo ideológicamente.

La evidencia reciente (Altman, 2001; Martínez Barahona, 2003; Luna, 2004a) sugiere la existencia de un proceso de competencia ideológica centrado en el modelo de desarrollo, entre los partidos tradicionales por un lado y el FA por otro. Dicho proceso de competencia asumiría a su vez, una lógica atenuada o centrípeta. Es decir, la competencia partidaria y específicamente el crecimiento del FA no responderían a la adquisición de conciencia de clase por parte de los "perdedores" y "ganadores" del modelo, sino que más bien al proceso desarrollado con éxito por el FA, en el que se logra vincular el descontento generado por la crisis económica y social al reformismo neoliberal, captando así adhesiones ideológicamente "blandas" provenientes de los partidos tradicionales. A su vez, en un clima general estatista, los partidos tradicionales compiten hacia la centro-izquierda, intentando "desmarcarse" de las reformas que son "forzados" a impulsar desde su rol de gobierno, ante la alternativa por el momento inviable (dado el tamaño del electorado potencial) de desarrollar opciones electorales hacia la derecha. El FA, mientras tanto, contando con un electorado cautivo hacia la izquierda, desarrolla progresivamente una estrategia bandwagon moderándose y asumiendo lógicas sistémicas respecto a la táctica electoral (particularismo, especialmente en las zonas populares de Montevideo) para atraer nuevos electores descontentos con los gobiernos de los partidos tradicionales.

En función de esta configuración esperamos que en el caso uruguayo, donde el clivaje autoritario-democrático parece ser mucho menos relevante, el modelo de desarrollo posea mayor influencia al momento de estructurar ideológicamente el sistema de partidos. Finalmente, a pesar de que el clivaje secular/religioso (o liberal/conservador) posee cierto grado de articulación en Uruguay (Altman, 2001) y ha sido recientemente movilizado en torno al debate acerca de la despenalización del aborto, no parece configurar una dimensión competitiva que se encuentre activada y movilizada en clave partidaria, en tanto cruza a los partidos de forma transversal.

En términos de consistencia interna y si la hipótesis acerca de la consolidación de familias ideológicas tuviera validez, esperamos encontrar dos bloques partidarios (uno conformado por los partidos tradicionales y otro por el Frente Amplio) caracterizados por bajos niveles de varianza interna y posicionamientos significativamente diferentes entre sí. No obstante, dado el alto fraccionamiento de los partidos uruguayos y la baja estructuración ideológica que ha caracterizado al sistema históricamente, es posible esperar también niveles bajos de consistencia interna a nivel partidario.

Estrategia Metodológica

Nuestra estrategia analítica se centra en una serie de análisis factoriales confirmatorios, realizados a partir de un procedimiento de componentes principales, extrayendo factores con eigenvalues mayores a uno, a los que se les aplicó una técnica de rotación varimax2. Por tanto, aplicamos aquí los procedimientos habituales para el análisis acerca de la estructuración partidaria en función de dimensiones ideológicas competitivas (véase por ejemplo, Kitschelt, 1996; Kitschelt et al., 1999; Rosas, 2001). La construcción de factores cross-nacionales (escalas comunes a ambos casos) con el objetivo de obtener métricas y parámetros comparables constituye la divergencia fundamental en nuestro análisis. En tanto no introducimos distinciones nacionales a priori para la construcción de nuestros factores, este enfoque complementa los análisis tradicionales anclados en casos nacionales (véase por ejemplo Rosas, 2001) y provee información relevante al momento de comparar los perfiles ideológicos de partidos y bloques partidistas trasnacionales. Finalmente, al introducir parámetros de comparación válidos (escalas comunes), es posible analizar el peso relativo que distintas dimensiones de competencia ideológica poseen al momento de estructurar los sistemas partidarios nacionales.

Complementariamente y partiendo del supuesto de que aquellos factores en los que exista mayor consistencia interna a nivel partidario y mayores niveles de divergencia entre partidos constituirían dimensiones competitivas potencialmente más consolidadas y salientes, hemos decidido aplicar un procedimiento de análisis de varianza, tomando a los puntajes factoriales extraídos como variables dependientes y la pertenencia partidaria de los individuos como factor. Utilizando técnicas de comparación post-hoc según el coeficiente de Scheffé, esta técnica nos permitirá identificar diferencias de medias significativas entre las elites de los distintos partidos en cada dimensión ideológica. Dado el relativo pequeño tamaño muestral con que contamos (ver Anexo 1 por detalles) y con el objetivo de evitar penalizar especialmente a los partidos pequeños, reportaremos resultados significativos tanto a un alfa=.05 como a un alfa=.1.

Finalmente, utilizando los desvíos estándar como indicador, analizaremos el grado de consistencia interna de cada partido en cada una de las dimensiones competitivas identificadas a partir del análisis factorial3.

El proceso de selección de variables que derivó en la construcción de factores confirmatorios estuvo determinado por nuestras expectativas acerca de la presencia de tres dimensiones competitivas potencialmente relevantes: a) el modelo de desarrollo (díada Estado-mercado), b) cuestiones valóricas y religiosas (conservadurismo-liberalismo) y c) el régimen político (autoritarismo-democracia). A partir de este supuesto y de las baterías disponibles en las encuestas del PELA se seleccionaron las siguientes variables4:
a. Díada Estado-Mercado:

i. Grado preferido de intervención estatal en: 1. Control de precios.

2. Cubrir las necesidades básicas de todos los ciudadanos.

3. Dar trabajo a quienes deseen trabajar.

4. Dar cobertura de desempleo.

5. Garantizar una educación primaria general y gratuita.

6. Garantizar una educación secundaria general y gratuita.

7. Garantizar una educación terciaria general y gratuita.

8. Proveer de vivienda al ciudadano.

9. Proteger el medio ambiente.

10. Dar cobertura general de seguridad social.

b. Cuestiones valóricas y religiosas: i. Frecuencia con que concurre a celebraciones religiosas.

ii. Grado en que justifica:

1. El divorcio.

2. El aborto.

c. Régimen político: i. Grado de acuerdo expresado respecto a los siguientes argumentos: 1. La democracia es siempre preferible a cualquier otra forma de gobierno.

2. Las elecciones son siempre el mejor medio para resolver los conflictos sociales.

Nuestro análisis fue realizado en base a las respuestas respecto a estas interrogantes ofrecidas por los congresistas chilenos y uruguayos en dos legislaturas consecutivas (Chile: 1993-1997 y 1997-2001, Uruguay: 1995-2000 y 2000-2005).

Resultados Obtenidos

1. Primera Legislatura (Chile: 1993-1997/Uruguay:1995-2000)

En este caso se obtuvieron tres factores, que representan en conjunto un 61% de la varianza contenida en la matriz de correlaciones original. El primer factor, que aporta un potencial explicativo del 26,4%, representa una combinación de dos de los ejes competitivos previstos teóricamente: la díada Estado-mercado y el posicionamiento sobre temas morales y religiosos. En este caso, quienes se inclinan por una mayor participación estatal en la economía (control de precios, provisión de trabajo y seguro de desempleo, cobertura de las necesidades básicas y provisión de educación terciaria pública y gratuita), también poseen visiones más liberales respecto al aborto y al divorcio, al tiempo que asisten con menor frecuencia a ceremonias religiosas.

Partiendo desde el extremo menos estatista y más conservador en términos morales, los partidos se ordenan de la siguiente manera: UDI (Unión Demócrata Independiente), Renovación Nacional (RN), Media Partidos Chilenos, Democracia Cristiana (DC), PN, Partido por la Democracia (PPD), PC, Partido Socialista (PS), Media Partidos Uruguayos, FA. A partir de esta primera observación es posible concluir que el sistema de partidos chileno se encuentra relativamente corrido hacia el polo más conservador y menos estatista, mientras que el sistema uruguayo presenta el sesgo inverso.

La Tabla 2 es una matriz construida a partir del coeficiente post-hoc de Scheffé, en la que se identifican pares de partidos que mantienen diferencias significativas entre sí respecto a este factor.

TABLA 2: Factor 1 primer periodo (Estado-Secular/Mercado-Conservador): 26,4% 
 
* = dif. significativa a .05
# = dif. significativa a .10 

Como resulta evidente, la UDI (conservador y neoliberal en términos económicos) y el Frente Amplio (secular y estatista) se encuentran en los polos opuestos de este factor, manteniendo diferencias significativas con el resto de los partidos, a excepción de RN en el caso de la UDI y del NE en el caso del Frente Amplio. Por su parte, RN se encuentra en una situación cercana a la de la UDI con medias significativamente distintas a las del PC, el FA y el PS.

El segundo factor identificado (21,3% de la varianza) presenta un rango de variación mucho menor y por tanto, menor polarización partidaria. El factor se encuentra compuesto por otros componentes relacionados con la intervención estatal en políticas sociales (provisión estatal de educación primaria y secundaria general y gratuita, vivienda y seguridad social) y en la protección del medio ambiente.

En este caso, el ordenamiento de los partidos, partiendo desde visiones menos intervencionistas, es el siguiente: PN, RN, NE, Media Partidos Uruguayos, PS, PC, Media Partidos Chilenos, UDI, FA, DC, PPD. Resulta claro que los partidos de corte más liberal (RN, PN y NE) se oponen al intervencionismo estatal en el área educativa y en la provisión de políticas sociales. Mientras tanto, a excepción del PS, los partidos de izquierda (FA, PPD) y los que poseen un sustrato religioso más significativo (UDI, DC) apoyan un mayor grado de intervención estatal en estas áreas.

No obstante este ordenamiento, no se registran diferencias significativas entre ninguno de los partidos, por lo que es posible concluir que se trata de una dimensión latente.

Finalmente, el tercer factor extraído representa a las cuestiones de régimen y logra dar cuenta de un 13,2% de la varianza contenida en la matriz de correlaciones. En este caso, nuevamente encontramos un corte claro entre los sistemas partidistas nacionales. Partiendo desde posiciones menos democráticas los partidos se ordenan según la siguiente secuencia: RN, UDI, Media Partidos Chilenos, PS, DC, FA, PPD, Media Partidos Uruguayos, PN, NE, PC. Claramente, a excepción del PPD que se encuentra en una situación similar a la del FA, los partidos políticos chilenos se caracterizan, en conjunto, por otorgar un grado menor de legitimidad al sistema democrático. Claramente, esto es principalmente cierto para los dos partidos integrantes de la Alianza por Chile.

Tal como consigna la Tabla 3, si bien RN y UDI no registran medias significativamente distintas a las del resto de los partidos chilenos, sí mantienen diferencias estadísticamente significativas con la mayoría de los partidos uruguayos. A su vez, también se registra una diferencia significativa entre el partido uruguayo que obtiene puntajes "más democráticos" (PC) y el miembro de la Concertación que otorga menor legitimidad a la democracia (PS).

Tabla 3: Factor 3 primer periodo (Democracia/Autoritarismo): 13,2% 
 
* = dif. significativa a .05
# = dif. significativa a .10

Para concluir la discusión de los resultados obtenidos para la primera legislatura, presentamos a continuación un mapa de las ubicaciones partidarias en los dos factores en los que se obtuvieron diferencias significativas5.

FIGURA 1: Mapa partidario según factores para los que se obtuvieron diferencias significativas en el primer período.
 

En primer lugar, la figura pone claramente de manifiesto las diferencias existentes entre los sistemas de partidos chileno y uruguayo. Mientras los partidos chilenos tienden a ubicarse en el cuadrante correspondiente a menores niveles de legitimidad democrática (el PPD es la excepción respecto a esto) y preferencias consistentes con posiciones más mercado-céntricas y conservadoras en lo moral y religioso (el PS presenta un perfil de preferencias más estatista), los partidos uruguayos se ubican en el cuadrante opuesto, en posiciones relativamente más democráticas, más liberales en lo moral, más seculares y más estatistas en lo concerniente al modelo de desarrollo.

En segundo lugar, al interior de ambos sistemas, los partidos ocupan posiciones competitivas diferentes. En el caso chileno, es claro que la UDI y RN presentan un perfil menos democrático y más mercado-céntrico (especialmente la UDI) que los partidos de la Concertación. En el caso uruguayo, por su parte, el FA se ubica en una posición algo menos democrática y especialmente se distancia de la familia de partidos tradicionales y del NE en función de su perfil más estado-céntrico.

Por último y en términos de bloques partidarios transnacionales con perfiles ideológicos similares parece posible distinguir un agrupamiento sustantivo, conformado por partidos que poseen posturas moderadas en ambos factores (y especialmente en el primero de ellos). Dichos partidos son: PS, DC, PPD, PN, PC, NE. Resulta interesante consignar que tanto los partidos de la Alianza por Chile como el Frente Amplio, no encuentran contrapartes ideológicamente afines en el otro sistema partidario en el que compiten. En este sentido y a partir de parámetros comparados, sería posible concluir que mientras los partidos chilenos compiten hacia la centro-derecha, los partidos uruguayos lo hacen hacia la centro-izquierda.

El Figura 2 presenta el cruce correspondiente a los factores uno y tres (en el que aunque no se registraron posicionamientos significativamente diferentes a nivel estadístico, sí existen ordenamientos claramente discernibles).

FIGURA 2: Mapa partidario según factores 1 y 2 (primer período)
 

2. Segunda Legislatura (Chile: 1997-2001/Uruguay: 2000-2005)

Para las legislaturas del segundo período estudiado, se obtuvieron cuatro factores, los que sintetizan prácticamente un 60% de la varianza contenida en las variables analizadas. El primer factor, cuya capacidad explicativa es de 20,3%, representa la oposición acerca del modelo de desarrollo, tanto en términos de intervención estatal directa en la economía, como en relación a la provisión de políticas sociales (exceptuando los niveles de educación primario y secundario). Mientras tanto, el segundo factor extraído representa un 17,2% de la varianza original y sintetiza la posición de los entrevistados en temas morales y religiosos. Por tanto, los dos primeros factores representan a aquellos que en la medición anterior se encontraban combinados en una única dimensión latente6.

Partiendo desde visiones menos estatistas, el posicionamiento de las elites partidarias en el primer factor es el siguiente: UDI, NE, PC, PN, Media Partidos Chilenos, DC, Media Partidos Uruguayos, RN, PS, PPD, FA. En este caso, parece claro que el clivaje "país" identificado para el primer período pierde preeminencia, poniéndose de manifiesto, la existencia de "bloques ideológicos" transnacionales. Mientras por un lado y hacia la izquierda encontramos al FA y al PPD (y al PS en una posición más moderada), la UDI y los partidos tradicionales uruguayos junto al NE (ubicados en una posición más moderada) se ubican hacia la derecha en esta dimensión. Finalmente, la DC y RN poseen perfiles de centro.

La Tabla 4 reporta las diferencias significativas existentes entre el posicionamiento de los distintos partidos. Por un lado, el FA posee un posicionamiento significativamente distinto al de los partidos tradicionales uruguayos y al de la UDI. Por su parte, el PPD, también presenta un posicionamiento estadísticamente distinto al de la UDI y el PC.

TABLA 4: Factor 1 segundo periodo (Estado/Mercado): 20,3% 
 
* = dif. significativa a .05
# = dif. significativa a .10 

En términos de bloques partidarios al interior de un mismo sistema, parece claro que en ambos casos asistimos a un proceso de competencia en el que uno de los partidos presenta un posicionamiento marcadamente distinto al del resto de sus competidores (la UDI en el caso chileno y el FA en el caso uruguayo). Esta tendencia es algo más clara en Uruguay. Elocuentemente, aunque poseen perfiles ideológicos contrapuestos y constituyen por tanto los dos "polos" que tensionan la díada Estado-mercado, estos dos partidos son los que han obtenido mayores tasas de crecimiento electoral en forma reciente en sus respectivos países. Finalmente, también a nivel partidario individual, dos partidos poseen un posicionamiento eventualmente llamativo. Por un lado, RN se distancia de la UDI y se posiciona hacia el centro del sistema. De todos modos, la reciente "purga" hacia la derecha que ha sufrido este partido a raíz de la migración de sus cuadros "tránsfugas" hacia la UDI y la consolidación por tanto de un partido liberal más consistente, podría constituir una explicación razonable para dicho corrimiento. Por otro lado, las elites del NE se alinean en Uruguay con los líderes de los partidos tradicionales. Esto contradice parcialmente la tesis acerca de la oposición entre dos familias ideológicas y específicamente, echa dudas acerca de la configuración de la familia ideológica de izquierda, que de acuerdo a nuestra evidencia, estaría constituida solamente por el FA. A su vez, nuestra evidencia también resulta contradictoria con la reciente institucionalización de la alianza electoral denominada Nueva Mayoría y conformada por el Encuentro-Progresista Frente Amplio y el NE. No obstante, el hallazgo que aquí presentamos resulta consistente con análisis previos que aunque logran identificar una familia ideológica tradicional consolidada, no hallan evidencia consistente acerca de la existencia de un eventual sustrato ideológico común a ambos partidos de izquierda (Lanzaro, 2000; Altman, 2001; Martínez Barahona, 2003; Luna, 2004a).

El segundo de los factores obtenidos en esta instancia (conservador/religioso vs. secular/liberal), contribuye un 17,2% a la solución factorial y registra también diferencias significativas en el posicionamiento de las elites partidarias. A su vez, la distribución de los partidos en esta dimensión resulta nuevamente consistente con las expectativas previas. En primer lugar, encontramos en este caso un corte nacional, siendo los partidos chilenos, a excepción del PS, homogéneamente más conservadores que los uruguayos. En segundo lugar y en ambos casos, los partidos de izquierda presentan perfiles más seculares y más favorables respecto al divorcio y al aborto. Partiendo desde el polo secular/liberal, los partidos se distribuyen en esta dimensión competitiva en el siguiente orden: FA, NE, Media Partidos Uruguayos, PC, PS, PN, PPD, Media Partidos Chilenos, DC, RN, UDI.

Según consigna la Tabla 5, en este factor la UDI mantiene diferencias significativas con todos los partidos, exceptuando a RN y la DC. Por su parte, estos dos partidos son más conservadores y poseen mayor grado de religiosidad que todos los partidos uruguayos, excepto el NE7.

TABLA 5: Factor 2 segundo periodo (Secular/Conservador):17,2%
 
* = dif. significativa a .05
# = dif. significativa a .10 

El Figura 2 presenta la distribución de los partidos analizados en los dos factores que parecen estructurar la competencia partidista en el segundo período de medición. La figura vuelve patente la presencia de una estructura de tercios en el caso chileno, en la que se ubican partidos seculares y más estatistas (PPD, PS), partidos de centro (RN, DC) y un partido con un perfil marcadamente más conservador y mercado-céntrico (UDI). Este hallazgo resulta particularmente interesante y significativo, si se lo compara con la distribución de los partidos chilenos en la Figura 1. Mientras que en el primer período los partidos conseguían ser mapeados ideológicamente en forma consistente con la configuración de ambos pactos electorales (la Concertación y la Alianza Por Chile), en este caso y probablemente a medida que las herencias de la transición se vuelven menos cardinales, parece retomarse la estructura de tercios que caracterizara históricamente al sistema de partidos chileno. En este sentido, podría concluirse que la configuración de alianzas sería significativamente transformada en presencia de un cambio institucional que remueva los incentivos actualmente existentes para la continuidad de ambos pactos o eventualmente, a partir de la progresiva erosión del clivaje que divide "culturalmente" los campos "pinochetista" y "anti-pinochetista"8.

En el caso uruguayo, la competencia se estructura de forma prácticamente unidimensional, en torno al clivaje Estado-mercado, en tanto todos los partidos poseen visiones relativamente seculares en lo religioso y liberales en lo moral. Nuevamente, mientras los partidos tradicionales poseen perfiles ideológicos similares (y por tanto se diferencian sobre la base de claves culturales y a partir de la estructuración de otros vínculos no ideológicos con su electorado), el FA compite en función de una postura marcadamente estatista, que lo diferencia de su competencia (e incluso a los partidos de izquierda chilenos) y lo coloca como polo opuesto respecto a la UDI.

FIGURA 3: Mapa partidario según factores para los que se obtuvieron diferencias significativas en el segundo período 
 

Finalmente, los dos factores restantes representan dimensiones menos salientes, sin registrarse en ellas diferencias significativas entre los partidos políticos considerados.

Por un lado, el tercer factor explica un 12,7% de varianza y sintetiza la posición de los entrevistados respecto a la participación estatal en la provisión de educación secundaria y terciaria general y gratuita. Nuevamente, los partidos se ordenan de modo razonable y cruzan una vez más las fronteras nacionales. Mientras los partidos con perfiles más liberales (RN y PN ­dominado en el momento de la medición por la fracción herrerista, la que posee el perfil más liberal), seguidos por los partidos con base confesional (DC, UDI) se oponen a la provisión estatal de educación general y gratuita en los niveles secundario y terciario, los partidos de izquierda (FA, PPD, NE, PS) y aquellos con tradición histórica anti-clerical y socialdemócrata (PC) apoyan un mayor grado de intervención estatal en esta dimensión.

Por otro lado, el cuarto factor, cuya participación en la solución factorial es relativamente baja (8,4%), refleja la oposición entre visiones autoritarias y democráticas. Resulta interesante consignar que a diferencia de lo que sucedía en la primera medición (más cercana al momento de la transición), no se registran aquí diferencias significativas entre ninguno de los partidos considerados. A su vez, el rango de variación de los puntajes factoriales promedio obtenidos por el grupo de partidos, se reduce aproximadamente en un 25%9. Consistentemente con lo anterior, la mayoría de los partidos se ubica en una posición relativamente neutra respecto al conflicto acerca del régimen político, el que por tanto, pierde relevancia como dimensión competitiva o identitaria.

De todos modos, cabe señalar que las diferencias entre países se mantienen en forma leve, siendo los partidos chilenos promedialmente más autoritarios y siendo este un clivaje más saliente en dicho sistema. A su vez, la UDI, y en menor medida RN, mantiene un perfil sensiblemente más autoritario que el del resto de los partidos chilenos. Finalmente, es interesante señalar que nuevamente los partidos de izquierda con tradición leninista (FA, PS) poseen también un perfil menos democrático que el de los partidos de centro (DC, PC, PN) y especialmente, que el de los nuevos partidos de izquierda que representan visiones revisionistas respecto a la izquierda tradicional (NE y PPD) y que razonablemente poseen una inspiración homogéneamente más democrática.

Finalmente y a modo ilustrativo, las Figuras 3 y 4 corresponden al cruce entre el primer factor y aquellos en los que no se obtuvieron medias significativamente distintas a nivel partidario.

FIGURA 4: Mapa partidario según factores 1 y 3 (segundo período)
 


 
FIGURA 5: Mapa partidario según factores 1 y 4 (segundo período) 
 

Niveles De Consistencia Interna En Los Posicionamientos Ideológicos

En esta sección recurrimos al análisis de los desvíos estándar obtenidos para cada partido en cada factor, con el objetivo de estudiar los niveles de coherencia interna que caracterizan a cada partido y sistema.

Las Tablas 6 y 7 presentan la información relevante para cada uno de los períodos analizados. En primer lugar, y como tendencia general, cabe consignar que los partidos uruguayos presentan niveles mayores de consistencia interna que los partidos chilenos. Dada la trayectoria histórica de ambos sistemas de partidos, este hallazgo resulta interesante, en tanto de confirmarse presentaría evidencia adicional para sustanciar la tesis acerca del grado creciente de estructura ideológica que caracterizaría a la competencia partidaria en el Uruguay contemporáneo. A su vez, dicha evidencia también confirmaría la pérdida relativa de estructura ideológica del sistema en el caso chileno.

Tabla 6: Desvíos estándar de cada partido, sistema y totales, según factores extraídos en el primer período

TABLA 7: Desvíos estándar de cada partido, sistema y totales, según factores extraídos en el segundo período

En segundo lugar y en el caso uruguayo, los partidos de izquierda poseen niveles significativamente mayores de coherencia ideológica que los partidos tradicionales.

En tercer lugar en el caso chileno y en la primera legislatura, el PS y RN son los partidos que poseen mayores niveles de varianza interna. Mientras tanto, el PPD, confirmando una tendencia que también se observa en el caso del NE y que parece por tanto caracterizar a la izquierda renovada, presenta un alto nivel de consistencia interna. Lo mismo ocurre con la UDI, partido éste que se caracteriza por niveles muy altos de homogeneidad en su reclutamiento de líderes (Joignant y Navia, 2003).

Sin embargo, la segunda medición presenta algunas novedades interesantes. Por una parte y probablemente a consecuencia del crecimiento de la bancada parlamentaria generada por la expansión electoral del partido, la UDI se vuelve significativamente más heterogénea ideológicamente. Por otra parte y también tal vez como resultado de la resolución del conflicto interno generado en el debate acerca de la renovación del partido, el PS adquiere grados mucho mayores de consistencia interna. En función de estos cambios, el sistema chileno se ajusta a la pauta descripta más arriba para el caso uruguayo, en tanto los partidos de izquierda son los que tienden a presentar grados mayores de consistencia interna. Este hallazgo, concuerda con la evidencia disponible para el caso europeo (Harmel y Janda, 1982).

Finalmente, al analizar la información según factores, resulta evidente que en Chile las dimensiones competitivas focalizadas en cuestiones religiosas y valóricas y en la oposición Estado-mercado, son aquellas que presentan mayor grado de acuerdo interno. Esto da cuenta también del grado mayor de conflictividad (interna y externa) que caracteriza al clivaje democrático-autoritario en dicho país. En el caso uruguayo, todos los factores presentan niveles homogéneos en términos de las divergencias ideológicas existentes en las internas partidarias.

Algunas Conclusiones Preliminares

En términos metodológicos, este artículo se proponía testar la utilidad de construir y analizar ejes ideológicos comunes a más de un sistema de partidos, con el objetivo de establecer un análisis comparado de las estructuras ideológicas y las dinámicas de competencia partidista en función de parámetros estandarizados. Mediante este análisis preliminar, esperamos haber demostrado la utilidad potencial que dicho enfoque analítico posee.

En términos sustantivos, los resultados presentados en este artículo resultan consistentes con la hipótesis acerca del nivel relativamente alto de estructuración ideológica (al menos a nivel de elites parlamentarias) característico de ambos sistemas de partidos analizados.

A su vez, los patrones y ejes de competencia partidista descriptos en cada caso, parecerían ajustarse de forma razonable a las expectativas planteadas en este artículo, a la luz de las trayectorias de largo plazo y en virtud de los patrones transicionales de Chile y Uruguay. En términos sucintos, el sistema de partidos chileno se encuentra estructurado en torno a tres clivajes relevantes (autoritario-democrático, moral/religioso, Estado-mercado). El primero de dichos clivajes parece perder centralidad en el período analizado luego de un primer momento de hegemonía neoliberal (probablemente hasta el comienzo de la crisis económica en 1997), el sistema parece repolarizarse en el segundo período en torno a la díada Estado-mercado. De todos modos, la polarización existente respecto a este clivaje es menor que la existente en el sistema uruguayo, caso en el que el eje de competencia partidaria se encuentra prácticamente dominado por la oposición entre el FA y el resto de los partidos en torno al modelo de desarrollo.

En cuanto a los patrones de competencia partidaria, parece claro que mientras en Chile los partidos compiten hacia la centro-derecha, primero en una estructura de dos bloques (UDI-RN vs. PS-PPD-DC) y luego en una dinámica similar a la competencia entre tercios característica del período anterior a la interrupción autoritaria (PS-PPD/DC-RN/UDI), en Uruguay, la competencia se encuentra volcada hacia la centro-izquierda (particularmente en el primer período) y la familia tradicional (PC y PN) y el NE poseen perfiles ideológicos enfrentados al que caracteriza al FA.

Es interesante consignar que aunque poseen los perfiles ideológicos más opuestos, los partidos que se ubican en posiciones ideológicas significativamente distintas y relativamente extremas en los sistemas en que compiten, son aquellos que han logrado crecer electoralmente en el período reciente (la UDI en Chile y el FA en Uruguay). Ambos partidos juegan también un rol de oposición respecto al oficialismo, lo que obviamente contribuye a reforzar dicho posicionamiento, en un contexto en el cual existen brechas de expectativas significativas entre la "demanda" y la "oferta" política (Lechner, 1998).

Si bien en el primer período la presencia de bloques ideológico-partidarios transnacionales es cuestionable, en el segundo período parecería constatarse un mayor grado de confluencia que contribuye a identificar la siguiente configuración tentativa de bloques: FA-PS-PPD/PC-PN-NE-DC-RN. Mientras tanto, la UDI no encuentra contraparte en el sistema uruguayo.

El análisis diacrónico de la evidencia permite a su vez especular acerca de la dinámica de los perfiles ideológicos y de la competencia partidista en estos sistemas. Aunque se trata de sistemas relativamente institucionalizados y estructurados ideológicamente, nuestra evidencia parecería señalar un déficit de "congelamiento" en estos sistemas partidarios. A modo de ejemplo, en Chile y mientras el sistema parece volverse algo menos ideológico en cuanto a los clivajes Estado-mercado y autoritario-democrático, la UDI se vuelve menos coherente ideológicamente (al tiempo que crece electoralmente) y parece quebrarse el bloque ideológico de la Alianza por Chile, contribuyendo a generar un retorno a la estructura ideológica de tercios, aun a contramano de los incentivos introducidos por el sistema electoral. Por su parte y evolucionando en una dirección contraria, el sistema de partidos uruguayo se vuelve más ideológico a partir de la competencia entre el FA y los partidos tradicionales. En este sentido, parecería que la presencia y el crecimiento electoral de la izquierda (y al menos hasta que el FA gobierne enfrentando las limitaciones estructurales que caracterizan a los gobiernos de la región) han contribuido a tensionar el sistema, dotándolo de una estructuración ideológica que no poseía en períodos previos. Como rasgo de continuidad, los partidos tradicionales uruguayos parecerían competir no en función de vínculos ideológicos (dada su proximidad en esta dimensión) sino más bien sobre la base de tradiciones culturales, personalidades y transacciones de corte particularista con sus bases electorales.

Finalmente, en cuanto a la coherencia ideológica interna es posible plantear dos conclusiones generales. Por un lado, los partidos uruguayos presentan mayores niveles de consistencia interna respecto a las preferencias ideológicas de sus elites parlamentarias. Esto resulta consistente con la evolución de la competencia partidista recién descripta. Por otro lado y en línea con la evidencia comparada, los partidos de izquierda presentan en general, niveles mayores de estructuración ideológica que sus contrapartes de derecha.

Tres tareas pendientes resultan particularmente centrales al momento de expandir esta primera exploración empírica. Primero y en tanto nuestra exploración se basa en las opiniones de las elites partidarias, resulta necesario incorporar al análisis a las bases y votantes de cada partido. Segundo, nuestro marco analítico sólo da cuenta de la presencia o ausencia de estructura ideológica en ambos sistemas de partidos y de las eventuales características y lógicas de competencia que dicha estructura eventualmente genera. Sin embargo, también resulta interesante complementar el análisis mediante un estudio detallado (probablemente recurriendo a técnicas de corte más cualitativo) acerca de los tipos de vínculos que los partidos establecen con sus votantes, tanto en clave programática como en base a otras estrategias. Finalmente, también esperamos expandir el análisis para incorporar otros casos de interés.
 

ANEXO

FICHAS TECNICAS DE LAS ENCUESTAS DE ELITES ANALIZADAS1. Estudio: Chile (1993-1997)

Universo: Diputados del Congreso de Chile, 1993-1997.
Tamaño de la muestra:
Diseñada: 104 entrevistas (86,6% de la Cámara de Diputados).
Realizada: 93 entrevistas (77,5% de la Cámara de Diputados).
Afijación y procedimiento de muestreo:

Los diputados de los partidos políticos con representación parlamentaria se clasificaron en seis estratos (partidos), estableciéndose una afijación proporcional para la distribución de la muestra. La selección se realizó de forma aleatoria entre los diputados pertenecientes a cada uno de los estratos, no realizándose ninguna sustitución de los diputados seleccionados aleatoriamente.

Para la explotación de la información así obtenida, se aplicaron las estructuras correspondientes a un muestreo estratificado.

Ponderación: Sí procede. 

Para la explotación conjunta de la información deben aplicarse los siguientes coeficientes de ponderación:

PDC: 0,9558 PPD: 1,0568 
RN: 1,0216 PS: 0,8857
UDI: 1,1625 Otros partidos: 1,0333 

Error muestral: Para un nivel de confianza del 95,5% (dos sigmas), y P=Q, el error es de ± 5,2 para el conjunto de la muestra, de ± 8,1 para la DC, de ± 10,7 para RN, de ± 19,3 para la UDI, de ± 16,3 para el PPD y de ± 9,8 para el PS.

Cuestionario: Los cuestionarios se han aplicado mediante entrevista personal en las oficinas de la Cámara de Diputados, previa cita telefónica con el entrevistado.

Fecha de realización: Del 14 de septiembre al 18 de diciembre de 1994.

Diseño de Investigación: Equipo de Investigación sobre élites parlamentarias. Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal. Universidad de Salamanca.

Investigador responsable: Manuel Alcántara (CICYT, SEC 95-0845).

Otros investigadores y colaboradores en este estudio: Iván Llamazares, Antonia Santos, Esther del Campo, Cristina Rivas e Idoya Navarro.

2. Estudio: Chile (1997-2001)

Universo: Diputados del Congreso de Chile, 1997-2001.
Tamaño de la muestra:
Diseñada: 89 entrevistas (74,2% de la Cámara de Diputados).
Realizada: 89 entrevistas (74,2% de la Cámara de Diputados).
Afijación y procedimiento de muestreo:

Los diputados de los partidos políticos con representación parlamentaria se clasificaron en seis estratos (partidos), estableciéndose una afijación proporcional para la distribución de la muestra. La selección se realizó de forma aleatoria entre los diputados pertenecientes a cada uno de los estratos, no realizándose ninguna sustitución de los diputados seleccionados aleatoriamente.

Para la explotación de la información así obtenida, se aplicaron las estructuras correspondientes a un muestreo estratificado.

Ponderación: No procede.

Opcionalmente, para la explotación conjunta de la información pueden aplicarse los siguientes coeficientes de ponderación:

PDC: 0,9974 PPD: 0,9889
RN: 1,0034 PS: 1,0198
UDI: 1,0034 Otros partidos: 0,9889

Error muestral: Para un nivel de confianza del 95,5% (dos sigmas), y P=Q, el error es de ± 5,5 para el conjunto de la muestra, de ± 9,5 para la DC, de ± 12,7 para RN, de ± 14,9 para la UDI, de ± 19,3 para el PPD, y de ± 12,6 para el PS.

Cuestionario: Los cuestionarios se han aplicado mediante entrevista personal en las oficinas de la Cámara de Diputados, previa cita telefónica con el entrevistado.

Fecha de realización: Del 1 de abril al 31 de julio de 1998.

Diseño de Investigación: Equipo de Investigación sobre Élites Parlamentarias. Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal. Universidad de Salamanca.

Investigadores responsables: Manuel Alcántara (CICYT, SEC 95-0845).

Otros investigadores y colaboradores en este estudio: Iván Llamazares, Inés Picazo, Cristina Rivas e Idoya Navarro.

3. Estudio: Uruguay (1995-2000)

Universo: Diputados del Congreso uruguayo, 1995-2000
Tamaño de la muestra:
Diseñada: 80 entrevistas (80,81% de la Cámara).
Realizada: 73 entrevistas (73,74% de la Cámara).
Afijación y procedimiento de muestreo:

Los diputados de los partidos políticos con representación parlamentaria se clasificaron en cuatro estratos (partidos), estableciéndose una afijación proporcional para la distribución de la muestra. La selección se realizó de forma aleatoria entre los diputados pertenecientes a cada uno de los estratos, no realizándose ninguna sustitución de los diputados seleccionados aleatoriamente.

Para la explotación de la información así obtenida, se aplicaron las estructuras correspondientes a un muestreo estratificado.

Partido Nacional: 1,0390266 
Frente Amplio: 0,9143434
Nuevo Espacio: 0,9217172

Error muestral: Para un nivel de confianza del 95,5% (dos sigmas), y P=Q, el error real es de ± 6,22 para el conjunto de la muestra, de ± 12,20 para el Partido Colorado, de ± 11,76 para el Partido Nacional, de ± 8,98 para el Frente Amplio y de ± 25,82 para Nuevo Espacio.

Cuestionario: Los cuestionarios se han aplicado mediante entrevista personal en las oficinas de la Cámara, previa cita telefónica con el entrevistado.

Fecha de realización: Del 1 de agosto al 30 de septiembre de 1996.

Diseño de Investigación: Equipo de Investigación sobre Élites Parlamentarias. Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal. Universidad de Salamanca.

Investigador responsable: Manuel Alcántara (CICYT, SEC 95-0845).

Otros investigadores y colaboradores en este estudio: investigadores del CLAEH y de la UCUDAL coordinados por Pablo Mieres y María del Mar Martínez Rosón.

4. Estudio: Uruguay (2000-2005)

Universo: Diputados de la Cámara de Representantes uruguaya 2000-2005.
Tamaño de la muestra:
Diseñada: 74 entrevistas (74,74% de la Cámara).
Realizada: 68 entrevistas (68,68% de la Cámara).
Afijación y procedimiento de muestreo:

Los diputados de los partidos políticos con representación parlamentaria se clasificaron en cuatro estratos (partidos), estableciéndose una afijación proporcional para la distribución de la muestra. La selección se realizó de forma aleatoria entre los diputados pertenecientes a cada uno de los estratos, no realizándose ninguna sustitución de los diputados seleccionados aleatoriamente.

Para la explotación de la información así obtenida, se aplicaron las estructuras correspondientes a un muestreo estratificado.

Ponderación: Sí procede.

Para la explotación conjunta de la información deben aplicarse los siguientes coeficientes de ponderación:

EP/FA: 0,91582
PC: 1,07937
PN: 1,07937
NE: 0,91582

Error muestral: Para un nivel de confianza del 95,5% (dos sigmas), y P=Q, el error teórico es de ± 6,03 para el conjunto de la muestra, de ± 9,28 para EP/FA, de ± 10,05para el PC, de ± 13,48 para el PN, y de ± 35,36 para el NE.

Cuestionario: Los cuestionarios se han aplicado mediante entrevista personal en las oficinas de la Cámara, previa cita telefónica con el entrevistado.

Fecha de realización: Del 1 de marzo al 15 de julio de 2001.

Diseño de Investigación: Equipo de Investigación sobre Élites Parlamentarias. Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal. Universidad de Salamanca.

Investigador responsable: Manuel Alcántara (CICYT, SEC 95-0845).

Otros investigadores y colaboradores en este estudio: investigadores del CLAEH coordinados por Pablo Mieres, Cristina Rivas, Iván Llamazares, Borja Díaz y María del Mar Martínez Rosón.

II. Escalas Utilizadas En La Formulación De Las Preguntas

a. Díada Estado-Mercado:

ii. Grado preferido de intervención estatal en: 1. Control de precios.
2. Cubrir las necesidades básicas de todos los ciudadanos.
3. Dar trabajo a quienes deseen trabajar.
4. Dar cobertura de desempleo.
5. Garantizar una educación primaria general y gratuita.
6. Garantizar una educación secundaria general y gratuita.
7. Garantizar una educación terciaria general y gratuita.
8. Proveer de vivienda al ciudadano.
9. Proteger el medio ambiente.
10. Dar cobertura general de seguridad social.
Escala:
1=Intervención Mínima 2000 3000 5=Intervención Máxima

b. Cuestiones valóricas y religiosas:

iii. Frecuencia con que concurre a celebraciones religiosas (No disponible en el segundo período) Escala
1=Una vez por semana o más 2=Varias veces al mes  3=Irregularmente 4=Casi nunca 
5=Nunca    
iv. Grado en que justifica: 1. El divorcio.

2. El aborto.

Escala
1=Totalmente a favor 2 3=Solo en algunas circunstancias 4 5=Totalmente en contra 

c. Régimen político:

v. Grado de acuerdo expresado respecto a los siguientes argumentos: 1. La democracia es siempre preferible a cualquier otra forma de gobierno.

2. Las elecciones son siempre el mejor medio para resolver los conflictos sociales.
0 (No disponible en el primer período)

Escala
1=Muy de acuerdo 2000 000 3 4=Nada de acuerdo 

III. Resultados Detallados del Análisis Factorial y Mapas Complementarios

 

1 El anexo 2 presenta los resultados obtenidos en cada uno de los procedimientos aplicados para ambos períodos.

2 El anexo 3 presenta los resultados obtenidos en cada uno de los procedimientos aplicados para ambos períodos. Ambas matrices de correlación resultaron muy satisfactorias respecto a los supuestos necesarios para la realización de un análisis de este tipo (KMO>.8) y lograron resumir con grados razonables de parsimonia (se extrajeron 3 factores para el primer período y 4 para el segundo), alrededor de un 60% de la varianza implicada en la matriz de correlaciones original.

3 Véase Ruiz-Rodríguez (2003) por una justificación sobre la utilización de desvíos estándar para el análisis de la consistencia interna que presentan los partidos políticos.

4 El anexo 2 presenta información detallada acerca de la formulación de cada pregunta.

5 El anexo 3 ofrece también el mapa correspondiente al cruce entre el factor 2 y el 1.

6 Es interesante consignar que las opiniones acerca de la intervención estatal respecto al control de los precios de la economía, poseen peso equitativo en los dos primeros factores de esta segunda medición.

7 No obstante, es dable esperar que dado el reducido N disponible para el NE y la media obtenida por éste en el factor, también se obtendrían medias estadísticamente distintas con un número de casos levemente mayor.

8 Seguimos aquí el análisis de Ortega (2003). Véase Siavelis (1999) y Navia (2003) por una discusión detallada de los incentivos que genera el sistema electoral chileno.

9 Mientras el rango de variación (diferencia entre el puntaje correspondiente al partido más autoritario y el puntaje obtenido por el partido más democrático) en el primer período era de 1.6, se reduce en este caso a 1.2.

10 Calculado sobre la base de Rueschmeyer et al. (1992): 162. Cada año de democracia completa (full democracy) se cuenta como 1, mientras que un año de inclusión restringida como.75, un año de conflicto restringido como.5 y cada año en el que existen restricciones tanto en términos de inclusión como en términos de conflicto en el marco de un sistema democrático se cuenta como.25.

11 Filgueira (1999).

12 Siguiendo la interpretación de Kaztman (2002).

13 Interpretación basada en Rueschemeyer et al. (1992): capítulo quinto.

14 Collier y Collier (1991): 747-53.

15 Gil (1966), Valenzuela (1977), Valenzuela (1995).

16 González 1991 y Aguiar 1984.

17 Linz y Stepan (1996).

18 Mainwaring y Scully (1995). El índice fluctúa entre un mínimo de 4.5 (Perú) y un máximo de 11.5 (Uruguay y Chile).

19 Mainwaring y Scully (1995). El índice fluctúa entre un mínimo de 10.3 (Costa Rica) y un máximo de 47.3 (Perú).

20 Navia (2003).

21 Morgenstern (2001).

22 Zechmeister (forthcoming). El índice fluctúa entre un mínimo de 1.2 (Costa Rica) y un máximo de 3.86 (Chile).

23 Cálculo realizado por Kitschelt et al. (forthcoming) en base a Zechmeister (2001).

24 Kitschelt et al. (forthcoming).

25 Porcentaje de la población económicamente activa que se encuentra sindicalizada. Roberts (1999): apéndice.

26 Roberts (1999): apéndice.

27 Morley et al. (1999).

28 Interpretación propia en base a las siguientes fuentes: Argentina-Chile (Garretón 1989; Drake y Jaksic 1999; Moulián 1997), Uruguay (Filgueira y Papadópulus 1997; Filgueira y Moráes 1999).

29 Idem anterior.

30 Véase Filgueira y Luna (2003) por una explicación de este proceso y de las lógicas de formulación de políticas públicas asociadas al mismo.

31 Idem anterior.

32 Garretón 1997; Fuentes 1999.

33 González 1991; Filgueira y Papadópulus 1996.

34 Siavelis (1999). Es preciso aclarar que Siavelis reconoce que este no es un rasgo estructural, sino coyuntural de la actual política chilena.

35 Impresiones del autor a partir de la evidencia que se presenta en este trabajo.

36 Kaztman (2002).

37 World Bank (2001): apéndice.

38 Roberts (2002).

39 Roberts (2002).

40 Kaztman (2002) en base a información de CEPAL (2000).

41 Kaztman (2002) en base a información de CEPAL (2001).

42 Kaztman (2002) en base a información de CEPAL (2001).

43 Calculado en base a Kaztman (2002): 46-8.

44 Kaztman et al. 2002.

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Manuel Alcántara Saéz es catedrático de Ciencia Política y de la Administración desde 1993 y dirige el Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal de la Universidad de Salamanca, donde dirige la Maestría de Estudios Latinoamericanos. Es Co-editor de la revista América Latina Hoy, y autor de varios libros, entre ellos Sistemas Políticos de América Latina (Tecnos: Madrid, 1999) y Gobernabilidad, crisis y cambio (FCE: México, 1995). Su libro más reciente se titula ¿Instituciones o máquinas ideológicas? Origen, programa y organización de los partidos políticos latinoamericanos (ICPS: Barcelona, 2004). E-mail: malcantara@usal.es)

Juan Pablo Luna es candidato doctoral en ciencia política en la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, y posee una maestría por la misma universidad. Actualmente se encuentra redactando su tesis doctoral acerca de la calidad de representación política en Chile y Uruguay, tanto a nivel agregado (issue-congruence a nivel sistémico), como distrital (tipo de vínculo existente entre partidos y electores en una muestra pareada de catorce distritos electorales que representan combinaciones específicas en términos de su configuración socio-económica y sus niveles de competitividad electoral).
(E-mail: juanluna@email.unce.edu)