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Atenea (Concepción)

versão On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  no.514 Concepción dez. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622016000200227 

ARTICULOS

EL SISTEMA DE PANÓPTICOS DE DANIEL BARROS GREZ. LITERATURA NACIONAL Y RÉGIMEN PENITENCIARIO EN CHILE EN EL UMBRAL DEL SIGLO XX

DANIEL BARROS GREZ'S PANOPTIC SYSTEM. NATIONAL LITERATURE AND PENITENTIARY REGIME IN CHILE AT THE TURN OF THE 20TH CENTURY

MARÍA TERESA AEDO FUENTES1 

1 Dra. en Literatura Latinoamericana. Profesora de la Facultad de Humanidades y Arte, Universidad de Concepción. Concepción, Chile. Correo electrónico: maaedo@udec.cl

RESUMEN

El artículo se enmarca en una indagación sobre la relación entre novela y panoptismo, discurso literario y discurso disciplinario, como rasgos que definirán a la literatura y la sociedad modernas en chile. Propone un análisis de un ensayo del reconocido escritor Daniel Barros Grez, titulado "Utilización de los delincuentes i criminales" escrito en 1898, en que el autor retoma el debate inaugurado en las primeras décadas del siglo por eminentes fundadores de la nación, para insistir y profundizar en el modelo panóptico como la estructura y la lógica de vigilancia más adecuada para la "domesticación hu mana" en Chile.

Palabras clave: Daniel Barros Grez; novela chilena siglo XIX; criminalidad; panoptismo; disciplinamiento

ABSTRACT

This article is framed within research on the relationship between novel and panopti-cism, literary discourse, and disciplinary discourse as features that would define mod ern Chilean literature and society. It proposes the analysis of an essay by renown writer Daniel Barros Grez, entitled "Utilización de los delincuentes y criminales" (Use of de linquents and criminals) written in 1898, where he resumes the debate started during the first decades of the 1800s by eminent founders of the nation in order to insist and deepen the panoptic model as the most adequate surveillance structure and logic for "human domestication" in Chile.

Keywords: Daniel Barros Grez; Chilean novel; 19th century; criminality; panopticism; discipling

La numerosa construcción material de cárceles panópticos en toda América Latina durante el siglo XIX advierte sobre la profundidad y alcances de la incorporación del modelo panóptico de poder para construir tanto los espacios arquitectónicos como los espacios discursivos, sociales y subjetivos de las modernas repúblicas emergentes en nuestro continente.

Como hemos demostrado en un trabajo anterior , en Chile la literatu ra y la penitenciaría-panóptico se concibieron desde sus comienzos como instituciones fundamentales de la nación y del orden republicano. En este marco, la presente investigación se propone analizar un texto de Daniel Ba rros Grez, escrito en 1898 -momento de cierre del siglo XIX y apertura del siglo XX-, en que el autor insiste y profundiza en el modelo panóptico como la estructura y la lógica de vigilancia más adecuadas para la "Utilización de los delincuentes y criminales" y la "domesticación humana" en Chile (Ba rros Grez, 1898, en León 1996). Este proyecto de Barros Grez se constituye en contraparte simétrica de las propuestas iniciales de los fundadores de la nación (O'Higgins, Bello, Lastarria), que a comienzos del siglo promovieron también la construcción de cárceles panópticos, debate que encuentra su expresión literaria en las novelas fundacionales de Manuel Bilbao.

Como parte de la construcción de sistemas de demarcación y transgre sión social (Foucault, 1996), junto a un amplio corpus discursivo integrado por ensayos, estudios jurídicos y análisis técnicos, se desarrollará a lo largo del siglo XIX una abundante producción y circulación de textos literarios -relatos y novelas de bandidos- que contribuirán a la construcción de la figura del delincuente, predominantemente como el enemigo interno de la sociedad . En conjunto, estos discursos trazarán los límites entre lo prohibido y lo permitido, los espacios de inclusión, exclusión y reclusión, como categorías necesarias para instaurar el orden social y político de la nación moderna.

DANIEL BARROS GREZ (1834-1904)

Aunque es más ampliamente conocido como dramaturgo, al punto de ser considerado como uno de los fundadores del teatro chileno, Daniel Barros Grez fue también poeta, narrador, ensayista, fabulista y filólogo, además de ejercer su profesión de ingeniero y académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

Como dramaturgo, cultivó especialmente la comedia humorística y de costumbres en las que expresa una aguda crítica a la sociedad de la segun da mitad del siglo XIX con una intención didáctica y moralizante, así por ejemplo, en su más conocida obra, Como en Santiago, satiriza el arribismo y el afán imitador de la vida capitalina en una familia provinciana.

Como ingeniero, entre sus trabajos más conocidos se cuentan la direc ción de la construcción de edificios públicos en Santiago y Curicó, la in vención de un innovador sistema de regadío, el diseño de un Matadero moderno para Santiago y el proyecto de una Penitenciaría modelo para el país, proyecto en el que nos detendremos en el presente trabajo.

Ambas facetas convergen en una visión de la sociedad chilena moderna que el autor ha expresado tanto en su obra de ficción como en sus textos políticos y ensayísticos. Junto con destacar el realismo de su obra, el crítico literario Cedomil Goic anota que:

El nuevo costumbrismo tendrá una vis satírica a veces sangrienta en su crítica, que será impulsada por la entonces novedosa noción positivista, comtiana, del 'progreso'. Expresamente decía Barros Grez que su obra literaria tendía en parte "a corregir los vicios y costumbres que impiden la pronta consolidación del régimen republicano" (1954).

Como espero mostrar en lo que sigue, la fe en la idea de progreso y en la función didáctica y correctiva de la literatura tienen como base su adhesión al principio fundamental del orden, orden social y moral que requerirá la educación y el disciplinamiento del pueblo. A la vez, progreso, ley y orden republicano serán también los principios que fundamentan su propuesta de un complejo penitenciario modelo para Chile, que llevará el concepto básico del panóptico a su máxima realización.

LOS DELINCUENTES Y CRIMINALES DE DANIEL BARROS GREZ

Como se sabe, a fines del siglo XIX y comienzos del XX se produce en Chile un amplio debate sobre los nuevos problemas sociales y políticos derivados del avance de los procesos de modernización e industrialización del país.

Javier Pinedo (2011) observa que, a pesar de la estabilización política y desarrollo económico alcanzado en el siglo antepasado,

Desde finales del siglo XIX, en cambio, surge una serie de pensadores que mostraban un conjunto de problemas sociales, económicos y políticos, percibidos como una muy profunda "crisis" social. Esos pensadores, denominados "aguafiestas", han pasado a la historia por sus denuncias de las divisiones sociales, de un sistema parlamentario ineficaz, de los graves problemas en materia de educación y sobre todo, de la presencia de una pobreza que no se condescendía con los afanes de moderniza ción, a los que aspiraba un país con enormes fortunas individuales (p. 31).

Como antecedentes de dicho debate, cabe mencionar a Augusto Orrego Luco, quien publicó en 1887 La cuestión social, donde describía la pobreza y vulnerabilidad en que vivían las familias campesinas que emigraban a las ciudades en busca de mejores condiciones laborales. Pinedo anota también como antecedentes a Arturo Alessandri, quien en 1893 publicó Habitacio nes obreras; a Valentín Letelier, con Los pobres en 1896; a Juan Enrique Con cha y su tesis Cuestiones obreras de 1899.

Una arista que podemos relacionar con el diagnóstico de crisis social es lo que se considera un elevado y ascendente índice de delincuencia y cri minalidad. A todo lo largo del siglo XIX se había venido discutiendo cómo manejar y resolver este problema, atribuido mayoritariamente a la igno rancia e inclinaciones antisociales de individuos y grupos, a las deficiencias del sistema jurídico y a la insuficiente vigilancia policial, sobre todo en las zonas rurales, dado que los principales delitos eran los asaltos y el abigeato. Las soluciones propuestas convergían en la necesidad de fortalecer los cuer pos policiales y los sistemas legales, mejorar la oportunidad y efectividad de la acción judicial, invertir en infraestructura carcelaria y programas de rehabilitación del delincuente.

Al respecto, en 1902 Daniel Barros Grez lamenta en su ensayo A los hombres de buena voluntad. I mui especialmente al excelentísimo Sr. Presidente de la República Don Jerman Riesco , que la agricultura, "esta madre de las industrias i de todo progreso social" (Barros Grez, 1902, p. 16) no pueda prosperar debido a los numerosos asaltos de cuatreros y forajidos, situación aún más de lamentar dado que pronto se enteraría el primer siglo de vida republicana.

Particularmente proclives al delito son los "pililos propiamente dichos, esos jornaleros nómades, sin asiento fijo, i miles de ellos sin hogar, que es casi como decir sin patria. He ahí semilleros de ladrones i de enemigos de una sociedad que los considera como verdaderos parias" (p. 25). En esta sospecha radical y prejuiciada sobre la población no arraigada, no ubicable en un trabajo y espacio fijo coincide Barros Grez con los intelectuales y políticos de la época . En el análisis de Michel Foucault es una condición social que es preciso sujetar mediante nuevas técnicas de vigilancia y con trol, sobre la base de una codificación de los nuevos ilegalismos (Foucault, 1996).

Barros Grez pone énfasis en que los gobiernos deben favorecer el desa rrollo de la industria nacional, junto con la minería y el comercio, a fin de apoyar el progreso del país. Para ello deben actuar prontamente

tomando medidas que garanticen la seguridad personal i de la propie dad en los campos; tratando de establecer relaciones mas equitativas entre los propietarios i sus inquilinos; mejorando mas i mas la viabili dad pública; favoreciendo toda industria que pueda medrar en Chile; velando por la recta administración de justicia, sin lo cual no hai repú blica posible; dando mas i mas impulso al desarrollo de la instrucción pública; prestando sólido apoyo a toda institución, i aun a los anhelos individuales que tiendan a mejorar las costumbres, i a depurar a la so ciedad de los vicios que la infectan, i tratando de domesticar siquiera, a esas bandadas de jornaleros nómades que recorren las provincias, con el fin ostensible de buscar trabajo, pero también con miles [de] fines ocul tos, que son otras tantas asechanzas contra la propiedad, i aun contra la vida de las jentes honradas i pacíficas (pp. 25-26).

Como puede apreciarse, el fortalecimiento o consolidación de los pro cesos de institucionalización de los organismos estatales se propone como una condición indispensable para la regulación social; y si bien el autor habla desde la provincia, esa institucionalización la piensa centralizada y tendiente al empadronamiento y arraigo de los habitantes para su mejor control e incorporación a las actividades laborales requeridas por el pro greso industrial. No podemos dejar de destacar el término "domesticación" con el que el autor se refiere a estos procesos de normalización.

"UTILIZACIÓN DE LOS DELINCUENTES Y CRIMINALES" (1898)

Daniel Barros Grez se preocupó, en más de una ocasión, de la delincuen cia y la criminalidad, a las que calificaba de "gangrenosa epidemia", "cáncer social" (Barros Grez, 1902, p. 30) y que incluyó frecuentemente como tema o episodios menores en sus obras narrativas, entre ellas Pipiolos y peluco-nes (1876), El huérfano (1881), Las maravillosas aventuras de Cuatro Remos (1884). El trabajo en que nos concentramos en esta oportunidad, Utiliza ción de los delincuentes i criminales, es una carta dirigida el 13 de mayo de 1898 al político y escritor Carlos Walker Martínez, que en esa fecha ejercía el cargo de ministro del Interior. La carta constituye un extracto de un es tudio mucho más amplio que, según describe el mismo Barros Grez en A los hombres de buena voluntad (1902), estaba escrito a dos columnas y se componía de la relación de

una serie de hechos, por orden cronolójico, de la crónica criminal de los periódicos que han llegado a mis manos, en el último cuarto del siglo pasado. En la otra columna están anotadas las observaciones referentes a dichos hechos, con el fin de deducir la mejor manera de estirpar en lo posible la criminalidad en Chile, concluyendo por describir i mostrar los medios cómo se podría llegar a construir una penitenciaria que sir viera a los criminales de escuela de aprendizaje industrial i de regenera ción moral. Pero, al echar la vista sobre mi trabajo, cuando estaba para concluirse, me causó tal repugnancia, mezclada de patriótica vergüenza, que desistí de la idea de publicarlo, contentándome con dar a luz la carta aludida, que está mui lejos de decirlo todo (p. 33).

Por su parte, la carta-síntesis se proponía demostrar que

para combatir la criminalidad con esperanzas de éxito, i sacar partido, al mismo tiempo, de la intelijencia i de las fuerzas de los detenidos, mejorando su condición i moralizándolos, necesitamos reunirlos a todos en una penitenciaría modelo, de la que allí hablo detenidamente. En ese lijero estudio he tratado de demostrar la ineficacia de nuestro actual sistema de prisiones, que, en jeneral, lejos de morijerar al preso, sirven para corromper mas a los principiantes... (p. 32. Destacado del autor).

Como leemos en el cierre del texto de 1902, la reclusión es para Barros Grez la medida más importante, pues la profesionalización policial resulta insuficiente por sí sola:

el único remedio radical es la combinación de una policia general en todo el pais, con una sola i única penitenciaría, que recibiendo los reos enviados por todas las prisiones secundarias de provincia, los entregue con un oficio i morijerados, según el sistema i espuesto en mi anterior opúsculo: Utilización de los delincuentes i criminales. Mientras no haga mos esto, nuestra agricultura no saldrá del estado precario en que hoi vejeta... (p. 331).

Lo que motiva su carta al ministro Walker Martínez es su preocupación ante la "desmoralización social" que percibe en la sociedad chilena y a la que contribuyen las cárceles de entonces, destinadas sólo a la reclusión, sin programas de rehabilitación de los reos; crítica en la que incluye a la peni tenciaría de Santiago, pues, en su opinión profesional, esta no había sido bien construida, debido a que no se había logrado edificar como un verda dero panóptico . En lugar de ser instituciones de re-educación moral, para evitar la reincidencia, la opinión común es que las cárceles chilenas son más bien escuelas del delito.

En el discurso de Barros Grez se despliega todo un sistema de figuración o representación del delincuente y de la criminalidad, que se pone también en funcionamiento en las obras literarias del período, de modo que se re fuerza un determinado imaginario, una determinada visión, no sólo de la delincuencia, sino también de la sociedad moderna y de la república que se desea construir.

Un pilar básico de este sistema de representaciones es la contraposición entre naturaleza y cultura, de la que derivan muchas otras figuraciones. Se asocia criminalidad con descontrol de "instintos feroces", con espíritu maleado, envilecido; contraproducentemente, un pueblo salvaje castiga con crueldad, persiguiendo el sufrimiento del reo y la venganza -con lo que sólo desarrolla el odio del penado-, pero una sociedad culta y un sis tema penitenciario moderno apuntan al espíritu del criminal, utilizando mecanismos para "elevar el espíritu" y "suavizar el carácter". Tal objetivo de "traer al buen camino al espíritu extraviado" (p. 267) se consigue con el trabajo y la enseñanza asociados al placer y no al martirio ni al mero lucro. Ese "buen camino" es, por cierto, "el camino del orden, la domesticación del hombre bravío" (p. 267). Como podemos notar, orden y domesticación son dos conceptos recurrentes en el discurso de Barros Grez y evidencian, sin duda, una perspectiva disciplinaria de la sociedad.

Esta idea se refuerza y amplía con el despliegue de un segundo sistema básico y reiterado de representaciones sobre la criminalidad, que la asocia con la enfermedad: esta "asquerosa enfermedad del espíritu" permite com parar a los criminales con "los enfermos de ciertos achaques contagiosos", cuya contaminación la sociedad debe prevenir y sanar. Para lograrlo, debe encerrar, aislar y aplicar castigos que sean correctivos, pero la corrección de los criminales debe ser humanitaria y cristiana para "cumplir con el gran objetivo político, social i religioso, al mismo tiempo que toda sociedad cris tiana debe tener en mira de curarse a sí misma de la gangrena criminal que la corroe" (p. 267). Cárcel y hospital son, así, comparables, ambas institu ciones tienen objetivos semejantes, orientados a una suerte de higienización de ciertos sujetos, y ambas existen para evitar daños derivados de una nefasta promiscuidad "tan contraria al buen orden i la disciplina" (p. 267).

Para mayor explicitación, escribe Barros Grez:

He aqui por qué decia que toda cárcel es algo como un hospital desti nado a curar las enfermedades del alma, i en el cual debe atenderse a la higiene del espíritu, así como en los verdaderos hospitales se atiende a la higiene del cuerpo. De otro modo, la cárcel será un lugar de infección moral, i estará muy lejos de cumplir con los dos grandes fines de curar o reformar a los culpables, preservándolos de futuras recaidas (p. 268).

Así pues, educación, policía, hospital y cárcel concurren al "gran objeti vo político, social y religioso" de la salud material y espiritual de los habitantes de la república; sin embargo, ese objetivo es medio para un objetivo aun mayor que es el progreso y la prosperidad económica, vinculada a la modernización e industrialización del país.

Como veremos más adelante, se planteará también una función disci plinaria para la literatura nacional, cuanto más notable que los mismos escritores pertenecen también a los grupos que dirigen económica y polí ticamente a la sociedad chilena, como parte de la oligarquía y desde cargos de representación parlamentaria. De este modo, suelen ser tanto sujetos de discurso literario como sujetos de discurso político y legislativo. El mismo Daniel Barros Grez fue elegido diputado suplente por Curicó para el perio do 1861-1864.

LA PRISIÓN MODELO QUE DEBERÍA SER CONSTRUIDA POR "LOS VERDADEROS PATRIOTAS"

En demostración de que son "verdaderos patriotas", los gobernantes chile nos no deberían escatimar recursos para defenderse contra el "gran enemi go interior, que se llama vicio, crimen, ataque contra la propiedad, desmo ralización pública, desconocimiento de la lei, desprecio de los mas santos principios, perturbación del orden público, i eterno estorbo de la marcha de la nacion hacia sus altos destinos" (Barros Grez, 1898, p. 269).

Debe erigirse, por lo tanto, la cárcel modelo que nuestro país necesita para cumplir con "su verdadero fin social" (p. 268); una que cuente

con todas las condiciones de seguridad, capacidad i buena distribución interior exijidas por la constante vijilancia, la saludable energía i pron titud en los castigos, exentos de toda crueldad innecesaria; la facilidad del servicio, la enseñanza de diversos oficios i el buen orden que alli debe reinar [...] prisiones perfeccionadas, remedio de los vicios, morijeradoras de los criminales, humanizadoras y educadoras del pueblo, reformadoras de las malas costumbres i constantes mantenedoras del orden público (p. 268).

Esa prisión modelo es, según Barros Grez, una única gran penitenciaría central, ubicada incluso geográficamente en un lugar al centro del país -en las cercanías de Chillán-, que por ser única ahorrará gastos y simplificará su administración, y asegurará "unidad de medios, de modos de obrar y de fines" (p. 265), a fin de hacerla más manejable de la gran diversidad de prisioneros y heterogeneidad de procedimientos utilizados hasta entonces en las diferentes prisiones. Principio y deseo de homogeneidad que es total mente compatible con el de centralización y orden.

La propuesta concreta de Daniel Barros Grez, de la que adjunta incluso un croquis para su mejor comprensión y difusión, es el diseño de un gran sistema de panópticos, esto es, tres panópticos concéntricos construidos en un extenso terreno de 250 a 300 cuadras, esto es, 422 a 510 hectáreas o 4,22 5,1 kilómetros cuadrados . En el centro de este terreno se construiría un edificio poligonal desde cuyo centro, a su vez, se

irradian nueve galerias de celdas hácia los vértices. Las prisiones así dispuestas (llamadas panópticos, porque desde un solo punto de vista central, se las puede vijilar fácil, cómoda i prontamente) presentan ina preciables ventajas de seguridad y orden en el servicio. En el centro a se eleva una torrecilla redonda, que sirve de observatorio general; i desde alli pueden vijilarse constantemente, i solo con dar unos pocos pasos, todas las puertas de las celdas, los guardianes de los corredores inte riores de las galerias, los patios triangulares en donde se instalarán los talleres, etc. Para ello, bastan pequeñas torneras abiertas en los muros de la torre central. El último piso de la torre central, a, será bastante elevado para esta blecer alli un vijia, que ausiliado de un buen anteojo, pueda ver lo que pasa hasta en los sitios mas retirados del Establecimiento (271-272).

El muro de circunvalación de este "panóptico central" contiene garitas de vigilancia comunicadas entre sí por un camino sobre el muro, que per mite "andar por allí a los soldados sin ser vistos, i hacer fuego, en caso nece sario, ya hácia adentro, ya hácia afuera del panóptico central" (p. 272), que se encuentra en todo momento bajo la vigilancia de la torre central. Este muro va acompañado por un camino de comunicación con el eje central y

se halla rodeado de un edificio poligonal concéntrico con el muro del panóptico interior, i forma parte de cuatro prisiones de segundo orden [...] cada uno de estos departamentos es un panóptico, cuyo punto de observación se halla donde concurren los cuatro cañones de edificios (o de celdas) de que se compone (p. 272).

Un nuevo muro y camino de circunvalación separa estos dos panóp ticos de otro más "de tercer orden [...] Estos son los ocho departamentos [...] dispuestos también sobre un polígono concéntrico con los anteriores" (p. 272). Demás está decir que los muros de separación entre panópticos son "sólidos muros de cal y ladrillos" (p. 272). Los reos y los abastecimien tos ingresan al centro de este sistema de panópticos por ferrocarril y son distribuidos luego en el nivel que corresponda mediante un ascensor que comunica todos los pisos entre sí; este ferrocarril "de entrada" enlaza en el exterior con el ferrocarril del sur que conecta con el resto del país. A su vez, en paralelo con los caminos de circunvalación, existe una doble vía ferroviaria que ampalma con el ferrocarril de entrada para facilitar la distribu ción interna de productos en el extenso espacio que ocupan los panópticos. Se proyecta así una verdadera ciudadela penitenciaria de alta seguridad.

En total, la capacidad de este sistema de panópticos es de 2.984 celdas, ampliable, de las cuales 504 corresponden al panóptico central, 1.200 al segundo y 1.280 al tercer panóptico.

Este diseño, que lleva el panoptismo a su máxima expresión, no obedece sólo a razones de seguridad, sino que es funcional también al sistema de "clasificacion i separacion de presos exijidas por el buen orden" (p. 273) y al sistema de premios y castigos que se aplicará a los reclusos, de modo que en el panóptico central quedarían encerrados los presos de más alta peli grosidad y condenados a cadena perpetua, además de los temporalmente aislados y, probablemente, los reincidentes contumaces; en el panóptico de segundo orden se alojarían los criminales condenados a menor tiempo; y en el de tercer orden se albergarían los simples delincuentes, destinando uno o dos patios a los delincuentes jóvenes y de menor edad. En los tres panópticos hay patios y talleres para trabajo, en aislamiento o colectivos, que forman parte de un programa de rehabilitación y de incentivos, pues el fruto de los productos comercializados en ellos se depositaría en una cuenta personal y se le entregaría a cada presidiario cuando haya termi nado su condena, para que pueda iniciar en el exterior una vida normal -normalizada- y sustentada en el trabajo. Así como vayan mostrando bue na conducta, los presos encerrados en el panóptico central podrán hacerse merecedores de una celda en el panóptico externo siguiente, que tiene más espacio y más libertad de desplazamientos y, desde éste, podrá premiársele sacándolo hacia el panóptico de tercer orden, mucho más amplio y que incluso tiene pequeños terrenos de huertas que los presos pueden cultivar en exclusiva para su provecho personal, aumentando el capital que pueden ir ahorrando para el momento de dejar la prisión. Del mismo modo y a la inversa, existe la posibilidad de castigar los malos comportamientos, ha ciendo pasar a los reos desde los panópticos externos hacia los interiores, donde las condiciones de vida son cada vez más estrictas, las posibilidades de trabajo más restringidas y los espacios más estrechos y aislados.

Luego de describir el plano y funcionamiento del sistema de panópticos propuesto, Barros Grez pasa a desarrollar una larga lista de 17 grandes ven tajas de esta prisión modelo, derivadas la mayoría de la facilidad y eficiencia administrativa de una prisión única, centralizada, así como del ahorro de tiempo y dinero que significaría, lo que incluye un mejor aprovechamiento o "utilización" de las habilidades y fuerza laboral de los reclusos, con la que se puede contar incluso para construir el mismo edificio. Como una ventaja administrativa importante, Barros Grez menciona lo expedito, detallado y exacto que resultaría llevar el registro estadístico de la criminalidad. Junto con ello, sería posible instalar una moderna oficina de filiación antropo métrica siguiendo el nuevo sistema implementado por Alphonse Bertillon, para identificar con certeza a los criminales, estudiar sus tendencias delictuales y registrar sus reincidencias . Se facilitaría también la educación mo ral e intelectual de los presos y su instrucción religiosa, que se consideraba tan importante en la época, por lo que muchos atribuían el aumento de la criminalidad al abandono de la enseñanza religiosa en la educación formal. Propone, asimismo, que la instrucción primaria sea obligatoria en este es tablecimiento penal, al punto que se condicione la libertad de los presos aun luego de haber cumplido su condena, a saber leer, escribir y realizar las cuatro operaciones matemáticas básicas, pues también se considera que una de las principales causas de la delincuencia es la ignorancia.

Una sugerencia que llama la atención en la propuesta de Barros Grez, aunque resulta totalmente coherente como práctica disciplinaria, es su idea de "rejimentar militarmente" a los encarcelados, pues en su opinión la "mi litarización de los presos" (p. 278) -con excepción de los recluidos en el panóptico central-, asignándoles grados y jerarquías pondría un dique de contención a los "espíritus díscolos", en la convicción que "una disciplina estricta enjendra siempre hábitos de órden" (p. 278). Advierte, eso sí, que la dificultad que entraña la disciplina militar es que funciona según un enér gico sistema de sanciones para lograr el indispensable respeto a la reglas, lo que podría resultar contraproducente aplicado a reos que tienden a sentir su prisión como una venganza de parte de la sociedad y pudiera fomentar su odio a la misma. Para controlar y moderar este riesgo, habrá que poner el máximo esfuerzo en hacerle comprender a cada uno que

esa sociedad que él mira de reojo, es mejor que él, mas humana i mas benigna que él, i que, si le ha quitado su libertad, es solo en defensa del derecho, i con el fin de defenderlo a él mismo de sus malas pasiones, [...] Por mas recalcitrante que sea el espiritu de los criminales, pocos seran los que, tarde o temprano, no sientan despertarse en ellos los sen timientos de justicia, de órden, de bien parecer i de sociabilidad, desde que comprendan el paternal interes que la sociedad toma por su rejeneracion (p. 279).

Más allá de que en estas afirmaciones se desatiende completamente las causas sociales, políticas y económicas de la criminalidad, que el mismo Barros Grez menciona en A los hombres de buena voluntad , estas afirmaciones aluden al objetivo final de interiorización de la norma que se pretende lograr con las tecnologías de vigilancia y reeducación.

Aquí es donde cobra toda su importancia y sentido el sistema de estímu los dado por el reconocimiento de los cambios positivos de conducta -es decir, de docilidad a las normas y dedicación al trabajo-, que le permitiría a los presos pasar "de panóptico en panóptico" (p. 279), desde el interior al exterior, dando ejemplo saludable para el espíritu de todos por el trato más blando y humano que irían recibiendo cada vez o, por el contrario, ejem plificando la sanción inhibidora de conductas desordenadas o turbulentas cuando el paso es desde los exteriores al panóptico central. Además, el autor asegura que un sistema como el que propone combatirá el pesimismo po pular, pues los presos comprobarán los beneficios del trabajo y la vida útil y ordenada; la sociedad, por su parte, combatirá radicalmente los daños causados por la ociosidad de "jentes que por no trabajar, se han convertido en eternos enemigos de la propiedad i del órden público" (p. 281).

LITERATURA, DISCIPLINA Y SOCIEDAD EN DANIEL BARROS GREZ

En varias ocasiones Barros Grez explicitó su manera de comprender la lite ratura y su función en la sociedad. En el marco de un concepto de literatura como Bellas Letras, le concede una función didáctica y orientadora de los procesos sociales e históricos. Se trataría de una función trascendente, una "misión" sagrada a la que profesa una profunda fe como elemento civiliza dor, como factor de progreso y de elevación del espíritu, a la vez que como expresión de la sociedad y modeladora de las inquietudes colectivas.

Así, por ejemplo, en su "Advertencia preliminar" a su novela Pipiolos y Pelucones. Tradiciones de ahora cuarenta años de 1876, Barros Grez expresa:

Estoi íntimamente convencido, no diré de la utilidad de las Bellas Le tras, sino aun mas, de la necesidad que todo pueblo tiene de cultivar su literatura; pues de otro modo, no adquirirá jamas la independencia de espíritu que ha menester para adelantar por sí mismo en el camino de la civilización. [...] Los esfuerzos hechos por la industria i el arte son poderosísimos ejemplos que, presentados oportuna i convenientemente ante los ojos del pueblo, por la literatura, lo incitan a imitar lo que es bueno [...] Yo no concibo otro elemento mas eficaz para desarrollar aquellos sentimientos, que una literatura propia, fundada en la naturaleza de las cosas; que ilustre i eleve el espiritu del pueblo, creando en su alma la necesidad de pensar; que pinte sus goces i sufrimientos; que trasluzca sus justas aspiraciones, i que retrate sus costumbres i su manera de ser; ya cantando sus glorias; ya llorando sus desaciertos, a fin de que sirvan de leccion para el porvenir (pp. 9-10).

En su "Dedicatoria" a sus Fábulas orijinales de 1888 reitera:

Creo en lo sagrado de la misión literaria; tengo una fé profunda en la eficacia de este fecundo elemento de progreso, i estoi ademas convenci do de que la literatura, como expresion social, no solo debe retratar el pasado histórico i pintar el modo de ser actual, dando testimonio de la vitalidad de un pueblo, sino que, ademas, debe transparentarse también en ella el porvenir, expresando todas las esperanzas i dando forma a todas las nobles aspiraciones civiles, políticas i relijiosas de la sociedad (Barros Grez, 1888, pp. 3-4).

No pueden faltar, pues, a las Bellas Letras nacionales "esas aspiraciones al progreso material, moral e intelectual de la nación" (Barros Grez, 1888, p. 4), de modo que ella se constituye en una guía o "antorcha que alumbra", "columna de fuego" que muestra el camino del espíritu humano hacia el bien, como conducto que es "por donde el cielo hace caer las grandes i no bles ideas sobre la tierra" (Idem., pp. 4, 5).

Literatura y nación están así estrechamente ligadas, se nutren y fortale cen mutuamente, de allí que uno de los géneros cultivados por Barros Grez sea la novela histórica y que resalte el valor de la verosimilitud para las si tuaciones y personajes de su prosa. La literatura nacional, específicamente, debe contribuir a la construcción del orden republicano:

Porque, como queda indicado antes, cada asunto tiene sus inconvenien tes propios que no pueden evitarse por completo sin desnaturalizar el asunto mismo, el cual es en el caso presente, las costumbres políticas, a una con las prácticas i usos puramente civiles. Se ha tratado de pintar las costumbres sociales de una época de tran sición en que Chile pugnaba, como pugna todavía por constituirse bajo el sistema republicano, sistema por el cual acababa de pelear en los cam pos de batalla (Barros Grez, 1876, p. 6).

Así lo reconocen también sus contemporáneos, en relación, por ejem plo, a su novela La academia político-literaria de 1890, cuyo editor, S.M.G. Somavía, afirma en su Prólogo que para los lectores será una "lectura tan útil como sabrosa y entretenida, solazando el espíritu lo mejora, porque lo instruye, y lo eleva porque le muestra el ideal de lo bueno en el campo político-social, que es el verdadero campo de acción de los pueblos republi canos" (Barros Grez, 1890, p. III).

Como expresión de la sociedad, la literatura debe esforzarse por cono cerla bien, y para ello el autor debe estudiarla atenta y concienzudamente desde diversos puntos de vista y hasta en sus más pequeños detalles

No es posible conocer una sociedad, sino estudiándola bajo todas sus fa ces, no olvidando a veces ni aun los pequeños detalles, pues suele acon tecer que los detalles ínfimos, son los que mas bien marcan e iluminan la fisonomía social de una época. Esto es lo que se ha tratado de hacer [...] (Barros Grez, 1876, p. 6).

Es una observación minuciosa a la manera de una vigilancia panorá mica permanente, como lo insinúa el calificativo de "centinela" que le asig na Barros Grez a la misión superior de la literatura nacional: "Centinela avanzado del progreso, ella [la literatura] debe ir siempre a vanguardia i cernerse, graciosa i lijera, sobre nuestras cabezas, [...] (Barros Grez, 1888, p. 5). Imagen que remite a otra, referida en su novela La academia político-literaria a la relación entre el gobierno y el pueblo: "Es muy difícil que esto suceda [que el pueblo traspase sus derechos], cuando el pueblo obra en li bertad y bajo la vigilancia de un Gobierno que con su ejemplo enseña a res petar las leyes" (Barros Grez, 1890, pp. 668-669). Parafraseando el lenguaje penal, diríamos que lo que se propone como condición ideal tanto para lectores como para ciudadanos es una suerte de libertad vigilada. ¿Será po sible liberarlos en algún momento de esta paternal tutela? Como podemos observar, la vinculación de sus narraciones con el tema de la delincuencia y lo penitenciario no se da solamente por las situaciones narradas y la frecuente aparición de personajes de bandidos en los relatos de Daniel Barros Grez, sino que ambas se explican por la misma lógica y realizan en sus respectivos campos funciones semejantes. La tarea principal de la literatura nacional de vigilancia permanente del cuerpo social desde un lugar privi legiado, iluminando con atención cada detalle, por mínimo que sea, para evitar desviaciones del camino del orden, remite de inmediato a las funcio nes y ventajas que el mismo Barros Grez enfatiza para el panóptico total que diseña, cuyo plano ofrece a las autoridades políticas como un servicio a la república de la misma manera que ofrece sus reflexiones y creaciones literarias a los críticos y lectores.

Pero además, literatura y penitenciaría-panóptico comparten la misma función disciplinaria, como explicita el autor en varias oportunidades:

Ademas del fin antedicho, esta novela tiene otros de no menos utilidad practica [...] Por un lado, el deseo de popularizar esta parte, la mas im portante de la historia contemporánea de Chile, por las enseñanzas que envuelve; i por otro, la conviccion de que el cultivo de las Bellas Letras, es un poderosísimo elemento de morijeracion social; [...] (Barros Grez, 1876, p. 9) De aquí la necesidad de conservar como un inapreciable tesoro, la belleza, pureza, verdad i elevacion literarias, a fin de que las Bellas Letras cumplan con su mision rejeneradora (Barros Grez, 1888, p. 5).

Se percibe incluso en esta literatura una función terapéutica semejante a la de la penitenciaría-hospital, como observa el prologuista de La academia político-literaria, destacando que este "es un libro de gran enseñanza social y de la mas pura doctrina republicana. Con tan amena lectura, el pueblo be berá esa doctrina, sin apercibirse; pues el señor Barros Grez ha sabido poner miel en el borde del vaso que contiene la medicina" (Barros Grez, 1890, p. III).

Cabe comentar en este punto, que en varias de sus obras de ficción el autor desarrolla las ideas que propone en sus ensayos y cartas respecto de la criminalidad. Así, por ejemplo, en la novela Pipiolos i pelucones en el Capí tulo XLVIII, "La ejecución", retoma el tema de la pena de muerte a propó sito de una escena de ajusticiamiento público de unos bandidos vinculados al famoso Miguel Turra , insertándola en el debate presente poniendo de epígrafe para este capítulo un fragmento de la argumentación a favor de la abolición de la pena capital realizada por José Manuel Balmaceda en 1871. El personaje portavoz del autor compara la delincuencia con una enferme dad epidémica que la sociedad tiene el deber de solucionar:

El crimen es una enfermedad social, una epidemia moral que la socie dad tiene el deber de combatir no exterminando a los enfermos, sino curándolos; es decir, ilustrando su entendimiento i enseñándolos a ser hombres de bien, i amigos del trabajo. Si la sociedad no obra de este modo, será mas o ménos responsable de los crímenes que se cometa, así como lo es de las epidemias que nacen i se desarrollan a causa de la indolencia pública (Barros Grez, 1876, p. 290).

Esta confianza en la capacidad rehabilitadora del régimen penitenciario contrasta con la descripción de los delincuentes que aparecen en sus relatos, a quienes caracteriza siempre como irracionales, violentos y con rasgos animalescos. Es el caso, por ejemplo, de los compañeros del bandido Mi guel Turra: "el Vizco, cuya malignidad parecia buscar un objeto en que ce barse" (Idem., p. 286), "el maligno muchacho saltó con lijereza sobre el pa vimento de la calle, i [...] se fué arrastrando como un gato" (Idem., p. 287), y del mismo Miguel Turra: "respondió Miguel con cierta sonricilla falsa que velaba su móvil semblante, siempre que no se hallaba dominado por las pasiones brutales i sangrientas, que formaban el fondo de su carácter" (Idem., p. 128), "Con su puñal en la mano, sediento de venganza, i lanzando al aire horribles maldiciones, corria aquel hombre como un perro rabioso dispuesto a morder al primero que encontrase. Parecia una fiera escapada de su jaula de hierro" (Idem., p. 177). No obstante, la plena confianza en los métodos de disciplinamiento de las conductas de los reos supera todas las dudas y apreheniones que pudieran inspirar tales naturalezas degradadas. Barros Grez asegura que "solo un carácter feroz i brutal podrá resistir a tales medios de domesticacion humana" (1898, p. 280).

CONSIDERACIONES FINALES

Desde los momentos inaugurales de la nueva nación independiente am bas instituciones -penitenciaría y literatura nacional- se concibieron como instituciones fundamentales de la nación moderna y fueron pensadas en gran parte por los mismos sujetos, que desarrollaban a la vez una actividad literaria y una actividad política.

En el recorrido que hemos realizado por los escritos de Daniel Barros Grez, he querido mostrar otro aspecto del carácter disciplinario de la no vela moderna en Chile: hasta qué punto la conceptualización de la novela nacional por escritores reconocidos hasta hoy como fundadores de las le tras chilenas se sustenta en un mismo tipo de pensamiento, en un mismo "sistema de racionalidad" (Foucault, 1993) que la penitenciaría-panóptico. Como observa Josefina Ludmer (1999) parafraseando a Foucault, la histo ria de la novela no puede entenderse separada de la historia del Estado (54). La densa red de discursos, tanto políticos como ficcionales, producida en Chile a lo largo del siglo XIX forma parte de la serie de racionalizaciones elaboradas para legitimar los sistemas de inclusión y exclusión constitu tivos del orden republicano y de las estrategias que incluyen para mejor excluir a determinados sujetos sociales.

Profundizar la investigación sobre estas redes discursivas y sus transfor maciones permitirá, como propone Trinidad Fernández (1989), indagar en los procesos de producción de una serie de saberes que tienen el efecto de la naturalizar las diferencias y consolidar los sistemas culturales de represen tación y de creencias, pero cuya génesis se encuentra vinculada con ciertos compromisos políticos de defensa de los regímenes de propiedad, de las leyes y de los organismos de seguridad que los protegen.

Cabe recordar con Foucault que "la disciplina es el procedimiento técni co unitario por el cual la fuerza del cuerpo está con el menor gasto reducida como fuerza política y maximizada como fuerza útil" (1993, p. 224). Desde el punto de vista de Ludmer, en nuestro ámbito cultural latinoamericano los relatos centrados en los delitos cuentan tanto la lucha por el poder lite rario como la lucha por el poder estatal (Ludmer 1999: 468). Ad portas del siglo XX Daniel Barros Grez refuerza la concepción de la literatura como tecnología disciplinaria que pretende normalizar para la nueva época los deseos transgresores y constituirse en recinto ficticio de disciplinamiento destinado a formar cuerpos dóciles, útiles y productivos (Rodríguez y Tri-viños, 2006). Aún hoy esta lucha por y entre el poder literario y el poder estatal permanece abierta para nosotros y nos inquieta preguntarnos: si es tas tecnologías de control y normalización atraviesan tan profundamente todos los espacios sociales ¿es posible que alguien, en algún lugar, habite realmente fuera del sistema de panópticos descrito por Barros Grez o pue da evitar ir pasando simplemente "de panóptico en panóptico" a lo largo de su vida, como determina la lógica disciplinaria que aún sostiene nuestras sociedades?

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Recibido: 07 de Septiembre de 2014; Aprobado: 06 de Marzo de 2015

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