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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.46 n.2 Santiago jun. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272008000200008 

REV CHIL NEURO-PSIQUIAT 2008;46(2): 134-139

CASOS CLÍNICOS

Epilepsia de Lafora

Lafora epilepsy

 

Carolina Núñez D.1, María José Elso T.1, José Armijo M.1, Darío Ramírez C.2 y Luis Cartier R.3

1 Residente de Neurología. Servicio Neurología Hospital Salvador. Facultad de Medicina. Universidad de Chile.
2 Servicio Neurología Hospital Salvador.
3 Servicio Neurología Hospital Salvador. Departamento de Ciencias Neurológicas. Facultad de Medicina, Universidad de Chile.

Dirección para correspondencia


Clinically Lafora disease (LD) is an autosomal recessive form of progressive myoclonus epilepsy (PME). It develops due to mutations in gene that encodes laforin or malin, which may be involved in regulating the glycogen metabolism. Pathognomonic Lafora bodies are composed by dense aggregates of polyglucosans inclusions, found in brain and other organs. We describe 18 year oldfemale withfamily history ofmyodonic epilepsy. She developed worsening myodonic seizures with correlative electroencephalogram abnormalities and a progressive mental deterioration. Diagnosis was confirmed with periodic acid-schiff (PAS) positive lafora bodies and ubiquitin-positive inmunohistochemical stain, which helped to distinguish from other PAS positive inclusions. This is the first case describe of Lafora disease in Chile.

Key words: Myoclonus epilepsy, Lafora disease, ubiquitin.

Resumen

Clínicamente, la enfermedad de Lafora es una forma de epilepsia mioclónica progresiva, autosómica recesiva. Se desarrolla debido a la mutación del gen que codifica para la laforina y/o la malina, las cuales están involucradas en la regulación del metabolismo del glicógeno. Los corpúsculos de Lafora que identifican la enfermedad están compuestos por agregados densos de poliglicano que se encuentran en inclusiones tanto en el cerebro, como en otros tejidos. Describimos una mujer de 18 años con una historia familiar de epilepsia mioclónica; ella desarrolló crisis mioclónicas que se correlacionaban con anormalidades electroencefalográficas, que empeoraron progresivamente, asociadas a un deterioro cognitivo. El diagnóstico fue confirmado con la presencia de corpúsculos de Lafora encontrados en las glándulas sudoríparas de una biopsia de piel, con tinciones de PAS e inmunohistoquímicas positivos para ubiquitina, lo que permitió distinguir estos corpúsculos de otras inclusiones PAS positivas. Este es el primer caso descrito de enfermedad de Lafora en Chile.

Palabras clave: Epilepsia mioclónica; enfermedad de Lafora, ubiquitina.


Introducción

La epilepsia mioclónica descrita en 1911 por Lafora y Glueck es una entidad clínico-patológica hereditaria, autosómica recesiva, con mutaciones en los genes EPM2A y EPM2B del cromosoma seis (6q24 y 6p22.3), que codifican para laforina y malina respectivamente, relacionadas con el metabolismo del glicógeno1. La enfermedad se inicia al final de la niñez o en la adolescencia entre 12 y 18 años, menos frecuentemente antes o después. Clínicamente se expresa por mioclonías, crisis mioclónicas y de epilepsia occipital, puede haber ausencias atípicas, crisis tónico-clónicas generalizadas y atónicas. Es una epilepsia progresiva, que aumenta la frecuencia y variedad de los ataques, hasta llegar al estatus epiléptico. Muestran cambios afectivos, disartria, ataxia, diskinesias, rigidez y demencia, falleciendo entre los 2 y 10 años después del comienzo de la enfermedad2. La presencia de corpúsculos de Lafora, masas ovoideas PAS positivas, producto de la agregación de glicógeno, insertas en el citoplasma neuronal y glándulas sudoríparas, entre otros, permite su identificación3.

El diagnóstico diferencial debe realizarse con otras epilepsias mioclónicas infantiles como: La epilepsia de Unverricht-Lundborg (epilepsia mioclónica tipo I). Es autosómica recesiva, vinculada a mutaciones de la cistatina B. Presentan mioclonías sensibles a estímulos, crisis de ausencias y tónico-clónicas. Cursan con ataxia, incoordinación, temblor de acción y disartria4. Las ceroideolipofuscinosis neuronales infantiles son enfermedades autosómicas recesivas, consecuencia de la mutación del gen TPP1 (llpl5). Desarrollan una epilepsia mioclónica asociada a deterioro psicomotor y compromiso de la visión5. Las sialidosis son enfermedades autosómicas recesivas. La tipo I se define por el déficit de N-acetil neuraminadasa, la tipo II, tiene además déficit de B-galactosidasa. Presentan mioclonías de acción y crisis tónico-clónicas. Desarrollan ataxia, alteraciones visuales, se identifican por la mancha roja del fondo de ojo6. La epilepsia mioclónica con fibras rojas raídas (MERRF) es una enfermedad mitocondrial de transmisión materna, cuyo defecto molecular es la sustitución de adenina por guanina en el nucleótido 8344 del ADN mitocondrial. Presenta crisis mioclónica generalizada, ataxia, debilidad muscular, sordera, lipomatosis y fibras rojas raídas, en el músculo7. La forma juvenil de la atrofia dento-rubro-pálido-luysiana es autosómica dominante, producto de la expansión inestable de tripletes (CAG). Cursa con mioclonías, crisis tónico-clónicas, ataxia y deterioro neurológico8.

Presentamos un caso de epilepsia mioclónica, con corpúsculos de Lafora, que nos ha permitido revisar la expresión clínica, genética y patogénica de esta enfermedad, descrita por primera vez en Chile.

Caso Clínico

Mujer de 18 años procedente de un sector rural de Chanco (VII Región). Su enfermedad se inicia a los 15 años con mioclonías asincronas de las extremidades. Hasta entonces era una adolescente sana, con desarrollo psicomotor normal, que cursaba tercero medio. Hija de padres sanos originarios de la misma área rural, aparentemente consanguíneos. Tiene el antecedente de una hermana sordomuda y dos primos, fallecidos de 12 y 16 años, con epilepsia mioclónica, trastornos conductuales y alucinaciones visuales, que eran hijos de una hermana y un primo de su madre (Figura 1).


La paciente se vio obligada a descontinuar sus estudios, debido al aumento en la frecuencia de sus ataques y la torpeza intelectual que le impedía estudiar. La epilepsia mioclónica se complicó con episodios atónicos y frecuentes crisis de ausencia que podían durar diez segundos a varios minutos. Además, tenía episodios alucinatorios frecuentes de imágenes luminosas no definidas. Se instalaron alteraciones conductuales, ataxia de la marcha, compromiso cerebeloso, disartria y déficit de memoria. En los últimos meses estaba dependiente, debido a las importantes fallas motoras y a las crisis tónicas de larga duración, acompañadas de prolongado compromiso de conciencia. La paciente ingresó al Servicio de Neurología del Hospital del Salvador trasladada desde el Hospital del Tórax, donde estaba siendo tratada por un absceso pulmonar del lóbulo superior derecho.

Al ingreso la paciente se veía intelectualmente comprometida, estaba generalmente alterada de conciencia y adquiría plena vigilancia sólo a ratos. Lenguaje muy escaso, monosilábico, logrando cumplir órdenes simples con mucha dificultad. Fondo de ojo normal, descartándose la presencia de depósitos pigmentarios en la retina. Oculomotilidad y reflejos pupilares conservados. Aunque no dirigía la mirada, se obtenían respuestas a la amenaza. Presentaba mioclonías de reposo, aisladas. Movilizaba con dificultad sus extremidades, que estaban hipotónicas. Los reflejos osteotendineos estaban abolidos y plantares indiferentes, sin alteraciones sensitivas. La tomografía computarizada de cerebro era normal, así como el LCR, niveles de amonio y ácido láctico en sangre. El EEG mostraba importante lentitud de base, con signos primarios de epilepsia, expresados en una actividad continua de punta-onda y polipuntas y episódicas descargas focales occipitales, que difundían hacia anterior. La biopsia de piel y músculo demostró la presencia de corpúsculos PAS y Ubiquitina positivos, tanto en los ductos excretorios de las glándulas sudoríparas como en el tejido muscular (Figuras 2, 3, 4 y 5).


 
   
 

La paciente falleció en su casa, tres meses después del alta, no pudiendo realizarse estudio neuropatológico. Recibía tratamiento con Ácido Valpróico, Levetiracetam y Fenobarbital que había logrando disminuir la frecuencia de sus crisis.

Discusión

Esta paciente, muestra el clásico perfil de la epilepsia mioclónica de Lafora, predominante en pueblos mediterráneos, como son los ancestros hispanos de la zona central de Chile9. Sana durante la infancia, con un desarrollo psicomotor normal, permitió diferenciarla del Unverricht, así como de la cerolipofuscinosis y la sialidosis, por el fondo de ojo normal. Finalmente, se descartó el MERRF por la ausencia de fibras rojas raídas en la biopsia y el hallazgo de corpúsculos de Lafora en las glándulas sudoríparas y en el músculo10.

Estas inclusiones intracitoplasmáticas PAS positivas, sólo las ostenta la epilepsia mioclónica de Lafora y la demostración de ubiquitina en ellas, con estudios inmunohistoquímico, permitió diferenciar los corpúsculos de Lafora de otras inclusiones PAS positivas. Estas estructuras están formadas por la agregación de poliglicanos inso-lubles, 10% de proteínas indegradables y ubiquitina9. Se expresan en órganos con metabolismo activo para la glucosa, como hígado, músculos, glándulas sudoríparas y tejido nervioso11, donde se hallan en casi todas las neuronas, especialmente en neuronas corticales, cerebelosas, talámicas y de la retina. Se ubican cerca del pericarion y en prolongaciones dendríticas3. Estructuralmente son comparables con las corpora amilasa10.

En esta enfermedad los cambios electroencefalográficos son precoces. Sobre trazados de carácter irregular, se expresan paroxismos de puntas y polipunta-ondas, de carácter generalizado, que suelen hacerse continuos en el curso de la enfermedad11. Además de actividad epiléptica focal en regiones occipitales (epilepsia occipital), asociada a una alta fotosensibilidad, como en nuestra paciente. En las etapas finales, se ve actividad lenta, con eventuales descargas críticas12.

Se estableció que la mutación del gen EPM2A, era la responsable de la enfermedad de Lafora13. Este gen está ubicado en el cromosoma seis (6q24) y codifica para laforina, identificada como una tirosin-fosfatasa. Se han establecido al menos 43 mutaciones de EPM2A, responsables del 70% de los casos10. Un segundo gen, el NHLRC1 o EPM2B, ubicado también en el cromosoma seis (6p22.3) codifica para la malina, que es la ubiquitinligasa E3, que con 23 mutaciones da cuenta del 27% de los casos14. Otras mutaciones serían la causa del 3 al 12% de epilepsia de Lafora10. En esta familia, dos primos maternos sufrieron de epilepsia mioclónica, confirmando el gen familiar recesivo en esos padres portadores. La hermana sordomuda, también es parte del pedigrí de la epilepsia de Lafora.

La interpretación patogénica de esta enfermedad, no esta completamente establecida, aunque está vinculada a trastornos del metabolismo del glicógeno9. Hay observaciones experimentales que relacionan funcionalmente la laforina con la subunidad reguladora del glicógeno (R5) para formar un complejo multiproteico junto a la protein-fosfatasa 1 (PP1), unidad significativa en la glicogénesis, pero que las mutaciones de la laforina parecieran bloquear15. De acuerdo con Ganesh tanto la laforina como la malina regularían una vía funcional crítica. Ha propuesto tres modelos posibles que pueden explicar la disfunción. Normalmente, la laforina es ubiquitinizada por la malina para su degradación, pero las mutaciones alterarían la producción de malina; otro modelo sugiere que ambas proteínas formarían un complejo multiproteico alterado; el tercero, que ambas proteínas y una intermediaria, desregularían un sustrato común9. Por su parte, Lohi demostró que el buen funcionamiento de la laforina como de la malina, impedía la acumulación de poliglicanos insolubles1.

La inhibición experimental del proteosoma, produce acumulación de laforina y malina, esta agregación citoplasmática de proteínas se conoce como agregosoma y caracteriza las enfermedades degenerativas16. Johnston, ha vinculado los agregosomas con la presencia de proteínas malformadas17. Para remover las proteínas anómalas es requerido el centrosoma, que incrementa la producción de tubulinas, para mantener los microtúbulos necesarios. Los agregosomas de malina y laforina pueden alterar la normal distribución de las proteínas del citoesqueleto16.

Para algunos investigadores la disfunción del metabolismo del glicógeno, sería independiente del factor epileptogénico que ostenta la enfermedad. Se postula que esa condición no estaría relacionada con la presencia de corpúsculos de Lafora, ya que otras enfermedades con depósitos de glicógeno no se asocian con epilepsia18. Han sugerido que la epilepsia tendría su origen en una hiperexitabilidad neuronal, manifestada desde el comienzo de la enfermedad y relacionada con el hallazgo de laforina mutada adherida a la superficie interna de la membrana plasmática, condición que modificaría la excitabilidad neuronal3.

El tratamiento para la enfermedad de Lafora es paliativo6.

 

Referencias.

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Correspondencia:

Dr. Luis Cartier R.
E-mail: lcartier@med.uchile.cl

Recibido: 15 de mayo de 2008 Aceptado: 12 de junio de 2008