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Atenea (Concepción)

versión On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  n.499 Concepción  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622009000100010 

Atenea N° 499- I Sem. 2009: 157-174

 

ARTICULOS

 

EL PARTIDO NACIONAL EN CHILE: SU ROL EN EL CONFLICTO POLÍTICO (1966-1973)

THE CHILEAN NATIONAL PARTY AND ITS ROLE IN POLITICAL CONFLICT (1966-1973)

 

Juan Carlos Arellano G.*
Magíster en Ciencia Política y Doctor en Historia ©, Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile. E-mail: jcarella@uc.cl


RESUMEN

El objetivo de esta investigación es el análisis del comportamiento político del Partido Nacional en Chile. Nuestra problemática es investigar el rol jugado por este partido en el conflicto político entre 1966-1973. La hipótesis plantea que el Partido Nacional tiene un fuerte pragmatismo, lo que lleva a desarrollar distintas fases en sus siete años de historia. En el desarrollo de la investigación distinguimos cinco fases: la primera, ante el Gobierno democratacristiano, que se caracteriza por la recuperación electoral; la segunda, de interregno, es la negativa para ratificar a Salvador Allende como Presidente en el Congreso. Las siguientes fases surgen durante el Gobierno de la Unidad Popular: una deslegitimadora, una desestabilizadora y, finalmente, el quiebre definitivo con el Gobierno.

Palabras clave: Partido, conflicto, pragmatismo, fases.


ABSTRACT

The objective of this investigation is to analyze the political behavior of the Chilean National Party and its impact in political conflict during the period lasting from 1966 to 1973. Our hypothesis is that the National Party was characterized above all by a strong pragmatic attitude. The seven year existence of the party can be classified in different stages: The first stage, with the Christian Democratic Government serving as opposition party, was characterized by electoral recovery. The second stage was primarily marked by the party’s refusal to ratify Salvador Allende as president of the Republic. The next stages occurred within the period of Allende’s Unidad Popular Government and can be subdivided into a deslegitimization-phase, a destabilization-phase, and finally the definite break with the Government.

Keywords: Party, conflict, pragmatic, stages.



EN MARZO de 1965, la derecha tradicional obtiene uno de los peores resultados electorales de su historia. La suma de votos entre conservadores y liberales no supera el 12,5%. Esta crisis electoral motivó una discusión al interior de las colectividades de derecha que se encontraban debilitadas y desplazadas ante los partidos de izquierda y de la Democracia Cristiana. La revisión al interior de la derecha concluyó que la opción más adecuada para enfrentar tal escenario político era la fusión de todas las colectividades y construir un nuevo referente político. Con ello, la derecha adquiere un nuevo rostro, naciendo, en mayo de 1966, el Partido Nacional.

Este trabajo examinará el accionar del Partido Nacional ante la contingencia política que tuvo que enfrentar en sus 7 años de historia. En la literatura atingente a este período, observamos gran cantidad de textos con miradas más globales que, bajo diferentes enfoques, intentan explicar o proponer las causas de la crisis institucional que azotó al país a principios de los setenta: Sartori, 1994; Valenzuela, 1989; Scully, 1992; Corvalán, 2000; Salazar y Pinto, 1999; Jocelyn-Holt, 1999; Bravo, 1978; Moulian, 1983. En los estudios especializados sobre el papel de la derecha en Chile sólo se han realizado comentarios generales en torno a la participación de este partido en el conflicto político (Correa, 1989, 1991; Moulian, 1985; Ruiz, 1984; Cristo y Ruiz, 1992; Cáceres, 1994; Varas, 1997; Quiroga, 1994; Pereira, 1994). Una de las pocas monografías existentes que analiza a esta entidad política es la de Ángel Soto y Marcos Fernández (2002), que centra su análisis sólo en las fuentes que conformaron doctrina fundacional del partido, y que luego sentaron las bases para el programa de Gobierno de Jorge Alessandri, en 1970.

Las miradas que se ciernen sobre este partido, y que reconstruyen históricamente su papel en el sistema político, se pueden resumir en tres planteamientos: el primero es el desarrollado por Alan Angell al sostener que "El Partido Nacional, constituido en 1965... fue mucho más un instrumento político defensivo en contra del marxismo, que la base de un nuevo proyecto de la derecha" (Angell, 1993: 61); en el segundo, el historiador Luis Corvalán Márquez manifiesta que uno de los factores del quiebre institucional tiene relación con la emergencia, a fines de 1950, de los tres proyectos globales que combatían entre sí; en este contexto, el nuevo partido de derecha representaría un proyecto global de corte capitalista (Corvalán, 2000); el tercero es el esgrimido por Sofía Correa (2005), para ella el Partido Nacional da cuenta de "la destrucción de la derecha histórica" a causa de su enorme pérdida de poder.

La disparidad de estas tesis, sobre un mismo objeto, nos invita a realizar un estudio más profundo acerca de cómo se generó esta nueva derecha, y la forma en que fue definiendo su estrategia política ante la agudización del conflicto y las implicancias que tuvo en el quiebre institucional de 1973. Consideramos que la manera más óptima para cumplir con este objetivo es indagar en los distintos planteamientos y estrategias del Partido Nacional, ante los diversos escenarios políticos que tuvo que enfrentar durante sus siete años de presencia en el sistema de partidos chilenos, y comprenderlo más allá de su doctrina y principios.

El nuevo orden que se estaba configurando en el sistema político (Moulian, 1983) a mediados de la década de los sesenta, exigía a la alicaída derecha tradicional asumir una renovada estrategia política. El nuevo rostro de este sector partidario en 1966, reconocido como el Partido Nacional, se caracterizó por un fuerte pragmatismo. Para distinguir la propensión de este partido para adaptarse a las condiciones reales, hemos subrayado cinco fases, en las cuales se observan las distintas estrategias y lo disímiles de sus posiciones a lo largo de su trayectoria política.

EL CREPÚSCULO DE LA DERECHA TRADICIONAL

Varios factores contribuyen para explicar la crisis electoral de la derecha, los cuales nos remontan a la década del cincuenta. En dicha década, el país presentaba síntomas de agotamiento del modelo sustitutivo de importaciones, que generó un estancamiento económico y la agudización de profundas crisis sociales (Muñoz, 1985). Este elemento más el desencanto con los partidos políticos tradicionales produjeron un rechazo, que trajo como consecuencia el alejamiento de la ciudadanía de las tiendas tradicionales, que eligió en la presidencial de 1953 al caudillo político y ex-general Carlos Ibáñez del Campo (Urzúa, 1986: 79). El Presidente Ibáñez impulsó en su Gobierno una serie de reformas, por ejemplo, la derogación de la Ley de Defensa de la Democracia, el establecimiento de la cédula única y la obligatoriedad de la inscripción en el Registro Electoral. Estas últimas reformas trajeron como directa consecuencia la ampliación del universo electoral, iniciando la masificación de la política y un reagrupamiento de las fuerzas partidistas (Moulian, 1983).


C. Ibáñez del C.

En este período, el Partido Conservador pierde el discurso católico producto del alejamiento con la Iglesia, el cual optó por una doctrina social más progresista, por los efectos de la revolución cubana y la alta votación de la izquierda. Lo anterior provoca la fuga de electores conservadores fundamentalmente católicos (Correa, 1991). Con la pérdida de la mística y el discurso católico, el electorado masificado se identificó preferentemente con partidos que contaban con proyectos globales (Góngora, 1981), los cuales diagnostican una crisis estructural y un programa de reformas, como es el caso de la Democracia Cristiana y los partidos de izquierda.

La derecha tradicional en 1964, consciente del desgaste de sus colectividades y de las reales posibilidades de triunfo del FRAP, forma, en conjunto con los radicales, una coalición conocida como el Frente Democrático, elevando como candidato presidencial al radical Julio Durán. Sin embargo, en marzo de 1964, en la elección extraordinaria en Curicó conocida como "el naranjazo", el Frente Democrático obtiene el último lugar luego del FRAP y por último la DC. Ante este hecho, la derecha tradicional disuelve su alianza, encontrándose sin programa ni líder.


S.O. Jarpa

Por estas razones, decide optar por el mal menor, omitiéndose como alternativa política y apoyando al candidato democratacristiano Eduardo Frei M., al que no realiza ningún tipo de exigencias. En las elecciones parlamentarias de 1965, se confirma el naufragio de su larga decadencia, tras obtener el peor resultado de toda su historia, puesto que el porcentaje de votos entre las dos colectividades era 12,5%. Luego del desastre electoral de los Partidos Conservador y Liberal, éstos deciden fusionarse, y crear un amplio movimiento, para lo cual hacen un llamado a los grupos independientes y nacionalistas, como lo era el Partido Acción Nacional. La regeneración de la derecha implicó asimilar el nacionalismo, marginado hasta ese momento por los sectores tradicionales por su carácter autoritario, y que es recibido con gran fuerza por el nuevo partido, siendo sus principales representantes Jorge Prat, Mario Arnello y Sergio Onofre Jarpa.

El Partido Nacional declara representar un movimiento renovador, nacionalista, instaurador de un nuevo orden y representante de la clase media. Este partido, abiertamente pragmático y producto de la coyuntura política, diagnosticó un crecimiento, a su juicio, "peligroso" de los partidos marxistas, y además, con una Democracia Cristiana decidida a realizar reformas estructurales que trasformaban el orden tradicional. Los factores que convergen en la concepción del Partido Nacional se articulan bajo una mirada que diagnostica una crisis nacional, en la cual los derechos fundamentales, como la propiedad privada, se ven cuestionados1. La nueva imagen de la derecha encarnada en el Partido Nacional muestra el reagrupamiento de fuerzas al interior de ésta, que se escuda en el nacionalismo ante los discursos modernizadores del centro y la izquierda, radicalizándose aún más el sistema político.

 

LA REGENERACIÓN: EL NUEVO BLOQUE POLÍTICO

En esta primera fase del Partido Nacional, su principal objetivo fue la recuperación electoral de la clase media, con el objetivo de fabricar un piso para las elecciones presidenciales del ’70. Se emprendió una enérgica oposición en todos los ámbitos, destacándose su rechazo a las reformas estructurales. Se entiende que el nacimiento de este partido es en respuesta a la situación "peligrosa" que diagnosticó en el país. Sin embargo, los problemas prioritarios que debió enfrentar fueron frente a los democratacristianos, quienes contaban con el control del Gobierno, y un poderío parlamentario que les permitía realizar un programa de reformas económicas y estructurales sin mayores inconvenientes.

La Democracia Cristiana, en su programa, planteaba profundas reformas. La crítica de los nacionales ante éstas, se centraban en el carácter político y demagógico con que eran elaboradas y desarrolladas, acusando, además, que sólo buscaban aumentar el poder de los democratacristianos. Los nacionales incluso llegaron a compararlos con los estados totalitarios. Además, agregaban que estas reformas sólo perjudican la crítica situación que atravesaba el país, por el poco rigor técnico que contenían sus medidas. La posición del Partido Nacional no difiere en el fondo de la mantenida por la derecha tradicional. La Reforma del Art. 10 de la Constitución fue la primera etapa para efectuar la Reforma Agraria, de la cual el Partido Nacional sería su principal opositor. Los nacionales manifestaron su rechazo total a ésta, declarándose públicamente defensores del régimen de propiedad privada como elemento consustancial de la libertad y la dignidad humana, y anunciando que consideraban la iniciativa de la Democracia Cristiana como provocadora del temor y la inseguridad. Acusaban al Gobierno democratacristiano de tomar una actitud revanchista hacia el propietario agrícola. En una declaración pública señalan de manera enérgica que la reforma al Art.10: "constituye el paso más decidido para destruir la estabilidad de nuestra clase media, abolir la libertad y abrir una amplia puerta al marxismo"2.

La sindicalización campesina fue otra reforma incluida en el programa de la Democracia Cristiana. Este proyecto fue postergado por décadas y considerado casi un tema tabú; sin embargo, la ebullición de los problemas sociales y los vientos progresistas de los programas globales pusieron en el tapete la regulación de la situación laboral de los campesinos. El Partido Nacional rechaza oficialmente esta medida. El senador nacional Armando Jaramillo arguye que había que "asegurar el ritmo de desarrollo de la economía del país en su conjunto; y luego emprender la justiciera política de mejorar las condiciones de vida del pueblo con los mayores ingresos", considerando inconveniente la reforma por la crisis y el estancamiento que atravesaba el sector agrícola3.


F. Bulnes

Otra crítica constante que se realizó al Gobierno democratacristiano estaba relacionada con el proyecto de ley que regulaba y otorgaba personalidad jurídica a las Juntas de Vecinos. Esta ley, que promovía la integración de sectores marginados al sistema, no fue bien recibida por los nacionales; el senador Francisco Bulnes esgrimió en el parlamento: "Con este proyecto se pretende que el Gobierno central absorba y esterilice a uno de las pocas instituciones que puede interpretar diametralmente los anhelos regionales"4, perjudicando la libertad de asociación de los vecinos y, además, sometería a estos últimos al Ministerio del Interior, creando un foco doctrinal bajo la tutela del Gobierno.

La reforma de legislación sobre Sociedades Anónimas no estuvo alejada de los acalorados debates al interior del Congreso; ésta afectaba directamente a las empresas. Los senadores nacionales abordaron la crítica de esta reforma como un atentado contra los empresarios, "si la responsabilidad de impulsar la vida económica del país, que en gran parte son los que crean las sociedades anónimas… Esta es la labor que nunca logran hacer con eficacia para los pueblos quienes sólo tienen una posición burocrática en el manejo económico del país"5; esta medida sería perjudicial para el despegue de la economía, por las limitantes que se imponía a los principales agentes del movimiento económico. Proponen dar mayor libertad de acción a los agentes económicos, como los empresarios, en contra del aparato burocrático estatista que sólo coartaría los libres flujos del mercado. Ellos sostenían que las reformas eran fabricadas por partidos con programas trasnochados y foráneos, que tenían una fuerte carga ideológica y que sólo buscaban el crecimiento del Estado para aumentar su cuota de poder.

Sin embargo, aún podemos apreciar en esta primera fase del partido su carácter democrático; por ejemplo, en la votación a la reforma de la Constitución que propiciaba la disolución del Congreso ante un conflicto entre el Ejecutivo y el parlamento, los nacionales presentaban una posición conciliadora ante un conflicto político polarizado. El diputado Fernando Maturana, frente al Congreso Pleno, sostiene que la reforma tiene "el propósito de transformarla en el cauce que dé salida al problema de inadecuación de nuestro sistema jurídico frente a la realidad social y económica… nosotros esperamos que el futuro de Chile se construya por medio de la democracia"6.


J. Alessandri

La contingencia nacional no estuvo exenta de polémicas porque los nacionales buscaron conscientemente desgastar el Gobierno y erosionar su base electoral. La libertad de prensa fue uno de los grandes temas de discusión puesto, en el escenario político, por la derecha, que hizo varias denuncias al respecto. Su primer reclamo apuntó a la persistente acción del Gobierno para adueñarse de los órganos de expresión periodística como, por ejemplo, la Sociedad Periodística del Sur. Esta acusación fue, a los pocos meses de la fusión de los partidos de derecha tradicional, lo que marcó, desde un comienzo, lo que sería la característica de la nueva derecha. En julio de 1966 denunciaron que el Banco del Estado financiaba, a través de créditos, a personas ligadas al Gobierno, para la compra de acciones de SOPESUR; además, acusaban que los accionistas eran amenazados con la negación de créditos a futuro, por parte de las instituciones del Estado7.

Otro caso que produjo bastante revuelo en el ambiente político, y que vislumbra la mirada del Partido Nacional en el ámbito internacional, fue el rechazo de la Operación Unitas en octubre de 1966; se trataba de operaciones militares de entrenamiento entre las Fuerzas Armadas chilenas y de Estados Unidos que se iniciaron con el Gobierno de Jorge Alessandri. En esta ocasión, el Partido Nacional, en conjunto con los partidos de izquierda, rechazaron su realización. Los nacionales, en su rechazo a esta operación, dejaron al descubierto su descontento con los Estados Unidos, denunciando una intervención velada en este tipo de pactos: "En su afán de inventar fórmulas salvadoras, simplifican la realidad de la vida de estos pueblos y caen en las más absurdas generalizaciones, con el resultado de que sus recomendaciones políticas, económicas, sociales no se adapten a la situación específica
de ningún país"8. La derecha estaba consciente que el Gobierno norteamericano fue gestor y promotor del programa "Alianza para Progreso", que impulsaba una serie de reformas estructurales, acogidas por la Democracia Cristiana.

La reforma agraria siempre fue tema presente en la discusión, luego de su aprobación en el parlamento; su desarrollo tuvo un seguimiento riguroso por parte del Partido Nacional. El análisis de la ley de reforma agraria es interesante por la envergadura y por su incidencia en áreas de orden social, económica y política. Los nacionales restaron legitimidad al proceso de reforma agraria, acusándolo de fraudulento y de instrumento de poder de la Democracia Cristiana. La acusación de fraude en esta área pasa por la entrega de diplomas de promesa de títulos, en lugar de títulos de dominio, lo que
obligaría al campesino a someterse y transformarse en inquilinos de los funcionarios de la CORA.

Por otra parte, los procedimientos de expropiación eran constantemente cuestionados, reclamando que había un continuo atropello de los derechos de los agricultores por funcionarios de la CORA: "Con lo cual buscan someter a los chilenos a un estatismo absorbente y, en último término, dejar al país anarquizado y con sus fuentes productoras destruidas, haciendo así tanto más difícil la tarea de reconstrucción que deberá afrontar el próximo Gobierno". El Partido Nacional hace un llamado a los agricultores a defender sus derechos. Con una crítica mordaz al Gobierno, como culpable de todos los sucesos acontecidos en el campo, en una declaración, los nacionales, sostienen que la política del Gobierno de turno es de "tierra arrasada"9.

En el sistema de partido chileno, configurado a tres bandas, con dos extremos polarizados y un centro ocupado por la Democracia Cristiana, los nacionales jugaron un rol fundamental en los movimientos centrífugos que generan la polaridad del sistema (Valenzuela, 1989: 44). Desde su nacimiento el Partido Nacional se declaró como un partido antimarxista. De hecho, su formación respondía en alguna medida al avance del Partido Comunista en el sistema de partidos. Según Moulian (1985: 67): "La nueva organización derechista estuvo marcada por su oposición dentro del campo de fuerzas, esto es, por su oposición a otras tendencias principales: la izquierda marxista y el centro reformista".

En las elecciones municipales del 2 de abril de 1967, el Partido Nacional hace un llamado de alerta a través del senador Pedro Ibáñez, señalando: "llamamos a los que tienen fe y carecen de miedo"10. En el discurso se apelaba a que el partido representaba el aporte moderno y responsable, que detendría en forma enérgica el desorden y la desmoralización reinantes en el país producidos por la Democracia Cristiana. Estas afirmaciones generan la
imagen de que el partido de Gobierno es el culpable del caos.

La virtud del Partido Nacional, como nuevo representante de la derecha, fue su capacidad de crearse un espacio en la política chilena, realizando una oposición definida, abriendo un camino propio, sin alianzas ni negociaciones, sin los complejos de sus antecesores políticos que los llevaron en la mediana duración al precipicio electoral. Su ácida crítica a la Democracia Cristiana, y su oposición acérrima a los partidos marxistas, lograron captar a un electorado defraudado por el Gobierno y contrario a los postulados de la izquierda, que vio en los nacionales la única alternativa política para canalizar sus preferencias. La imagen renovada de la derecha dio resultado una vez que logró desligarse del peso de sus antiguas consignas y consiguió
el ingreso de nuevos elementos al partido.

La nueva derecha, encausada en su oposición integral y en la búsqueda del electorado del centro, al aproximarse las elecciones, agudizó su crítica a la candidatura de la Democracia Cristiana, representada por Radomiro Tomic. Los nacionales insisten en lo clave de esta elección; el diputado Luis Engelberto Frías afirma apasionadamente que "en ello Chile va a decidir si se sigue viviendo en libertad y en democracia o si se va a caer en el régimen del cual nunca se sale, en el régimen marxista"11.

Las elecciones presidenciales del 4 septiembre de 1970 tuvieron la capacidad de no dejar indiferente a nadie. Los partidos políticos polarizados (con un movimiento centrífugo), al interior del sistema de partido, lograron tensar el ambiente al máximo, con una desconfianza mutua acerca del reconocimiento del triunfo en la elección, lo que deja a un sistema político desgastado y rígido (Valenzuela, 1989:140). Las condiciones en que se genera esta elección ya significaban una sentencia al futuro Gobierno. Los nacionales habían optado por la lucha democrática. Con una oposición implacable, habían conseguido importantes logros electorales, pero fracasaron en su principal objetivo: el derrotar al candidato de la Unidad Popular. Este fracaso significará un drástico giro en los planes de los nacionales que deberán enfrentar, de ahora en adelante, un Gobierno conformado por partidos marxistas.

El triunfo de Salvador Allende en las elecciones del 4 septiembre de 1970 inicia una segunda fase de interregno en la oposición que ejercerá el Partido Nacional. Enfrentados al triunfo del candidato de la Unidad Popular declararán, en primera instancia, que el resultado de la elección no ha definido aún al nuevo Presidente de la República, sosteniendo que, al no obtener la primera mayoría absoluta, ningún candidato se encuentra electo. La Constitución deja en igualdad de condiciones a las dos primeras mayorías ante el Congreso Pleno para acceder a la Presidencia.

Esta posición revela la negativa de los nacionales de reconocer como futuro presidente a un candidato apoyado por partidos marxistas. La derecha, en una actitud cautelosa, se margina oficialmente de la negociación entre la Democracia Cristiana y la Unidad Popular para la ratificación de Salvador Allende en el Congreso. Sin embargo, realiza negociaciones secretas con la Democracia Cristiana y Jorge Alessandri, para que éste último sea elegido y, luego de renunciar, llame a elecciones nuevamente; ante este escenario, el Partido Nacional estaría dispuesto apoyar a un candidato democratacristiano.

En una entrevista en 1980 para el diario El Mercurio, Jorge Alessandri reconoce la existencia de esta negociación, cuando en una reunión recibió la visita de un grupo de personas ligadas al Partido Nacional y la Democracia Radical: "Ésta consistió en que yo fuera elegido presidente en el Congreso pleno sobre la base de que no asumiera el cargo permitiendo así que el vicepresidente de la República, de acuerdo con la Constitución, llamara a una nueva elección y los que me apoyaron patrocinaron la reelección del señor Frei"12. Alessandri manifestó su negativa en participar en este tipo de arreglos políticos y, bajo un clima de turbulencia, en el cual fue asesinado el comandante en Jefe del Ejército René Schneider, Salvador Allende fue elegido Presidente de la República, todo ello gracias a los votos de la Democracia Cristiana, la que exigió, a cambio de sus votos en el Congreso, la aprobación del Estatuto de Garantías Constitucionales.

LA OPOSICIÓN INTEGRAL Y AMPLIADA: LAS ESTRATEGIAS FRENTE A LA UNIDAD POPULAR

El Gobierno de Salvador Allende repercutió directamente en la forma en la cual ejercía la oposición el Partido Nacional, y con la que se marcó una tercera fase. Los nacionales practicaron una oposición radicalizada, que contribuyó a desgastar la legitimidad del Gobierno de la Unidad Popular. En ella se distinguen constantes denuncias de ilegalidad a las medidas emprendidas por el Gobierno. El despliegue de fuerzas de la oposición se desarrolla en los ámbitos: 1) Electorales, donde no dudará en aliarse con el centro político (DC), para hacer un frente único ante la coalición oficial; 2) En el Congreso, con la presentación y apoyo a todas las acusaciones constitucionales a los distintos ministros y representantes gubernamentales; 3) En medios de prensa, que serán un instrumento para las denuncias en contra de la gestión de las autoridades ministeriales. La radicalidad de la oposición se agudizará, en directa relación con el desarrollo del programa de la Unidad Popular, evidenciándose el grado de descalificación hacia la administración.
Con el inicio del Gobierno de Salvador Allende, la oposición del Partido Nacional se hizo sentir. El 18 diciembre de 1970 Fernando Maturana denunciaba la trasgresión del estado de derecho, por las perjudiciales críticas que hacía la prensa de izquierda contra el Poder Judicial13. Esta denuncia afectará directamente al Gobierno, ya que los nacionales elevaron al Congreso una acusación constitucional en contra del ministro de Justicia Lisandro Cruz Ponce. Tal acusación tiene bastante relevancia, considerando que del Poder Judicial es un símbolo de la legalidad y las normas, en un estado de derecho. La moción fue rechazada en la Comisión a fines de enero, lo que deja en claro que los nacionales no lograrían solos desplegar una oposición de peso, y que necesitaban un acercamiento con el centro.

El programa de la Unidad Popular comenzó rápidamente a aplicarse, y uno de los principales problemas que encontró fue el no contar con la mayoría parlamentaria para realizar las reformas. La Unidad Popular optó por utilizar facultades presidenciales que disponía en cierto tipo de materias, como por ejemplo el derecho a intervenir y requisar empresas que tuvieran mal funcionamiento, o problemas con la población (Corvalán, 2000: 57). Este tipo de maniobras fueron rechazadas por los nacionales y declaradas como ilegales. En marzo de 1971 el Partido Nacional hace una acusación contra el ministro del Trabajo, militante del Partido Comunista, José Oyarce, por abuso de poder y atropello al orden constitucional legal vigente. Alegan, además, que el ministro otorga facilidades a los interventores, que configuran graves infracciones a la Constitución14. Esta acusación también fue rechazada en el Congreso.

Los problemas que se produjeron en las zonas rurales, estuvieron entre las preocupaciones del Partido Nacional. El programa de la Unidad Popular ponía bastante énfasis en la intensificación del proceso de reforma agraria, lo que preocupó a los nacionales por el aumento de expropiaciones y la agudización de los conflictos sociales en el mundo rural. Las críticas, si bien no se alejaron de las expuestas al Gobierno de Eduardo Frei M., fueron más
frecuentes, un ejemplo que caracteriza el tipo de descalificaciones hacia el Gobierno fueron las declaraciones realizadas por la muerte del pequeño agricultor Rolando Matus y Jorge Barahona, argumentando que "el Gobierno, autoridades locales y partidos políticos en concordancia, no sólo han sobrepasado la legalidad, sino también han violado flagrantemente las leyes de nuestra República"15.

Complementario a esto, las elecciones se interpretarán como plebiscitos, en los que la ciudadanía aprobará o rechazará al Gobierno. El Partido Nacional promoverá el acercamiento con la Democracia Cristiana para demostrar que el Gobierno cuenta con un apoyo minoritario, utilizando sistemáticamente este instrumento. Las elecciones municipales de abril confirmaron la tesis de los nacionales respecto de la necesidad de atraer a la Democracia Cristiana como única fórmula de realizar una oposición efectiva contra el Gobierno. Formularon un discurso tendiente a la creación de un "Frente de ideas"16, que superaría las diferencias ideológicas y partidistas, en función de valores comunes, como la defensa de la libertad y la democracia y, obviamente, la oposición a las fuerzas marxistas.

La polarización transforma el escenario político en dos bloques; es así como en la elección complementaria para diputado en Valparaíso, los nacionales optaron por no presentar un candidato, sumando sus fuerzas tras el candidato de la Democracia Cristiana. La DC eleva al candidato Oscar Marín, quien obtiene un 50,16%. La candidatura de la Unidad Popular, representada por Hernán del Canto, consiguió el 48,51%. Estos resultados electorales fueron alentadores para la oposición; los nacionales cumplían su objetivo, demostrar que el apoyo mayoritario se concentraba en la oposición, lo que era interpretado como un rechazo al Gobierno.

La marcha de las "Cacerolas vacías" simboliza un nuevo instrumento que utilizará el Partido Nacional para manifestar el descontento social y para desgastar las bases del Gobierno. En la fase anterior, el Partido Nacional desarrolló dos conductos para presentar la ilegítimidad del Gobierno: 1) Institucionales, que presenta, por medio de acusaciones constitucionales, la ilegalidad con que actuaba el Gobierno; 2) Electorales, promoviendo la unión con el centro, aislando al Gobierno. La movilización de la sociedad civil, a través de marcha o manifestaciones, constituirá el elemento que dará inicio a la cuarta fase, que consistió en la desestabilización del Gobierno de la Unidad Popular. En ella se busca una relación más estrecha con la sociedad civil, en la que se hace un llamado a la movilización para denunciar el descontento y generar un clima de ingobernabilidad.

Esta fase de desestabilización comienza luego de la bullada reunión del Arrayán. La Unidad Popular, luego del revés de las elecciones de enero, realiza una reunión. En ésta se dieron cita el Presidente de la República y los representantes de las distintas colectividades de la coalición. En el encuentro se analizaron tanto la situación político-económica del país como los pasos a seguir para la ejecución del programa de Gobierno (Corvalán, 2000: 146). El resultado de esta junta es conocido como el "Informe del Arrayán", el cual anuncia una nueva etapa de estatización de las empresas del área privada. Este informe planteó impulsar el desarrollo del programa de Gobierno, anunciando la estatización de 91 empresas. Ello produjo la radicalización del Partido Nacional, que denominó este hecho como un "asalto al poder". En este momento, puntualmente, se inicia la cuarta fase en la estrategia de oposición, se amplía el campo de choque con los sectores oficialistas para promover la agudización del conflicto. La característica de esta etapa es la movilización de diversos sectores sociales para desestabilizar al Gobierno. El plan tenía bastante cabida en los sectores gremiales de la sociedad, y contribuía a la creación de un clima de caos y anarquía. En marzo de 1972, los nacionales declaran que "se opondrá por todos los medios a la sedición comunista y sus criminales propósitos de arrastrar a Chile a una guerra civil"17, haciendo un llamado a todos sus militantes y simpatizantes a mantenerse movilizados y alertas.

Los llamados a las juntas de vecinos para fiscalizar las Junta de Abastecimiento y Precios (JAP) serán uno de los enlaces para la movilización de la sociedad civil y ampliar así los enfrentamientos con los sectores oficialistas18.

Este tipo de medidas promovió la ampliación de los escenarios de conflicto y contribuyó a crear un clima de crisis de gobernabilidad. La movilización más simbólica de esta fase de desestabilización fue el paro de transportistas realizado en octubre de 1972. Éste concentró el apoyo de todas las fuerzas de oposición como partidos políticos, gremios y diferentes sectores civiles. La instrumentalización de demandas corporativistas contribuyó a formar un simbólico rechazo al Gobierno y su programa.

El objetivo de desestabilización se encontraba en un punto de ebullición. Sergio Onofre Jarpa, líder de los nacionales, culpó al Gobierno del caos y llamó a revisar, en el Congreso, "a fin de examinar y decidir tan descarado y reiterado atropello de la Constitución y la ley"19. Este paro fue controlado por el Gobierno, luego de que Salvador Allende llamara a algunos militares para integrar el gabinete. Los nacionales (no contentos con esta intervención de los militares) cuestionaron el hecho, dirigiendo sus críticas a replantear la posición de los militares ante el Gobierno, y acusando a estosúltimos de la crisis que azotaba al país.

Los objetivos de los nacionales luego del paro de octubre se concentraron en las elecciones parlamentarias de marzo de 1973. Creían en el triunfo de la oposición para estas elecciones, al conseguir los dos tercios necesarios para destituir al Presidente Allende. Sin embargo, los resultados no fueron favorables para este objetivo. La elección de marzo no logró crear ninguna válvula de escape a la crítica situación que vivía el país. El proceso de deslegitimación y desestabilización desarrollado por medio de sistemáticas denuncias acerca de la ilegalidad de las medidas del Gobierno y un agitado proceso de movilización social, cimentaron las bases para una nueva fase en las estrategias de oposición que ejecutaría el Partido Nacional.

La quinta fase o de quiebre sólo podía ejecutarse bajo un denso clima de polarización tanto política como social, ya que ésta declaraba abiertamente la ilegitimadad del Presidente de la República. En esta etapa los nacionales declaran oficialmente la ilegitimidad del Presidente de la República, es decir, la construcción de un argumento constitucional y social para la destitución del Gobierno de la Unidad Popular. Luego de las elecciones, el Partido Nacional emprendió la estrategia de sentar las bases para la destitución del Presidente. En abril el Partido Nacional señaló: "Chile enfrenta la escalada final del comunismo"20. Lo importante de esta declaración es que afirma oficialmente "que ha llegado el momento en que el Congreso analice las consecuencias que se derivan de la permanente conducta arbitraria y anti-democrática del Gobierno y declare que éste ha perdido definitivamente su autoridad y la legalidad de su mandato… Porque nadie, a luz del derecho y la moral, está obligado a respetar ni continuar obedeciendo a una autoridad ilegítima que no respeta las leyes del país"21.

En junio de 1973 se reúne el consejo general del Partido Nacional y declara el quiebre definitivo con el Gobierno de la Unidad Popular, producto de las intenciones del Gobierno de promulgar parte de la ley Hamilton-Fuentealba, la cual había sido vetada continuamente por el Presidente de la República. El proyecto Hamilton-Fuentealba fue una reforma constitucional aprobada 11 de junio en el Congreso, con los votos de los parlamentarios democratacristianos y nacionales, que definió las tres áreas claves de la economía e instaló obstáculos al plan estatizador de la Unidad Popular, dejando sin efecto las estatizaciones y requisiciones efectuadas con anterioridad y que eran cuestionadas por la oposición por estar al filo de ley. Salvador Allende al vetar el proyecto, y la insistencia de la Cámara en aprobarlo, creó un conflicto constitucional de grandes proporciones. El Partido Nacional, en declaración oficial, manifestó: "El señor Allende ha dejado de ser Presidente Constitucional de Chile"22. Los nacionales, promoviendo el derrocamiento de Salvador Allende, se dirigen a los militares para conducir una intervención en contra del Gobierno, presentando un clima de anarquía y una autoridad sobrepasada por los hechos, y señalando la necesaria acción rectificadora de los militares23.

La intervención oficial del Partido Nacional, en la coyuntura política, hemos decido sellarla con la votación del 22 de agosto en el Congreso, en la cual se declara que el Gobierno ha quebrantado el orden constitucional24. La votación fue de 81 votos de la oposición, fundamentalmente nacionales y democratacristianos, contra 47 votos de la Unidad Popular. Esta declaración era una verdadera invitación a los militares a intervenir (Valenzuela, 1989: 260). Tal votación la entendemos como la finalización de las estrategias políticas de los nacionales, porque es la última instancia institucional que permite a un partido político declarar la ilegitimidad de un Gobierno. Esto se inserta en el marco de la construcción de un discurso legitimador para una salida extraconstitucional.

El Partido Nacional, como era de esperar, dio su apoyó al Golpe, y luego de que la Junta Militar llamara a un receso político, la discusión se centró en su disolución. Hubo tres planteamientos en esta discusión: el primero, señala la inconveniencia de desarmar la estructura política, que serviría en la eventualidad para apoyar al nuevo régimen de Gobierno; el segundo, proponía seguir actuando en los momentos en que el país se encontraba en un quiebre institucional, y el tercero, que primó finalmente, fue el de su líder, Sergio Onofre Jarpa, quien sugería terminar con toda actividad partidista y colaborar con el Gobierno. A finales de 1973 el Partido queda prácticamente disuelto, con algunos de sus integrantes participando con el nuevo régimen y otros dedicados a actividades privadas.

CONCLUSIONES

La formación del Partido Nacional es un ejemplo palpable de cómo la derecha, al tener un diagnóstico común ante la realidad nacional, es capaz de olvidar sus diferencias políticas internas y cerrar filas para oponerse sólidamente a lo que, a su juicio, eran los cambios que estaban destruyendo el orden del país. Por otra parte, la posición pragmática del Partido Nacional, a diferencia de sus pares, le permitió desarrollar una flexibilidad política importante que le sirvió para adecuar su discurso y acción ante el escenario político. Este pragmatismo le ayudó a movilizarse con mayor libertad dentro del sistema político y tomar ventaja de sus rígidos adversarios, que no conseguían la movilidad suficiente para negociar en el sistema porque sus alianzas y discursos anclaban su oscilación.

El rol jugado por el Partido Nacional en sus años de historia demuestra que no fue un proyecto claro de tipo capitalista, ni sólo un instrumento contra el marxismo. Fue más bien un partido que representó los intereses y miedos de una parte de la sociedad chilena que estaba en desacuerdo con la forma en que se estaban desarrollando los cambios en el país. Por ello, la construcción de un discurso nacionalista y pragmático dio excelentes dividendos electorales, ya que tenía características integracionistas. Ello le ayudó a sumar diferentes sectores de la fragmentada sociedad chilena. Sin embargo, no fue capaz de consolidar un discurso o proyecto al interior de la derecha que trascendiera más allá de la coyuntura política que debió enfrentar.

NOTAS

1 Ver el discurso del primer presidente del Partido Nacional, Víctor García Garzena. El Mercurio, Santiago, Chile, 11 mayo de 1966, p. 3.

2 El Diario Ilustrado, Santiago, Chile, 21 de mayo de 1966.

3 Sindicalización Campesina. Diario de Sesiones del Senado, Santiago, Chile, 28 de junio de 1966, p. 1157.

4 Legalización de junta de vecinos y demás organizaciones comunitarias. Diario de Sesiones del Senado, Santiago, Chile, 21 abril de 1967, p. 227.

5 Reforma legislación a Sociedades Anónimas, Diario de Sesiones de Senado, Santiago, Chile, 23 diciembre de 1969, p. 1963.

6 Diario de Sesiones del Senado, Santiago, Chile, 29 diciembre de 1969, p. 64.

7 Diario de Sesiones del Senado, Santiago, Chile, 20 de julio de 1966, p. 1837.

8 Diario de Sesiones del Senado, Santiago, Chile, 6 octubre de 1966, p. 626.

9 Declaración Política del Partido Nacional. El Diario Ilustrado, Santiago, Chile, 10 septiembre de 1969, p. 2.

10 El Diario Ilustrado, Santiago, Chile, 1 abril de 1967, p. 3.

11 El Diario Ilustrado, Santiago, Chile, 1 abril de 1967, p. 3.

12 El Mercurio, Santiago, Chile, 17 de enero de 1980, p. 35.

13 El Mercurio, Santiago, Chile, 18 de diciembre de 1970.

14 El Mercurio, 18 de marzo de 1971, portada.

15 Diario de Sesiones del Senado, Santiago, Chile, 6 de mayo de 1971, p. 3475.

16 El Siglo, Santiago, Chile, 26 de abril de 1971.

17 El Mercurio, Santiago, Chile, 9 de marzo de 1972, p.19.

18 El Mercurio, Santiago, Chile, 4 de junio de 1972, p. 24.

19 El Mercurio, Santiago, Chile, 14 de octubre de 1972, p. 19

20 El Mercurio, Santiago, Chile, 15 de abril de 1973, p. 41.

21 Ibíd., p. 43.

22 El Mercurio, Santiago, Chile, 17 de junio de 1973, p. 35.

23 El Mercurio, Santiago, Chile, 28 de junio de 1973, p. 35.

24 El Mercurio, Santiago, Chile, 23 de agosto de 1973, p. 19.

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Recibido: 06.12.2008. Aprobado: 20.03.2009.

* Debo agradecer a Ximena Jara por sus sugerencias y correcciones que contribuyeron a mejorar este artículo; sin embargo, no está demás decir que cualquier omisión o error que pueda presentar es de absoluta responsabilidad del autor.