SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.57 número3-4Toxoplasmose em coelhos: comparação do perfil bioquímico hepático com os achados patológicos em infecção pelo Toxoplasma gondiiSintomatología y factores epidemiologicos asociados al parasitismo por Blastocystis hominis índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Parasitología latinoamericana

versión On-line ISSN 0717-7712

Parasitol. latinoam. v.57 n.3-4 Santiago jul. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-77122002000300002 

Parasitol Latinoam 57: 88 - 95, 2002

ARTÍCULO ORIGINAL

Infestación por vectores de la Enfermedad de Chagas
en cuatro zonas endémicas de la meseta
central de Costa Rica

OLGER CALDERÓN-ARGUEDAS*, ADRIANA TROYO*, ALFREDO CASTRO*,
OLGA GUERRERO* y MISAEL CHINCHILLA*, **

INFESTATION BY CHAGAS DISEASE VECTORS IN FOUR ENDEMIC ZONES
OF THE CENTRAL PLATEAU OF COSTA RICA

An entomological search for vectors of Chagas` disease was performed in 157 houses located in 4 endemic regions of the Central Plateau of Costa Rica. Thirteen of the houses (8.3%) were positive for Triatoma dimidiata (Hemiptera: Reduviidae) the only triatomine species found. The bugs were collected mainly in peridomestic piles of firewood (95.2%) and 8.1% of all the insects were infected by Trypanosoma cruzi. The low abundance of Chagas' disease vectors and the their low infestation rates could be attributed to the improvement of the living conditions in the four study zones. The data also suggests that the impact of T. cruzi infection in Costa Rican populations could be low and the prevalence of T. cruzi could be linked to zoonotic cycles.

Key words: Chagas` disease, Trypanosoma cruzi, Triatoma dimidiata, Costa Rica.

INTRODUCCIÓN

La enfermedad de Chagas es una enfer-medad de transmisión vectorial producida por el parásito Trypanosoma cruzi (Kintetoplastida: Trypanosomatidae)1. La primera evidencia de esta enfermedad en Costa Rica procede de los informes publicados en los años 402. Desde entonces se han realizado varias investigaciones de tipo bioepidemiológico que han permitido valorar el impacto de la infección por T. cruzi en las poblaciones humanas3-5.

A finales de los años 60, se realizó un estudio en varias comunidades de Santa Ana y se encontró porcentajes de infestación por Triatoma dimidiata de hasta un 70,5 %3. Los porcentajes de positividad por T. cruzi llegaron hasta un 47,5%3.

Durante los años 60 y principios de los 70, se estudió la comunidad de San Rafael de Ojo de Agua, en la cual se encontró un 34,6% de viviendas infestadas con T. dimidiata y un porcentaje de infección por T. cruzi del 30,9%5

Desde entonces se han realizado otros estudios de corte serológico para estimar el impacto de la enfermedad de Chagas en nuestra población. A finales de los años 80, se realizó un estudio en donantes de sangre y se encontró una prevalencia de anticuerpos por T. cruzi del 0,93%6. Por otro lado, se observó entre un 0,4 y un 0,9% de seropositividad en el 20% de los donantes de sangre que acudieron al Hospital Nacional de Niños de Costa Rica durante el año 19947. De igual forma se determinó una seroprevalencia del 2,14% en 1.073 sueros de pacientes procedentes de todo el país7.

Dado que las condiciones medio ambien-tales y urbanísticas han cambiado en los últimos 30 años y que la principal forma de transmisión del T. cruzi a sus hospedadores vertebrados es la transmisión vectorial, el valorar la infestación constituye un parámetro muy importante para estimar el riesgo en la transmisión de la enfermedad de Chagas a poblaciones humanas de Costa Rica.

MATERIAL Y MÉTODOS

Se realizó una encuesta entomológica al 10% de 1561 viviendas pertenecientes a niños escolares, los cuales fueron evaluados serológicamente para detectar anticuerpos anti -T. cruzi (datos no publicados). Las viviendas procedían de cuatro zonas, las cuales fueron seleccionadas tomando como base los siguientes criterios: ocurrencia de casos clínicos de enfermedad de Chagas, estudios epide-miológicos previos y presencia de infestación conocida por triatominos. Estas zonas se especifican en la Tabla 1.


La encuesta entomológica se realizó, mediante la metodología descrita previamente9. Trabajadores especializados realizaron una inspección intra y peridomiciliar de las viviendas seleccionadas en un período de 2 horas-hombre/vivienda. El proceso fue opti-mizado mediante el rociamiento con permetrina al 0,2% en kerosene (Flushing out method)10. Los ejemplares fueron colectados con la ayuda de pinzas y colocados en contenedores plásticos de 10 x 7 cm, para su correspondiente traslado al laboratorio en donde se determinó la infección por T. cruzi, por observación micros-cópica del contenido intestinal en solución salina al 0,85% y por tinción de dicho contenido con colorante de Giemsa. Los índices entomológicos utilizados se calcularon de acuerdo con un criterio preestablecido11. Las viviendas fueron calificadas como buenas, regulares y malas (Tabla 2), determinando además la presencia y tipo de animales en las viviendas. Las distribuciones de frecuencias observadas en función de las variables escogidas se procesaron mediante pruebas de Chi cuadrado de independencia, utilizando un coeficiente de confiabilidad del 95%12.


RESULTADOS

Se inspeccionaron un total de 157 viviendas, de las cuales 13 (8,3%) mostraron una infes-tación positiva por T. dimidiata, que fue la única especie vectora de la enfermedad de Chagas observada en el estudio. La totalidad de los insectos fue colectada en el peridomicilio y el detalle de las formas evolutivas obtenidas se presenta en la Tabla 3. No se pudieron observar diferencias en el patrón de infestación prevalente en las cuatro zonas de estudio (p < 0,05).


Los índices de infestación (IIF) oscilaron entre 0,093 en la zona 1 y 0,029 en la zona 4. Las densidades de triatominos fueron bajas, lo que se reflejó en los bajos índices de densidad (ID) y de hacinamiento (IH) cuyos valores extremos fueron 1,34 (zona 1) y 0,08 (zona 4) y 14, 1 (zona 1) y 3,0 (zona 4) respectivamente (Tabla 4). Los índices de colonización (IC) tuvieron valores entre 0,5 para la zona 1 y 1,0 para la zona 4 (Tabla 4).


La distribución de la infestación, de acuerdo al tipo de vivienda se describe en la Tabla 5. No fue posible asociar el estado de la vivienda con la presencia de infestación (p < 0,05), posiblemente porque más del 50% de las viviendas observadas fueron de construcción en concreto (Figura 1).



El sitio de colecta que se presentó como preferencial para los insectos fueron los montículos de leña (p < 0,05), donde se colectó el 95,2% de los ejemplares (Tabla 6).


La infección del parásito en el vector se pudo evidenciar en todas las zonas de estudio, razón por lo cual la infección relativa (IR) nunca fue 0,0 (Tabla 4).

El porcentaje de infección con T. cruzi observado, considerando la totalidad de insectos colectados, fue del 8,1% y los índices de infección por T. cruzi (IIFT. cruzi) relativos a cada zona se presentan en Tabla 4.

La infección por T. cruzi observada en las formas evolutivas de T. dimidiata que se colectaron se presenta en el Tabla 7. No se pudo evidenciar ninguna tendencia entre el estadio evolutivo de los vectores y la ocurrencia de infección por el parásito (p < 0,05).


La presencia de animales fue notable en la mayoría de las viviendas (Tabla 8), pero no se pudo observar diferencias significativas en cuanto a la presencia de animales con respecto a los tipos de vivienda observados en cada zona (p < 0,05) En éstas, el perro doméstico fue el animal que con más frecuencia se encontró (Figura 2).



DISCUSIÓN

La presencia de triatominos fue evidente en todas la s zonas estudiadas; no obstante, las características de la infestación, aunque mantuvieron algunas similitudes con las descritas en estudios previos, mostraron ciertas diferencias significativas. Es así como en estudios realizados durante la década del 60, se evidenciaron porcentajes de infestación mucho mayores3,5, a pesar de que los lugares investigados en esos estudios coinciden con las zonas 3 y 4 de este estudio (Tabla 1).

A pesar que en varias comunidades de Santa Ana, se habían encontrado porcentajes de infestación por T. dimidiata que iban desde el 20,0% hasta el 70,5%3, en el presente estudio, el IIF observado fue de tan sólo 0,073 o sea 7,3% (Tabla 4). Por otra parte, también se había informado infestación por T. dimidiata del 34,5% en viviendas de San Rafael de Ojo de Agua5, y ahora el IIF que se determinó para esta región fue de sólo 0,029 o sea 2,9% para esa región (Tabla 4). El mayor IIF observado correspondió a la zona 1 y fue de 0,093 (9,3%). Esta zona no fue considerada en los estudios precedentes.

En relación con el número de ejemplares colectados, se pudo advertir que las densidades fueron relativamente bajas (Tabla 4). El mayor ID observado fue de 1,34 para la zona 1 (Tabla 4) en tanto que el mayor IH correspondió a la misma región y fue 14,5. Estos datos contrastan con los obtenidos antes3 ya que se informaron índices de densidad máximos de 484 en la comunidad de Pozos. En este mismo poblado

se observó un IH de 686. Zeledón y col.,5 en su estudio en San Rafael de Ojo de Agua pudieron evidenciar un promedio de 8,4 insectos/vivienda en un primer muestreo, cifra que aumentó a 14,8 insectos/vivienda en un segundo muestreo.

A diferencia de los estudios precedentes3, 5, la totalidad de triatominos colectados en este trabajo fueron obtenidos en el peridomicilio, preferencialmente en montículos de leña (Tabla 6). Este tipo de ambiente fue también el principal sitio de colecta peridomiciliar en los estudios anteriormente referidos3,5 y tal como se comenta en los mismos, la costumbre de adosar pilas de leña a las paredes de las casas puede facilitar la entrada de los insectos al domicilio con fines eventualmente tróficos.

La notable disminución en los aspectos anteriormente comentados puede relacionarse con el marcado progreso urbanístico que ha tenido lugar en las últimas tres décadas. En el estudio realizado en comunidades de Santa Ana3, se observó que las infestaciones más notables tenían lugar en casas de bahareque, un tipo de construcción muy frecuente en la zona de estudio, siendo únicamente superado por las construcciones en madera. Los pisos de tierra y los techos de teja fueron características muy frecuentamente encontradas y como se ha demostrado en otros estudios, éstos son factores epidemiológicamente importantes en lo que respecta a la infestación por T. dimidiata13. Un panorama similar se observó en el estudio realizado en San Rafael de Ojo de Agua5 en el cual la totalidad de las viviendas fueron construidas en madera, bahareque o adobe y donde más de la mitad de las mismas pre-sentaron piso de tierra. En el presente estudio, más del 50% de las viviendas examinadas fue de construcción en concreto y sólo 2 viviendas fueron construidas en bahareque (Figura 1). El piso de tierra y el techo de tejas o de paja son características que no se observaron en las viviendas muestreadas en esta investigación. Esto sugiere la posibilidad de que los nuevos cánones de construcción para casas de habitación representen un ambiente menos permisivo para el establecimiento de colonias de T. dimidiata.

Las condiciones sanitarias de las viviendas no tuvieron una asociación positiva con la infestación por T. dimidiata (Tabla 5), situación diferente a la observada en estudios anteriores5, los que encontraron un 49,1% de infestación por el vector en casas tipificadas como pobres.

Los IC observados (Tabla 4) demuestran que a pesar del progreso experimentado en las regiones estudiadas, siempre existen sitios donde se dan las condiciones adecuadas para que los vectores se establezcan y multipliquen, razón por la cual se puede evidenciar la presencia de formas ninfales (Tabla 3).

Los IIFT.cruzi observados en este estudio fueron bajos (Tablas 4 y 7). En términos de porcentajes absolutos, sólo un 8,1% de los insectos colectados estuvieron infectados con T. cruzi. Si se considera la infección como índices por región (Cuadro 4), se observa para la zona 4 un IIFT.cruzi de 0,333, que es un valor que podría ser artificialmente elevado ya que sólo 1 de 3 triatominos apareció positivo por T. cruzi.

El hecho de que la IR no fuera 0,0 en ninguna de las regiones (Tabla 4), demuestra que todavía prevalecen las condiciones ecológicas que permiten la ocurrencia del ciclo del T. cruzi.

La presencia de animales en el peridomicilio fue notoria en la mayoría de casas, sin importar la condición sanitaria de la vivienda (Tabla 8, Figura 2). Es bien sabido que T. dimidiata tiene un comportamiento eurixénico, por lo cual la mayoría de estos animales podrían constituir potenciales fuentes de alimentación para los insectos. La ocurrencia de infección por T. cruzi en triatominos podría estar condicionada a la ocurrencia de ciclos de vida zoonóticos donde pueden participar algunas de las especies de animales observadas.

El perro constituyó el principal animal encontrado en las viviendas estudiadas (Figura 2). En un estudio previo sobre preferencias alimentarias realizado en la Meseta Central de Costa Rica14 se pudo evidenciar que T. dimidiata, aparte de mostrar alta predilección por la sangre humana, presentó considerable afinidad por la sangre canina. Estos datos podrían coincidir con hallazgos realizados en otros países, en donde se ha evidenciad al perro como el principal reservorio doméstico de T. cruzi9, lo que podría vincular al perro como un eventual reservorio de T. cruzi en nuestro medio.

Los resultados obtenidos permiten suponer que el contacto humano-vector es un evento relativamente extraño, por lo que es esperable que el impacto de la enfermedad de Chagas en poblaciones humanas costarricenses sea realmente bajo. Esto concuerda con los bajísimos porcentajes de seroprevalencia por T. cruzi obtenidos en niños que habitan las mismas zonas de estudio (datos no publicados). No obstante, se debe hacer conciencia entre las autoridades sanitarias que mientras existan viviendas infestadas con vectores y éstos a su vez estén infectados con T. cruzi, existe siempre el riesgo potencial de tener casos de enfermedad de Chagas en nuestro medio.

RESUMEN

Se realizó una encuesta entomológica en 157 viviendas pertenecientes a cuatro zonas de la Meseta Central de Costa Rica, donde la enfermedad de Chagas es endémica. Trece casas (8,3%) presentaron una infestación positiva por T. dimidiata (Hemiptera: Reduviidae) que fue la única especie de triatomino encontrado. Los insectos fueron colectados principalmente en leña apilada en el peridomicilio (95,2%). De las formas evolutivas colectadas, sólo el 8,1% estuvieron infectadas con T. cruzi. La baja abundancia de vectores, así como los bajos porcentajes de infestación podrían ser atri-buidos al mejoramiento en las condiciones de vida, así como al marcado progreso urbanístico que ha tenido lugar en las últimas tres décadas.

Los datos permiten suponer que el impacto de la infección con T. cruzi en poblaciones humanas de Costa Rica es realmente bajo y la prevalencia del parásito en las poblaciones de triatominos podría relacionarse con ciclos zoonóticos.

REFERENCIAS

1.- BEAVER P, JUNG R, CUPP E. The Blood and tissue flagelates. En: Clinical Parasitology. 9° Edic. Lea & Febger. Philadelphia. 1984. 520 pp.         [ Links ]

2.- VON BÜLLOW T. Tripanosomiasis americana. Rev Med Costa Rica. 1941; 4: 497-520.         [ Links ]

3.- CHINCHILLA M, MONTERO-GEI F. Observaciones sobre las condiciones de la vivienda en relación con la presencia de los transmisores de T. cruzi en el Cantón de Santa Ana. Acta Med Cost 1967; 10: 19-30.         [ Links ]

4.- CHINCHILLA M, MONTERO-GEI F. Enfermedad de Chagas en Santa Ana. Costa Rica. Estudio parasitológico y serológico en 200 personas. Acta Med Cost 1968; 11: 211-7.         [ Links ]

5.- ZELEDÓN R, SOLANO G, BURSTINL, SWARTZWELDER J C. Epidemiological pattern of Chagas` disease in an endemic area of Costa Rica. Am J Trop Med Hyg 1975; 24: 214-25.         [ Links ]

6.- URBINA A, VARGAS L, ROJAS M et al. Pre-valencia serológica de la infección por T. cruzi en donadores de sangre en zonas endémicas para la enfermedad de Chagas en Costa Rica. Rev Cos Cien Med 1988; 9: 37-9.         [ Links ]

7.- MARTINEZ M, TAYLOR L, VISONA K. Pre-valencia de anticuerpos Anti Chagas y Anti HTLV-1 en un grupo de donantes del Banco de Sangre del Hospital Nacional de Niños, en 1994. Rev Med Hosp Nal Niños Costa Rica 1995: 30: 19-26.         [ Links ]

8.- REYES L, BONILLA A, MOYA T, CHINCHILLA M. Estudio serológico por inmunofluorescencia de la enfermedad de Chagas en Costa Rica. Parasitol al Día 1998; 22: 108-10.         [ Links ]

9.- GÜRTLER R, WISNIVESKY-COLLI C, SOLARZ N et al. Dinámica de la transmisión de T. cruzi en una zona rural de la Argentina: II. Relación entre la infección doméstica en niños y perros y la densidad de Triatoma infestans infectados. Bol Sanit Panam 1988; 104: 130-43.         [ Links ]

10.- PINCHIN R, FANARA D, CASTLETON C W, OLIVEIRA FILHO AM. A comparative study of domestic survey techniques for Chagas disease vector Triatoma infestans. Insec Sci-Apllication. 1988; 3: 79-84.         [ Links ]

11.- SALOMON D, GONZÁLEZ R, TRAVI B. Enfermedade de Chagas. En: Manual de Entomo-logía Médica para Investigadores de América Latina. Fundación Centro Internacional de Entrenamiento e Investigaciones Médicas. Fundación CIDEIM. 1994. 280 pp.         [ Links ]

12.- DANIEL W. La distribución ji cudrada y el análisis de frecuencias. En: Bioestadística. Base para el análisis de las ciencias de la salud. Editorial Limusa, México, 1988. 667 pp.         [ Links ]

13.- STARR M, ROJAS J, ZELEDÓN R et al . Chagas` disease: risk factors for house infestation by T. dimidiata, the major vector of T. cruzi in Costa Rica. Am J Epidemiol 1991; 133:740-7.         [ Links ]

14.- CALDERON-ARGUEDAS O, CHINCHILLA M, GARCIA F, VARGAS M. Preferencias alimentarias de T. dimidiata (Hemiptera: Reduviidae) procedentes de la Meseta Central de Costa Rica a finales del siglo XX. Parasitol al Día 2001; 25: 76-81.         [ Links ]

Agradecimientos: Los autores desean agradecer al UNDP/World Bank/WHO Special Programme for Research & Training in Tropical Disease (TDR) por el apoyo al proyecto 980413 y a la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad de Costa Rica por el soporte económico al proyecto 803-A1-507. También al Dr. Carlos M. F. Antunes por su asesoramiento en términos de muestreo y diseño experimental y a todas las comunidades que hicieron posible este estudio.


* Centro de Investigación en Enfermedades Tropicales (CIET). Facultad de Microbiología. Universidad de Costa Rica.

** Universidad de Ciencias Médicas. Andrés V. Guzmán. San José. Costa Rica