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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. vol.49 no.2 Santiago  2011

doi: 10.4067/S0717-92272011000200003 

REV CHIL NEURO-PSIQUIAT 2011; 49 (2): 147-148

SIGNIFICADO Y PERSPECTIVA DEL SEGUNDO ARTÍCULO DE LA REVISTA CHILENA DE NEUROPSIQUIATRÍA 1947

 

El dinamismo psíquico y la estructuración de los síndromes psiquiátricos.

Psychic dynamism and psychic syndromes structuring

 

Drs. Carlos Soto Rengifo y Armando Roa


Estructura y objetivos del trabajo

El trabajo "El dinamismo psíquico y la estructuración de los síndromes psiquiátricos" aborda un tema que ha sido de gran importancia para el desarrollo de la psicopatología y para la psiquiatría infantil- en ese entonces una naciente disciplina. Se trata de la constitución de la psique desde una perspectiva evolutiva, analizando su desarrollo en los niños y en los pueblos primitivos.

Su postulado central es la contraposición entre la evolución física, entendida como un proceso mecánico de adición de nuevas propiedades a las ya existentes, y la evolución orgánica. Esta última es entendida como el paso desde una fase, completa y coherente en sí misma, a otra diferente pero que también tiene su propia plenitud y organización.

A partir de ese postulado cuestiona las insuficiencias de la Psicología General de la época, la cual veía al niño como a un adulto pequeño e incompleto y a los pueblos primitivos como poseedores de una mentalidad similar a la de los pueblos civilizados, pero no desarrollada. Contrapone esta visión a la de una Psicología Evolutiva, que considera el desarrollo como el paso a través de distintas fases, cada una completa en sí misma.

La estructura psíquica del adulto civilizado se caracterizaría por la imbricación de varios estratos genéticos. Al ser polifacético puede, en diversos momentos, representar diferentes períodos evolutivos. Por eso podemos comprender el pensamiento de los "salvajes", de los niños y de los psicópatas. "Comprendemos" al niño, al "salvaje" y al psicópata porque al tener -en el fondo- rasgos semejantes, podemos transformarnos parcialmente en ellos.

Luego de establecer este punto de partida, los autores se abocan a la tarea de describir las características del funcionamiento psíquico de los pueblos primitivos o "salvajes", contraponiéndolo a la mentalidad de los niños y aludiendo a lo observable en algunas patologías psiquiátricas y neurológicas. Estas últimas, a su vez, pueden ser vistas como el resultado de procesos de disolución psíquica.

Es así como describen el carácter complejo de la vida sensorial primitiva, de como el "salvaje" percibe la realidad como una totalidad sensorial, en la que se privilegia la acción. En ese contexto, la distinción precisa entre diferentes percepciones sensoriales tiende a difuminarse y no existe una distinción suficiente entre las impresiones de color, gusto, temperatura, etc. Algo similar ocurriría en el niño, en el que también las percepciones se experimentan desde una vivencia afectiva primaria; por ejemplo, al percibir un sonido como azul, ya que la percepción auditiva es identificada con el valor expresivo de ese color. La sinestesia resultaría de ese primitivo modo de vivencia.

Asimismo, analizan el modo de concepción primitiva del espacio y del tiempo. Describen la estructura espacial primitiva como egocéntrica y antropomórfica, de modo similar a lo que ocurre en los infantes. Algo similar sería observable en pacientes psiquiátricos y neurológicos, en los cuales el espacio tiene carácter de un campo de acción cuyo centro es el propio cuerpo en movimiento.

También la temporalidad tendría sus propias características en los "salvajes" y en los niños. En ellos, los tiempos acostumbran delimitarse de modo discontinuo y pueden hallarse separados por espacios intermedios. Así como el primitivo tiene un "tiempo de ordeñar" o de "recoger el ganado", el niño tiene el "tiempo del desayuno" o el de "hacer las tareas". Los autores analizan cómo, enfermos dementes o esquizofrénicos, pierden — como consecuencia de su enfermedad— , la dimensión continua del tiempo y regresan a modalidades primitivas o infantiles de temporalidad.

En la parte final del trabajo, los autores plantean su voluntad de continuar desarrollando este estudio y, — en una segunda parte— , dar a conocer los resultados de su aplicación a la clínica psiquiátrica.

El aporte de este trabajo en el contexto de la psiquiatría de la época.

En el último acápite del trabajo, los autores hacen algunas referencias a la psiquiatría de la época. Reconocen el fundamental aporte de Emil Kraepelin en la descripción y sistematización de los trastornos psiquiátricos. Señalan que en sus descripciones de síndromes existe una fuerte conexión interna entre los diversos síntomas que lo conforman, y no solamente una mera adición mecánica de ellos. Esta poderosa estructura interna de los fenómenos mentales y su relación con la constitución, la edad y el ambiente, sería tributaria de los aportes a la psicología de Wilhelm Dilthey. A él se debería la noción de estructuras psíquicas, que no serían la suma de elementos aislados, sino un conjunto integrado de factores que se influyen mutuamente y cuya aparición sólo es posible si se encuentran presentes los otros.

Desliza una crítica a los seguidores de Kraepelin, señalando su tendencia a ver los síndromes psiquiátricos como algo estático y a centrarse casi exclusivamente en considerarlos como enfermedades vinculadas a una etiología única. De este modo se habría vuelto a una visión simplificada y atomística, contraria a la concepción del maestro.

Hoy sabemos que, efectivamente, la insatisfacción con la orientación que había tomado en ese momento la psiquiatría (reflejada en el trabajo de los doctores Carlos Soto Rengifo y Armando Roa), permitió la aparición de nuevas corrientes que marcarían el rumbo de la especialidad a mediados del siglo XX. En contraposición a esa visión simplista de considerar a los síndromes psiquiátricos como estructuras estáticas, surgió todo un movimiento centrado en el análisis psicopatológico fino de las vivencias de los enfermos mentales.

La psicopatología clínica primero, y con posterioridad la analítica existencial, permitió tener una visión mucho más rica y compleja de los trastornos psiquiátricos. El análisis de las vivencias de la temporalidad y de la espacialidad alcanzó un notable desarrollo en la obra de autores como Minkowski y Von Gebsattel.

Una consideración especial merece la mención a Huglings Jackson y su concepto de los niveles sucesivos de disolución del sistema nervioso en las patologías psiquiátricas y neurológicas. Los conceptos de Jackson han continuado teniendo una importante influencia en las concepciones psiquiátricas contemporáneas. Baste señalar que la actual distinción entre los llamados síntomas "positivos" y "negativos" de la esquizofrenia, se originan en los conceptos de dicho autor.

Una mirada desde la psiquiatría contemporánea

Desde una perspectiva actual llama la atención lo ambicioso del objetivo propuesto en este trabajo. Su propuesta de redefinir los síndromes psiquiátricos a partir del estudio de la mentalidad de los niños y de los pueblos primitivos, es una tarea de largo aliento. Podemos pensar que quizá ya en este trabajo se manifiesta la notable energía, constancia y originalidad que caracteriza a la obra que con posterioridad desarrollaría Armando Roa.

El propósito de enriquecer la psiquiatría de la época, aportando elementos de reflexión tomados de otros campos, como la antropología o el desarrollo psicológico del niño, es algo que no nos resulta ajeno. También la psiquiatría actual se nos presenta con una visión sobre-simplificada, bajo la pretensión de objetividad y pragmatismo. Mientras que el énfasis se ha puesto en la investigación neurobiológica y psicofarmacológica, la psiquiatría clínica se ha empobrecido. Esto nos hace pensar en que quizá haya ciclos que se repiten y que en el futuro pudiésemos asistir una revitalización de la aproximación clínica a la psiquiatría.

Dr. Hernán Silva Ibarra.
Profesor Titular.
Facultad de Medicina, Universidad de Chile.