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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.46 n.2 Santiago jun. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272008000200010 

REV CHILNEURO-PSIQUIAT 2008 ;46(2): 147-149

ARTÍCULO ESPECIAL

 

El libro negro del psicoanálisis. Vivir, pensar y estar mejor sin Freud

The black book of psychoanalysis

 

Gustavo Figueroa C.1


El título resulta sospechoso al igual que cuando ostenta el de "libro blanco". El apasionamiento desbocado o la postura combativa ideológicamente sustentada no son sinónimos de compromiso intelectual serio o decidida defensa de las ideas que se afirman y protegen porque de veras estas importan. Lo que no hay que olvidar es que los autores nos quieren introducir al interior del campo de la ciencia médica o de su pensamiento teórico-práctico, y esto los compromete a alcanzar un nivel que va más allá de la mera publicación de divulgación o de propaganda. Pues bien, nuestros temores o prejuicios se confirman en parte durante la lectura, sin dejar de reconocer que los colaboradores, una mayoría cuando menos, se esfuerzan por no caer en lo panfletario o en los agravios escritos para la galería siempre ávida del último chisme o la descalificación sin matiz. No hay que pasar por alto, sin embargo, que los artículos están escritos por Freud scholars y estos se agrupan ya en torno a una profesión con carta de ciudadanía, profesión que proporciona no pocos dividendos a muchos investigadores e intelectuales americanos y europeos.

El libro nació en Francia porque "con la Argentina, es el país más freudiano del mundo" y allí "la crítica al psicoanálisis es todavía un extendido tabú". Los artículos proceden tanto del Viejo como del Nuevo Mundo, y las personalidades involucradas son, sin lugar a dudas, fieles y conocidos representantes de este tipo de cuestionamiento, oposición que con carácter inundatorio ha sobrecargado las prensas desde la época de los 70. Sabemos que desde su nacimiento hasta la década del 60 se centraba el ataque en los fundamentos científicos y antropológicos del psicoanálisis, pero especialmente en sus alcances epistemológicos y sus resultados objetivos junto al diván del psicoterapeuta. Allí se produjo el giro, en parte con la aparición de la biografía de Ernest Jones sobre Freud y, además, con el surgimiento del conductismo con sus éxitos empíricos en el campo de las neurosis (piénsese en el aclamado artículo de Eysenk de 1952 en donde se afirma que el psicoanálisis no sólo no mejora sino que provoca un empeoramiento de los pacientes durante un período de seguimiento de dos años, a diferencia de la terapéuticas conductuales).

El texto se divide en cinco partes de distinta extensión y calidad o pertinencia al tema. Su lema: "no sectario, internacional, multidisciplinario, preocupado por el lector y abierto a la crítica". Las contribuciones no han sido ejecutadas pensando especialmente en este volumen sino más bien se llevó a cabo una selección siguiendo los gustos de los recopiladores y, junto a ello, se añadieron entrevistas a personalidades destacadas de la psiquiatría, psicología y campos afines. De ahí el desorden, repetición o ausencia de hilo conductor del conjunto, salvo en el hecho que todos ellos estarían absolutamente de acuerdo que "ya tenemos suficiente con Freud" y necesitamos avanzar hacia algo nuevo, entiéndase, las ciencias neurocognitivas, que aparecen como las grandes seductoras -la Circe de nuestra ciencia de la mente- y solucionadoras del impase en que nos encontramos producto de la imprudencia y falacia freudianas, aunque, sorpresivamente, también se lanzan algunos dardos incisivos contra la psicofarmacología.

¿Cuáles son los principales reproches que se le hacen a Freud y, secundariamente, al psicoanálisis? Primero, elaboración de mitos, leyendas y mistificaciones por parte de Freud mismo que no correspondían a la verdad (que el tratamiento de Anna O. fue un éxito y se curó por la abreacción, que fue perseguido por ser judío, que fue el primer psiquiatra en hablar abiertamente sobre la sexualidad, etc). Segundo, fabricación de falsas curaciones a partir de sus propios pacientes mediante historiales distorsionados maliciosamente (Hombre de los lobos, Hombre de las Ratas, etc). Tercero, mala fe en la invención de datos o teorías junto a ocultamiento alevoso de hechos (Emma Eckstein, el supuesto "buitre" de Leonardo, etc). Cuarto, tener una ética acomodaticia pensada en su propio beneficio sin consideración hacia sus enfermos, y ser despiadado en la obtención y cobro de dinero (favorecer la amistad de millonarios como Antón von Freund o Dorothy Burlingham, acoger a la princesa Marie Bonaparte entre sus seguidoras por su nombre y conexiones internacionales, etc). Quinto, construir un movimiento sectario desplegando una propaganda bien pensada y mejor ejecutada para "conquistar al mundo" (creación de la IPA, buscarse seguidores fieles en distintos países, etc). Sexto, como se puede suponer, ausencia absoluta por parte de Freud de metodología científica siguiendo los cánones perfectamente establecidos, a pesar de que él conocía los procedimientos desde su época de estudiante en el laboratorio de Brücke (episodio de la coca, teoría de la seducción, etc). Séptimo, no ser cuidadoso en la elección de sus discípulos permitiéndoles actos contrarios a la ética o, cuando menos, haciéndose el desentendido y mirando hacia otro lado (Wilhelm Stekel, Otto Rank, etc). Se puede decir que los articulistas estarían de acuerdo con las palabras finales que Fliess le dirigió a Freud y que provocó la ruptura de su amistad: "Eso que tú lees en los pensamientos, son sobre todo los tuyos que lees en el alma de los otros". En resumen: el psicoanálisis no es una ciencia, no es una psicoterapia (demostrada), no es un instrumeno fiable de conocimiento de sí, se ha inmunizado de por vida contra la crítica.

Todas estas aseveraciones son reafirmadas y ejemplficadas en la larga sección "víctimas del psicoanálisis". Tanto de las víctimas históricas ocasionadas personalmente por Freud, como las de padres e hijos que padecieron "las manipulaciones por las necesidades de la causa" (Horace Frink, Hermine Hug-Hellmuth y su estrangula-miento por su sobrino cuando éste contaba con 19 años, suicidio de Tausk, etc). A esto se suman los innumerables desaguisados clínicos causados por sus discípulos directos e indirectos, que se convirtieron en verdaderos casos de negligencia médica o aún abuso profesional que, en otras circunstancias, hubieran terminado en los tribunales (Bruno Bettelheim, Sándor Ferenczi, Cari Jung, Ernest Jones, Wilhelm Reich, Wilhelm Fliess, etc).

La parte final se titula, no por casualidad, "hay vida después de Freud". El énfasis se pone en "la revolución de las neurociencias", "las psicoterapias de hoy" (que estarían científicamente probadas) y la duda sobre si "los medicamentos curan o producen la depresión". Su conclusión, "hay que quitarle el 'bastión psi' al psicoanálisis" y que no constituya una "excepción nacional" dentro de Francia ni del mundo. O sea, "pensar, vivir y estar mejor sin el psicoanálisis" -se entiende, sin Freud.

Resulta propio de la ciencia ser cuestionada en toda su extensión y profundidad. Hasta allí el presente libro está "a la altura de los tiempos", como habría dicho Ortega y Gasset. Mejor aún, cuando aporta nuevo material resulta interesante y enriquecedor, tanto para el psicoanálisis como para la historia de la psiquiatría, puesto que esta condición de no decir siempre la verdad, ocultar datos, fabricar teorías sobre fundamentos personales o en provecho propio, son desgraciadamente prácticas extendidas a todo el ámbito de la psiquiatría y psicología. Los problemas viene a continuación: ¿son tan desconocidos los hechos narrados? ¿No caen, constante y repetidamente, en argumentos ad hominem?. ¿No son desfigurados por las ansias que tienen sus autores de demostrar las debilidades de Freud? ¿No piden a Freud algo que se espera de los conductores espirituales o iluminados? ¿Están seguros que todo lo freudiano debe ser definitivamente dejado de lado y que, además, ya se posee un armamentario científico poderoso y que es casi incontrovertible? Si la historia del psicoanálisis está contada por Freud y sus acólitos incondicionales ¿desde dónde está contada la de estos investigadores porque, como sabemos, toda historia obedece o se funda en ciertos intereses? Como anotan los artículos científicos a pie de página ¿no tendrán ellos mismos conflictos de intereses? Como siempre, el provecho que se puede desprender de un libro depende en medida importante de los lectores. Podemos aseverar que hemos apendido no pocos datos y hechos de interés. Además, que es ameno y está pensado en la persona que lee, aunque suele caer en la tentación de la pedanería academicista. Quizás esperábamos mayor comprensión de la época histórica en la que nació Freud y, con ello, una mejor visión de conjunto de la historia de la ciencia y especialmente de la psiquiatría en especial. En cualquier caso, que no se entendiera el desarrollo del psicoanálisis como una especie de anomalía, de un cuerpo extraño que es necesario extirpar o eludir apresuradamente para desprenderse del cáncer que ha invadido, por una suerte de azar histórico, a la psiquiatría. Los productos humanos y especialmente las creaciones intelectuales tienen una historia compleja que es preciso conocer en profundidad y, antes de convertirla en materia de repudio, es indispensable profundizar en ellos para captar desde su interior su estructura esencial. Así, al libro hay que cuestionarle también a él lo que este le cuestiona a Freud basándose en sus propias palabras: "Lo que de hecho anhelan los hombres no es el conocimiento sino la certidumbre".

 

Mikkel Borch-Jacobsen, Jean Cottraux, Didier Pleux y Jacques Van Rillaer.
Dirección: Catherine Meyer Editorial Sudamericana,
Buenos Aires, 2007, 652 páginas.

Recibido: 25 de septiembre de 2007 Aceptado: 02 de junio de 2008