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Atenea (Concepción)

versión On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  n.501 Concepción  2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622010000100013 

Atenea N° 501- I Sem. 2010: 187-189

 

RESEÑA

 

Clemens Franken y Magda Sepúlveda. Tinta de sangre. Narrativa policial chilena en el siglo XX. Ediciones Universidad Católica Silva Henríquez. 2009. ISBN 978-956-7947-89-8

 

Luis Valenzuela Prado
Pontificia Universidad Católica de Chile. Chile. E-mail: elvasodeleche@yahoo.com


 

TINTA de sangre realiza un recorrido por las principales novelas policiales chilenas publicadas durante el siglo XX, desde las escritas por periodistas, cuyo origen está en el texto de Januario Espinosa de 1912, hasta la adscripción de escritores profesionales al género, como Ramón Díaz Eterovic y Roberto Bolaño. Tinta de sangre llega en un excelente momento para el género, caracterizado por el interés que produce en el público lector, motivación que se vio reflejada en el encuentro Santiago Negro (Centro cultural de España, octubre de 2009). Este libro viene a cerrar una larga investigación desarrollada por sus autores, en donde destacan Crimen y verdad en la novela policial chilena actual (2003), de Clemens Franken y el capítulo "Del género policial" escrito por Magda Sepúlveda y publicado en el libro Novela chilena: nuevas generaciones, el abordaje de los huérfanos , de Rodrigo Cánovas.

Tinta de sangre está organizado en siete capítulos, siete "enfoques diversos" o "escenas", según sostienen los autores, quienes, a la vez, proponen un "viaje por el género" -que entrega sus antecedentes-, entendiéndolo como una "forma discursiva que viaja y que en ese recorrido se transforma" (11), es decir, un género cuyo propio derrotero se construye sobre la base de la inquebrantable mutación sobre sí mismo, en diálogo con el contexto sociocultural, ya sea éste el rechazo a los inmigrantes, la empatía con la modernización del Estado o el apoyo al capital transnacional. Así, los siete capítulos agrupan un corpus de novela bajo un problema propio de una fase de la modernización nacional, relacionando el trabajo del detective con las políticas de exclusión que debe generar hacia su entorno, por ejemplo, los italianos a principios de siglo XX, las mujeres que desean autonomía a mediados de los 50 o los ex guerrilleros en el mundo globalizado. Cada una de estas escenas trabaja sobre un tipo de asimilación, ya del policial clásico o negro, con detectives más razonadores que trabajan a cuarto cerrado o con detectives que se caracterizan por una red de información que obtienen a medida que circulan por la ciudad.

De esta manera, hay detectives que destacan en su condición proaristocrática, como es Román Calvo, una variación de Sherlock Holmes, creada por Alberto Edwards, autor que desde su narrativa policial, "confirma sus posturas ideológicas conservadoras y de rechazo a la democratización de la política" (66) y hay otros investigadores que se caracterizan por pelear contra las grandes instituciones, contra los grupos de terror financiados por el Estado, como en la narrativa de Ramón Díaz Eterovic, o contra la iglesia, como en Sergio Gómez. Además, el libro, en su penúltimo capítulo, propone una lectura del detective y su inserción en un mundo globalizado, con detectives que trabajan para empresas aseguradoras.

Dentro del recorrido destacan los capítulos "El detective contra los inmigrantes", "El detective a favor de la modernización", "El detective cómplice de las mujeres" y "El detective frente a la imposibilidad de la verdad". El primero analiza en La muerte misteriosa de José Marini de Januario Espinosa y Las aventuras de Manuel Luceño de Antonio Acevedo Hernández, en cuyo análisis se aborda la figura del inmigrante y las suspicacias que éste provocaba en la sociedad, la cual no ve con buenos ojos el "ascenso de la comunidad italiana como su emergente poderío económico" (56). El segundo discurre sobre el detective meritócrata, en oposición a la figura del proaristocrático, desde la representación de tres detectives creados por Luis Enrique Délano: Víctor Hilton, Beltrán Rojas y Vicente Camacho; y desde la figura de René Vergara, escritor perteneciente al cuerpo policial, quien erige al inspector Carlos Cortés, quien es incapaz de respetar las leyes del Estado y naturaliza las situaciones de maltrato a los sospechosos. El tercero fija su mirada en un personaje fundamental para el género negro, la femme fatale , la cual "aspira a que el hombre la proteja frente a las transgresiones que efectúa contra los pactos y contratos impuestos por la sociedad patriarcal legalista" (129). Ésta será criminal y víctima en la serie de Alfonso Reyes Messa, o investigadoras "que se vuelven cómplices de las mujeres", como en las novelas de Alejandra Rojas y Marcela Serrano. Finalmente, el cuarto es el único capítulo del libro dedicado en forma íntegra a un autor: Roberto Bolaño. El interés de sus "detectives" no está en la búsqueda de la verdad del crimen, menos en la investigación y en la metodología a seguir, más bien el énfasis está puesto en las víctimas y sus "coetáneos generacionales" (252). Son detectives que intentan reconstruir filiaciones literarias, como en la búsqueda de Vallejo en Monsieur Pain, o afiliaciones como la búsqueda de la poeta Cesárea Tinajeros en Los detectives salvajes.

Un aspecto importante a relevar es que la selección de obras estudiadas transita por el centro y por el margen del canon. Es así como el gesto de seleccionar acepta el ingreso al género de diversos proyectos narrativos símiles y disímiles. Por ejemplo, no hay prejuicios para situar a autores best sellers como Roberto Ampuero, Marcela Serrano o Luis Sepúlveda, generalmente relegados a un segundo plano por la crítica literaria, junto a clásicos del género como Luis Enrique Délano o Ramón Díaz Eterovic, este último cuyo prestigio lo sitúa en un marco más amplio del género a nivel latinoamericano, con constantes publicaciones y estudios sobre su obra. Tampoco deja de analizar proyectos de autores que no son asociados al género, como Antonio Acevedo Hernández y Alberto Edwards.

El libro de Franken y Sepúlveda se transformará en un material de consulta obligado para quienes siguen o estudian el género policial, porque elabora tipos de detectives, formas de exclusión y maneras de resolución escritural, en vínculo con un contexto donde la ley y el orden es un problema a resolver. Tinta de Sangre. Narrativa policial chilena en el siglo XX puede ser leído como unos de los capítulos que nos faltan en la literatura chilena del siglo que abandonamos.