SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número492El pensamiento de los ensayistas y cientistas sociales en los largos años 60 en Chile (1958-1973): Los herederos de Francisco A. EncinaTheodor Mommsen, el mundo romano y sus proyecciones: A propósito del centenario de su muerte índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

Atenea (Concepción)

versión On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  n.492 Concepción  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622005000200006 

 

Atenea Nº 492 – Segundo Sem. 2005: 121-134

ARTÍCULOS

 

Chile y Japón: El impacto del quiebre de la democracia, 1973*

 

César Ross**

**Máster en Historia, doctor en Relaciones Internacionales, jefe del Instituto de Estudios Internacionales, Universidad Arturo Prat, Santiago, Chile. E-mail: cesar.ross@unap.cl


RESUMEN

Contrariamente a lo que se había pensado originalmente, para los países asiáticos y para Japón en particular, el quiebre del sistema democrático chileno, del 11 de septiembre de 1973, no impactó negativamente en las relaciones chileno-japonesas. Por el contrario, y aun cuando generó una breve incertidumbre, estimuló el desarrollo de un nuevo modelo de relaciones exteriores entre ambos estados, basado en la idea general de la transacción como elemento central. La hipótesis de este capítulo plantea que el principal impacto político tuvo que ver con la legitimación del régimen militar. No cabe duda que este dividendo, inesperado, resultó de la mayor importancia. Japón no sólo se marginó de cuestionar el golpe de Estado, sino que reconoció inmediatamente al nuevo Gobierno. El Gobierno de Chile, por su parte, logró cooptar hábilmente esta reacción, transformándola en un capital político, pero también económico, toda vez que en ese ámbito, y aun por un largo tiempo, el Estado chileno seguiría siendo el principal empresario y el más relevante para los intereses económicos del empresariado japonés. El propósito de este capítulo, en consecuencia, es determinar los efectos del Golpe de Estado en la relación bilateral. La estrategia metodológica y de fuentes estuvo centrada en el análisis de texto, realizado en los documentos reservados, y hasta ahora inéditos, del Archivo Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.

Palabras claves: Chile, política exterior, quiebre institucional, régimen militar.

ABSTRACT

Unlike what had been originally thought for the Asian countries and particularly Japan, the collapse of the Chilean democratic system on September 11 1973, did not have a negative impact on the Chile-Japan relations. On the contrary, and even though it created a brief uncertainty, it stimulated the development of a new foreign relations model between the two countries, based on the general idea of transaction as the core element. The hypothesis stated in this chapter is that the main political impact had to do with the legitimization of the Military Regime. Undoubtedly, this unexpected dividend was very important. Japan not only refused to dispute the Coup, but it also immediately acknowledged the new Government. On the other hand, the Chilean government skillfully turned this reaction into political and economic capital, since in this field and for a long time, the Chilean state would continue to be the main entrepreneur, and the most important player for Japanese entrepreneurs.  Consequently, this chapter is intended to determine the effects of the Coup on bilateral relations. The methodological and source strategy was focused on reviewing the classified documents of the Historical Archive of the Ministry of Foreign Affairs of Chile.

Keywords: Chile, foreign policy, institutional  breakdown, military regime.


INTRODUCCION

En las décadas de los años sesenta y setenta, América Latina estuvo caracterizada por los conflictos políticos asociados a la Guerra Fría. Como se sabe, la Revolución cubana aceleró la polarización ideológica ya existente. A partir de entonces, izquierdas y derechas se fueron enfrentando en un clima de polarización y hostilidad creciente. En este contexto, la violencia política fue un dato cotidiano de la historia regional de estos años.

Con todo, cada vez que ocurría una revuelta, rebelión, revolución o golpe de Estado, las políticas exteriores de los países involucrados se volvían a definir con arreglo al nuevo paradigma dominante.

Después de un lapso bastante extenso de estabilidad política y de continuidad democrática, el 11 de septiembre de 1973 en Chile fue uno de aquellos momentos en donde la tendencia histórica fue alterada por una coyuntura crítica. El país entraba en el complejo camino de la excepcionalidad institucional, donde todo sería manejado bajo nuevos (y viejos) criterios ideológicos, pero acompañados de un estilo diplomático inédito, denominado por Heraldo Muñoz (1986) como “pretoriano ideológico”, una categoría difícil de digerir, especialmente después de examinar en detalle el Archivo Histórico de la Cancillería chilena y luego de ver los documentos reservados del período 1973-1989.

11 de septiembre de 1973

Más allá de las necesarias precisiones epistemológicas, es pertinente acotar que con el Gobierno militar se abrió un nuevo proceso histórico en las relaciones exteriores de Chile, centrado en una doctrina única.

La alternativa de una sociedad de inspiración marxista debe ser rechazada por Chile, dado su carácter totalitario y anulador de la persona humana, todo lo cual contradice nuestra tradición cristiana e hispánica. Además la experiencia demuestra que el marxismo tampoco engendra bienestar...

Por otra parte, las sociedades desarrolladas del Occidente, si bien ofrecen un rostro incomparablemente más aceptable que las anteriores, han derivado en un materialismo que ahoga y esclaviza espiritualmente al hombre (Junta Militar, 1974:  9-10).

En esta ambigüedad discursiva, más que una nueva posición doctrinaria (original de Chile) se observaba simplemente una posición política, que en este caso era esencialmente pragmática. La originalidad, que la tenía, radicaba en la existencia de un Gobierno militar, latinoamericano, que, a contrario sensu, no caía en los dogmatismos clásicos de sus regímenes homónimos en América Latina. El Gobierno militar chileno se planteaba como un jugador interesado en sobrevivir. Si ello suponía distanciarse de los principales ejes de poder, al menos declaraba estar dispuesto a ello. Por cierto, siendo una actitud diplomáticamente suicida, era políticamente coherente con un modo simple y lineal de entender el sistema internacional. Ahora, y como veremos, la ausencia de un pensamiento complejo no implicó, a priori, torpeza diplomática: considerando el adverso escenario internacional que enfrentó el Gobierno de la época, los resultados obtenidos no fueron nada de despreciables.

Después de un primer momento vacilante, caracterizado más por el “azar” que por los “aciertos”1, el Gobierno militar logró delinear un modelo práctico de relaciones internacionales. Este, a su vez, arrojó mejores resultados de los esperados y aun cuando no alcanzó grandes logros políticos con los países occidentales, sí consiguió resultados relevantes con Japón en estos primeros años y con los otros países del Asia Oriental en la década de los años ochenta.

Junta de Gobierno, 1973

La pregunta de este artículo es ¿cuál fue el impacto del golpe de Estado de 1973 en las relaciones entre Chile y Japón?

Como hipótesis se plantea que el principal impacto político tuvo que ver con la legitimación del régimen militar. No cabe duda que este dividendo, inesperado, resultó de la mayor importancia. Japón no sólo se marginó de cuestionar el Golpe de Estado, sino que reconoció, inmediatamente, al nuevo Gobierno. La nueva administración de Chile, por su parte, logró cooptar hábilmente esta reacción, transformándola en un capital político, pero también económico, toda vez que en ese ámbito, y aun por un largo tiempo, el Estado chileno seguiría siendo el principal empresario y el más relevante para los intereses económicos del empresariado japonés.

1. LOS PRIMEROS MOMENTOS

Una fuente fundamental para analizar este primer momento fue el aludido Archivo Histórico de la Cancillería chilena. En él es posible advertir la complejidad de los primeros meses, el énfasis de las preocupaciones y los mecanismos de ajuste diplomático.

En la primera comunicación contenida en el Archivo, fechada al día siguiente del golpe de Estado, Japón reconocía al nuevo Gobierno en Chile a plenitud:

La embajada de Japón se complace en manifestar, por instrucciones de su gobierno al honorable Ministerio de Relaciones Exteriores que el gobierno del Japón desea mantener las mejores relaciones de amistad con el ilustre gobierno de Chile. La Embajada del Japón se vale de la oportunidad para reiterarle al honorable Ministerio de Relaciones Exteriores la seguridad de su más alta y distinguida consideración2.

Este formalismo diplomático encerraba la clave de los sucesos posteriores. Japón reconoció y legitimó al nuevo Gobierno chileno, no sólo por defender sus intereses en el hierro o en cualquier otra riqueza básica, sino que por una genuina decisión de apoyar políticamente a la Junta Militar. De aquí en adelante, y no obstante las inquietudes propias derivadas de un evento como el chileno, el Gobierno y el empresariado japonés fueron buscando una fórmula que les permitiera reducir las incertidumbres de este primer momento. A partir de este momento, y desde la privatización de la economía chilena, surgió la idea de crear una institucionalidad privada, no excluyente de los estados, para continuar con los negocios bilaterales. Esta se materializaría a fines de la década de los años setenta, en el Comité Empresarial Chile-Japón, un tipo de asociación que Japón ya había ensayado con otros socios comerciales en el mundo, con lo que también debía reforzar la estabilidad institucional de las relaciones.

En estos primeros años, sin embargo, ambos gobiernos debieron abordar de manera más convencional la tarea de las relaciones de estos estados. De allí que los resultados de este período dependieran mucho más de los actores estatales, aun cuando esta correlación estuviera más equilibrada en el caso japonés.

El Gobierno de Chile por su parte, poderosamente influido por la “inteligencia económica”, tenía muy claro desde un comienzo el rol que debía jugar Japón en sus relaciones internacionales. Esta claridad de objetivos se oponía, sin embargo, a un escenario internacional notoriamente opuesto al golpe de Estado en Chile y, por lo tanto, contrario a toda legitimación del nuevo régimen.

Con todo, y de acuerdo a un informe elaborado por el entonces embajador de Chile en Japón, Oscar Pinochet de la Barra, el impacto del golpe de Estado en aquel país fue mínimo. Esta impresión, entregada por un conocido detractor del Gobierno militar, viene a confirmar, a modo de contraprueba, toda la información que se ha logrado examinar.

O. Pinochet de la Barra

En dos oficios confidenciales fechados en Tokio: uno del 29 de octubre y otro del 14 de noviembre de 1973, el entonces embajador Pinochet de la Barra informó acerca de aspectos específicos de los efectos que el golpe de Estado chileno había provocado en Japón.

En el primer Oficio Confidencial3 se dio cuenta detallada de los efectos de los “sucesos” del 11 de septiembre, exhibiendo claramente la naturaleza del tipo de relaciones que Japón se planteaba con Chile. Esto se observó tanto en los actores estatales como en los no estatales; y tanto en la opinión pública institucionalizada (medios de comunicación de masas)4 como en la sociedad civil organizada (partidos políticos).

Como se observará más adelante, el Gobierno japonés mantuvo una cautela estratégica, que correspondía a la conducta diplomática estándar, pero también el particular modo de entender su posición frente a sus aliados comerciales.

Del mismo modo, los medios nipones, alineados con un sentimiento anticomunista, no habían solidarizado, salvo, excepcionalmente, con el Gobierno de Allende. Consecuente con ello, y una vez producido el golpe de Estado, la prensa estuvo más atenta a la reanudación en la producción del cobre, que a cualquier información política. En las ocasiones en que se difundió información de este tipo, se hizo desde las fuentes oficiales del Gobierno chileno, las que se prodigaron en justificar y legitimar el movimiento del 11 de septiembre, así como de reforzar los beneficios derivados del citado cambio político.

Por su parte, los partidos políticos, incluso el socialista y comunista, se manifestaron muy indiferentes, con una frialdad que revelaba la escasa gravitación de la política latinoamericana en la contingencia local y en donde las consideraciones morales, asociadas a los derechos humanos, prácticamente no cabían.

El informe citado abordaba los efectos del golpe de Estado chileno en Japón en siete puntos principales:

Primero, y respecto de la reacción de los personeros del Gobierno japonés, el embajador indicó que no la hubo. El veía esto como “algo perfectamente comprensible, conociendo la prudencia de los representantes gubernamentales japoneses para opinar sobre acontecimientos internos de otros países”5.

Segundo, y en cuanto a la reacción de personeros políticos y sus partidos, indicó que “sólo los dirigentes de los partidos comunistas y socialistas hicieron declaraciones contrarias al movimiento del 11 de septiembre y, luego, a favor de la libertad de Luis Corvalán”6, lo que fue reforzado con algunos telegramas y con la presencia de siete “muchachos” que se pararon con carteles frente a las oficinas de la Embajada, durante algunos minutos, a principios de octubre.

L. Corvalán

Según el embajador Pinochet de la Barra, esta frialdad de comunistas y socialistas japoneses no debía extrañar, si se atendía a que hacía varios años que las vinculaciones con sus homónimos chilenos habían estado “tirantes” e, incluso, inexistentes.

Tercero, y en cuanto a la reacción de periódicos y medios de difusión, señalaba: “Frente a los acontecimientos del 11 de septiembre, la prensa se mostró comprensiva con la acción de las Fuerzas Armadas de Chile7, pero en sus editoriales se describió el caos moral, económico y social que los había obligado a deponer al Presidente”8. El embajador explicó la situación, en atención a que este país era manejado, desde el término de la Segunda Guerra Mundial, por el Partido Liberal Democrático, decididamente anticomunista, por lo que el Gobierno de Allende no había contado jamás con la simpatía de la prensa9.

Como lo indicó en el mismo oficio, “las informaciones más destacadas” de prensa japonesa [del 19 de septiembre] fueron las asociadas a la normalización de la producción de cobre, lo que ratificaba el objetivo central del apoyo político que Japón dio al nuevo Gobierno chileno desde un comienzo. Por esta misma razón, el día 20 de septiembre se transmitió por televisión la declaración de la Junta, donde se indicaba sus propósitos, así como la calidad del general Pinochet, como su presidente. Ese mismo día, según apunta el oficio citado, “la prensa japonesa publicó otra declaración importante transmitida por DPA - JIJI Press: El almirante Merino da a conocer las razones que movieron a las Fuerzas Armadas a actuar”10. El 17 de septiembre The Japan Times dio a conocer una biografía del aludido Presidente de la Junta de Gobierno. El 23 del mismo mes, la prensa japonesa publicó con foto un resumen de las declaraciones hechas dos días antes por Augusto Pinochet a la prensa extranjera. Del mismo modo, “la televisión en colores que había mostrado, a fines del gobierno de Allende, una lastimosa película de desórdenes callejeros en Santiago, presentó una corta entrevista –junto con la radio– al jefe de la Junta el 27 de septiembre y media hora de película a principios de octubre de carácter positivo”11.

J.T. Merino

Coherente con la gran preocupación japonesa por el curso de los negocios, la prensa destacó el comunicado chileno concerniente a las seguridades que el país daría en adelante a las inversiones extranjeras12, así como la cooperación de la Junta con el organismo de las Naciones Unidas para los refugiados.

Con todo, también hubo prensa opositora. Según las palabras del propio Embajador Pinochet de la Barra:

Los diarios de Japón publicaron, más de una vez, la orquestada maniobra de las agencias de prensa internacional sobre la cantidad de muertos en acciones armadas y de fusilados. El punto culminante fue la reproducción del Newsweek sobre la materia aludiendo a los 2.800 cadáveres en la morgue. Al día siguiente apareció el desmentido hecho en Santiago. A los periódicos que no lo publicaron, envié un desmentido desde la embajada13.

Respecto de este mismo punto, en el Oficio Confidencial del 6 de noviembre, se describía la posición de una parte de la prensa en los siguientes términos: “En una colaboración The Observer Service de Londres, de acuerdo a las palabras del embajador, con un título que ya de por sí es ofensivo al gobierno de Chile, donde se dice que cientos de refugiados en peligro por el terror militar chileno, necesitan asilo –ahora”. Según Pinochet de la Barra, en el texto de este artículo escrito inmediatamente después de la “revolución” y publicado posteriormente en el Asahi, “aparecían una serie de despropósitos y falsedades [‘feroz campaña contra los extranjeros’] que me motivó refutar por tercera vez a la prensa en Japón, a pesar de que este diario en inglés tiene escasa circulación y lo leen casi exclusivamente extranjeros”14. Publicaciones como ésta, terminaba el embajador, han sido una verdadera excepción en un país con un gobierno anticomunista, que ha recibido en forma positiva, pero mesurada, el advenimiento del nuevo Gobierno chileno.

No obstante estas informaciones, el embajador señalaba que la opinión pública había reaccionado con extrema tranquilidad, dado que era “un país ultradisciplinado”, en donde existía una gran ignorancia de los procesos políticos latinoamericanos15.

Los puntos, cuarto y quinto del oficio señalaron, contrariamente a lo esperado, que no se formó comité de apoyo al nuevo Gobierno.

En sexto lugar, se indicó que las reacciones de la colonia chilena fueron favorables, “salvo muy contada excepción, si es que la hay”16.

En séptimo lugar, y en cuanto a la existencia de grupos extremistas y sus posibles vinculaciones con chilenos y con otros similares de países vecinos, informó que en Japón había grupos de estudiantes extremistas, pero que “en esta ocasión no han dado señales de vida”. Estos elementos, indicó, no tienen relación con los contados chilenos que viven en Japón: esposas de ciudadanos japoneses y algunos becarios.

Finalmente, acotó que tanto la Embajada como el Consulado de Chile no tenían problemas de seguridad: “No ha habido amenazas, nada tememos, estamos en contacto con la policía”17.

No obstante estos datos, el Gobierno militar fue muy activo en la elaboración y difusión de una imagen favorable ante Japón. Los resultados de esta tarea, abordada con más voluntad que conocimientos del escenario internacional, cayeron en terreno fértil gracias a la disposición del empresariado y a la colaboración del Gobierno nipón.

2. EFECTOS BILATERALES DE CORTO Y MEDIANO PLAZO

Se comenta también que la actitud correcta de Japón hacia el nuevo Gobierno chileno, hará a los japoneses ganar puntos en sus relaciones con nuestro país (Héctor Precht: desde Washington, publicado en Qué Pasa, Santiago, 11 de octubre de 1973).

Con fecha 16 de abril de 1974, el entonces director de Relaciones Internacionales, Juan José Fernández Valdés, envió un Oficio Secreto18 al nuevo embajador de Chile en Japón, señor José Besa Lyon. En el documento se le indicaban las prioridades de su gestión. Al parecer, este texto fue el primer intento de formalización de la política chilena hacia Japón, no obstante que el mismo embajador Besa, en 1976, concluyó19 que la debilidad principal de Chile residía en el diseño de su política exterior, cuestión sobre la cual él había solicitado precisión en reiteradas ocasiones a la Cancillería en Santiago, durante el ejercicio de sus funciones.

En el primer punto del documento, Fernández Valdés aclaraba que Japón era, fundamentalmente, un socio comercial de Chile y que su posición, como tercera potencia económica del mundo, obligaba a una relación cordial, en la que se debían reforzar los nexos ya existentes.

En el segundo punto solicitó evaluar las opciones para conseguir créditos y aportes tecnológicos japoneses.

El tercer punto relevante apuntaba a recolectar información acerca del estado de las relaciones entre Japón y los otros países de América Latina. Este aspecto, si bien se menciona como algo que al Ministerio le interesaba mucho, no aparece mayormente explicado en el documento.

El cuarto, referido a la actividad de los chilenos opositores en Japón, indicaba lo que sigue:

Como US. bien conoce, existe una campaña montada por el marxismo internacional contra Chile. Para contrarrestarla es importante contar con el mayor acopio de datos concretos, acerca de la participación de los distintos estados comunistas y su apoyo al movimiento clandestino en Chile. Es conveniente que esa Misión esté siempre atenta a este respecto, en orden a tratar de obtener la individualización de los exiliados chilenos participantes en esa labor de sabotaje. Esta Secretaría de Estado desea ser informada acerca de las actividades realizadas por grupos anti-chilenos con posterioridad a la reciente visita de la señora Hortensia Bussi y a la influencia que pueden ejercer, así como su repercusión en las relaciones chileno-japonesas20.

El quinto, una instrucción estándar, donde se solicitó monitorear e informar periódicamente a Santiago el devenir de la política japonesa interna.

En el sexto punto21 se solicitó al nuevo embajador que extendiera una invitación al entonces Primer Ministro japonés Tanaka para que visitara Chile22.

Primer Ministro Tanaka

En el séptimo, en cuanto a la política regional, se solicitó al embajador recopilar información acerca de las relaciones que China mantenía con ambos bloques23 y respecto de las “negociaciones comerciales” de Japón con otros países del mundo.

En octavo y último lugar, se le instruía promover los negocios japoneses en Chile, así como las posibilidades de alianzas estratégicas entre Lan Chile24  y Japan Air Lines. Adicionalmente, se le indicaba evaluar otras opciones de asociaciones entre empresas estatales de Chile y sus homónimas de Japón25.

Desde una perspectiva global, se podría afirmar que los énfasis expresados en este documento, se mantuvieron durante todo el Gobierno militar. Proporcionalmente, un cincuenta por ciento de la preocupación estuvo centrada en los aspectos económicos; un veinte por ciento, en cuestiones de política regional asiática; otro veinte por ciento, ocupado de las relaciones de Japón con los otros países de América Latina; y un diez por ciento, vinculado con la actividad de los opositores del Gobierno militar en Japón.

El último de estos intereses, no obstante desaparecer rápidamente de la agenda japonesa de Chile, fue una preocupación muy intensa de los primeros años. En este período, quizá hasta 1975 ó 1976, la estrategia chilena giró en torno a las siguientes acciones: se invirtió en inserciones de prensa; en difundir una traducción del Libro Blanco; y en una serie de otras iniciativas que quedaron bien ilustradas en un Oficio Confidencial de comienzos de 197426. En él, el encargado de Negocios de Chile en Tokio, Francisco Ghisolfo A., antes de la llegada del embajador Besa Lyon, respondió en detalle por los fondos para difusión27, los que ascendían a US$ 2.000 de la época y que correspondían al 4° trimestre de 1973. El informe detallaba los siguientes gastos: avisos en los periódicos, 64.010; papel fotocopiado para difusión de comunicados de prensa, etc., 50.000; impresión en 100 ejemplares y traducción de la Cámara de Comercio Británica, 12.920; impresión en 100 ejemplares y traducción de las declaraciones del Colegio de Abogados de Chile, 47.840; fotografías, 9.750; servicios de intérprete en conferencia de prensa, 30.000; total, 214.52028.

En el mismo oficio se indicaba que respecto de “los gastos en que ésta pudiera incurrir en el presente trimestre [primero de 1974], cabe señalar que los items serían en líneas generales semejantes a los indicados anteriormente”29. Con ello, se daba cuenta de una actividad regular, no esporádica, que formaba parte del quehacer de la Embajada chilena.

Esta preocupación por trabajar en la construcción de una imagen positiva del Gobierno de Chile, ante los diferentes actores en Japón, dio resultados inesperados: el establecimiento de una estrategia bilateral de apoyos políticos, destinados a instalar en organismos multilaterales a funcionarios de ambos gobiernos, con la inestimable legitimación internacional que esto conllevaba, aunque el cargo y el organismo en cuestión no fueran de primera importancia.

En el período 1974-1975, este mecanismo comenzó a operar tímidamente30. A contar de 1976, sin embargo, la estrategia ya logró ofrecer resultados más sustantivos, como la obtención de créditos ante el Banco Mundial, donde el apoyo japonés31 adquirió cada vez más peso.

Desde 1976, en consecuencia, se puede apreciar cómo las estrategias políticas comenzaron a complementarse con las económicas, transformándose en parte del mismo modelo.

En esta fase resulta relevante examinar, aunque brevemente, los datos de esta complementación creciente.

Respecto del lugar de Japón en el comercio mundial de Chile, se puede apreciar que fue perdiendo participación relativa, en detrimento de otros países como los denominados NICs. Asiáticos, y como los países clasificados en la tabla siguiente en la línea “Resto del mundo”, donde se advierte una dinámica diversificación de Chile.

Desde el punto de vista de los flujos de comercio bilateral y en un enfoque de mediano plazo, como se aprecia en la tabla siguiente, el cambio de Gobierno en Chile tuvo un efecto positivo en el volumen de las exportaciones hacia Japón. Estas, sin embargo, tendieron a caer ya en 1975, como consecuencia de la Crisis Económica Mundial del Petróleo y así como a expandirse las importaciones, como una consecuencia de la apertura de la economía chilena.

Por otra parte, las inversiones japonesas en Chile sólo reaparecieron con proyectos nuevos en 1976. El monto, de US$ 196.000, representaba sólo alrededor del 0,4% del total de las inversiones extranjeras de aquel año. Sin duda esto marcaría una tendencia que se mantendría por el resto del Gobierno militar, en que las inversiones niponas representarían una magnitud muy pequeña del total. Para todo el período 1974-1989, en promedio, las inversiones japonesas alcanzaron a penas el 3,15%32 del total.

CONCLUSIONES

El principal impacto político tuvo que ver con la legitimación del régimen militar. No cabe duda que este dividendo, inesperado, resultó clave. Japón no sólo se marginó de cuestionar el golpe de Estado, sino que reconoció, inmediatamente al nuevo Gobierno. Con esta actitud, contravino la posición de casi todos los países representados en Naciones Unidas. El Gobierno de Chile, por su parte, logró cooptar hábilmente esta reacción, transformándola en un capital político, pero también económico, toda vez que en ese ámbito, y aun por un largo tiempo, el Estado chileno seguiría siendo el principal empresario y el más relevante para los intereses económicos del empresariado japonés.

El impacto económico más significativo fue el aumento gradual de los negocios, aun cuando esto fue un fenómeno que sólo alcanzó al comercio y no a los flujos financieros o a las inversiones japonesas en Chile. El incremento más visible de éste estuvo asociado al volumen bilateral del comercio, pero puesto en el contexto del total de las transacciones de Chile, se puede apreciar que su magnitud relativa fue, incluso, decayendo.

Con todo, la apertura de la economía chilena también significó una mayor participación de otros actores, como los NICs. y los ASEAN4, grupos de países que adquirieron una importancia creciente en los negocios internacionales de Chile.

Por su parte, el impacto en las relaciones internacionales bilaterales fue la prefiguración de un nuevo modelo, de carácter transaccional, donde cada país asumió una parte de la responsabilidad política de apoyarse mutuamente, tanto en materias de diplomacia común, como era elegir a un candidato, chileno o japonés, ante un organismo multilateral, como en cuestiones más delicadas, como podía ser obtener un crédito internacional. Este modelo, la principal consecuencia o impacto, se desarrolló a lo largo del Gobierno militar de un modo notable, él explica, en gran medida, la clave del éxito en las relaciones que se estudian.

 

NOTAS

* Este trabajo presenta parte de los resultados de un proyecto mayor. El autor agradece el financiamiento recibido por la Universidad Arturo Prat y por Fondecyt (Proyecto N° 1000160) para la realización de este trabajo.

1 He tomado estas categorías de Joaquín Fermandois (1991), “De una inserción a otra: Política exterior de Chile, 1966-1991” en Estudios Internacionales (U. Chile), N° 96, Santiago-Chile, p. 455.

2 Nota N° 10153, octubre 2 de 1973, Archivo Histórico, Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.

3 Oficio Confidencial N° 466/23.

4 De aquí en adelante sólo “los medios”.

5 Ibídem.

6 Ibídem.

7 Salvo la contada excepción de un periodista que aludió al idealismo político de Allende.

8 Ibídem.

9 El oficio del embajador acotaba que “todos estos editoriales están en poder del Ministerio y aparecieron, salvo The Japan Times, primero en las ediciones japonesas y luego en las inglesas de los diarios Yomihuri, Asahi Shimbun y Mainishe, sus títulos son significativos ‘El sueño socialista de Allende’, ‘La tragedia de Allende’, ‘Lo que Chile nos ha enseñado’. En varios de ellos se reproducen párrafos enteros de la primera declaración de la Junta de Gobierno. La clientela comunista y socialista se nutrió con las noticias de sus propios diarios de circulación muy limitada”.

10 Ibídem.

11 Ibídem.

12 Punto de gran importancia para Japón.

13 Oficio Confidencial N° 466/23.

14 Para ello el embajador envió una carta al editor del medio aludido, que habrá aparecido el viernes nueve de noviembre, lo que además él anexó al Oficio N° 501/26.

15 Oficio Confidencial N° 466/23.

16 Ibídem.

17 Ibídem.

18 N° 915/17.

19 En un Memorándum Reservado del 26 de febrero de 1976.

20 Ibídem.

21 En el tenor de una gira por América del Norte y Sur.

22 La visita de Tanaka a Chile no se concretó porque se aproximaban las elecciones en Japón y el círculo asesor del Primer Ministro estimó que ello podría afectar la reelección. Con todo, Tanaka no fue reelecto.

23 Recuérdese que China, lejos de aplicar una política hostil hacia la Junta de Gobierno de Chile, había desplegado una actitud pragmática y desapegada de cualquier consideración ideológica contingente.

24 Entonces una compañía estatal.

25 Fueran éstas privadas o estatales.

26 Oficio Confidencial N° 87/7, febrero 22 de 1974.

27 En respuesta a Circular Confidencial N° 6, fechada el 29 de enero de 1974 en Santiago.

28 Ibídem. El detalle y comprobantes de estos gastos fueron remitidos a usted por medio del oficio N° 8, del 4 de enero pasado, correspondiente a la rendición de cuentas N° 34/73.

29 Ibídem.

30 En 1974, por ejemplo, Japón apoyó a William Thayer en su postulación como miembro del Consejo Consultivo de la UNESCO.

31 La tercera potencia mundial de entonces.

32 Cifras elaboradas por el Comité de Inversiones Extranjeras, Ministerio de Economía de Chile.

 

BIBLIOGRAFIA

Archivo Histórico, Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, 1973-1989: Notas, Oficios y Télex (ordinarios y reservados).

Fermandois, Joaquín. 1991. “De una inserción a otra: Política Exterior de Chile, 1966-1991” en Estudios Internacionales (U. Chile), N° 96, Santiago, Chile.        [ Links ]

Junta Militar. 1974. “Declaración de Principios del Gobierno de Chile”, Santiago, Chile.        [ Links ]

Muñoz, Heraldo. 1986. “Las Relaciones Exteriores del Gobierno militar chileno”, PROSPEL-CERC, Santiago.        [ Links ]

Ross, César. 1997. “Los desafíos del Centenario”, El Mercurio, p. D2, septiembre 23.        [ Links ]

Ross, César. 1999a. “Comité Empresarial Chile-Japón”, El Mercurio, p. D2, octubre 11.        [ Links ]

Ross, César. 1999b. “El Comité Empresarial Chile-Japón y las relaciones bilaterales: 1978-1998”, Publicación Especial del Instituto de Estudios Avanzados, IDEA (USACH), y la Pontificia Universidad Católica de Chile.        [ Links ]

Ross, César. 1999c. “Chile y Japón: balance de un siglo de relaciones económicas, 1897-1997”, en Diplomacia Nº 78, Academia Diplomática (Mins. RR. EE.), Santiago, Chile, pp. 55-67.        [ Links ]

Ross, César. 2000. “Falsa controversia”, El Mercurio, p. D2, diciembre 11.        [ Links ]

Ross, César (2001) “El Comité Empresarial Chile-Japón: de la liturgia al libre comercio, 1979-1999”, en Diplomacia Nº 86, Academia Diplomática (Mins. RR. EE.), Santiago, Chile, pp. 89-111.        [ Links ]

Ross, César. 2002a. “Chile y Japón: la agenda de la alianza realista, 1974-1989”, en Diplomacia Nº 91, Academia Diplomática (Mins. RR. EE.), Santiago-Chile, pp. 89-111.        [ Links ]

Ross, César. 2002b. “Relaciones entre Chile y China: treinta años de relaciones atípicas, 1979-2000”, en Si Somos Americanos Vol. III, N° 2, Universidad Arturo Prat, Iquique, Chile, pp. 33-48.        [ Links ]

Ross, César. 2004. “Chile e Indonesia: Globalización y Comercio Internacional, 1977-2004”, Diplomacia Nº 99, Academia Diplomática (Mins. RR. EE.), Santiago, Chile (en prensa).        [ Links ]

 

Recibido: 21.03.2005.  Aprobado: 18.05.2005.