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Atenea (Concepción)

versão On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  n.493 Concepción  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622006000100009 

 

Atenea N° 493 - Primer Sem. 2006: 175-187

PLASTICA

Espacio ampliado

Víctor Ramírez

Nace en Chillán Viejo, Chile (1950). Estudió en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile y en el Departamento de Artes Plásticas Universidad de Concepción (Chile). En 1975 se traslada a España, y desde entonces vive en Barcelona. Trabaja como pintor, artista gráfico y en proyectos de arte público.


Víctor Ramírez

NOTAS SOBRE EL COLOR, EL ESPACIO Y LA ABSTRACCION

En mi proyecto “Pictorial Thesaurus” (Barcelona, 2001) definía la belleza como un valor, tal como puede ser la bondad o la verdad. “Belleza: Concepto desarrollado por el ser humano para explicar un propósito ético como finalidad de la existencia humana”. Siguiendo con esa idea, creo que en los momentos extremos y no tan extremos está arraigada en el ser una profunda necesidad de belleza. Y menos mal que existe. Esta nos ha brindado gestos y obras de arte de enorme presencia en nuestras vidas.

Me gusta ver la belleza como un acto creativo y de comunicación, como un cuerpo de materias textuales de doble naturaleza que, por un momento, está fuera de las ideas o mas allá de ellas, a pesar de su desarrollo como concepto filosófico y estudiada como una cualidad estética, y, por otro, se manifiesta en un acto de comunicación mutua entre el que mira el objeto y la obra, existiendo plenamente en esa relación. Es posible que la creación en el arte consista en eso y que el artista inicie con la construcción de su obra ese diálogo y propuesta de una sensibilidad.

¿Cuáles son las imágenes posibles de la abstracción en esta época? ¿Se podría decir que el aporte a la abstracción hoy día es la problematización y experimentación de lo real? ¿De una abstracción realista? Justamente el arte contemporáneo ha transformado el concepto de realidad en uno de sus fundamentos. En este sentido, ¿es posible a través de la abstracción o de los principios que la formaron construir una obra en estos momentos? ¿Tienen sentido los principios del plano, el vacío, la armonía, lo sublime y la trascendencia, cuando la miseria del mundo se nos ofrece revuelta en una tormenta de información como caótico y absurdo? ¿Es posible ofrecer una perspectiva para los conceptos de espacio en plena mutación?

En cierto sentido, tal como se nos organiza el mundo, no se podría hacer arte en ningún lado y menos plantear la belleza como ingrediente para hacer una obra  de arte. Pero la experiencia también nos dice que es justamente en ese momento cuando se necesita que el arte plantee sus propias definiciones de la vida, relaciones y valores estéticos, que haga valer su especificidad no sólo como interpretaciones de una posible realidad sino que el arte mismo sea el concepto de realidad. El arte como una forma posible de gobernar la realidad con su ética, política y estética del ser. En lo cotidiano está lo más abstracto y lo humano, no como una presencia figurativa, sino como una energía que se vive en un espacio y tiempo. La abstracción es la materialización visual de un estado de libertad que reorganiza el espacio con sus propios elementos constructivos. Pienso que el artista es testigo de su tiempo y sociedad y su obra está hecha por la realidad y la conciencia que tiene de esa realidad. En esta situación a lo largo de este trabajo pictórico incluyo la relaciones entre lugar, palabras y color, que de alguna forma hoy día me preparan  para enfocar el significado de mi creación en la búsqueda de posibles conceptos y visiones de la abstracción contextual.

El color en el arte moderno y contemporáneo juega un papel esencial. La mayoría de las obras del expresionismo abstracto encontraron en el color su identidad, aun en las obras que en ese momento fueron antiestéticas o disonantes. Toda la experiencia perceptiva, por lo menos de lo considerado arte objetual, está escrita con colores. La utopía de los colores de Yves Klein, los trabajos de Wladyslaw Sterzeminski, desarrollados más tarde por conceptuales del color como Marthe Wery o los “Especific Objets” de Donald Judd con sus reflexiones escritas “Some aspects of Colour in general and Red and Black in Particular” (ensayo, 1993), los trabajos monocromos de las esculturas de Anish Kapoor “Part of the Red” o “1000 names” (1980-1982), pasando por las las propuestas que hace Gerhard Ritcher, Pipilotti Rist, Louis Bourgeoise o los tubos fluorescentes de Bruce Nauman en “100 Live and Die” evidencian que el color habla por sí mismo.

El color basado en el pigmento, materia y espacio puede ser vehículo de procesos mentales y emocionales, de lo estático al movimiento de la luz y sus contenidos. En la Bienal de Puurs, Bélgica, 1995, realicé una instalación sobre el color basada en la obra de Wittgenstein, que titulé “Gedanken”. A raíz de este trabajo comencé a elaborar la idea del color como una experiencia poética (Catálogo La Waranda, 1996).

Mi experimentación sobre el color, tanto en el arte público como en el espacio del cuadro, me hizo pensar que el color cuestiona lo poético. A través del signo plástico, la experiencia poética podía ser experimentada con el color. El color con su poder nos lleva hacia lo hondo donde se generan emociones, símbolos y significados más allá de la superficie de la cultura. Puede perforar el espacio de nuestra conciencia, conformar un espacio que nos lleva a ese lugar interior vinculado a lo poético; penetra en las profundidades del ser como una vibración independiente. El color, al transformarse en estructura en la acción creativa del artista, se transforma en lenguaje. Para esta propuesta he seguido esta misma reflexión utilizando el color en superficies cuadradas e intentando narraciones en trípticos, dípticos o polípticos, eligiendo cinco colores: el azul, rojo, amarillo, naranja y verde, para entrar en el juego de lenguajes y relaciones con la palabra y el espacio fragmentado. Los colores son continuos pero se dividen infinitamente, sólo en el momento de la creación se transforman en lenguaje y comunicación.

A partir del año 2002 comencé a desarrollar un concepto en pintura que llamaba la reconstrucción espacial y que presenté en su totalidad en el Museo Elsenweld, de Antwerpen, 2004, titulado “Cut up Space”, y el 2005 en Griskon Art, Barcelona, con la serie “Psicogeografías”.

En la exposición que ahora presento sigo desarrollando este mismo concepto, agregando el discurso secuencial de la escritura. Los texto-imágenes amplían el espacio hacia una visión de lo interior. Se trata de pintar en grandes franjas de color a diferentes escalas, siguiendo unos patrones repetitivos que van evolucionando a lo largo del propio proceso de pintar. La intención es mantener una irregularidad y un caos aparente dentro de una estructura. Una metáfora de la modificación de la imagen del espacio por acciones sobre la tela como: traslado, deformaciones, desplazamientos, figuraciones borradas, transparencias, traducciones y rotaciones. Esta dimensión fraccional del espacio pintado tiene la particularidad de dar a la imaginación un papel esencial, puesto que este concepto de reconstruir el espacio permite múltiples maneras de ver una imagen. El color y las palabras entran en el espacio, sufriendo constantes alteraciones en busca de un sentido de totalidad.

Estas estructuras abstractas permiten unir y leer las palabras en cualquier orden. Esto crea una discontinuidad, poniendo en suspenso el pensamiento donde la imaginación puede restablecer nuevas conexiones. La palabra se transforma sólo en una presencia como lo es el dibujo, el color o el gesto de la escritura relacionado con la pintura. Sólo son huellas de lo pensado para obtener la visión. La exposición gira en torno a esta idea: lenguaje, lugar y la búsqueda de lo abstracto contextual en la oscuridad, para revelar nuestra situación en el mundo.

Barcelona-Concepción 2006

Vuelo en rojo (detalle), acrílico sobre tela, 80 x 80 cm


Bloed, tríptico, acrílico sobre tela, 190 x 570 cm


Puente azul, tríptico, acrílico sobre tela, 92 x 276 cm


Dibujo escrito, díptico, acrílico sobre tela, 90 x 180 cm


Espacio cortado, díptico, acrílico sobre tela, 190 x 380 cm

Ruimte, acrílico sobre tela, 92 x 92 cm


Visión escrita, acrílico sobre tela, 80 x 80 cm

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