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Atenea (Concepción)

versión On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  n.501 Concepción  2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622010000100005 

Atenea N° 501- I Sem. 2010: 53-71

 

ARTICULOS

 

Inmigración y sectores populares en las minas de carbón de Lota y Coronel (Chile 1850-1900)*

Immigration and popular sectors in the coal mines of Lota and Coronel (Chile 1850-1900)

 

Carlos Vivallos Espinoza1
Alejandra Brito Peña2
1 Programa de Doctorado en Estudios Latinoamericanos, Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad de Chile. Becario Conicyt. Chile. Correo electrónico: carlosvivallos@yahoo.com
2 Departamento de Sociología y Antropología, Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Concepción. Chile. Correo electrónico: abrito@udec.cl


RESUMEN

Este trabajo busca reconstruir los primeros movimientos de población hacia las minas de carbón de Lota y Coronel en la segunda mitad del siglo XIX, a partir de la información contenida en los registros matrimoniales de la parroquia de Coronel. Este proceso se desarrolló en tres fases consecutivas, alcanzando un punto de estabilización hacia los primeros años de la década de 1870. Finalmente se relaciona el aumento de la población con la diversidad productiva y la modernización de las ciudades mineras.

Palabras clave: Migración, sectores populares, minería del carbón, Lota y Coronel, Chile.


ABSTRACT

This work seeks to rebuild the first population movements towards the coal mines of Lota and Coronel in the second half of the 19 century, starting from the information contained in the marriage registers of Coronel's chapel. This process developed in three consecutive steps, reaching a stabilization point towards the first years of the decade of the 1870s. Finally, the increase of the population is closely related to productive diversity and the modernization of the mining cities.

Key words: Migration, popular sectors, coal mining, Lota and Coronel, Chile.


 

INVESTIGAR sobre la industria carbonífera en Chile tiene una ventaja para quien se interese en ella. Aún hoy no es muy difícil encontrar rastros de su desarrollo y consolidación, ya sean materiales o inmateriales. Basta con ir a la ciudad de Lota, por ejemplo, para encontrarse con el "Chiflón del Diablo", aquella tristemente célebre mina de los cuentos de Baldomero Lillo, hoy convertida en atracción turística; o caminar por los pabellones, esas habitaciones de dos pisos de largos corredores exteriores que la Compañía construía para sus trabajadores. Aunque aparte de lo que podemos observar, más interesante es tener la posibilidad de interactuar con quienes trabajaron en ella buena parte de su vida o con quienes sin trabajar directamente formaron parte de la cultura del carbón, situación comúnmente extraña para los historiadores. A pesar del cierre de las minas ya hace más de diez años, Lota al igual que Coronel aún son ciudades que viven del carbón, o más bien de su recuerdo. Creemos que no podría ser de otra manera, teniendo en cuenta que por casi ciento cincuenta años la extracción del carbón dio vida a una floreciente industria que hizo aparecer casi de la nada a dos ciudades y sustentar fuertemente a varias otras del golfo de Arauco. En 1872 Recaredo Tornero, en Chile Ilustrado. Guía descriptiva del territorio de Chile, señalaba que Coronel era un importante establecimiento que:

sostiene una población de 1,500 personas, de los que 800 son operarios de los tres diferentes ramos en que se subdivide el trabajo: esplotacion de las minas de carbón, fábrica de ladrillos i fábrica de botellas i cristalería, actualmente paralizada (Tornero, 1872: 347).

Lota, en tanto, sostenía a una población de seis mil personas, "repartidos en dos pequeños pueblos denominados Lota alto i Lota bajo, i ocupa de 800 a 1,000 operarios en sus distintas faenas" (Tornero, 1872: 351). Si a pocos años de iniciada la explotación del carbón el número de habitantes que llegaba a estas ciudades dinamizaba la industria, al mismo tiempo transformaba al golfo de Arauco en un foco de atracción tanto de capitales como de población de todos los rincones de la república. El movimiento migratorio hacia la zona del carbón fue constante durante buena parte del siglo XX y, parece ser, una característica de una zona fronteriza que sólo hacia mediados del siglo XIX comenzó a ser poblada1.

Realizando trabajo de campo a fines de 2006 en la ciudad de Lota, pudimos conocer de primera fuente algunas características de la migración hacia la zona carbonífera. Un ejemplo encauza nuestra propuesta. Es el relato de un ex minero que, con 66 años de edad el día de la entrevista, recuerda que siendo un niño vivía en Pitrufquén, al sur de Temuco, realizando con su familia actividades de subsistencia: "criábamos animalitos por ahí, y lo que es la agricultura, el trigo". Luego se trasladó a Curanilahue con su padre, un jornalero que trabajaba lavando carbón, que a veces también bajaba a la mina. Ahí fue zapatero, dedicado a fabricar las tradicionales ojotas, con parte de los neumáticos de los camiones, hasta que su oficio fue reemplazado por la llegada de los modernos zapatos de seguridad. A mediados de la década de los cincuenta realizó el servicio militar en Arauco, junto con un cuñado que ya trabajaba como lamparero en las minas de Lota. Luego del servicio, a los 21 años llegó a Lota, y "al tiro me tiraron al trabajo... me encontraron que al tiro podía rendir en la mina". A través de este relato podemos verificar la frecuente itinerancia laboral, tan común de los sectores populares cuando se encuentran insertos en estructuras económicas precarias e inestables. Esta movilidad sería, entonces, una característica de la zona del Golfo de Arauco desde los inicios de la explotación carbonífera.

Como es de suponer a lo largo de sus casi ciento cincuenta años de existencia, las ciudades carboníferas fueron un foco de interés para diversos cientistas sociales2. Con la crisis y posterior cierre de las minas de carbón, desde mediados de la década de los noventa surgieron diversos estudios que buscaban reconocer desde la experiencia de los propios involucrados el proceso de crisis de la industria (Aravena y Betancurt, 1995). Otros estudios se centraron en el proceso de reconversión laboral que se intentó aplicar en la zona, y en el quiebre del sentido de comunidad que este conllevó (Olate, 1995). Incluso se apeló a la experiencia desarrollada en otros países (particularmente en el norte de Francia), que pudiera servir de ejemplo para el futuro de las ciudades del carbón (De Dinechin, 2001). Varios años después del cierre de las minas, en Lota los exmineros aún mantienen un sentido de comunidad, se reconocen como gente del carbón, muy pocos han emigrado, pero ese sentido de comunidad difícilmente es traspasado a las generaciones más jóvenes (Vivallos, 2007).

Resulta muy interesante darnos cuenta que la preocupación por el estudio del desarrollo industrial en países de capitalismo tardío, fue también un motivo de estudio para investigadores extranjeros. Ya hemos nombrado el intento de De Dinechin, pero mucho antes que este autor, a fines de la década de los cincuenta un grupo de jóvenes sociólogos, entre los que destacaban Alain Touraine y Torcuato Di Tella, realizaron un estudio comparativo entre los mineros del carbón de Lota y los obreros de la industria siderúrgica de Huachipato (Talcahuano). Reconociendo fundamentalmente que en Lota existía un tipo de organización obrera espontánea, mientras que Huachipato había transitado hacia un sistema organizativo sindical autónomo e impersonal (Di Tella et al., 1967). La historiografía no ha estado ajena a este interés, concentrándose preferentemente en el desarrollo de las movilizaciones obreras y la cuestión social (Fernández, 1991; Venegas, 1997), el desarrollo productivo de la industria (Ortega, 1982; 1988; 1992), y la elite empresarial de la minería del carbón (Mazzei, 1992; 1997; 1998; 1999). Una de las vertientes de análisis más interesantes es la que desarrolló Figueroa referida al estudio de las mujeres en la zona carbonífera (Figueroa, 1997-1998), junto con la que realizó Illanes, en un breve artículo sobre la implementación del servicio social en la industria del carbón, uno de los primeros de América Latina (Illanes, 2001), ambos estudios para las primeras décadas del siglo XX.

Un aspecto que ha estado ausente de estas investigaciones es el que pretendemos abordar en este artículo, cual es la relación entre el desarrollo y consolidación de la industria carbonífera y la población que formó parte de ella3. Comprendemos que por las características que entregaba la minería esta tarea fue acogida por los sectores populares, siempre dispuestos a abocarse a nuevas experiencias laborales para lograr su sobrevivencia. Para el período en análisis, o sea, la segunda mitad del siglo XIX, la implantación del capitalismo en el territorio nacional obligó a los sectores populares a modificar sus formas tradicionales de relacionarse. Confrontados al proceso de disciplinamiento que la elite implantó para lograr una masa trabajadora acorde a la producción capitalista, imponiendo el trabajo asalariado, el cumplimiento de jornadas laborales o la imposición de un modelo de familia cristiana-occidental. La estructura tradicional de la familia popular basada en la movilidad del peón-gañán y en la independencia productiva de las mujeres populares, sufrió cambios profundos hacia una noción de familia que privilegió el predominio del padre como proveedor, jefe del grupo familiar sujeto a la faena y en donde a las mujeres populares se les pretendió encerrar en la domesticidad (Brito, 2005). Uno de los primeros aspectos a considerar para poder verificar esta contradicción entre las prácticas sociales de los sectores populares y el proceso de disciplinamiento, es conocer el número y el origen geográfico de la población que emigró hacia las minas de carbón, para poder ir reconociendo algunas características fundamentales de su construcción identitaria.

PROCESOS DE MIGRACIÓN

La demografía histórica, siendo una de las corrientes historiográficas más importantes de nuestro país, utilizó desde los inicios de la década de los setenta los archivos eclesiásticos. Especialmente los archivos parroquiales permitieron conocer los aspectos vitales de la población colonial chilena debido al trabajo principalmente de Rolando Mellafe, y luego aspectos más subjetivos como la afectividad, el amor y los conflictos de pareja, gracias a la labor de René Salinas, Eduardo Cavieres e Igor Goicovic (Vivallos, 2008: 329).

En otro momento nos hemos referido a la situación de los archivos eclesiásticos que conserva el Arzobispado de Concepción, y en el escaso desarrollo que ha alcanzado su estudio en una región tan importante en la construcción de procesos histórico-sociales (Vivallos, Rocha y Mazzei, 2005: 163). Las fuentes documentales en que nos basamos, a saber, los libros de la parroquia de Coronel se inician en 1836, y al igual que el resto de los archivos parroquiales son los que mejor se conservan en el Arzobispado de Concepción. Dentro de éstos, la utilización de registros matrimoniales nos permite determinar el número y el origen geográfico de las personas que concurren a la parroquia de Coronel o a la de Lota a formalizar una situación afectiva particular, además de sus nombres, tiempo de residencia dentro de los límites de la parroquia y en algunos casos la actividad laboral en que se desempeñan, para el caso de los varones4.

Gráfico 1. Evolución total de matrimonios (1850-1875).

Fuente: Elaboración propia a partir de Libros de Matrimonio Nos 1, 2, 3, 4 y 5 de la parroquia de Coronel.

La contabilización de los datos arroja un total de 439 matrimonios entre 1850 y 18755. Mientras que en los dos primeros años registrados (1850-1855) se mantiene un número estable de uniones (17 y 20 respectivamente), en 1860 se produce un importante salto al llegar a 76, elevándose aún más el número en 1865 (121), decayendo en 1870 (81), para finalmente remontar en 1875 con 121 enlaces. Ante esto podemos hablar claramente de un crecimiento del número de uniones, pero un crecimiento que pasó por diversas fases hasta terminar estabilizándose. Proponemos para poder explicar esta situación la utilización de tres fases consecutivas, claramente distinguibles a partir de la información que ya manejamos. Una fase inicial, una de despegue y una tercera de estabilización.

A) PRIMERA FASE: EL INICIO (1850-1855)

A mediados del siglo XIX la futura región carbonífera era considerada un área de tierras nuevas, en donde confluirían dos procesos que ayudarían a cambiar la fisonomía geográfica y económica de estos lugares. El primero la expansión hacia el sur impulsada por el Estado chileno, y el segundo la explotación de los yacimientos carboníferos con "las características de una empresa capitalista en su forma clásica" (Ortega, 1992: 131). El interés por explotar el carbón comenzó en la región con la llegada de los primeros vapores a Talcahuano, mayoritariamente ingleses, que compran el mineral a muy bajo precio por encontrarse las vetas prácticamente a ras del suelo. Mackay señala respecto de estos primeros intentos extractivos que:

La venida de los nuevos vapores había de despertar naturalmente el pensamiento de proveer carbón a los nuevos huéspedes y no tardó en desplegarse entre algunos de los vecinos de Concepción y Talcahuano y contornos, ciertos síntomas de una fiebre que se puede clasificar de carbono.

Por todas partes había apariencias de carbón en la superficie y muchas veces, sin ella, se veía gente armada de pico y pala, recorriendo las quebradas y cerrillos vecinos. Cateadores sui generis, trabajando y cavando en persecución del diamante negro, una veta de arcilla carbonácea por algunos era considerada como el criadero de carbón y creían que más adentro habían de encontrar el verdadero artículo: mientras otros se consideraban felices con encontrar unas vetitas de unas pulgadas de espesor, los que trabajaban con verdadero tesón, en la convicción de que más adentro había de tomar mayores proporciones (Astorquiza, 1942: 24).

Con las nuevas exploraciones que se hacían en busca de carbón, y teniendo en mente las expectativas empresariales en relación con la posible demanda de las fundiciones de cobre del norte del país, hicieron comenzar algunas faenas con características asistemáticas y artesanales (Ortega: 1988: 4ss). En 1843, en Lirquén Tomás Smith abrió varias bocaminas para proveer del mineral a la fundición de cobre que instaló allí Joaquín Edwards. En Andalién, en 1844, desarrolló actividades extractivas Juan Mackay hasta 1853 cuando se trasladó a Coronel. En el sector de El Morro de Talcahuano, la Compañía Inglesa de Vapores de 1842 a 1847 explotó sin mucho éxito minas de carbón para su propio abastecimiento. Estos primeros ensayos se ven opacados rápidamente cuando se descubren y comienzan a explotar las extensas y ricas vetas de Lota y Coronel. En Lota, ya en 1844 Juan José Arteaga y José Antonio Alemparte habían iniciado una explotación sistemática. Mientras que en Coronel en 1849, Jorge Rojas realiza los primeros trabajos de explotación al comprar la mina de carbón que "pertenecía al leñador Juan Esteban Valenzuela, quien había hecho el pedimento legal, y la vendió por ciento cinco pesos" (Astorquiza, 1942: 24-26).

Los habitantes de Lota y Coronel que durante 1850 se registraron para contraer matrimonio son escasos. En el Gráfico 2 podemos ver registrada la información respecto del origen geográfico de ambos cónyuges para ese año.

Localidades

Gráfico 2. Lota y Coronel (1850): localidades de origen según registros en libros matrimoniales.

Fuente: Elaboración propia a partir del Libro de Matrimonio Nº 1 de la parroquia de Coronel.

De los 17 matrimonios registrados, entregando 34 informaciones, tenemos que en 29 de ellas no aparece el lugar de origen. Creemos que esta situación se justifica al centrarse en localidades pequeñas (Lota y Coronel), casi sin ninguna movilidad espacial y actividades económicas incipientes y aún poco atrayentes, por lo tanto, preguntar y registrar su origen geográfico es algo inoficioso. Dos de los contrayentes declaran provenir de San Pedro y Colcura, localidades muy cercanas dentro de la provincia de Concepción, y finalmente aparecen tres registros de personas que vinieron respectivamente de Concepción, Pileo y de los Estados Unidos de Norteamérica. Las dos primeras localidades muy cercanas a las zonas de explotación carbonífera. En tanto que el contrayente de EE.UU. (Santiago Col, casado el 22 de septiembre en la parroquia de Colcura con Juana Bahamonde), la insertamos como una de las consecuencias de la frecuente recalada de buques en la zona, que hizo establecerse a más de un extranjero en estas localidades.

La escasa información que nos proporcionan los archivos parroquiales en este año se relaciona directamente con el inicio de la explotación comercial del carbón, y por ende con la situación material y poblacional de ambas ciudades. Para 1850, el Anuario Estadístico señala un total de 118 matrimonios para la totalidad del departamento de Lautaro, puntualizando que para las parroquias de San Pedro y Colcura se registran sólo 4 y 6 respectivamente (Anuario Estadístico de la República de Chile. 1848-1858, p. 54). En 1845, Mackay señalaba que Coronel "era la soledad más completa, ni un rancho se encontraba en su plaza, pero en las lomas vecinas se veía una que otra habitación, donde vivían los primeros moradores que por ahí se establecieron en pequeños lotes de terrenos comprados a los indios primitivos" (Astorquiza, 1942: 28). Lota, en tanto, presentaba un panorama muy similar; en el sector de Lota Alto ya se explotaban algunas bocaminas, donde alrededor se habían construido algunas precarias viviendas (Ortega, 1992: 134).

En 1855 comienza a cambiar el origen geográfico de los contrayentes de matrimonio. A pesar de que en forma general se mantiene con un leve aumento el número de matrimonios (de 17 en 1850 a 20 en 1855), la distribución espacial de los contrayentes varía de manera sustancial6.

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Gráfico 3. Lota y Coronel (1855): localidades de origen según registros en libros matrimoniales.

Fuente: Elaboración propia a partir del Libro de Matrimonio Nº 1 de la parroquia de Coronel.

Este año se suman un buen número de nuevas localidades, a pesar de que se mantenga la preeminencia de los contrayentes que no consideran necesario declarar su lugar de origen, en total 11 personas. Se mantiene presente San Pedro y Colcura como principal lugar de origen, pero ingresa también Quirihue, que tendrá una participación creciente como una localidad de donde migran grandes grupos de personas hacia las minas de carbón. Concepción y Quilacoya fortalecen aún más el naciente proceso de confluencia de zonas cercanas con un primario desarrollo económico. Luego se suman una serie de localidades relativamente cercanas a la región y otras que comienzan a trasladarse desde los extremos o el centro del país (por ejemplo, Chiloé o Valparaíso), o desde el extranjero (por ejemplo, Prusia). En este año el departamento de Lautaro registra un número de 302 matrimonios (San Pedro: 14 y Colcura: 77).

B) SEGUNDA FASE: EL DESPEGUE (1860)

Esta segunda fase se caracteriza por el salto cuantitativo en el número de matrimonios registrados, además de las características propias que el aumento de población acarrea en las ciudades. Si durante la primera fase el número de matrimonios se mantuvo estable entre 17 y 20 uniones, en 1860 se pasa a 79 enlaces, aumentando igualmente las localidades de origen de los contrayentes.

En los años de 1850, Coronel y Lota experimentaron un rápido crecimiento material y poblacional producto del aumento de la producción de la industria carbonífera. En Lota, Matías Cousiño "además de las innovaciones técnicas asume la capacitación de sus obreros, contratando medio centenar de operarios y técnicos escoceses hacia 1856, a quienes traslada a la zona junto a sus familias, para los efectos de adiestrar peones agrícolas como obreros mineros" (Figueroa y Sandoval, 1987: 27). A la llegada de inmigrantes extranjeros se unía el hecho que aparte del crecimiento en el número de habitantes, se trazaron calles y plazas, se instalan las primeras escuelas y hospitales, las primeras iglesias y las construcciones habitacionales para albergar al personal técnico extranjero y las viviendas de masas para los mineros (Ortega, 1992: 134-135). En 1860 Lota y Coronel se abren a la recepción masiva de población de distintas localidades geográficas, como lo demuestra el Gráfico 4.

Localidades

Gráfico 4. Lota y Coronel (1860): localidades de origen según registros en libros matrimoniales.

Fuente: Elaboración propia a partir del Libro de Matrimonio Nº 2 de la parroquia de Coronel.

En esta fase de despegue siguen primando San Pedro y Colcura con 41 personas que la mencionan como su lugar de origen. Se mantiene la tendencia a que localidades circundantes a Concepción tengan una importante presencia, como lo son el mismo Concepción, Hualqui o Florida, seguido de las localidades situadas en la zona central como Quirihue o Rafael. Luego se produce un descenso, en donde se mezclan diversas localidades con una mayor expresión de contrayentes extranjeros provenientes de Alemania, EE.UU., España, Francia y Portugal.

Es entonces en 1860 cuando podemos hablar de una transformación productiva capitalista de las (ahora propiamente tal) ciudades de Lota y Coronel, que en las parroquias de San Pedro y Colcura registraban una población de 1.371 y 4.210 personas, con 59 y 82 matrimonios celebrados respectivamente ( Anuario Estadístico de Chile, 1860: 441).

Esta transformación productiva capitalista implicaba, por cierto, métodos compulsivos de disciplinamiento y la utilización en concreto de cuerpos de policía y recintos carcelarios. Aunque las precarias condiciones de equipamiento urbano de la zona del carbón hacía que no siempre se contara con esta infraestructura. En Lota, por ejemplo, desde septiembre de 1859 se ocupaba como cárcel una casa de propiedad de doña Josefa Rodríguez. En noviembre de 1862 la dueña presentó un reclamo a la municipalidad de Coronel solicitando "el valor de una onza mensual ó sea de diez i siete pesos i veinte i cinco centavos", ya que el inmueble se estaba ocupando sin ninguna autorización ni pago7. Finalmente el municipio resolvió pagar todas las deudas del inmueble.

C) TERCERA FASE: LA ESTABILIZACIÓN (1865-1875)

Esta fase está determinada por un proceso de consolidación, tanto del crecimiento de las ciudades de Lota y Coronel, como de las labores productivas. En 1865 se traslada la capital del departamento de Lautaro desde Santa Juana a Coronel, debido a la importancia que había adquirido la extracción carbonífera (Astorquiza, 1942: 198). En este tiempo Lota Bajo tenía aproximadamente 2.500 habitantes, semejante a la población de Lota Alto. En 1865, 121 matrimonios se registran en los libros parroquiales, cifra que coincide con la que nos entrega el movimiento de población del Anuario Estadístico para el mismo año. Destacándose la explosión de localidades provenientes de diversos sectores de la región del valle central, colocándose Quirihue a la cabeza con 25 contrayentes ( Anuario Estadístico de Chile, 1865: 7).

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Gráfico 5. Lota y Coronel (1865): localidades de origen según registros en libros matrimoniales.

Fuente: Elaboración propia a partir de Libros de Matrimonio Nos 3 y 4 de la parroquia de Coronel.

La provincia de Concepción creada por ley de 30 de agosto de 1826, en 1872 poseía los departamentos de Concepción, Lautaro, Talcahuano, Coelemu, Puchacay y Rere. El departamento de Lautaro, que comprendía entre otras las ciudades que estudiamos, tenía una población de 27.108 habitantes (Coronel: 6.000 y Lota: 3.000). En este año Coronel era descrito como una población que "se halla situada en la orilla del mar en la bahía de Arauco en una superficie plana y arenosa. Tiene diez calles regulares, con 168 casas particulares, la mayor parte de madera, un hospital, dos escuelas públicas y tres privadas". En tanto, Lota "situada también en la bahía de Arauco, al sud de Coronel, se divide en dos secciones, una baja sobre la playa del mar, y la otra colocada en una meseta como 200 metros sobre la anterior. Sus calles en número de 11 son regulares, y cuenta con una capilla, una escuela, dos edificios públicos y 199 particulares" (Descripción de la Provincia de Concepción, 1872: 203).

Era evidente que para fines de la década de 1860 las ciudades vivían una rápida transformación, que las hacía pasar de pequeños pueblos y caseríos de pescadores a ciudades con edificios públicos y un aumento creciente de población. Pero esta transformación fue paulatina. Mientras que en Lota en 1866 muchos sitios cedidos a particulares se encontraban abandonados "a pesar de la obligación de los que han contraído por el decreto de concesión" 8; obligando a la Municipalidad a elaborar un plan de pago y adjudicación con el compromiso de edificación. En Coronel se podía observar una mayor cantidad de adelantos. En 1868 se redactó un reglamento para un hospital y para un cementerio, ambos enviados al Gobierno en febrero de ese año. En Lota sólo en 1876 se solicitó al Gobierno la concesión de un terreno fiscal ubicado en Colcura para destinarlo a cementerio9. El alumbrado público fue uno de los pocos adelantos en infraestructura que tuvieron casi al mismo tiempo Lota y Coronel. En 1868 el presupuesto destinado al alumbrado de Coronel era de 390 pesos, pero como con el dinero del año anterior ya se habían cubierto los gastos necesarios, no era "un inconveniente para que se pudiera hacer uso de la suma de doscientos pesos que [se] consideraba necesario para llevar a cabo el establecimiento del alumbrado en Lota"10. El reglamento para el alumbrado ya existía el 30 de diciembre de ese mismo año y era común tanto para Lota como para Coronel11. En 1871 en Lota se le entregó la concesión a Carlos Aravena por la suma de cuatro pesos cincuenta centavos por cada farol al mes12.

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Gráfico 6. Lota y Coronel (1870): localidades de origen según registros en libros matrimoniales.

Fuente: Elaboración propia a partir de Libros de Matrimonio N os. 3 y 4 de la parroquia de Coronel.

En 1870, el número de matrimonios registrados varía levemente, pero es en esta misma década cuando la empresa minera en Lota implementó un amplio plan de reestructuración en el sector alto, "el que consultó la construcción de viviendas de 'ladrillo, cemento, teja i chimenea' –que eran galpones divididos en doce 'departamentos'– y la nivelación y pavimentación de calles con adoquines, mejoramiento de aceras y alumbrado público con gas en los sectores más concurridos" (Ortega, 1992: 135).

De 121 matrimonios registrados en 1865 se ha caído a 81 en 1870, pero ya es evidente que las ciudades carboníferas se han convertido en un polo de atracción para peones y gañanes de la región de Concepción principalmente, pero también de la zona sur y central. Tornero en 1872 señalaba que la Compañía de Carbón de Puchoco de Coronel poseía una población de 1.500 personas, de los que "800 son operarios de los tres diferentes ramos en que se subdivide el trabajo: explotación de las minas de carbón, fábrica de ladrillos y fábrica de botellas y cristalería, actualmente paralizada", mientras Lota daba vida a 6.000 personas, ocupando entre 800 a 1.000 operarios en sus distintas faenas (Tornero, 1872: 347-351). En esta década florecieron nuevos pueblos mineros como Lebu, Puchoco y Puchoquito, siendo este último organizado acorde con el modelo de las villas carboníferas inglesas, llegando a parecer un "rincón trasplantado del condado de Durham" (Ortega, 1992: 135).

En 1875 la parroquia de San Pedro y Colcura registraba un total de 23.928 personas ( Anuario Estadístico, 1875: 3). Nosotros registramos a través de los libros parroquiales 121 matrimonios, que marcan en definitiva la tendencia demostrada en esta fase de estabilización, en donde en forma constante se han trasladado los trabajadores de pequeñas y medianas localidades agrícolas en busca de la bonanza carbonífera. Igualmente, siempre se registran habitantes provenientes del extranjero, principalmente europeos, comúnmente utilizados por las compañías en sus labores administrativas, y en un primer momento para el disciplinamiento de la mano de obra.

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Gráfico 7. Lota y Coronel (1875): localidades de origen según registros en libros matrimoniales.

Fuente: Elaboración propia a partir del Libro de Matrimonio Nº5 de la parroquia de Coronel.

CONCLUSIÓN

El análisis de los registros parroquiales entrega una línea interpretativa que nos lleva a concluir que el proceso migratorio interno hacia las minas de carbón de Lota y Coronel se desarrolló entre 1850 y 1875 en diferentes etapas sucesivas, hasta alcanzar una fase de estabilización hacia los últimos años del período. Además, que el origen geográfico de la población migrante se concentra en las localidades comprendidas dentro de la provincia de Concepción y, en segundo lugar, desde la zona central del país. Este último punto lo podemos corroborar al observar el Cuadro 1, en el cual se hace una división entre la zona norte, centro y sur de nuestro país. Destacándose la zona centro con un total de 272 registros por sobre la zona sur con 69 y la zona norte con sólo 413.

Desde una perspectiva más general, y pensando en el cambio de siglo, el aumento de la población en estos centros mineros posibilitó que se realizaran importantes mejoras en la planta urbana. En Lota se había acentuado el contraste entre el sector alto y el bajo, este último de construcciones desordenadas y precarias, donde el polvo o el barro constituían, según la estación del año, su principal característica. Lota Alto, destinada a la administración y al personal técnico de la industria carbonífera, tenía construcción de calidad, con iglesia, teatro y comercio, calles asfaltadas, aceras pavimentadas y un extenso parque y un palacio coronaban esa distinción. Coronel ya era una bullante ciudad, dotada de servicios básicos, hospital, lazareto, aduana, estación de ferrocarriles, casa de ingenieros, entre otras instalaciones. En la plaza la hora era señalada con una elegante torre de reloj y florecía un área comercial, en donde predominaban los extranjeros (Ortega, 1992: 136).

Cuadro 1. Lota y Coronel (1850-1875): Incidencia de localidades de origen según registros en libros matrimoniales.


Fuente: Elaboración propia a partir de Libros de Matrimonio Nos 1, 2, 3, 4 y 5 de la parroquia de Coronel.

Dentro del conglomerado manufacturero del Gran Concepción, que a fines del siglo XIX se comenzaba a desarrollar y que incluía ciudades portuarias (Talcahuano y Tomé), centros administrativos y manufactureros (Concepción) y el complejo industrial de Lota y Coronel, la transformación de las ciudades del carbón que registran las fuentes estadísticas (censos y anuarios estadísticos) es sencillamente espectacular. Lota pasó desde 3.636 habitantes en 1865 a 10.732 en 1907, y Coronel desde 4.274 a 13.231 en los mismos años. Concepción, en tanto, vio aumentada su población de manera constante, pasando desde 18.277 en 1875 hasta 55.330 habitantes en 1907. Talcahuano es otra de las ciudades de este conglomerado con un crecimiento sobresaliente, desde 2.495 en 1875 pasó a 15.561 en 1907. Ante esto, no es coincidencia que las ciudades que concentraron mayor población fueron las que mostraron mayores niveles de diversificación productiva en los inicios del siglo XX.

Si comparamos las ciudades del carbón y Concepción, siendo las que más crecieron a lo largo del período, podemos determinar ciertas diferencias según la información que entregan los periódicos de la época y los archivos municipales. Mientras que en Concepción el asentamiento de los sectores populares trajo consigo su segregación en barrios determinados, carentes de toda urbanización e higiene, en las ciudades carboníferas, y en especial en Lota Alto como hemos visto, a medida que se terminaba el siglo XIX se comenzó a estructurar un amplio plan de construcción de viviendas (pabellones), pavimentación de calles, mejoramiento de aceras y alumbrado público. Estos adelantos buscaban mejorar las condiciones de vida de los mineros, pero, por otra parte, asegurar una mano de obra cautiva y dispuesta a la proletarización.

NOTAS

1 Leonardo León en una reciente investigación coloca a Lota y Coronel junto a otras ciudades (Temuco, Victoria, Traiguén, Nueva Imperial, Curanilahue, Los Ángeles, Arauco y Concepción) como puntos de referencia de la introducción de la modernidad entre 1900 y 1935 en la zona fronteriza. Creemos, contrariamente, que tanto Concepción como Lota y Coronel presentan rasgos característicos de la modernidad desde mediados del siglo XIX, producto de la introducción de variadas actividades industriales. Logrando crear una unidad productiva regional a inicios del siglo XX entre las ciudades antes citadas, además de Tomé y Talcahuano. Cfr. León, 2007.

2 El estudio de la minería del carbón ha sido de un interés tan arraigado en las ciencias sociales y en la historiografía debido a que la explotación del carbón marca un punto de inflexión en el desarrollo económico y social de nuestro país. Este quiebre estuvo determinado por dos factores: el volumen y la diversificación productiva. El nivel de producción de los yacimientos del Golfo de Arauco en corto tiempo logró abastecer al 75 por ciento de la demanda que la producción de bienes y servicios requería. Al mismo tiempo que la minería del carbón se consolidaba, en las ciudades que vivían del carbón se comenzaron a desarrollar diversas actividades productivas. El mejor ejemplo es Lota, en donde, desde 1850 se instalaron "fundiciones de cobre, fábricas de ladrillos refractarios, de cañerías para conducción de agua, de baldosas, de gas, de envases de vidrio y de asfalto, entre otras", y aun en 1877 se instaló la primera planta telefónica del país (Ortega, 2007: 7-8).

3 Un estudio que se acerca a nuestra propuesta es el efectuado por Hagerman (1971), quien, basándose en la información contenida en los censos, calculó los índices migratorios entre 1855-1865, 1865-1875, 1895-1905 y 1905-1915 para Cañete, Lebu, Arauco y Lautaro.

4 Entre 1850 y 1875 nos hemos apoyado en los cinco primeros libros que actualmente están adscritos a la parroquia de Coronel: libro Nº 1 (1836-1858), Nº 2 (1837-1860), Nº 3 (1860-1872), Nº 4 (1862-1874) y Nº 5 (1874-1877). Los datos los hemos recopilado cada cinco años (1850-1875), para conformar una serie de al menos veinticinco años. Han sido de gran utilidad para el análisis de los datos los textos de Floud (1985) sobre métodos cuantitativos y el de Hollingsworth (1983) sobre demografía histórica.

5 A partir de un registro de 439 matrimonios, la totalidad de la información de las localidades de origen de los contrayentes es de sólo 840 y no 878, ya que en algunos casos no se presenta información acerca de las localidades de origen de los contrayentes.

6 En cada gráfico se han registrado sólo las seis localidades más importantes en cuanto número de contrayentes. Para un análisis más pormenorizado se puede consultar el Cuadro 1 en anexo.

7 Archivo Municipal de Coronel (AMC), vol. 1, 1862-1876, f. 2. En los archivos municipales se hace mención, además, que en 1866 en Coronel se utilizaba una bodega como cárcel. AMC, Vol. 1, 1862-1876, f. 67.

8 AMC, vol. 1, 1862-1876, f. 73.

9 AMC, vol. 1, 1862-1876, fs. 112, 120 y 286.

10 AMC, vol. 1, 1862-1876, f. 131.

11 AMC, vol. 1, 1862-1876, f. 139.

12 AMC, vol. 1, 1862-1876, fs. 173-174.

13 Se ha considerado en la zona norte a las localidades comprendidas entre las ciudades de Copiapó y Los Andes; la zona Centro, entre Valparaíso y Chillán; y la zona Sur, entre Temuco y Chiloé.

 

REFERENCIAS

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Recibido: 06.09.2007. Aprobado: 12.09.2008.

* Este artículo forma parte del proyecto de investigación Fondecyt nº 1070712 "Actores sociales vinculados al proceso de modernización económico-social de Concepción. 1880-1940" del Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT). Una versión preliminar fue presentada en las XVII Jornadas de Historia de Chile realizadas en Pucón por la Universidad de La Frontera en octubre de 2007.