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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. vol.50 no.1 Santiago mar. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272012000100001 

REV CHIL NEURO-PSIQUIAT 2012; 50 (1): 7-9

EDITORIAL

 

Abril: mes del cerebro

April: brain awareness month

 

Durante el mes de abril, se desarrollará en todo Chile el Mes del Cerebro. Estas actividades contarán con la plena participación de socios y de colegas amigos de la Sociedad, demostrando el hondo arraigo que SONEPSYN tiene entre psiquiatras, neurólogos y neurocirujanos de nuestro país. Las actividades de educación y extensión que desarrolla anualmente nuestra Sociedad como programas de Educación Continua dedicados a especialistas, se verá complementada este año con un mes dedicado a la educación comunitaria.

Los socios y amigos de SONEPSYN se transformarán en docentes y traspasarán a la ciudadanía de su entorno, en un lenguaje coloquial asequible para todos, aquello que aprendieron de sus maestros. La condición científica de nuestra Sociedad dedicada hace décadas al desarrollo de la neuro-ciencia, ha permitido que SONEPSYN se haya convertido en una entidad docente del más alto nivel académico. Por ello, la educación complementaria surge como un legado natural, indispensable y necesario que permitirá comunicar a la comunidad todo aquello que le concierne para el logro de una consulta oportuna. Durante el año 2012 se hablará de la prevención, de los síntomas que obligan a consultar, así como del comportamiento a seguir en los accidentes cerebro-vasculares, la depresión, la enfermedad de Alzheimer y las cefaleas neuro-quirúrgicas. Con esta labor de extensión se está cumpliendo un antiguo anhelo de SONEPSYN de llegar a toda la gente, contribuyendo en lo posible a limitar la morbilidad de las patologías que se expondrán este año y de otras que serán temas en los próximos.

Estas actividades de extensión representan un gran esfuerzo, sin embargo, es una tarea trascendente y significativa para SONEPSYN en su proyección como entidad rectora de las neuro-ciencias aplicadas. Siempre hemos sostenido que las opiniones surgidas de las sociedades científicas, a través de sus grupos de trabajo, deben ser integradas a los programas preventivos y curativos del Ministerio de Salud, probablemente agregándose a las ideas, generalmente importadas, de los salu-bristas. Los investigadores clínicos que integran las sociedades científicas siempre han sido capaces de direccionar con el mejor sentido práctico las tareas de prevención y tratamiento, equilibrando con decisiones colegiadas la parcialidad que puede surgir de las consultas individuales, que suele implementar el MINSAL.

Se ha elegido abril como el mes del cerebro, por la contingencia esotérica astrológica de este mes. Este período del año coincide con el signo de Aries (el carnero) que siendo el primer signo del zodíaco, le corresponde regentar la cabeza. Aries de acuerdo a los arcanos astrológicos rige las actividades cerebrales y sus enfermedades, desde los traumatismos encefalocraneanos, pasando por los accidentes cerebro-vasculares, para terminar en los trastornos del ánimo y la locura. Aries es el signo de la cabeza para la cultura mediterráneo-oriental, sin embargo, no debe olvidarse que la astronomía-astrológica ha sido un atributo que se ha asociado a las altas culturas en todo el mundo, como en Mesoamérica, Sudamérica y China entre otras, con distintas representaciones simbólicas que tienen su origen en cada cultura, aunque con el mismo sentido y propósito.

Por lo demás desde siempre las estrellas han guiado a la humanidad en su permanente nomadismo. Los prehomínidos se vieron obligados a caminar hace más de cinco millones de años, debido a la deforestación de extensos territorios tropicales, como consecuencia de significativos cambios climáticos que trasformaron los bosques en estepas y praderas, territorios de arbustos aislados y de pastos estacionales. Desde entonces el hombre nunca dejó de caminar y de mirar el cielo, y por miles de años pudo contemplar los luminosos astros nocturnos que parecían predecirle su destino. Por ello la astrología se desarrolló como una ciencia predictiva que permitía interpretar o anticipar acontecimientos más que como una ciencia curativa o de entendimiento del hombre en términos biológicos. Esta condición predictiva le permitió a la astrología anticipar la personalidad de los individuos, de acuerdo al signo zodiacal bajo el cual habían nacido. Este ámbito predictivo de la astrología pareciera estar muy lejos, así como circunstancialmente muy cerca de la neuropsi-quiatría.

La interpretación de los signos celestiales, ahora como ciencia astrológica, fue el paso natural que dieron los caldeos a lo largo del tiempo, debido a que lograron una condición sedentaria, derivada del desarrollo de sus actividades agrícola-ganaderas que fueron consubstanciales de los pueblos mesopotámicos. Para ellos y sus descendientes culturales, asirios, babilonios y la llamada cultura occidental, lo que la astrología decía o predecía era un dogma. Esta condición originó la visita de los Reyes Magos al pesebre de Belén, siguiendo la estrella que todos los años corona nuestros árboles de Navidad, y que también produjo otras consecuencias, no prevista por la astrología, el asesinato de los inocentes.

Durante cientos de años la astrología ha presidido el quehacer de los hombres y ha pasado a través de griegos y romanos hasta nuestros días. También dirigió la actividad de los mayas y de los chinos, y ha sido el preámbulo necesario para la actual astronomía que está dedicada a comprender el funcionamiento del universo. Ahora, es un patrimonio de países con cielos limpios, como los del norte de Chile, que generará oportunidades a muchos jóvenes para ser los nuevos pioneros de una ciencia que nació con la humanidad.

Cuando los signos zodiacales fueron diseñados en los cielos de la Mesopotamia estuvieron representados por símbolos que tenían un doble significado uno corriente y otro trascendente. Como puede ser el aguador (Acuario), en países semidesérticos; el arquero (Sagitario) en pueblos que debían defenderse; o la balanza (Libra) entre quienes vivían de la agricultura y el comercio, eran representaciones comprensibles para todos, por ser cotidianas, aunque podían tener un significado simbólico más allá de su realidad. Asimismo el toro, el león, el carnero y los peces, surgidos de entre tantos animales totémicos, expresaban además de su significado simbólico-religioso, el de una existencia real y contingente.

Los signos o símbolos del zodíaco expresan lo que los caldeos quisieron o pudieron ver en los cielos, son la transducción de un infinito bagaje de sentimientos y vivencias ancestrales, que mantenidas en el subconsciente colectivo de estos pueblos, se plasmó mágicamente en los signos zodiacales. El mapa astral que desarrollaron los caldeos, consiguió delimitar tiempos astronómicos y en él se sintetizó todo el conocimiento que poseían del firmamento, para un uso práctico. Pusieron al carnero en el primer lugar del zodíaco por la importancia que debió tener su imagen. Un fiel compañero en el largo caminar de pastoreo nómade y que finalmente llegaron a instalarse, hace miles de años, entre el río Tigris y el Éufrates donde el carnero era la vida, representaba lo más esencial de su subsistencia: leche, carne, lana y huesos, que les permitía comer, vestirse y defenderse.

Al parecer los primeros nómades que llegaron a la Mesopotamia después del diluvio fueron los sumerios, poco a poco se desarrollaron y fundaron ciudades-estados. Era un pueblo étnicamente distinto a sus posteriores habitantes semitas. Crearon una alta cultura basada en la ganadería y posteriormente en el cultivo del trigo, práctica que aparentemente se inició entre los dos ríos, hace más de siete mil años y que se propagó desde entonces por el mundo mediterráneo, mientras los chinos cultivaban el mijo, los tailandeses cultivaban el arroz y los indios de América el maíz y las papas.

La condición de agricultores sedentarios obligó a los sumerios de Ur a desarrollar calendarios que les permitieran dividir conceptualmente el tiempo astronómico, que ya conocían, además de mantener dicha información viva a través de símbolos reconocibles, con el objeto de predecir las siembras y definir los tiempos de cosechas. Esto resultó en un necesario y obligado camino hacia la estandarización de la escritura, derivada de representaciones simbólicas conocidas, que les permitió conservar la información que los magos obtenían de los cielos, personas que simultáneamente eran los encargados de interpretar y escribir aquello que los astros decían, guardándolo para siempre en tablillas de barro cocido.

El ciclo de Aries también está asociado con el antiguo comienzo del año, que coincidía con el equinoccio de primavera y con la huida del invierno en el hemisferio norte y que duró hasta épocas romanas, quienes lo adelantaron por razones estratégico-militares. Tradicional y simbólicamente el comienzo del año representaba el recomienzo de la vida, el renacimiento de la naturaleza. Por ello el carnero simboliza también la luz y la inteligencia, aunque todo lo arregle a cabezazos.

El carnero no es un símbolo exclusivo de la Mesopotamia, también se lo encuentra en Egipto. En el templo de Karnak donde persiste parte de una larga avenida que unía este templo con el de Menfis, estaba y está flanqueada por esfinges con cuerpo de león y cabezas de carnero que representan a Amón. El culto a Amón fue el más fastuoso del alto Egipto con procesiones kilométricas. Amón-Ra representaba la luz más brillante del sol, también de cierta manera la posibilidad de renacer, tan importante en el culto a los muertos que desarrollaron los egipcios y que de diferentes maneras perdura hasta nuestros días. Aunque, curiosamente el culto a los muertos parece haber sido un especial atributo de los Neandertales que lo practicaban hace más de cincuenta mil años, con enterramientos regulares y ofrendas florales.

Por ello, el mes de abril resulta especial, al permitirnos como neurocientistas hacer converger los antiguos modos de vernos, influidos y sujetos a los acontecimientos astrológicos, en comparación con la condición actual, influidos y sujetos al nuevo paradigma de la humanidad, los chips de silicio y la electrónica, que nos permite y casi nos obliga a permanecer comunicados y que conlleva imprevisibles condicionamientos futuros. Entretanto los especialistas debemos adaptarnos a los nuevos modos y porqués de las numerosas enfermedades neuropsiquiátricas y neuroquirúrgicas, influenciados y sujetos al ahora necesario diagnóstico electrónico. Sin embargo, en medio de la electrónica y la bioquímica, creemos que aún existe espacio para el antiguo arte de la medicina clínica, donde la intuición y el buen examen son parte del arte trasmitido por los maestros, que hacen del médico lo que es. La actual neurociencia aplicada, además del sólido conocimiento fisiopatológico, requiere del valioso e indispensable aporte con que el arte de examinar contribuye y que no ha sido substituido por las neuroimágenes y/ o los exámenes de laboratorio, como algunos parecen creer.

Por otra parte, no debe soslayarse la extrema proximidad que aún existe con los antiguos misterios y creencias que están insertas en la cotidianei-dad de nuestra vida, llena de horóscopos y terapias alternativas. Por ello debemos afirmar, sin contradicciones la moderna visión de la neurociencia que busca transparentar el conocimiento, haciendo comprensible lo misterioso.

Con estas notas queremos agradecer a todos los que harán posible el desarrollo del Mes del Cerebro y festejamos la confirmación de Chile como sede del Congreso Mundial de Neurología en el año 2015, Año de las Neurociencias.

Luis Cartier R.
Editor