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Atenea (Concepción)

versión On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  n.492 Concepción  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622005000200007 

 

Atenea Nº 492 – Segundo Sem. 2005: 135-146

 ARTICULOS

 

Theodor Mommsen, el mundo romano y sus proyecciones: A propósito del centenario de su muerte*

 

Alejandro Bancalari Molina

Doctor en Historia por la Universidad de Pisa (Italia). Profesor de Historia Antigua del Departamento de Ciencias Históricas y Sociales de la Universidad de Concepción y de la Universidad del Bío-Bío. E-mail: abancala@udec.cl


RESUMEN

Este artículo tiene como objetivos centrales destacar la obra y el pensamiento del más grande historiador, jurista y epigrafista alemán del siglo decimonónico, a los cien años de su muerte (1903). T. Mommsen fue pionero en los estudios de la prosopografía, de las inscripciones imperiales, de las provincias romanas como cuerpo del imperio, de los procesos de imperialismo y romanización y, en fin, de múltiples estudios vinculados con el mundo romano en sus ámbitos políticos-jurídicos. Asimismo, fue visionario, pues tuvo una conciencia y espíritu europeísta y concibió la historia en una dimensión holística y globalizada. Debido a su gran intellighenzia, erudición y producción, Mommsen obtuvo en 1902 el Premio Nobel de Literatura.

Palabras claves: Historiador, jurista, clásico, Nobel, holística.

ABSTRACT

The main objetive of this article is to highlight the work and thought of the most important German historian, jurist and epigraphist of the nineteenth century on the hundredth aniversary of his death (1903). T. Mommsen was a pioneer in studies of  prosopography, imperial inscriptions, the Roman provinces as the body of the empire, the processes of imperialism and romanization and, in short, of multiple studies linked to the Roman world in its political-juridical sphere. At the same time, he was a visionary since he had a conscience of a european spirit and he conceived history in a holistic and globalized dimension. Due to his great intellighenzia, erudition and production, Mommsen obtained in 1902 the Nobel Prize in Literature.

Keywords:Historian, jurist, classic, Nobel, holistic.


Hace doce años, específicamente el 1 de noviembre de 1903, a la edad de 86 años, murió Theodor Mommsen. Sin duda, el más grande estudioso de la historia y el derecho romano del siglo decimonónico. Infatigable, prolífico, perseverante, apasionado y realista. Nada lo detuvo en su incesante accionar científico y productivo; inclusive hasta su deceso en Berlín, todavía estudiaba y se ocupaba del Codex Theodosianus, de los Monumenta Germaniae Historica, de inscripciones, de normas jurídicas, en fin, de la historia romana y del presente.

Faltan los adjetivos y las buenas palabras para poder presentar una semblanza más o menos general o parcial de Mommsen. Moses Finley –otro grande del siglo XX– lo llamaba el “Meister de la historia romana, sin rival en su día ni en la actualidad” (1986: 15). Permítaseme la osadía de adentrarnos y aproximarnos en la vida, obra y la gigantesca productividad histórico-jurídica del historiador alemán, a propósito del centenario de su fallecimiento.

T. Mommsen

Theodor Mommsen (Casavola, 2002: 331-338; Wickert, 1959-1980; Rebenich, 2002; Buonocore, 2003; Delgado, 2003: 45-58) nació en la pequeña localidad de Garding (Schleswig, región limítrofe entre Alemania y Dinamarca), el 30 de noviembre de 1817, de familia protestante (su padre fue pastor) y de filólogos1. El joven Mommsen se destacó tempranamente en una rica, exigente y formadora educación, y estudió derecho, titulándose en Kiel el 8 de noviembre de 1843. Con ocasión de una beca de estudio en Italia comienza a recopilar y estudiar epígrafes, uno de sus tantos logros científicos que legará a la posteridad. En sus primeros años se dedicó y enseñó derecho romano, particularmente pandectas2 en Leipzig, Zürich y Breslavia. A los 44 años, en 1861 hasta 1887 su centro universitario por excelencia fue Berlín, enseñando y cultivando la historia antigua romana. Desde 1874 fue secretario permanente de la sección de filosofía e historia de la Academia Prusiana de Ciencias.

T. Mommsen

Dentro de su campo científico y de interés sobresale su dedicación a las inscripciones, la numismática, estudios monográficos de los Samnitas y Oscos, derecho político romano, fuentes del derecho romano y la propia historia de Roma. Fue pionero en los estudios del imperialismo y la romanización y creó una línea de investigación e interpretación en la cual combinaba la tradición literaria con la epigrafía y la numismática (Freeman, 1997: 27-50, esp. 45). Así, la producción científica de Mommsen la podríamos definir y categorizar en un sólido tríptico, donde se entrecruzan y se apoyan la historia, la epigrafía y el derecho. Sobresalen, sin duda, su Römische Geschichte (Historia de Roma) publicada por primera vez en 3 volúmenes entre los años 1854-1856, obra que llegó a un vastísimo público de cultura general; escrita, en forma amena, haciendo comparaciones entre la política romana y la actual; es además un repertorio detalladísimo, muy bien informado, de los grandes hechos y procesos históricos del período republicano. Se esperó que publicara, como el tomo IV, La historia del Imperio y de los emperadores, pero ésta nunca llegó. No obstante, en 1885, 30 años después de su Historia de Roma, publicó lo que a la postre sería la continuación, en cierta medida, de esta obra, equivalente al tomo V, titulada: Las provincias de César a Diocleciano, traducida al español como El mundo de los Césares3.

Octavio Augusto, primer
emperador romano (27 a.C.-14 d.C.)

Monumental fue su esfuerzo en recopilar, organizar y sintetizar el Corpus Inscriptionum Latinarum4. En 1847 presentó su innovador plan a la Academia de Berlín y en 1854 oficialmente comenzó a dirigir el Corpus preparando 4 tomos en 6 volúmenes, tarea que le ocupó prácticamente toda su vida: recoger inscripciones, instrumento indispensable para el estudio del mundo romano imperial.

T. Mommsen (1817-1903)

Historia, epigrafía y, en fin, derecho fueron el tríptico que, constante y regularmente, jamás abandonó Mommsen en sus 60 años de productividad sostenida. De sus obras jurídicas predomina el Römisches Staatsrecht, Derecho público romano, su obra científica-jurídica por excelencia, el gran tratado de derecho constitucional y administrativo romano publicada entre 1871 y 1888 en tres volúmenes. Asimismo, confeccionó una edición del Digesto, un gran estudio sobre el Derecho civil romano y otro del Derecho penal romano en 1899. Se interesó en profundizar la problemática de las fuentes del derecho y en poder diferenciar la institución política romana republicana e imperial. Visualizó a Octavio Augusto en su nuevo modelo y régimen imperial como una diarquía5 donde gobernaban simultáneamente el princeps y el Senado, tesis en la actualidad no compartida, pero que fue el punto de partida para futuros e incisivos estudios e investigaciones sobre el emperador Augusto. Fue, también, responsable en la organización e iniciación del Thesaurus Linguae Latinae y en los estudios de prosopografía del imperio romano (Freeman, 1997: 29-30; Canfora, 1991: 193-196).

En una carta inédita, recién publicada (Borsacchi, 1999: 17-24), Mommsen le escribe de su residencia en Berlín-Charlottenburg, el 19 de diciembre de 1899, a su colega y amigo Francesco Buonamici, profesor de Derecho romano de la Universidad de Pisa para comunicarle, entre otras materias, que continuaba estudiando y preparando una nueva edición crítica y científica del Codex Theodosianus. Mommsen tenía 83 años y persistía con sus investigaciones, viviría tres productivos años más, hasta que un derrame cerebral terminó con su vida. En 1905, dos años después de su muerte, el códice fue publicado por sus discípulos; éstos sólo debieron compaginar sus apuntes. El propio Buonamici resaltó en la conmemoración efectuada al historiador y jurista alemán en la Universidad de Pisa, el 16 de noviembre de 1903, 15 días con posterioridad a su muerte, su infatigable labor por la ciencia del derecho y, en forma particular, por la revisión del códice teodosiano (Borsacchi, 1999: 22).

Carta enviada por Mommsen a su colega Buonamici (19 dic. 1899)

Por otra parte, el Mommsen gigante, erudito, intuitivo y con una visión holística de la cultura romana en la que unió la historia y la jurisprudencia, la filosofía y la arqueología en un todo (Demandt, 1990: 285-307)6, era también un ciudadano y político interesado en la vida pública. En uno de sus testamentos, fechado el 2 de septiembre de 1899, señala que él mismo había vivido como un animal politicum (Casavola, 2002: 332; Fontan, 1978: 354). Se empeñó y se asoció al movimiento liberal y fue electo diputado por aquel partido en dos ocasiones, entre 1873 y 1884. En su vida política tuvo más de algunos encontrones y fuertes disputas. Defendió activamente la revolución de 1848, por lo cual fue destituido de la Universidad de Leipzig y en 1881 el mariscal Bismarck se querelló contra Mommsen por injurias7. Fue un gran crítico de su tiempo y, además, trabajó como periodista, defendiendo los intereses liberales y democráticos; tenía un respeto profundo por todas las razas (fustigó el antisemitismo). Vivió la vida intensa y humanamente con los problemas y transformaciones de su tiempo (Roces, 1983: X).

Mommsen fue un humanista prolífico, su producción científica es realmente impresionante, a los dos años de su muerte su bibliografía completa abarcaba “1513 títulos” (Fontan, 1978: 352), con cerca de “40.000 páginas” (Fraccaro, 1934: 595).

El otorgamiento del Premio Nobel en 1902 es, en parte, un reconocimiento y tributo a su productividad, pero por sobre todo, a ese incesante estudio de la república romana. Su Historia de Roma es un sutil y hábil juego de la política romana entre el siglo VIII y el I a. de C. Cuando se publicó la obra en 1856 tenía 39 años, eran los tiempos de fecunda actividad juvenil. Escrito sin gran aparataje crítico y científico de notas y citas, descriptivo y analítico, de tendencia historicista-positivista, es considerado un texto que estudia profundamente el período republicano8.

Ahora bien, la Historia de Roma integra dos culturas abiertamente, una alemana, de la centuria de Goethe, exaltador del inp aligniduo y de los héroes (recordemos el Alejandro Magno de Droysen), del siglo liberal descubridor de los procesos y fuerzas colectivas, y otra, aquella romana, de Tito Livio que aprecia la historia anónima de la ciudad (Casavola, 2002: 334). En el fondo, es una historia donde se mezclan y se entrecruzan dos pasados: el del siglo XIX, del cual fue testigo y agudo observador con sus luchas y rivalidades políticas, y el período de la antigua Roma republicana, objeto central de sus investigaciones. Inmediatamente surgieron las críticas, catalogándola como una obra confusa y contradictoria donde el lector se perdía en la maraña de la historia. Las críticas fueron infundadas y displicentes por parte de algunos colegas, pues el libro tuvo el mérito académico, el reconocimiento y la valía como soporte y fundamento historiográfico primordial para el estudio de la res publica romana. Concordamos plenamente con la afirmación de Finley: “Mejor dos pasados que ninguno” (1986: 15-16). La Historia romana es una historia viva con ejemplos y adjetivaciones del siglo decimonónico, y para Mommsen el héroe por antonomasia, el hombre de la perfección, genial, reformador y modelo es Julio César: el creador del imperio (Mommsen, 1983: 22-24)9; su contraparte es el fiel defensor del Senado, Sila. El dictador que, apoyado por las fuerzas populares contra la oligarquía, creó un régimen personal, el cesarismo10.

Julio César, genio político y
creador del imperio, según Mommsen.

La Römische Geschichte, como señala Carlo Lanza, “no era el cúlmine científico de la prodigiosa actividad de Mommsen” (Lanza, 2002: 501-517, esp. 503). Sin embargo, su claridad de la exposición narrativa que llegó a un amplio público y de estudiosos, la convierten en la obra por excelencia y más conocida de Mommsen; teniendo un éxito fulminante (Roces, 1983: VII-XVI). La Academia sueca valoró sus méritos como escritor (Lanza, 2002: 503)11, premiándolo con el segundo Nobel desde su creación en 1901 (el primero fue al poeta Sully-Prudhome). El ilustre galardonado ha sido el único historiador (con la excepción de W. Churchill como hombre de Estado) a lo largo de la trayectoria de los nóbeles en obtener el premio en la mención de literatura.

Mommsen, Premio Nobel de Literatura (1902)

Parte del Foro y del Palatino en Roma

 
El Imperio Romano en su período de máxima expansión territorial,
a fines del reinado de Trajano (117 d.C.)

En el testamento del 2 de septiembre de 1899 –citado anteriormente– con 82 años de edad, Mommsen, entre otras cosas escribió: “Solicito a mi familia impedir que después de mi muerte surjan publicaciones y biografías de mi persona y, particularmente, no entregar documentos para ese fin. Yo en la vida, a pesar de mis sucesos externos, no he llegado a ser aquel que debí ser”12. Las palabras de Mommsen reflejan la modestia de un intelectual donde su centro de gravedad oscilaba entrecruzándose entre la historia y el derecho. El fallecimiento del estudioso en 1903 produjo un duelo nacional; cinco príncipes de la casa imperial de los Hohenzollern presidieron el féretro, junto con una largísima comitiva (Fontan, 1978: 355). Prusia y Alemania habían perdido a uno de sus más egregios hombres y el más grande historiador-jurista; todo el mundo lloraba su partida. Con posterioridad a su muerte comenzaron en Europa cientos de homenajes, conmemoraciones, necrologías13, biografías y estudios científicos sobre su persona y su obra. Sus íntimos deseos no pudieron cumplirse.

Mommsen fue padre de 16 hijos y tuvo como yerno –casado con su hija Marie– a Ulrich von Wilamowitz-Moellendorf, el más notable filólogo y helenista de su tiempo (Fontan, 1978: 352). “La grandeza intelectual y moral de Mommsen” señala Casavola, “se completa con la energía de la pasión civil y doméstica” (Casavola, 2002: 338).

No quisiera finalizar estas breves reflexiones conmemorativas de Theodor Mommsen sin antes mencionar dos grandes intuiciones casi proféticas o mejor dicho proyecciones de la inteligencia histórica del maestro a partir de sus estudios académicos, de sus escritos, de su vida política y de su aguda sensibilidad histórico-jurídica. En primer término, Mommsen tuvo un profundo espíritu europeísta; esto se ve reflejado en sus trabajos sobre las provincias del imperio14, entendiendo que la historia del imperio era sustancialmente la historia de las provincias15. Cada una de ellas posee una realidad y fisonomía propias, otorgándole especial relevancia a las occidentales y europeas. Las cerca de 45 provincias romanas en la época de los emperadores Antoninos (siglo II d. de C.), corresponderán más tarde y, en cierta medida, en el caso europeo a los futuros países del continente. Mommsen postulaba y creía en una amistad sólida entre Alemania y Francia y en dos cartas, una a los italianos  (Liberati, 1976: 197-247) en 1870, los exhortaba a una alianza con Alemania y, en otra, a los ingleses, preveía y auspiciaba una mayor armonía entre su país e Inglaterra. Estaba convencido del papel rector que les correspondía a los cuatro grandes de Europa: Alemania, Francia, Inglaterra e Italia y escribía sobre la “santa alianza de los pueblos” (Casavola, 2002: 336) como un sueño y realidad. Sin embargo, el sueño de Mommsen se derrumbó en la Primera Guerra Mundial y todavía con mayor ferocidad en la guerra de los años 39-45. Pero, también el espíritu visionario y la realidad de Mommsen se hizo concreta a partir de la segunda mitad del siglo XX con la gestación de la Comunidad Económica Europea con el tratado de Roma en 1957 y, más aún, con la creación en Maastrich (Holanda) de la Unión Europea en 1992 con 15 países miembros y a partir de mayo de 2004 con otros 10. El historiador alemán fue profético, de profundo espíritu y conciencia europeos y se adelantó en una centuria a la aspiración y realidad que hoy tiene la Unión Europea con sus 25 miembros.

En segundo término, Mommsen consideró que Roma y el imperio, con la difusión y masificación de la civitas Romana o la nacionalidad romana, crearon una especie de ciudadanía mediterránea o imperial, entendida como la “matriz de los estados modernos”; tesis sostenida en el presente, entre otros, por C. Nicolet (1989: 459-486)16. Aún más, creía y argumentaba que Roma era la “capital de un nuevo estado mundial, capital de muchas naciones” (Lanza, 2002: 513)17, persistiendo en la idea de la unidad. Mommsen proyectó el imperio romano en una dimensión holística y como un espacio geográfico romanizado, ecuménico y, por sobre todo, globalizado. Asimismo, en cierta medida, se adelantó en una centuria a concebir, creemos, en un esfuerzo teórico, válido y comparativo el orbis Romanus como una globalización, sin haberse todavía inventado tal neologismo. Sus acciones las prefiguró y las configuró Mommsen: un visionario y adelantado a sus tiempos.

Theodor Mommsen es de aquellos intelectuales, escritores e historiadores que debemos releer una y otra vez; en una palabra es un “clásico” que perdura y está vigente. El reconocimiento y el otorgamiento del Premio Nobel a su persona, reconoce en el fondo, esa intellighenzia alemana del siglo decimonónico y representa, además, una cadena terminal: Leopold von Ranke, Barthold Niebuhr, Gustav Droysen y Mommsen formaron un cuarteto de grandes historiadores que le dieron a la ciencia histórica alemana su merecido premio. Prolífico escritor, arqueólogo y filólogo, epigrafista y jurista, historiador y humanista, sus obras poseen in situ un valor historiográfico incuestionable. Lo que más nos ha impresionado en este adentrarnos –nuevamente– en el pensamiento de Theodor Mommsen fue su manera intensa, directa y humana de vivir la vida y, por sobre todo, de entender y apreciar cómo la historia, o mejor dicho, su querida historia romana era el reflejo y la conciencia de la “vida misma”.

 

NOTAS

* Este estudio se inserta dentro del proyecto Fondecyt Nº 1030844 titulado: “La fuerza magnética de Roma. Una visión holística del imperio romano como entidad globalizadora en la época de los Antoninos y Severos”.

1 Mommsen tuvo dos hermanos dedicados al campo de la filología, Tycho (1819-1900) y August (1821-1913). Cfr. P. Fraccaro, Theodor Mommsen, en “Enciclopedia Italiana” XXIII, Treccani, Roma 1934, esp. pp. 594-595.

2 Pandectas se refiere a la recopilación de varias obras de derecho civil que Justiniano colocó en los 50 libros del Digesto y, además, del código del emperador que contiene las novelas y las constituciones. Por otra parte, así fue llamado el derecho romano en Alemania en el siglo XIX.

3 T. Mommsen, El mundo de los Césares, F.C.E., México 1983 (1era ed. 1885), texto central y visionario para entender no sólo la relevancia de las provincias romanas, sino también el fenómeno de la romanización. En el fondo, con Mommsen se abre el espacio de estudiar el proceso civilizador de la romanización como la historia del imperio romano.

4 Para muchos es la obra más perfecta y de mayor proyección, cfr. A. Fontan, Theodor Mommsen (un gigante de la ciencia histórica) (1817-1903), en A.A. V.V., “Forjadores del mundo contemporáneo”, II, Planeta, Barcelona 1978, pp. 351-362.

5 T. Mommsen, Römisches Staatsrecht, II, Leipzip 1887 (edic. Basel-Stuttgart, 1963), esp. pp. 748-753. En la actualidad, cfr. F. Serrao, Il modello di costituzione. Forme giuridiche, caratteri politici, aspetti economico-sociali, en “Storia di Roma”, 2, L’impero mediterraneo, II. I principi e il mondo, Einaudi, Torino 1991, pp. 29-71, esp. p. 50.

6 Mommsen en su obra histórica logró construir y sintetizar una “Historia total” abarcando y combinando diferentes disciplinas, que para aquella época eran todavía independientes. El unificó la historia, arqueología, filología, epigrafía, humanística y la jurisprudencia en un gran todo científico. En general, E. François, Theodor Mommsen, en A. Burguière (ed.), “Diccionario de Ciencias Históricas”, Akal, Madrid, 1991, esp. p. 498.

7 Mommsen se entusiasmó por la unificación alemana realizada por Bismark, pero después comenzó a formular críticas severas contra las estructuras autoritarias y aristocráticas del 2º Reich, representado en la férrea figura del mariscal Bismark. Mommsen, de convicciones libertarias, no trepidó en criticar y repudiar el sistema.

8 La Historia de Roma de Mommsen tuvo un éxito fulminante y es considerada una obra de “arte histórica”. Ordenada, de relativa facilidad de lectura, es un verdadero almanaque de los hechos y procesos históricos de la antigua Roma y un punto de partida obligatorio para cualquier estudioso de estas temáticas.

9 Al respecto, E. Gabba, Cultura Classica e storiografia moderna, Il Mulino, Bologna 1995, pp. 210-218, sostiene que Mommsen le otorgó, en demasía, valor e importancia a Julio César, porque todavía no había estudiado a fondo a Octavio Augusto y, por lo mismo, había fijado el término del sistema republicano con César e iniciado con él, el imperio.

10 A. Momigliano, Sui fondamenti della storia antica, Einaudi, Torino 1984, esp. p. 142 y pp. 381-390, precisa que Mommsen distinguió claramente entre César y cesarismo, declarándose favorable al primero y contrario al segundo.

11 En la entrega del Nobel a Mommsen en diciembre de 1902, éste no estuvo presente.

12 Citado en Casavola, Mommsen (cit.), pp. 332-333. Mommsen tuvo, sin duda, una pureza intelectual intachable, respondiéndole a su hija Marie –a propósito de los grandes historiadores– “no hija mía, tú me asustas; yo no pertenezco a los grandísimos. Yo sólo tengo talento de organizar y esto es todo”.

13 Una muy buena necrología es la de E. Meyer, “Teodoro Mommsen”, en El historiador y la historia antigua, F.C.E., México 1995 (1era ed. 1910), pp. 403-411.

14 Véase nota 3. El historiador alemán fue pionero en valorar las provincias romanas como cuerpo y conjunto del imperio. Una gran intuición respaldada, posteriormente, por los romanistas. Por lo mismo, F. Haverfield (1904: 80-89, esp. pp. 85-86), en relación con el quinto volumen de la historia romana de Mommsen, señaló: “Es una obra estupenda, aquí él resume con suprema maestría el vasto y variado conocimiento, concerniente a las provincias romanas que se había acumulado cuando él escribió. Miles de inscripciones otorgaron o cedieron sus secretos, textos remotos y oscuros fueron utilizados, los descubrimientos arqueológicos encontraron reconocimiento y las vastas y difusas áreas de las provincias, tomaron una forma y un color definitivo. Nadie más que el editor del Corpus pudo haberlo escrito. Ahora en extenso, se hizo fácil apreciar el verdadero carácter del imperio romano. Nuestro horizonte se amplió, más allá del patio trasero del Palatino a las amplias tierras al norte, al oeste y al sur del Mediterráneo y empezamos a darnos cuenta de la gran administración de dominio que se extendieron en tres continentes, sus dones de civilización, ciudadanía y lenguaje a casi todos sus súbditos, su establecimiento de un orden estable y coherente, del cual surgió la Europa Occidental de hoy en día”.

15 Explicaciones claves en S. Mazzarino, L’impero romano I, Laterza, Roma-Bari 1973, esp. pp. 8-11 y F. Fabbrini, L’impero di Augusto come ordinamento sovrannazionale, Giuffrè, Milano 1974, esp. pp. 126-128.

16 Cfr. además, E. Barker, “El concepto de Imperio” en C. Bailey (ed.), El legado de Roma, Pegaso, Madrid 1956, pp. 61-123, esp. p. 91; J. Cardenas, “Prólogo”, en T. Mommsen, Historia de Roma II, De la revolución al imperio, Aguilar, Madrid 1956, esp. pp. 26-27.

17 Cfr. Asimismo, H. Bengtson, Introduzione allo studio della storia antica, Il Mulino, Bologna 1990, esp. pp. 22-24. A. Giardina y A. Vauchez, Il mito di Roma. Da Carlo Magno a Mussolini, Laterza, Bari 2000, esp. p. 189.

 

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Recibido: 21.03.2005.  Aprobado: 18.05.2005.