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Atenea (Concepción)

versión On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  n.495 Concepción  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622007000100012 

 

Atenea N° 495– I Sem. 2007: 214-218

 

CREACIÓN

Miguel Barnet

 

Presentación
Por Mario Rodríguez Fernández


Atenea, continuando una de sus tradiciones emblemá ticas, publica un cuento inédito del escritor cubano Miguel Barnet titulado “Fátima o el parque de la fraternidad”.

Este texto ganó el reciente concurso de cuentos “Juan Rulfo”, de resonancia muy amplia en la letra latinoamericana. Su publicación contribuye a la difusión entre los lectores de Atenea de la obra de uno de los más importantes escritores cubanos y proporciona la ocasión feliz de leer un relato maestro.

Miguel Barnet actualmente está a cargo de una fundación muy importante en Cuba que lleva el nombre de Fernando Ortiz, uno de sus maestros. La trayectoria literaria de Miguel Barnet tiene un hito fundamental que es la publicación en el año 1966 (es decir ya han transcurrido cuarenta años) de su novela Biografía de un cimarrón que fue una obra testimonio, como se llamó en la época. Barnet ha escrito otras novelas en la misma línea, como La canción de Rachel, Vida real, Gallego. También Miguel Barnet ha escrito textos poéticos y es una atracción muy fuerte para él la poesía. La aparición de Biografía de un cimarrón en los 60, años fundamentales en la literatura, en la cultura, en la historia y la política latinoamericana, marcó un viraje en ciertas formas de narrar, propias del realismo socialista o su contrincante, el realismo fantástico, que estaban de moda en esos años. Esta obra es el testimonio que recoge Miguel Barnet de un esclavo negro, Esteban Montejo, de 103 años en la época donde lo conoció Miguel. En realidad, estamos frente a una obra que sigue siendo uno de los referentes importantísimos de la literatura latinoamericana contemporánea. Biografía de un cimarrón ha sido traducida a más de 24 lenguas y tiene más de 60 reediciones.

Para hacer la presentación de Barnet, voy a empezar citando un poema de Martí:

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche.
¿O son una las dos? No bien retira
su majestad el sol, con largos velos
y un clavel en la mano, silenciosa
Cuba cual viuda triste me aparece.
¡Yo sé cuál es ese clavel sangriento
que en la mano le tiembla! Está vacío
mi pecho, destrozado está y vacío
en donde estaba el corazón. Ya es hora
de empezar a morir. La noche es buena
para decir adiós. La luz estorba
y la palabra humana. El universo
habla mejor que el hombre.

Cual bandera
que invita a batallar, la llama roja
de la vela flamea. Las ventanas
abro, ya estrecho en mí. Muda, rompiendo
las hojas del clavel, como una nube
que enturbia el cielo, Cuba, viuda, pasa…

Paz hace una interpretación preciosa de este texto que habla de la muerte, el erotismo, la pasión revolucionaria, la mujer, el amor y la poesía. Yo me voy a permitir ensayar otra interpretación en relación a Biografía de un cimarrón y la Canción de Rachel:

Dos patrias tengo yo:
Cuba y la noche

Me voy a referir a la idea de dos patrias, que en los textos de Barnet son muy posibles de distinguir, como en general existen en el continente latinoamericano dos Argentina, dos Chile, dos Perú, etc. Hay una patria cubana, la patria de Martí y Fidel, la patria de los héroes, la patria escrita con letras de luz y sangre en la historia latinoamericana, la patria de los hombres con fama. Pero hay otra, ¿o son una las dos?, como dice Martí, la de existencias oscuras infortunadas, no escritas en ninguna parte, la de los hombres que Foucault ha llamado los “hombres infames”, que no son los hombres que han cometido un delito, sino los que carecen de fama, los que carecen de gloria. Vidas destinadas a transcurrir al margen de cualquier discurso y a desaparecer sin que quede ni una traza de ellas. Miguel Barnet, memorialista, historiador y cuentero como le gusta llamarse a él, narra la historia de esa gente que no pudo hablar, gente sin historia, como Estebán Montejo, que a sus 103 años pudo pasar mudo por la historia, sumido en las tinieblas, de no encontrarse con Barnet un día preciso de sus largos años. El testimonio del esclavo negro no es una historia privada, individual que afecta a un solo sujeto, tiene que ver con toda una comunidad. El testimonio de Esteban Montejo se conecta inmediatamente con el contexto social, cultural y político de Cuba. Con la política, porque al encontrarse la conciencia nacional o colectiva dispersa, inactiva, en relación a estos hombres oscuros, se aglutina y se activa, de manera que la literatura, en este caso Biografía de un cimarrón, tuvo ese rol de recoger y de poner en actividad lo que permanecía disperso, inactivo en la patria: el pensamiento de estos hombres oscuros.

Un teórico francés afirma que la enunciación es siempre colectiva. A mí siempre me ha costado mucho entender esto, porque uno supone que la enunciación siempre es individual. Yo soy el que está enunciando, pero después de leer Biografía de un cimarrón y La canción de Rachel queda claro que hay una suerte de máquina de expresión colectiva. No existe en la novela testimonio de Barnet, la distinción entre un sujeto de la enunciación, que puede se el autor o el propio Barnet que confirme un sentido y un sujeto del enunciado que sería en este caso, el Cimarrón.¿Quién narra en Biografía de un cimarrón, Estebán Montejo o Barnet que recoge y organiza el monólogo del esclavo o un narrador básico? Pienso que quien narra en esta novela es el pueblo. Narra el pueblo podría decir, citando a Kafka, La literatura como esposa de un pueblo. Montejo, separado de su pueblo, no existe, como tampoco existiría Miguel Barnet separado del pueblo cubano. La enunciación colectiva de Biografía de un cimarrón establece al interior de la literatura de los años 60 unas condiciones nuevas, verdaderas condiciones revolucionarias. Barnet utiliza un lenguaje que ya no es representativo o extensivo, sino intensivo o poético, como dicen los teóricos. Un lenguaje que abre las palabras, las deja fluir, las transforma en corrientes que producen intensos devenires, como los que experimenta Esteban Montejo en el monte. Allí el esclavo deviene animal y los árboles y pájaros devienen humanos. Voy a leer un breve trozo de estos devenires, cuando el esclavo ha huido, como cimarrón, al monte:

En el monte me acostumbré a vivir con los árboles. Ellos también tienen sus ruidos. Porque las hojas en el aire silban. Hay un árbol que es grande como una hoja blanca. De noche parece un pájaro. Ese árbol para mí que hablaba. Hacía uch uch qui qui uch uch. Los árboles también echan sombras.

Miguel Barnet, invitado por la Escuela de Verano 2007 de la Universidad de Concepción, pisa por primera vez la tierra chilena. Como un personaje del relato de Borges “El evangelio según Marcos”, tenía una asignatura pendiente: la de venir a Chile.

Ya la ha cursado exitosamente. Publicar el cuento ganador del “Juan Rulfo” en las páginas de Atenea contribuye decisivamente al éxito.