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Revista chilena de obstetricia y ginecología

versão On-line ISSN 0717-7526

Rev. chil. obstet. ginecol. v.68 n.1 Santiago  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75262003000100015 

REV CHIL OBSTET GINECOL 2003; 68(1): 75-78

Documento

VIOLENCIA HACIA LA MUJER: UN PROBLEMA DE TODOS*

Dra. Patricia Aliaga P., Sandra Ahumada G.*, Marisol Marfull J.**

Departamento de Obstetricia y Ginecología. Hospital Clínico J.J. Aguirre, Universidad de Chile


*Psicóloga
**Licenciada en Psicología

RESUMEN

Se analizan conceptos, definiciones y prevalencia de la Violencia hacia la Mujer, así como, consecuencias en la salud física, psicológica y sexual de las mujeres, haciendo referencia a los costos sociales y económicos y llamando a la comunidad médica a la visibilización de este problema

PALABRAS CLAVES: Violencia de género

SUMMARY

Concepts, definitions and prevalence about Violence against Women are analyzed, as well, physical, psychological and sexual health consequences of women, facing social and economics costs. The health care system is a strategy point to make visible this problem.

KEY WORDS: Gender violence

La resolución 49.25 de la Asamblea Mundial de la Salud, proclama que la violencia contra la mujer es un tema de Salud Pública y de Derechos Humanos y exhorta a la acción concertada de los gobiernos (1). Dentro de este contexto, "son los profesionales de salud los que están llamados, tanto por su propia profesión como por la sociedad y los gobiernos en general, a detectar señales de violencia" (1). Asimismo, "se promueve la formación de equipos de trabajo que influyan positivamente en lograr disminuir los elevados niveles de violencia" (2). Es por esto que este tema ha pasado a ser una de las preocupaciones más importantes de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO), la que, junto con otras Instituciones Internacionales, aúnan esfuerzos en pro de poner de manifiesto el tema de la violencia contra la mujer (2).

La violencia contra la mujer se refiere a la violencia física, sexual y psicológica, la violación por el esposo, la mutilación genital y otras prácticas tradicionales que atenten contra la mujer, la explotación sexual, el tráfico de mujeres y la prostitución forzada, el hostigamiento y la intimidación sexual en el trabajo y en instituciones educacionales y la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra (1).

Hoy en día, lo que permite que podamos identificar distintos tipos de violencia es su visibilización como problema social. La violencia atraviesa la esfera de lo privado a lo público y, por tanto, debemos estar atentos a su detección.

La visualización del tema de la violencia se produce gracias a que las sociedades cambian. Cambian sus percepciones y su conciencia en relación con temas que antes no se veían, pero que, en un momento determinado tocan una fibra sensible en los integrantes de la comunidad. Es así que el cambio y la conciencia se instalan en una memoria colectiva (3), permitiendo generar mecanismos donde los problemas que antes no se querían ver, ahora se pongan en evidencia.

La violencia intrafamiliar (VIF) es un problema social que afecta a importantes sectores de la población. Se entiende por VIF "toda acción u omisión cometida por algún miembro de la familia en relación de poder, sin importar el espacio físico donde ocurra, que perjudique el bienestar, la integridad física, psicológica o la libertad y el derecho al pleno desarrollo de otro(a) miembro de la familia" (OPS, 1995) (4). Dentro de la VIF, la Declaración ONU, determina una categoría más específica denominada "violencia contra la mujer", la que define como "todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada".

La VIF atenta contra los Derechos Humanos de las personas y socava las normas difícilmente conseguidas a través de la historia de la humanidad; atenta contra el derecho a la vida, a la dignidad, a la igualdad (5).

La violencia contra la mujer está presente en la mayoría de las sociedades, pero a menudo no es reconocida y se acepta como parte del orden establecido (1). Desde esta perspectiva "la mujer se encuentra en una situación de indefensión y desprotección encubierta por la tradicional intimidad y privacidad de la vida familiar".

Se estima que en el mundo entre un 16 y un 52% de las mujeres experimenta violencia física por parte de sus compañeros (1) y este porcentaje no se puede saber con certeza por el carácter "privado" con el que cuenta el tema de la violencia. "La violencia anula la autonomía de la mujer y disminuye su potencial como persona y miembro de la sociedad" y "esta experiencia tiene no sólo consecuencias directas sobre su propio bienestar, sino también sobre sus familias y comunidades" (1).

La violencia en general se produce con mayor frecuencia en el seno de la familia que en cualquier otro lugar de la sociedad. Asimismo atraviesa todas las líneas raciales étnicas religiosas, educacionales y socioeconómicas y es una situación progresiva que ha sido reconocida como un gran problema de salud pública con componentes físicos y psicológicos (7).

La violencia doméstica es la expresión más radical de discriminación contra la mujer, ya que, en su origen, se encuentran las relaciones de jerarquía y poder que ostentan hombres y mujeres sólo por el hecho de ser tales y en las que la mujer se encuentra en una posición de subordinación culturalmente asignada (4).

La socialización diferencial de género, esto es, la construcción cultural de lo "femenino" y lo "masculino" sobre la base biológica del sexo, define relaciones entre hombres y mujeres basadas en una distribución asimétrica del poder. Su expresión más grave es la violencia contra la mujer por parte de su pareja o cónyuge (4).

En Chile, sólo desde 1991 la violencia es reconocida y abordada como un problema público. El Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM) es la Institución llamada en Chile a abordar el problema de la violencia que vive la mujer en la familia como un "problema social y público multicausal, cuya raíz se encuentra básicamente en la persistencia de patrones culturales y que, por tanto, debe ser asumido por toda la sociedad" (1).

El ciclo de la violencia

Se ha descrito una dinámica que se establece en el síndrome de maltrato reconociéndose tres fases que se repiten en forma continuada en la gran mayoría de las ocasiones. Este ciclo predecible es lo que se ha llamado el ciclo de la violencia (7).

La fase de tensión (ira, provocación, celos) pone de manifiesto la agresividad latente frente a la mujer y existen algunas conductas de agresión verbal y/o física de carácter leve y aislada, con un grado creciente de tensión (7, 8).

La fase siguiente es de agresión aguda que implica una descarga sin control de las tensiones acumuladas (abuso sexual, amenazas, patadas, mordidas, golpes e incluso, uso de armas). La mayoría de las mujeres no buscan ayuda inmediatamente después de la agresión a menos que, las lesiones sean tan graves que necesiten ayuda inmediata. Las mujeres que se encuentran en esta etapa generalmente se aislas y se niegan a los hechos, tratando de minimizarlos (8).

El ciclo se cierra con la fase de reconciliación en la que, el abusador puede negar los actos de violencia, pedir perdón y prometer que nunca más repetirá tales acciones con actitud de arrepentimiento (7, 8). Este ciclo se repite en cada uno de los distintos tipos de violencia, sin embargo, es más evidente en las formas de violencia donde se encuentran las relaciones asimétricas de poder. El miedo es la emoción básica que experimenta la (el) agredida(o) en el ciclo de la violencia.

El ciclo de la violencia tiene variados tipos de concomitantes asociados al círculo agresor-agredido. Estos concomitantes, que son físicos, psicológicos y sexuales, se traslapan entre sí junto con los costos sociales y económicos de la violencia.

Prevalencia de la violencia en Chile

La información que se dispone sobre la prevalencia de la violencia, en general, es todavía escasa y medir la prevalencia real es compleja, porque se subestiman los niveles de violencia, debido a la escasa notificación de casos (1) y "porque constituye un problema que atraviesa temas de sensibilidad general como poder, género y sexualidad" (4). Sin embargo, las evidencias existentes indican que su alcance es mucho mayor de lo que se supone. En distintas partes del mundo, "entre un 16% y 52% de las mujeres experimentan violencia física por parte de sus compañeros y por lo menos, una de cada cinco mujeres son objeto de violencia o intento de violencia a lo largo de su vida" (1).

Ahora bien, si el tema de la violencia es un problema que está presente en todas las sociedades y de tiempos inmemorables ¿por qué aún sigue oculto y con escaso desarrollo? Podemos encontrar una aproximación a esta respuesta entendiendo que la violencia tiene su expresión, en la mayoría de los casos, dentro del hogar, al cual se le asigna un carácter privado y donde ocurren eventos que no podemos cuestionar, por ello, está ajeno al debate público y menos al estudio de casos (4).

Específicamente, en la categoría de violencia conyugal, debemos tener en cuenta que el factor de riesgo o vulnerabilidad con respecto a ella, lo constituye sólo el hecho de ser mujer, es decir, la pertenencia al género femenino constituye un factor de riesgo frente al tema de la violencia.

En Chile, el estudio del problema de la violencia ha sido abordado desde el Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM). Este estudio, hecho por primera vez en 1992 y actualizado en 2001, aborda las categorías de violencia psicológica, física (leve y grave), y sexual en el contexto específico de la violencia conyugal. Dentro de estas categorías, debemos tener claridad que "la violencia se manifiesta en escalada y que cuando las manifestaciones son más graves se mantienen los otros tipos de violencia" (4). Asimismo, la violencia conyugal responde a factores que actúan en distintos planos y que interactúa con otras dimensiones de la VIF y en la sociedad (4). Las cifras actuales ponen de manifiesto una impactante realidad. Los niveles de violencia han aumentado desde el primer estudio realizado en 1992 al reciente realizado el 2001. En 1992, 1 de cada 4 mujeres experimentaba violencia física, hoy esa cifra ha aumentado a 1 de cada 3. Con respecto a la violencia psicológica, ella también ha aumentado desde el primer al segundo estudio (11). Estas cifras constituyen un espacio de reflexión acerca del momento histórico del mundo en que vivimos y de Chile en particular, dentro de este contexto.

Consecuencias de la violencia

La violencia, expresada en cualquiera de sus formas, tiene consecuencias no sólo para el propio bienestar de la mujer, sino también para el de sus familias y comunidades, es decir, abarca consecuencias tanto en el plano de la salud física, psicológica y sexual como costos sociales y económicos.

En el plano de salud física, se encuentran consecuencias tales como:

- Enfermedades ginecológicas: dolor crónico pelviano, flujo vaginal persistente, sangrado genital de origen disfuncional.
- Abuso y dependencia de alcohol y sustancias.
- Enfermedades de transmisión sexual (ETS) y SIDA.
- Daños corporales (lesiones con arma blanca) y daños más permanentes como quemaduras, mordidas o hematomas.
- Quejas somáticas poco definidas (cefalea crónica, dolor abdominal, pélvico y muscular, fatiga crónica).
- Cambios repentinos de peso.
- Durante el embarazo: aumento del tabaquismo, aborto, control prenatal tardío, retardo de crecimiento, hemorragias del feto, muerte fetal y muerte materna.

En relación con el ámbito psicológico, la violencia tiene consecuencias como:

- Problemas de salud mental: trastornos del ánimo, depresiones severas, trastornos obsesivos-compulsivos, trastornos por conversión, trastornos de pánico, trastornos en la conducta alimentaria, trastornos en el sueño, episodios psicóticos, entre otros.
- Síndrome de estrés post-traumático (STPT).
- Miedo y ansiedad.
- Sentimientos de vergüenza.
- Conducta extremadamente dependiente.
- Enuresis y encopresis.
- Suicidio.

En el plano sexual:- Embarazos no deseados.

- Disfunciones sexuales.
- Obligación ejercida por parte del varón de la práctica de aborto.
- Prohibición del uso de anticonceptivos.
- Daños físicos y psicológicos en específico en el plano sexual.
- Abuso, acoso y violaciones.
- Fobias sexuales y de la sexualidad en general.

Sensibilización de la Comunidad Médica frente al problema violencia hacia la mujer

La violencia contra la mujer debe ser un tema prioritario para los trabajadores de la salud porque...

- Produce un considerable sufrimiento y consecuencias negativas para la salud, en una proporción significativa de la población femenina (más de un 20% en la mayoría de los países).

- Tiene un impacto negativo directo sobre temas importantes de salud como la maternidad sin riesgo, la planificación familiar y las enfermedades de transmisión sexual e infección por VIH/SIDA y,

- Para muchas mujeres que han sido maltratadas, los trabajadores de la salud son el principal o único punto de contacto con los servicios públicos que pueden ofrecer apoyo e información (1, 6).

Desde este contexto y a partir de nuestra experiencia clínica es que hemos puesto mayor atención a las consultas que se hacen en nuestra Institución.

Se ha detectado que en un porcentaje importante de las consultas ginecológicas por Disfunciones Sexuales en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile, tienen de base un cuadro de VIF y, específicamente, violencia conyugal (9). Es desde aquí que surgen el interés de sensibilizar a los Profesionales de la Salud y, particularmente, a la Comunidad Médica.

En este sentido, se considera que el problema de la violencia es enorme y preocupante y el sector salud no puede resolverlo por sí solo, pero la sensibilidad y el compromiso puede empezar a marcar la diferencia (2).

Obstetras y ginecólogos/as de todo el mundo están incorporando este aspecto en el cuidado de la mujer y es así que, se ha iniciado un grupo de trabajo a nivel latinoamericano que intenta desarrollar proyectos y líneas de colaboración entre las Sociedades Científicas y los gobiernos.

Queda en evidencia que, nuestro desafío, a futuro, será el desarrollo de estrategias para impulsar la visibilización del problema y de este modo, desarrollar herramientas de detección y prevención.

BIBLIOGRAFIA

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9. Aliaga P, Ahumada S, Villagrán O, Santamaría M, Manzor S, Rojas O: Disfunciones sexuales: Asistencia clínica y factores asociados en Ginecología. Rev Chil Obstet Ginecol 2000; 65(6): 444-51.         [ Links ]

10. Varas J: Derechos de las niñas: una defensa permanente. Rev Soc Chil Obstet Ginecol 2001; 1(1): 28-29.         [ Links ]

11. Aliaga P: Violencia contra la mujer. Conferencia dictada en el Curso Precongreso: Actualizaciones para Matronas. XXIX Congreso Chileno de Obstetricia y Ginecología, Santiago, Chile 2001.         [ Links ]

*Documento recibido en febrero de 2003 y aceptado para publicación por el Comité Editor en abril de 2003