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Atenea (Concepción)

versión On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  n.495 Concepción  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622007000100004 

 

Atenea N° 495– I Sem. 2007: 53-67

 

ARTICULOS

 

Discursos utópicos y distópicos de amor y humor en la creación de la identidad caribeña

 

Luis Miletti
Profesor Morehouse College, Georgia, USA. E-mail: emiletti@yahoo.com


Resumen

El artículo arguye que la elite literaria utiliza al amor y el humor, como temas, para literaturizar eventos o problemas histórico-sociales. Esta propuesta examina la relación entre el humor y el amor en la construcción y deconstrucción de la identidad caribeña. El amor, el humor y la otredad se entrelazan en los textos aquí analizados para demostrar la exclusión de minorías en el proyecto nacional.

Palabras claves: Discursos del poder, amor, humor y otredad.


Abstract

The article argues that the literary elite utilize love and humor, as themes, to make literature out of social-historic events or problems. This analysis examines the relation between humor and love in the construction and deconstruction of Caribbean identity. Love, humor and otherness entwine in the texts analyzed here to demonstrate the exclusion of minorities in the national project.

Keywords: Power discourses, love, humor and otherness.


 

La literaturización de temas como el amor y el humor no es for-tuita. Se utilizan universalmente para hilvanar historias que develan un trasfondo de dinámicas históricas. Estas, a su vez, revelan problemáticas sociales. La Celestina (Rojas, 1992), por ejemplo y entre otras cosas, muestra el nacimiento de la ciudad como concepto urbano. Doña Bárbara  (Gallegos, 1977) representa la civilización versus la barbarie, Mefistófeles (Sarachaga, 1986), el teatro bufo y la parodia en la dramaturgia cubana, por otra parte, es una consecuencia de la necesidad del choteo como expresión de rebeldía anti-jerárquica. La guagua aérea (Sánchez, 1994), por último, apunta a la transculturación de un pueblo. El propósito de este trabajo es, en primer lugar, explorar cómo el amor y el humor se utilizan en la construcción y deconstrucción de la identidad caribeña. En segundo lugar, analizar las razones de esa utilización y por último señalar los efectos de ella en la identidad caribeña. El humor, el amor y sus aspectos utópicos y distópicos, son usados en la literatura caribeña para construir y reconstruir la identidad caribeña.


L.R. Sánchez

La literatura puertorriqueña de la generación del treinta elevó al campesino a un plano mítico y lo convirtió de esa manera en la esencia de la puertorriqueñidad. De esa manera enfrentó y creó conciencia ante el avasallador impulso del imperialismo cultural estadounidense en la primera parte del siglo XX. En los cuentos de Abelardo Díaz Alfaro (1919-1999) existe, en el campesino, cierta resistencia en adoptar el proceso de asimilación cultural, sea por medio de la imposición lingüística o por medio de la imposición de la cultura popular anglosajona. Los efectos de los discursos del poder en la identidad nacional y cultural, a través del humorismo, son ejemplificados por los cuentos “Santa Cló va a La Cuchilla” y “Peye M  erce enseña inglés” (Díaz Alfaro, 1947). En ambos cuentos el humor se utiliza en dos niveles: la mofa y la resistencia. En “Peye Merce enseña inglés” el sufrimiento del maestro al enseñar una lengua que no domina y la graciosa reacción de los presentes en la fiesta escolar navideña al ver a Santa Claus, expresan la problemática del colonialismo cultural y lingüístico del cual fue sujeto Puerto Rico en las primeras décadas del siglo XX. En “Santa Cló va a La Cuchilla” Johnny Rosas pensaba que el barrio estaba muy atrasado y que había que renovarlo. De acuerdo con él urgía traer cosas nuevas para sustituir lo tradicional. Tanto él como su supervisor, Mr. Escalera, estaban en contra de lo tradicional. Mr. Escalera pensaba que el progreso de Puerto Rico radicaba en el hecho de que se enseñase mucho inglés y que se copiaran las costumbres estadounidenses. Lo que llama Glissant “la insidiosa promesa de rehacerse a la imagen del ‘Otro’” (Glissant, 1989: 15). Para cuando se acercan las navidades Peye Merce comienza a adornar su salón de clase, Mister Johnny Rosas decide que ese año sería ideal para que Santa Claus hiciera su debut en el barrio La Cuchilla ya que, para él, la celebración de los reyes magos estaba pasando de moda. Para la gala premier de Santa Claus, Johnny Rosas invita a su supervisor, Mr. Rogelio Escalera, y a los padres de los estudiantes de la pequeña escuela rural. El salón de clase de Mr. Rosas había sido decorado a la usanza americana con el árbol de navidad, las coronas de hojas verdes con un fruto encarnado en el centro donde se podía leer “Merry Christmas” con letras cubiertas de nieve. Sus pupilos ya habían aprendido algunas de las canciones navideñas americanas, como “jingle bells” y conocían por nombre a Santa Claus. Pero ninguno de los niños, ni los alumnos de Peye Merce, ni los de Mr. Rosas estaban preparados para enfrentar al mismísimo Santa Claus en persona ya que nunca lo habían visto ni sabían cómo lucía. Mr. Johnny Rosas se había vestido de Santa Claus para congraciar a los niños y hacer de esa noche una inolvidable. Al entrar Santa Claus al salón, un grito de terror hizo estremecer de miedo tanto a padres como a alumnos. Unos campesinos se tiraban por las ventanas mientras que los niños más pequeños empezaron a llorar pegándose a las faldas de las madres que corrían en desbandada. Todos buscaban un medio de escape. Cuando Mister Rosas corrió detrás de ellos para explicarles que era él vestido de Santa Claus, aumentó el griterío y se hizo más agudo el pánico. En la distancia se escuchaba el griterío de la gente en desbandada. Este incidente tan jocoso ilustra el conflicto entre la asimilación cultural, por medio de la imposición de la elite, y la resistencia del campesinado a tal asimilación.


A. Díaz Alfaro

Desde el comienzo del cuento y gracias a un acercamiento semiótico, se puede notar la dicotomía entre lo nacional y lo foráneo. Nombres híbridos como Johnny Rosas, Mr. Juan Gymms, contrastados con el de Peye Merce, el inglés como símbolo del progreso, que se verá en “Peye Merce enseña inglés”, versus la resistencia lingüística del campesinado y por extensión a las masas puertorriqueñas; las coplas y los aguinaldos, el tiple y el cuatro de cedro versus “jingle bells” y el árbol de navidad, Santa Claus versus los Reyes Magos y un salón americanizado versus uno que se resiste al cambio, apuntan todos a la tragedia cultural que enfrentó Puerto Rico en la primera mitad del siglo XX. Esa resistencia cultural y lingüística a la que se alude se explica en Planning for Language Education in Puerto Rico: The dilema of bilingualism. C. William Schweers cita a Melvin Rescnick cuando éste alude al tema del temor a la pérdida del lenguaje vernáculo en su más reciente artículo. La hipótesis de Rescnick (cit. in Schweers, 1994: 205) indica que el temor al cambio de lenguaje del español al inglés, es la causa principal de la inhabilidad del puertorriqueño de dominar el inglés. Además indica que “el deseo de toda una sociedad de mantener el español como idioma principal en Puerto Rico es lo que ha causado que sólo un 20% de la población hable inglés. El asimilismo cultural impulsado por los discursos del poder en el país versus las masas representadas por los campesinos, ilustran el conflicto entre la asimilación por medio de la imposición de la elite y la resistencia del campesinado.


A. Díaz Alfaro

El humor en este cuento se genera no solamente en lo textual, donde se relata el pánico y el desasosiego psicológico que genera, tanto para niños como para adultos, el enfrentamiento a una cultura foránea y sus costumbres, sino que también apela al sentido del humor de aquel que conoce la tradición navideña estadounidense y que muy posiblemente la ha adaptado, sea parcial o completamente. Aquel lector que haya asimilado tales costumbres encontrará en el campesinado puertorriqueño descrito por Abelardo Díaz Alfaro la semilla del atraso cultural isleño. Otros, se reirán de los gajes de la dolorosa travesía de la asimilación cultural puertorriqueña. Es a través de la contraposición cultural entre los Estados Unidos y Puerto Rico que Díaz Alfaro devela los problemas de la identidad puertorriqueña creados por el colonialismo. En “Peye Merce enseña inglés” se problematiza otro aspecto de la imposición cultural. El supervisor de Peye, Rogelio Escalera, tras el episodio de la presentación de Santa Claus, le escribe una carta, que en términos drásticos ordena a Peye que redoble sus esfuerzos para enseñar inglés. Los deseos de Rogelio Escalera son el reflejo de una política colonial estadounidense en la cual “la mayoría de los recursos económicos y al igual que el esfuerzo humano que fueron utilizados en la educación en los primeros treinta años de la colonización americana fueron dedicados a la meta de hacer de los puertorriqueños hispano-parlantes en anglo-parlantes” (Schweers, 1994). Peye describe su encuentro con el texto de inglés que debe utilizar como “mi nuevo vía crucis”. De igual manera describe su experiencia con palabras o frases como miseria, ansias, hastiado, taco en la garganta, opresión, sudor, falta de aire, lengua pesada, etc., que expresan la dolorosa experiencia de la imposición cultural a través del lenguaje y la incapacidad de Peye de enseñar un idioma que no domina. Al hojear, lo que él categoriza como libro intruso, no encuentra en sus páginas nada que despierte el interés de sus estudiantes, “nada que se adaptara a su medio ambiente” (211), pero con alegría descubre una lámina de un gallo y es cuando decide enseñarles a sus estudiantes cómo decir gallo en inglés. A pesar de que los estudiantes no tienen problema alguno pronunciando la palabra “cock”, no pueden de ninguna manera asociar el canto del gallo americano con el signo gallo. La diferencia entre coocadoodledoo y el cocorocó es, para los estudiantes, insalvable. Se hizo, de acuerdo con Schweers (1994), cada vez más claro para los puertorriqueños que la meta principal de este sistema era el de americanizarlos y que el primordial mecanismo detrás de ese proceso era un intento de reemplazar el uso del vernáculo, el español, por el inglés como el lenguaje de instrucción y eventualmente el lenguaje de los puertorriqueños. El humor, en ambos cuentos de Abelardo Díaz Alfaro, intercepta la problemática de la identidad a un nivel nacional y retrata el momento histórico en que los últimos bastiones de la identidad nacional se comprometían en aras del progreso y en donde los discursos del poder se superimponían sobre los subalternos. De esa superimposición se genera una fijación1, de carácter político o racial, creada por la elite para entender su mundo y no el de los otros.

El humor en las letras puertorriqueñas no ha tenido una evolución uniforme, “ya que las condiciones políticas, sociales y económicas han obligado a nuestros escritores a producir, en su gran mayoría, una literatura monotemática y defensiva: la lucha por la identidad de pueblo sobre todos los otros temas” (Pagán, 1986: 221). Es el humor el que critica en estas obras, la negociación de identidad, sea racial o política, que algunos de los personajes exhiben. Es precisamente esa negociación, a la que alude Stuart Hall (2001). De acuerdo con él, la asimilación y su proceso obliga a toda una sociedad a una relación imitativa con la otra cultura, negando o desplazando la propia. Hoy día, aparentemente, la sociedad puertorriqueña y su literatura, en términos generales, han optado por encontrar su identidad, sea política o racial, entre los polos que se oponen en las obras aquí discutidas.

En el caso de los cuentos de Díaz Alfaro, los discursos del poder que ejercen su influencia sobre la isla son el discurso americano del poder y su política de anexión territorial y el discurso de la elite pro anexionista puertorriqueña. Si se hiciera un análisis político de los cuentos de Díaz Alfaro, se podría argumentar, sin la menor dificultad, que éstos representan la dicotomía entre anexión e independencia. Son precisamente éstos los que causan la tensión que personifica Peye Merce.

El humor, entre otras cosas, permite a los escritores puertorriqueños representar una realidad social. La realidad en cuanto a la identidad puertorriqueña, sea de corte racial o de corte político, es una todavía por definir. Los problemas de identidad en las obras analizadas en este ensayo, exponen los discursos del poder que causaron éstos al crear una identidad superpuesta. Esta superimposición, sea de tipo racial o política, es la que lleva al subalterno a afianzarse a lo que le queda de su identidad.

En la relación entre el humor, la identidad y los discursos del poder en las letras puertorriqueñas, se desdibujan las identidades perfilando su complejidad y se percibe, por parte de los escritores puertorriqueños del siglo XX, una tendencia a la deconstrucción historiográfica para llenar los vacíos históricos inherentes a su naturaleza y para traer a la luz los discursos coloniales como aparatos de poder que dieron forma a la sociedad puertorriqueña. El humor también refleja el sistema de valores de una sociedad específica. De manera que las dinámicas entre el humor e identidad se utilizaran en la literatura caribeña dependiendo primordialmente de cual haya sido el discurso o discursos del poder en vigencia, en una sociedad específica dentro de un plano espacial y temporal específico. Abelardo Díaz Alfaro utiliza el humor dentro de una dicotomía cultural en la cual el rechazo por lo foráneo y la inhabilidad de adaptación son obvios y crean de esa manera la jocosidad. El uso de la liviandad en tema tan escabroso, además, permite simplificar su complejidad y hacerlo más digerible y comercial. La razón para la utilización del humor en los cuentos aquí analizados, es que con él se deconstruyen aspectos socio-políticos y culturales que amenazaban la esencia de la puertorriqueñidad y por consiguiente su identidad. El efecto que tiene el uso del humor en estos cuentos, en nuestra estima, es que permite al imaginario nacional puertorriqueño de su generación y de las subsiguientes concebir la viabilidad de la resistencia a la aculturización anglosajona.

Entre los estados emocionales que han sido utilizados en la literatura universal, el amor ha sido el más utilizado. Su utilidad ha servido, entre otras cosas, para producir literatura fundacional, para desenmascarar gobiernos militares y para denunciar las injusticias de revoluciones que viven en las memorias colectivas de los pueblos. El amor, el romance y las pasiones desembocan en la mulata y en la temática que abarca más de cien años. La mulata como personaje, en la novela cubana, devela una serie de anomalías en la identidad racial nacional. A través de una arqueología de este personaje en las letras caribeñas, independientemente del lenguaje, se pueden trazar las dinámicas en la construcción y desarrollo de la identidad nacional. La valorización estereotípica de la mulata se ha dado dentro de un contexto de placer: es amante o prostituta. No se concibe como esposa del blanco ni del negro. La fusión de dos sangres y dos culturas han dado a esta mujer una exuberante sexualidad, que se describe en la poesía y la narrativa hispanoamericana a través de imágenes y metáforas que la asocian con un espacio paradisíaco. Cuando se analiza la influencia de los discursos del poder sobre la literatura para construir y deconstruir la identidad caribeña hispano-parlante, se debe considerar a la mulata como un componente primordial. La extensión temporal del uso de esta temática en sí revela que las ideologías y las estéticas que fueron parte de la concepción nacional y racial en el siglo XVIII aún perviven. Es en el personaje de la mulata que radican temas pertinentes a la identidad caribeña como: el mestizaje, el proyecto de blanquitud de la élite y el proyecto de blanquitud de la mujer negra, los efectos del sistema de castas en la identidad y la escala del poder dentro de la subalternidad. De igual manera acepta acercamientos como la mirada y el poder, el focalizador y el focalizado, el ascenso social y la autonegrofobia por mencionar algunos.

La mulata como la encarnación de la sensualidad/sexualidad no es un fenómeno únicamente cubano sino latinoamericano. La figura mítica de la mulata se abre paso temprano en el siglo XIX tanto en la narrativa como en la poesía, el teatro y la música cubana. La mulata se convierte en una paradójica figura que forma parte integral de la esencia cubana.

La fusión de dos razas, negra y blanca, crea un nuevo estereotipo de belleza femenina en el que el ritmo, la magia y la sexualidad de la tradición africana se mezclan con las facciones europeas. A partir del Romanticismo el tema de la mulata adquirió una connotación diferente. La poesía se convirtió en la expresión de una conciencia nacional, en la que tuvieron lugar la búsqueda de los orígenes y se hizo una protesta contra las injusticias del sistema colonial. Dentro de este contexto, el tema negro comenzó a cobrar importancia y se concibió al negro como integrante de una sociedad que había sufrido la opresión del colonialismo. Los poemas de la época romántica que hablan de la mulata la contemplan desde un punto de vista estético y sensual, pero al mismo tiempo, dan continuidad a una valoración negativa en la sociedad, por considerarla un híbrido carente de identidad. Ya en el auge del Modernismo, el mexicano José Juan Tablada (1871-1945) recurrió a la figura de piel de ébano como un recurso de exuberante sensualidad, descrita a través de símiles, imágenes y metáforas que la asocian a los frutos, lo salvaje y exótico de la naturaleza y describen el ritmo cadencioso de sus caderas equiparable al vaivén de la hamaca. La mujer de piel de ébano, siempre aparece altiva, orgullosa de su belleza y de sus cualidades. Según la imagen romántica de la mulata no existe en ella sentimiento de inferioridad, por el contrario, su presencia tiene un aire de superioridad fundamentado en la sexualidad, ya que su presa es el hombre blanco, quien agoniza ante ella y claudica ante sus encantos. La importancia de su presencia en la sociedad caribeña del siglo XIX y XX es tal que la novela, el cuento, la poesía y el teatro le han dedicado una considerable atención por más de un siglo.

La mulata y el amor, de esa manera, se complementan para definir la identidad cubana. Mersé de Félix Soloni es la historia de una mulata de la Habana, Cuba, en la década del veinte. Mersé es la hija de un ama de llaves y un español. Al quedar viuda, la madre es acogida por una familia habanera. De manera que Mersé se cría en el seno de una acomodada familia Habanera. La trama envuelve un triángulo amoroso entre ella y a dos amigos de su infancia: Cuca, hija de la familia que la acogió, y Ernesto. Cuca, ya casada, está a punto de ceder a los avances amorosos de Ernesto. A pesar de que Mersé siempre ha estado enamorada de Ernesto, acepta que éste se encuentre con Cuca en el taller en el cual ella trabajaba. Al enterarse de que el esposo de Cuca está al tanto del encuentro y viene a descubrirlos, Mersé hace ver al esposo de Cuca y sus acompañantes que la amante de Ernesto es ella. Al destruir su reputación pierde la oportunidad de ser una “señorita” de clase y las aspiraciones de casarse con Ernesto y termina siendo su amante. La problemática central de esta novela es que Mersé se niega a aceptar las convenciones sociales que circunscriben la vida de una mulata. Estas convenciones están fundadas en antiquísimas ideas sobre la distinción de razas y reforzadas por el racismo científico del siglo XVII. Estas ideas y teorías encontraron suelo fértil dentro del sistema de la plantación, fragmentando la identidad y dejando huellas imborrables en la memoria colectiva.

De la literatura que aborda el tema de la mulata se desprende que la tendencia a blanquear la raza por parte de la negras es psicológica y física. Aun cuando este proceso se lleva a cabo, no tiene tanto efecto en el campo amoroso como lo tiene en el económico. El matrimonio con un hombre blanco, de clase media o alta, era algo vedado2 tanto en la realidad legislativa (durante períodos) como en la social y de igual manera en la literatura caribeña. No es un problema exclusivamente de razas sino también de clases. La relación entre un hombre blanco y una mulata representa un avance racial para los hijos de la mulata y un avance económico para ella, mientras que representa un atraso para el blanco. Sólo las relaciones carnales son posibles y con esto la mujer mulata se convierte en un objeto sexual y en la encarnación de la sensualidad misma. En la mayoría de las tramas que las incluyen, éstas se insertan en un sistema social basado en la gradación de la piel, donde mientras más clara sea la persona de color, más oportunidades de ascenso social tiene. Estas dinámicas vienen a ser los remanentes de los sistemas de castas que se originaron con la introducción del sistema de plantaciones. Ese mismo sistema jerárquico racial crea a su vez unas escalas de poder dentro de la subalternidad que afectan la construcción de la identidad nacional. En este tipo de literatura la mulata siempre se presenta con más poder económico que el que tiene una mujer negra de piel más oscura.

Mersé está consciente de su etnicidad y por consiguiente quiere escapar de su destino. Ella falla en su intento por ser una señorita de sociedad por los designios de una sociedad que veía a las mulatas como instrumentos de placer. No hay duda que la belleza de Mersé y su exuberante cuerpo la hace aún más consciente del inefable destino de la mulata en Cuba. Varias fuerzas sociales son representadas por los personajes de la novela. El deseo de Mersé por ser una señorita es el producto de la educación que recibe de su madre, Candelaria. Esta mujer, una mulata oscura, era la viuda de un soldado español que murió en una rebelión militar. Ella había sido, por años, una sirvienta de la acomodada familia Zarzas, la cual la consideraba como parte de la familia. Es por esto que su hija, Mersé, creció con los hijos de los Zarzas. Mersé se educó en una escuela de monjas dedicada a la enseñanza de niños negros. Además del dinero que devengaba la madre como sirvienta, tanto madre como hija vivían también de sus modestos ingresos como costureras. Junto a ellas aparecen en la novela la tía y las primas de Mersé.

Para Chole, la tía de Mersé, es imposible para una mujer mulata escapar de su trágico destino en la sociedad cubana. Es por esto que le dice a su hermana, refiriéndose a Mersé,

la mulata no pue ser más que eso: ¡mulata! Si se refina, los blancos la miran por encima del hombro, aunque se vuelvan locos por ella; y los suyos también la miran mal. Si se deja arrastrar por la corriente, lo mismo puede ser una señorona que una desgraciada. Pero eso sí, que no piense en matrimonio (10).

Es en contra de estas ideas que Mersé lucha a través de toda la novela. Además, existen los constantes piropos; en la calle la llaman sabrosa y sensual (28), comentarios que son un constante recordatorio de su estereotipo.

Mersé es un personaje que no encaja en el mundo con que la rodeó Soloni. Intentó ser diferente en un sistema racista que marca a la mulata de nacimiento. El narrador, refiriéndose a ella, indica: “Era una pieza de la inmensa maquinaria del reloj social que se empeñaba en girar en sentido inverso al que le correspondía, y en conciencia, todos los engranajes que la impulsaban se resentían, detenían su marcha, la hacían saltar hecha pedazos” (237). Mersé, por ser una mulata muy clara, podía pasar por blanca pero con obvias limitaciones3. Su deseo por completar su blanqueamiento social se tronchó al ser encontrada en los brazos de Ernesto.

Se debe señalar que la literatura de la mulata cubana ha corrido contrario a los discursos políticos. A principios del siglo XIX, cuando ya se cuajaban las ideas de una nación cubana, el mestizaje todavía se consideraba nocivo a la sociedad cubana por algunos pensadores. Pero luego las cosas cambiaron para las últimas décadas del siglo XIX y pensadores como Martí vieron en el mestizaje la manera de expresar la nacionalidad cubana. Pero aun así el matrimonio interracial no era visto con buenos ojos dentro de la comunidad caucásica de la isla y especialmente en las capas más altas de la sociedad cubana. La temática de la mulata en las letras cubanas así lo demuestra. El matrimonio con un blanco le es vedado y por consiguiente un ascenso social idóneo.

Otro factor que imposibilitaba al matrimonio entre una mulata con un hombre blanco era que las mulatas no gozaban de una fama muy buena en la sociedad cubana. Desde el siglo XIX las mulatas eran también un sinónimo de promiscuidad y hasta prostitución. Las frases y proverbios4  de la época con respecto a las mulatas no eran los más halagadores. Los reportes de la época en la condición de las mulatas sugerían que la educación y la oportunidad de trabajo remediarían sus paupérrimas condiciones, alejándolas de la prostitución. En 1864 Bachiller y Morales atribuyó la corrupción moral de las mujeres de color al doble estandarte de moralidad prevaleciente. Bachiller y Morales (cit. in Martínez-Alier, 1974: 116) dice que

in 1864 more correctly attributed the moral corruption of the coloured woman to the double standard of morality prevailing. He argued that the seductions by whites of coloured women and their consequent demoralization would diminished drastically if the seducers were subjected to the general laws which demand that this type of offence be repaired through marriage.

Pero esta sugerencia no tomaba u obviaba el hecho de que dada la mala reputación de las mujeres de color, en muchos casos la unión no sería posible. Verena Martínez-Alier asevera que

even if the man in question was willing to honor his obligation, it was often the case that his family, sharing the general evaluation of the colour woman’ honor, would be opposed, not to mention the obstacle posed by the requirement of official license for interracial marriages (1974: 116).

Como resultado de todas las legislaciones en contra de los matrimonios interraciales y las tensiones sociales que eso generó, el porcentaje de matrimonios blancos era mucho más alto que el porcentaje de matrimonios negros. Mientras que para los blancos el matrimonio parecía ser la norma, para la gente de color el concubinato era más frecuente. La preocupación por el linaje (que se llevaba a través de la mujer) y la descendencia que estaban conectadas a la ansiedad por la pureza de sangre que había caracterizado a la cultura española por siglos, tomaron en Cuba nuevos vigores con tonos raciales.

 Estas relaciones interraciales, por necesidad, tenían que permanecer como relaciones extramatrimoniales5. De igual manera, en dicha literatura es inusual que una mulata se case con un negro. Es, por esto, que Mersé, durante el curso de la novela, hizo caso omiso a las declaraciones de amor de un joven negro. Esto representaría, por supuesto, un salto atrás.

El mito de la democracia racial en Cuba es desarticulado por la novela de la mulata cubana y específicamente por Mersé. El proceso de incorporación de diferentes regiones y grupos de la población cubana en un proyecto nacional fue, por lo menos, contradictorio. La incorporación de grupos étnicos o raciales en la vida nacional reprodujo las mismas identidades que los proyectos nacionales pretendieron borrar. Las contradicciones entre esos proyectos inclusivos de homogeneización cultural y las realidades de exclusión y discriminación experimentadas por los negros vienen a chocar para revelar la verdadera situación de integración racial en Cuba. Como en el resto de Latinoamérica, la ideología de inclusividad racial se desarrolló en Cuba por una necesidad política y no moral ni ética. La lectura de Mersé revela que este proyecto fue, y ha sido, uno parcialmente alcanzado ya que el cambio ideológico en cuanto al mestizaje que experimentaron los pensadores latinoamericanos no fue totalmente aceptado por el sector blanco de la población en Latinoamérica y, especialmente, en Cuba. La élite cubana estaba preocupada por la visible diversidad racial de la población, pero estaban conscientes de que la independencia política de España no se podía obtener sin formar una alianza nacional multirracial, no obstante todas las consecuencias que esto pudiese traer. No se puede negar el hecho de que al tratar de definir la nación cubana, especialmente en el momento histórico en que se trataba de establecer su identidad nacional, la cuestión racial, o sea, la composición racial del cubano, tenía que surgir. La interconexión entre estos dos conceptos es evidente y natural en el intento por definir una nación. Las definiciones y teorías de la nación, nacionalidad y nacionalismo surgen, en Latinoamérica, en el siglo XIX, durante un período cuando el racismo era un pensamiento hegemónico casi en su totalidad.

Influenciados por el racismo científico, la élite cubana intentó blanquear su poblaciones6. Este blanqueamiento se ejecutó por dos medios: la inmigración europea y el mestizaje. En ambos casos el resultado fue la mulatez. Dado el hecho de que el proyecto de blanqueamiento en Cuba para mejorar, racialmente hablando, una población que era en su mayoría mulata o negra no funcionó como era esperado, los pensadores elaboraron otras respuestas al problema de la composición racial en la definición de la nación cubana. De acuerdo a Juan de Castro,

given the failure of whitening as a project to improve the predominantly mestizo, black and Amerindian Latin American population, it became necessary to fashion a new response to the problems of race and nation. By the first decades of the twentieth century, Latin American intellectuals began to propose that mestizaje be viewed not as a flaw to be corrected by immigration, but as a characteristic that would define the nation as such (Castro, 2002: 18).

Pero aun así el mestizaje tenía, socialmente hablando, sus inherentes problemas que son aplicables a Mersé como a toda la novela de la mulata en las letras cubanas. Al traer a colación los padres de Mersé, el lector se percata que ella era una hija natural y que nunca fue reconocida por su padre. Ya que los mestizos o mulatos nacían, en la mayoría de las ocasiones, fuera del matrimonio, las autoridades coloniales, y luego las postcoloniales, los marginaban. Los lugares en los cuales ellos podían vivir y trabajar eran realmente restrictos. Aun cuando el discurso oficial cubano ha visto al mestizaje como algo positivo, la realidad social ha sido otra. Apunta también Castro que

to use mestizaje in a positive national context required not only rejecting the dogmas of scientific racialism, but also disregarding the negative connotations and uses that had been associated with the word and its cognates in Spanish (Castro, 2002: 18).

Existe en este mestizaje un aspecto muy importante cuando se analiza Mersé. En el análisis del personaje homónimo se observa un proceso histórico de asimilación, donde la subalternidad cubana lucha por romper barreras raciales. No hay lugar a duda de que Mersé no pertenece ni psicológicamente ni socialmente al mundo mulato que la rodea. La asimilación en Mersé es total. El hecho de que aun cuando Mersé se consideraba blanca y aun así no consiguió casarse con un blanco, demuestra que no era el mestizaje precisamente lo que rechazaba un gran sector de la población blanca criolla si no el matrimonio interracial.

El amor, en la novela de Soloni, actúa como una manivela que mueve una serie de contradicciones dentro de una sociedad habanera que no puede romper con las cadenas psicológicas del colonialismo. Al presentar un triángulo amoroso de tono interracial, dentro de una sociedad que a todas luces exhibía un racismo selectivo, Soloni utiliza al amor para denunciar una sociedad que en realidad distaba de ser lo que el discurso oficial aseveraba. Este análisis arguye que en Mersé, el amor se usa porque con él puede Soloni literaturizar la construcción o consolidación de la identidad cubana como mestiza. La mayoría de sus personajes, en mayor o menor grado, así lo indican. De la misma manera la novela deconstruye la identidad cubana al exponerla como fragmentada y repleta de anomalías. El negro o el mulato, en la novela, está sujeto a un blanqueamiento psicológico y generacional que lo lleva a despreciar su propia raza. Los residuos de ideologías colonialistas tienen un efecto negativo en el tratamiento del amor en esta novela. Existe en esta novela una sociedad que valoriza la blanquitud y desvaloriza la negritud en el plano amoroso.

Este estudio arguye que al literaturizar temas como el amor y el humor dentro de ciertos ambientes sociohistóricos, éstos se expresan en dos corrientes simultáneas pero dicotómicas. Estas corrientes contrastan el sueño idóneo con la cruenta realidad de la sociedad en cuestión. El discurso utópico del humor dentro de un Puerto Rico bajo el neocolonialismo norteamericano pretendería aceptar una nación bicultural que a golpe y porrazo se aclimata a su nueva realidad, mientras que el discurso distópico dramatiza la agonía de un pueblo por retener su esencia. Por otro lado, el discurso utópico de mestizaje por parte de la elite cubana pretendía definir a la isla como una mestiza y al mestizaje como una conducta aceptable por todas las capas de la sociedad. Pero si lo utópico era inalcanzable para la sociedad cubana, lo distópico era una realidad que rechazaba todo matrimonio interracial.

NOTAS

1 De acuerdo con Bhabha, un importante aspecto del discurso colonial es su dependencia en el concepto de fijación en la construcción ideológica de la otredad.

2 Few interracial couples were denied marriage licenses until 1864, when fear of the potential impact of U.S. slave emancipation increased racial anxiety in Cuba. Suzanne Bost. 2003. Mulattas and mestizas. Athens: The University of Georgia Press, pp. 101.

3 Kutzinski claims that the mulattas cultural visibility contrasts with her social invisibility. 1993. Sugar’s secrets: Race and erotics of cuban nationalism. Charlottesville: University Press of Virginia, pp. 40.

4 There is no sweet tamarind fruit not a virgin mulatto girl. Marriage, class, and colour in Nineteenth Century Cuba. Ann Arbor: University of Michigan Press, 1989, pp. 118.

5 As a corollary of the central role played by females honour, man’s sexual conduct was of less social consequence. Verena Martínez-Alier. 1989. Marriage, class and colour in Nineteenth Century Cuba. Ann Arbor: The University of Michigan Press, pp. 118.

6 In 1840, when blacks officially became the majority in Cuba, the planter class feared for his fragile social equilibrium. Abolicionist sentiment from England and the Unites States destabilized the foundations of color based hierarchies. Franklin, Knight. 1990. The Caribbean. New York: Oxford United Press, p. 138.

REFERENCIAS

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Recibido: 02.04.2007.  Aprobado: 19.06.2007.