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Estudios pedagógicos (Valdivia)

versión On-line ISSN 0718-0705

Estud. pedagóg.  n.23 Valdivia  1997

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-07051997000100008 

 

Estudios Pedagógicos, Nº 23, 1997, pp. 81-82

RESEÑAS

LAWRENCE E. SHAPIRO. La inteligencia emocional en los niños

 

Buenos Aires, Argentina, Javier Vergara (editor), 305 págs., 1997 (Gloria Mulsow).


 

El texto en referencia resulta atingente a las realidades actuales de la educación, del proceso de aprendizaje y desarrollo humano, en tanto apunta la importancia creciente que ha adquirido la inteligencia emocional para la comprensión del comportamiento de la persona. Las ideas desarrolladas por el autor aparecen estructuradas en siete capítulos precedidos de una introducción: las emociones morales, las capacidades de pensamiento del coeficiente emocional, la capacidad de resolver problemas, las capacidades sociales, la automotivación y las capacidades de realización, el poder de las emociones y, finalmente, los computadores y el C.E.: una combinación sorprendentemente buena.

El texto, sin pretender entregar nuevos descubrimientos en materia de psicología infantil, tiene el mérito de poner el acento en un aspecto que, por evidente, suele obviarse: los niños y niñas no siempre desarrollan en forma espontánea las cualidades emocionales y las capacidades sociales que los convertirán mañana en adultos responsables, apreciados y felices. Por ello se enfatiza la importancia de la guía educativa de madres, padres, profesoras y profesores.

A través de este libro Shapiro insiste en que al abocarnos a educar niños y niñas emocionalmente inteligentes no se está haciendo otra cosa que cambiar la química de sus cerebros, puesto que nuestras capacidades pensantes y emocionales están relacionadas con la cantidad y calidad de las conexiones neuronales. El autor hace referencia a las estructuras neurológicas y su funcionamiento proporcionando las bases biológicas que permitan una mejor comprensión de la memoria emocional, aunque el énfasis de su obra evidentemente no está dedicado a este aspecto, sino a las condiciones ambientales y personales que facilitan el desarrollo emocional.
De la misma forma en que la educación se ha ocupado de los aspectos cognitivos en niños y niñas es imprescindible que contribuya a desarrollar en ellos las cualidades básicas de la inteligencia emocional para acceder a un coeficiente emocional (C.E.) que les permita enfrentar a una sociedad cada vez más competitiva y menos afectiva, con las consecuencias sociales de intolerancia, incomunicación y descalificación que afectan a las relaciones interpersonales y hacen cada día más difícil la convivencia humana.

Shapiro plantea once cualidades de la inteligencia emocional: capacidad de empatía, expresión y comprensión de sentimientos, autocontrol, independencia, capacidad de adaptación, simpatía, capacidad de resolver problemas en conjunto con otros, persistencia, cordialidad, amabilidad y respeto.

Sin embargo, nuestra sociedad ayuda poco o nada al respecto. Shapiro alude que la máxima de Thomas Edison: “el genio es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración”, poco dice a las generaciones actuales que lo reciben todo dado, tanto en el hogar como en la escuela. Pocos niños y niñas tienen la posibilidad de percibir la relación causa-fecto entre el trabajo duro y el éxito. A esto se suma un sistema escolar competitivo con tanto énfasis en el éxito que, especialmente, en la etapa de la adolescencia, son muchos los que desarrollan un paralizante temor al fracaso.

El texto presenta estrategias fáciles de aplicar, tales como juegos, relatos, ejercicios y cuentos, que pueden guiar el descubrimiento y la satisfacción de necesidades de los niños y niñas para el logro de su desarrollo emocional que incluya: una actitud optimista y de confianza frente a la realidad, capacidad de superar frustraciones y mantener esfuerzos ante el fracaso, de enfrentar dificultades y resolver problemas incrementando la confianza en sus propias capacidades, de afrontar el estrés y formar hábitos de estudio, así como la automotivación y persistencia que permitan alcanzar la autodisciplina.

Shapiro alienta el uso del computador como herramienta privilegiada para desarrollar la inteligencia emocional. Recomienda los software interactivos y los juegos con valor educativo. Aconseja que los padres, madres y educadores aprovechen la ocasión para compartir con los niños y niñas, estableciendo una relación de guía y acompañante en esta interesante y emocionante acción de búsqueda.

El aporte más relevante del libro está en motivar la reflexión acerca de las ventajas de desarrollar la inteligencia emocional en los niños y niñas, a la vez que puede servir de ayuda, a nivel de aula, para vertebrar los objetivos fundamentales transversales referidos al desarrollo personal con los contenidos mínimos obligatorios y para tomar conciencia sobre la importancia de un mundo afectivo personal que facilite el adecuado desarrollo emocional, tanto a nivel familiar como escolar, que le permita al niño y niña ser felices y tener éxito.

 

Universidad Austral de Chile
Facultad de Filosofía y Humanidades
Instituto de Filosofía y Estudios Educacionales
Casilla 567, Valdivia, Chile