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Atenea (Concepción)

versión On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  n.489 Concepción  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622004048900012 

 

Atenea 489 I Sem. 2004: 151-153

RESEÑAS

Germán Marín: Lazos de familia. Relatos con imágenes
Santiago: Editorial Sudamericana. 2001. 140 pp.

Mario Rodríguez F.

Profesor de Literatura Chilena e Hispanoamericana Universidad de Concepción. Concepción, Chile. E-mail: lgaravil@udec.cl


Germán Marín, que publicó su primera novela en 1973, es uno de los narradores chilenos que presenta en la actualidad una de las obras más logradas, sugerentes e interesantes de la narrativa chilena de fin de siglo y comienzos del actual.

El precioso librito que comento expresa los rasgos fundamentales de la escritura de Marín. En primer término, la memoria. La literatura como operación capaz de rescatar el pasado, no tanto para guardarlo sino para exorcizarlo. El pasado en Lazos de familia es público (político, histórico) y privado. Creo que el exorcismo funciona bien en el primero, especialmente cuando se refiere a la historia de Chile y su violencia destructora. En el ámbito privado, encuentro más bien la nostalgia. La foto, tomada por un fotógrafo ambulante a principios de 1971 en una plazuela santiaguina, en que aparecen Enrique Lihn, Paulina del Río (hermosa muchacha), Germán Marín y Cristián Huneeus, me produce una irreprimible nostalgia de esos años, que hoy día creemos ver felices, y de los lazos de amistad que creaban Enrique con su aire burlón y Cristián con su seriedad académica. Y para qué hablar de las muchachas en flor.

La nostalgia y el exorcismo están tocados por una visión lúcidamente amarga de la existencia. Yo diría por un escepticismo generalizado, aunque existan momento de ternura y acercamiento solidario a los humillados y marginados por la historia. Ternura y solidaridad que también están presentes en los retratos de familia.

El otro rasgo importante de la escritura de Marín es el archivo. En última instancia, este libro es un archivo de imágenes, fotografías, recortes de prensa, tarjetas postales, que conforman una "memoria de papel" que incita al autor a un comentario, que podría ser falaz si cayera en la idea convencional que hay una correspondencia entre lo visible y lo enunciable.

Es precisamente su condición de archivista lo que permite a Marín alejarse de esta falacia. Sólo una escritura de la semejanza podría satisfacerse con las analogías. El escepticismo, la ironía, el descreimiento, la desmitificación de la prosa de Marín producen un hueco por donde se desangra la correspondencia entre la imagen (el retrato) y el relato.

La historia oficial, los discursos dictatoriales, se aferran al mito analógico que afirma que todo lo visible es enunciable y viceversa. Germán Marín, el archivista, sabe que ello es un engaño del poder y trabaja subterráneamente contra el autoritarismo político, económico, social, artístico, expresando las terribles diferencias entre lo que se ve y lo que se dice, como ocurre con un afiche de la llamada "campaña del terror" contra la candidatura de Salvador Allende en 1970. Basta cambiar el contexto histórico para producir un cambio escalofriante entre lo que se dice y lo que se ve.

Muchos comentarios sobre las imágenes, aparte de lo anterior, me recuerdan la Vida de los hombres infames. Personajes anónimos (sin fama) que salen a la luz "por haber cometido un crimen o haber sido víctima de uno de ellos", como afirma en la contraportada Federico Schopf. En varios de estos relatos hay una suerte de Historia Nacional de la Infamia, que le concede una inquietante sombra al texto, muy propia de los cuentos y novelas de Germán Marín.

Lazos de familia como álbum de imágenes es un archivo de miradas. Muchas de ellas son por "El ojo de la cerradura" e invisten al libro de un erotismo espeso, que más que una celebración de los cuerpos es una especie de "vicio de la imaginación".

Libro fascinante, lleno de sugerencias, sombras y luces, escrito en un lenguaje en que se mezcla la inteligencia, la plasticidad de las imágenes y el espesor de una prosa y de un mundo propio de los grandes novelistas nacionales, Lazos de familia reafirma que Germán Marín es un narrador que merece una mucha mayor preocupación crítica que la que lo ha acompañado hasta ahora.

PS:

Una imagen propia de lo real maravilloso es la que Marín rescata del Museo de Talca, donde se ve al obispo Las Casas alimentado por una india. La reproducimos en homenaje a su archivo, que podría llamarse aquí Mito y archivo o Eros y archivo.