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International Journal of Morphology

versión On-line ISSN 0717-9502

Int. J. Morphol. v.25 n.2 Temuco jun. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-95022007000200007 

 

Int J. MorphoL, 25(2):289-294, 2007.

 

Análisis del Paladar Oseo como Zona Dadora de Injerto

Analysis of the Hard Palate as a Donor Site for Bone Grafting

 

*Catalina Martínez; * *Oscar Inzunza & * *Alex Vargas

*Cirujano Dentista. Ayudante ad honorem Cátedra Odontología Integral del Niño II, Facultad de Odontología, Universidad Mayor, Chile.
** Dpto. Anatomía, Escuela de Medicina, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Dirección para correspondencia


RESUMEN: El paladar óseo podría ser una zona favorable como dadora de injertos, siempre que se pueda determinar con seguridad su grosor. El objetivo de este estudio fue evaluar la correlación entre la altura facial superior y el grosor del paladar óseo. En 29 cráneos secos se midió la altura facial superior, ubicando los puntos craneométricos nasion y prostion. Luego se midió el grosor del paladar óseo de todas las muestras a los 6 y 9 mm a dorsal del conducto incisivo, en la zona paramediana (3 y 6 mm. de la línea media en ambas antímeras). Se realizó el Test de Correlación de Pearson, para establecer si la altura facial puede predecir el grosor del paladar óseo. Existe una gran variabilidad en el grosor del paladar óseo entre los cráneos, con un rango de 0,1 a 1,1 cm. El mayor grosor se presentó a los 6 mm. hacia dorsal del conducto incisivo, con un promedio de 0,71 ± 0,20 cm. No se determinó una correlación estadísticamente significativa entre la altura facial superior y el grosor del paladar. Para definir ajustadamente el grosor del paladar óseo y, asimismo, su utilidad como zona dadora de injerto, será necesario confrontar la craneometría con estudios imagenológicos avanzados.

PALABRAS CLAVE: Proceso palatino; Paladar óseo; Injerto óseo libre.

SUMMARY: The palate bone could be a favorable zone as a graft donor site whenever there is certainty in determining its thickness. The aim of this study was to assess the correlation between the upper anterior facial heights with the hard palate thickness. In 29 dry skulls, we measured the upper anterior facial height after identifying the craniometric points nasion and prosthion. Then we measured the thickness of the hard palate of every sample at 6 and 9 mm dorsally from the incisive canal, in both paramedian regions (at 3 and 6 mm from the mid-palatal suture). A statistical analysis was done with Pearson correlation test to establish if the facial height could be a predictor of palate thickness. There exists a great variability in the hard palate's thickness ranging from 0.1 to 1.1 cm. The mean available was found to be best at 6 mm from the incisive canal with an average of 0,71 ± 0.20 cm. There was no significant correlation between the upper anterior facial height and the palate thickness. To rightly determine the hard palate thickness and, at the same time, its availability as a bone graft site, it would be necessary to confront craniometric methods with advanced imaging techniques.

KEYWORDS: Palatine process; Hard palate; Free bone graft.


INTRODUCCIÓN

Los injertos óseos autógenos se consideran la mejor alternativa de tratamiento para corregir defectos en cirugía reconstructiva máxilo - facial. Para la obtención de estos injertos se puede recurrir a zonas dadoras intraorales o extraorales. El uso de zonas intraorales representa una menor morbilidad (Kainulainen et al, 2004); sin embargo, su dificultad radica en que el volumen óseo posible de obtener tiende a ser variable entre un paciente y otro, pudiendo ser insuficiente. En los últimos años los cirujanos han comenzado a utilizar una nueva zona dadora intraoral, cuál es la región palatina (Hernández-Alfaro et al, 2005). Este territorio presenta, para estos efectos, ventajas notables, como fácil acceso y menor morbilidad postoperatoria. Del mismo modo, la bóveda palatina está siendo utilizada por ortodoncistas como zona de anclaje de implantes palatinos, elementos que en forma segura y cómoda para el paciente, permiten realizar movimientos en bloque de los molares superiores (Wehrbein et al, 1999). Sin embargo, la posibilidad de utilizar la bóveda palatina ya sea como zona dadora de hueso o como zona de anclaje, se encuentra limitada a sus características morfológicas, tales como altura, extensión y grosor; cualidad esta última que es difícil de ponderar al examen clínico o al examen radiológico convencional (Moreiraeía et al., 2006; Shapiro & Kokich, 1988; Wehrbein et al.). Estudios recientes (Hassani et al., 2005; Gahleitner et al, 2004) han utilizado reconstrucciones multiplanares de tomografías computarizadas a fin de estimar el volumen del paladar.

Por otro lado, numerosos trabajos han demostrado la existencia de una correlación entre craneometría y morfología facial (Kasai et al, 1995; Ferrario et al, 1997). Estos últimos autores sugieren que los individuos dolicocéfalos tienden a presentar un biotipo facial más bien alargado (leptoprosopo) y los braquicéfalos uno de tipo ancho (europrosopo). Así mismo, se ha logrado determinar una correspondencia entre el biotipo facial y la forma del paladar en sentidos transversal y longitudinal (Mahmud, 1989; Figun & Garino, 1999). Tomando estos datos en su conjunto, es dable esperar que en los individuos braquicéfalos, que presentan un paladar más plano, se observe un paladar óseo más grueso; en cambio, que en los sujetos dolicocéfalos se encuentre un paladar más delgado, al asociarse este biotipo facial con un paladar ojival. El presente estudio busca correlacionar anatómicamente, utilizando cráneos secos, la altura facial superior con el grosor del paladar, de modo de definir si ésta es un factor predictor del grosor óseo disponible en el proceso palatino del maxilar.

MATERIAL Y MÉTODO

Se recolectaron 35 cráneos humanos secos. Veintiuno de ellos se obtuvieron de la osteoteca de la Pontificia Universidad Católica de Chile y catorce del Departamento de Anatomía de la Universidad Mayor. Sólo se incluyeron las muestras que, por su estado, permitieran la ubicación de los puntos craneométricos, nasion y prostion, para hacer las mediciones necesarias para el análisis. Se debió excluir seis cráneos por presentar torus palatinos o porque se encontraban con rebordes residuales con una marcada reabsorción ósea; considerándose por tanto, para este estudio, sólo 29 cráneos, que presentaban intactos los alvéolos dentarios antero-superiores.

De acuerdo al Manual de Estudios Craneométricos y Craneoscópicos (Bidegain & Carvalho de Mello e Alvin, 1979), los puntos craneométricos que se ubicaron fueron nasion (n) y prostion (pr). Esta distancia permitió definir la altura facial superior de todas las muestras (Fig. 1). Para las mediciones se utilizó un compás de Korkhaus y una regla milimetrada.


Después de medir la altura facial superior, se midió el grosor del paladar de todos los cráneos. Para esto, se ubicaron puntos paramedianos a 3 mm (medial) y 6 mm (lateral) del plano mediano y hacia dorsal del canal incisivo a 6 mm y a 9 mm, en ambas antímeras (Figs. 2 y 3). Esto permitió determinar ocho mediciones por cada paladar óseo. Estas mediciones se realizaron con un calibrador de metales y un pie de metro. Uno de los extremos del calibrador se ubicó en uno de los puntos mencionados y el otro extremo se pasó a través de la abertura piriforme hasta el piso de las fosas nasales, permitiendo así determinar el grosor palatino en dicho punto.


 

Todas las mediciones, es decir, la altura facial superior y los grosores del paladar de cada muestra, fueron digitados por el mismo operador en una planilla Microsoft Excel XP 2003. Para facilitar y unificar los registros, como unidad de medida, se utilizaron los centímetros.

Todas las mediciones, es decir, la altura facial superior y los grosores del paladar de cada muestra, fueron digitados por el mismo operador en una planilla Microsoft Excel XP 2003. Para facilitar y unificar los registros, como unidad de medida, se utilizaron los centímetros.

Una vez digitados los datos, se determinó analíticamente el volumen de tejido óseo posible de obtener de cada muestra. Para esto, y a modo de simplificar el cálculo, se consideró un tamaño de injerto de 1 cm de largo por 1 cm de ancho, que se ubicara de tal forma, que el centro correspondiera al punto de mayor grosor obtenido.

El análisis de los datos se realizó con el programa Microsoft Office Excel y con el programa estadístico Systat 11.0. Los valores obtenidos se expresaron como promedio ± desviación estándar y se consideró significativo un p < 0,05. Se compararon los grosores de paladar óseo entre sus distintos segmentos y su correlación con las mediciones obtenidas de la altura facial superior, usando el test de correlación de Pearson.

RESULTADOS

Las mediciones obtenidas del grosor del paladar óseo y la altura facial superior (n - pr) de las 29 muestras estudiadas, se resumen en la Tabla I. El promedio del grosor del paladar óseo, considerando todas las distancias medidas, fue de 0,61 ± 0,21 cm, donde el rango varió desde 0,1 a 1,1 cm. Se observó un mayor grosor a los 6 mm a dorsal del canal incisivo, con un promedio de 0,71 ± 0,20 cm. No se observó una diferencia significativa entre los lados derecho e izquierdo.


Para cada muestra, se multiplicó el grosor del paladar (a los 6 mm a dorsal del canal incisivo), por el largo (1 cm ) y por el ancho (1 cm ), obteniéndose de esta forma el volumen (cm3 = ml). Dado que de cada paladar es posible obtener dos injertos de 1 cm2 cada uno (derecha e izquierda), el resultado obtenido se multiplicó por dos. El promedio del volumen obtenido fue de 1,43 mi. En la Tabla II, se presenta la altura facial superior, el volumen obtenido y el grosor de paladar óseo de cada muestra. No se determinó el volumen del grosor de paladar a los 9 mm del canal incisivo, ya que fue a los 6 mm donde se observó mayor grosor.


 

Los resultados obtenidos no permiten establecer una correlación estadísticamente significativa entre las mediciones de la altura facial superior y el grosor del paladar, a los 6 y 9 mm dorsales al canal incisivo. Se observó que el coeficiente r de Pearson varió entre 0,116 a 0,277, de-mostrando una correlación positiva pero débil. La dispersión de los datos se presenta en la Fig. 4, pudiéndose observar que no existe tendencia.


DISCUSIÓN

Este estudio muestra que existía una gran variabilidad en el grosor del paladar óseo, aún comparando exclusivamente entre las zonas de mayor grosor, donde el rango varió entre 0,1 y 1,1 cm (entre los 6 y 9 mm a dorsal del canal incisivo). Similar dispersión fue vista por Gahleitner et al., quiénes midieron, en 32 pacientes, el grosor del paladar óseo utilizando reconstrucciones paracoronales de tomografías computarizadas, observando un grosor promedio de 0,50 ± 0,26 cm. En nuestro estudio el grosor promedio total obtenido fue de 0,61 ± 0,21 cm. Los autores citados anteriormente encontraron que a los 6 mm había un grosor promedio de 0,61 ± 0,28 cm; en nuestro estudio determinamos que en esa misma zona el grosor promedio fue de 0,71 ± 0,20 cm. Estos dos estudios confirman la necesidad imperiosa de contar con mediciones precisas o correlaciones confiables para optar por el paladar óseo como zona dadora de injerto.

Idealmente, con un injerto óseo de paladar de 1 cm de ancho por 1 cm de largo con un grosor de 0,61 cm, se podría obtener un volumen de 0,61 mi (1 cm x 1 cm x0,61 cm = 0,61 cm3 = 0,61 ml). Considerando que son dos los injertos óseos posibles de obtener del paladar (lados derecho e izquierdo del plano mediano), es posible obtener en promedio, de acuerdo a este estudio, un volumen de 1,43 mi. Sin embargo, Hassani et al., considerando un injerto de paladar de mayor área (también en el sector anterior), determinaron un volumen de 2,03 mi en maxilares dentados y 2,40 mi en desdentados.

La diferencia de volumen obtenido entre este estudio y el estudio en iraníes de Hassani et al., se podría explicar por la diferencia de tamaño en el injerto tomado y, además, por las variaciones anatómicas debidas a las diferencias étnicas en las poblaciones estudiadas. A este efecto, Richardson (1980) enfatiza que los parámetros faciales cercanos a las zonas alveolar y dentaria, son los que presentarían mayor diferencia entre los grupos étnicos y raciales.

Por otro lado, Davoody & Sassouni (1978) compararon las diferencias dentofaciales entre iraníes y caucásicos, demostrando que los iraníes presentaban mayores dimensiones verticales (tanto anterior como posterior) y principalmente una mayor longitud facial antero-inferior. Martínez (2005) relacionó biotipos craneofaciales con el grosor de paladar de 42 cráneos secos, obtenidos de los Departamentos de Anatomía de cuatro universidades de Santiago de Chile. En general, a pesar que utilizó un número significativo de cráneos, fue observada una muestra bastante homogénea con características faciales que corresponderían al grupo de raza caucásica. En su estudio, además, a pesar que no se demostró una correlación estadísticamente significativa, sí apoyaría una posible correlación entre el grosor del paladar con la altura facial y/o índices faciales, ya que se observó una tendencia que señala que a mayor longitud facial mayor era el grosor del paladar. Esto permitiría sostener que sujetos de paladar ojival presentarían un mayor grosor que los de paladar plano. Sin embargo, en este estudio, utilizando una menor cantidad de muestras, no fue posible observar la misma tendencia.

A pesar que se ha descrito una correspondencia genética entre el cráneo, la cara y las arcadas dentarias, se ha visto que no siempre es así, ya que pueden aparecer influencias desfavorables que alteren esta relación, provocando variaciones notables en la forma y tamaño de los diferentes tejidos y órganos involucrados (Cusmingky et al., 1994). En efecto, la interacción entre el genotipo y el medio ambiente constituye una relación dinámica que, en el curso de decenios, va modelando al cráneo. A este respecto, estudios recientes señalan una tendencia a la braquialización de la cabeza, fenómeno que es más importante en la raza amarilla (Golalipour, 2006) que en las razas negra y blanca (del Sol, 2005). La malnutrición fetal, es un factor que podría alterar la forma y el tamaño de distintos tejidos y órganos comprometidos (Bello et al, 1998).

Por lo tanto, estamos de acuerdo con otros autores (Gahleitner et al; Shapiro & Kokich y Wehrbein et al.), en que sería fundamental realizar otro tipo de exámenes previos, para definir de forma precisa y segura el grosor del paladar. En este estudio fue posible confirmar qué zona del paladar óseo es favorable para la obtención de injertos que, de acuerdo al volumen posible de obtener, podría suplir defectos pequeños y medianos, según lo establecido por Kainulainen et al. Sin embargo, por su alta variabilidad en grosor, es necesario contar con mediciones directas para cuantificar la cantidad de tejido óseo posible de obtener, de forma segura. El conocimiento preciso de la cantidad de volumen disponible, sin dañar estructuras vecinas, permitirá indicar injertos óseos de paladar, en defectos relacionados a ese volumen.

AGRADECIMIENTOS. A la Pontificia Universidad Católica de Chile y a la Universidad Mayor, Santiago de Chile por colaborar con muestras necesarias para nuestro estudio. En particular, agradecemos el valioso aporte científico del Dr. Dámaso González E., Profesor Titular de Anatomía y Director de Escuela Odontología de la Universidad Mayor.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Recibido : 09-01-2007 Aceptado: 08-03-2007

Dirección para correspondencia:

Prof. Dr. Oscar Inzunza H.
Depto. de Anatomía
Escuela de Medicina
Pontificia Universidad Católica de Chile
Lira 44
Edificio Escuela de Medicina Piso
Santiago-CHILE