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Ciencia y enfermería

versión On-line ISSN 0717-9553

Cienc. enferm. v.15 n.3 Concepción  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-95532009000300005 

CIENCIA y ENFERMERÍA XV (3): 29-43, 2009

 

INVESTIGACIONES

 

PERCEPCIÓN DE VIOLENCIA DE USUARIOS HOSPITALIZADOS EN LOS SERVICIOS CLÍNICOS DE UN HOSPITAL PÚBLICO DE LA REGIÓN DE LA ARAUCANÍA - CHILE

VIOLENCE PERCEPTION BY USERS HOSPITALIZED IN CLINICAL SERVICES OF A PUBLIC HOSPITAL IN THE REGION OF LA ARAUCANIA - CHILE

 

Sara Barrios Casas1
Tatiana Paravic Kliin
2

1 Enfermera. Dra. en Enfermería, Magíster en Educación, profesora Depto. de Pediatría y Cirugía Infantil, Facultad de Medicina, Universidad de La Frontera. Temuco. Chile. Claro Solar 115. Casilla 54-D. Temuco. Chile. Teléfono: (56-45) 325772; Fax: (56-45) 744321. E-mail: sbarrios@ufro.cl

2 Enfermera. Dra. en Enfermería, Magíster en Enfermería mención Enfermería en Salud Comunitaria, profesora Depto. de Enfermería, Facultad de Medicina, Universidad de Concepción. Concepción. Chile. E-mail: tparavic@udec.cl


RESUMEN

La violencia como proceso global y atinente a la realidad contemporánea se ha convertido en un problema para la salud pública, no quedando ajenos a ello los contextos de salud. La presente investigación es de tipo cuantitativa-descriptiva-correlacional, de corte transversal, cuyo objetivo fue describir la percepción de violencia de los usuarios hospitalizados en los servicios de cirugía y medicina de un hospital público de la Región de la Araucanía. La muestra no probabilística estuvo conformada por un total de 510 pacientes hospitalizados, de los cuales 88 pertenecían al servicio de medicina y 422 al servicio de cirugía durante el año 2008; a quienes previo consentimiento informado se les aplicó el instrumento, que fue confeccionado y validado por las autoras. Entre los resultados se observó que frente a la pregunta percibe violencia, un 12,9% de los encuestados respondió afirmativamente. Algunas de las variables que resultaron estadísticamente significativa en los pacientes que percibieron o no violencia, fueron el número de hospitalizaciones anteriores de los usuarios, días de hospitalización actual, el haber sido violentados en la adultez; el consumo de alcohol y de tabaco. Se concluye que existe percepción de violencia a nivel hospitalario, en un espacio que debe ser de sanación, en donde las personas que acuden esperan que se les entregue una atención de calidad, con respeto, dignidad y sin violencia.

Palabras clave: Percepción de violencia, usuarios hospitalizados, violencia en el contexto de atención de salud.


ABSTRACT

Violence as a global process affecting contemporary reality has become a public health problem, including the aspect of violence in health contexts. This quantitative research was a descriptive correlational cross - sectional study, whose aim was to describe the perception of violence by users hospitalized in surgical and medical services at a public hospital in the Region of la Araucanía. A non probabilistic sample was conformed by 510 hospitalized patients, in which 88 belonged to the medical service and 422 to surgery service during 2008; to whom previous informed consent, we applied the instrument, which was produced and validated by the authors. Among the results, it was observed that for the question about perceived violence, 12.9% of respondents answered affirmatively. Some of the variables that were statistically significant in patients who perceived violence or not, were the number of hospitalizations of users, current hospital days, having been abused in adulthood, alcohol and smoking. We conclude that there is perception of violence in hospitals, in a space that should be for healing , where people expect you to deliver quality care with respect, dignity and without violence.

Keywords: Perception of violence, hospital patients, violence in the context of health care.


 

INTRODUCCIÓN

La violencia es un fenómeno que involucra a seres humanos, en sus circunstancias temporales y espaciales, y en su entorno social y familiar. Por ello, la violencia es un fenómeno complejo (1), sumamente difuso y complicado, cuya definición no puede tener exactitud científica, ya que es una cuestión de apreciación (2, 3). La Organización Mundial de la Salud (OMS), la define como el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones (2,4).

Pese alas distinciones particulares de cada autor en torno a la violencia, se observan elementos comunes que están presentes en la mayoría de las conceptualizaciones y que permiten definirla como cualquier situación de abuso de poder que vulnera los derechos y necesidades de personas, adoptando diversas formas, de acuerdo al contexto relacional en el que opera y los mecanismos mediante los cuales se intenta someter al otro (5,6, 7).

Sus diferentes grados, niveles y concepciones están en correspondencia con los valores, normas y creencias de cada país, época y clase social (8), es así que la noción de lo que son comportamientos aceptables e inaceptables, o de lo que constituye un daño, está influida por la cultura y sometida a una continua revisión a medida que los valores y las normas sociales evolucionan (9).

Al respecto, se ha logrado establecer que la violencia es un problema de salud pública porque afecta de manera grave la salud y el desarrollo social y económico de amplios sectores de la población, amenaza el desarrollo de los pueblos, la calidad de vida, las condiciones generales de salud y el bienestar de la población (10). La violencia es un comportamiento no deseado, pero cualquier

individuo puede ser víctima de la violencia en algún momento de su vida, la mayoría de las veces esta violencia es provocada a través de palabras o acciones (11) y es una forma de relación social que tiene implícito el ejercicio del poder, cuyo objetivo es la dominación, implica un arriba y un debajo de roles reales con gran carga simbólica, traducido en padre-hijo, profesor-alumno, hombre-mujer, joven-anciano, profesional-paciente. Atenta contra la integridad biopsicosocial del individuo que la padece, así como de las personas con quienes interactúan (8).

Por otra parte, una de las áreas que también ha sido afectada por la violencia es el área de salud. Diversos investigadores (12, 13,14,15) han descrito violencia en diferentes contextos de atención de salud, tanto en hospitales, consultorios y postas.

El hospital se constituye en un sistema social complejo y delicado, en el cual la presencia de multiplicidad de personas con distintos roles, como profesionales, técnicos, pacientes, alumnos, familiares, conforman una red interactiva que puede inducir a desarrollar o modificar actitudes (16) que pueden llevar a hechos violentos.

En dicha realidad, los pacientes receptores de los servicios sanitarios pueden ser violentados a través de variadas manifestaciones, que vulneran sus derechos, los que muchas veces no son solamente ignorados por los dispensadores de la atención de salud, sino también por los mismos pacientes. En una atención que ha priorizado la tecnificación y los conocimientos teóricos debe rescatarse el trato humano, lo que permitiría otorgar, ciertamente, no sólo una mejor atención, sino que un cuidado más digno (13). En esta realidad, el profesional de enfermería y el equipo de salud tienen un papel trascendental en la promoción de los ambientes libres de violencia. Ambos deben facilitar el logro de un alto nivel de bienestar en los usuarios, para lo cual se hace necesaria la modificación de circunstancias desfavorables para la salud, como es el ambiente de violencia que afecta a la salud negativamente. En este aspecto, es importante considerar las situaciones que el usuario percibe como violentas, para permitir a enfermería y al equipo de salud intervenir previniendo su aparición (15).

Al ser la violencia un problema polifacético con raíces biológicas, psíquicas, sociales y ambientales, debe abordarse en varios niveles diferentes a la vez, uno de ellos se refiere a los factores individuales de riesgo y a la adopción de medidas para modificar los comportamientos de riesgo individuales y sociales. Al respecto, Chappell y Di Martino (17), a través del Modelo Interactivo de Violencia Laboral, que está basado en el análisis de los factores de riesgo, tanto individuales como sociales, determina la manifestación de conductas violentas en el ámbito del trabajo, que según los autores es aplicable también a otras dimensiones del quehacer humano (17,18,19).

Conocer la situación de violencia percibida por los usuarios en los diversos contextos de salud y abordar esta problemática constituye una necesidad, ya que se requiere proponer estrategias para prevenir y/o intervenir si la situación así lo requiere, contribuyendo con el compromiso adquirido por el CIÉ (20) de erradicar la violencia en las instituciones de salud, otorgando prestaciones sanitarias seguras y libres de este flagelo (21).

En ese contexto, el profesional de enfermería tiene un rol gravitante ante los usuarios, pues su foco de atención es el cuidado de la salud de las personas, donde el individuo es el centro de la atención, respetando su integridad física, mental, su dignidad y autonomía como seres sociales (22), esto implica estar alertas e identificar constantemente los factores que están influyendo en la salud de los pacientes, en especial de los que se encuentran hospitalizados. La atención de enfermería debe estar dirigida al individuo en forma integral, contemplando distintos tipos de estímulos, los que muchas veces son desconocidos para quienes presentan alguna alteración en el estado de salud (13) o son dependientes de otros, situación que los hace vulnerables a los diversos comportamientos violentos o a ser una potencial víctima de ellos (21).

Basado en lo anterior, es que se deben profundizar y ampliar los estudios en torno a la violencia en los contextos en salud, a fin de que los profesionales de enfermería utilicen herramientas para hacer frente al urgente desafío de detectar, reducir y modificar las conductas y situaciones de violencia que se generen en contra de los usuarios hospitalizados, que podrían generar efectos en la calidad de la atención, en la satisfacción usuaria, aumentando los días de hospitalización y generando un mayor costo en la atención. Es así que esta investigación tiene como objetivo describir la percepción de violencia de los usuarios hospitalizados en los servicios de cirugía y medicina de un hospital público de la Región de la Araucanía.

Sus resultados contribuirán a dimensio-nar dicho problema y aportar información para la mejor toma de decisión de la autoridad sanitaria en lo referente a prevenir la violencia en los usuarios y, con ello, a evitar las consecuencias negativas que traería esta conducta a nivel de la atención de los pacientes.

MATERIAL Y MÉTODO

Diseño cuantitativo de tipo descriptivo correlational, de corte transversal. La muestra fue de tipo intencionada no probabüística (error de un 4.2% y nivel de confianza de 95%), quedando constituida por 510 usuarios hospitalizados (88 del Servicio de Medicina y 422 de Cirugía de un Hospital público de la Región de la Araucanía) durante el año 2008. Los criterios de inclusión de la muestra fueron: estar hospitalizado en los Servicios de Medicina y Cirugía, con un mínimo de 2 días de estada en el Servicio y que accedieran voluntariamente a participar en la investigación.

Las variables dependiente e independientes que se consideraron en la investigación se encuentran descritas en Anexo, Tabla 1.

Los datos fueron recolectados con el instrumento Percepción de Violencia en Usuarios Hospitalizados (elaborado y validado por las autoras), que consta de cuatro partes: A) Antecedentes generales y de salud; B) Escala de percepción de violencia que está compuesta por los cuatro aspectos de violencia: psicológica, física, sexual e institucional; C) Otros antecedentes; D) Antecedentes personales de riesgo. La escala de percepción de violencia en su conjunto tiene un Alfa de Cronbach de 0.75.

El estudio consideró todos los aspectos éticos, para lo cual se solicitó la autorización en los comités de ética del Hospital y del Servicio de Salud Araucanía. En relación a los usuarios, se respetó la autonomía de éstos ya que fueron informados acerca del motivo de la investigación, se les explicó en qué consistía y los beneficios que ésta pudiese traer para ellos, es así como todos los usuarios que participaron de este estudio firmaron un consentimiento informado, previo a la recolección de los datos.

Para el análisis de los datos fue necesario crear una base de datos en la que se vació la información recogida y luego fue analizada a través del programa estadístico SPSS. 12. Se aplicó estadística descriptiva para determinar el perfil de la muestra, como distribución de frecuencias relativas y absolutas, media y desviación estándar y para establecer asociación de variables se utilizó la prueba X2. El nivel de significación utilizado en las pruebas estadísticas fue de un 5%.

RESULTADOS

El perfil biosociodemográfico de los usuarios muestra que el 52.9% eran mujeres; con una edad que fluctuaba entre 15 y 86 años (media de 51.9; sd.: 18.3), el 36.5% eran adultos maduros; el 81.6% pertenecían al Fondo Nacional de Salud (FONASA); el 27.1% eran de etnia mapuche.

En cuanto al estado civil, el 53.7% eran casados y el 27.8% solteros; la escolaridad presentó rangos entre 0 y 20 años (sd.: 4.39; media: 8.2), ocupando el mayor porcentaje los usuarios con enseñanza básica (45.1%).

La situación laboral, el 34.1% de los usuarios encuestados eran dueñas de casa y el 30.6% trabajadores activos; el 64.3% tenían ingresos familiares menores a $159.000; sus hogares en el 61.6% de los casos estaba conformado por 1 y 4 personas.

En relación al perfil de salud, el 23.5% de los usuarios presentaba como enfermedad preexistente patologías del sistema cardiovascular (Hipertensión arterial, arritmias, otras) y el 19.2% patologías del sistema endocrino (Diabetes mellitus, hipotiroidismo, otras); el 45.1% había estado hospitalizado en otra oportunidad (sd.: 1.68; media: 1), siendo las causas más frecuentemente señaladas para ello, la Diabetes mellitus, colelitiasis, obstrucción biliar, hernias, parto, entre otras.

Las principales causas de hospitalización en este estudio fueron las patologías del sistema digestivo (38.4%), entre las que destacan la colelitiasis, obstrucción vías biliares y hernias; seguidas por las patologías sistema cardiovascular (insuficiencia aguda, infarto agudo al miocardio, arritmias y embolias) con 14.1%; con un número de días hospitalizados que varía entre 2 y 90 días, con un promedio de 9 días. El 53.7% de los usuarios de los servicios en estudio requirieron ayuda durante su hospitalización, ésta fue para satisfacer sus necesidades de movilización, de eliminación intestinal y vesical, de alimentación, etc.

Del total de los 66 usuarios que señalaron percibir violencia, 8 pertenecían al servicio de medicina (12.1%) y 58 al de cirugía (87.9%). En la distribución de los grupos etáreos se encontró diferencia significativa con un p: 0.050, la mayor percepción de violencia fue en los adultos jóvenes con 48.5%. En cuanto al sexo, las mujeres percibieron más violencia que los varones en un porcentaje igual a 66.7% (p: 0.011) (Anexo, Tabla 2).

Respecto a la previsión, un mayor porcentaje de los usuarios pertenecía al Fondo Nacional de Salud (FONASA) A y B (33.3% y 30.3%; p: 0.003) (Anexo, Tabla 2).

La variable de escolaridad resultó significativa (p: 0.007), distribuyéndoselos casos en su mayoría entre los usuarios que presentan escolaridad básica incompleta y media completa. En cuanto al número de personas que habitan el hogar, el mayor porcentaje de personas que percibieron violencia habitan en casas con menos de cuatro personas (54.5%; p: 0.005) (Anexo, Tabla 2).

En el perfil de salud de los usuarios según percepción de violencia, las variables que resultaron estadísticamente significativas fueron el número de hospitalizaciones anteriores de los usuarios (p: 0.046), encontrándose los mayores porcentajes en los pacientes que no habían estado hospitalizados (39.4%) yen los que estuvieron una vez (30.3%). Además, en relación al número de días de hospitalización actual, un 63.8% de los que percibían violencia había permanecido entre 2 a 6 días hospitalizado (p: 0.030) (Anexo, Tabla 3).

En cuanto a los antecedentes de violencia de los usuarios durante la infancia, se observó que habían sido violentados física, psicológica o sexualmente en la casa, en el colegio u otro lugar, pero las diferencias no mostraron resultados estadísticamente significativos. Por otra parte, los usuarios sí declararon haber sido violentados en la adultez, destacando el maltrato físico en la actual hospitalización (p: 0.000) y en el trabajo (p: 0.012) (Anexo, Tabla 4).

En relación al consumo de drogas lícitas e ilícitas en usuarios hospitalizados, los beneficiarios que reconocieron que ingerían alcohol, sin considerar la frecuencia, percibieron violencia en un 57.6% (p: 0.012); por otro lado, se observó una diferencia estadísticamente significativa (p: 0.003) entre los pacientes que fumaban menos de 10 cigarrillos diarios y que percibieron violencia (30.3%) (Anexo, Tabla 5).

Los usuarios identifican como agentes agresores de violencia: al médico en un 12.1% (p: 0.000), a la enfermera en un 6.1% (p: 0.012), al técnico paramédico en un 12.1% (p: 0.000), al auxiliar de aseo en un 3.0% (p: 0.083) y a los estudiantes de medicina en un 6.1% (p: 0.000) (Anexo, Tabla 6).

En cuanto a las razones de percepción de violencia, el 27.3% de los usuarios señaló que era debida a la sobrecarga de trabajo del personal; el 24.2% las atribuyó que presenta problemas personales y en un 18.2% a culpa del usuario (Anexo, Tabla 7). El horario en que se percibía violencia en un mayor porcentaje era en todo horario (36.4%), y en un 30.3% en la noche (Anexo, Tabla 8).

Por otro lado, los usuarios identificaban calidad en la atención cuando existía preocupación por el usuario: atención en el trato, atención rápida, resolutividad, no discriminación, estar presentes cuando se les necesita y respeto mutuo (Anexo, Tabla 9).

DISCUSIÓN Y CONCLUSIÓN

La violencia como proceso global y atinente a la realidad contemporánea se ha convertido en un problema para la salud pública. Su magnitud se denota por las millones de personas que mueren cada año por causas atri-buibles a ella y por la mortalidad que representa (23). Un tipo de violencia es la hospitalaria, los pacientes receptores de los servicios sanitarios pueden ser violentados a través de variadas manifestaciones, que vulneran sus derechos y los que muchas veces no son solamente ignorados por los dispensadores de la atención de salud, sino también por los mismos usuarios (13).

Los resultados de la aplicación del instrumento para estimar la violencia en los usuarios hospitalizados muestran que en la pregunta directa de que si percibían violencia, un 12.9% de ellos respondieron afirmativamente. Burgos y Paravic (13) reportaron en su estudio que los pacientes percibieron violencia en un 39.7%, mientras que en los usuarios de centros de atención primaria este porcentaje alcanza valores de 84.17% (15), cifras que no coinciden con el porcentaje encontrado en el presente estudio, situación que se podría deber a que los usuarios por miedo a represalias en la atención no quieran señalar si son violentados, además al conversar con los pacientes éstos refieren malos tratos en la atención o que sus necesidades no son satisfechas, quizás estos elementos no los reconozcan como violencia hacia ellos.

También, se observó que las mujeres perciben más violencia. Es así que la violencia contra las mujeres tiene hondas raíces sociales y culturales y se basa en la creencia ancestral de que la mujer es propiedad del hombre, quien puede tratarla como juzgue adecuado, por lo que está vinculada al desequilibrio en las relaciones de poder entre hombres y mujeres en los ámbitos social, económico, religioso y político (24). Por su parte, Lugo et al. (25) refieren que las mujeres son las que más sufren de violencia y para la Organización Mundial de la Salud la violencia contra las mujeres es un problema de salud pública, y que la magnitud del fenómeno sólo se conoce parcialmente, ya que está infradiagnos-ticado, infradeclarado e infradocumentado; además es en algunas regiones del mundo y en algunos grupos de edad una de las principales causas de morbimortalidad (26). En las instituciones de salud y entre éstas los hospitales, se replican los diversos esquemas jerárquicos y las relaciones de poder que se observan en la sociedad, a pesar de que en los hospitales la mayor parte del personal está constituida por mujeres, las decisiones y el poder la ostentan mayoritariamente los hombres (médicos, ingenieros, odontólogos, etc.).

Al relacionar la escolaridad con la percepción de violencia, se encontró que los usuarios con enseñanza media son los que percibieron mayormente la violencia. En otras investigaciones, los autores encontraron como factores de riesgo en la violencia, el nivel educacional similar y cuyos datos son congruentes con la presente investigación (13, 14,24,27).

Por otro lado, el número de hospitalizaciones previas a la actual, señaladas por los usuarios, indica que el 44.7% ha estado internado en un establecimiento hospitalario, por lo que tendrían una vivencia previa respecto a ello, conocen el sistema, su funcionamiento e incluso en algunas situaciones al personal que los atiende, todo lo anteriormente influiría en ser más susceptible a la percepción de violencia.

En cuanto a los antecedentes personales relacionados con la historia de violencia en la infancia y/o en la adultez, se encontró que un bajo porcentaje presentaba antecedentes de violencia, sin embargo existe relación estadísticamente significativa entre los usuarios que presentaban este antecedente en la infancia de maltrato psicológico en el colegio; en el caso de la violencia en la adultez, la relación estadísticamente significativa está dada con las variables maltrato físico en la actual hospitalización y maltrato físico en el trabajo.

Otro antecedente personal de riesgo de violencia es el consumo de drogas lícitas e ilícitas, como el alcohol, tabaco y otras drogas. En este sentido, Amarista (28) identifica al alcohol y al tabaco como un factor desencadenante de violencia. Así, el uso y abuso del tabaco, alcohol y otras drogas constituyen a nivel mundial un serio problema de salud por sus nefastos efectos a nivel de todas las áreas de las personas y su entorno (29), incluidas las instituciones que conforman la sociedad (30). Al respecto, la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la OMS caracterizan este fenómeno como una problemática que afecta negativamente a la humanidad en su conjunto y a los individuos consumidores, en sus roles sociales, económicos y de salud (31). Además, en los usuarios hospitalizados que consumen drogas lícitas e ilícitas como el alcohol y el tabaco, al estar internados se produce un síndrome de deprivación ya que éstos por su situación de pacientes dejan de consumir estas sustancias, situación que los deja más vulnerables a percibir violencia o poder ser un perpetrador de este fenómeno.

Por otro lado, los pacientes fueron capaces de identificar sólo en un bajo porcentaje al agente agresor, esta situación se podría deber a que el usuario se encuentra en un ambiente extraño, en que no identifica los roles de los distintos miembros del equipo de salud, ya sea profesionales, técnicos, auxiliares y alumnos de las diferentes carreras de la salud.

Entre las razones que los usuarios del estudio reconocen como factores de violencia hacia ellos, se encuentran: por culpa de los pacientes mismos; por personal de edad; falta de paciencia del personal; sobrecarga de trabajo del personal; discriminación hacia los usuarios de escasos recursos; trabajadores con problemas personales y falta de comunicación con los usuarios. Uno de las razones que podría explicar que los funcionarios ejerzan violencia sería el estrés laboral. Diversos autores (13,17) señalan que éste es identificado como el motivo más frecuente para ejercer violencia; es así que los actos agresivos surgen con mayor facilidad en entornos sometidos a estrés, que se genera en parte porque los pacientes tienen necesidades insatisfechas y que exigen ser solucionadas por los funcionarios de la salud, quienes no siempre pueden satisfacerlas (32). Al respecto, Chappell y Di Martino (17), reconocen que la sobrecarga de trabajo es un factor determinante en la presentación de comportamientos violentos en los individuos. Alva-rado y Vera (33) plantean que los mayores problemas con respecto a la atención tienen que ver con aspectos de la comunicación entre el paciente y el equipo que le brinda la atención, la que considera entre otros la explicación del diagnóstico, del tratamiento y de las indicaciones después del alta. La falta de estos aspectos son reconocidos por los usuarios como factores de violencia.

El paciente está en una situación de vulnerabilidad por el hecho de estar enfermo, especialmente hospitalizado, se alteran sus relaciones familiares, laborales, es desplazado de su territorio vital a otro desconocido y complejo, pasa a tener un papel pasivo, dependiente de personas extrañas. Todo ello le va a producir cambios emocionales intensos que alteran su autoestima, y los sentimientos de pertenencia, seguridad e identidad que puede ser la causa de la pérdida de sentido del control físico y/o psicológico. Se va generar una relación profesional, que es asimétrica y jerárquica, que pueden convertir al paciente en víctima de actos considerados agresivos o violentos (34).

Finalmente se concluye que existe percepción de violencia a nivel hospitalario, en un ambiente en el que no debiese producirse este fenómeno, sino que debiese ser un espacio de sanación, en donde los usuarios que acuden se les entregue una atención de calidad, con respeto, dignidad y sin violencia.

En este aspecto, el profesional de enfermería posee las herramientas para intervenir creando estrategias para evitar la violencia en el contexto de salud, implicando a todos los agentes que participan en las instituciones de salud (equipo de salud, usuarios, autoridades), pues se requiere el esfuerzo coordinado de todos estos actores; asimismo se debe apoyar y fomentar el desarrollo de hábitos saludables para todos los trabajadores, que inclúyala creación de oportunidades para generar, mantener y reforzar cambios de comportamiento (35) que ayuden al trabajo con los usuarios.

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34.  Yales C. La violencia en el sector sanitario. II Plan director en prevención de riesgos laborales de la comunidad de Madrid (2004-2007). Comisiones obreras de Madrid. Secretaría de Salud Laboral de Comisiones Obreras de Madrid. 2006.        [ Links ]

35.  Barrios S, Paravic T. Promoción de la salud y un entorno laboral saludable. Rev. Latino-Am Enfermagem 2006; 14 (1): 136-41.        [ Links ]

ANEXO

Tabla 1. Variables dependiente e independientes.

Tabla 2. Perfil biosociodemográfico de los usuarios según percepción de violencia.

Tabla 3. Perfil de salud de los usuarios según percepción de violencia.

Fuente: ídem.

Tabla 4. Frecuencia de respuestas sobre los antecedentes previos de violencia en las diversas etapas de la vida de los usuarios según servicio.

Fuente: ídem.

Tabla 5. Frecuencia de consumo de drogas lícitas e ilícitas en usuarios hospitalizados según la percepción de violencia.

Fuente: ídem.

Tabla 6. Frecuencia de respuestas relacionadas con los agentes agresores de violencia de los servicios de Cirugía y Medicina. Hospital Hernán Henríquez Aravena. 2008.

Fuente: ídem.

Tabla 7. Distribución porcentual de las razones de percepción de violencia.

Fuente: ídem.

Tabla 8. Distribución del horario donde los usuarios hospitalizados perciben violencia.

Fuente: ídem.

Tabla 9. Expectativas del usuario en cuanto a la calidad en la atención hospitalaria según la percepción de violencia.

Fuente: ídem.


 

Fecha recepción: 25/06/09 Fecha aceptación: 02/11/09